Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.


Parte I

—Aún te recuerdo con cariño. Siempre fuiste y serás, el amor que ilumino mis días oscuros.

Quien le diría a Mio Akiyama, que su libro, inspirado en un amor puro y juvenil, tendría un éxito entre el público joven y adulto. También los adolescentes leían la historia con fascinación. De hecho, en pleno Siglo XXI, nadie creía en el amor verdadero. Y ella quería demostrar que a pesar de que la persona a quien ama, ya no esté con ella, mientras sea feliz, ella también lo sería.

Suspiro.

Esa semana sería agotadora. Empezaba la firma de autógrafos para sus fans. Miro con nostalgia la foto que se había tomado junto a su castaña hiperactiva, antes de la graduación de la preparatoria. Aquellos recuerdos los guardaba en un rincón de su corazón. El día que le dijo que el amor se había acabado, y que había otra persona en su vida, sonrió como siempre lo hacía, le dio un beso en la frente y le susurro un "gracias por todo, Ritsu", para luego darse media vuelta e irse.

Desde ahí empezó a escribir poemas, y un buen día decidió escribir su libro. Mientras lo hacía, dividía el tiempo entre sus estudios y trabajo. Lo único que supo de la castaña, fue que estaba viviendo con Mugi. Si, quien se imaginaria que la rubia gentil de la banda, se llevaría a su castaña. Trato de no pensar más, y siguió con su rutina de todos los días.

Cada palabra que decía en la historia, eran salidas de su noble corazón. Nunca se arrepintió de haber amado como lo hizo. Dejó de tocar el bajo, pues ya no le llamaba la atención ni la llenaba como antes. Tampoco continúo componiendo canciones. Todo había cambiado. Nada era igual. El sonido del móvil la despertó de sus pensamientos. Se preguntaba quién le escribiría a esas horas de la noche.

Espero que te vaya bien mañana en la firma de autógrafos. Ojalá Azusa y yo podamos ir. Es una hermosa historia, y merece ser leída. Sabes que cuentas con nuestro apoyo. Yui.

Posó sus manos en la altura de su corazón, en forma de plegaría. Ella también deseaba lo mismo.

—Y yo fui la imbécil que te dejo ir. Yo también te recuerdo con cariño, Mio.

Parada, frente al edificio del departamento donde vivía la que fue su novia, y la persona más importante de su vida, se encontraba la castaña. Ella también iría a la firma de autógrafos. Siempre había estado junto a la bajista en los momentos más importantes, y ese era uno de ellos. Se dio media vuelta, y empezó a caminar.

Quien sabe, y tal vez, pudiera haber una nueva oportunidad.

8 años después...

Por ella, aguantaría la lluvia torrencial caer sobre mi cuerpo.

Por ella, aguantaría el frío del invierno, a pesar de estar abrigada.

Por ella, aguantaría el mal rato, esperando a que pase.

Por ella, iría hasta el cielo y bajaría la estrella más próxima.

Por ella…

Pero no siempre las promesas se cumplen, aun así, sí uno quisiera. Uno non controla la vida; la vida controla a uno. Es una regla silenciosa que está ahí, oculta en las sombras. No siempre hay un cuento de hadas con final feliz, porque en la realidad, los finales felices no existen; ellos están en el día a día, de mañana a noche, de cuando despiertas hasta que cierras los ojos. Porque así es la vida: impredecible.

Ahí estaba. Ella se había jurado ir al lanzamiento del libro número cinco de quien fuese su mejor amiga y posteriormente su primer, y porque no decirlo, único amor. En ocasiones se recriminaba por haberla dejado por irse con aquella rubia y de ojos azules profundo, la misma quien fuese amiga de ellas y ex miembro de la extinta banda juvenil HTT. No supo si fue por haberse negado a intentar algo con la ex bajista, o simplemente actuó por cobardía, huyendo de sus sentimientos hacia la persona que había estado junto a ella en todos los momentos de sus vidas.

Pero, también estaba consciente del motivo real de estar con ella. Un secreto que tenía que ser conservado. Sin embargo, el tiempo no perdona y avanza, llevando consigo el trago amargo de la verdad...

Y ahí se encontraba, en medio de una fila esperando por ser ingresada al espacio donde estaría la famosa escritora de novelas juveniles de romance y drama. Esperaba pacientemente, y mientras transcurría los minutos, se preguntaba que reacción tendría la morena al verla de nuevo, ¿molestia? ¿sorpresa? ¿indiferencia? No sabría con exactitud, pero tenía que intentarlo. Tenía que arriesgarse, y tal vez, empezar todo desde cero.

Y no le importaría, porque sabría que valdría la pena.

A pocas cuadras del lugar, un taxi recorría la distancia a una velocidad media. Dentro, había tres ocupantes: la escritora, su asistente y finalmente, su representante y amiga desde la época del instituto. Un suspiro silencioso salió de los labios de la morena. Estaba cansada y lo único que quería era irse de nuevo, por donde venían, a su casa y dormir. Todas las veces que salía de gira para promocionar algunos de sus libros, era exactamente lo mismo, pero, sobre todo, la misma pregunta que ya, para ese momento, la tenía cansada:

¿Sus historias están basadas o inspiradas en alguna persona especial?

Y no quería sonar grosera, así que, armándose de valor, contando hasta diez de manera interna y calmando sus emociones a punto de sobresalir a la superficie, contestaba de manera educada y diplomática: "mis historias no están ni basadas ni inspiradas en nadie en especial. Son historias que salieron, en su momento, desde lo más profundo de mi imaginación y sí, también con un poco de ayuda, pero de parte de las personas a las que suelo observar cuando me encuentro en un determinado lugar."

Los periodistas suelen ser un poco insistentes, y en otras situaciones, un poco quisquillosos cuando se les da una respuesta cortante y sin espacio a replica alguna; todo porque a la escritora le gustaba mantener su vida de manera reservada, y hablar solamente y estrictamente de su trabajo. Pero también tenía plena consciencia de que esto iba a suceder en algún momento de su etapa, si es que llegaba a la "fama", porque hasta antes de todo el estallido por sus libros, ella sólo era una escritora que plasmaba sus sentimientos y su imaginación de tal manera que atrapara al lector, pero sin el ánimo de llegar más allá.

Se daba a conocer por medio de plataformas hechas para escritores amateurs como ella; de aquello, hace tiempo atrás, pero ahora, ya no era tan amateur, y con el paso de los momentos fue adquiriendo más destrezas del arte literario y también fue tomando confianza en sí misma. Pero había algo que lo tenía para sí misma y que pensaba llevarlo en su corazón como un secreto de suma delicadeza. Su inspiración siempre fue la castaña baterista.

Sin embargo, no lo reconocería delante de las personas. Ni siquiera de sus amigas.

Con ella fue aprendiendo muchas cosas desde que eran tiernas infantes, incluso fue ella quien le motivo a tocar un instrumento musical, a sacar ese potencial artístico que tenía en las venas. De hecho, estaba recordando que antes de volver a fundar el club de música ligera, ella estuvo lista para ir al club de literatura, pero la castaña no estaba preparada para dejarla ir.

Y no se arrepentía de nada. O como aquella canción de la cantante francesa Édit Piaf, con su canción Non, je ne regrette rien que dice algo así como:

Non, rien de rien1
Non, je ne regrette rien
Ni le bien qu'on m'a fait
Ni le mal
Tout ça m'est bien égal
Non, rien de rien
Non, je ne regrette rien
C'est payé, balayé, oublié
Je me fous du passé

Esa estrofa la había marcado para siempre, cuando escuchó la canción hace un tiempo atrás. Y es que era verdad al decir que no se estaba arrepintiendo de nada, incluso cuando se casó con aquel hombre que conoció en una de sus giras por la promoción de su antepenúltimo libro. Cortejaron por un tiempo, y luego simplemente se enamoraron. Como si fuesen una pareja de adolescentes recién descubriéndose en el arte del amor.

Posteriormente, se casaron, y tuvieron un bebé. Resultó ser varón y la escritora no podía caber de la felicidad. Pero no fue así en su matrimonio. Y mucho peor cuando le diagnosticaron cáncer al colon a su esposo. Fueron meses de tensión, tristeza, añoranza y de... dolor. Mucho dolor. Sentía que había perdido a sus dos amores, y que, por cosas del destino, ella llegó pensar que tenía alguna especie de mala suerte.

Minoru era el vivo retrato de Renzo, piel blanca bronceada, cabello color castaño y ojos color avellana (que a veces la escritora le parece ver el color ámbar, aquel que le recordaba a su primer amor), pero lo negaba inmediatamente. La sonrisa y la personalidad fue lo único que saco de ella. Y dio un suspiro lleno de nostalgia. Y que no fue desapercibido por su representante y amiga, que la miro con preocupación. Ella simplemente lo negó.

Renzo había sido un hombre bueno con ella, a pesar de que la llama de la pasión se había desvanecido con el pasar del tiempo. Ellos habían perdido la capacidad de comunicarse en ese siguiente nivel, después de que la escritora había dado a su único hijo. Y a los dos meses le había diagnosticado el cáncer. El lucho lo que más pudo y Mio, estuvo a su lado cuidándolo como él lo hizo en su momento, cuando la conoció y empezaron su amor.

Pero Mio fue incapaz de hablarle de su primer amor, porque aún, no lo podía seguir negando más, la amaba y ella le había dado los mejores momentos de su vida, desde la infancia. Vivieron tantas cosas en muchos momentos de sus vidas, y la mejor parte fue en el instituto Sakuragaoka cuando integraron la banda HTT. Otro suspiro sale de sus labios, y pensando que nadie la había escuchado, porque hizo el esfuerzo de hacerlo nuevamente de manera suave e inaudible, fue en vano aquel esfuerzo. Otra vez, su representante y amiga la escuchó.

—Por lo que veo, hoy has estado muy "suspiradora".

—¿Suspiradora? — la ex bajista estalló en una carcajada limpia. Su asistente pensó que era la primera vez que escuchaba reír a su jefa. Después de tanto dolor y tanta tristeza, se merecía ser feliz. Ella era una buena persona —Nodoka, esa palabra ni siquiera existe.

—Pues ahora sí. Su significado sería: "persona que suspira cada minuto recordando alguna añoranza del primer amor". ¿O me equivoco, Mío?

—Nodoka…—Mío sabía que su amiga tenía razón. Ella jamás pudo olvidar a Ritsu, pero han pasado 8 años sin saber nada de la otra, y ella inclusive tiene un hijo y es viuda. Además, la ex bajista sólo utilizaba las redes sociales para promocionar sus historias y bajo un seudónimo.

No quería revelar, a pesar de tener trayectoria, su verdadero nombre.

Nodoka Manabe es una distinguida abogada en el área laboral, y apenas se graduó, entro a trabajar a un buffet reconocido, y amplio. Llevaban casos solamente de lo civil y lo laboral; la parte penal se encargaba otro buffet que corrían riesgos de alto nivel. Pero eran muy bien remunerados, pero para Manabe nada como la tranquilidad y la armonía de su salud tanto mental, como emocional y física. Un día Mio se le presentó en la oficina pidiendo ayuda. Aquel día, la ex bajista le comentó que estaba por lanzar su segundo libro, pero tenía ciertas dudas con la editorial, y sus políticas, y quería una asesoría independiente y no tratar con los abogados de la editorial.

Y fue ahí, que Manabe intuyo que algo andaba mal con Mio.

Por los años de amistad que tenían, y porque ellas se mantenían en contacto a pesar de las distancias. Nodoka no le negó la petición y empezó a trabajar en el caso de Mio, descubriendo que la editorial sólo manejaba una línea y no aceptaba ni apoyaba a los escritores que tuviesen sus escritos de temáticas de LGBT o algún apoyo ni tampoco con temas políticos. Pues si topaban algo político, tenían que comunicar para ellos dictar las directrices de cómo se debe manejar, así sea algo superficial.

Un día, no recuerda con exactitud, ambas estaban conversando sobre el trabajo que tenían, y Akiyama le había manifestado que había momentos en el cual no se sentía a gusto en la editorial. También, buscaba a una representante para que la guie de la mejor manera, sobre todo con los contratos. Manabe, en ese entonces, estaba comprometida con la señorita Sokabe, quien fuese su compañera en el instituto, y posteriormente en la Universidad. Ellas tenían una relación de años, que, a pesar del paso del tiempo, en vez de decaer, se mantenía firme y creciendo.

Nodoka y Megumi siempre tuvieron química, incluso siendo Megumi un año mayor a Manabe, y ex fundadora y ex presidenta del club de fans de Mio. Esa misma noche, Megumi al ver a su novia muy pensativa decidió preguntarle que le sucedía, y si era algo relacionado sobre su trabajo. Sokabe finalmente había estudiado y se graduó con altos honores y buen promedio de psicóloga, y en ciertas ocasiones, le ayudaba a su novia cuando esta tenía su mente acumulada de ideas y pensamientos que iban y venían.

—En realidad se trata de Mio, amor.

—¿Mio? ¿Mio Akiyama? —pregunto Sokabe con cierto shock. Ella no había sabido nada de las chicas desde que ellas se retiraron del mundo de la música y cada una siguió con sus propias profesiones y sueños.

—Pues sí. Mio es una escritora excelente, cariño. Ya va a publicar su segundo libro, pero tiene escrito como tres o cuatro. Me ha buscado porque siente que algo no anda bien con la editorial para la cual trabaja, y ella abarca ciertos temas.

—¿Contrato fijo o casual?

—Casual. Pues ella hace el contrato por cada libro que vaya a publicar. Si a ella no le gusta estar con esa editorial, se va para otra tranquilamente ya que no es fija. Pero ama ese lugar, por como la han tratado; pero han llegado unos nuevos dueños y han cambiado las políticas de la empresa. No temas de LGBT, ni políticos a menos que sea algo superficial. Buscan genero romance puro, y no dramático. Además, le estaban revisando su contrato y su primer libro fue lanzado con ellos, pero si abarco tema LGBT y política. Pero...

—Pero ahora esta nueva directiva quiere llevarlo por otro camino. Un poco light para abarcar mercado y quedar bien con todo el mundo. Se evitan problemas, sobre todo con los conservadores.

—Exacto. Por eso ella andaba buscando a una buena abogada en el tema laboral y nos hemos vuelto a encontrar. Bueno, siempre nos hemos hablado, eso tú lo sabes, pero cuando se apareció en mi oficina...

—No era la misma Mio del instituto, ¿verdad?

—No...

Megumi se quedó en silencio, y al cabo de unos minutos le sugirió algo a su novia, que, a pesar de ser una idea un poco descabellada, no estaba del todo ilógica. Ser la representante de Mio y guiarla en temas legales para que tenga un trato y contrato justo con esa editorial o con cualquier otra para la publicación de sus libros. Al día siguiente, Nodoka se reunió con Mio y llegaron a un acuerdo, sin embargo, Manabe tenía que avisar a su estudio jurídico de la decisión que estaba tomando, porque evidentemente, por ética, tendría que renunciar. Pero su jefe, sonrió y le dijo algo que la dejo impactada, pues le había tomado por sorpresa:

—Quédate con nosotros, Nodoka. El que seas representante de la señorita Akiyama no quita ni resta la ética con la cual realizas tu trabajo. De hecho, estábamos a punto de crear un área dentro del estudio jurídico en el cual cierto grupo de abogados podrían ser representantes de artistas y deportistas, y no dejarlos solos en ese camino. Tú, serías la primera si aceptas quedarte con nosotros. Te pagaremos por tu trabajo normal, y la señorita Akiyama te pagaría un porcentaje por tus servicios.

—No creo que Mio me quiera pagar, jefe. Ella es una gran amiga desde el instituto, y si me pago por la consulta jurídica porque se sintió con el deber y el agradecimiento. Porque sabe que es mi trabajo y que tiene un valor, pero no tiene ingresos fijos para pagarme como representante. He ahí el dilema mío, porque la quiero ayudar y...

—Ya veo. Hagamos algo. Es sencillo. Sé su representante, pero no de manera gratuita. Sino que ofrécele algo a cambio, por ejemplo, seguridad jurídica; le das el nombre del estudio jurídico y por las ventas de sus libros, que te dé un porcentaje como pago. No a nosotros, sino a ti directamente. Nosotros queremos darnos a conocer dando nuestro nombre. Así, los demás verán la seriedad de nosotros como buffet jurídico, y querrán venir con nosotros, y esos artistas y deportistas nos pagarán a nosotros.

—¿Por qué hace esto jefe?

—Porque en la vida hay que ser agradecido, Nodoka. Gracias a ti, a Akemi y a Haru, este buffet empezó a tener más nombre. Teníamos clientes, sí, pero no de la magnitud que tenemos ahora. Estamos creciendo. Y ahora, si creamos esa área de representantes de artistas y deportistas, creceremos más. Pero, ojo, no quiero esto por ingreso monetario, sino porque quiero ayudar. Con ese ingreso extra, podríamos ayudar a personas de escasos recursos que necesitan ayuda legal. A veces existe gente mala, que mete en problemas a gente buena, pero de escasos recursos para pagar buenos abogados. Y el estado no brinda mucha seguridad jurídica, que digamos. Pocos sobresalen y que estén de parte del estado.

A partir de ahí, las cosas empezaron a tomar forma. Nodoka se quedó con Mio como su representante legal, y a partir del tercer libro y con contrato con otra editorial, que aceptan a gusto los temas abarcados por la ex bajista, la narrativa y la forma de llegar a las personas, estaban contentos con tenerla entre ellos. Para el segundo libro, lamentablemente termino por ser publicado con la editorial actual, porque existía un contrato antes de que llegaran los nuevos dueños. Y ellos al ver que Mio tenía como representante a una reconocida abogada del tema y que incluso trabaja para un buffet reconocido por tener los mejores abogados especializados, decidieron seguir, pero al final del año, Akiyama sería libre, definitivamente.

Mio por un momento se sintió perdida, porque su, entonces esposo, seguía padeciendo la enfermedad y tenía un hijo el cual necesitaba de ella. De sus cuidados. Pero gracias a su suegra y a su madre, pudo sobre llevar las circunstancias que se le había presentado. Y por un segundo, se vio sola, llorando por cómo le había tratado la vida hasta ese punto. Pero al mismo tiempo, la vida le ponía personas en su camino, que le ayudaban de buena manera.

Obviamente, gracias a su segundo libro, a la gran aceptación que tuvo entre sus fans, empezó a despuntar, y por un momento pensó que la editorial se retractaría y querría tenerla en sus filas, pero no fue así. La editorial no quería topar temas delicados por el mínimo sector conservador de la sociedad. El mismo, que vive bajo un doble estándar, una doble moral. Conocía a ciertas personas que tenía, incluso, hasta otra familia formada pero no legalizada. Mio no se escandalizaba, sino que la ponía molesta e irritada.

Al final fue una buena decisión salirme de esa editorial. No soportaría vivir una vida doble sólo porque a ellos les gustaba vivir en la hipocresía. Pensó, con cierta irritabilidad.

Un día, antes del fallecimiento de su esposo, y ultimando detalles para la publicación de su tercer libro, converso con su suegra y lo que le dijo, la dejo impresionada y melancólica. Pero la aceptaba como era, la quería, la apoyaba y, sobre todo, si algún día, la vida le ponía a su primer amor de nuevo en el camino, le alentó a que se diera esa oportunidad. Ella, como esposa y viuda, madre, amiga y hermana le daba el consejo como si la ex bajista hubiese sido su hija.

—No creo que usted lo pueda entender, señora Kozue. Es algo complicado...

—Mio, escúchame. Cuando se trata de sentimientos, siempre será complicado, pero si tienes el coraje de enfrentarlo cuando se dé la oportunidad, hazlo. El primer amor jamás se olvida, y habrá momentos en la vida, en que se te pondrá enfrente tuyo y tú tendrás que decidir si darte la oportunidad o dejarla ir.

—Lo comprendo. Pero...

—¿Pero? Déjame adivinar. Tu primer amor fue una mujer, ¿verdad? Por eso te portas reacia a darte una oportunidad en caso de que Renzo tenga que partir. ¿O me equivoco?

—¿Cómo lo supo? Nunca he hablado de ese tema... —Mío estaba sorprendida. Bastante, a decir la verdad.

Kozue lo entendió de golpe, por el simple hecho de que el verdadero amor, sea hetero u homo, deja marcado a la mujer o al hombre de una manera que difiere del otro. Ella lo vivió con su primer amor, y había sido su mejor amiga. Ese amor lésbico único y memorable. Así que se aguardó sus pensamientos, y prosiguió a dar inicio de su historia.

—Pero lo escribes. En tus poemas, en tus libros, en tus historias. Podrás engañar a medio mundo, inclusive a ti misma, pero a mí ni a tu madre jamás lo podrás hacer. Te contare una pequeña historia. Cuando tenía 16 años, me enamoré perdidamente de mi mejor amiga. Ambas siempre estábamos juntas, y nuestro cariño, nuestro amor siempre fue correspondido. Pero en algún punto de la vida, los padres de ella tuvieron problemas económicos serios y la única manera de salvar su declive, era casándola con el hijo de una pareja importante de empresarios. Ella acepto por el bien de sus padres, pero no era feliz.

La señora Kozue se quedó en silencio por un par de minutos. Ordenando sus ideas, mientras que Mio esperaba paciente por la continuación de aquella triste historia de su suegra. Se sorprendía que ella, siendo una distinguida dama, incluso muy femenina, tuviese esa inclinación sexual hacia alguien del mismo sexo. Pero, como había aprendido de la vida, jamás se juzga al libro por su portada.

—La vida nos la jugó bonito, Mio —Asahi, el apellido de casada que obtuvo Mio al unirse con Renzo, despertó de sus pensamientos al escuchar a su suegra proseguir con el tema —. Nos separamos un 24 de diciembre. Fue la peor navidad que tuve. Y albergué, por un tiempo, el sueño de volver a encontrarla y ver si podíamos retomar el viejo amor de adolescente que tuvimos. No fue así. Al final, conocí a mi difunto esposo, y nos queríamos bastante. Él sabía de mi orientación sexual, y aun así siguió. Él acepto que no podía llegar al nivel del amor, pero aceptaba de buen grado que lo quisiera. Decidí serle fiel, porque es un valor que lo llevas dentro de ti. No es por imagen o por presión social, es porque es una forma de demostrar respeto hacia el otro. Hacía la persona que decidió entregarte un pedacito de sí mismo a ti. Al final, el tiempo me la volvió a jugar, y en una reunión empresarial, Renzo se había quedado en casa de mis padres, me la encontré a ella con su esposo. No era la misma. Nunca lo fue, supongo.

Otro silencio se produjo. Pero Kozue decidió seguir a pesar del amargo que era el recuerdo.

—Ella estaba sorprendida de verme en aquella reunión de negocios, pero mi difunto esposo era también un importante empresario, aunque no al nivel del esposo de ella. Sólo saludamos, y cada quien siguió adelante. Seis meses después, un 12 de junio, fallecía mi esposo de cáncer al colon, y ella terminaría falleciendo por cáncer al útero al día siguiente. Perdí a las dos personas más importantes de mi vida. Renzo fue lo único que me quedó, Mio. Por eso, si algún día Renzo tiene que partir y tú tienes la oportunidad de encontrarte con tu primer amor o de volver amar, hazlo. Renzo lo va querer así. Va a querer que tú sigas adelante a pesar de las circunstancias de quedarte viuda y con un hijo. Pero él sabe la fuerza que hay dentro de ti. Sabe que tú podrás seguir adelante, y yo estaré para apoyarte. No dejes pasar la oportunidad, en caso de que llegue a presentarse.

Sin saberlo, al día siguiente, Renzo dejaba de vivir. Cansado de luchar contra una enfermedad que lo iba consumiendo de a poco. Pero dejo previsto todo antes de su partida. Y Mio decidió volver a usar el apellido de soltera. Su suegra la apoyó en esa decisión, y también sus padres. Pero si de algo estaba segura, es que jamás fue feliz. No volvió a ser la misma desde el día en que Ritsu decidió terminar la relación para estar con Mugi.

Poema XVI2

¿Qué nos pasó?

¿En qué nos hemos convertido?

Apenas, y nos reconocemos,

Somos, ahora, unas desconocidas.

Ayer, nos amábamos,

Hoy, y si nos podemos ver,

¿Qué nos pasó?

¿Por qué llegamos a esto?

¿En qué momento todo terminó?

Y aún te recuerdo con amor,

Y si pudiera cambiar el pasado,

¿Qué sería?

¿Qué nos pasó?

¿Acaso no bastó el amor que nos teníamos?

¿Acaso no di todo de mí?

Y al final del día, aún te sigo amando…

Ritsu leía su propio poema que escribió, un tiempo atrás, cuando era estudiante universitaria y seguía la carrera de medicina. De hecho, ella dividía su tiempo entre escribir poemas, como un pasatiempo, un desahogo a sus sentimientos; y estudiar la carrera. Había decidido estudiar medicina para ayudar a los demás, y porque no, para olvidar todo lo que empezó a vivir a raíz de la noticia que la marcaría para siempre.

Y que fue uno de los motivos por renunciar a Mio e irse con Mugi.

Un suspiro salió de sus labios, y miro su reloj que marcada las 20:00 y que en cualquier momento daría inicio a la gira de la escritora. Le costó un mundo encontrarla, y esta vez estaba segura que lucharía por ella, a como dé lugar. Pero, ¿y si tiene familia formada? ¿Sí al final se terminó casando, con quien sea, pero consumando en un matrimonio? No lo sabría sino lo averiguaba ella misma. Si no la encaraba frente a frente y hablarían.

Su atención por favor. Debido a un inconveniente, el evento dará inicio a las 20:30.

Su atención por favor. Debido a un inconveniente, el evento dará inicio a las 20:30.

Su atención por favor. Debido a un inconveniente, el evento dará inicio a las 20:30.

La doctora escuchó aquel anuncio por medio de los altoparlantes, y dio un suspiro suave. Daba las gracias que tenía una carpeta con ella, aparte del libro que deseaba ser autografiado por Mio. Se acomodó de tal manera que, empezó a escribir y sacaba todo lo que sentía. Aquel amor que nunca lo pudo dejar ir, y que, por cosas del destino, tuvo que hacerlo. Cuando vio los preciosos ojos grises dolidos por aquellas palabras, y la posterior acción de su ex amor, supo que la había perdido para siempre.

Pero por un momento, sintió que, en algún punto, el destino las volvería a unir.

Y así pasó exactamente.

—¡Ritsu! Para por favor, jajajajaja. No puedo contigo...

—Vamos Mio. Es sólo un detalle por aquí, otro por allá y ya estarás lista.

—No. ¿Eres loca o qué?

—Siempre he pensado que te queda muy bien el papel de Julieta. Podríamos revivir nuestra primera actuación que hicimos en el festival, pero esta vez con los papeles correspondientes. Pero yo, en vez de matarme después de verte morir, te secuestro, y nos vamos a vivir por ahí, en el lejano oeste.

—¿Es en serio lo que dices?

—Sí.

Ritsu y Mio estaban hablando para ver si volvían a realizar la obra Romeo y Julieta, pero cada una en el papel correspondiente, hasta que Tainaka empezó hacerle cosquillas y hablar tonteras y media. Sobre todo, porque la historia no iba de esa manera. Pero en algún punto, ambas quedaron muy cercas, y la castaña para no perder la amistad con la pelinegra, se levantó como un resorte y salió corriendo.

Mio quedó confundida por la actitud de su mejor amiga.

¿Qué quieres que te diga?3

¿Qué quieres que te diga?

¿Qué ya no te amo a pesar del tiempo?

¿Qué jamás te recordé con cariño nuestras vivencias?

¿O qué preferí huir como cobarde?

¿Qué quieres que te diga?

¿Palabras que sólo tú quieres escuchar?

¿O, por ejemplo, que jamás sentí lo que sentí por ti?

¿O qué fuiste una más de mi vida?

No sé qué decirte,

te veo, y todo se congela a mi alrededor;

te veo, y las palabras mueren en la punta de mi lengua,

te veo, y me arrepiento de haberte dejado ir.

¿Qué quieres que te diga?

¿Qué jamás fui feliz con otra que no seas tú?

Porque así fue,

así siempre ha sido.

Nunca saliste de mi cabeza,

mi corazón lloró por tu partida,

la que yo deje ir, sin luchar,

dime, ¿qué quieres que te diga?

20:30 Auditorio Tokyo Big Sight. Feria de libros.

Mio estaba nerviosa. Demasiado, por decirle así.

Por primera vez en su vida, sentía un nervio recorrer su columna vertebral y que no era como las otras presentaciones de sus libros. Tenía una corazonada que no sabría como describir, cómo si el destino le estuviese aguardando un encuentro. Cerró los ojos por unos momentos, inhaló y exhaló el aire buscando tranquilizar su inquieto corazón. Su inquita mente.

Y es que no debería sentirse así, porque ya poseía la experiencia necesaria de ese tipo de eventos, pero, se sabía que, así como cada día se aprende algo nuevo, se conoce gente recientemente; cada evento es diferente y se reacciona diferente al comportamiento que se va dando. Pero, siempre se busca seguir los lineamientos trazados y ensayados.

Pero esto era otro tipo de nervios. Otra clase de corazonada.

La ex bajista se adentró al edificio a las 20:20 y tenía exactamente 10 minutos para instalarse en el auditorio y empezar su presentación y hablar un poco de este nuevo libro. Uno en el cual, se inspiró en su primer amor, aunque lo negó varias veces en una que otra entrevista. Y es que aquella historia, no sólo se basaba en ese amor adolescente en el cual experimentas todo por primera vez.

El primer beso.

La primera caricia.

El primer te amo.

El primer gemido.

La primera experiencia sexual.

La primera promesa de un amor eterno.

El primer silencio.

El primer corazón roto.

Las primeras lágrimas.

Y es que Mio jamás pudo sacarse de su corazón y de su mente a la ex baterista. Tampoco pudo olvidar cuando ella le dijo que lo de ellas no podía seguir, porque todo había acabado, ese amor había sido confundido y que ya no existía más. Ya estaba con alguien más... Supo también en ese momento, que todo quedaría como un hermoso recuerdo. Algo que el tiempo lo conservará o lo perderá.

Pero en realidad, ambas salieron perdieron.

—Todo saldrá bien, Mio. Esto lo has hecho durante todo este tiempo. Bueno, excepto cuando falleció Renzo, en el cual tuvimos que postergar el lanzamiento de tu tercer libro.

—Lo sé, Nodoka. Pero tengo una corazonada desde que pise el centro de convenciones. Es diferente, no sabría como describirle.

—Bueno, sea lo que sea que estés sintiendo en estos momentos, contrólalo. Además, que sabes que te harán preguntas...

—Lo tengo presente. No sé porque hice este libro. Si...

—No hay un "sí...", Mio. Lo hiciste porque necesitabas sacar lo que tenías dentro de ti. Y que bueno, aunque lo has negado al público, sabes perfectamente que se trata de ese primer amor que viviste con Ritsu.

Akiyama asintió. Unos minutos más, ella saldría con esa sonrisa tan fingida que aprendió hacerla cuando estaba en sus momentos más bajos de la vida. Aquella que decía que estaba bien, pero que en la realidad demostraba otra cosa. Y ella no estaba bien. Nunca lo estuvo desde aquel día en que todo acabo entre ellas. En que su mundo se vino abajo, y que ella con toda la entereza del mundo pudo decirle "gracias por todo, Ritsu", y luego darse media vuelta e irse... para no volver más.

—Perdóname, Ritsu. Por mi egoísmo, hice que terminaras con Mio. Ustedes...

—No te disculpes, Mugi. Yo también fui parte de esa decisión. Lo hice porque tenía miedo de acabar mi amistad de años con Mio, pero al final, todo termino. Porque ni amigas quedamos.

—Ritsu... yo...

—No sigas por esa línea, Mugi. Si bien es cierto con Mio tuve mi primera vez, en todos los sentidos hablando, sé que también lo estábamos haciendo por esa amistad que teníamos arraigada. Y yo quería aclararme, buscarme a mí misma y ver que sentimiento tenía realmente por Mio. Pero luego llegaste tú, y te vi así. No podía dejarte sola...

—Pensé que Sawako me amaba, ¿sabes? Pensé que teníamos futuro y lo habíamos hablado. Pero al final, se fue como la cobarde que es. Yo ya estaba graduada del instituto, estaba entrando a la universidad, y era, por decirlo en términos legales, una adulta. De mayor edad ante la ley.

—No sé qué decirte, Mugi. Te soy sincera.

—No digas nada. Sólo abrázame, por favor.

La gentil profesora del instituto, quien fuese la consejera del club de música ligera, le había traicionado el dulce corazón de la heredera del emporio Kotobuki. Dejándola destrozada por completo. Se había ido de la ciudad sin dar alguna explicación coherente. Le había prometido el cielo entero, y la dejó en nada. Simplemente prefirió correr hacía algún lugar lejos de donde estaba la rubia.

Ritsu se enteró de aquello cuando su relación con Mio estaba en una delicada situación. Ella también había sido culpable por no ser sincera consigo misma y con la pelinegra. Ella asumió muchas cosas, dando por sentada que así era como tenía que ser; tomando decisiones por las dos y no dejándole saber cómo estaba realmente. Pero eso no fue peor. Lo que vino después, la destrozó por completo. Y tomó la resolución: quedarse con Mugi.

Suspiro despertando de sus recuerdos. Tal vez fue una mala idea haber ido hasta allí. Tal vez Mio siguió su vida, y al final, todo los sueños y planes que alguna tuvo con la ex baterista, los cumplió con otra persona. Y aquello debería alegrarla, porque si ella es feliz, entonces, no había lugar a duda alguna: Ritsu Tainaka sería feliz, aunque en esta vida no pudiesen estar juntas.

Wake me up inside4
Wake me up inside
Call my name and save me from the dark
Bid my blood to run
Before I come undone
Save me from the nothing I've become

El coro de la canción Bring me to life sonaba por los altoparlantes, y aligeraba un poco el ambiente que había en el centro de convecciones, sobre todo en el auditorio. La gente iba entrando de a poco, escogiendo donde sentarse, y tener mejor vista hacia la mesa donde estaría la escritora, tal vez también su asistente o su representante. Pero no estaría sola, de eso se estaría seguro para los fans que la han acompañado a lo largo de su carrera.

—Azusa, mira, adelante hay unos puestos desocupados. Vamos allá para que Mio nos pueda ver y sepa que estamos aquí para apoyarla.

—Claro, amor... Ella estará feliz de vernos, aunque le dijiste que tal vez no podríamos venir por lo de mi embarazo.

—Lo sé, cariño. Pero la doctora dijo que todo estaba bien, y que podrías salir. Además, así nos distraemos un rato. No todo es trabajo, amor.

—Lo entiendo. Sólo que tengo miedo. Ya tuve una...

—Shhh. Eso pasó y hemos estado cuidándonos lo mejor que hemos podido hacer. Ahora, distraigámonos. Y que Mio nos vea para que este tranquila y algo feliz.

Ritsu se tensó por unos segundos, y daba gracias a Kami-sama que estaba sentada en una esquina, contra la pared y con gorra puesta, para que nadie la reconociera. No quería encontrarse con nadie, porque sabía que las chicas estarían indignadas con ella por haber dejado a Mio. Cuando tiempo después se enteraron que ella estaba con Mugi, fue la decepción y se confirmaba la separación por completo de todas.

Una traición no se perdona tan fácilmente.

La ex baterista se hizo pequeña disimuladamente en su lugar y así no levantar sospechas, y se estaba arrepintiendo, aún más, de haber asistido. No debió haberlo hecho, porque, al fin y al cabo, ya han pasado ocho años y en ese tiempo puede pasar tantas cosas. Mio no estaría esperándola para siempre, y tampoco ella hizo nada por regresar cuando, en su momento, pudo hacerlo. Y lo mejor que podía hacer, es salir de ahí pasando desapercibida.

Y dejar atrás ese pasado que jamás volverá.

Azusa se la veía muy bien, y el embarazo le estaba asentando bastante bien, si se podría decir. Yui no se quedaba atrás; es como si los años no hubiesen pasado por ella. La diferencia entre la Yui del pasado, y del presente era una sola cosa: madurez. Hablaba con seguridad, con firmeza, pero también le añadía dulzura. Ambas siempre hicieron una hermosa pareja, y Tainaka estaba segura que en algún momento de la vida, las dos terminarían juntas.

Otro suspiro salía de sus labios.

Se acomodó bien la gorra, dejando la visera, prácticamente poniéndosela en los ojos dorados que tenía. Lo único que pensaba en ese momento, era como salir. Pero también quería ver a Mio, aunque sea por última vez. Admirar su belleza desde la distancia, y posteriormente, disimuladamente, levantarse e irse de manera silenciosa. Después de todo, no tenía el valor de verla a los ojos y enfrentarla. Así sea para decirle un "Hola, espero que estés bien."

Ritsu era una cobarde.

Y la firma de su libro, tener por última vez la letra de la pelinegra para mirarla y añorar algo que jamás vendrá, quedaría para algún momento de la vida. Si es que habría esa oportunidad, y por lo que veía, no era el caso que sucedería en algún momento. Ya no tenía chances de volver e iniciar algo que ella mismo le puso punto final. Que ella mismo decidió no continuar, por cobarde.

Y sí. Ritsu Tainaka fue una cobarde de primera. Lo confirmaba.

—¡Es Mai! —exclamaron un grupo de chicas entusiasmadas de ver a la persona que salía de un lado del escenario.

—¿Mai? ¿No es Mio quien autografiara el libro? —susurro la castaña para sí misma. Y, aunque iba a seguir con sus preguntas, la escuchó.

—Hola, publico querido. ¿Cómo están? ¿Qué tal les está pareciendo la convención de libros?

—Mio... ¿Por qué te haces llamar Mai? —Ritsu estaba intrigada por el nombre de la pelinegra —¿Será que te cambiaste de nombre?

—Para mí es un honor estar aquí publicando mi libro...

Ritsu se perdió en los recuerdos. Se perdió en la añoranza de pensar que pudo haber tenido algo con ella, y que ahora, sólo le queda la soledad. Pues Mugi cada día pierde resistencia, y fuerzas, y ella no puede hacer nada por salvarla. ¡Es doctora, por Kami-sama! Y siente esa impotencia de no ir más allá para rescatar a su única amiga que le quedó después de haber terminado con Mio. Cuando quiso hablar con Yui, esta jamás le respondió. Y el día que se encontraron sólo le supo decir cosas que le hirieron. Pero no dejaba de ser ciertas.

Ella había sido la culpable de todo.

Y sin esperar más, sacó otra hoja y empezó a escribir a una rapidez que hasta ella le sorprendía. Tenía tantas cosas en la cabeza, tantos sentimientos encontrados, que sólo quería plasmarlo en ese papel. Conservarlo, para sí misma, guardado en el cajón de su consultorio. Y olvidar para siempre algún intento de encuentro con la pelinegra. Ya no será igual. Jamás lo fue. Jamás lo será. Ya está todo perdido... para un siempre, ¿verdad?

—Señorita Mai Oyama —Ritsu puso atención de nuevo al escuchar ese nombre. Parece que definitivamente, Mio Akiyama ya no existe más. Y eso le partió el corazón, quedando en trozos que tal vez, no se puedan reparar —El libro habla de un amor, que en su momento fue hermoso, y que un día, simplemente ya no fue más. No creo que la historia está basada en su experiencia personal, pero sí creo que tuvo cimentado en emociones que pudo haber experimentado. Mi pregunta es: ¿Qué obtiene escribiendo una historia que no es suya?

Mai se quedó en silencio. ¿Qué era lo que estaba diciendo la reportera? ¿Qué ella plagió una historia casi completa? Sintió que Nodoka le hizo disimuladamente una señal para que respondiera, así sea con lo primero que se le cruce en la cabeza. Mientras tanto, en el público, y pasando casi desapercibida, la ex baterista esperaba con ansias esa respuesta. Sea cual sea, quería escucharla, y después de eso, irse del lugar.

Porque de repente, el ambiente se le hacía pequeño, y le empezaba a sofocar de una manera cruel. Era como una tortura lenta y para nada sutil. Era como si le recordara a cada segundo lo que ella hizo, y que, en el fondo, todos sabían que merecía su castigo. Pero que no entendían porque no lo recibía. Porque no lo tomaba como se lo merecía por haberle roto el corazón de cristal de la pelinegra.

—Disculpe, ¿pero a qué viene eso? Lo digo porque mi historia es 100% original. Y como lo he venido diciendo, que si bien es cierto no es completamente basada en mi experiencia personal, si lo he tomado de las experiencias que han vivido personas cercanas a mí.

—Le leo el extrato de su historia, señorita Oyama: "Aún te recuerdo con cariño. Siempre fuiste y serás, el amor que ilumino mis días oscuros. Aquel amor que supo entregarme su esencia sin importar qué, siendo tú misma, con tu sonrisa. Aún te recuerdo con ese afecto que supiste brindarme desde tiempo memorables y que sólo contigo cree las mejores memorias. Jamás te pude olvidar." Este extracto...

—¿A dónde quiere llegar señorita Enoki? —preguntó esta vez, con cierta irritabilidad Nodoka. Ritsu logró verla, y asumió dos cosas: o Nodoka era la pareja actual de Mio, o estaba ahí dándole apoyo moral.

—Quiero llegar al punto, que, si en ese extracto hay una igualdad con la historia de otra autora, pues debería haber más. Les leeré el siguiente párrafo: "Y yo fui la imbécil que te dejo ir. Yo también te recuerdo con cariño, mi hermoso colibrí. Aún te recuerdo con ese cariño, con el que siempre compartimos en todos los momentos de nuestras vidas. Tú siempre serás ese amor que ilumino mis momentos sombríos. Pero que también supo brindarme momentos felices y buenos. Aquel amor que supo estar ahí para mí y que yo, por mi torpeza, por mi cobardía, te deje ir. Y ahora sé que lo nuestro jamás volverá a ser. Aún te recuerdo, cuando estoy haciendo algo, o cuando paseo por aquel lago que solíamos ir para estar juntas. Sé que jamás te podré olvidar..." Este extracto pertenece a la escritora Rina Saita. Y es un parecido impecable. No puedo decir que sea plagio en un 100%, pero que sí, tal vez usted estuvo inspirada en ese libro. Un escritor, no sólo se dedica a escribir. También lee, señorita Oyama.

Open up your eyes5
And you will see
Love is love is everything to me
Love is love is nothing without you
Love is love is everything you do

2 semanas después. Casa de Akiyama

Mio estaba en su estudio, leyendo un libro. Pero, no era uno cualquiera.

Pequeño colibrí By Rina Saita

Un suspiro salió de sus labios.

Y es que alguien debía renunciar. Alguien debía irse, y seguir con su camino; a pesar del dolor que se le pueda tener en el corazón. En el alma. Porque si uno no estaba seguro de lo que realmente sentía por la otra persona, era egoísta continuar dentro de una relación que a la larga se iba agotar, se iba a terminar; sería peor por la forma y profundidad de la finalización de la misma. Y era eso lo que quería evitar.

No quería dejarla ir, pero tenía que hacerlo. Al fin y al cabo, yo era parte de un problema; no de la solución. Y al final podríamos acabar de una manera que ni la amistad se podría salvar. Lo evite a toda costa, pero mi silencio me delato en varias ocasiones. Ese mismo, que te deja sorda de los gritos que le da a la luna buscando respuestas a algo que posiblemente jamás llegará.

Ella era un colibrí hermoso. De tonalidades oscuras, y de aleteo rápido. Iba y venía de flor en flor, era un alma libre y no podía ser anclada a un ser que iba dando tumbos por la vida, confusa de sus propias emociones, de su propio ser. Sí, yo era una flor de loto que podría brillar hasta en los lugares más oscuros y feos, pero no siempre tenía que ser así. No siempre tenía que brillar.

Porque hasta una flor como yo, suele marchitarse al perderse.

— ¿Quién eres Rina Saita? —preguntó Mio al aire.

Es que su forma de escribir calaba profundamente en las emociones de los lectores. Pero en ella la dejaba con una mezcla que no podría descifrar. Cuando ella y Ritsu terminaron, por un tiempo se sintió incompleta. Y, ¿a quién le engañaba? Porque ni cuando estuvo con Renzo pudo sentirse plena. Hizo lo que más pudo, y llevó su matrimonio de la mejor manera, porque después de todo, sentía que no podía fallarle a la persona que hacía el mejor esfuerzo por estar a su lado, cuidarla y brindarle seguridad.

Eran buenos amigos, aparte de ser esposos, y eso aligeraba bastante la convivencia entre ambos. Otro suspiro salía de manera inconsciente, y prefirió cerrar el libro, no antes sin poner un separador en la página donde había estado leyendo. Y por un momento, pensó en la ex baterista, y en qué estaría haciendo en su vida actual. Si tal vez logró consumar su relación con la ex tecladista. Porque si algo era de reconocer en la castaña, era su fidelidad.

Se levantó del asiento cómodo donde había estado leyendo el libro, y salió a paso lento del estudio. Se dirigió a la habitación de su hijo, y sonrió con ternura al verlo dormir plácidamente ajeno a las situaciones que se estaban presentando alrededor de ellos. También pensó, en cómo abordaría ciertos temas, no porque sean de adultos, sino porque implica emociones en que él jamás había experimentado. Y que no sabría cómo reaccionar ante lo nuevo que se le presentaba.

—Supongo que todo estará bien, ¿verdad? —preguntó al cielo nocturno estrellado liderado por la luna.

Casa de los Kotobuki

—Gracias Ritsu, por estar aquí conmigo. Sé que molesto...

—Para ahí, Mugi. Sabes perfectamente que no lo haces. Deja de estar disculpándote por cada cosa, que a veces es insignificante.

Y el silencio reino entra ambas amigas.

Por unos segundos, ese silencio era la mejor forma de comunicarse entre ellas. La familia Kotobuki siempre había sido conocida por sus ostentosas mansiones, y su derroche de elegancia y en cosas puntuales y necesarias de dinero. No lo malgastaban en banalidades que no eran de provecho y productividad. Sin embargo, todo cambio cuando le diagnosticaron cáncer a Mugi.

La enfermedad los había golpeado de tal manera a todos como familia, que prefirieron estar detrás del foco público, y conservar el anonimato. Casi nadie sabía de ellos, y era preferible de esa manera. Ya bastaba con el dolor y la tristeza, con las fuerzas que a veces se desvanecía como humo entre los dedos, de continuar luchando. De seguir con la angustia y la incertidumbre de si saldrá 100% libre de esa enfermedad o, por el contrario, se irá para siempre de este mundo.

Los esposos Kotobuki le agradecían enormemente a la castaña el haberse quedado junto a su hija mayor, y pasara lo que pasara, estarían en completo reconocimiento del esfuerzo y de la buena voluntad de ella para cuidarla y apoyarla en lo que más necesitara. Ellos jamás se enteraron de lo que realmente pasó entre Mugi y Sawako, y ambas mujeres prefirieron dejarlo oculto para siempre. No valía la pena sacar malos recuerdos de un pasado desagradable y triste que le ocasiono la ex profesora.

Y al final, entre ambas jamás ocurrió nada más allá de lo estrictamente amigable. Ritsu se enfrasco en su universidad, y posteriormente en su trabajo; Mugi se enfocó en continuar la vida de la mejor manera sobrellevando la enfermedad. Compuso algunas canciones en su piano, y solía tocarlo cuando se sentía abrumada por las emociones y pensamientos un poco contradictorios y pesimistas que solían aparecer. Aprendió que la vida enseña de una manera misteriosa; aunque dolorosa.

Un día, en la consulta de su oncóloga, descubrió que su amiga castaña había ganado cierto reconocimiento en la búsqueda de alguna cura para combatir el cáncer. Pero sabía que aún la ciencia estaba en pañales en ese aspecto, y optó por resignarse y vivir hasta donde su cuerpo diera. También se impactó al encontrar poemas de la ex baterista escritos por ella misma. Pues no sabía que Tainaka también se le daba a la literatura como Mio. Y aquello le trajo a su mente varios recuerdos, que la pusieron completamente nostálgica.

Sabía que en cierto modo ella fue culpable de la ruptura de ambas. Pero no había sido con esa intención, y tal vez, aquella verdad no salga nunca a la luz. Sólo esperaba, con fe, que Mio y el resto de las chicas les lograra perdonar por aquello. Quería, en cierto modo, que todas volvieran a estar juntas por una última vez, antes de ella irse para siempre.

Pero la vida trae sorpresas. Muchas...

2 meses después. Oficina de Nodoka Manabe.

Buffet legal Akatsuka Brothers

It's not a second6
Or 7 seconds away
Just as long as I stay
I'll be waiting
I'll be waiting

Mugi esperaba paciente por ser atendida por uno de los abogados del buffet de los hermanos Akatsuka, y mientras lo hacía, rememoraba cada vivencia que había tenido en su corta vida. Deseo que, por un momento, ella estuviera inmersa en una pesadilla, y no en una realidad hiriente. Cada detalle de su niñez, de su adolescencia y parte de su juventud ya con la enfermedad encima. Cada día que pasaba, ella iba empeorando, y su cuerpo se iba debilitando profundamente.

¡Y sólo tenía 30 años, por Kami-sama!

Ritsu en algún momento se tatuó en la muñeca izquierda dos lazos: el rosado que significaba la lucha contra el cáncer y el morado que significaba la lucha contra el alzhéimer. La segunda enfermedad le había impactado de tal manera, que quedó marcada. Su abuela materna fue diagnosticada con aquella dolencia, y la castaña la cuido con mucho esmero junto a su hermano, turnándose, y sus padres. Nadie podría decir que Ritsu Tainaka no conocía el sufrimiento de primera mano.

Y luego, ver cómo su abuela se iba apagando en los recuerdos. En ya no reconocerlos, no saber qué hacía en tal lugar, o quienes eran ellos que vivían con ella. Años atrás, Ritsu y Satoshi perdieron a sus dos abuelos paternos, y luego a su abuelo materno. Sólo quedaba ella, que de a poco se iba apagando. La castaña había sufrido y encontró la mejor manera de canalizarlo en sus escritos, en sus poemas. Hablaba mucho de ella, y de lo que aguardaba en su corazón.

Mugi suspiro.

La rubia sabía a lo que iba. Y tenía que hacerlo, por agradecimiento por todo este tiempo que estuvo la castaña junto a ella, cuidándola, motivándola, o simplemente quedándose a su lado abrazándola mientras la consolaba. Sus padres le habían enseñado la generosidad, pero no desmedida, pero ante esta circunstancia, y con su parte de la herencia dada en vida de sus progenitores, ella decidió darle un buen uso, y dejarlo en buenas manos. Era lo mejor.

Simplemente lo mejor para todos.

J'assume les raisons qui nous poussent de tout changer7
J'aimerais qu'on oublie leur couleur pour qu'ils espèrent

Y es que, en todo este tiempo, Tsumugi no se arrepentía de nada. Lo único que si le partía un poco el corazón era la separación de las chicas, y en cierto modo ella se sentía con culpa. Porque su silencio fue cómplice de todo aquello. Otro suspiro salía de sus labios, y la nostalgia le invadía de sobremanera. "¿Qué me puede salir, ahora?" pensó con cierta tristeza. Al menos, de una cosa si estaba segura, sí se iría de este mundo, se iría de la mejor manera: dejando lo que tenía en sus manos, ayudando a los que necesitaban de ese apoyo.

—Por supuesto, Mai... sí, lo sé. Debes entender que, en este punto de tu carrera, no podemos dar pasos en falsos... Averiguaré más sobre la petición que me has solicitado, estaré informándote de aquello, apenas me vayan llegando los resultados — "Bueno, nada peor me podría ir mal de lo que me está yendo, ¿verdad?". Pensó Mugi con cierta gracia. Sería interesante ver que expresión pondría la abogada Manabe al verse frente a frente con ella... después de tantos años.

Consultorio Dra. Tainaka

"Un verdadero amigo es aquél que llega cuando el resto del mundo ya se ha ido...

El dueño de una tienda estaba colocando un anuncio en la puerta que decía: "Cachorritos en venta".

Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños, y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando:

"¿Cuál es el precio de los perritos?"

El dueño contestó: "Entre $30 y $50". El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas:

"Sólo tengo $2.37... ¿Puedo verlos?"

El hombre sonrió y lanzó un silbido. De la trastienda salió su perra corriendo seguida por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente atrás. El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba.

"¿Qué le pasa a ese perrito?", preguntó.

El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa y que cojearía así por el resto de su vida.

El niñito se emocionó mucho y exclamó: "¡Ése es el perrito que yo quiero comprar!".

Y el hombre, gratamente sorprendido, le replicó: "No, tú no tienes que comprar ese cachorro, si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo".

El niñito se disgustó, y mirando directo a los ojos del hombre le dijo: "Yo no quiero que usted me lo regale. Él vale tanto como los otros perritos y yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis $2.37 ahora y 50 centavos cada mes hasta que lo haya pagado completo".

El hombre, desconcertado, replicó: "Tú en verdad no querrás comprar ese perrito, hijo. Él nunca será capaz de correr, saltar y jugar como sus hermanitos".

El niñito se agachó y se levantó la manga de su pantalón para mostrar su inutilizada pierna izquierda, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo: "Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo entienda".

El hombre estaba ahora mordiéndose los labios, los ojos se le llenaron de lágrimas..., sonrió y dijo:

"Hijo, solo espero y rezo para que cada uno de estos cachorritos tengan un dueño como tú".

En la vida no importa quién eres, sino que alguien te aprecie por lo que eres, y te acepte y te ame incondicionalmente."

Ch. Stanley

Ritsu suspiró por enésima vez. Era un día como cualquier otro, y que no había mucho movimiento, más que las consultas ya establecidas en la agenda. Así que había decidido escribir un poco, aunque era más bien ideas que se le venían a su cabeza. Además, aún tenía una pequeña fe de poder salvar a su amiga rubia. Aunque como médico, sabía que sería imposible. Su cáncer al útero había avanzado bastante y casi no se podía ver un panorama alentador. Pero era un poco raro que se le haya a ella formado este tipo de cáncer, porque por lo general, esto se presenta en edades avanzadas, como por ejemplo a partir de los 50 años.

Pero a veces la vida suele ser un misterio y el cuerpo humano es parte del mismo.

La castaña se sentía desanimada en ese aspecto, porque siendo doctora, no podía hacer nada más que controlar a pesar de que sigue avanzando, pero, no era seguro. Y la quimioterapia parecía no hacer mucho efecto, y, al contrario, le daban malestares que la dejaban decaída por varios días. Incluso, tuvo que atenderla en emergencia porque había llegado prácticamente inconsciente después de haber sufrido algunos dolores y vómitos constantes.

También pensó en que se convirtió en todo este tiempo. Ella era una reconocida médica, y su hermano, un buen psicólogo que tenía ya su clientela y que siempre llegaban más pacientes, en busca de ser escuchado y de encontrar cierta paz en sus almas y en sus corazones. Ambos habían sufrido bastante, y buscaron a través de esas carreras profesionales ayudar a los demás; darles, aunque sea una vida digna hasta cuando decidan partir de este mundo.

Pero tuvo un precio que pagar: perder al amor de su vida por su cobardía, y a sus amigas por su silencio.

—¡Ayuda! ¡Ayuda, por favor! —gritaba una mujer desesperada.

Ritsu llegaba a emergencias para ayudar en algo al poco personal que había ahí por el momento. Tal vez, por la hora, que era de noche ya casi entrando a la madrugada, pero que estaba segura que igualmente siempre habría alguna emergencia que atender, porque cuando la enfermedad te ataca, no busca la hora de hacerlo. Así es el cuerpo humano: misterioso y maravilloso al mismo tiempo. Y uno, como médico va descubriéndolo cada día; porque cada ser humano tiene una reacción diferente ante la enfermedad que se le presenta.

—¡Ayuda, por favor! ¡Mi hijo no reacciona! —seguía gritando desesperada la mujer.

La castaña no espero, y salió casi corriendo para encontrarse con la pobre mujer desesperada que buscaba ayuda para salvar a su hijo. La doctora conocía muy bien ese sentimiento, porque la señora Kotobuki llegó un día así al hospital, cuando su hija mayor estaba perdiendo la batalla ante la enfermedad que le aquejaba. Y entendía perfectamente lo que es sentir la pérdida de un ser querido. Ella misma lo había sufrido con la muerte de sus abuelos, a pesar de que estaba preparada para la llegada de ese día. Sin embargo, era inevitable no sentir como el corazón se va encogiendo ante el evento que no se puede controlar.

—¿Qué tenemos, Naomi? —preguntó Ritsu al llegar a la camilla donde estaba acostado el niño.

—Niño de unos 6 años, presentó cuadro de fiebre de 38.5, y vómitos. También presenta dolor de estómago y nauseas. Signos vitales estables, doctora.

—Estabilízalo con un suero donde vaya ampollas contra el dolor y las nausea. Hablare con su madre, para ver si me da alguna información adicional —enseguida escribió el nombre del suero más las ampollas contra el dolor y las náuseas, y que sea de método intravenosa mediante suero.

La castaña salió para encontrarse con la madre del niño. Debería sólo haber una persona en emergencia, porque no vio los otros cubículos en uso, y al ir perdida en sus pensamientos, no se percató que sentada en uno de los asientos se encontraba la persona que menos se esperaba ver en esas circunstancias. Y encima, por la forma que se daría.

—Busco a la madre del paciente que llegó a emergencia.

—Soy yo, Doctora. ¿Qué tiene mi hijo? —Ritsu se dio la vuelta para encarar a la madre del paciente, y explicarle lo que ha hecho y que evidentemente tendría que mandarle hacer algunos exámenes, además de que le diera más información sobre la sintomatología que ha presentado.

No sabía si fue correcto hacerlo o no.

—Mio...

—Ritsu...

Continue...


Notas de la Autora:

¡Aquí estoy!

Esta es la primera parte de la historia, y espero que les guste.

Referencias:

1 Traducción de la canción Non, je ne regrette rien (No, no me arrepiento de nada) de Édit Piaf:

No, nada de nada

No, no me arrepiento de nada

Ni el bien que me hicieron

Ni el mal

Todo lo que me importa

No, nada de nada

No, no me arrepiento de nada

Es pagado, barrido, olvidado

No me importa el pasado

2 Poema propio. Original de mi autoría.

3 Poema propio. Original de mi autoría.

4 Canción: Bring me to life Cantante/Grupo musical: Evanescence Album: Fallen

5 Canción: Love is Love Cantante/Grupo musical: Culture club Pelicula musical: Electric Dreams

6 Canción: 7 seconds Cantante/Grupo musical: ERA Álbum: The 7th Sword

7 Canción: 7 seconds Cantante/Grupo musical: ERA Álbum: The 7th Sword

Traducción: Asumo las razones que nos empujan a cambiarlo todo

Quisiera que olvidemos su color para que esperen

¡A leer!