Advertencia: Los personajes de K-ON! le pertenecen a Kakifly.


Parte II

—¡No puedo creerlo, Mio! ¿Ritsu es médico? —preguntó Yui con cierto asombro.

—Pues sí. Pero gracias a ella, mi hijo está estable. No hablamos mucho, por si te preguntas. Ella se dedicó más a indagar por síntomas, por el comportamiento de su salud y el tipo de comida que había ingerido; le mando hacerle exámenes para descartar cualquier sospecha. Igualmente, me aviso que una vez tenga los resultados, le llame para ir a consulta, y ella dar una opinión. Pero sería su opinión como médica clínica, porque podría derivarme, a partir de aquello, a pediatría o algún especialista. Aunque lo más probable, dicho por ella misma, es que Minoru vaya a pediatría.

Mio se encontraba en casa de Yui y Azusa de visita. Y les comentó el pequeño encuentro que había tenido con Ritsu en el área de emergencia del hospital. Para la escritora fue un momento de impacto. Nunca se imaginó en su vida que después de tanto tiempo, ambas se volverían a ver, y de qué manera: adultas y con una vida prácticamente realizada. Tampoco se le cruzó por su cabeza, ver a la ex baterista como médico. Siempre se la imaginó como estrella de rock o relacionado con la música.

Yui por un momento se sintió insegura de cómo reaccionar ante la revelación de su amiga pelinegra. Después de lo que hizo la castaña y todavía con quien, era una herida que aún no cicatrizaba a pesar de haber pasado ya ocho años. Azusa, por el contrario, se mantenía en silencio mientras se acariciaba el vientre de cuatro meses de embarazo. Ella jamás emitió una opinión con respecto aquello, sin embargo, apoyaba a sus dos amigas. La decisión que haya tomado la castaña con respecto a su relación a Mio, debió haber sido pensada detenidamente. Pero Yui fue otro cantar y no se lo pudo perdonar, porque sintió que fue una traición para el grupo; porque vio a Mio llorar noche tras noche con el recuerdo de aquel bonito amor que se tuvieron.

Azusa, como psicóloga, entendía muchas cosas. Pero sobre todo las comprendía, y la base de una sociedad es el comportamiento humano en medio de la misma. Como se relaciona consigo mismo, con su entorno y luego con los demás. Si algo siempre le llamó la atención a la ex guitarrista, es como las personas tienen expectativas de los otros, como si tuvieran una esperanza de que aquellos sean como uno los imagina o desean que sean como ellos quieren, pero cuando no resultan, sienten que el mundo se les viene encima. Y luego viene la frase: "Me gustaría no tener expectativas".

Wish I had no expectations*
I wish that I could get it through your head
With no confrontation
I really wish we could talk about it instead
All these tears that I cry while I'm turned to the side
And you're in the same fucking bed
Wish I had no expectations
But I expect, you expect, we expect

Pero es inevitable no tener expectativas. Y ella lo sabía, porque Yui en su momento también las tuvo. Todo el mundo las tienes, pero si había algo que aceptar, era que las personas crecen a su propio ritmo, a sus propias experiencias, y vivencias. A su propio tiempo. Nadie será igual al otro, porque, ¿qué sería de la vida si todos fuéramos iguales a los otros? Seguramente, aburrida. Suspiro pensando en que tanto podría haber cambiado Ritsu. Pero, sobre todo, ¿qué la motivo a seguir una carrera tan demandante como medicina?

Estaba segura, que esa decisión fue tomada por algún evento muy fuerte en su vida. Porque ella siempre la vio en otro tipo de carrera, como, por ejemplo, música o alguna ingeniería. Pero jamás se le cruzo por la cabeza verla a ella como doctora. Azusa se mostró siempre neutral en cuanto a la relación de Mio y Ritsu. Pero cuando se enteró de que la castaña había dejado a Mio para irse con Mugi; sí, tomó por sorpresa a todos, pero ella lo vio como una forma de huir de la ex baterista a lo que tenía con Mío, o una forma, de que prefería amar a otra persona para no dañar su amistad con Mio. Si Ritsu seguía con la amistad con Mio, para ella estaría bien.

Pero Ritsu se había ido con Mugi... ¿Por qué?

Azusa pensó, también, que nadie elige a quien amar. En cuestiones de sentimientos, estos pueden ser muy volátiles, y confusos. Tal vez el verdadero amor de la ex baterista no era la escritora, sino la rubia. Porque si algo sabía la pequeña neko, es que Mugi sería incapaz de meterse en medio de una relación, sobre todo la de sus amigas. Nakano estaba más que segura que tuvo que haber sucedido algo muy fuerte para que aquello haya pasado. Sin embargo, Yui no lo comprendió de aquella manera, porque fue la primera en estar de lado de la pelinegra. Fue quien la vio llorar en silencio preguntándose qué fue lo que hizo mal para que Tainaka la dejara, así, de la nada.

Mio observó en silencio a Azusa, que estaba demasiado callada, más de lo normal. Suponía que estaba pensando en muchas cosas a la vez. Y lo comprendía, porque en aquel entonces cuando ella las busco y les comentó lo que había pasado con la ex baterista, Yui reaccionó no muy bien mientras que la menor, hizo precisamente lo que estaba haciendo ahora: quedarse callada, analizando el entorno. Y es que no cabía para nada la duda de que ella era una excelente profesional en su campo: la psicología.

—¿Pasa algo, amor? —preguntó Yui con cariño a su esposa.

—Nada, amor. Sólo que estoy impresionada con la noticia de Mio. Sinceramente, no me la imaginaba a ella como doctora.

—Bueno, yo tampoco me la imaginé a Ritsu en esa profesión... —Mio hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas para no molestar a Yui —En aquel entonces, ella estaba indecisa por elegir la carrera...

—En eso te doy la razón Mio —dijo Hirazawa sorprendiendo a su amiga y a su esposa —. La última vez que hablé con ella, fui un poco grosera, pero ella se quedó totalmente callada, con la mirada perdida, y sólo supo decirme: "Hay situaciones en la vida, en que es preferible renunciar al amor de tu vida, para no lastimarla". Nunca entendí a que se refería con aquello, si soy honesta. Digo, yo por más que me vea atrapada en una situación difícil, no renunciaría a estar con la persona que eligió mi corazón.

En eso, Mio le daba la razón a Yui, pero observó que Azusa, nuevamente se quedaba alejada de la situación. Es como si al analizar cada detalle, buscara algo que determinara la respuesta a lo que se estaba buscando. Si algo siempre admiró Akiyama de Nakano, era precisamente esa madurez que tenía para enfrentar las circunstancias de la vida. Ella sabía que algo intuía la pequeña, pero que no lo diría hasta estar segura.

Por otro lado, la ex bajista quería hablar con Tainaka. Tal vez volver a iniciar la amistad, aunque sea desde el primer escalón: ser conocidas. Pero tenía miedo de descubrir las verdades. Tenía el número registrado en su teléfono móvil, y en ocasiones deseaba ser ella la que iniciara el reencuentro, pero, por otro lado, entendía que la profesión de la ex baterista era demasiado demandante, y que lo más probable es que ella estaría bastante ocupada, buscando salvar vidas.

Si tan sólo supiera, que la única vida que su ex primer amor buscaba salvar, no podía hacerlo. La enfermedad la estaba consumiendo a su paciente.

No creo en las coincidencias. Lo inevitable siempre está por suceder —comentó Azusa, mirando a su amiga y a su esposa. Y en esa mirada, café-rojizo, estaba hablando muchas cosas. Todas misteriosas.

La vida, nuevamente, hacía el papel de juez y parte.

Casa del matrimonio Manabe-Sokabe

¿Qué tanto puede cambiar un ser humano en cuestión de años?

Nodoka estaba en el estudio de su casa, revisando los papeles de la herencia que estaba dejando Mugi a ciertas personas. La primera pregunta que se le vino a su mente, cuando vio el nombre de Mio como una de las beneficiarias, fue, ¿cómo se enteró del hijo que tenía? Pero no debía sorprenderla, porque para la rubia nada se le escapaba, y lo dejó en claro cuando se vieron en su oficina. También estaban incluidas Yui, Ritsu, su persona, su hermana menor Sumire, y finalmente sus padres. Adicionalmente, un porcentaje de aquel dinero, sería donado a una fundación que tratara las enfermedades tanto el cáncer como el Alzheimer.

—¿Qué es lo que está pasando? Es como si el destino se encargara de regresar a las personas a su lugar, en este momento.

Flashback

2 meses después. Oficina de Nodoka Manabe.

Buffet legal Akatsuka Brothers

—Por supuesto, Mai... sí, lo sé. Debes entender que, en este punto de tu carrera, no podemos dar pasos en falsos... Averiguaré más sobre la petición que me has solicitado, estaré informándote de aquello, apenas me vayan llegando los resultados — "Bueno, nada peor me podría ir mal de lo que me está yendo, ¿verdad?", pensó Mugi con cierta gracia. Sería interesante ver que expresión pondría la abogada Manabe al verse frente a frente con ella... después de tantos años.

—Disculpe la demora, señorita —decía Nodoka mientras llegaba al escritorio, dejando el maletín a un lado del mismo, y cerrando la llamada con su representada. Se sacó el saco, dejándolo detrás del respaldar de la silla giratoria, y se acomodó en la misma. Dando, ahora sí, cara a su futura clienta —. Como comprenderá, nuestro bufete se encarga de la parte civil, laboral y de...

El silencio reinó.

Nodoka quedó en shock al momento de ver, ahora sí, a Mugi Kotobuki. Esto era inesperado. ¿Qué hacia allí una de las herederas del imperio Kotobuki? Y viéndola bien, aquellos ojos azules que en su momento brillaban, ahora estaban opacos. Su contextura actual es sumamente delgada, y la sonrisa de ella, aún seguía siendo afable y tranquila. ¿Será un...?

¿Cómo es que no se percató antes de su presencia? Cierto. El sofá está del lado de la puerta de entrada a la oficina, y de frente a su escritorio. Ella entró distraída hablando con Mio sobre un pedido que le estaba haciendo. Que, por cierto, le parecía extraño, ya que nadie del grupo quiso mencionar el nombre de la castaña por un tiempo. Incluso ella misma sentía cierta molestia contra la ex baterista por haber actuado de aquella manera.

—Sé que es un poco molesto volvernos a ver en esta circunstancia, abogada Manabe. Sin embargo, la situación lo amerita...

—¿Situación, Mugi?¿De qué hablas? —Nodoka, siguiendo el consejo de su mujer, conservó la calma, y no sacó su carácter fuerte. Pero, además, había algo que la detenía —No entiendo que haces acá, cuando tú tienes a tu propio buffet de abogados que llevan todas las situaciones legales de tu imperio empresarial...

—No vengo por ese lado. Ya lo tengo resuelto en su medida. Vengo por el lado de la herencia...

—Mugi, con todo respeto. Háblame claro. Nosotros manejamos otra línea legal. Además, ¿Ritsu está de acuerdo que su pareja...?

—Para ahí, Nodoka. Ritsu y yo jamás tuvimos una relación.

Nodoka Manabe estaba en shock. ¿Cómo que jamás fueron pareja? Pero si Ritsu dejó a Mio para irse con ella, y jugar a la casita feliz. No entendía nada y era mejor, para la heredera que le hablara claro, porque sinceramente, ella no sería participe de alguna canallada que estuviese planeando hacer. Sus ojos, marrones, se percataron de que su ex amiga tenía una carpeta, algo gruesa, sobre su regazo.

Sintió su sangre ebullir...

—Para con lo que estás pensando, Nodoka —la voz de Mugi era firma, aunque sonara débil. Una señal clara para la abogada, que algo en ella no andaba bien —. Para empezar, Ritsu se quedó a mi lado por mi enfermedad. No quería dar pena o lástima, tampoco quería verme en la necesidad de sentirme inútil ante los demás. Si te preguntas, Nodoka, el motivo del porqué Ritsu dejó a Mio, eso deberías preguntárselo a ella misma.

—Tsumugi, no estoy entendiendo nada de lo que me dices. No hables con misterios, porque eso no va conmigo, y lo sabes. Estás consciente que las personas cambiamos con el pasar del tiempo, y que es parte del proceso de la vida misma. Unos aprenden y siguen, otros, hacen el intento, pero siguen en el mismo lugar sin querer moverse.

Mugi puso la carpeta sobre el escritorio de la abogada, y la empujó sutilmente hacia su dirección. Nodoka, buscó la mirada de quien había sido su amiga, queriendo descifrar aquel gesto. Pero lo que más le intrigaba, era el estado en que se encontraba la rubia. No era la misma que ella conoció en el instituto. Y pensándolo bien, casi nadie hablaba de la familia Kotobuki o de sus herederas. Era como si la tierra los hubiese tragado por completo.

—Revisa la carpeta, por favor. Ahí está todo. Sólo haz lo que te pido ahí, Nodoka. No quiero dejar a nadie desamparado, por mi egoísmo. Si necesitas algún detalle más, puedes consultarlo con Ritsu, quien es mi médico de cabecera junto a la oncóloga Satou. Fue compañera nuestra en la preparatoria. El mundo es pequeño, ¿no? —Mugi sonrío tristemente.

—Mugi... —la abogada miro como se levantaba con dificultad la rubia. Salió detrás de su escritorio rápidamente, y logró sostenerla. Volvió a sentarla, y fue por un vaso de agua. Al menos, la ex tecladista respiraba sin ninguna dificultad. Estaba en shock con lo que le acaba de decir. ¿Ritsu doctora? ¿Una oncóloga la estaba revisando? ¿Y encima había sido compañera de ellas en la preparatoria? Por más que le daba vueltas, no encontraba todavía quien era. Aunque el apellido le sonaba familiar. Bastante.

—Gracias, Nodoka —Mugi sostenía el vaso que contenía la mitad del líquido, porque había dado un sorbo largo. Respiró hondamente, y se preparó mentalmente para darle la noticia a la, que aún consideraba su amiga —. Ya que vas a trabajar en el caso, necesitas saber algunas cosas. En el tiempo que Ritsu estuvo con Mio, a una de sus abuelas le fue diagnosticada con alzhéimer, pero ella no dijo nada. Por cosas de la vida, yo tenía que hacerme un chequeo médico debido a que constantemente estaba enfermándome, y debilitándome. Ella me acompañó, por su insistencia. En la salida que tuvimos las dos solas, ella escuchó mi tristeza y pena por lo que había pasado con Sawako, ya que ella decidió abandonarme sin decirme nada. Y todo, por los constantes desmayos, dolores y vómitos que presentaba. Ese día, en el consultorio de la doctora, y con los resultados de los exámenes, me detectaron que padecía de cáncer en el útero. Y mi caso era raro, porque por lo general, la enfermedad se manifestaba a partir de los 50 años...

—Mugi...

—No digas nada, Nodoka. Ahí, en esa carpeta está todo lo que necesito que hagas. Incluso, hay una cantidad considerable para Mio y su bebé. Tú sabes que nada se me escapa de las manos, y a pesar de que todos pensaron que fui la causa del rompimiento entre Ritsu y Mio, no fue así. Ritsu tuvo sus razones para hacerlo, pero no me compete a mi decirlo. Y respeto la decisión de ella a pesar de que no lo comparto. Ella debió haber seguido con Mio, pero así es la vida. Tal vez ambas no estaban preparadas para ese entonces, y ahora, tal vez con la madurez, lo estén. No lo sé, porque la vida suele ser muy misteriosa cuando quiere. Ahí también, en esa carpeta, está un papel con mi número anotado para que me llames por cualquier cosa. Ritsu no sabe lo que estoy haciendo, y si lo supiera, ella lucharía para que no lo haga. Quiero hacerlo —los ojos azules profundos de Mugi miraron detenidamente a los ojos marrones de Nodoka —. Necesito hacerlo, para que cuando parta de este mundo, lo haga de la manera más tranquila. Sabiendo que todas quedarán en buenas manos. Por eso te busque. Porque quiero que tú seas quien lleve este caso de manera personal...

Fin Flashback

No entendía por qué le tuvo que suceder aquello a Mugi. Es decir, ella siempre fue una persona buena, dispuesta ayudar a los demás sin importar qué. Un ejemplo, claro, fue cuando logró (ordenó) que le hicieran una rebaja a la Heritage Cherry Sunburst Gibson Les Paul Standard, que sería la primera guitarra de Yui cuando esta se unió al club de música ligera. Claro, es dueña de casi todos los locales de instrumentos musicales, además de poseer una clínica y un hospital, una disquera, y el 80% de las acciones de un centro comercial.

¿Por qué las personas buenas, le pasan cosas malas?

¿Selección natural?

Nodoka suspiro con tristeza. A partir de aquel encuentro, tanto la rubia como ella, se pusieron al día, y al escuchar su historia, entendió que, en cuestiones de sentimientos, nadie manda sobre el corazón de la persona. Que, así como un día pudo amar, al otro, simplemente lo dejó. Es obvio que eso sucede cuando las acciones de uno de los involucrados llevan a ese agotamiento; en el caso de Ritsu y Mio no fue así. ¿Entonces, por qué?

—Hay respuestas que no existen para ciertas preguntas, cariño.

—Lo sé, pero es difícil no encontrar al menos una frase coherente a los sucesos. Es cómo...

—Es como si estuvieses en medio de la nada buscando por qué la ciudad esta deshabitada. A veces, las respuestas están ahí, frente a uno, pero no la ven. El miedo a descubrir la verdad, provoca que no se la pueda percibir.

Nodoka volvió a suspirar, pero esta vez, dejó lo que estaba haciendo, y se levantó del sillón para ir abrazar a su esposa. Megumi la recibió con los brazos abiertos, poniendo sus delicados brazos alrededor del cuello de la abogada. Sokabe por experiencia en su carrera profesional como psicóloga, ha tratado a diferentes pacientes que suelen tener sus estados emocionales en desequilibrio; al final terminan aceptando que la vida no es una "línea recta" que hay que seguir. Es decir, los planes no siguen el "orden" que se suele tener como expectativa, sino que hay altos y bajos; hay que saber lidiar con ellos. Hay que tener paciencia.

Porque lo que, para uno, el resultado obtenido es en corto tiempo, para otros, toma más, y lo logran a largo tiempo. No todos van al mismo nivel, y eso lo debería saber el ser humano. Pero...

En ese silencio, ambas se estaban hablando. El matrimonio había aprendido con el tiempo a hablar de esa manera, sin palabras de por medio. Por supuesto, les costó bastante adaptarse a ese nivel de entendimiento, pero no fue imposible. Fue trabajoso, eso sí. Y Sokabe sabía lo que pasaba por la mente y el corazón de su esposa. Porque en su momento, ella también se había sentido decepcionada de Tsumugi por su accionar. Sin embargo, en aquella época, entendió que los sentimientos son libres y volátiles y que no elige quien ama a quien. Simplemente llega y punto.

Pero ahora, todo era diferente. Y sabía que habría más cambios de lo que uno se podría imaginar.

Departamento de Ritsu

Había sido un día agotador en el hospital. Ella debería estar agradecida con la familia Kotobuki de por vida; gracias a ellos, ella tenía ese trabajo. Sin embargo, le sorprendió que en el mismo lugar también estuviese trabajando Akane Satou, aquella chica quien fuese compañeras de curso en la preparatoria, y quien fuese miembro del club de Volleyball, además, que su sueño era ser maquilladora profesional. Pero, así como ella, tuvo que haber vivido algo demasiado fuerte para renunciar a ese sueño, y haberse dedicado a la medicina, con especialidad en oncología.

Aunque ambas llevan el caso de Mugi a la par, no han tenido oportunidad de sentarse hablar de sus vidas. En el fondo, la castaña lo agradecía un poco.

En ese momento, la doctora caía en cuenta que cada ser humano tiene una historia que contar, desde su vivencia, desde su experiencia. Uno va aprendiendo con el paso de los días, con el transcurso de la atención que se les brinda a sus pacientes. Los pacientes aprenden algo, y los médicos también. Cada uno a su manera de ser, en medio de sus posibilidades.

Un suspiro salió de sus labios. Busco el libro de Mio, que lo llevó aquel día al centro de convenciones y que quería el autógrafo de ella; que al final, no se acercó a pedírselo, porque, como todo un siempre, huyó del lugar. Escapó sin mirar atrás, y con la idea de que lo mejor, era seguir con su vida. Pero la vida es caprichosa algunas veces, y, obviamente, al ver que ella se fugaba del lugar, decidió ponérsela de cara ese día en la sala de emergencias.

—Así que te casaste y tuviste un hijo, ¿no? Lo sé, yo fui cobarde en aquel entonces, y parece que lo sigo siendo. Ya nada es igual en estos tiempos... —susurro la ex baterista con cierta tristeza, mientras seguía en la búsqueda de aquel libro.

Y mientras que estaba en su búsqueda, no pudo evitar recordar aquellos momentos hermosos que vivió junto al resto de las chicas. Ella dejó de tocar su amada Yamaha Hipgig con platillos Avedis Zildjian, porque, y siendo sinceras, ya nada del mundo de la música le llamaba la atención. Escuchaba canciones, sí, pero ya no creaba, no tocaba. Al contrario de aquello, se volcó a escribir todo lo que tuviese en su corazón y en su mente.

Otro suspiro salía de sus labios. Y por un momento, se sintió devastada, porque ese sentimiento de desolación no se iría así porque así; porque en el fondo, ella se sentía frustrada consigo misma, por no poder seguir ayudando a su amiga. Y porque fue una cobarde al dejar a Mio, porque le invadió aquel sentimiento de inferioridad y de cobardía. Porque por no arriesgarse a más, terminó por perderlo todo.

—Al fin te encontré...

Pero se quedó de una pieza, al ver que sus poemas no estaban dentro del libro. Y, ¿ahora? "Ay Kami-sama, no salgo de una para meterme en otra". Pensó con cierta molestia. Y es que esos poemas lo eran todo para ella, porque sentía que fueron plasmados en el peor momento de su vida, y había logrado conectarse consigo misma y sus emociones en el tiempo adecuado.

Se resignó. Había perdido aquellos poemas, y no sabría si volvería a tener la oportunidad de escribir algo así, con aquella intensidad.

Pero el destino es caprichoso todo un siempre, ¿no?

Casa de la familia Hirasawa-Nakano

Azusa terminaba de preparar la cena, mientras que Yui se encontraba en su despacho leyendo. No quiso interrumpirla y la dejó ser. Estaba consciente de que para ese momento ella debería estar abrumada por la información que había recibido por parte de Mio, cuando las visitó. La ex bajista quería desahogarse, y al haber una amistad de acero, decidieron escuchar el inquieto corazón de ella. Pero por alguna extraña razón, intuía que había algo más. Algo que la pelinegra ocultaba deliberadamente.

¿No quería afectar a Yui con el pasado?

Cada una, después de la graduación, siguió su camino. Aunque todas conservaban la amistad, hasta el evento en donde Ritsu terminaba la relación con Mio. ¿Por qué, si no se quedó con Mugi como pareja, terminó la relación? ¿Por qué mintió diciéndole que había alguien más en su vida y después aparecería con Mugi? ¿Cuál es la historia detrás de todo esto? Azusa jamás se había enfrentado a semejante situación tanto en su vida privada, como en su vida laboral.

Apagó la hornilla, y se limpió las manos con la toalla que tenía en la cocina. Había decidido preparar algo sumamente ligero, para los tres. Porque a su bebé también le mimaría con algo de comida ligera. Y pensar que jamás se le cruzó por su mente verse así misma casada con Yui y teniendo un bebé. Y ahora, estaba cumpliendo parte de su sueño. Daba gracias a que Yui aceptó usar el método ROPA (Recepción del Ovulo de la Pareja). Después de todo, no fue muy difícil convencerla.

Por un segundo, sintió una punzada en su corazón, e intuyó de manera rápida que algo no andaba bien. Puso la mano izquierda sobre el vientre y empezó acariciarlo para calmar a su inquieto hijo. Y de la nada, empezó a llorar. Sabía que no se trataba de su bebé, era algo más fuerte, más profundo. Cómo si alguien se estuviera yendo ya de este mundo, para no volver más. Y ese alguien, había sido una persona muy querida en tiempos antiguos. Cuando todas eran felices, y nadie intuía que se vendría una tragedia.

—¡Amor! —Yui gritó alcanzando a su esposa, abrazándola.

—Se está muriendo, cariño.

—¡¿Quién se está muriendo?!

—Ella... amor... ella se está yendo...Se nos está yendo nuestra querida amiga...

Yui no entendía nada. Conocía a su esposa, y la cargó como se carga a la novia el día de la luna de miel para consumar su amor profundo. Hirasawa sabía de los dones que tenía su esposa, y aunque no los usaba frecuentemente, si había episodios que se le hacían presente, terminando siendo verdad todo lo que ha presentido o soñado en su momento. Nunca pudo comprender muy bien su funcionamiento, pero tampoco era escéptica totalmente. Creía que había algo supremo sobre la humanidad, y que ciertas personas eran seleccionadas con ciertos dones para entablar contactos entre seres del más allá y los que todavía quedaban vivos.

La primera vez que se topó con aquella realidad, fue cuando Azusa le habló de manera distraía de Tomi Ichimonji, la abuelita que vivía al lado de su casa y cuidaba de ella, Ui y Nodoka, y que había fallecido cuando cursaba su primer año de universidad a causa de un paro cardiaco. En realidad, la abuelita ya venía teniendo dolencias cardiovasculares, y que, en cualquier momento, su enfermo corazón dejaría de latir. Y aunque se habían preparado para ese día, no les dejó de doler.

Fue muy duro enfrentarse a esa realidad.

Aquel día, Nakano le habló de una manera que Hirasawa se quedó en shock asimilando las palabras, de ese entonces novia. Y es que había detalles que Yui se había guardado para sí misma, y que incluso, no le había contado a su hermana menor y a su mejor amiga. Lo decía con exactitud, y hasta explicaba los gestos que había tenido la abuelita para con ella y su hermana. Su familia. A partir de ese momento, le creyó. Porque ese sería el inicio de la demostración de aquellos dones de su esposa, aunque era muy reservada con respecto aquello y prefería no usarlo delante de extraños, sino con sus seres cercanos.

Pero Azusa dijo "nuestra amiga querida" ...

La única amiga querida que tenían ellas, era Mugi. Aunque, después de lo que pasó con Ritsu y Mio, para la ex guitarrista ya no le sonaba muy bien ese "querida amiga", "estimada amiga". Pero como dijo su esposa: No creo en las coincidencias. Lo inevitable siempre está por suceder. Y si ella lo pensaba bien, el encuentro de Mio con Ritsu en el hospital no pudo haber sido coincidencia. Tampoco, aquel poema que encontró la asistente de Mio el día en que ella lanzaba su libro. Y para poner la cereza al pastel, aquella controversia que se desató por la similitud entre el extracto de la historia de la ex bajista con la tal Rina Saita.

Flashback

Londres. Último año de la preparatoria

—¡Mugi! —gritó Mio llamando la atención de la rubia —Tú sí que mimas a ese par...

Mugi se río. Y se encogió de hombros. Y es que a pesar de que estuviesen en otra ciudad, ellas solas, no dejaban de tener su hora del té. Y la rubia, siendo como es, decidió llevarlas a una cafetería popular que había en el centro de la ciudad. Era muy concurrida por su excelente atención además de una preparación y diferentes tipos de cafés que provocaban que la persona regresara.

—Me es inevitable no hacerlo. Es tradicional en nuestro grupo, Mio.

—Lo sé, Mugi. Pero...

—Vive el momento, Mio. Uno nunca sabe lo que va a pasar mañana. Tal vez, en un futuro no muy lejano, ya no estemos juntas — había dicho con cariño cogiéndole la mano. Sonriendo muy afablemente.

—No digas eso, Mugi-chan. Cuando la amistad es muy fuerte, se puede vencer cualquier obstáculo. ¿Verdad que sí, Ricchan? —dijo Yui mirando a su mejor amiga.

—Por supuesto que sí. Siempre estaremos juntas, pase lo que pase.

Pero lo que no sabían ninguna de ellas, es que la rubia se enfrentaría a la noticia más triste de su vida. Una en la cual, nadie podría salvarla, porque así es la vida. A ella la eligieron para que conviva con aquello por un tiempo más, y luego decir adiós. Tsumugi, las miró a todas en silencio y sonrío, olvidándose por un momento que su cuerpo ya no resistía más los dolores que tenía. Las náuseas que solían aparecerse, y luego irse.

Aquella enfermedad, que luego sería el determinante en la decisión de Ritsu para convertirse en médico. La rubia cogió su taza de café y se sirvió, siendo ajena de aquellos pensamientos que tenía en su mente. Viviría el día a día y en ese viaje, ella disfrutaría del mismo junto a sus amigas. Como dijo Yui: nada ni nadie las podría separar. Porque su amistad es muy fuerte.

Pero el silencio, sería el factor determinante en un futuro de la separación de las chicas.

Fin del Flashback

Ahora todo tenía razón...

La verdad la golpeó a Yui.

—Se nos va, cariño. Ella se nos va, y no volverá abrir sus ojos más...

Departamento de Akiyama

No sé qué decirte,

te veo, y todo se congela a mi alrededor;

te veo, y las palabras mueren en la punta de mi lengua,

te veo, y me arrepiento de haberte dejado ir.

Saita Rina...

Otra vez, el nombre de esa autora volvía aparecer en su vida. ¿Quién será ella? ¿Qué historia tiene que contar? Pero la pregunta del millón es: ¿qué hacía ella en el mismo auditorio que se encontraba lanzando su nuevo libro? Acaso el destino se empeñaba en cruzarlas, pero ninguna se conocía realmente. Ni siquiera se habían visto frente a frente. O al menos que Rina sea...

Mio dio un suspiro. Al final, la presentación del libro no fue tan mal. Ella supo reaccionar a tiempo, y explicar que, a pesar de no haber leído aquel extracto del libro de la otra autora, reconocía que si había cierta similitud. Pero es fiel creyente que cuando se trata de recrear cierto tipo de emociones o sentimientos, estos suelen tener bastantes similitudes porque es el pilar que tiene el ser humano. Obviamente, ella como escritora, les tenía un inmenso respeto a los demás escritores, y que, si hubiera alguna oportunidad, le gustaría hacer una historia en conjunto. Pero no es muy seguro, porque ninguna de las dos se conoce en persona. Pero no negaba aquella posibilidad.

Pero Mio no estaba segura de nada.

Se levantó del sillón del escritorio de su estudio, y se dirigió al cuarto de Minoru para observarlo dormir plácidamente. Aunque jugaba videojuegos, los tenía sólo para los fines de semana y sólo un tiempo limitado. No era sólo porque ella lo controlaba de aquella manera, limitándolo con la tecnología, sino que, al tener el mismo carácter de ella, prefería sumergirse en libros, enciclopedias y para sorpresa de todos, en su amada batería XDrum J-Pros - Set de batería infantil, color negro. Había heredado esa vena musical que ella tuvo en algún momento de su adolescencia, y por unos minutos, extraño a Ritsu.

A veces, cuando veía a su hijo entonar el instrumento musical, sin darse cuenta, comparaba a los dos, y, obviamente, había una clara diferencia. Minoru era más calmado y firme al tocar, mientras que la castaña era más hiperactiva, rápida y firme al hacerlo. Era en esos momentos en que se preguntaba qué hubiese pasado si ambas hubiesen seguido juntas. Pero, el "hubiese" no existe en el presente. Esa era una realidad, y no había como discutirla.

Cerró la puerta con sumo cuidado, y se dirigió al despacho de nuevo. Cogió su teléfono móvil dispuesta hacer la llamada a aquella persona. Ya no podría seguir huyendo de aquella circunstancia en el cual estaba ya inmersa, y por fuerzas externas a las suyas. Siempre se caracterizó por ser valiente a su manera, y seguir en el camino de la vida. Pero, de repente sintió un frío recorrer su espalda, y un susurro: "Perdóname Mio por mi silencio, así lo quiso Ritsu. Pero ahora, que ambas están de nuevo en el camino, aprovéchela. Reencuéntrense. Ámense como siempre lo han hecho."

Mio se dio vuelta para ver si era alguien jugándole una broma. Pero no había nadie. Todo estaba en silencio y orden. ¿Entonces? Ella no era escéptica a cuestiones de los seres del más allá. Lo había vivido con Azusa en algún momento, cuando ambas estaban hablando y de repente la menor se quedó callada, y a continuación empezó a relatar alguna vivencia que tuvo con su padre fallecido, hace algunos años atrás. Semanas después de su matrimonio con Renzo. Ahí descubrió porque la pequeña decidió ser psicóloga: porque sabía que había más personas con dones de esa magnitud, pero no sabía cómo manejarlos. Ella misma era un ejemplo en carne propia.

Twenty, love**
Though it's still faint
This dream is a watercolor painting
The brush that paints the rainbow
Is right here in my heart

Es Ritsu. Murmuro. Y justo ella estaba a punto de llamarla. ¿Otra señal del destino? Decidió contestar, pero sintió mucha tristeza, y de la nada, mientras daba click al botón de contestar, sus lágrimas caían libremente, y su corazón se hacía pequeño. Era inevitable aquello. Tenía que pasar, pero, ¿por qué? ¿Por qué ella?

—Ritsu...

—Mio...

—Dime, por favor, que no es cierto. Dímelo, Ritsu...

—Lo siento, Mio. Mugi... ella... ella... acaba de cerrar sus ojos para siempre.

Mio soltó el móvil cayendo de rodillas al suelo, abrazándose a sí misma. Esto no podía estar pasando. Era irreal que Mugi, siendo tan joven se fuera de este mundo terrenal. Su sonrisa se apagaba para siempre. Su bondad siempre será recordada con cariño. Y ahora, un miembro muy querido se iba, y no habría retorno. Se iba un miembro de quien fuese parte de su segunda familia que ella conformo con el paso del tiempo en su etapa estudiantil. Y ahora sólo quedará el recuerdo.

Sólo quedará las memorias de lo que alguna vez fueron todas.

Sólo quedará aquello que ellas construyeron con tanto cariño y amor.

HTT, no volvería a ser igual. Nunca más.

1 semana después. Lunes. Sala de reuniones.

Buffet legal Akatsuka Brothers

En un sillón estaban sentadas Yui con Azusa, cogidas de la mano, y en absoluto silencio. La pequeña fue la más afectada, ya que ella percibió de manera nítida como Mugi cerraba los ojos, dando paso al descanso eterno. Hirasawa se sentía con mucha deuda con la que fue su amiga. Ella, que gentilmente le ayudo adquirir su primera Gibson, y que las apoyó a cada una de alguna manera diferente, ahora, en realidad, se había ido.

Al lado de ellas, en el otro asiento estaba Mio con su hijo, Minoru. El bebé se había quedado dormido, en posición fetal con la cabeza en el regazo de su madre; quien estaba sumida en varios pensamientos. Hace años, cuando llegó a enterarse de la vida de su ex, sólo supo que vivía con Mugi, y todas asumieron que tenían una relación, pero ¿de verdad habían tenido una relación o se quedó con ella para cuidarla? Sin embargo, nada cuadraba, porque los Kotobuki tienen mucho dinero y podían contratar una enfermera, entonces, ¿qué?

En el siguiente asiento, un sofá, estaban los esposos Kotobuki junto a Sumire con Nao. Ellos estaban devastados totalmente. Sumire apenas si podía decir alguna palabra. Sumire y Mugi eran muy unidas, y al mismo tiempo eran confidentes, tanto de la una como de la otra. Ahora, la menor quedaba sin su querida hermana, quien le aconsejaba, la guiaba, y reían de alguna que otra broma. Y sus padres... no había palabras para expresar ese dolor que llevaban en sus corazones. Era joven cuando adquirió la enfermedad, y que al final, terminó ganando: llevándosela de su lado para siempre.

Al lado de los Kotobuki, se encontraban Ui con Jun. Ambas, aún, impactadas por la noticia y por los eventos que vinieron con aquello. La duda era, ¿por qué estaban ahí también? Si bien es cierto Ui es la hermana menor de Yui, no fue muy unida a HTT, pero que las apoyaba en lo necesario. Incluso, cuando Yui enfermo aquella vez, antes del festival, de un fuerte resfriado, ella se prestó para ayudarlas. También sabía tocar guitarra, aunque a diferencia de su hermana mayor, ella tocaba leyendo las partituras o por oído.

Frente a ellas, estaba Nodoka con su esposa Megumi y su asistente. Tanto Sokabe como Manabe, sentían el dolor que les presionaba en el pecho. Sobre todo, a la abogaba, porque se dejó llevar por las emociones negativas que la dominaron y no le permitieron ver más allá de lo que realmente estaba sucediendo. Sólo ahora, que la misma rubia la busco por el tema de su herencia, que le explicó lo que realmente sucedió; sintió que fue injusta y que el tiempo no les dio la última oportunidad de retornar una vieja amistad que había sido rota por los silencios de los protagonistas.

—En diez minutos están llegando ambas doctoras —comunico la asistente de Nodoka.

—¿Doctoras? —preguntó Yui. Se sintió un cambió de ambiente, pareciera que aparte de Nodoka, nadie más sabía que había otra doctora quien atendía a Mugi en su enfermedad.

—Sí, Yui. Aparte de Ritsu, Mugi tuvo otra doctora. Ella es especialista en oncología —contestó amablemente la señora Kotobuki. Mirándolas a todas, de manera tierna.

El silencio aún reinaba en el salón de reuniones, cada uno sumido en sus propios pensamientos y sentimientos. Recuerdos que suelen aparecer en la memoria, vivencias que alguna vez tuvieron, risas que compartieron, canciones que cantaron y tocaron, de las largas horas de conversaciones mientras tomaba té y pastelitos dulces. Ahora, ya nada queda. Ella cerró sus ojos y se fue sin decir adiós. Sólo se dirigió al lugar donde no sentiría dolor.

La puerta se abrió dando paso a las doctoras. Primero entro Ritsu, quien vestía un terno negro con camisa blanca, sin su diadema característica. Bueno, desde hace años ella ya no usaba las diademas, prefería andar con su flequillo suelto. Tenía las manos en los bolsillos del pantalón, y se encontraba con el semblante totalmente triste. E impotente. Porque así se sentía ella. Porque busco las maneras de salvarla, pero no pudo.

Detrás entraba Akane Satou, quien fuese compañeras de ellas en la época de la preparatoria Sakuragaoka; y que vestía un vestido negro entero de manga corta y hasta las rodillas y con zapatos de tacón bajo, negros también. Cabe decir que los presentes estaban sorprendidos menos Sumire y los señores Kotobuki. Esto sí que era una sorpresa muy grande, aunque no comparada con la que recibiría Mio, días después.

Mio cruzo mirada con Ritsu, y esta entendió lo que quería decirle. Así que camino lentamente hasta sentarse a su lado. Cogió a Minuro con delicadeza, y lo puso sobre su regazo, haciendo que el niño se acomodara bien en su cuerpo, y siguió durmiendo. Con el brazo derecho, lo puso sobre los hombros de Mio y la pelinegra se acomodó un poco en el pecho de la castaña. Nadie dijo nada ante ese accionar de ambas.

Se sintió que ambas aún tienen amor por darse mutuamente.

—Estamos completos...

—Déjame hablar — murmuro suavemente Nodoka. Ella sentía que esto le correspondía a ella hacerlo —. Creo que soy yo quien tendría que dar las noticias — se paró frente a las personas reunidas, y las miro a cada una detenidamente. La noticia las había golpeado.

Flashback

1 semana atrás. Domingo. Día del entierro de Mugi.

Cementerio.

Mio se encontraba siendo abrazada por Ritsu. Minoru se encontraba en casa de la señora Akiyama, bajo sus cuidados. La noticia dada por su ex la impactó de una manera fuerte, que fue la misma castaña quien tuvo que darle calmante para que este tranquila. Cuando llegó a su casa y la vio ahí, parada frente a ella abriéndole la puerta. Pálida, con lágrimas en su hermoso rostro, con la mirada llena de confusión porque no entendía a que se debía aquella muerte de su amiga.

¡Ella también estaba destrozada!

Pero así es la vida, aunque sea injusta en todos los sentidos.

Sin embargo, en esa noche que Ritsu le dio la noticia, fue para el departamento de la exbajista, porque necesitaba verla y contarle toda la verdad. Aunque sea tarde y no haya una oportunidad de volver. Así que, una vez la puerta fue abierta, la castaña sólo la agarró de la cintura y la abrazó muy fuerte, dejando que las lágrimas salieran libremente. Sacaba todo lo que tenía acumulado. Quería creer que era mentira, quería creer que su amiga sólo estaba de viaje, y que en algún momento regresaría y volvería a juntar a todas para tomar té o tocar alguna canción. Pero no. Eso no iba a ocurrir.

Lo sabían, pero se negaban aceptarlo.

Una vez calmadas las dos, se dirigieron al sofá que había en la sala, y Ritsu se percató que el departamento estaba decorado de una manera hermosa. Muy propia de ella, con colores neutros o bajos. Fotos de cuando ella era adolescente, otra cuando se graduó de profesional, otra de su matrimonio, otra con su hijo. Vaya. Mio ha vivido bien durante tanto tiempo, y por un momento, la esperanza que tuvo la ex baterista de regresar junto a su primer amor, se acaba de ir.

—Renzo fue un buen hombre, Ritsu. Un buen padre

—Supongo que sí. ¿Viaje de negocios?

—No. Él falleció al poco tiempo que di a luz a Minoru. Cáncer —Mio no quiso entrar a detalle. No era el momento adecuado para hablar de ello.

—Fucking Cáncer —murmuro Ritsu con coraje, y aquello no pasó desapercibido por la ex bajista.

—Ritsu... —Mio le cogió la mano con ternura. Esta movió la cabeza de forma negativa y se levantó del sofá. Estaba molesta. El cáncer se estaba llevando a sus pacientes sin ningún miramiento.

La castaña se levantó del asiento, y caminó hasta donde estaba algunos portarretratos y los miró detenidamente, en realidad no quería pensar en nada. Al día siguiente sería el entierro de su amiga, y con ello el último adiós. Estaba su mente divagando en varias escenas, cuando se percató de dos fotos que llamaron su atención. La una era de las dos abrazadas, supondría que es de la época en que fueron pareja. Y la otra, donde estaban todas, justo después de un concierto que dieron.

La castaña sintió como Mio la abrazaba por la espalda y le acariciaba el abdomen plano que tenía gracias a los ejercicios que realizaba en las mañanas antes de ir a trabajar. Ritsu se dio la vuelta sobre sus talones, y abrazó nuevamente a Mio, y aunque no lloraban, se quedaron así por varios minutos. La noticia era devastadora para las dos. Pero sobre todo para la pelinegra, porque sentía que Mugi se fue sin recibir su perdón. Porque al final, Mio la perdonó, pero no tuvo el tiempo suficiente para decirlo.

—Mugi y yo jamás tuvimos una relación, Mio —Mio levantó la cabeza para mirar a los ojos de Ritsu. Estaba en Shock, pero no le diría nada hasta terminar de escuchar lo que la castaña le tuviera que decir —. Cuando terminé contigo, lo hice porque fui cobarde, esa es la verdad; asumo mis responsabilidades de las consecuencias que aquello trajo en su momento, Mio. Tuve miedo que tal vez estuviésemos juntas por los años de amistad, y de convivencia. Nunca lo hablé contigo porque temía que nuestra amistad se fuera a la mierda. Y al final, terminó pasando aquello. Esa misma noche, recibí una llamada de Mugi pidiéndome de favor que la vaya a ver porque no se sentía bien. Su padre se había ido de viajes de negocios, quedando sola con Sumire y su madre. Nos fuimos al hospital apenas llegué.

Ritsu miraba a Mio a los ojos profundamente. Y aunque las lágrimas salían, no había sonido que le acompañara. Así que prosiguió con el relato:

—Empecé a quedarme en casa de Mugi para cuidarla, y al mismo tiempo cuidaba, junto a mi hermano y mis padres a mi abuela materna quien fue diagnosticada con alzhéimer, cuando aún estaba contigo en la relación. Fue aquello que me hizo tomar la decisión de estudiar medicina. Descubrir las causas de aquellas enfermedades, y atacarlas para que otras personas no la padecieran. Y a lo largo de todo este tiempo, hice lo que pude, pero al final, me siento como si no hubiese hecho nada. Dos personas importantes en mi vida murieron y no pude...

Mio le puso el dedo índice en los labios de Ritsu. Y luego con el pulgar, empezó acariciarlo —. Hiciste todo lo que estuvo en tus manos, diste más de lo que se tenía que dar, Ritsu. No te sientas afligida por aquello.

Ritsu cerró los ojos, y prosiguió con el relato —. En esos días de exámenes van y exámenes vienen, le descubrimos a Mugi que tenía cáncer al útero. Pero era raro, porque por lo general el cáncer suele aparecer a partir de los 50 años. Hubo algo que hizo que lo detonara antes de tiempo. Logramos controlar, con los médicos especialistas. En ese entonces, yo ya estaba estudiando medicina y en la facultad me encontré con Akane Satou. Ella también entró a estudiar medicina. Cuando terminamos la carrera, ella se especializó en oncología. Yo, hasta hoy no me he especializado en nada. Me dedique a ser una simple doctora, pero lo he dado de todo en ese campo de la ciencia durante todo el tiempo.

Mio le acariciaba el rostro. Aquella revelación la ha dejado impactada. Entonces ahora se sentía con mucha más deuda con Mugi. Pero, ¿por qué se quedó en silencio y no la buscó para aclarar la situación? ¿Por qué permitió aquello?

—Le pedí a Mugi que no buscara a nadie, por su salud. Yo tenía que encargarme de mis asuntos por mí misma, pero al final, termine siendo una reverenda cobarde e imbécil. Y te perdí por completo. Me moví por mis miedos, es la verdad, Mio. Y decirte ahora que lo siento, sé que no ganaré nada. Al menos...

—Nuestros asuntos, lo hablaremos en su momento. Ahora, debemos descansar para mañana que tenemos el entierro de Mugi. De hecho, estaba a punto de llamarte cuando sentí su presencia y sus palabras. No sé si es cosa del destino, o qué, pero tenemos la oportunidad de arreglar todo este desastre que ambas tenemos.

Cuando Mio se separó para caminar a la cocina, Ritsu le cogió de la muñeca, y la regreso para besarle en los labios. Y, Dios, como los extrañaba. La pelinegra le correspondió. Parece que ambas se han extrañado mutuamente. ¿Sería ese el inicio de una nueva etapa de las dos? Uno no lo sabe, pero lo que, si se sabe que hay ya, un punto de partida.

Sinceramente, Ritsu debió haber recibido una cachetada por su accionar, pero Mio no lo iba hacer, cuando ella también había estado esperando por volver a tener a su primer amor en sus brazos. Ninguna pensó en un futuro lo que esa acción podría acarrear. Querían aprovechar lo que el destino había hecho por ellas en ese momento, aunque la situación no era la más propia. Y, otra cosa, reafirmaron que jamás la una pudo olvidar a la otra. ¿Qué pasará de aquí en adelante?

Ambas despertaron de los recuerdos cuando sintieron la voz del cura pronunciar las palabras sagradas por el fallecimiento de la rubia. En el lugar se encontraba todas las chicas de HTT y WG, familiares, y conocidos. Lo que pareció extraño es que no estuviese Sawako en el momento. Pero no era ni el lugar ni el momento de indagar aquel detalle. Y lo más doloroso llegó: la bajaba del ataúd de la ex tecladista con las rosas lanzada sobre el mismo. Era el adiós definitivo.

Terminó la ceremonia, y cada uno emprendió el camino. Ritsu terminó acompañando a Mio a su departamento, se quedó unas horas más y luego partió para el suyo propio. Y, cuando apenas llegaba, su móvil sonaba. Era un mensaje de Nodoka: "necesito hablar contigo. Por favor, que sea lo más pronto posible". A la castaña le extraño aquello, pero le respondió que si podía ir a su departamento y conversar con más calma.

Fin Flashback

—Mugi vino a mi despacho, hace un par de meses atrás, y me pidió que por favor trabaje en su herencia a manera personal. Era ese su deseo. —eran las primeras palabras de Nodoka, y todos en la sala la miraba detenidamente —. Mugi dejó algunas peticiones, y con respecto a sus negocios —Manabe miró directamente a los señores Kotobuki, a Sumire y a Nao —, ya estuve en contacto con el buffet de abogados que sus empresas manejan y todo está en orden. En el caso de sus acciones, se está gestionando de forma en conjunta que se divida en tres partes: un porcentaje equitativo para los señores Kotobuki y Sumire, sin embargo, es ella la que tiene la última palabra si acepta o no ese porcentaje. En caso de no aceptarlo, se lo dividirá de tal forma que se lo convierta en dinero y sea entregado a los empleados a manera de bono adicional. No tienes que responderme en este momento, Sumire. Hazlo cuando te sientas lista. Consúltalo con tus allegados y el día que puedas, me lo haces saber.

—Gracias, Nodoka. Me gustaría coger ese porcentaje, y trabajar en memoria de mi hermana mayor. Sin embargo, me tomaré una semana para analizar bien las demás opciones, y te haré saber mi decisión final.

—Gracias, Sumire —Manabe miró al resto. Y se enfocó, primero en el matrimonio Hirasawa-Nakano. Lo que vendría no sabría como lo tomaría Yui —. Las siguientes personas en ser beneficiadas, son Yui y Azusa...

—¿Nosotras, Nodoka?¿Estás segura? —preguntó Yui sorprendida. Después de todo lo que pasó, ¿Mugi se acordó de ellas y les está dejando algo en su testamento?

—Sí. Mugi no es de las personas que pueda estar resentida con los demás. Ella sabía bien lo que había ocurrido, y el silencio fue parte de todo el mal entendido. Pero eso no nos corresponde en estos momentos —Nodoka busco brevemente un sobre amarillo tamaño oficio en donde estaba puesto los nombres de ambas. Lo cogió apenas lo encontró, y se lo entregó —. En ese sobre está toda la documentación que necesitan para retirar la casa de vacaciones que está en Osaka Fureai no Mizube. Adicional a eso, tienen un cheque con un valor considerable para ustedes, y para el bebé que va a venir en pocos meses. Tómenlo como un regalo de ella para la criatura.

Azusa sin poder evitar, empezó a llorar. Si tan sólo ellas hubieran hablado en su momento, pero no se pudo. Y lo mejor que podían hacer es recibir ese pequeño obsequio que su querida amiga les estaba dejando. Se fue sin guardar resentimientos, y, sobre todo, se fue siendo como era: gentil, bondadosa y sencilla. Yui aceptó el sobre, y aunque tenía ganas de llorar, no lo haría en ese momento. Le susurro un gracias a Nodoka, y la mirada de Hirasawa se tornó triste, melancólica. Nakano le puso su mano en su muslo izquierdo y lo acarició de manera sutil, poniendo su cabeza en el hombro, cerrando los ojos. Dejaba fluir las lágrimas libremente.

Nodoka posó la mirada, ahora, en la pareja de Ui y Jun. Y esto si sería algo extraño, porque ambas eran un año menor a ellas, y, sin embargo, Mugi tampoco las dejó afuera. De verdad que la rubia tenía un corazón muy grande, y eso nadie lo iba a discutir. Y de la misma manera en que ella busco el sobre amarillo tamaño oficio con los nombres de Yui y Azusa, ahora buscaba uno donde estuviese el de Ui y Jun. Esto sí sería una sorpresa.

—Las siguientes son Ui y Jun —todos se sorprendieron. Y tenían una mirada confusa. Eso nadie se lo esperaba, ni la familia Kotobuki —. A pesar de que ustedes son menores a nosotras, Mugi les tenía un aprecio inmenso, y también quiso dejarles algo a ustedes —Nodoka extendió el sobre y Ui lo cogió con las manos temblorosas de los nervios y del impacto de la noticia —, adentro de este sobre está los papeles que necesitan para tomar posesión como dueñas de los café-restaurant que ella poseía aparte de sus negocios como heredera del emporio Kotobuki. Ella creyó que en sus manos estaría bien cuidado, sobre todo porque Ui es chef y sabe del tema; además de un cheque con un valor considerable para ustedes. Es un obsequió que ella decidió dejárselos.

—Dios mío. Tendremos una enorme deuda con ella...

—No, hija mía. Si ellas les dejó aquello, es porque así lo sintió. No importa lo que haya pasado en el pasado, lo importante es que jamás se perdió la esencia del ser humano entre ustedes. Sólo queda agradecer y seguir. Ella lo hubiese querido así —contestó muy amablemente la señora Kotobuki.

—La que va a estar con una enorme deuda con Mugi, seré yo. La traté mal sin saber lo que pasaba... —Yui sintió un nudo en la garganta que le impedía seguir hablado —Y ahora, después de muerta me deja a mí y a mi familia parte de su herencia.

—A veces actuamos sin saber lo que realmente pasa en determinada circunstancia. Lo importante ahora, es que hay que honrarla de la mejor manera sus deseos, Yui —prosiguió la señora Kotobuki, ahora con la hermana mayor de las Hirasawa —. No sé con exactitud que habrá pasado entres ustedes para que se hayan separado de esa manera, pero ahora, ustedes volverán a estar unidas, no porque así lo haya querido mi hija mayor. Sino porque así es el destino. Ella, sólo movió los hilos de tal manera que ustedes se puedan conectar. Ritsu fue la única que estuvo con ella durante toda su enfermedad, y le estamos agradecidos por aquello.

Y cómo si se le hubieran iluminado, la verdad cayó sobre los presentes. Las palabras de la señora Kotobuki llegaron a todos como una suave brisa firme. Ellos habían perdido a su hija mayor y ahí estaban, siendo participe de cómo Mugi había destinado minuciosamente y cuidadosamente sus bienes y patrimonios. Ella se fue siendo un ejemplo. Lo fue en vida, y lo es ahora. La última parte fue reveladora para el resto. Porque no lo habían sabido. Excepto Mio, que se enteró por la misma Ritsu aquella noche.

Mientras aquello ocurría, Nodoka cogió el siguiente sobre que tenía escrito el nombre de Akane Satou. Ella sí que fue la sorpresa de la vida. Recordar cuando en la preparatoria ella estaba en el club de Volley y siempre estaba junto a Eri Taki. Bueno, ellas siempre andaban juntas y les hacía recordar a la amistad fuerte que tenía Ritsu y Mio. De ella poco se supo después de la graduación, salvo que tiempo después fue la médica de cabecera junto a Ritsu de Mugi. Como oncóloga.

—Mugi decidió dejarte algo para ti, Akane. Como una forma de agradecimiento por cuidarla y estar a su lado en los tratamientos que recibió —Nodoka le extendió el sobre amarillo con cuidado —. Adentro está, y aunque tú le dijiste que no te pagara nada, ella prefirió hacerte un cheque con un valor considerable por todo este tiempo a su lado. Además, hay unos documentos en el cual te hace dueña de una parte de las acciones del hospital donde Ritsu y tú trabajan —Nodoka miro a todos y pronunció las siguientes palabras a manera general —. Pueden hacer el efectivo de sus respectivos cheques en cualquier momento a partir de mañana, martes.

—Muchas gracias, Nodoka. No me imaginé que Mugi haría algo así. De hecho, hablé con ella para que, si en caso de que estuviera en mente hacer algo a mi favor, lo dejara. Lo hice por la gran estimación que les tengo a todas y por los buenos momentos que vivimos en la preparatoria. Sin embargo, acepto este pequeño obsequio de Mugi y prefiero tomarlo como un pago de mis servicios. Así no me sentiría... —Akane no pudo seguir, porque su voz se rompió al momento en que empezó a llorar. Deseaba que estuviera su esposo junto a ella, pero tenía junta directiva y tenía que estar presente en esa reunión. Todas estaban en la misma situación.

Pero así es la vida, ¿no?

Finalmente, sólo quedaban Ritsu y Mio. Aquella pareja que estaría unida a pesar del tiempo y de los obstáculos que tuvieran que enfrentar. De aquellos silencios que se acogieron, por, según en su pensar, no dañar más lo bonito que tenía. El resultado fue lo contrario, y todas salieron lastimadas. ¿Sería este el momento para una reconciliación? Pudiera ser. Mugi partió de este mundo demostrando que no aguardaba rencores y que a todas les dejo un pedacito de ella. Como un recuerdo de sus vivencias juntas. Y también junto a su familia.

Nodoka cogió el último sobre amarillo con los nombres de ambas y dio un suspiro. Lo que diría no sería tan bonito. De hecho, había otro sobre con otro nombre. Porque a pesar, de que "ella la hubiese dejado", aún le tenía un cariño inmenso y quería darle un pedacito de ella. Pero cuando la abogada descubrió la verdad, no supo que sentir. Ni Ritsu lo sabía. No se atrevió a decirle nada incluso cuando la vio aquel día para confirmar la información que le habían dado. En su búsqueda de una tal Rina Saita.

Nunca se imaginó, en sus años de abogada y representante de algunos artistas, entre ellos Mio, que le tocaría estar enfrente de sus propias amigas, de la familia Kotobuki dando la herencia que fue dejada en vida por Mugi. Como un último suspiro, y obra de caridad que lograría hacer antes de partir definitivamente. Incluso ella estaba afectada, aunque ya había recibido su parte. Mugi siempre fue generosa, hasta el último respiro que dio.

Fucking cáncer — murmuro suavemente. Casi en silencio. Respiro hondo y decidió mejor coger los dos sobres. Le entregaría el sobre que corresponde a Ritsu y a Mio y el otro lo tendría ella antes de dar la noticia.

—Ritsu y Mio. La pareja favorita del instituto, ¿no? —todos sonrieron un poco, porque era una verdad aquello — Mugi siempre fue la persona gentil y amable que lo daba todo por su familia y por sus amigas. Fue de aquellas que dejaban huellas, sin hacer mucho alarde. Ella sólo llegaba, te ayudaba, te sonreía y se iba. Y hoy, ella se fue sin dejar sus últimas huellas en nosotros. En cada uno de nosotros, incluso con Sawako. Quien aparentemente la dejó cuando ella estuvo más delicada.

Ritsu se tensó. Y apretó su mandíbula. Ella fue quien vio a Mugi llorar por Sawako cuando se fue sin decirle nada. Cuando la dejó en su peor momento de su enfermedad. ¿Por qué Nodoka hablaba de suposición? Tal vez no sepa de la historia completa... —Nodoka. Sawako se fue sin...

—Aquí hay un sobre para ella, Ritsu. Y antes de hacer efectivo el de ustedes, quería hacerlo el de ella. Sé la historia porque Mugi cuando vino a verme, me la contó y me pidió que siguiera expresamente sus indicaciones. Así que busqué por cielo, tierra y mar a Sawako. Me encontré con una noticia triste. Sólo espero y deseo de corazón que ambas se encuentren en el cielo, y se puedan perdonar sus silencios...

—¿Dijiste "encontrase en el cielo", Nodoka? —preguntó en un hilo de voz Ui.

—Sawako recibió una llamada de Tokyo de que su madre había sido hospitalizada de emergencia por presunto paro cardiaco. Ella tomó el primer vuelo que encontró sin avisar nada a nadie. Ella... Ella —Manabe rompió en llanto, porque no sabía cómo decirles aquello en el momento que todavía estaban pasando con la muerte de Mugi. Respiro hondo y continuo, aunque las lágrimas corrían como río —... Ella falleció en el accidente del avión. El aparato se vino abajo apenas despego, provocando un incendio. Ningún sobreviviente. Su madre, fallecería minutos después. La enterraron en una fosa común del gobierno.

—Please forgive me for doubt of you, Sawa-sensei —murmuro Ritsu rompiendo a llorar. Todos los presentes también lo hicieron. Esa noticia no se la esperaban. Ahora, su amiga y su profesora estarán en el cielo, y ojalá, se pudieran encontrar para sanar aquellas heridas y poderse perdonar.

—Mugi sólo le había dejado algo de dinero a Sawa-sensei. Pero...

—Hagamos efectivo ese dinero, y compremos una tumba. Una que este al lado de mi hermana y pongamos una lápida con los nombres de la mamá de Sawa-sensei y de ella —sugirió Sumire en medio del llanto —pienso que es lo menos que podemos hacer por ellas. Nodoka, ¿el cheque está al portador o está con su nombre?

—No sé. Déjame revisar, Sumi —Manabe abrió el sobre y sacó el cheque. Estaba al portador. ¿Señal del destino? ¿Intuición de Mugi? —. Está al portador.

—Bien. Pongámoslo a mi nombre para yo cobrarlo. Y luego procederemos a comprar una tumba. Averiguare en el cementerio si los lotes que están al lado del de mi hermana, no tienen dueño. Luego les mandaré una imagen con el diseño de la lápida para que den el visto bueno. Nodoka, ¿tienes el nombre de la mamá de Sawa-sensei?

—No. Pero puedo averiguar, y te lo pasaría.

Todos estaban en silencio. Dos noticias trágicas en una semana. Dos personas queridas se fueron de este mundo. La una dejándolo todo repartido equitativamente, mientras que la otra se fue sin decir un adiós. Pero se han de encontrar, y cuando lo hagan, puedan vivir de la mejor manera. De la forma que no pudieron hacerlo en la tierra. Después de todo lo que pase esa semana, ellas irían a visitar la tumba de su amiga, para darles las gracias. Y para decirle un "hasta luego". Porque el ser humano sólo viene a la tierra en forma materializada a cumplir un objetivo y luego se va. Se regresa a su verdadero mundo astral.

Una vez calmadas, pero sin dejar de llorar, Nodoka tomó de nuevo la palabra.

—Por cierto, Ritsu. Sobre la fundación que crearon con Mugi, seguirá en pie, pero hay que reunirnos para ver que rumbo va a tener y quienes serán los nuevos dueños. El deseo expreso de ella era que tú junto a Akane y Sumire siguieran al frente.

—Lo haremos en su momento. Por ahora, hay que darles tranquilidad a los empleados. Y Nodoka, me gustaría que tú estés a cargo de la parte legal por un tiempo —dijo Ritsu con tristeza en su voz. Akane y Sumire asintieron de acuerdo con lo que había dicho la ex baterista.

Manabe asintió a lo dicho por Tainaka con la aprobación de sus amigas, y prosiguió con la última parte de la entrega de la herencia dejada por la ex tecladista de HTT.

—El sobre que te acabo de dar, Ritsu, ahí está un cheque para ti con un valor que Mugi creyó era lo más adecuado. También está la documentación necesaria para que, al igual que Akane, puedas hacer efectivo como dueña de un porcentaje de las acciones del hospital. Adicional a eso, Mugi les dejó a ambas, Ritsu y Mio, su propiedad que queda en Ashiya city; también una orden en el local de instrumentos para la adquisición de dos juegos de baterías; una para Ritsu y otra para Minoru. Adicional a eso, también le dejó a Mio un cheque con un valor para ella y Minoru.

—¿Minoru toca la batería? —preguntó sorprendida Yui.

—Sí. Le cogió un cariño al instrumento musical y con esfuerzo le compre uno. Está aprendiendo, y cada día se lo ve más entusiasmado.

Ritsu bajo la mirada al pequeño, que aún dormitaba en su regazo ajeno a lo que estaba ocurriendo en esa sala. Mugi al final terminó de hacer lo que quiso, aunque ella le había dicho que no. No era necesario, puesto que lo hacía con el mayor de los cariños, pero así era ella: no aceptaba un NO por respuesta. Sin embargo, la enfermedad terminó de llevarse a un gran ser humano. Pero así era la vida, y uno tenía que aceptarla, aunque haya dolor de por medio.

5 meses después.

Departamento de Ritsu y Mio.

—Hoy sí que fue agotador. Quien se imaginaría que la pequeña neko gritara tanto. Buenos pulmones terminó teniendo Azusa.

—No te burles, Ritsu.

—Claro que no. No lo hago Mio —y enseguida estalló en carcajada limpia. Mientras que Mio sonreía divertida recordando como fue la llegada de Yui con Azusa.

Azusa había llegado al hospital en trabajo de parto. Había roto fuente en pleno restaurante, el mismo que ahora era administrado por Ui. Yui andaba desesperada sin saber muy bien que hacer. Y lo primero que hizo fue llamar a Ritsu para saber si estaba en el hospital, y al recibir el sí de la castaña, Yui fue a buscar el auto, y cual caballero rescatando a su princesa, la levantó como si estuviesen en plena luna de miel y corrió al vehículo para llevársela al centro de salud.

Ritsu y un par de enfermeras las recibieron, poniéndola inmediatamente en la camilla, llevándosela al cubículo de emergencia para prepararla y posteriormente moverla a la sala de parto, la castaña llamaría a la ginecóloga de Azusa para que vaya a realizar el parto; sabía que Yui no tenía cabeza para ello, puesto que aún tenía el recuerdo de lo que les pasó un tiempo atrás en el primer embarazo que tuvieron. Hasta el último momento, esa criatura no se dejó ver, dejando a sus madres con las ganas de saber qué mismo sería. Pero bueno, las sorpresas de esa índole no son malas. Así es el destino, y uno lo acepta como venga. Son pruebas que les ponen para ser superadas de alguna forma u otra.

A la semana de haber recibido la herencia de Mugi, cada una empezó hacer efectivo tanto los cheques como los documentos que le acreditaban como propietarias de acciones y propiedades. Ritsu y Mio empezaron a frecuentarse, sea fines de semana, en el cual la castaña solía quedarse en su casa a dormir, o cuando salía de los turnos en el hospital después de un día de arduo trabajo. En esos momentos, ambas se estaban volviendo a conocer. Y fue ahí cuando Mio descubrió que Ritsu era Rina.

Cabe decir que fue algo impactante saberlo. O, mejor dicho, descubrirlo.

Flashback

"Y todo llegaba a su final. No había nada más que decir.

Ella había sido esa clase de persona que lo daba todo por los demás, incluso olvidándose de sí misma. Pero mientras hiciera pequeñas obras para cambiar en algo el mundo, lo haría. Siempre tuvo en mente que el dinero no lo era todo sino había como compartirlo, sino había como hacerlo circular entre los demás, que se esforzaban en sus puestos trabajos por tener el salario y llevar el pan a la casa. Así era ella, una niña rica con alma de sencillez y humildad.

Nos hará falta, y eso nadie lo podía negar."

Mio leyó ese extracto de historia. Y lo que le llamó la atención es que estaba guardado en el bolsillo del pantalón de Ritsu. Como la castaña pasaba más tiempo en su casa, tenía ropa ahí por si se quedaba a dormir y pasaba ciertos días con ellos. Dobló el papel y lo puso en su bolsillo de pantalón para luego ponerlo en encima de su escritorio; salió del cuarto de lavandería y subió a su departamento para continuar con sus quehaceres mientras la lavadora terminaba de lavar la ropa de ambas. Y la verdad, es que le gustaba esa vida algo familiar que estaban teniendo. De hecho, Minoru se encariño mucho con Ritsu, y ciertas ocasiones era ella quien le enseñaba los tiempos de ritmo de la batería.

Era tierno verlos como practicaban. Él ponía mucha atención a lo que Ritsu le hablaba, y de paso, le iba enseñando ciertos trucos. Mio no decía nada, sólo los observaba como era la dinámica entre ambos. Tenían una química impresionante. De hecho, cuando Ritsu lo llevó al hospital, algunas enfermeras habían pesado que era hijo de ella. Pero no. Y le gustaría que la castaña lo adoptase como su propio hijo. Era muy temprano para sacar conclusiones, porque al final, tal vez, eso no era lo que quiera Ritsu y estaba bien. No la obligaría a nada.

Calculó el tiempo de lavada y empezó su rutina de encendido de la computadora. Tenía un par de ideas para escribir su siguiente libro. Sentía que sería una historia mucho más madura que las anteriores, y eso se debía a la evolución que había tenido en el pasar de los días. Ella había descubierto más facetas que pensó no tener. Y también encontró cierto consuelo: su amiga querida había estado para ella, aunque no lo hubiese sabido. Y se acordó de su hijo, dejándole un pequeño obsequio con cariño.

La ex bajista se sentó frente a la computadora y esperó paciente a que terminara de prender. Minoru estaba tomando su siesta y ella aprovechaba aquello para plasmar en el papel en blanco algunas ideas que tenía en mente. Lo más probable es que sea una historia corta, y no un libro como tal. Algo como un break literario.

Sin querer, mientras pensaba en como las cosas cambia de un momento a otro, notó de un pequeño artefacto que brillaba en la esquina del escritorio, y era un pendrive negro con blanco marca Kingston. Movida por la curiosidad, insertó el aparato y al abrirse salió una ventana con el nombre de Rina Saita y un par de carpetas asomaban. Una de ellas tenía unas iniciales R.T. Y eso le despertó, aún más, la curiosidad. Abrió la carpeta con un click, y vio varios archivos de Word. Pero había uno que llamaba la atención. R.T. Ideas aleatorias.

"Y así es como uno se pasa la vida. Mirando el cielo nocturno brillar con la luz de la luna, y algunas estrellas, que nos transporta a las memorias. Así nos pasamos en el largo camino del viaje que nos toca realizar. La vida es así, y uno debe aceptarlo con resignación. Continuar con las pocas fuerzas que quedan, y ver que es lo que el destino decide hacer..."

—Nada nuevo. Pero, ¿quién es R.T.? —murmuro con cierto desconcierto.

Siguió navegando a través de las diversas carpetas que había, pero no existía nada que avisara que significaba esas iniciales. Pero no se quedaría con las ganas de saber. Ella quería descubrir quién era esa persona de aquellas iniciales, para devolverle su instrumento de trabajo. Estaba más que segura que aquella persona se debería estar poniendo loca buscándolo, porque ahí tiene sus escritos. Y son varias ideas, aunque en archivos diferentes. Sin embargo, ¿cómo llegó ese aparato electrónico a su casa, a su estudio de trabajo?

Abrió el navegador e ingreso las iniciales. No salía nada de relevancia, pero a la tercera página encontró un link. Mejor dicho, un video que estaba en la página de Youtube. Le dio click esperando cualquier cosa. Y cuando terminó de cargar, lo que vio, la dejó sin palabras. Era Ritsu sin su diadema, con el flequillo cayendo sobre sus ojos ámbar, con terno negro y camisa azul marino, y bocacines. Se la veía bien. Y por lo que notó, no era viejo aquel video. La fecha marcada exactamente un año anterior. Así que era reciente.

—¿Cómo debería llamarte: Rina Saita o Ritsu Tainaka? —preguntó el entrevistador.

—Depende —contestó la castaña con una sonrisa —. Sí me vas hablar de mi trabajo literario, pues llámame Rina Saita. Sí me vas hablar como doctora, Ritsu Tainaka.

—¿Por qué esa diferencia? ¿Qué te motivó hacerlo?

Ritsu se tomó un tiempo prudencial para analizar la respuesta que iba a dar. Pareciera que le costaba decir algo con coherencia. Tal vez era un tema delicado. O tal vez, un recuerdo del pasado. Se acomodó en el sillón, miró al entrevistador con una sonrisa y empezó a decir las primeras palabras:

—Rina Saita es el juego de letras de mi nombre. Si pones Ritsu Tainaka, y mueves las letras —la castaña lo hacía en un papel y la cámara enfocaba hacía allí, dando una claridad de la forma como ella sacaba su otro nombre —. Ahí tienes mi seudónimo. A tu pregunta del porqué fui motivada hacerlo, no sabría decirte con transparencia. Fue una época muy dura para mí, puesto que yo estaba buscando esclarecer mis sentimientos. Venía de romper con mi ex novia por mi cobardía, y casi enseguida me fui con mi otra amiga, pero no por tema amoroso. Mi otra amiga estaba pasando mal con su enfermedad, que para ese entonces no sabíamos que era. Luego, estaba mi abuela con alzhéimer y me dividía mi tiempo entre su cuidado con mi familia y el cuidado de mi amiga con su familia. Obviamente, el silencio de ambas, más mío que de ella, provoco que las otras amistades terminaran enojándose con ella.

Ritsu volvió a quedarse. Estaba ordenando sus ideas. Mio detallo la expresión de la castaña, y estaba muy serio. Pareciera que aquella parte de su vida fue muy dolorosa para ella. Así que, después de unos segundos, retomó la palabra:

—Mi ex novia era una escritora innata. Ella escribía hermoso. Espero que aún lo siga haciendo, sinceramente. De hecho, cuando estábamos en el instituto, ella había llenado el formulario para entrar al club de literatura, pero yo se lo rompí y la halé conmigo para crear una banda musical. Luego se unió mi otra amiga, la que le aqueja la enfermedad, y finalmente se terminó integrando otra amiga. En ese entonces éramos desconocidas todas. Pero con la convivencia, nos fuimos uniendo aún más y terminamos de consolidarnos. Yo tocaba batería, mi ex el bajo, mi amiga rubia el teclado y mi amiga castaña la guitarra. Al año siguiente, se uniría otra guitarrista.

Ritsu se pasó la lengua por sus labios, y su mirada se había tornado melancólica. Claro, aquella época fue la más hermosa para todas. Así que ella prosiguió, pero su tono había cambiado y ya no sonreía.

—Me enamore de mi mejor amiga, y tuvimos una bonita relación, ¿sabes? Yo no era muy tranquila que digamos. Más bien, nadie sabía cómo detener mi hiperactividad. Pero la vida te enseña que las decisiones que tomas, te pasaran factura tarde o temprano. Y eso ocurrió cuando decidí romper con ella, porque la confundida era yo. Y lo hice porque no quería perder su amistad, y terminó pasando aquello. De verdad, fui imbécil. Así qué, mientras empezaba a estudiar la carrera de medicina, empecé a escribir lo que se me ocurriera en la mente. Sólo escribía como un desahogo. Y en esas andanzas estuve hasta que alguien leyó mi historia en Wattpad y me escribió por interno queriendo saber si estaba dispuesta a lanzar la historia como libro en físico. Lo acepté porque era un reto, sin embargo, no quería que mi nombre real saliera en la portada, así que opte por jugar con las letras y obtener un seudónimo. Ahí tienes a Rina.

—¿Aprendiste algo de tu ex? ¿Volverías con ella si la vida te la oportunidad?

—A la primera pregunta, te diré que aprendí mucho de ella. Ella era la chica inteligente y elegante del instituto. Toda femenina, cabe decir. De hecho, ella era la que escribía las canciones de la banda. Si tuvimos oportunidad de cada una colaborar con una canción, pero ella era la que más aportaba. A tu segunda pregunta, no sabría que decirte. Por varias razones. Tal vez ella ya hizo su vida, y es normal, porque nadie espera por alguien tanto tiempo. Pero no sé, la verdad. Sería como empezar de cero y yo estaría dispuesta hacerlo. Sin embargo, no lo digo yo. Lo dice el destino.

—¿Qué te inspiró a seguir una carrera tan demandante como la medicina?

—La enfermedad de mi amiga. Buscar alguna solución para evitarle que sintiera aquellos dolores que la hacían sufrir. Y el alzhéimer de mi abuela. Con mi amiga, decidimos poner una fundación que lucha contra el cáncer y el alzhéimer. Al menos, si no podemos salvar, al menos podríamos mantener la enfermedad a raya y darles una mejor calidad de vida mientras estén vivos.

—Hay una autora, Mai Oyama, que ha lanzado algunos libros. Muy interesantes sus historias y sus pensamientos. Pero tienen la misma base: una relación amorosa. ¿Qué opinas de eso?

—Todos tenemos una historia que contar. Ella lo hará basada en su experiencia, sea propia o de su entorno. Eso es algo que no debemos restar importancia. No he tenido la oportunidad de leer sus libros, pero por lo que he escuchado, son muy hermosas sus palabras.

—¿Ella te inspiró a escribir este libro?

—No. Fue mi relación con mi ex, lo que sentí en su momento y las consecuencias que, aún sigo pagando por mis decisiones. Ella es el colibrí que debe volar libremente. Yo soy la flor de loto que ilumina el lugar donde me encuentro.

—Ahora, cambiando un poco el tema. Cómo médica, ¿Cuáles son tus metas a futuro?

—Seguir aportando a la sociedad con mis conocimientos, salvando vidas, cuidando vidas. Tal vez en un futuro haga una especialidad, pero por el momento me quedo como doctora clínica.

—¿Tal vez hacer una especialidad en cirugía?

—No. Lo mío no va por ahí. Yo prefiero atender de manera externa a los pacientes y ayudarlos de aquella manera.

—Gracias Rina/Ritsu por haber venido —y el entrevistador dirigiéndose al público —. Compren el libro Pequeño colibrí que esta escritora ha realizado. Tienes pasajes hermosos, y los sentimientos de los personajes... de otro nivel. Se los recomiendo.

La puerta principal sonó al cerrarse, despertando a Mio del shock que acaba de tener. La revelación fue nítida. R.T. es Ritsu Tainaka. Y Rina Saita es Ritsu. O sea, es la misma persona. Cerró el navegador, expulsó el pendrive marca Kingston de la computadora y la apagó. Su inspiración se acaba de ir de paseo, quien sabe a dónde. Se levantó del sillón, y camino pacientemente hasta donde estaría posiblemente Ritsu. Al salir del estudio, se dirigió a la cocina para coger el papel que había encontrado en el pantalón de la castaña y hablaría con ella.

Pero al llegar, se encontró con una Ritsu que se estaba lavando las manos, para luego coger los implementos alimenticios para prepararse algo. No le había dejado nada, pensando que esa noche no iría para su departamento. Mio sólo se limitó a observarla desde la puerta de la cocina, con el pendrive en su mano. No perdía de vista algún movimiento de la castaña, y por lo que veía, sólo estaba preparando algo ligero. Un sándwich leve, de pocas cosas, con un chocolate caliente. Algo que jamás, por lo que veía, dejó de consumir. Tampoco había perdido la agilidad de moverse en la cocina; suponía que tampoco dejó de cocinar a pesar de tener un horario fuerte por lo de su carrera.

La castaña silbaba una canción. Para el oído de la pelinegra, era No, thank you. Sonrío porque era una de sus canciones favoritas junto a Samidare 20 love, Tenshi ni Furetayo!, Fuwa fuwa time, Fuda pen - Ball pen; que buenos tiempos aquellos. Lástima que ya no volverán. Y sin Mugi, HTT no será lo mismo, en caso de que se animen a juntarse de nuevo para tocar, aunque sea un par de canciones. Así es la vida, ¿no?

A veces justa. A veces injusta.

—Mio... —la pelinegra sonrío al ver como la castaña se giró y se topó con ella. Tal vez no se imaginaba verla ahí, a esa hora de la noche. Si era un poco tarde, pero no tanto. ¿Qué tanto tiempo pasó? —Pensé que estarías en el estudio o dormida.

—Estaba en el estudio, pero salí al escuchar la puerta y acabo de ver que debo bajar a la lavandería a recoger la ropa que dejé lavando. Ya vuelvo.

Ritsu notó que Mio estaba un poco molesta, o tal vez decepcionada. Pero ¿por qué? ¿Qué hizo ahora? Y al ponerse analizar, se descubrió que no había hecho nada... hasta ese momento. Prefirió dejar su sándwich y chocolate caliente encima de la mesa e ir detrás de la ex bajista. No le diría nada, esperando que sea ella quien dé el primer pasó. No quería repetir lo que pasó años atrás mientras tenían una relación. En aquel entonces, ella lo hizo movida por el miedo, la cobardía y la juventud.

Al llegar a la lavandería, la ex baterista se quedó en la puerta observando como Mio sacaba la ropa y luego la ponía en la secadora. Pudo percatarse que algo la tenía inquieta, pero no quería empezar por miedo. Porque de verdad, ella se estaba sintiendo a gusto con lo que estaban viviendo, pero bueno... había aprendido a ser paciente y es lo que haría. A esperar cual sería la reacción de Mio ante lo que estaba pasando por su mente.

—¿Por qué no me dijiste que eras Rina, Ritsu? —la castaña se quedó de una pieza. Eso no se lo esperaba.

—No sé... ¿Cómo...?... Pero, ¿de qué...? —la ex baterista se hacía un trabalenguas queriendo no enseñar su sorpresa, porque, siendo sinceros, aquello la cogió desprevenida. Y no sabía cómo reaccionar. Mio se dio vuelta, y al ver lo pálida que estaba Ritsu, decidió acercarse a ella, y sacó de su bolsillo el pendrive marca Kingston y el papel donde estaba escrito una escena o un pensamiento. No sabría distinguir.

—Lo averigüé. Las bellezas de la tecnología, ¿verdad, Rina?

Ritsu suspiró y pensó que sería una buena idea decirle la verdad. Así que, la agarró de la cintura, y la apegó hacía ella, abrazándola. Mio puso sus brazos alrededor del cuello de la castaña y la cabeza la escondió entre el hombro y el cuello. ¡Cómo extrañaba estar así con el amor de su vida! Así que estuvo atenta a las palabras de la ex baterista, e intuía que esta vez, habría la confianza y sinceridad, pero, sobre todo, la madurez que no tuvieron en su juventud.

—Vi una entrevista tuya...

—Debo imaginar. Lo que dije ahí es toda la verdad. No quería que mi nombre saliera, y use un seudónimo. La verdad, es que era más poeta que narradora, pero esa historia salió desde lo más profundo de mi ser, y a medida que pasaba el tiempo, la iba mejorando. Simplemente escribí, sin detenerme a pensar. Y todo, al mismo tiempo que cuidaba a mi abuela, a Mugi y estudiaba la carrera. Fue fuerte, pero lo hice.

—Supongo que, si vamos a empezar todo de nuevo, debemos...

Ritsu no esperó a que siguiera. Le besó con sutileza, y se quedaron ahí, abrazadas. Lo que pasara después, ya sabrían cómo enfrentarlo. No era más que un obstáculo en la vida de ellas, y esta vez, con el aprendizaje en su ser, podrían tomar las mejores decisiones para seguir creciendo como seres humanos.

Fin Flashback

—¿En qué estabas pensando, Ritsu? —preguntó Mio mientras le acariciaba el abdomen a la castaña. Ambas estaban ya en la cama acostadas, después de un día largo.

El parto de Azusa las había dejado cansadas. Los nervios y la ansiedad tampoco ayudaron mucho, porque aún estaba el recuerdo de lo que había sucedido la primera vez, y que casi le cuesta la vida de ambos. Tiempo después de aquel evento, ambas quisieron volver a intentarlo. Y ahora, con mucho esfuerzo, pero con el corazón en la garganta del miedo, pero conservando la fe de que todo saldría bien, se arriesgaron. Obviamente, Yui se llevó la parte en donde su mano sufrió las consecuencias del apretón fuerte de Azusa para amortiguar el dolor que estaba teniendo mientras daba a luz.

Y obviamente, algunos en la sala casi quedan sordos por los gritos que pegó la pequeña neko. Pero el resultado final fue lo mejor. Tuvieron una hermosa niña a la que nombraron Sakura Hirasawa. Y no era muy difícil de entender el porqué. Pues la pequeña había llegado en un momento delicado para el matrimonio, y que su significado es: la flor de cerezo también puede simbolizar la inocencia, la sencillez, la belleza de la naturaleza y el renacimiento que trae la primavera. Y por ello ambas decidieron ponerle ese nombre. Porque esa pequeñita significaba mucho para ellas. Era su luz en medio de la confusión.

—Que ahora ya sabemos quién es Mai Oyama y quien es Rina Saita...

—Así como tú, decidí ocultar mi verdadero nombre. Ya sabes lo tímida que puedo llegar a ser.

—Me consta. Pero has cambiado mucho en este tiempo y... mejor olvidarlo.

—Nos dejamos de hablar, pero no de querernos, Ritsu. Son cosas diferentes, y hoy es la muestra de aquello.

Ritsu se quedó callada. La abrazó aún más hacia su cuerpo. Tal vez sea poco tiempo de haber regresado, pero sentía que no lo era. No sabía que les deparaba el futuro, pero tampoco se iba a poner a pensar en aquello. Al final, el destino quiso que ambas se reencontraran de alguna manera u otra. ¿Estaban destinadas a estar juntas? ¿Eran almas gemelas? No lo sabría, pero en esta segunda oportunidad no lo iba a desperdiciar; lucharía por tener al amor de su vida junto a ella y ahora con el pequeño, sentía que tenía una familia.

Las decisiones que tomaron en su momento pasaron factura tarde o temprano, pero también dan respuestas a preguntas que en ese momento no había o no eran claras. Las personas llegan a la vida de uno por alguna razón, se quedan el tiempo que deben quedarse y luego se van. Pero las enseñanzas quedan. Y ambas aprendieron mucho. Y aunque Mio se casó y formó un hogar al inicio, al final ella volvió a su primer amor. ¿Qué hubiera pasado si Renzo no hubiese fallecido a causa del cáncer? Nadie lo sabe con exactitud.

La vida es un misterio constante.

Por ahora, ambas aprovecharían que están de nuevo juntas y vivir el día a día de la mejor manera. Y aunque no han tocado el tema, Ritsu está dispuesta, si es que Mio acepta, en adoptar a Minoru como su hijo, y por fin decir que al final logró formar la familia que en un principio debió haber sido.

The end


Notas de la Autora:

¡Aquí estoy!

Esta es la segunda parte de la historia, y última. Sólo faltaría el epílogo, así que, espero que les guste.

Referencias:

*Canción: Expectations Cantante/Grupo musical: Lauren Jauregui Álbum: Expectations Single

**Canción: Samidare 20 Love/ Early-Summer Rain 20 Love Cantante/Grupo musical: K-On! Álbum: HO-KAGO TEA TIME Second Anime: K-On!

¡A leer!