A Monse, otra vez, como siempre. Porque es el Aioros (y el Milo) de mi vida.
1.- La vez que sonrió
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Kanon ya lo sabía. Lo supo desde el primer día que Saga había decidido confiarle a Aioros su más grande secreto y lo había llevado a conocerle, cuando le dijo "él es mi hermano" y el otro había contestado con un "hola" natural. Lo supo incluso antes que ellos dos, que eso iba a pasar. Que ellos iban a terminar así.
Escucha a Saga contárselo y por mera cortesía no se ríe de él y su nerviosismo. Le pone atención a la sonrisa en su rostro, a los ojos que le brillan acuosos, a los músculos tensos de su cuello y a su voz, que no es más la autoritaria voz de siempre. No pasa por alto el hecho de que en ningún punto de su relato, manifiesta preocupación y, considerando que Saga siempre, siempre, tiene algo de qué preocuparse, es una agradable sorpresa. Saga sonríe y suspira a cada palabra que pronuncia y cuando por fin termina su anécdota, mira a su hermano para conocer su reacción.
Se encuentra con que Kanon sonríe también y al mismo tiempo hay tristeza y nostalgia en su gesto. Le da algunos segundos prudentes para contestarle algo, aunque sea una broma oscura o algún sarcasmo áspero, pero Kanon no dice nada porque se ha quedado en blanco, contemplando el gesto tranquilo, contento, de su hermano, dándose cuenta que hacía mucho que no lo veía así. Saga se preocupa y el otro, sabiendo a dónde lo conduce su mente, ágil para atormentarlo a la menor provocación, decide regalarle a su hermano un poco más de la alegría que Aioros le ha traído.
Le sonríe un poco más.
—Ya se estaban tardando — dice por fin, dejando a un lado el libro—. Me preguntaba si alguna vez se iban a dar cuenta o tendría que decirles yo…—. Saga sonríe y se le escapa una risa.
—Nada va a cambiar entre nosotros, Kanon. Seguiré viniendo tanto como pueda, te traeré tus libros y las provisiones y…—se apresura a aclarar, pero su hermano lo interrumpe con una seña de la mano y el gesto lleno de fastidio.
—Esta bien, Saga. Esta bien si quieres estar con él o quieres traerlo aquí…
Saga suspira de alivio y alegría a la vez que asiente. Probablemente no vuelva a ser tan feliz como lo está ahora y con ese sentimiento aun embriagando sus sentidos, empieza a mostrarle a su gemelo los libros que le ha conseguido esta vez, seis buenos títulos de filosofía y otros 3 buenos títulos de novela de suspenso.
Kanon no está muy contento con la idea de tener a Aioros y su sonrisa fácil, su espíritu alegre, toda su luz, rondando por su casa. No está ni tantito contento con la idea de tener que compartir el poco tiempo que Saga tiene libre con él. Pero hacía mucho, mucho tiempo, que Saga no sonreía de esa manera o suspiraba, o reía, o miraba así. Hacía mucho que Saga no era feliz. De verdad feliz. Y Kanon quería atesorar eso, prolongarlo tanto como fuera posible mientras estuviera en sus manos.
