2.- La vez que se quedó dormido
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Fue, sin lugar a dudas, extraño cuando los primeros rayos de sol se colaron por la ventana de la habitación y Saga no hizo ni el menor amago por despertar. Ya no hablemos de levantarse. Bocabajo, con la cara desaparecida entre la almohada y el cabello enmarañado, el torso desnudo y apenas cubierto por la sábana, parecía que más que dormido, estaba inconsciente. Ni siquiera se movió cuando Aioros se levantó con cuidado de la cama y se metió al baño para lavarse y ponerse más o menos presentable. Incluso, cuando el rubio centauro salió, limpio de todo pecaminoso rastro de la noche anterior, Saga seguía dormido y en la misma posición en que lo había dejado.
Aioros se sentó en el sofá de lectura y se dedicó a mirarlo con una sonrisa medio torcida, producto de un raro sentimiento de desconcierto y diversión. Saga no se dio por aludido y siguió disfrutando de su sueño, amenazando con no interrumpirlo nunca. Así permanecieron ambos bastante tiempo, como treinta minutos si no le fallaban los cálculos y su inicial extrañeza jovial, lentamente fue sustituida por verdadera consternación.
Es que no podía ser verdad que Saga le estuviera haciendo eso en el jodido día que tenían libre. No podía decidir permanecer en coma en el único, y primero maldita sea, día que podían estar juntos sin ninguna responsabilidad de la qué preocuparse, aunque Saga siempre estaba preocupado de algo si le daba una pensada. Se levantó y le echó un vistazo al reloj que estaba en el pequeño escritorio a su lado; frunció el ceño y se dirigió a la cama, vuelto una Erinia.
—¡Saga, son casi las nueve de la mañana!
—Hmmm…—se quejó el otro, cambiando de posición y escondiendo su cabeza bajo la sábana.
Es que no podía ser cierto.
—¡No jodas, Saga! —exclamó entre dientes, metiéndole un patadón a la base de madera a ver si al menos se dignaba a cambiar de posición.
—Aioros…—murmuró en medio de un bostezo, sin moverse ni un centímetro, enfureciendo con ello al otro que sentía las tripas hechas nudo—. Kardula mou es la skholé. No pretenderás que me levante temprano en mi único día libre en todo el maldito mes…—rumió Saga aún bajo la sábana, sacando una mano con la que tiró del brazo del otro, intentando atraerlo a la cama de la que no pretendía separarse.
—¿Es en serio? No voy a pasar todo el día acostado, Saga. Tengo muchas cosas que hacer —reprochó cuando cayó al lado del geminiano y este por fin sacó la cabeza de entre la almohada y su cabellera despeinada.
—¿Ah, si?— murmuró con una sonrisa de lado. ¿Era eso en su cara una sonrisa traviesa? ¡Es que no era cierto!— ¿Y qué cosas? ¿Son muy importantes?
—Pues…—dudó sin tener nada en mente. La verdad era que había dispuesto todo para no tener ningún pendiente, incluso había conseguido que uno de los maestros de filosofía aceptara a Aioria en el ágora, a pesar de su edad y lo único que tenía pensado hacer hasta que tuviera que recogerlo, era pasarlo al lado de Saga, pero nunca, nunca, había imaginado que sería así.
—¿Ya me despertaste y no tienes una respuesta? Jamás te lo voy a perdonar…
Saga rió divertido y aprisionó a Aioros entre sus brazos. El otro se removió un poco y protestó otro tanto, pero la verdad es que sin ninguna molestia, solo estaba profundamente sorprendido. Cuando por fin se dio por vencido, se acomodó de lado para poder ver a Saga a los ojos. Tan sexy bajo el pelo hecho un desastre. Trató de acomodarle un poco el enmarañado cabello que tenía por todos lados en la cara, pero necesitaba con urgencia una ducha y un cepillo si quería un mejor resultado que el que sus dedos pudieron conseguir. Se dio por vencido al fin y lo dejó en paz, contentándose con mirar su gesto apacible. Era tan jodidamente guapo con sus ojos verdes somnolientos y su cara de recién despierto.
Lo admiró en silencio, grabando en su memoria esa extraña imagen de Saga. No era posible que nadie más la hubiera visto, seguro que ni Kanon lo había hecho. Aquella imagen que tenía ahora frente a él no era la de siempre, la que quería mostrar a todo el mundo y que era la imagen de lo que Saga quería que los demás pensaran de él. Era muy diferente a lo que era de verdad, cuando no estaba guardando apariencias, siendo el perfecto Santo de Oro, cuando no era la personificación de la aristeia.
—¿Qué es lo que quieres hacer, Aioros? —le susurró contra los labios, sin dejar que formulara una respuesta al comenzar a besarlo al segundo siguiente, adueñándose de su boca con una dulzura inusitada. Aioros dejó escapar una risa nerviosa por la corriente eléctrica que desató el contacto en todo su cuerpo, pero fue acallada por la lengua que se coló entre sus labios.
Saga lo besó lenta y religiosamente, con tal tranquilidad que parecía el dueño del tiempo. Le acarició la espalda con la misma devoción, y respiró el olor a jabón que despedía como si fuera esa la única fuente de oxígeno disponible. Aioros comprendió de pronto porqué Saga, aquel día en particular, estaba siendo tan… no Saga. Porque cualquier otro día de la semana, del mes, Saga habría estado listo para iniciar el día mucho antes de que saliera el sol. Probablemente habría sido él quien despertara y apurara a Aioros, habría tenido un montón de cosas que hacer y otro tanto de las cuales preocuparse. Pero aquél día, Saga había decidido quitarse esa máscara y mostrarse tal cuál era delante de él. Solo para él. Sin miedo, sin ego. Puro amor.
Aioros inhaló el olor de Saga, un poco de café y un mucho de sexo, se dejó hacer entre sus brazos y lo vio sonreír al saberlo tan cooperativo.
Saga era mejor cuando no estaba siendo perfecto.
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Kardula mou: Expresión griega que podemos traducir, literalmente, como "corazoncito mío". Sin embargo, en este contexto, su traducción correcta es "Mi amor".
Skholé: En griego significa "ocio" y/o "tiempo libre".
Aristeia: En griego antiguo "excelencia o superioridad individual". Celebra la gesta o hazañas de un héroe por las que le introducen en la leyenda y hacen que su nombre sea glorificado y digno de ser cantado.
