DISCLAIMER:

Avatar: The Last Airbender no me pertenece, ni sus personajes. Todos los derechos a su respectivo autor :)


Era una noche fresca y tranquila con la luna brillando con todo su esplendor, tan alto en el cielo, recordando con su belleza que es toda una diosa. Ayudándola.

Hacía su recorrido habitual buscando de pobres almas a las que pudiera ayudar con su ahora alter ego. Ya tenían tiempo de no estar en aquella 'isla', pero la Dama Pintada seguía haciendo acto de presencia, sólo por el gusto de ayudar a quienes lo necesitaban. Con el avatar ayudaban a las personas a donde fuera que iban, pero ayudar como la Dama Pintada era algo más significativo y personal; era su manera de contribuir con aquellos a los que la ayuda de Aang les había caído bien, pero no era en concreto lo que necesitaban. Hablaba de casos de enfermos o heridos a los que pudiera asistir con ayuda de su agua control. Como decía, algo más personal.

Se dio la vuelta decidida a volver con el resto, entendiendo que por el momento nadie más requería de su ayuda, hasta que oyó algo; era en un volumen muy bajo, casi inaudible, pero podía escucharlo. Alguien se quejaba, notoriamente adolorido y tal parece no muy lejos de ahí. La noche estaba calmada por lo que no le fue difícil seguir la voz de aquella persona, que al encontrarla le dejó estupefacta. Ambos se vieron, se reconocieron y se sorprendieron.

Él había escuchado de ella y ella había escuchado de él; ella era como un ángel sanador y él era como Robín Hood, si su historia existiera por esos rumbos. La Dama Pintada y el Espíritu Azul, ambas entidades nocturnas juntas, una frente la otra teniendo como único testigo de su encuentro a la luna.

"Es real..." pensó, pero se vio interrumpido por otra punzante ola de dolor que se extendía desde su costado izquierdo hasta el resto de su cuerpo. Fue entonces cuando ella lo notó, una alarmante mancha carmesí que se encargaba de decorar sus ropas mientras él sólo atinaba a sujetarse adolorido. Se estaba desangrando.

No lo pensó dos veces cuando ya se encontraba abriendo la prenda superior del joven con la intensión de ayudarle, lo más que pudiera.

Bendita su suerte; no les fue necesario intercambiar una sola palabra, él estaba enterado de sobra que ella le ayudaría, y tan aturdido y lastimado estaba que no se detuvo a pensar que aquello, más que un poder espiritual, lucia como agua control.

Cerró los ojos, aguantando las variadas exclamaciones de dolor que en realidad quería soltar y le pareció escuchar un "lo siento" a mitad de su agonía. Cuando el dolor al fin cesó, se dio la libertad de suspirar aliviado.

La Dama se alejó del Espíritu, dándole oportunidad para ponerse de pie y él se dio cuenta de que su herida había sanado. Su tío le había hablado de los espíritus y del respeto que habría que demostrarles, por lo que hizo una reverencia en señal de gratitud.

—No fue nada... —ella se atrevió a decir, pero él no reparó en su voz.

Entonces, ambos miraron la luna comprendiendo que era mejor irse. Se dirigieron una última mirada para después partir cada cual, por su lado, veloces, pero en silencio.

El encuentro de aquella noche perduró varios días en sus mentes, él muy en el fondo altamente agradecido y ella preguntándose quién era aquella alma bondadosa que, como ella, se vestía en las pieles de un espíritu para ayudar a otros.

Inconscientemente, ambos compartían la misma pregunta: ¿Se volverían a ver?