Sigue participando en el evento de #DictaduraRiren.

Los personajes no me pertenecen, son de la llama asesina, yo solo hago que se amen.

A mi beta gracias por tomarte el tiempo de leer cada cap y corregirlo.

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Después de entrar al lugar resguardado por el capitán, le había costado trabajo dormir, no supo en que momento de la madrugada su cansancio había hecho estragos, pero algo era seguro, iba a golpear a la persona que estaba corriendo a esas horas de la mañana, además que no solo era correr escuchaba como golpeaba los árboles.

—Habla Levi – ahí todos sus deseos de cometer asesinato se fueron, al contrario se pegó más a la ventana para escuchar – hola madre… si estoy bien… dormí media hora dame algo de crédito… hoy uno de mis subordinados va a averiguar… vale mierda madre… no soy grosero… te aviso cuando sepa algo, cuídate, oye - escucho como soltaba un suspiro – cuando regrese, pienso entrar a ese tratamiento… vale culo que digan que estoy loco, mis sueños son una mierda como para preocuparme de lo que piensan los demás… sabes que soy un maldito asesino… bien, adiós.

Escuchó como el dispositivo se estrellaba contra su pared sintió preocupación, escuchaba un constante ¨joder, joder¨, la desesperación se escuchaba en cada una de las palabras.

—Levi – esa era la voz de Hanji - ¿Cuánto dormiste?

—Media hora – la vibración del árbol era más fuerte – y a ti que mierda te importa.

—Levi, estas sangrando – eso lo dejo más alerta, así que suavemente se asomó, se percató de los puños y piernas, era cierto – debes dejar de torturarte, sé que cada una de las cosas que vivimos han sido difíciles, pero debemos aprender a perdonarnos.

Lo vio lanzarse sobre ella a cogerla con fuerza de la blusa, su mirada estaba llena de rabia, dolor, aunque su rostro no lo demostraba.

—No me pidas eso – su voz sonaba más rígida – ¿perdonarme?, tu no viste ni la mitad de toda esa mierda, no viste la cara de angustia en los rostros de esas madres con sus hijos en brazos, no escuchaste los gritos de desesperación de tu escudaron siendo aniquilados, ahora bien, no me pidas que me perdone, soy un soldado entrenado para proteger y no pude hacer ese simple hecho.

—La guerra es así Levi, no tiene compasión ni por el más inocente – ella le tomo suavemente sus manos – pero sigues con vida, demuestra ese entrenamiento salvando a todos los que aun necesitan ser salvados, la humanidad sufre en cada esquina, trata de ser feliz.

—A la mierda Hanji, déjame solo – la alejó, él continuo con esos fuertes golpes –

Se acomodó su cabello al igual que su kimono, busco el botiquín, salió rápidamente, cuando llegó al lugar lo vio sentado, con sus manos ensangrentadas, tapando sus ojos, con un cigarrillo en sus finos labios, no quería incomodarlo, pero su corazón le decía que lo atendiera.

—Disculpe capitán – él no levantó su rostro, así que detuvo sus pasos – yo…

—Te dije que me llamaras por mi nombre – él solo pudo sonreír, se acercó más – lamento despertarte, no sabía que sus habitaciones estaban por esta zona.

—No se preocupe – se arrodillo abrió el pequeño maletín – aunque sin mentirle, quería dormir un poco más.

—Disculpa – esa voz lo tranquilizaba, lo sacaba de sus propios miedos – ¿qué quieres?

—¿Me permitiría ayudarle con sus heridas? – él levantó su rostro, esos ojos grises se posaron en él, eran hermosos – es solo para evitar que aparezca una infección.

—Haz lo que quieras – con esas palabras tomo una de sus manos –

La desinfecto lo mejor que pudo y sabia, Mikasa era la que siempre curaba las del él cuándo era castigado por Riko san, así que sus habilidades en ese tema no eran tan buenos; esas manos eran extremadamente frías, tenía demasiadas heridas, las pudo ver en sus brazos también, ahora podía asegurar que ese silencio no era incómodo, siempre se había incomodado el pasar tiempo con otros hombres más cuando una conversación no se llevaba a cabo, pero con el azabache era distinto sentía tranquilidad.

Coloco las vendas más delgadas que tenía y se auto felicito, había quedado bien pero cuando iba a tomar la otra mano, la sintió sobre su mejilla, su sorpresa fue indescriptible pues de inmediato clavo sus ojos en el mayor.

—Tus ojos – se preocupó, siempre le decían cosas desagradables sobre ellos – son hermosos.

—¿Disculpe? – era seguro, había escuchado mal –

—Mocoso sordo dije que tus ojos son hermosos – no vio mentira en los orbes contrarios – parecen piedras preciosas resguardadas en un rostro encantador, nunca en mi asquerosa vida había visto unos así.

—Gracias – sin quererlo sus lágrimas empezaron a salir, vio la preocupación en el contrario él rápidamente limpiaba el río que se creaban –

—Oye mocoso lamento si te ofendí – él negó con rapidez tomó de nuevo la mano vendada –

—No es eso – la llevo a su frente trato de calmarse – es la primera vez que alguien me dice eso.

—¿Acaso todos son ciegos en este lugar? – lo escuchó chasquear su lengua él solo pudo sonreír – y eso que solo soy un soldado con pocos gustos.

No supo que más contestar, así que continuó con su trabajo de sanar las heridas que el mayor se había auto infligido, mientras pasaban los minutos, empezó a escuchar que la respiración del contrario era muy tranquila, así que disimuladamente lo vio, se percató que estaba durmiendo, ese rostro se veía muy hermoso pero el ceño era extremadamente pronunciado.

—¿Qué haces Eren? – la voz de su hermana lo saco de sus pensamientos – no sueles levantarte tan temprano, me preocupé cuando no te vi en la cama.

—Escuché al capitán digamos que entrenando – le señalo las piernas, vio la preocupación en su hermana – pero parece que él no sabe medir su fuerza, es muy imprudente.

—Que interesante – solo le levantó una ceja por la duda generada – creí que el único imprudente eras tú.

—Eso no es verdad – ella sonrió se sentó a su lado – solo que no me conformo quiero más, quiero ser …

—¿Libre? – él solo asintió seguía con su trabajo – sabes que será difícil, por cierto, hable con Riko, aplazaron el encuentro con el rey, ella le dijo que teníamos visitantes muy importantes y él accedió.

—¿Cuánto tiempo? – sabía que ese hombre no daría más de una semana, estaba obsesionado con ellos –

—Una semana – soltó un suspiro afirmó con la cabeza – Riko cree que él está interesado en ti.

—Si con pensamientos asquerosos – ella acaricio su cabello, quería correr a lanzarse a un pozo – ¿ella ya envió los regalos?

—Si – esa sola palabra salió con mucho dolor – está confirmando tu presentación y venta.

—¿Qué hay de ti? – ellos no se llevaban por muchos meses, ese momento también estaba cerca para ella –

—Será una semana después – sintió un beso en su cabeza, la vio levantarse – apúrate que debemos arreglarnos, hoy será día de turismo, pasaré por la lista de las personas a las que acompañaremos.

Él asintió escuchó sus pasos alejarse, solo le faltaba una pierna y terminaría con su trabajo, no quería llorar, no quería pensar que sería vendido al mejor postor, menos aún que probablemente ni siquiera podría llegar a ver el mar detrás de esa muralla; al terminar coloco una manta sobre el mayor, e ingresó.

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Cuando volvió a abrir los ojos, pudo sentirse tranquilo, llevaba mucho tiempo sin sentirse de esa manera, se sorprendió del lugar en donde estaba, dejo salir un suspiro se levantó, la manta que tenía sobre él, tenía el aroma de Eren.

Se dirigió a su cuarto, tomo un baño luego se arregló, sabía que saldrían, pero ni en sus sueños más extrañas llegó a pensar que se quedaría dormido, sin mentirle a nadie quería quedarse en ese cuarto, fumar, necesitaba relajarse, pero planes eran planes, podía asegurar que Hanji lo sacaría así fuera arrastras. Bajó, solo tomo su café no necesitaba más, estaba tan concentrado viendo el paisaje, que no escuchaba a sus compañeros, en sus pensamientos recordaba la conversación con su madre por la cual se sintió culpable, lo peor es que no podía llamarla hasta conseguir un nuevo celular.

—¿Estás listo Levi? – la voz de Erwin lo sacó de sus pensamientos solo asintió - ¿Qué ocurre?

—Rompí el celular – dejó la taza en la mesa levantándose – necesito ir a conseguir uno nuevo.

—Nos están esperando – él lo siguió, necesitaba otra taza de café y dormir más –

Pero sus ojos se abrieron al ver a ese hermoso hombre, si en la mañana se veía hermoso, en ese instante parecía todo un ángel, la parte de abajo del kimono era rojo oscuro, sujeto por un oji del mismo color, pero más claro, resaltaba su color caramelo en su piel, pero la parte exterior era negra con hermosas flores rojas hojas verdes y unas delicadas líneas naranjas, todo combinaba a la perfección, de igual manera esos lindos adornos que se sujetaban en el pecho y su cabello.

—Buenos días hermoso Eren – lo saludo la loca, viendo como el nombrado se inclinaba – Mikasa también estas hermosa, pareces una diosa japonesa.

—Gracias Hanji san – ella también se inclinó en saludo y agradecimiento – usted también se ve muy bien.

—El capitán Levi, junto con Hanji san y Erwin san, vendrán conmigo y Eren – el asintió los otros dos afirmaron con su cabeza – los demás ya están con sus respectivas guías, vamos por favor.

Empezaron a ir detrás de los jóvenes, sus pasos eran tan hermosos que no podía concentrase en el camino, seguro que si le pedían el favor de guiar el regreso se perdería; los llevaron a un hermoso jardín zen, ahí ellos hicieron la ceremonia del té, sus movimientos en sus manos eran impecables, lo malo es que el sabor era terriblemente amargo, no fue de su agrado.

Luego los llevaron a una réplica exacta de la torre de Tokyo, una que se perdió en esa desalmada guerra, era hermosa, desde ahí podía verse el mar a la distancia, vio la mirada tan anhelante del castaño junto a esa triste sonrisa que lo acompañaba.

—¿No lo conoces? – él negó, pero no aparto su vista de ese lejano lugar – sabe horrible.

—¿Es cierto que es muy salado? – el afirmó e hizo mala cara - ¿es muy fría?

—Eso depende del horario en que entres – contestó le dio la espalda – no es de mi agrado.

—¿Por qué? – su voz sonaba decepcionada, muy inocente – yo siempre he querido ir, poder colocar mis pies en esa extraña agua.

—Luego quedas todo pegajoso con arena en todas partes – contestó la duda de su acompañante, esas palabras le parecieron muy tiernas – ¿por qué dices que es extraña?

—Por los colores siempre que vengo tiene un color diferente – saco un cigarrillo lo colocó en sus labios, no quería sonreír frente al joven – no debe fumar Levi san.

—No lo haré – cerro sus ojos tomó mucho aire, ese joven lo relajaba de una forma extraña – deberías ir, el mar te gustará más.

—No puedo – lo vio empezar a caminar lo siguió – no soy libre de mi vida, le pertenezco Riko mama.

—¿Dónde naciste? – no sabía porque le daba tanta curiosidad –

—Barrios pobres de Japón, en medio de la guerra y ¿usted? – vio más tristeza en esos ojos, mientras recorrían el piso de la torre –

—Francia – no le dio importancia, era un asesino de todas las razas – vivo solo con mi madre, aunque desde que inició esta mierda, ella vive sola, solo le envió dinero para que viva tranquila.

—¿Cómo se llama? –

—Kushel Ackerman – vio cómo se detenía de inmediato sus ojos se abrieron con sorpresa - ¿Qué ocurre?

—Dijo ¿Ackerman? – él afirmó lo vio buscar a la joven con sus ojos, la señalo disimuladamente y hablo suavemente – Mikasa tiene ese apellido.

Él volteo a verla, al detallarla se dio cuenta que tenía rasgos muy parecidos a su madre, cuando era más joven, ahora con más fuerza debía traer a su madre, ella podría saber si había conexión familiar, esa mujer no olvidaba nada.

No pudieron seguir hablando del tema, pues se reunieron con los demás y siguieron con el recorrido, le encantaba la estructura de las casas, la forma de vestirse de todas las personas que ahí vivían, las pequeñas representaciones de los festivales, sobre todo los diferentes platos de comida que habían probado, todo eso era un paraíso, ahora comprendía el nombre de todo el lugar.

Al llegar fue directo a su cuarto para acomodar las diferentes cosas que habían comprado, ahora se culpaba por la pérdida de un país tan mágico, no era justo que fuera destruido; encendió el celular solo envió el mensaje a su madre con un -¨lo siento¨-.

Desde su cuarto veía también un establo, se veían caballos hermosos, sintió esa necesidad de tomar uno y galopar, era una forma de quitarse el estrés, ahí lo vio de nuevo, se veía que estaba peleando con Riko, ella solo negaba mientras masajeaba el puente de su nariz, ella lo sujetó de sus brazos lo movió con fuerza, después de decirle algo se fue, unos golpes hicieron presencia y con un -¨adelante¨-, dio permiso a la persona al otro lado.

—Capitán – era la azabache llevaba una bandeja – este platillo es enviado por Riko mama, es curry esperamos sea de su agrado.

—Gracias – se acercó a la mesa se sentó –

—Esta noche Armin, Eren y yo haremos una presentación de koto, es un instrumento tradicional nos gustaría que asistiera – mientras él comía prestaba atención, sonaba interesante así que afirmó – solo que no podrán estar en la primera fila como ayer.

—¿Por qué? – ese plato sabía maravilloso, podía acostumbrarse a comerlo siempre –

—Vendrán los invitados especiales para ver la presentación de Eren – ella bajo su cara había preocupación en sus ojos –

—No entiendo – le pidió que se sentara ella sin dudarlo lo hizo – puedes explicarme.

—Eren será vendido es una tradición, esa persona se vuelve su danna o señor – ella hizo una sonrisa forzada mientras dejaba salir un gran suspiro – él empezará a hacerse cargo de todos los gastos, sus regalos y si llega a pedirlo por mas precio podrá llevárselo, pero Eren se reúsa, odia a todos los hombres, les teme.

—Que tradición más horrible – ella sonrió y afirmó - ¿te pasará lo mismo?

—Así es – la vio levantarse e inclinarse – no solo a mí, a todos los que nos presentamos ayer, estamos en la edad, aun así, nos neguemos ya las fechas están señaladas, nos vemos en un rato.

—Espera – antes de que ella saliera, necesitaba de su ayuda – ¿esos caballos se pueden usar?

—Sí, puede tomar el que desee, puede ir hasta la muralla y subir – ella hablaba con la misma calma de su madre, era sorprendente la similitud - ¿desea que le prepare uno?

—Sí, gracias – ella afirmó tomo la puerta - ¿puedo llevarlo?

—¿Te refieres a Eren? – él afirmó sin verla mientras sacaba su cigarrillo – que ella no se dé cuenta o será castigado.

Él sonrió después de escuchar que la puerta se cerraba; salió para ver la presentación, ahí estaba la mujer, dándole la bienvenida a muchas personas que por su vestimenta supo que venían de otras partes de las murallas, ingresó y se sentó en la parte de atrás.

Cuando el lugar estuvo lleno, de nuevo las luces se apagaron, el escenario fue iluminado, ahí estaban los instrumentos, primero salió el joven rubio, de igual manera vestía hermosamente, luego Mikasa por último el castaño, con solo verlo supo que había estado llorando.

—Sean todos bienvenido – habló con tranquilidad, pero de vez en cuando se ahogaba – soy Eren esta será mi primera presentación para ustedes, por favor ténganme en consideración.

El público empezó a aplaudir los cuchicheos no se hicieron esperar, cuando lo vieron sentarse frente al instrumento todos hicieron silencio, el agudo sonido hizo presencia, pero con cada acorde tocado, con cada movimiento generado por la otra mano, hacía que la composición musical fuera perfecta, ellos se veían hermosos, su elegancia lo hacía más sublime, más perfecto. Tocaron tres diferentes canciones, parecía que el lugar estuviera solo, pues ni la respiración parecía hacer presencia, al terminar se inclinaron los aplausos no se hicieron esperar, todos se pusieron de pie, Eren bajó tomaba la mano de todos en agradecimiento, recibía los regalos que se le daban.

—Es maravillosa la forma en que tocas – vio como le acariciaba la mano, sintió asco –

—Gracias mi rey – él amablemente alejo su hermosa mano luego se inclinó – lamento que le tocara venir hasta acá, pero gracias por su consideración, espero estar bajo su cuidado.

—Y así será – la mirada estaba llena de deseo – si me disculpas iré a hablar con Riko –

Él asintió, en cuanto los ojos se alejaron de él salió corriendo, le preocupó esa mirada, pero él no era nadie para seguirlo.

—Gracias por asistir – la firme voz de la azabache hizo presencia, estaba junto con el joven rubio – esperamos que fuera de su agrado.

—Tocas maravilloso hermosa – la felicito Hanji, tomó sus manos – en verdad que son unos artistas.

—Armin también tocas maravilloso – Erwin felicito al joven le sonrió muy amablemente – te veías hermoso.

—Gracias, ¿desean algo de beber? – ellos pidieron unos cocteles, pero por su parte no podía dejar de pensar en el castaño –

Volvió a salir necesitaba fumar, necesitaba despejar su mente de esos ojos llenos de dolor, de desprecios, de ansiedad, pero lo más importante necesitaba saber porque un simple mocoso que acababa de conocer lo tenía tan imbécil.

—Gracias por cuidar de Eren hoy – era Armin el que le hablaba –

—No he hecho nada – respondió soltó el humo –

—Puede que usted no lo vea, pero nosotros si – la sonrisa era amable llena de esperanza – él jamás se habría ofrecido a sanar sus heridas, o darle la mano a toda esa gente, también los observó apropiadamente y no vomito en el instante, desde que usted llego él habla un poco más.

—¿Dónde está? – esas palabras no las esperaba, era algo que jamás alguien le diría –

—Debe estar en el lago – señalo supo en qué dirección dirigirse – debe estar haciendo sangrar sus manos.

Al escuchar eso empezó a correr, ese mocoso era un suicida, no entendía nada de lo que estaba pasando se la pasaba sonriendo y luego se lastimaba, aunque él no era nadie para señalarlo por su parte sentía un alivio mental cuando sentía su piel abrirse; cuando levantó la visto lo vio sentado con sus manos dentro del lago y masajeando con fuerza, se acercó las saco de ahí, vio que estaban muy rojas.

—¡Eres imbécil! – esos ojos mostraban duda – deja de hacer eso, mira como tienes la piel.

Empezó a jalarlo hasta él, lo vio de pie no lo soltaba, con todas sus capacidades trató de no hacerle presión a esas manos lastimadas, llegó al establo se subió al caballo ensillado, tomo al castaño por debajo de sus brazos lo situó al frente de él, se quitó el gabán que llevaba puesto lo colocó sobre la cabeza con delicioso aroma, golpeó al caballo y este empezó a galopar.

Sintió las manos aferrarse a su espalda, cuando salieron de la zona del gran hotel retiró su gabán, le permitió ver el paisaje, esos hermosos ojos no se apartaban del lugar veía emoción en ellos por primera vez.

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No podía creer lo que estaba haciendo, Levi lo llevaba a alta velocidad en un caballo, un animal que siempre pensó que jamás montaría, pero era agradable sentir el viento sobre su rostro, no sentía frío porque el abrigo del azabache cubría su cuerpo, cuando sintió que el animal disminuía la velocidad pudo ver esos fuertes brazos con demasiadas cicatrices.

—Vamos – lo vio extender sus brazos, sin dudarlo su dejo caer sobre ellos –

—¿Por qué estamos aquí? – tenía miedo que Riko se diera cuenta que no estaba, seria castigado – me van a regañar porque estoy muy lejos.

—Calla mocoso solo sígueme – suavemente tomó la mano del mayor este afirmo el agarre –

Se sentía emocionado, era la primera vez que estaba en una zona que no era la suya, todo era extraño a sus ojos porque hasta la vestimenta era diferente, los edificios eran muy altos y luminosos, el ruido impedía que se concentrara en sus pensamientos, ahí vio el ascensor de la muralla, vio a Levi cancelar la entrada todo sin soltarlo; al entrar su corazón se desboco, cada vez la distancia se hacía más grande, al salir pudo detallar a la perfección lo majestuoso que era esa masa de agua, Riko jamás le había dicho que el ascensor los dejaba al otro lado de la muralla, solo que llegaban hasta la parte más alta, se quitó las getas* empezó a caminar, la sensación era muy agradable.

—¿Esto es la arena? – lo vio asentir, permitió que sus pies se hundieran – que agradable se siente.

—Ven – lo vio extender su fuerte mano sin dudarlo la tomo –

Él lo empezó a llevar hasta allá, su cuerpo temblaba cuando estuvo lo suficientemente cerca, su mano fue dejada él recogió un poco su kimono, entendió que no quería que se mojara al dar el siguiente paso, el agua lo toco estaba muy fría, pero todo su ser lo sintió magnífico, agradable, muy placentero; se percató que la mirada de Levi estaba posada en la muralla, le estaba dando su privacidad, aunque lo tenía sujeto de la cintura.

Sus lágrimas empezaron a caer se sentía satisfecho, ya no importaba quien lo comprara, este sería el mejor recuerdo que tendría podría superar cualquier cosa, todo gracias a un soldado con un pasado doloroso, con pesadillas cada noche y con cara de gato estreñido, un hombre que lo sujetaba fuertemente con sus brazos marcados, un corazón que buscaba paz.

—Gracias Levi – se limpió sus ojos luego se giró, siendo alzado por el nombrado - ¿por qué?

—Si se moja se dan cuenta – coloco sus brazos alrededor de su cuello – y no me agradezcas, lo hice porque se me dio la gana.

—Aun así – dejo un beso en esas finas mejillas – es lo más hermoso que alguien ha hecho en toda mi vida para mí, no soy libre, pero tú me diste la esperanza de continuar.

—Lamento que sea por tan poco tiempo – él se alejó, memorizo ese hermoso cuadro de la luna siendo reflejada por un mar tan negro como su pasado, pero ahora sabía que así fuera oscuro, siempre habría una luz – ven póntelos y regresemos.

Él asintió, después de colocarlas lo siguió, él era increíble, era fuerte y capaz; el recorrido de regreso fue más tranquilo, pudo detallar más los lugares por los que pasaba, todo lo guardaría en su memoria.

Al llegar, dejaron al caballo en el establo, como la noche anterior lo acompaño, pero esta vez hasta su habitación, se quitó la hebilla que llevaba en su cabello y la dejó en esas manos.

—Esta será mi forma de agradecerte – vio como él la llevaba hasta su nariz esos ojos se empezaron a tornar azules – me has ayudado mucho.

—No he hecho nada mocoso – volvió a acercarse, después de acariciar ese rostro dejo otro beso en la mejilla – ahora entra.

—Levi – él se quedó mirándolo, sabía que esperaba que continuara – es mejor que te alejes de mí, soy una muñeca rota.

Se estaba alejando, era mejor así, no quería ilusionarse con sentimientos que jamás podría tener, de los cuales tendría que deshacerse muy pronto, sintió como era sujetado y abrazado con fuerza.

—No me digas que mierda tengo que hacer – se aferró a ese fuerte pecho – porque si tu estas roto, puedo afirmar que mis acciones como soldado fueron causantes.

—No digas eso – sus lágrimas caían con fuerza – tú solo estabas protegiendo tu país siguiendo órdenes, pero él, él solo lo hizo por interés propio.

—¿Él? – negó con fuerza, no estaba preparado para hablar de eso, no quería ser odiado – cuando quieras contarme, estaré aquí, ahora descansa.

Se alejó lo vio retomar su camino, por su parte entró corriendo, se sentó en su cama, no podía creer lo que acaba de decir, él le daba confianza, pero no quería recordar todo eso que había estado guardando desde tanto tiempo.

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Espero les gustara, si es así háganmelo saber; lamento la demora en actualizar.

Sin más Ame las ama.