Los personajes no me pertenecen son de la llama asesina, yo solo hago que se amen y tengan bebés.

Gracias a mi linda beta por su tiempo en leer y corregir cada capitulo, por tu apoyo en cada momento difícil.

Espero les guste.


Tres días pasaron después de la visita a escondidas al mar, lo había visto en diferentes presentaciones, tocando el shamisen, bailando y haciendo uso de diferentes abanicos, se veía precioso en cada una de ellas.

Esa mañana saldrían de esa muralla e irían a conocer al rey de todo Paradis, la verdad no le interesaba porque probablemente era de esos tipos repulsivos, con ese deseo enfermo de tener dinero desbordante, gente que lo adore, pero sobre todo poseer todo lo que le parece hermoso, sin importarle los medios.

Todos tenían que ir con el uniforme militar, solo para ser ¨felicitados¨ por ese ser que en verdad no le importaba.

—¿Levi ya estás listo? – Hanji golpeó en su puerta con insistencia – sal rápido Eren esta radiante hoy.

Solo con escuchar eso salió lo más rápido que pudo, al salir ahí lo vio, hermoso como una rosa recién florecida, un kimono rojo en su totalidad, lo adornaban diferentes flores, su obi era dorado haciendo resaltar la belleza del mismo traje y por primera vez dejo su cabello suelto; vio a Riko llamándole la atención, el solo le restaba importancia mirando a otro lado.

—Buenos días capitán – lo saludó la mujer, el joven le sonrió amablemente – espero que se diviertan el día de hoy.

—Buenos días Riko – la saludo, pero no podía apartar sus ojos del castaño – siendo honesto preferiría quedarme, pero no puedo ser grosero con su rey.

—Pido amablemente cuidé de Eren estando allá – él solo asintió – escuché que su madre vendrá esta tarde, ¿desea que la recojamos?

—Gracias, me ayudarían bastante – extendió su mano, ayudó al joven a subir al carruaje –

Hanji también subió junto con Mikasa, la que más hablaba era su loca amiga ya lo tenía desesperado. Lo mareaba con sus estúpidos comentarios, de -¨si algún día me caso, sería con una belleza como tu Mikasa, pero seguro no te agradaría estar con una tuerta¨- y empezaba a reírse con tanta fuerza que juraba que lo iba a dejar sordo.

Cuando volvió a soltar otra de sus carcajadas, por instinto la golpeó con toda la fuerza en su lado derecho, ella de inmediato se encogió empezando a toser.

—Lo lamento Levi – sabía que no era cierto porque seguía riéndose, mientras tosía –

—Sabes que no lo dices de corazón, me tienes enfermo con tus risas excesivas, si quieres casarte con Mikasa habla con esa mujer y sal de la maldita duda, pero déjame descansar – se masajeaba la frente, con desesperación – eres desesperante mujer, solo estás loca.

—Pero así me quieres ¿no Leviciento? – hay otro golpe fue a parar a la mujer –

—Te voy a matar – la linda mano de Eren lo detuvo – siéntate al lado de Mikasa y cállate.

Sin esperarlo Eren ayudó a la loca a cambiar de asiento y él sentarse a su lado, sabía que por los golpes ella quedaría noqueada por el resto del viaje, así que se permitió relajarse un poco, la azabache lo miraba con un brillo que desconocía.

—¿Qué ocurre? – le preguntó ella con una débil sonrisa desvió la mirada – no tengas miedo, a la única que puedo golpear con todas mis fuerzas es a esa loca de mierda que está sentada a tu lado.

—¿No le agrada Hanji sama? – dejó salir un bufido, siempre le preguntaban lo mismo –

—No es eso – respondió posando sus ojos en la otra mujer – Hanji es la única idiota que ha seguido a mi lado desde siempre, ella me siguió al ejercito sin refutar, estudio fuertemente para poder estar a mi altura, pero me desespera su constante conversación sin sentido, cambia de temas con mucha facilidad, no me deja pensar con claridad, su risa desmedida me pone los nervios de punta, después de la guerra escucharla solo hace que mi mente se desconecte y regrese a ese lugar.

—Debe dolerle – ella solo pudo decir esas lindas palabras para acomodarla de nuevo en su hombro –

—Solo un poco – le contesto cerrando sus ojos – aunque no me lo creas, esa mujer es extremadamente fuerte, no me preguntes porque, tiene una fuerza de mierda, tanto física como mentalmente, ella es confiable.

—Me alegra oír eso – el que habló fue Eren sorprendiéndolo – pensé que con esos golpes se rompería.

—¿Lo que dijo es verdad? – sabia a lo que se refería solo pudo afirmar con la cabeza - ¿está seguro?

—Mira mujer – se sentó mejor, se inclinó hacia adelante la miró a sus ojos – si está loca dice algo, créeme que no miente, cuando quiere algo lo obtiene sin importarle cuanto le cueste, así que, si le dices que estás de acuerdo de estar a su lado, no dudará en invertir todo su dinero y amor en ti.

La vio sonreír, mirar hacia otro lado cubriéndose sus finos labios con su kimono, le sorprendía esa mujer se parecía terriblemente a su madre, tanto en belleza, como en expresiones, ademanes y esa débil sonrisa era como la suya.

Al girarse vio al mocoso algo deprimido, sus ojos no brillaban como siempre, la miraba con mucho amor, no quiso preguntar más, la verdad tenía miedo de la respuesta que pudiera darle.

Al llegar pudo confirmar sus sospechas, era un maldito bastardo engreído con cara de mosquita muerta y sonrisa estúpida, si la risa de Hanji lo desesperaba, la voz de este idiota le daba ganas de matarlo, vio a su rey en ese lugar, sintió su corazón latir con fuerza, lo odiaba con todas sus fuerzas.

—Mis queridos soldados – todos sin excepción se arrodillaron ante el anciano – estoy orgulloso de cada uno de sus esfuerzos, agradecido con el rey Reiss por permitirnos estar hoy en su hermosa isla.

Siguió hablando de cosas absurdas, les entregó una medalla de honor, al verlo a los ojos sintió de nuevo esa desesperación del campo de batalla, vio que todos empezaron a seguirlo, pero su mente no seguía en ese lugar, su nariz empezó a percibir el aroma a sangre, sus oídos escuchaban las explosiones, sus ojos solo veían un baño de sangre, quería gritar, fumar, beber, morir, necesitaba cualquier cosa para calmar esa ansiedad.

Pero no se esperó ver una hermosa mano, casi cubierta por el vestido sujetar su brazo y pegarse a él, al sentir ese agradable aroma a flores empezó a regular toda su mente, sus miedos, sus recuerdos.

—Todo estará bien – lo vio sonreír, su mirada se veía tan asustada como probablemente él la tenía en ese momento – estaré apoyándote.

—¿Qué te pasa? – se percató que estaban lejos del grupo, así que no le molesto preguntar – si quieres ser mi apoyo, permíteme ayudarte.

—Es – lo vio suspirar después tomar mucho aire – Reiss sama es el que más está ofreciendo por mí, y no solo eso, me acabo de dar cuenta que alguien de mi pasado está aquí, honestamente he querido olvidarlo.

—Estar bajo el cuidado del rey debe ser un honor, creo – lo vio sonreír tímidamente para negar suavemente con la cabeza –

—Solo sería un objeto más, por lo menos en la aoya puedo hacer cosas de mi agrado, además tengo mi propio cuarto – lo vio señalar ciertos lugares ahí había demasiadas personas mirando con curiosidad – todos ellos le pertenecen a nuestro rey, nunca pueden salir de este lugar.

—Es una prisión elegante - mencionó con toda la seriedad que lo caracterizaba – aun así, deberías poder negarte y …

—Eren – una voz desconocida hizo presencia, el joven de inmediato presiono más su cuerpo – dime ¿ahora conquistas a honorables soldados?

—Zeke – vio el susto en sus ojos, sus manos temblaban - ¿Qué haces aquí?

—Soy digamos el que mejor mercancía le trae a nuestro rey – lentamente se acercó al castaño le acarició el pómulo – y entre esos fuiste tú, aunque en ese tiempo la que más se interesó fue Riko, pago bastante por ti.

Sin esperar más a la conversación se giró con el menor siguiendo con el camino, escuchaba como salían pequeños hipidos de los hermosos labios de Eren, no sabía su pasado, tampoco podía pedirle que se lo contara si él no lo quería, así que en silencio lo cuidaría así evitaría que ese hijo de puta se acercara.


Él guió el resto del camino, Levi no le hizo ninguna pregunta, se lo agradecía porque no era el momento mucho menos el lugar para dar explicaciones, menos contarle su horrible pasado; habían designado uno de los jardines más amplio para ese evento, no solo habían ido geishas, sino a todos los artistas más reconocidos para dar un espectáculo a lo grande.

Su trabajo seguía siendo el mismo, atender a los soldados así que eso hicieron, Mikasa sonreía bastante frente a Hanji san eso lo ponía feliz, ella merecía ser feliz, había sido una hermana increíble que lo siguió hasta ese infierno; las horas fueron pasando, varias veces el rey quiso sobrepasarse, el azabache lo llamaba para que lo atendiera, así que silenciosamente se lo agradecía.

Lo vio hablar por su celular, notaba como sus expresiones se suavizaban un poco, le daba algo de envidia porque él no lograba que ese hombre lo mirara diferente.

—No te preocupes – escucho al hombre rubio, solo le sirvió otro poco de sake – la única persona que ha logrado hacer que se vea así es su madre, la ama con todo su ser.

—Se ve más relajado cuando habla con ella – trataba de no darle importancia, pero ese hombre le hacía actuar y sentir de diferente manera -

—Aunque a veces pelean bastante, ella espera que su inocente hijo regrese después de una guerra y es imposible – vio la mirada llena de pesar en esos ojos azules, sabía que tenía afecto por su compañero – lo peor es que no esperaba ver a su padre en este lugar.

—¿Esta aquí? – el asintió luego lo señalo – pero es quien puso sus medallas.

—Es nuestro rey, fue él quien lo enlisto en la guerra – sintió pena por el azabache – Kushel se divorció de él al enterarse, ver que no cambiaba su decisión, le estaba quitando a su único hijo, lo malo es que ninguno de los dos pudo quitarse el apellido de Kenny, ellos siempre serian Ackerman.

—Debe tener sentimientos extraños por ese hombre ¿verdad? – no sabía porque le generaba tanta curiosidad –

—Pequeño caramelo eso no es así – Hanji llegó, llevando a Mikasa con ella de la mano – Levi odia a ese hombre, no puede ni pronunciar su nombre, todos lo sabemos, que al posar sus ojos sobre él solo se nota el desprecio.

—Cuando regresamos el rey se sorprendió de verlo, todos creímos que esperaba que muriera – el rubio se puso de pie al girar a ver, vio al rey acercarse a Levi todos se tensionaron – saldrán de pelea.

Le entregó una botella de trago, sin dudarlo Levi la destapó, empezó a beber como si de agua se tratara, la sonrisa hipócrita que mostraba su padre le sacaba el mal humor, veía a todos los soldados en posición de salir corriendo en un parpadear el azabache se había puesto de pie, señalaba al mayor, él daba pequeños pasos hacia atrás para alejarse, pero el otro lo tomaba del brazo.

—¡No me toque maldito bastardo! – el grito hizo que de inmediato los demás voltearan a verlos – no tienes el derecho de hacerlo, ese día te dije que pensaras que había muerto, rehaz tu vida y déjanos en paz.

El sacó de la parte de atrás una navaja, ahí todos se lanzaron a detenerlo, pensaba que Levi iba a herir al rey, pero sus ojos se abrieron tan grande por la impresión de ver la parte filosa en ese blanco cuello, no supo en qué momento se levantó y empezó a correr hacia él, vio un hilo de sangre recorrerlo su miedo se incrementó.

—Sabes cuanta mierda vi – el rey no se inmutaba – morir no reparará las vidas de esos soldados a mi cargo, no hará que sus familias los tengan de regreso, pero me dará la paz que mi madre te rogó proteger.

Se abrazó a su pecho sintió esa mirada posarse en su ser, vio dolor, pesar, temor, odio.

—Cálmese capitán – le pidió suavemente, mientras los demás trataban de alejarse – regresemos.

—Erwin, trae la maldita botella, no me pienso acercar más – el nombrado hizo lo que se le pidió, empezó a caminar – No vuelvas a tratarme.

Vio a los demás inclinarse, aunque no quisieran y seguirlo, se subió al carruaje en el que había llegado, tomo la botella empezó a beber, sus acompañantes se subieron, de ultimas él cerrando la puerta; Hanji le rogaba que se detuviera, que beber de esa manera no solucionaría esa rabia.

Pero no lograron quitarle la botella, su apariencia se veía derrotada, ese hombre orgulloso se había desvanecido, lo vio cómo se rascaba con insistencia la herida recién realizada, estaba preocupado, no quería verlo así, sabía que muy en el fondo lo que más le dolía era la traición de haber sido enlistado a la guerra por su propio padre.

Al llegar, todos se sorprendieron de ver a una hermosa mujer, con piel blanca ojos grises, cabello negro largo ondulado en las puntas, que de inmediato al verlo lo abrazó, siendo la acción aceptada y devuelta.

—Hanji ¿qué está pasando aquí? – la castaña dejó un beso en la cabeza de la mujer –

—El rey está aquí – ella hizo más fuerza en el cuerpo de su hijo su mirada mostraba pánico – no sabemos de qué hablaron, pero él le llevo esa botella y logramos detener que se auto flagelara de nuevo.

—¿Cómo que de nuevo? – se le veía el pánico en cada palabra –

—Señora Ackerman, hace un par de día entreno contra un árbol – respondió Erwin la mujer empezó a llorar – aquí Eren lo ayudó con sus heridas.

Erwin y el cara de caballo tomaron a Levi, empezaron a llevarlo hasta su cuarto, la hermosa mujer lloraba en los brazos de Hanji esta solo podía consolarla; la vio levantarse para dirigirse a ellos.

—Eren, gracias por atender sus heridas – la débil sonrisa mostraba la gratitud que quería expresar – él desde pequeño ha sido muy terco, pero desde esta experiencia se ha vuelto más reacio a ser tocado.

—No se preocupe – se inclinó su hermana hizo lo mismo – si necesita ayuda en este momento solo dígame.

—Gracias, me serias de mucha ayuda – la vio girarse a tomar en esas finas manos el rostro de su hermana - ¿sabes quiénes son tus padres pequeña?

—No señora, quede huérfana desde muy pequeña, Eren me acogió en su pequeño hogar, desde ese entonces he sido una Jeager – le contestó honestamente –

—Perdí a mi hermana y cuñado hace muchos años – acomodo un mechón detrás de su oreja, tomó las manos de su hermana – mi pequeña sobrina no fue encontrada, moví todas mis conexiones para poder encontrarlos, pero ninguna búsqueda dio frutos, viéndote puedo asegurar que eres de mi familia.

—Cuando llegó Mikasa a mi casa encontré una pequeña libreta que he estado cuidando a pedido de ella, en ella se afirmaba que su apellido es Ackerman, solo que aquí perdemos ese privilegio, si desean puedo llevarlo para que puedan verlo.

Ambas asintieron, las vio alejarse, por su parte fue hasta su cuarto, tomó la libreta, el botiquín luego salió lo más rápido que pudo, las encontró en el comedor principal, les entregó lo pedido.

—Gracias Eren – dijo su hermana besó su mano –

—¿Podrías ayudarnos con Levi? – el solo asintió, salió lo más rápido que sus pies le permitían –

Al estar cerca empezó a escuchar gritos junto a objetos que se rompían, vio como todos los soldados se cubrían la cara para no ser golpeados, tomó la mano de Hanji esta solo sonrió, pidió a los demás que se alejaran.

—Nunca lo habíamos visto así de ebrio – le comentó todos mostraban la misma expresión, preocupación – ese tipo es el único que debe saber a qué bebida le hace daño.

—¿Puedo pasar? – todos afirmaron, el solo sonrió – gracias, disculpen.

Entro suavemente, cerró la puerta, lo vio tapándose sus ojos con su brazo de su cuello seguía saliendo más sangre, la herida se veía más pronunciada, sabía que no había dejado de molestarla con sus uñas; se sentó en el borde de la cama, de inmediato él se levantó con la intención de golpear, solo cerró sus ojos, pero lo que esperaba nunca llego.

—¿Qué haces aquí? – su voz sonaba extraña, sus ojos se movían desesperadamente, ya entendía como se veía una persona ebria – Eren.

—Levi – llevo su mano a esas mejillas esa mirada empezó a relajarse – vengo a curarte si me lo permites, también puedo traerte agua.

—Vete, quiero estar solo – se levantó, fue al baño llegó con un vaso con agua – ¿no obedeces?

—Tú no eres mi capitán – le sonrió el azabache empezó a tomar el agua – déjame ver el cuello.

Dejó el vaso en la mesita, se acostó dejando su cuello visible no volvió a hablarle, eso le facilitó el tratar la herida, desde ese día se había percatado que Levi parecía no sentir dolor, colocó la gasa fue al baño a desechar los algodones sucios.

Al ingresar, notó que sus ojos estaban perdidos, podía afirmar que es cuerpo presente, pero mente ausente, tomó asiento colocó sus dedos en esa fina mejilla la acarició, sabía que sus dedos eran duros por tocar todos esos instrumentos, pensaba que no debía ser agradable sentirlo, así que alejó sus dedos.

—Sigue – la gruesa voz de Levi lo hizo detenerse – se siente agradable.

No dudo en continuar, siguió recorriendo ese fino rostro que lentamente iba cerrando sus ojos, parecía un niño que se negaba a quedarse dormido, sus ojos luchaban para no cerrarse en su totalidad, era hermoso.

—Dime mocoso de mierda, ¿Qué estás haciendo conmigo? – él tomó su mano le dejó un beso en la palma – cada vez que estas cerca, siento que tengo el derecho a vivir.

Quería escuchar más, pero se percató que se había quedado dormido, no quería dejarlo, su ser le gritaba que se quedara a su lado y por primera vez le hizo caso.


Bueno lamento la tardanza, espero les gustara, si es así háganmelo saber.

Sin más Ame las ama.