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—Si me hubieras dejado, habría hecho mucho más que robarte un beso… —Sus manos acarician la espalda de Draco, que sonríe de forma traviesa.

—¿Ah, sí? ¿Como qué?

Harry intenta besarlo en respuesta, pero él echa la cabeza hacia atrás y alza una ceja, interrogante.

—Se me ocurre algo ahora…

Un suspiro escapa de la boca de Draco cuando Harry hunde el rostro en su cuello, respirando en su piel sensible el aroma a sudor, olor corporal y exquisito perfume francés que ha usado esa noche. Despacio, desliza los labios por su mandíbula y continúa acariciando su rostro, sus mejillas y la respingada nariz. Draco mueve sus labios, que se abren a su paso, anhelantes. Pero Harry no cede y prosigue con esa sensual tortura, haciendo que sus piernas tiemblen de antelación.

Tampoco puede dejar de suspirar. Ni siquiera cuando Harry los conduce a uno de los cubículos del solitario baño y comienza a desabrochar los demás botones de su camisa. Sólo puede admirar cómo lo hace, conteniendo la respiración y el deseo de imitarlo.

No puede dejar de suspirar. Ni siquiera cuando Harry los conduce a uno de los cubículos del solitario baño y comienza a desabrochar los demás botones de su camisa. Sólo puede admirar cómo lo hace, conteniendo la respiración y el deseo de imitarlo.

Una vez con el torso desnudo, Harry se lanza a ciegas a lamer y succionar sus rosados pezones, haciendo que se retuerza de placer. Luego besa la delicada zona, y con su lengua, inicia un lento recorrido hacia abajo, pasando por su vientre hasta el pubis, donde nace el vello rubio que cubre su sexo, y hunde la nariz en la apertura de los pantalones hechos a medida y se pelea con el botón, que no logra abrir.

—¿Qué es esto, un tipo de cinturón de castidad o algo así?

Draco comienza a reír en pequeños jadeos y Harry abre los ojos, buscando los suyos desde abajo, que le observan expectantes y nublados de lujuria.

—Déjame a mí.

Los dedos de Draco voltean la tela, descubriendo un pequeño botón interior y una cremallera oculta. Al mismo tiempo, Harry desabrocha sus propios pantalones y se frota por encima de la ropa interior, mientras frente a él, a escasos centímetros de su rostro, Draco introduce una mano en sus calzoncillos y masajea su pene. Excitado, Harry se aproxima a su pelvis y posa los labios ahí, respirando de manera entrecortada sobre la fina tela.

Draco enreda su otra mano en el pelo negro que tantas veces ha imaginado aferrar durante el sexo. Lo atrae hacia él, restregándose contra los labios calientes y entreabiertos que suspiran profundamente. Y en ese momento, Harry le baja los pantalones y aprieta sus glúteos, a la vez que saca la lengua y lame todo cuanto puede.

El juego continúa con lentitud. Besos húmedos y sonidos eróticos que con el tiempo inundan el baño. Con los pantalones y la ropa interior en los tobillos, Draco se deshace en gemidos que intenta contener mordiéndose los labios con fuerza. La cabeza de Harry se mueve despacio, engullendo su miembro en un exquisito vaivén, mientras imita el ritmo con su mano en su propia polla.

—Por favor… —suplica Draco en un susurro, casi un ronroneo.

Pero Harry no cesa ni un instante. Mece la cabeza, buscando llenar su boca cada vez más, más adentro. Su otra mano acaricia el firme trasero de Draco, cuyos dedos enganchados a las hebras de cabello azabache de Harry tiran de él para que se detenga, porque no puede soportarlo más.

—Por favor, Harry, necesito que me folles —pide con la voz ronca. Y el ruego es acatado como una orden.

—Pero sin lubricante…

—Usa saliva.

Harry se pone de pie, quedando uno frente al otro. Se observan de cerca, perdidos en los ojos y los labios hinchados del contrario. Draco retira los cabellos húmedos pegados a la frente sudorosa de Harry y lo besa con calma, saboreando su propia esencia en su lengua, mientras se frotan en busca de una fricción tan brusca como perfecta. Draco suspira su nombre y siente que puede correrse sólo con eso.

La confusión azota la mente de Draco cuando siente la respiración de Harry en su nuca. No sabe cuándo ni cómo ha acabado de cara contra la pared del cubículo ni dónde está su camisa, sintiendo el pecho desnudo de Harry sobre su espalda. Pero todo eso deja de tener relevancia cuando Harry traza un camino de besos hasta su entrada y sus labios rozan la delicada piel que la rodea, primero con suaves caricias y después con la lengua, introduciéndola en el estrecho interior.

Draco echa la cabeza hacia atrás, apretando los dientes y murmurando palabras sin sentido, moviendo las caderas para profundizar el lascivo contacto. Siente su respiración profunda entre sus glúteos conforme la traviesa lengua lo penetra cada vez más hondo, jugando con la intensidad y la velocidad de las embestidas.

Cuando lo siente suficientemente mojado, Harry lame un dedo y lo desliza en su entrada. La espalda de Draco se arquea ante la repentina intrusión, pero Harry reparte suaves besos sobre su espalda, lame y muerde el lóbulo de su oreja, y consigue que se relaje y entregue a las sensaciones. Hace y deshace el mismo camino tantas veces que pierde la cuenta, durante el tiempo necesario para que Draco esté preparado.

Un quejido escapa de los labios de Draco cuando Harry retira los dedos e intenta lubricar su pene con más saliva. Está empezando a dudar de que sea una buena idea, pero los gemidos demandantes de Draco le convencen para llegar hasta el final. Le obliga a girar la cabeza y lo besa, un beso húmedo y caliente, mientras la punta de su polla se hunde en la exquisita cavidad. Y poco a poco, a un ritmo unánime, Draco busca elevar el contacto y Harry se entierra más en él. Como un baile. Hasta que, al fin, logran alcanzar un punto placentero para ambos.

Harry aumenta y disminuye la intensidad cuando les falta el aire, llevándolos al borde del orgasmo. Una y otra vez. Pero todo tiene un límite y las penetraciones comienzan a ser más rápidas y esporádicas, incontrolables. Intenta alargar el momento, pero el interior de Draco se contrae alrededor de su polla, haciendo exquisita la sensación de estar dentro de él, y sus gemidos son lo único que escucha aparte del sonido que provoca el choque de su pelvis contra los glúteos en cada embestida. Y así es imposible detenerse.

Alcanzan el orgasmo al mismo tiempo, con un sonoro gemido que hace eco en las frías paredes del baño. Sus cuerpos empapados de sudor comienzan a temblar en cuanto se separan para recuperar el aliento y el calor abandona sus mentes.

De repente, oyen la puerta del baño siendo abierta y ambos contienen la respiración, mirándose a los ojos. Un cúmulo de emociones les invade ante la perspectiva de ser descubiertos de esa manera, semidesnudos, sudorosos y cubiertos de fluidos corporales. Una mezcla de vergüenza, adrenalina y diversión.

—Harry, ¿estás aquí? —pregunta Hermione en voz alta. No saben qué hora es, pero imaginan que la fiesta está a punto de terminar.

Hermione suspira y, cuando cierra la puerta, ellos comparten una sonrisa cómplice.

—¿Quieres volver al Baile? —pregunta Harry, recogiendo la camisa de Draco de la tapa del retrete.

—Mmm… ¿tienes algún plan? —Draco se pone la camisa sin abrocharla y mira a Harry, expectante por saber qué se le ocurre. No quiere separarse de él. Aún no.

—Podemos arreglarnos la ropa y fingir que no ha pasado nada. Si quieres, te dejo que me pegues un puñetazo para que piensen que nos hemos peleado y no sospechen…

—Uh, qué prometedor.

—O podemos escabullirnos lejos de las miradas de todo el mundo a un lugar más privado.

Draco sonríe ante esa idea.

—¿Y qué lugar es ese? —pregunta en voz baja, mientras rodea el cuello de Harry con sus brazos y se acerca a su rostro.

—La habitación de algún profesor, por ejemplo —susurra sobre sus labios—. Creo que el de pociones, que casualmente eres tú, estaría encantado de prestárnosla para algo tan importante.

—Déjame pensar… —dice antes de besarle con pereza. Un beso lento y cargado de sentimientos—. Aunque la primera opción es muy tentadora, creo que elijo la segunda. Sólo tengo una pregunta.

—Dime.

—¿A qué estamos esperando?

Harry sonríe y lo besa como única respuesta. Es en mitad de ese beso, en el que sus lenguas se buscan en el interior de sus bocas, cuando Harry se da cuenta de que esto, haber sido invitado al Baile de Navidad y haber descubierto sus sentimientos por Draco, es una nueva oportunidad.

Y no piensa desaprovecharla.

Siento el amor,

y lo siento arder

Vayamos a contar estrellas

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FIN


N/A: ¡FELIZ NAVIDAD! Un poco (muy) tarde, lo sé, pero he hecho lo que he podido. Tenía tantas ganas de escribir esto que no he parado hasta quedarme agusto. Creo que ha quedado bien, pero tras hacerle una primera revisión se me ha hecho tan tarde que prefiero publicarlo ya y corregirlo mañana con calma.

Si has llegado hasta aquí, gracias por leer y espero que te haya gustado tanto como a mí escribirlo : 3

¿Alguien se anima a dejar un estúpido y sensual review? ~