Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por apoyarme beteando esta historia.
Capítulo Tres: Novio
Estoy sentado en el porche de enfrente bebiéndome una cerveza cuando Bella finalmente llega.
Está sentada en el lado del copiloto de un carro, y no se necesita ser un genio para adivinar quién está manejando: Garrett. Su novio.
Después de sobornar a Emily con tres galletas de chispas de chocolate —que terminaron quitándole el apetito antes de la comida— me reveló que Garrett era el novio de Bella. También mencionó que era muy divertido jugar a la fiesta del té con Garrett y sabía cómo hacer una voltereta de espaldas en el trampolín.
¿Qué clase de hombre respetable hace una voltereta de espaldas en un trampolín?
Es estúpido, pero me siento muy competitivo hacia este tipo que nunca he conocido. Me sorprende que Bella lo haya traído aquí ya que le dijo a Emily que él no vendría. De repente me pregunto qué haría él si lo reto a un concurso de volteretas.
Me bebo mi cerveza e intento mirar discretamente al carro. Ninguno de ellos hace ademán de salir. Puedo ver que ella está hablando, pero no puedo escuchar lo que está diciendo. Quiero saber qué está diciendo.
Ha estado lloviendo durante las últimas dos horas, pero de repente la lluvia se arrecia y empieza a caer con fuerza. Rara vez llueve así y me dificulta ver qué está pasando dentro del carro. Enfoco la mirada y la puerta del copiloto se abre. Escucho un leve grito y miro a Bella agachar la cabeza y correr hacia la casa.
Y luego está parada en el porche, completamente empapada.
Miro detrás de ella, esperando ver a Garrett, pero entonces el carro se aleja de la banqueta y él se va. No pregunto por qué se va porque no me importa.
—Santa mierda. Tengo una sincronización perfecta —murmura, limpiándose la cara y debajo de los ojos.
Resoplo.
—Sí. Especialmente ya que todos están durmiendo justo ahora.
Se exprime el cabello.
—¿En serio?
—La casa se quedó sospechosamente en silencio cuando todos se levantaron de la mesa —explico, llevándome el largo cuello de botella a los labios—. No quería quedarme con la tarea de lavar los trastes ya que todos se durmieron, así que por eso salí.
Desabrochándose el abrigo, se sienta a mi lado en el columpio del porche. Está usando un suéter e intento robarme una mirada hacia su pecho.
—Buena idea.
—¿Eh? —Me tenso y de repente me siento como un jodido idiota por mirarle las tetas.
—Fue inteligente de tu parte esconderte afuera para no tener que lavar los trastes —explica, sacando una liga de su muñeca para atarse el cabello.
—Oh. —Me río a medias, aliviado porque no me atrapó mirándola—. Cierto. ¿Quieres que vaya a revisar si ya se despertaron?
—Así está bien. No tengo prisa ni nada —dice de forma casual—. Entonces, ¿cómo lograste derrotar al malvado L-triptófano*? —Alzo mi cerveza a modo de respuesta—. ¿Qué usualmente el alcohol no le suma al factor sueño?
—Al parecer, soy inmune a los efectos secundarios de Acción de Gracias —bromeo.
—Entonces, eres como… invencible —musita.
—Tal vez. Pero, o sea, no es que vaya a intentar hacer una voltereta en el trampolín ni nada así. Eso es estúpido.
Ella parpadea, soltando una ligera carcajada.
—¿Qué significa eso?
Me encojo de hombros, riéndome entre dientes. La conversación termina entonces y la única cosa que llena el silencio es la lluvia golpeando el pavimento.
—¿Quieres una cerveza? —pregunto, sintiéndome repentinamente grosero.
Su boca se curva en una sonrisa.
—No sé. No quiero que sea raro.
—¿Por qué sería raro? ¿No tienes veintiún años?
Se ríe y comienza a mecernos lentamente de adelante hacia atrás.
—Tengo veintitrés.
—Y no bebes alcohol.
—Sí bebo.
—¿Entonces por qué sería raro?
—¿Porque soy la niñera de Emily? —lo dice casi como pregunta—. Me sentiría rara bebiendo cerca de Rose y Emmett.
—Ah. —En realidad no sé qué puedo contestar a eso—. ¿Tuviste un buen Acción de Gracias?
—De hecho, me la pasé bien. Sí. ¿Ustedes?
—Estuvo bien. Nadie se ahogó, lo cual siempre es lindo. Emily hizo un berrinche… pero pues también Emmett hizo uno. —Se ríe de eso más tiempo del que esperaría, y sonrío en respuesta. Quiero hacerla reír otra vez.
Baja la vista y me doy cuenta que la estoy mirando fijamente. Siempre la estoy mirando. Me aclaro la garganta, llenando el silencio.
—Dijiste que estarías con tu papá, ¿cierto?
—Sí. Él no sabe cocinar mucho, así que me sentí obligada a proveerle algún tipo de comida de Acción de Gracias. Me siento muy maleducada al llegar aquí sin traer ningún tipo de postre, pero no planeaba venir…
Le quito importancia con un ademán.
—Deberías ver todo lo que hay aquí. Tenemos suficientes postres. Siempre tenemos demasiada comida para seis personas.
—¿Quién más está aquí?
—Mis padres.
Asiente lentamente.
—Los he visto un par de veces. Son agradables.
—Sí, lo son… pero consienten demasiado a Emily.
—Te creo. Pero también Rose y Emmett lo hacen —se ríe, plantando el pie en el porche para detener el columpio.
—Dios —gimo—. En serio que ella puede ser toda una malcriada.
—Es algo bueno que sea tan linda —añade Bella, meneando la cabeza—. Y no finjas que tú no la consientes también.
—No lo hago. No se sale con la suya cuando está conmigo —miento, alzando las cejas—. Debo mantenerla a raya, ¿sabes?
—Eres un mentiroso —dice, riéndose en voz baja.
La puerta de enfrente se abre y mi madre, Esme, asoma la cabeza.
—Ah, ¡ahí estás! —exclama, saliendo—. Veo que estás escondiéndote para no tener que lavar los trastes.
—No. Le hacía compañía a Bella ya que todos estaban dormidos —digo, sonriendo.
Bella se para e intercambian holas y feliz acción de gracias antes de que mi madre le dé un pequeño abrazo.
—Creo que Emily sigue dormida, pero parece que Carlisle no puede esperar más para comer postre —nos dice mi madre, suspirando—. Entren.
Entramos y sigo a mi mamá hacia el comedor, donde Bella saluda a los demás. Mi padre, que usualmente no suele intercambiar muestras de cariño, abraza a Bella. Ni siquiera a mí me abraza.
Casi me empujan a un lado cuando Emmett entra de golpe al cuarto, con un aspecto demasiado emocionado por ver a la niñera de su hija. Retrocedo un paso y miro a Bella contarle animadamente una historia sobre algo a Emmett.
Y luego me quedo ahí parado preguntándome por qué no la he conocido antes cuando parece ser muy cercana a todos los miembros de mi familia.
Rose pasa junto a mí cargando una tarta de calabaza en una mano y una de nuez en la otra. Esme la sigue con una tarta de manzana y otro postre que no conozco.
—¿Edward? ¿Podrías traer los platos? —sugiere Esme.
Asiento y me dirijo a la cocina. Echo mi cerveza al bote de basura a reciclar. Saco seis platos y seis tenedores.
Todos se comen rápidamente el postre antes de adular a Rose por lo delicioso que estuvo todo. Los seis nos quedamos sentados en la mesa, platicando y riendo, contando historias sobre cómo Emily prácticamente hace de las suyas siempre.
Emmett desaparece en la cocina, luego regresa con dos cervezas, entregándome una. Rose le ofrece a Bella una copa de vino y ella la rechaza amablemente, su mirada se encuentra con la mía. Nos sonreímos deliberadamente el uno al otro.
Esme anuncia que pondrá la cafetera e irá a revisar a Emily.
—No puedo creer que siga durmiendo —dice Bella con incredulidad.
—No durmió mucho anoche —responde Rose, de repente se ve preocupada—. Espero que no se esté enfermando, tampoco comió mucho durante la comida.
Toso. Con fuerza.
—Entonces, ¿Bella? ¿Dónde estuvo Garrett para Acción de Gracias? —pregunta Rose por amabilidad.
Aprieto la mandíbula y miro atentamente mi cerveza, de repente me concentro en quitarle la etiqueta.
—Estuvo con su familia —responde Bella—. Sin embargo, me trajo. Les manda saludos a todos.
—Es un chico tan dulce —Rose prácticamente ronronea y esa es mi señal.
Me paro abruptamente de la mesa y comienzo a recoger los platos de todos.
—¿Ya terminaron todos? Yo lavo los trastes —me ofrezco, manteniendo mi mirada lejos de Bella.
—¿Qué estás haciendo, Edward? —pregunta Emmett burlonamente—. ¿Estás intentando impresionar a nuestra invitada al ofrecerte a lavar los trastes?
—Ja, ja —digo secamente, apilando los platos uno sobre otro.
—Yo te ayudo —se ofrece de repente Bella, parándose de su silla.
—Tonterías. Eres nuestra invitada —la regaña Rose.
—Así está bien. No es difícil cargar el lavavajillas —murmuro, forzando una carcajada.
—Tendrás que lavarlos a mano. El lavavajillas está lleno con los trastes de la comida —me informa Rose.
—No me importa ayudar. En serio —insiste Bella, lanzando una sonrisa amigable—. No traje ningún postre, así que es lo menos que puedo hacer.
Me quita unos platos de las manos y no protesto cuando camina frente a mí hacia la cocina. Miro su culo mientras la sigo detrás.
Y luego estamos parados frente al fregadero, codo a codo, lavando los trastes. Estamos callados porque no tengo nada que decir. La risa explota en el comedor mientras Bella sumerge un plato en agua jabonosa.
—No tenías que hacerlo —le digo, agarrando el traste cuando me lo pasa. Lo enjuago, luego lo seco. Nuestros codos chocan entre sí.
—No es nada.
Me entrega el último plato y comienza a lavar los cubiertos.
—Me sorprende que no te haya conocido antes.
—Sí, lo mismo digo.
—Quiero decir, he visto fotos tuyas antes, y Emily te adora, así que siempre escucho cosas tipo tío Edward esto, y tío Edward aquello, pero…
Me río, enjuagando los últimos cubiertos. Bella mete la mano al fregadero y quita el tapón, viendo como el agua se escurre con un zumbido.
Detengo mis movimientos, tomándome mi tiempo para secar. Me encuentro de repente deseando tener más trastes que lavar. Estoy retrasándome a propósito. Todavía no quiero que se vaya.
—Tal vez podríamos ir por una cerveza otro día —sugiere—. Ya sabes, cuando no sea raro.
Quiero preguntarle por qué quiere ir por una cerveza conmigo.
Quiero preguntarle por Garrett.
Pero no le pregunto nada.
Su risa me saca de mis pensamientos.
—Esta es la parte donde dices sí o no —bromea—. No leo mentes, sabes.
Sonrío.
—Sí, no te pareces a Santa.
—¿No? Es gracioso, porque la mayoría de la gente dice que tengo cierto parecido.
Me gusta. No la conozco en realidad, pero su sonrisa y su risa y la forma en que bromea me hacen querer conocerla.
—Podemos ir por una cerveza otro día, claro. No puedo garantizar que no será raro, pero puedo asegurarte que nadie a quien cuides estará ahí.
Nos quedamos parados sonriéndonos hasta que otra ronda de risas hace eco a través de la casa.
—Entonces, ¿tienes que irte pronto, o…?
—No. Me quedaré aquí esperando a que Emily despierte. De hecho, estaba pensando en preguntarle a Rose si podía llevarla a ver la ceremonia de encendido de la estrella que será más tarde en el centro.
Me paso una mano por el cabello.
—Sí, de camino a casa Emily se estaba quejando de que quería ir a eso, pero después del desastre en el desfile creía que me convenía más si no la llevaba.
—¿Qué pasó en el desfile?
—Nada comparado a lo que ha pasado antes, pero estaba haciendo berrinche porque no le pudo decir a Santa lo que quería para Navidad.
—Ah. —Bella asiente, entendiendo—. ¿Así fue cómo salió todo este asunto de que Santa podía leer mentes?
—Exacto. Me sentía desesperado. Casi recurro a admitir que Santa no es real, pero supuse que eso empeoraría las cosas.
—Sí. Yo no iría por ahí diciéndoles a los niños que Santa no es real. Déjalos que lo descubran solos —bromea Bella y me río con ella.
Y así es como, cinco segundos después, el penetrante grito de Emily se puede escuchar a través de toda la casa.
*L-triptófano: es un precursor de la serotonina que promueve el sueño.
Gracias por sus comentarios, alertas y favoritos ;)
