Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por apoyarme beteando esta historia.
Capítulo Cuatro: Santa
—Lo superará —murmuro, dándole un trago a mi cerveza. Y luego el agudo llanto de Emily se escucha desde la otra habitación y hago una mueca, añadiendo—: Algún día.
Bella se sienta de nuevo en el sofá y suspira, mordiéndose la uña del pulgar.
—Me siento mal.
Mi papá está sentado en el sillón de la esquina, roncando ligeramente y completamente ajeno a la crisis que está sucediendo.
—No te sientas mal —le digo a Bella—. Rose y Emmett pensarán en algo. Son inteligentes. Lo arreglarán.
Es entonces cuando Emmett entra a la sala y dice:
—Rose dice que tienes que arreglar esto.
—¿Yo? ¿Por qué yo? —Me tomo mi cerveza.
—Porque tú hiciste esto.
—Tal vez puedas vestirte de Santa o algo así —sugiere Bella, intentando mantenerse positiva.
Me jalo el cabello con frustración y asiento. En este momento estoy dispuesto a intentar lo que sea.
Emmett no se ve tan convencido.
—¿Dónde vas a conseguir un disfraz de Santa en Acción de Gracias?
—¿No tienes uno que me puedas prestar?
—Sí tengo… pero no creo que quieras usarlo.
—¿Por qué no?
—A Rose y a mí nos gusta jugar a Aquí se corre Santa Claus y Bolas sobre campanas.
Parpadeo y me toma un segundo entender lo que está diciendo. Alza las cejas sugerentemente y me paro del sofá.
—De acuerdo. Creo que esa es información que Bella y yo no necesitábamos —digo con sarcasmo, volteando a verla para notar que sus mejillas se ponen rojas—. Ya que usar tu traje está fuera de cuestión, supongo que podría ir a Walmart. Está abierto veinticuatro horas, ¿cierto? Tal vez…
—Creo que mi papá tiene uno —interrumpe Bella—. Quiero decir, en lugar de enfrentarte a las locas multitudes y esperar en fila, yo podría ir por el traje.
Me paso una mano por la boca.
—¿Sí?
—Aunque alguien tendrá que llevarme.
—Yo puedo hacerlo —me ofrezco rápidamente—. Déjame ir por mis llaves.
Pasamos junto a la puerta de Emily de camino a la salida. Está en silencio y asumo que se cansó por haberse alterado tanto. Puede que no esté molesta de momento, pero no puedo evitar sentirme un poco mal. Los niños no deberían escuchar a escondidas, pero no importa. Fue una forma muy de mierda para enterarse que Santa no existe. Tal vez si este plan no funciona, Garrett pueda animarla haciendo volteretas de espalda sobre el trampolín.
De camino a casa del papá de Bella, pasamos junto a un Walmart, y gimo ante el mar de autos que hay en el estacionamiento.
Bella mira hacia atrás cuando pasamos por ahí.
—Dios mío. ¿Viste la fila de gente esperando afuera?
—La gente está loca —murmuro, sacudiendo la cabeza y agradecido de que no tengamos que lidiar con ese desastre.
Diez minutos después, Bella está señalando cuál es la casa de su padre y me detengo en la entrada.
—Deberías entrar —dice, desabrochándose el cinturón—. Tiene más sentido que te pongas el traje antes de regresar.
—Cierto. Sí.
Me bajo y la sigo dentro.
—¿Está tu papá?
—Tuvo que irse a trabajar.
—¿En Acción de Gracias?
—El crimen nunca duerme —dice con voz profunda y no es hasta que se ríe que me doy cuenta que probablemente está imitando a su papá—. Creo que hay una caja con cosas de Navidad en el armario del pasillo. Ahora regreso.
Me meto las manos a los bolsillos y me quedo parado con torpeza en la sala. Veo unas fotos sobre la chimenea y me acerco a ellas. Hay una de una Bella más joven patinando sobre hielo con quien asumo es su papá. Hay una foto más reciente de ella usando un birrete y toga de graduación, está con el hombre de la foto del patinaje, y una mujer mayor.
La voz de Bella me sorprende.
—Mis padres —resopla—. Creo que es la única foto donde han posado juntos aparte de la de su boda.
Asiento, no sé cómo responder a eso.
—¿U-Dub?
—Sí, me gradué el año pasado.
—Igual. O sea, también fui a U-Dub. Pero no me gradué el año pasado. Soy un poco más grande que tú —respondo, presionando mis labios en una sonrisa.
—¿Qué, clase del ochenta y nueve? —se ríe como si fuera la cosa más graciosa del mundo.
Pongo los ojos en blanco, pero me encuentro riéndome también. Su risa es contagiosa.
—No soy tan mayor. Me gradué hace tres años.
—Ah —murmura al dejar en el suelo la caja de cartón.
Me acerco y me asomo en la caja mientras ella busca entre sus contenidos.
—Ten. —Me entrega unos pantalones de felpa rojos y una chaqueta a juego—. Tal vez puedas ponértelo sobre la ropa.
—No veas —bromeo, me pone los ojos en blanco como respuesta.
Me pongo los pantalones una pierna a la vez, luego me quito mi abrigo antes de ponerme la chaqueta de Santa. Me subo el zipper y dejo caer los brazos a mis costados, no estoy muy impresionado con cómo me veo.
—Es muy grande —me quejo, enfatizando mi punto al estirar la tela lejos de mi cuerpo.
—Juro que había un cinturón a juego… —se calla mientras busca en la caja—. Ah, aquí está. —Me entrega de nuevo el cinturón y lo envuelvo en mi cintura.
—De acuerdo. Dame la barba. —Me lanza la barba y me paso la banda elástica sobre la cabeza, acomodándola en su lugar—. ¿Cómo me veo? —pregunto, mi voz suena ahogada por la barba falsa.
Bella echa la cabeza atrás y se ríe.
—Nada mal. Te queda muy bien.
Me entrega un par de cubre botas negros para ponérmelos sobre mis zapatos.
—Una cosa más —dice, acercándose. Se acelera mi respiración y la miro. Alza los brazos y se para de puntillas para poner un gorro de Santa sobre mi cabeza. Sonríe y sus labios están justo ahí, luego retrocede un paso—. Perfecto.
Me froto la nuca y me río sin humor.
—Más les vale que esto funcione.
El viaje de regreso a casa de mi hermana se pasa prácticamente en silencio. Bella me detiene antes de abrir la puerta principal.
—Oye —susurra, agarrándome el brazo.
Frunzo el ceño.
—¿Sí?
Sus labios tiemblan cuando sugiere.
—Tal vez deberías practicar tu actuación de Santa antes de entrar ahí.
Me río, ajustándome la barba.
—Estás disfrutando de esto.
—Tal vez un poco —admite—. Vamos. Déjame escucharte.
—Jo, jo, jo. Feliz Navidad.
Sacude la cabeza con decepción, empujándome juguetonamente el pecho.
—¿Dónde está la emoción, Edward? ¿Dónde está el espíritu de Navidad?
—¡Jo, jo, jo! ¡Feliz Navidad! —digo en voz más alta esta vez, bajando mi voz unas cuantas octavas.
—Demasiado. Así que encuentra un punto medio y estarás bien.
—Muchas gracias, rufián —me río, resistiendo la urgencia de pellizcarle un costado, lo cual en realidad sería solo una excusa para tocarla.
Bella entra primero para asegurarse de que Emily no esté cerca. Emmett rompe en risas inmediatamente al verme.
—Te queda bien el conjunto, hombre. —Le enseño el dedo medio—. Eso no es muy alegre de tu parte.
—Chicos —nos regaña Esme—. Edward, ve a sentarte en el comedor y traeremos a Emily.
Bella me sigue y nos dirigimos al comedor. Saco una silla y muevo con nerviosismo mi rodilla hasta que escucho la voz de Emily al final del pasillo.
Y luego entra corriendo al comedor, sonriendo de oreja a oreja cuando me ve.
—¡Santa! ¡Estás aquí! ¡De verdad estás aquí!
—Escuché que querías verme, así que… —me aclaro la garganta, bajando la voz—. Reuní a mis renos y vine lo más pronto posible.
Se detiene en su lugar, mirándome con sospecha.
—¿Creí que los renos solo podían volar en Nochebuena?
Soy terrible en esto. Soy jodidamente terrible en esto.
Bella asiente e intenta salvar la situación.
—Es cierto que los renos solo pueden volar en Nochebuena. Pero cuando alguien deja de creer en Santa, él hace un viaje especial para ayudarlos a creer de nuevo.
La niñera es un jodido genio.
—¿Viniste solo por mí? —pregunta Emily en voz baja, girándose de regreso a mí.
—Por supuesto que sí, Emily —digo en tono alegre. Tal vez demasiado alegre, porque Bella sacude discretamente la cabeza, indicándome que le baje un poco.
Emily se gira y le sonríe a Rose.
—¡Se sabe mi nombre, mami!
Rose se ríe.
—¿Por qué no te acercas y le dices lo que quieres para Navidad, Emily? Estoy segura que Santa está muy ocupado y debería irse pronto.
Palmeo mi regazo y avanza unos pasos tentativos hacia mí.
—Ya no estás gordo —me analiza al subirse a mi rodilla.
—Estoy en una… dieta especial.
Nos quedamos en silencio y Emily me mira durante un minuto. Puede que sepa lo que estoy haciendo.
—Entonces, Emily, ¿qué quieres para Navidad?
—Te acabo de decir —responde simplemente—. Mi tío Edward dijo que podías leer mentes, así que acabo de pensar en lo que quiero.
—Oh. —Carajo.
—Mi amigo Seth de la escuela me dijo que las mamis y papis son los que ponen los regalos debajo del árbol, pero no le creo.
—No te preocupes por Seth. Él recibirá carbón en Navidad.
Emily aplaude ante eso.
—Pues ahora que sé lo que quieres, es mejor que me vaya. Mis renos necesitan ir a… hacer cosas. —Debería dejarle esas mierdas creativas a Bella.
—Espera. ¿Dónde está mi regalo? —pregunta Emily, jalando mi chaqueta.
—¿Cuál regalo?
El tono quejumbroso está de regreso.
—¡El regalo en el que acabo de pensar, Santa!
—Todavía no es Navidad, Emily —le recuerda Esme con voz gentil.
—Pero cuando te veo en el centro comercial, siempre me das un regalo. ¡Quiero mi regalo!
—Mis renos se lo comieron —escupo porque es la única cosa en la que puedo pensar. Ella comienza a sollozar.
—Si fueras el Santa de verdad, ¡no dejarías a los renos comerse los regalos! ¡Eres un cabeza hueca!
Su humor cambia tan rápidamente que ni siquiera sé qué carajos está pasando.
—Apuesto a que no puedes leer mentes —me acusa, respirando entrecortadamente.
—Emily Elizabeth —la regaña Rose—. Necesitas detenerte en este momento.
—Si puedes leer mentes, ¿qué es lo que quiero para Navidad? —pregunta de repente.
Carajo. Es buena. Me devano el cerebro intentando pensar en algún juguete que haya mencionado recientemente. Mi mente está en blanco y ser Santa es mucha presión. No puedo lidiar con eso. No puedo lidiar con esto.
—Um…
—¡Eres falso! ¡Eres falso! ¡Mi tío Edward tenía razón! —grita, se baja de un salto de mi regazo y sale corriendo del comedor.
—Edward. Tienes que arreglar esto —espeta Rose, quemándome con su mirada antes de que ella y Esme se apresuren a salir de la habitación para consolar a Emily.
—Ni siquiera sé qué acaba de pasar —admito, quitándome el gorro y la barba—. No creí que ese asunto de leer mentes regresaría para morderme el culo.
—Creo que todo se fue cuesta abajo luego de que mencionaste que el reno se comió su regalo —me informa Bella con una carcajada.
—No tengo idea de por qué dije eso —murmuro, frotándome la frente.
Bella suspira.
—Creo que hemos hecho todo lo posible. Pobrecita.
—Espera. Escuchen. —De repente, Emmett se acerca y comienza a hablar en voz baja—. Iba a ir a Walmart para formarme y esperar este juguete que ella quiere. Hasta ahora ya se agotó en todas partes, pero al parecer ellos recibirán un cargamento grande a las nueve esta noche.
No lo entiendo.
—¿Y?
—Pues Rose dijo que tenías que arreglarlo, ¿cierto? Si vas a Walmart y le consigues el juguete, luego apareces aquí con tu traje, no hay forma en que ella no pueda creer en Santa.
Quiero decirle que no importa. ¿A quién le importa si ella no cree en Santa? Todo es una mierda y es mejor para ella que sepa la verdad. Pero luego miro a Bella, que está frunciendo el ceño. Saber que ella se siente mal por esto me hace sentir de mierda.
Suspiro derrotado.
—De acuerdo. ¿Cómo sabemos que el juguete en el que ella estaba pensando es el mismo en el que nosotros estamos pensando?
—Porque lleva semanas pidiendo este juguete. Créeme. Conozco a mi hija. —Bella y yo lo miramos—. Y… tal vez Rose me dijo que lo ha estado pidiendo.
Papá del año.
Pienso en el estacionamiento lleno y la fila de gente esperando afuera cuando pasamos por ahí.
—Por qué no vas tú a formarte para ese juguete —sugiero—, y luego yo se lo puedo dar.
—No. Así está bien. Estoy bien. Probablemente ya deberías irte.
—Son las cuatro de la tarde —digo sin emoción.
—Exacto. Debiste haberte ido hace una hora —dice Emmett con seriedad, mirando su reloj.
—Si planeabas ir, ¿por qué sigues aquí?
—Porque alguien decidió que quería andar por ahí diciéndoles a los niños que Santa no existe. Tuve que lidiar con esas mierdas aquí.
—Cierto. Porque tú fuiste quien tuvo que lidiar con eso. Tú fuiste quien tuvo que disfrazarse de Santa.
Le quita importancia con un ademán.
—Semántica. Pero en serio, ya deberías irte.
—Amigo. ¿En serio? ¿Por qué alguien esperaría cinco horas formado solo por un juguete?
—¿Alguna vez es solo un juguete?
¿Qué carajos significa eso?
—Bien, como sea. Carajo, me debes una. —Frunzo el ceño.
Rose regresa al comedor con las fosas nasales dilatadas. Avanza dando pisotones hacia mí y me encojo cuando hace un puño y me pega en el brazo.
—¡Carajo! —grito.
—Nena, espera. —Emmett le pone una mano en el hombro, sonriendo de forma forzada—. Tenemos una idea. Si esto no funciona, puedes patearle el culo más tarde.
Rose cruza los brazos mientras Emmett le cuenta el plan. La rabia no se desvanece por completo de su mirada, pero al menos ya no temo por mi vida.
Luego de que todos se calman, pregunto qué se supone que debo comprar.
—Un bebé que brilla cuando está en el sol —dice Emmett.
—Por supuesto que brilla. Es un hada —dice Rose, fulminando con la mirada a Emmett—. Es la edición más reciente de la serie de muñecas Hada en Mundo Maravilla. Han estado agotadas en todas las tiendas desde hace meses, pero escuchamos que Walmart será la única tienda que recibirá un cargamento antes de Navidad.
—¿Cuál es la muñeca que quiere? —pregunta Bella.
—Quiere la Princesa Resplandor. No la de Cuento de Hadas, sino la que viene del Bosque del Oeste; Princesa Luna Resplandor.
Bella asiente como si entendiera qué carajo está diciendo Rose.
—Una de las rubias. Pero asegúrate de que sea la rubia con vestido azul, no el azul marino —me dice Rose y me sudan las palmas.
Cometo el error de preguntar cuál es la diferencia entre azul y azul marino.
—No seas idiota —bufa Rose—. Y asegúrate de agarrar el paquete de accesorios que viene con las alas que brillan en la oscuridad.
Respiro profundamente.
—Bien, entonces iré a formarme, agarraré la muñeca y salvaré el día.
Se sueltan riendo.
—¿Crees que será así de fácil? Solo prepárate para la locura. —La advertencia de Emmett no me ayuda a calmar mis nervios.
—No hagas contacto visual con nadie —dice Rose severamente—. La gente asumirá que son amigos e intentarán meterse a la fila.
—O intentarán lastimarte —añade Emmett, riéndose.
—Y cuando agarres la muñeca, tienes que correr. Corre a la caja más cercana y, hagas lo que hagas, no voltees hacia atrás.
Trago pesadamente.
—Uh. Bien, ¿cuál era el nombre del hada? ¿Princesa Resplandor del Bosque?
Los tres comparten una mirada.
—¿Sabes qué? Puedo acompañarte —se ofrece Bella—. Sé cuál muñeca es, así que podría ser más fácil si estoy ahí para ayudar.
—Cierto. —Emmett asiente—. Y si alguno de ustedes resulta apuñalado, el otro puede conseguir el juguete.
Rose finalmente sonríe, viéndose aliviada.
—Bien pensado, Bella.
Intento sonreír, pero sus palabras no dan consuelo. Atrapo la mirada de Bella y me dedica una sonrisa de simpatía.
—Gracias por ofrecerte a venir conmigo —digo cuando Rose y Emmett salen del cuarto.
—Está bien. Te veías como un ciervo ante los faros de un auto durante toda esa conversación, así que…
—Te refieres a un reno ante los faros de un auto, ¿cierto?
Mi pecho se siente ligero con el sonido de su risa y sonrío lentamente. Está mal, pero de repente siento la abrumadora necesidad de jalarla a mi regazo.
Sigo usando el tonto traje de Santa, pero no me importa porque ella pasará las siguientes cinco horas conmigo, no con Garrett Voltereta.
Es obvio que está haciendo esto por Emily. Sé que pasaremos nuestro tiempo parados entre desconocidos —posiblemente resultemos apuñalados por ellos— pero no puedo encontrar en mí la energía para que eso me importe justo ahora.
Y así es como, treinta minutos más tarde, Bella y yo estamos entre la gente loca formada afuera de Walmart.
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