Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por apoyarme beteando esta historia.


Capítulo Cinco: Coqueteo

—Jaque mate —anuncio triunfante.

Bella gime, alzando la vista de su teléfono para lanzarme una mirada de molestia. El viento arrecia y le sopla el cabello en la cara. Puedo ver su aliento frente a ella cuando exhala. El sol se metió hace una hora, ahora está oscuro y jodidamente frío.

—Juro que estás haciendo trampa —murmura, cruzando los brazos sobre su pecho.

Sacudo la cabeza, pero mantengo la sonrisa presumida en mi cara.

—¿Cómo podría hacer trampa? No es posible.

Exhala un aliento de molestia y miro sus labios cuando se queja.

—No sé cómo estás haciendo trampa; solo sé que debes estar haciéndolo.

Cuando llegamos hace dos horas, buscamos a un empleado y le explicamos por qué estábamos aquí. Después de reírse en nuestras caras por dos minutos completos, ella nos dijo que —para garantizar la seguridad de las personas— todavía no se permitía que se formaran y nos darían instrucciones a todos respecto a la muñeca en el momento debido.

Con todos adentro empujando, gritando y actuando como animales, decidimos que era mejor si evitábamos la locura y nos quedábamos afuera. Así que hemos estado sentados junto al edificio, enfrentándonos al frío y jugando Chess With Friends para pasar el tiempo. Bella todavía no ha ganado ni un solo juego. Yo lo encuentro muy gracioso, mientras que ella se está frustrando.

—¿Otro juego? —pregunto, chocando su hombro con el mío.

Antes de que pueda responder, una mujer y un hombre salen gritando de Walmart, cada uno empujando un carro lleno de cosas. No sé por qué están corriendo y gritando, y de verdad me asusta.

Comparado con la gente aquí, me siento muy seguro al saber que Bella y yo somos los más normales de entre todos. O lo más normal que puedes ser usando un traje de Santa en público.

Una mujer y su hija pasan a nuestro lado. Ella me lanza una mirada letal y se acerca más a su hija al costado.

—Creo que debería meterme al carro y quitarme el traje —le susurro a Bella—. Es la sexta mamá que me mira feo.

—No seas tan sensible. El traje es festivo —me asegura Bella—. Te ves bien.

—Sí, pero sin el gorro y la barba, soy solo un tipo raro parado afuera de Walmart usando un traje de Santa.

—Buen punto. Tal vez deberías quitártelo —acepta.

Corro al carro y me quito el traje, echándolo en el asiento trasero. Me pongo mi abrigo y le pongo los seguros al carro, y para cuando regreso con Bella, ya está ahí una chica con un chaleco azul entregándole un ticket numerado. No nos da ninguna instrucción antes de desaparecer.

—¿Para qué es esto? —le pregunto a Bella.

—No tengo idea. Vino y me preguntó si estaba aquí por la Princesa Luna Resplandor. Cuando dije que sí, me entregó este ticket y se fue…

Miro a mi alrededor, ubicando al empleado más cercano, y camino hacia él.

—¿Disculpa? ¿Puedes decirme qué es esto?

Me dedica una mirada de desinterés.

—Es un ticket.

—Claro. ¿Para qué es? —pregunto, molesto por su actitud.

—Es para la rifa —murmura, girándose para regresar adentro.

Bella aparece a mi lado.

—¿Cuál rifa?

El empleado se detiene ante el sonido de su voz y prácticamente ruedo los ojos cuando le dedica su atención por completo.

—Pues solo tenemos un número limitado de muñecas Princesa Luna Resplandor, así que estamos entregando tickets para hacer una rifa. Al parecer, las cosas se salieron de control el año pasado, así que esto debería mantener todo en orden.

Saco mi cartera y guardo ahí el ticket.

—Solo para no tener que estar aquí desperdiciando nuestro tiempo, ¿exactamente cuántas muñecas tienen? Porque si son menos de cien, no creo…

—No tengo permiso para decir eso —me dice severamente.

Resoplo.

—¿No tienes permiso? Vamos. No es como que sea una mierda ultra secreta.

Su mirada se endurece.

—Tenemos una política muy estricta que esperan que sigamos.

Intento no mirarlo como si fuera un jodido idiota, pero no puedo no hacerlo. Solo quiero que el tipo nos diga cuántas muñecas recibieron para saber si deberíamos siquiera molestarnos en quedarnos. Antes de poder decir algo más, Bella se acerca a él y le sonríe cálidamente antes de mirar su gafete.

—Jake. Ese es tu nombre, ¿cierto? —cuestiona, prácticamente batiendo sus pestañas.

Él sonríe y estoy muy seguro que se sonroja.

—Pues es Jacob.

—Jacob. Me gusta ese nombre —se ríe—. Soy Bella. Creo que no te he visto trabajando aquí antes.

Ruedo los ojos ante su obvio intento de coquetearle al empleado para sacarle información. Esto no funcionará de ninguna manera.

—Empecé hace una semana —dice tímidamente—. Y estoy seguro de que lo recordaría si te hubiera visto.

Bella se ríe tímidamente.

—¿Apenas llevas una semana trabajando aquí? Vaya. Nunca lo habría sospechado. Estás haciendo un increíble trabajo.

—¿Sí? No estoy curando el cáncer ni nada así, pero…

—No, de verdad que no —interrumpo, enterrando las manos en los bolsillos de mi abrigo.

—¿Siempre trabajas los jueves? —pregunta, con la sonrisa coqueta todavía en su rostro. Él asiente tontamente—. Qué genial. Yo usualmente también estoy aquí los jueves.

—Tal vez te veré por ahí. Usualmente trabajo en el departamento de jardinería.

—Me encanta el departamento de jardinería —dice, y esto se está volviendo jodidamente ridículo—. Te dejaré volver a trabajar, pero antes de eso… tal vez puedas hacer algo por mí.

—Lo que sea —exhala.

—Te daré mi número, si tú me das otro número… —Él tarda un segundo en responder—. ¿Puedes decirnos el número de muñecas que recibieron? Sé que se supone que no debes decirnos, pero… no se lo diré a nadie más. —Él se ve escéptico—. Puedes susurrármelo al oído.

Los ojos de él se mueven hacia mí y el patán me sonríe presumidamente cuando se inclina y le susurra al oído. Parece estarle diciendo más que solo un jodido número y tengo que apartar la vista. Finalmente se separan y sus enormes dedos teclean en su teléfono mientras ella le dicta su número.

—En serio eres el mejor, Jacob —ronronea—. Muchísimas gracias.

—Cuando quieras, Bella. —Se va, pero no sin antes guiñarle. Por supuesto que el cabrón guiña.

Me suelto riendo cuando él está fuera del alcance y comienzo a aplaudir lentamente.

—Vaya. Estoy impresionado.

—Cállate. —Asiente hacia el estacionamiento—. Vamos a tu carro.

Camino a su lado.

—¿Por qué? ¿Ya nos vamos?

—No. Según Jake, la rifa no comienza hasta dentro de dos horas, así que supuse que podríamos esperar en tu carro hasta entonces. Ya no puedo sentir los dedos de mis pies.

Su sugerencia de esperar en mi carro es completamente inocente, pero no puedo evitar pensar que en realidad no lo es. O tal vez solo espero que no lo sea.

—No puedo creer que le hayas dado tu número a ese payaso —digo cuando estamos en el carro. Enciendo la calefacción, frotando las manos frente a la ventilación.

—¿Payaso? Parece inofensivo.

—Es un imbécil, Bella —enfatizo—. Ese tipo de hombres nunca son inofensivos. Y te guiñó. Es un guiñador.

Sonríe ante eso.

—Sí, pero no es como que vaya a salir con él de verdad.

Suspiro, supongo que ya la he molestado lo suficiente.

—¿Y? ¿Qué te dijo? ¿Cuántas muñecas recibieron?

—Cincuenta.

Asiento ausentemente. El lado pesimista —que también resulta ser el realista— de mí resplandece.

—Sí, creo que no vamos a conseguir la muñeca.

—¿Por qué piensas eso? —cuestiona, chasqueando la lengua con desaprobación.

—¿Cómo puedes no pensarlo?

—Elijo ser positiva.

—Oye. Estoy positivamente… seguro de que estás delirando.

—Bien, ¿te quieres ir entonces? Porque creo que, ya que estamos aquí, bien podríamos quedarnos. Y solo piensa que si algo pasa y terminas apuñalado por una de las personas locas de ahí adentro, tendrás una historia muy genial que contar. Y luego todas las chicas te amarán.

Suelto una carcajada.

—A menos que muera. Entonces no tendré historia que contar. Porque estaré muerto.

Ella lo piensa.

—Bien, cierto. Pero no te dejaré morir.

—Eres demasiado amable —digo burlonamente—. Bien. Podemos quedarnos a la rifa. De todas formas, me gusta estar contigo —admito, bajando la calefacción para tener algo que hacer aparte de mirarla.

—También me gusta estar contigo —dice suavemente.

Sonrío.

—Muy bien.

—Muy bien. —Me regresa la sonrisa, quitándose la bufanda. Se agacha para dejarla junto a sus botas, luego agarra el estuche de CDs que está en el piso—. Dios mío. ¿La gente todavía tiene estas cosas?

—Ya ni siquiera los escucho. Solo están ahí.

—Uh huh. —Abre el estuche y revisa mis CDs. Se ríe, pero no dice por qué y pongo los ojos en blanco.

—Te estás riendo mientras revisas mis mierdas. Eso no es muy amable.

Me ignora, sacando gentilmente un disco en blanco de una de las bolsitas.

—Oh, ¿qué es esto? ¿Haces CDs mezclados?

—Probablemente no tiene nada —miento.

—No puede ser cierto —murmura, inspeccionando la parte frontal del CD—. Dice justo aquí: Popurriz, con "z"…, entonces, claramente hay popurrís aquí. Con "z".

—De acuerdo, ahora solo estás siendo cretina —la acuso, estirando la mano hacia el CD.

Mete el disco al estéreo antes de poder detenerla.

—Solo quiero que sepas que hice este CD cuando estaba en la preparatoria y…

I'm Gonna Be de The Proclaimers se escucha a través de las bocinas, interrumpiéndome. Me remuevo incómodo en mi asiento. Puedo sentir su mirada en mí y aparto la vista con reticencia. Se ve como si quisiera reírse, pero todo lo que hace es sonreír.

Intento defenderme con:

—¿Quién no amó esta canción en algún momento de su vida? ¿Estoy en lo correcto?

Ella me calla, asintiendo al son de la música.

—El coro es la mejor parte. No hables.

Nos quedamos sentados sin hablar hasta que la canción se acerca a su final.

—¿Ya dejaste de actuar como rufián? —pregunto cuando termina la canción, bajando el volumen.

—No. Quiero ver qué más tienes aquí. —Se queda sentada esperando a que comience la pista número dos, pero I'm Gonna Be comienza a sonar de nuevo. Se ve confundida, pero no dice nada—. Espera un segundo —musita, cambiando repentinamente cada canción en el disco solo para descubrir que todas las canciones son la misma.

Dejo caer la cabeza contra el volante con un gemido de vergüenza.

Bella se carcajea.

—No se puede considerar un CD mezclado si las quince pistas son la misma canción.

Alzo la cabeza.

—Mira. En aquella época…

—En aquella época del popurriz.

—Como sea. Mi reproductor de CD estaba jodido y el botón de repetir no funcionaba ni una mierda.

—Porque todo chico adolescente quiere tener I'm Gonna Be en repetición —bromea—. Sabes que esto refuerza mi broma sobre que te graduaste en el ochenta y nueve, ¿cierto?

—Cállate.

—¿Por qué? Es divertido. Y algo lindo —admite, apartando la vista para sacar el CD antes de volver a guardarlo.

—Bueno, ya me has avergonzado lo suficiente, creo que es justo que reveles algo sobre ti que cause una humillación equitativa.

—No soy una persona vergonzosa.

—Yo juzgaré eso —digo con sarcasmo.

—De verdad no puedo pensar en algo vergonzoso. Al menos, no de inmediato.

Sacudo la cabeza con incredulidad, y comienzo a enlistar cosas que sé sobre ella.

—Bien. Fuiste a UDub. Te gustan los desfiles, coqueteas con imbéciles y ocasionalmente cuidas a una de las niñas más malcriadas de todo el mundo.

—¿Puedes decir eso sobre tu sobrina?

—No podría decirlo si no fuera mi sobrina.

—Cierto.

—Si lo dijeras, tendría que encargarme de que ya no existieran tus días de niñera —digo, intentando mantener la cara seria.

—No puedes descuidar tus obligaciones de tío —acepta sin perder un latido.

—Aunque, si pensaras que es una malcriada, tal vez podría dejarlo pasar. Es Acción de Gracias y estamos sentados en el estacionamiento de Walmart por ella.

—No sé. No es tan malo estar aquí contigo —murmura con una leve sonrisa.

Trago pesadamente.

—Sigo esperando que admitas algo vergonzoso.

—Ya ríndete —dice, exhalando una carcajada.

—Bien. No tiene que ser vergonzoso. Solo dime algo.

Se ve escéptica.

—¿Por qué?

—Siento curiosidad por ti —admito, en voz más baja de lo que pretendía.

Los labios de Bella se presionan en una tensa sonrisa.

—Odio hablar de mí.

—Eso hace que me resulte extremadamente difícil el poder conocerte.

—¿Por qué no solo lees mi autobiografía? Estoy segura que cualquier pregunta que tengas será respondida ahí.

—Odias hablar sobre ti, sin embargo escribiste un libro… sobre ti.

Se ríe de mi comentario.

—No pensé bien esa broma.

—Queda claro.

—Podrías leer mi Facebook. Estoy segura que cualquier cosa que quieras saber estará ahí.

Sonrío y saco mi celular.

—Me parece bien. ¿Cuál es tu apellido?

—¿De verdad me vas a acosar en Facebook?

—Fue tu sugerencia. Tienes que aceptar primero mi solicitud de amistad, luego seremos acosadores consensuales.

—Swan —me dice, buscando su celular en su bolsa—. Ese es mi apellido.

Tecleo su nombre en la barra de búsqueda, su perfil aparece como el primero en la lista. Le doy clic a añadir como amiga, y sonrío cuando acepta la solicitud.

Nos quedamos callados entonces, concentrados en nuestros teléfonos. Miro su foto de perfil. No sé dónde está en la foto, pero está afuera, el cielo está oscuro y está sonriendo. Abro la boca para hablar y casi le digo que me gusta más su sonrisa en persona. Pero me detengo. Porque eso podría sonar raro. Suena lo suficiente raro en mi cabeza.

Rápidamente deslizo el pulgar para ver otra foto. Es ella y —de acuerdo a la etiqueta— Garrett. Lo estoy juzgando. Me río en silencio de su cabello. Se ve como un idiota. Se ve exactamente como alguien que haría volteretas de espalda.

Me paso a la siguiente foto, que es de ella y algunas chicas posando juntas. De repente me doy cuenta que conozco a una de ellas.

—Oye, conozco a la rubia. —Es solo después de haber llamado la atención a la chica que recuerdo cómo es que la conozco.

Bella se inclina sobre la consola para acercarse, asomándose a mi teléfono para intentar averiguar cuál foto estoy mirando. Su hombro se apoya en mi bíceps y su cabello le cae sobre los hombros, rozando mi brazo.

—¿Qué? —pregunto tonta y suavemente.

La mirada de Bella se mueve de mi teléfono a mi cara. Se aparta un latido demasiado tarde.

—Dije que ella es Lauren.

Me aclaro la garganta. Mi mente ya no está en Bella, sino en Lauren. Me muevo a la siguiente foto, esperando poder cambiar el tema de alguna forma.

—¿Cómo la conoces? —pregunta después de un minuto.

—¿Eh? —Estoy haciendo tiempo. Lauren y yo salimos un par de veces. Nos acostamos dos veces. Pero no sé si debería decirle eso a Bella. No fue nada serio, y hablar sobre eso lo hace ser más de lo que realmente fue.

—Pregunté que cómo la conoces —repite.

—Solo la conozco. —La peor respuesta de todas—. ¿Cómo la conoces tú?

—Oh. —Su tono me obliga a verla. Me sonríe a sabiendas, luego mira hacia afuera—. La conoces, conoces.

Ni siquiera sé qué decir.

—Salimos un par de veces —comento.

—Es agradable —dice Bella con indiferencia—. Nunca fuimos muy cercanas. Es amiga de mi amiga Kate.

No sé por qué estoy asintiendo, como si fuera información que ya conocía. Mis palmas empezaron a sudar. Es estúpido. Este no debería ser un tema incómodo, pero lo es. Bella no es cualquiera para mí. Ni siquiera la conocía antes de hoy. No debería importarme lo que piensa y no debería sentirme interesado por ella, especialmente cuando ella ya tiene novio y le gusta coquetear con empleados de Walmart.

La miro mientras guarda su celular, luego se gira en su asiento para quedar de frente a mí.

—Lauren no parece ser tu tipo.

—¿Qué? —Entrecierro los ojos, incapaz de esconder mi sonrisa—. No me conoces. ¿Cómo sabrías cuál es mi tipo?

—Um, ya somos amigos en Facebook, así que te conozco. Además, he estado contigo durante las, ¿qué?, ¿últimas cinco horas? Sé que haces una terrible interpretación de Santa y sé cuál es tu tipo de persona.

—Primero, nadie hace una buena interpretación de Santa. Y segundo, ¿quién es mi tipo?

No responde.

, quiero responder por ella. Tú eres mi tipo. Quiero llevarla de regreso a mi casa y mostrarle lo mucho que ella es mi tipo de persona.

—Me refería a que conozco tu tipo —me corrige después de un minuto—. No sé quién.

—Bien. Dime. ¿Cuál es mi tipo?

Se toma su tiempo para pensarlo, sonriendo para sí cuando se le ocurre una respuesta.

—Alguien con un montón de perforaciones en la cara.

Resoplo.

—Suena sexy.

—Cabeza afeitada —añade, alzando la vista al techo del carro.

—Ahora solo estás siendo mala —la regaño.

—Claro que no.

—Diría que tú eres mi tipo —admito después de un momento, no sé de dónde viene esta repentina osadía.

—¿Yo?

—No tú —miento—. Tu tipo.

—Pero no yo —declara.

Exhalo una risa entrecortada al sonreír. Soy un jodido mentiroso, y por la forma en que me mira, ella también sabe que estoy mintiendo.

—¿Tienes un tipo? ¿Chicos que pueden hacer volteretas o algo así?

Arruga la cara con confusión.

—¿Qué obsesión tienes con las volteretas?

Me encojo de hombros, en realidad no quiero admitir que soborné a Emily para conseguir información sobre Garrett. En lugar de decirle la verdad, pregunto:

—¿Crees que tu novio se pondrá celoso cuando sepa que le diste tu número a un imbécil?

—¿Garrett? —Se ve sorprendida de que lo haya mencionado—. Tal vez. Pero en realidad no tiene derecho de ponerse celoso ya que ya no estamos juntos.

Alzo las cejas con una increíble velocidad y hablo sin pensar.

—Oh. Estás soltera.

Parece encontrar muy graciosa mi reacción.

—Sí. Lo estoy. Al menos, por ahora. Tenía la esperanza de empezar algo con Jake…

—Cállate —me río—. Le dijiste a Rose que Garrett te dejó hace rato, así que asumí…

Se remueve incómoda.

—Las cosas siguen algo raras entre nosotros. Sin embargo, terminamos hace unas semanas.

Quiero preguntarle quién terminó con quién, pero no puedo. No es de mi incumbencia.

—¿Eso es algo bueno o malo? —la cuestiono, esperando que esto me dé lo que quiero saber.

—Algo bueno, creo. —Se detiene, bajando la vista a sus manos. Creo que ya no va a ofrecer más información, así que decido dejarlo así. Pero entonces, ella alza la cabeza y murmura—: Sí. Definitivamente es algo bueno.

Y así es como, tres segundos más tarde, me doy cuenta que la Princesa Luna Resplandor no es la única chica a la que necesito ponerle las manos encima.


Gracias por sus comentarios, alertas y favoritos :)