Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por betear esta historia.


Capítulo Seis: Scrooge

—¿Peor regalo de Navidad? —pregunto, golpeteando el volante con mis dedos al ritmo de Jingle Bell Rock. Después del incidente con mi CD, Bella optó por encender la radio, poniendo una estación que reproducía música de Navidad.

—¡Oh! —Se ilumina con mi pregunta y comienza a reír antes de hablar de nuevo—. Un año mi mamá me compró un detector de radares para mi carro.

—No suena tan mal. Probablemente me vendría bien uno de esos.

Empuja juguetonamente mi hombro.

—No, pero no lo entiendes. Mi papá es policía —me dice, riéndose—. Mis padres tienen problemas raros que ni siquiera yo puedo empezar a entender, así que básicamente fue un jódete para mi papá.

Exhalo una carcajada. No sé si es apropiado encontrar algo de humor en el hecho de que sus padres no se llevan bien, pero asumo que está bien ya que ella también se está riendo.

—Bien, sí. Puedo entender por qué ese sería un mal regalo de Navidad.

—Me usan para vengarse el uno del otro, lo cual es algo muy jodido en muchas formas. Solía molestarme, pero ahora que soy mayor ya lo superé. En realidad, no me importa.

—La apatía es genial —comento porque no sé qué más decir.

Se moja los labios antes de hablar de nuevo, y sé que debería escuchar lo que está diciendo, pero no puedo concentrarme en algo aparte de su boca.

—He descubierto que la apatía se alcanza mejor con alcohol durante épocas navideñas —dice—. Especialmente cuando se involucra drama familiar.

Solo capto lo último que dijo y tengo que obligar a mi vista a volver a sus ojos. Me dedica una media sonrisa, y no me pasa desapercibido que me atrapó mirando su boca.

Me agarro el cabello con un puño cuando aparto los mechones de mi frente.

—Entonces, ¿qué haces para Navidad? Ya que obviamente tus padres no pueden estar en la misma habitación.

Su mirada sube a mi cabello, luego regresa a mi cara.

—Usualmente paso la festividad con mi mamá en Phoenix, pero este año la pasaré aquí con mi papá.

—No suenas muy emocionada —señalo y resopla.

—Él no festeja mucho la Navidad.

—¿No pone árbol?

—Nop.

—Entonces es un Scrooge —digo inexpresivo.

—No. No sé. Usualmente trabaja en Navidad.

—Entonces es un Scrooge —repito, recibiendo una carcajada en esta ocasión—. ¿Por qué no visitarás a tu mamá este año?

—Pasará las fechas con la familia de mi padrastro.

Frunzo el ceño.

—¿Y no te invitaron?

—Sí me invitaron. Solo que preferiría no pasar la festividad con personas que no conozco.

—¿Entonces estarás sola?

Bella vacila antes de decir:

—Garrett dijo que podía pasar Navidad con su familia, pero… no sé.

—Claro. —Miro por la ventana.

—¿Tú qué haces en Navidad?

—Hacemos toda una celebración en casa de mis papás. Usamos pijamas iguales, hacemos cadenas de palomitas y cantamos villancicos junto a la chimenea —bromeo, manteniendo la cara seria.

—Cállate. —Intenta ahogar un bostezo, pero termina sonriendo al hacerlo—. No hacen cadenas de palomitas.

—¿Crees que el que hagamos cadenas de palomitas es más raro que usar pijamas iguales? —me río entre dientes, sacudiendo la cabeza—. El año pasado Rose dijo que nos iba a obligar a hacer cadenas de palomitas, así que…

—Suena a algo que Rose haría —me interrumpe.

—Definitivamente. Así que, mientras Rose se preparaba, Emmett infló todas las bolsas de palomitas que pudo encontrar en la casa y se las comió para que no tuviéramos que hacer las cadenas.

Echa la cabeza hacia atrás al reír.

—Suena a algo que Emmett haría.

—Como sea, en realidad no cantamos villancicos ni usamos pijamas iguales, pero hay una chimenea y un montón de ponche de huevo. Oh, y nada de drama familiar.

—Los ingredientes para una Navidad perfecta —bromea.

—Sabes… —me detengo, y comienzo a golpetear de forma nerviosa el volante con mis dedos—. Eres bienvenida a pasar la Navidad con nosotros —digo, esperando que sepa que la oferta es genuina.

Una sonrisa se extiende por su cara, pero no dice nada.

—Sé que dijiste que no querías pasar Navidad con la familia de tu padrastro porque no los conoces, pero… —Pienso en lo que pasó hace rato y en cómo cada miembro de mi familia se mostró muy feliz de verla—. Ya conoces a mi familia. No sería incómodo. O… tan incómodo.

No quiero que se sienta obligada a pasar Navidad con Garrett. Porque primero es Navidad, luego es Año Nuevo, y pensar en ella besándolo a medianoche me pone irracionalmente celoso. Ella no es nada para mí, y no sé si alguna vez será algo, pero nadie tendría que besar a medianoche a alguien que da volteretas. Nadie.

—Me sentiría mal sabiendo que estás sola en Navidad —intento explicar cuando ella sigue sin responder.

—Es muy amable que me ofrezcas eso, pero…

—Puedes pensarlo o como prefieras. Estoy seguro que a todos les encantaría verte. —Me detengo para sonreír—. A menos de que no consigamos la muñeca. Entonces dudo que se nos permita ir durante Navidad a ninguno de nosotros.

—Oh Dios —gime—. Hablando de la muñeca, ¿cuándo crees que debamos regresar? —pregunta, girándose para mirar por la ventana.

—Ha pasado casi una hora y media, así que…

—Tal vez podamos esperar en la parte de enfrente, ¿para saber qué está pasando? —sugiere, agachándose para agarrar su bufanda. Asiento, aclarándome la garganta cuando se la envuelve en el cuello y se mueve para salir del carro.

Al acercarnos a la tienda analizo mis alrededores. Ya hay una pequeña multitud de gente reunida en la entrada principal. Hay unos cuantos policías y guardias de seguridad parados por ahí con aspecto aburrido. Estoy seguro que están aquí por precaución, pero su presencia me hace sentir inquieto.

Pasan cuarenta y cinco minutos. Ninguno de los empleados ha salido para hablar sobre la rifa y comienzo a sentirme molesto. El número de personas rodeándonos se triplica, disminuyendo nuestra oportunidad de recibir una muñeca. Me froto la frente, imaginando la reacción de Emily si Santa aparece con las manos vacías. Al menos con la rifa no tendremos que preocuparnos de que las cosas se salgan de control.

Como si el universo me estuviera jugando una broma muy enferma, la mujer frente a mí le susurra al hombre que tiene al lado:

—Escuché que ya no van a hacer la rifa.

Bella y yo intercambiamos una mirada.

Agacho la cabeza y bajo la voz.

—¿Cuál es nuestra estrategia?

—Que no nos maten.

Y así es como, quince minutos más tarde, se desata un infierno.