Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por betear esta historia.


Capítulo Siete: Caos total

—Nunca me había detenido a pensar en cómo iba a morir —le murmuro a Bella—. Pero incluso si lo hubiera pensado, no habría imaginado que sería en el estacionamiento de Walmart.

—Estás siendo muy dramático —me dice, poniendo los ojos en blanco—. No vamos a morir.

Bien, tal vez sí estoy siendo dramático. Pero también estoy bromeando. Algo así.

Bromeamos entre nosotros un rato más para pasar el tiempo. Llevamos poco más de una hora parados afuera, y todos parecen estarse inquietando.

Más o menos diez minutos después, un par de empleados salen y todos se quedan en silencio, esperando a que hablen.

—¿Qué pasa? —pregunta Bella, poniendo su mano en mi antebrazo para equilibrarse cuando se para de puntillas, estirándose para ver.

Le sonrío.

—Eres muy chaparra.

—Déjame subirme a tus hombros —sugiere, riéndose.

—Qué ridícula. No.

—¡Bienvenidos, compradores de Walmart! —grita un dependiente, usando un megáfono.

Salto, asustado ligeramente por la intensidad de su voz.

Bella resopla.

—De verdad tienes miedo, ¿cierto?

—No. Solo que no esperaba que usara un megáfono… —Mi argumento se va desvaneciendo y ella no se ve muy convencida—. Presta atención —la regaño con una sonrisa, asintiendo hacia enfrente.

—¡Necesitamos que todos formen una fila en orden! —indica el dependiente.

Miro a mi alrededor, notando que nadie hace lo que dice. Lo que él pide ni siquiera es factible en este punto. Hay mucha gente aquí y todos estamos amontonados juntos, ni siquiera estoy seguro de cómo se podría lograr una fila en orden.

Lo intenta de nuevo.

—Luego de que todos cooperen, las primeras cincuenta personas serán escoltadas a la parte trasera de la tienda. El límite es una muñeca por persona. Después de eso, pueden seguir con cualquier otra compra que tengan que hacer. Tenemos una gran oferta en fogones…

—¿Las primeras cincuenta personas? ¿Y la rifa? —grita alguien en la multitud, que obviamente no recibió el aviso de que ya no habría una rifa.

El dependiente tapa el megáfono y se gira hacia otro empleado, que está parado a su derecha y parece tener cerca de sesenta años. Intercambian unas palabras antes de que el tipo asienta un par de veces, llevándose a la boca otra vez el megáfono.

—Ya no haremos la rifa. Esto se hará por orden de llegada. Así que, si pudieran por favor…

—¡Esto es mierda! —grita alguien más—. ¡Nos dijeron que habría una rifa!

El empleado mayor agarra el megáfono e intenta calmar la situación al decir meramente:

—No habrá rifa.

Bella se gira un poco hacia mí, estirando un brazo para tirar gentilmente de mi cuello. Acerca mi cara a la suya y se ve a punto de decir algo, pero no lo hace. Mi pulso se acelera cuando su expresión cambia. No sé qué está haciendo, pero nos estamos viendo el uno al otro. Sus ojos se mueven de los míos a mi boca. Quiero juntar mis labios con los suyos. Carajo, podría besarla justo ahora. No lo haré, pero sí quiero. Podría, pero no debería.

La voz del dependiente me saca de mi bruma.

—¡No habrá rifa! ¡No habrá rifa! ¡No habrá rifa! —grita una y otra vez.

—Esta mierda está a punto de explotar —susurra Bella.

Mantengo mi cabeza cerca de la suya y me río.

—¡Al carajo con esta mierda! —grita un hombre cerca de nosotros, y juro que escucho el gatillo de un arma.

Ya no me estoy riendo.

—¿Qué sentido tenía entregar los tickets…? —añade alguien, pero lo que sea que dice no se escucha debido a que todos parecen comenzar a gritar uno sobre otro.

Me aparto de Bella y estiro el cuello para ver qué está pasando, pero todo lo que puedo ver es que los empleados prácticamente corren de regreso hacia adentro. No es una buena señal.

Pasa un segundo y es todo. Es aquí donde empieza el infierno. Puedo sentir el frenesí puro radiando de todos cuando la gente empieza a empujar y abrirse camino hacia la entrada de la tienda.

De pronto temo por mi vida y la de Bella.

He visto videos de YouTube. Puedo imaginar qué pasa después. Probablemente moriremos aplastados y eso no está bien. No quiero morir. No en Walmart. Nadie merece eso; ni siquiera Volteretas Garrett.

El pánico empieza a crecer en mi pecho, más que nada porque no podemos movernos. Estamos amontonados como jodidas sardinas y ahora es el momento en el que repentinamente decido que he sido claustrofóbico toda mi vida. No es verdad, pero me estoy convenciendo de que sí lo es.

—Carajo —jadeo, necesito espacio y aire y no estar atrapado por toda esta gente—. Carajo.

Bella logra girarse y capta un vistazo de mi cara.

Luego me golpea.

—Gracias —exhalo, y ella asiente a modo de confirmación.

No tengo tiempo de pensar en lo que acaba de pasar porque empiezan a empujarme junto con la multitud de gente avanzando rápidamente.

Un codo se encaja en mi costado.

Alguien detrás de mí me pisa el talón.

—Mierda —maldice Bella, mirando detrás de ella—. ¡Oye, apártate!

Volteo y miro la mano de un hombre entre sus hombros, intentando empujarla hacia enfrente.

—¡Muévete, perra! —le grita el tipo a Bella.

—¡Oye, Ludacris*! —ladro, repentinamente sintiéndome protector con ella—. Quítale tus jodidas manos de encima.

El tipo me enseña el dedo medio, pero se aparta.

Lo fulmino con la mirada mientras muevo a Bella frente a mí, manteniendo una mano en su cintura para que no nos separen.

Pasan un par de minutos mientras la gente se empuja y se gritan obscenidades. Finalmente llegamos al punto donde podemos abrirnos camino hacia adentro. La multitud se separa, la gente corre en diferentes direcciones.

Jalo a Bella a un lado, junto al McDonald's que hay dentro, y miro todo lo que pasa a nuestro alrededor. La única cosa que me viene a la mente es caos total y absoluto. Y tal vez muerte. También muerte me viene a la mente.

—¿Qué haces? —pregunta Bella confundida, tirando de mi mano—. Necesitamos irnos.

—Oh, gracias a Dios. —Suspiro aliviado—. Creí que de verdad querías seguir adelante con esto y…

—No —me interrumpe—. No irnos. Necesitamos ir a la parte trasera de la tienda y ver si queda alguna muñeca.

Esa era la última cosa que quería escuchar. Miro hacia la salida, pensando que tal vez deberíamos rendirnos mientras todavía tenemos la delantera. Y por "delantera", me refiero a que estamos "vivos".

Aprieto la mandíbula cuando veo sobre el hombro de Bella, abro los ojos como platos ante lo que está ocurriendo a tan solo veinte pies de distancia.

—Una adolescente le acaba de dar un puñetazo en la garganta a alguien por un DVD, Bella. Quiero decir, si fuera un Blu-ray tendría sentido, ¿pero por un jodido DVD?

Bella echa la cabeza atrás y se ríe. Estoy siendo un cobarde. Sé que lo soy.

Sintiendo de alguna forma que estoy dudando, pone sus manos en mis antebrazos y fija su mirada en la mía al decir:

—¿Edward? Actúa como un jodido hombre.

—¿Qué…?

—No podemos irnos. Tenemos que conseguir la muñeca, ¿de acuerdo? Si alguien te da un puñetazo en la garganta, tú se lo regresas.

Asiento, sintiéndome un poco sin aliento.

—Bien. Bien. De acuerdo. Por supuesto.

Me agarra la mano y empezamos a correr. No estoy seguro de a dónde vamos exactamente, pero ella parece saber dónde podrían estar las muñecas, así que intento no preocuparme. Mi concentración está más en no chocar con la gente y no terminar apuñalado. De verdad no quiero resultar apuñalado.

Entre más nos acercamos a la parte trasera de la tienda, más abarrotada y caótica se pone la situación. No hay fila en orden y no hay empleados a la vista. La gente parece estar rodeando una exhibición y mi suposición es que es ahí donde están las muñecas.

Todos están gritando y empujándose y actuando como jodidos animales. Dos señoras, a unos cuantos pies de nosotros, se están jalando el cabello. Un adolescente patea a un hombre en las rodillas. Un hombre le da un codazo a otro en la cara.

Me doy cuenta que ninguna de esas personas está peleando por algo. Están siendo violentos solo porque sí, lo cual es la cosa más aterradora de todo el jodido mundo.

—Tenemos que separarnos —me dice Bella, intentando soltar mi mano.

—No —digo de forma automática, mis dedos se aprietan en los suyos.

Esto ni siquiera se trata de mí siendo un cobarde. Esto se trata de mí preocupado porque ella es muy chaparra y mucho más pequeña que yo, y no me lo perdonaría si le dan un puñetazo en la garganta.

Bella señala a la gente amontonada enfrente de la exhibición.

—Necesitas abrirte camino a empujones y yo iré a rodear por el otro lado. Al menos uno de nosotros debería lograr pasar, agarra una caja y sal de aquí.

Ni siquiera se ve asustada. Estoy aquí parado, con el pecho sintiéndose como si estuviera a punto de tener un paro cardíaco, y ella está escupiendo estrategias como si no fuera nada.

Todavía no hemos acordado nada, pero asiente y hace ademán de irse. La agarro de la cintura y la jalo hacia mí.

—Bella. Esta es una mala idea —insisto, sacudiendo la cabeza.

—Estás desperdiciando el tiempo —murmura, empujando con desgano mi pecho.

Tiene razón.

La suelto.

—Estarás bien —me asegura.

—No estoy preocupado por mí.

Su expresión se suaviza.

—Estaré bien —murmura, dejando un rápido beso en mi mejilla antes de correr en dirección contraria.

Cuando Bella finalmente desaparece de mi vista, me quedo ahí parado, asombrado con lo que está pasando a mi alrededor.

Una mujer pasa corriendo a mi lado, en un brazo lleva aferrada una caja colorida contra el pecho y el otro se mueve a su alrededor. Su mano libre me golpea en la cara, pero ni siquiera puedo sentirme enojado. Ella parece haberme sacado de la bruma en la que estaba.

Mis ojos siguen a la señora y hago una mueca cuando alguien sale de la nada y la derriba. Mientras pelean por la caja, capto un vistazo de lo que está escondido detrás del plástico: la muñeca Resplandor Lo Que Sea. Es la cosa más rara y fea que he visto en mi vida, pero Emily la quiere y Bella está allá siendo toda una matona, así que al menos tengo que intentarlo.

Necesito actuar como un jodido hombre.

Tengo que empezar por algún lado, así que avanzo hacia la parte trasera de la multitud y me meto entre dos mujeres. Sus gritos resuenan en mis oídos. Agacho la cabeza y pego los codos a mis costados, sigo empujando a través de la pared de locos.

Logro avanzar centímetro a centímetro, pero luego llego a un punto donde ya no puedo avanzar más. Me doy cuenta que estoy rodeado por un mar de gente y mi respiración se vuelve superficial.

Actúa como un jodido hombre. Actúa como un jodido hombre.

Un anciano a mi lado me agarra el cuello del abrigo e intenta jalarme hacia atrás. No sé por qué. No le hice nada. Me suelto de su agarre y uso mi hombro para empujarlo. Me siento mal y no estoy orgulloso de ello, pero lo hago. Actuar como un jodido hombre significa que empujas a la gente, incluso si han pasado por un reemplazo de cadera en su vida.

Pasan los segundos. Alguien me da un codazo en el ojo y odio mi maldita vida. Tallándome el ojo con la mano, parpadeo un par de veces. Mi mejilla palpita, pero no he quedado ciego, lo que es algo bueno. Es entonces que me doy cuenta que estoy a unos cuantos pasos de las repisas.

Veo a dos personas sosteniendo cajas sobre sus cabezas, intentando encontrar la manera de salir. No me atrevería a intentar quitarles las muñecas, pero ver que ellos tienen una en sus manos me da esperanza.

La adrenalina corre por mis venas y me da la fuerza para apretarme hasta enfrente de la multitud.

Escaneo las repisas. El sonido a mi alrededor parece desvanecerse. Cualquier emoción que sentía se apaga repentinamente porque no hay ni una sola caja a la vista.

Nada.

Se acabó.

Se terminó.

No puedo creer que arriesgué mi vida para nada. No puedo creer que desperdicié mi tiempo. No puedo creer que empujé a un anciano.

En medio de mi fiesta de miseria, veo a Bella a unos veinte pies de distancia, peleando con una mujer de salvaje cabello rojo. Bella empuja a la mujer lejos de ella e intenta irse. Pero la mujer no se rinde y jala un mechón del cabello de Bella.

El enojo arde dentro de mí.

Me estoy preguntando qué tan seguro es subirme a las repisas y estoy intentando descubrir cuál es la mejor manera de llegar a Bella cuando alguien me salta sobre la espalda. Rodea mi cuello con sus brazos y pierdo los estribos. Estoy jodidamente furioso.

—Bájate al carajo de mí —escupo, jalándole las manos y sacudiéndome de lado a lado hasta que la persona se cae.

Cuando veo a Bella otra vez, intento gritar su nombre. No sirve. No puede escucharme. Ni siquiera yo puedo escucharme.

La gente que agarró las últimas cajas actúa como cebo y alejan a la mayor parte de las personas, facilitándome el poder llegar a Bella.

No sé qué puedo hacer para detener esto, así que miro con confusión durante un segundo. Ni siquiera sé por qué esta mujer está peleando con Bella. No tiene una caja en sus manos y no tiene una muñeca, pero por la forma en que la mujer la está atacando pensarías que sí la tiene.

—Dos personas con muñecas acaban de correr hacia Electrónicos —le digo a la pelirroja—. Probablemente puedas alcanzarlos.

Ella me ignora y empuja a Bella, que la empuja de regreso. La mujer responde moviendo las manos para cachetear a Bella.

—De acuerdo, bien. Cálmate con un carajo —le ordeno en voz alta, metiéndome entre ellas.

Bella logra darle un último puñetazo en la garganta antes de tirar de mi mano y correr hacia la parte frontal de la tienda.

Llegamos a medio camino antes de tener que detenernos a recuperar el aliento. Nos escondemos en la sección de Ropa de cama. No estamos completamente solos, pero no me siento inseguro, lo cual es un lindo cambio.

—Santa mierda —exhalo, agachándome y apoyándome con las manos en las rodillas.

—¿Mi labio está sangrando? —pregunta, presionando sus dedos sobre sus labios fruncidos.

Miro su boca.

—No.

Bella examina mi cara, luego sube una mano para tocarme justo sobre la mejilla.

—Parece que vas a tener un ojo morado. ¿Te pegaron?

—Codazo al ojo —medio presumo.

Ella sonríe.

—Ves. Y te preocupaba que las cosas se fueran a salir de control.

—Pero en serio, necesitamos salir de aquí.

—Sí —acepta—, pero primero debemos ir a formarnos para pagar.

—¿Qué? ¿Por qué?

Miro con confusión como Bella se desabrocha el abrigo, mostrándome un vistazo de la muñeca que está escondiendo.

—¿Cómo carajos conseguiste eso? —siseo en voz baja.

—Conseguirla fue lo fácil, pero sacarla de la caja y esconderla en mi abrigo sin que nadie me viera fue más difícil. Básicamente por eso la señora intentaba asesinarme —me explica.

—Estoy algo impresionado de ti justo ahora —admito, tragando.

—Deberías estarlo.

Sonríe triunfante. Está un poco sudada y su cabello es un desastre alrededor de su cara, y es tan jodidamente bonita. Sus ojos están oscuros y bien abiertos, sus labios se ven llenos y este no es el lugar ideal, pero quiero besarla.

Así que lo hago.

Avanzo un paso y tomo su cara en mis manos. Ella sonríe porque ya lo sabe. Agacho un poco la cabeza y la ladeo ligeramente a un lado. Y luego dejo que mi boca se presione con la de ella, de forma gentil al principio. Siento sus manos moverse dentro de mi abrigo, agarrando mi camiseta. Sus labios se mueven con los míos y mi mente vaga cuando siento su lengua en la mía.

Ella emite un pequeño gemido cuando jalo su labio inferior entre mis dientes. Sus brazos se mueven de mi pecho a mi cintura y, carajo, me encanta sentir sus manos en mí. Unos segundos después tengo que apartarme porque mi polla se está endureciendo y seguimos en Walmart.

Estamos parados tan juntos, con sus brazos alrededor de mi cintura, que ella tiene que echar la cabeza atrás y alzar la vista cuando habla.

—Entonces, ¿te gusta besar a chicas que no te interesan? —pregunta en tono de broma.

—Vamos. —La sacudo un poco—. Dije que eras mi tipo.

—Dijiste que te interesaba mi tipo, no yo —me recuerda, pero su sonrisa me hace saber que siempre supo que se trataba de ella.

Con un movimiento de cabeza, dejo un beso rápido en sus labios.

Definitivamente eres tú.

Y así es como, cinco segundos después, estoy resistiendo la urgencia de tener sexo con la niñera de mi sobrina en medio de Walmart.


*Christopher Brian Bridges, también conocido popularmente como Ludacris, es un rapero, compositor, productor discográfico, filántropo y actor estadounidense y gabonés.