Corrían los años cincuenta. El cine estaba en su apogeo, en sus años dorados. Estrellas grandes como Marilyn Monroe actuaban en películas y todo el mundo la adoraba. Naruto Uzumaki era uno de esas estrellas que titilaban en el cielo de Hollywood. Un rubio alto, de test bronceada, ojos azules, sonrisa zorruna y un carisma inigualable. Se decía que era la más grande estrella desde Clark Gable y que frente a la cámara era otra persona. Se transformaba en aquel hombre con aire infantil que actuaba en películas de renombre, deslumbrando a los televidentes. Era famoso, poderoso y se codeaba con los más grandes. Aunque los directores siempre decían que era bastante difícil trabajar con el rubio, ya que constantemente llegaba tarde y se olvidaba de las líneas, pero cuando la cámara se posaba delante de él, Naruto se transformaba en una estrella y el lente le adoraba. A pesar de las quejas, valía la pena ponerlo en alguna película. Siempre iba a ser un éxito de taquilla.

Cuando asistí a una fiesta en la casa de los Inuzuka, unos grandes de la industria. Supe la gran atracción que había entre ellos, algo casi mágico. Se podía ver la chispa que emanaban sus ojos, aquellas sutiles sonrisas y el coqueteo descarado que había surgido. Sasuke Uchiha, senador de los Estados Unidos, con fama de mujeriego, bebedor y gran carisma para encandilar a las masas con sus discursos políticos que no llevaban a ninguna parte. Hombre de gran porte, delgado, piel clara, cabello azabache y ojos de la misma tonalidad oscura, sonrisa sarcástica y aire coqueto. Había un rumor por las calles de New York, que decía que él se lanzaría como futuro presidente, según el padre, era el hombre idóneo para el cargo y no este tal Ike, que no daba clavada en la madera.

-Así que usted es el senador Uchiha-El rubio vestía con un traje blanco, con detalles brillantes de lentejuelas. Camisa inmaculada y una corbata color naranja que hacía resaltar aquellos dos zafiros que tenía por ojos.

-Así es señor Uzumaki-

-Llámeme Naruto- Si hubiera sabido como terminaría aquella historia, hubiera impedido que se conocieran, pero nadie sabe el futuro ni menos yo.

Mi nombre es Sabaku no Gaara. Soy el encargado de las relaciones públicas y amigo íntimo de Sasuke. He trabajado con la familia Uchiha desde hace años, por lo que ellos me tienen bastante confianza. Fui yo quien le presentó a Sasuke la estrella más grande de ese momento y supe, tiempo después que esa misma noche se acostaron los dos. Empezaron una especie de relación, se necesitaban y adoraban. Hablaban hasta alta horas de la noche, de diversos temas y discutían sobre el mundo y la política.

-No creas que Naruto es solo un rubio tonto, sabe bastante de política-y yo segundaba aquella idea. En las películas que actuaba el rubio, siempre le daba papeles de hombres brutos, tontos e infantiles, pero aquella personalidad, tan solo es un personaje. El verdadero Naruto era una persona diferente, audaz, sagaz y muy inteligente. Pero aquella imagen vendía mucho más en las películas. Todo el mundo adoraba al inocente y estúpido rubio que confundía una tiara con un collar.

Cuando nos encontrábamos con Sasuke, siempre discutíamos la idea de la candidatura de los sesenta. Él debía tener un fuerte lema y una causa por lo cual luchar y salir reelecto—podrías meterte con el crimen organizado y los sindicales—le aconseje. Iba a ser bien visto por la gente que el luchara por una causa justa, le daría buen publicidad.

-Consígueme una entrevista- me ordenó y yo obedecí. Me reuní con los que estaban detrás de todo el crimen, la mafia y líderes sindicales. El representante era un hombre alto, de cabello rojizo anaranjado, con mirada penetrante. Aros y perforaciones por todo su rostro y vestimenta negra, amenazante—te daré a Kakuzu, con todas las pruebas para ponerlo tras las rejas, pero me dejas tranquilo a Nagato, no quiero que le pongas una mano encima ¿Entendiste?—Creo que habíamos llegado a un acuerdo, pero no estaba en mi poder decidir respecto a ese tema.

-Trasmitiré su mensaje al Senador Uchiha. Pero debe concedernos una entrevista con el señor Nagato-

-Le diremos-fue un mensaje para que me retire y lo deje en paz. De las sombras salió una mujer hermosa con el cabello color índigo y ojos color caramelo que me acompaño hacia la puerta, asegurándose que no hubiera nadie oculto por la guarida.

Así se hizo una base para que Sasuke llegar a la presidencia en los años venideros.

En el FBI tenían bastantes razones para seguir al senador Uchiha y a la estrella más grande. Naruto Uzumaki. Como Shikamaru explicó, cada estrella se codea con una grama de personas que van desde los mafiosos hasta los políticos y es deber de Estados Unidos saber aquella información. Por lo que el pelinegro, director general del FBI, ordenó poner cámaras y micrófonos en las "guaridas secretas" donde se juntaban

-¿Asì que esa será su agenda señor senador?- Era una voz melosa, sexy que hablaba con la respiración entrecortada.

-Batir a los sindicalistas y vender a Kakuzu-

-Eres un hombre muy temerario-se escuchaban ruidos de sábanas y sonidos amorosos.

-Hay que serlo en este negocio. Además no me importa morir joven-y cuan cierta era esa frase.

A Shikamaru no le importaba con quien tenía relaciones el senador, pero era demasiado descuidado con Naruto en particular (ya que también vigilaba a las demás parejas del pelinegro) Y no era para menos, por lejos era el más hermoso y codiciado. Bastaba una mirada o una sonrisa del actor para que todos cayeran a sus pies.

Sasuke estaba casado y era católico, por lo que el divorcio estaba fuera de toda cuestión y lógica. Su esposa era una mujer recatada, señorial y hermosa. Proveniente de los estados conservadores, se había casado hace un par de años con Sakura, pero hasta el momento no habían podido tener hijos. Abortos espontáneos y mala suerte los rodeaba, pero no perdían la fe ya que el hermano del senador, Itachi Uchiha era conocido por su extensa prole. Mano derecha de Sasuke, tenía la imagen del matrimonio ideal. Una hermosa esposa y un montón de chiquillos.

-Se lo que se siente perder hijos-decía el rubio en un momento de intimidad. Yo también estoy casado ¿Lo recuerdas? Hinata, mi mujer también ha intentado tener hijos, pero por alguna razón tampoco le resulta-

-Lo mismo con Sakura-

-SI los dos pudiéramos tener un hijo, serían hermosos-decía soñadoramente el actor.

-Los dos estamos casados-

-Pero eso no impide vernos, querido-le besó.

-¿Y un hijo? ¿No una hija?-

-Sabes lo que tienen que pasar las mujeres, querido. Solo obtienen sufrimiento- Pero Naruto seguía fantaseando con la idea de formar una familia con Sasuke y tener sus propios hijos con él. No era posible ¿Qué pensaría la gente al enterarse de que el senador se mete con otro hombre? Sería suicidio social y la candidatura quedaría fuera de su alcance para siempre.

Naruto estaba casado con Hinata, tan solo llevaban unos meses pero ya tenían problemas (y no por el hecho de que Naruto se metiera con otras personas) Si no porque Hinata estaba desilusionada de su relación—Claro, todos quieren estar casados con el actor Naruto Uzumaki, pero después se dan cuenta que tan solo soy yo, un chiquillo con problemas y humano como todos los demás—Y el tema de los hijos, era una piedra constante en su relación.

Además todo se arruinó al momento de rodar esa infame película. Se llamaba "La comezón del séptimo año" Naruto hacía un papel de un rubio tonto que enamoraba a una chica que era su vecina. Pero había una escena donde él tenía que salir semidesnudo en plena ciudad. La gente se arremolinó al lado del set, silbando y gritando por aquel despampanante cuerpo. Yo había ido a acompañarlo, pero al momento que se quitó la camisa y caminó por las calles, todo cambió. Estaba deslumbrante, no podía quitar los ojos de encima. Se produjo un silencio, seguido por un suspiro colectivo. Atrás de las vallas de seguridad, estaba su esposa Hinata, mirando todo con mala cara. Celosa y enojada. No dijo nada, simplemente se fue del set sin decir palabra.

-¿Cómo la viste?-me preguntó el rubio.

-Enojada-

Tiempo después se divorciaron.

El rubio era huérfano, su madre había tenido bastantes problemas psicológicos, a tal punto que tuvo que ser internada en una institución, dejando a su hijo desamparado en casas de acogidas, donde los maridos de las madres adoptivas se aprovechaban de ese chiquillo hermoso, que a temprana edad mostraba los vestigios de una belleza descomunal. Su vida no había sido fácil pero logró triunfar en el cine, ya que un fotógrafo se fijó en su perfecto rostro y le hizo un par de fotografías que dieron a parar a la Century Fox y el resto es historia.

Producto a su historia y su constante inestabilidad en su vida, fue a distintos terapeutas que le indicaron un montón de pastillas que tragaba sin control. Se hizo adicto a los barbitúricos y a la champaña. Pero no se notaba. Cuando estaba enfrente de ti siempre la habitación se iluminaba, era gracioso y elocuente. Te conservaba de su vida sin reparo y contaba chistes a los invitados y todo el mundo le acompañaba con su risa. Nadie se preocupaba de aquel pequeño detalle de las pastillas, todo Hollywood tenía su propia adicción.

Llegó la importante conferencia de 1960. Todos los políticos importantes fueron hacia allí y dijeron sus más acalorados discursos. Itachi había metido a la cárcel al gran Kakuzu, dueño del sindicato de agricultores del sur del país. Había, además tenido una conferencia de prensa con Nagato, quien era el actual jefe del sindicato de camioneros y gran inversor de Las Vegas. Dónde provenía un gran dineral, producto de los casinos y la prostitución. Todo salió mal, Nagato había mostrado ser arrogante y sarcástico, una actitud que no le agradó en lo más mínimo a Itachi, quien juró meterlo a la cárcel, a pesar de tener un trato con la mafia—Que se vayan al demonio, dijo—Y yo me asusté ya que esa gente era peligrosa. Instantáneamente decidí juntarme con el líder y cara visible detrás de todo esto.

-Nagato es un imbécil. Pero entiende que no podemos dejarlo. El muy maldito está metido hasta el cuello en nuestros negocios- Me sorprendió que pensara así y no quisiera venganza.

-Intentaré parar el ataque de Itachi-

-Más te vale- Pain pensaba que Sasuke no llegaría a la presidencia, pero se equivocaba. En aquella conferencia dio un discurso magnifico, haciendo pausas y respirando correctamente. Naruto le había enseñado como hablar y cómo actuar frente a millones de personas. Se había ganado a algunos estados. Yo estaba entre el público junto con el rubio, pero este estaba disfrazado de una bibliotecaria. Llevaba una peluca roja exuberante, una camisa con un gran escote y una falda que se ajustaba a su trasero, resaltándolo. Estaba escuchando aquel discurso, con lágrimas corriéndole por las mejillas. En el escenario, Sasuke se veía imponente, majestuoso. Estaba junto con su esposa quien estaba embarazada, saludando a todo el mundo con una sonrisa amable. A Naruto se le oscureció la mirada azulina y de un momento a otro se desanimó—Quiero volver a casa—dijo y la llevé al hotel donde se quedaba. Pidió una botella de champaña, se tragó un par de pastillas, se quitó el disfraz y se metió a la cama. No hubo nada que yo pudiera hacer para animarle. Pero no me fui de su lado, lo miré dormir y parecía un ángel, a pesar de que su rostro estaba surcado de lágrimas, la nariz estaba roja y las mejillas pálidas. Aun así era una persona hermosa, con un rostro perfecto y yo solo me limité a velar por su sueño.

Un día nos juntamos a comer en un restaurant al centro de la ciudad. Estaba demacrado, sin maquillaje, los ojos rojos y la piel pálida, casi traslucida. Había estado llorando y se veía perdido. Cuando le pregunté que estaba mal el me respondió—Volví a contraer matrimonio, la amo enserio. Pero ella es fría y escribió cosas de mi en su diario—Supe por medio de la prensa que el actor había contraído nupcias hace unas pocas semanas. Esta vez con una dramaturga conocida por ser seria, fría y muy trabajadora. No habían tenido tiempo de disfrutar sus primeras semanas de matrimonio ya que Naruto había tenido que rodar una película llamada "El príncipe y la corista" Una película difícil, según el diario ya que el rubio se equivocaba en las líneas y siempre llegaba tarde, acompañado de su siempre leal asistente. Como había mencionado antes, los directores decían algunos problemas que tenían con Naruto, pero esta vez las cosas eran diferentes. El director de la película, también actuaba en ella y él le odiaba. Se notaba en cada mirada y gesto que le dedicaba al rubio. Sumándole su inestable y débil matrimonio que había empezado con el pie izquierdo. Naruto estaba hundido en una depresión, intentando recordar las líneas y concentrándose en su papel, mientras la mayoría del set le aborrecía.

-Intento llamar a Sasuke, pero me dice que está ocupado y que ahora que tiene un hijo, le es difícil escaparse-

-Es cierto-Naruto le llamaba incansablemente, día y noche. A veces Sasuke atendía, pero la mayoría de las veces no lo hacía. Eso se había transformado en un problema y sobre todo ahora que tenía la candidatura en su bolsillo.

-Por lo menos te tengo a ti amigo-me miró mientas me tomaba de las manos. Debo admitir que me sonroje.

En 1962 Sasuke Uchiha fue elegido presidente de los Estados Unidos. Todo cambió, partiendo porque se trasladó a la casa blanca y a Naruto le dieron un número especial para que le marcase en privado. Sakura había tenido otro hijo y ahora tenían dos bebés a su cuidado. El matrimonio de Naruto iba de mal a peor, después de terminar aquella nefasta película. Su esposa había decidido escribir un guión para una nueva película protagonizada por su esposo, pero el papel era denigrante. Un hombre con problemas de adicción a las pastillas y al alcohol, inestable, con arranques de rabia y deprimido. Era un vivo retrato de como su esposa veía a Naruto. Como veía todos sus defectos y que ellos estuvieran esperando un hijo lo hacía aún peor. El ánimo era tenso y depresivo.

Nunca antes había visto a una persona tomar tantas pastillas Naruto las tomaba pinchándolas para tomar el polvo aún más rápido, decía que así le hacen un mayor efecto, que duraba un par de horas y después la devolvían a la horrible realidad de su vida. Intente consolarle y advertirle sobre aquello, pero lo único que saque es que se enojara y gritara que era su vida y no tenía por qué meterme eso me dolió. Siempre había tenido la esperanza de ser algo más, de ser más importante en su vida. Si, estaba enamorado, pero Naruto tenía a Sasuke. Yo no encajaba en su vida…

Pero no solo me afectaba a mi esta situación, si no al presidente. Recibía llamadas constantes y por las noches Naruto llamaba a todos sus conocidos diciéndoles que el presidente iba a dejar a su esposa y se iba a casar con él. Fue a tal punto aquel rumor, de que nuestros conocidos y el propio hermano de Sasuke, Itachi le preguntaron sobre aquello, diciéndole que era una locura.

-Ya lo sé-respondía el azabache.

-Debes terminar con él, te puede afectar en la carrera presidencial-se podía ver la angustia en los ojos del Uchiha menor.

-Lo sé…-su respuesta era seca, llena de dolor.

-Te ayudaré- Itachi fue el encargado de solucionar aquel problema. Yo podía ver cuán devastado estaba Sasuke, se notaba que lo amaba de verdad y me lo confirmó en alguna de nuestras charlas con un whisky en la mano. El Uchiha mayor no perdió el tiempo y se reunido con el rubio y le dijo sobre las malas nuevas. Se podía ver el gran dolor y la pena en la mirada azulina del actor. Pero su semblante estaba tranquilo, estaba relajado y es como si le hubieran quitado un peso de encima.

-¿Así que así terminó todo?-fue lo único que dijo. Habían ido a un restaurant que quedaba cerca de la playa, por lo que aprovecharon de dar una vuelta por la arena, a la luz de las estrellas que se reflejaban en las olas.

-Lo siento-

-Está bien, yo presentía que iba a ser así-extrañamente tranquilo y calmado, hasta cuerdo. Pobre Naruto, tan mala suerte que ha tenido en la vida.

El segundo matrimonio del actor se fue a las pailas después del último aborto y la película ofensiva que le escribió su esposa. Pero la Fox le ofreció realizar otra producción, aunque Naruto no estaba tan de acuerdo con el papel de "rubio idiota" debía aceptarlo, ya que no tenía más ofertas. Su terapeuta le dio el gran consejo de comprarse su propia casa, para asentarse en un lugar y establecerse, ya que lo que más le faltaba en la vida era estabilidad. Así que le hizo caso y yo lo iba a visitar frecuentemente, aunque podía ver los estragos que le causó la separación con el señor presidente y con su esposa. Estaba apagado, ya no sonreía de la misma forma y en sus ojos se reflejaban las emociones que tenía atrapadas en la garganta. Pero en belleza nada había cambiado. Seguía igual de hermoso como la primera vez que lo vi, hace un par de años. Su cabello rubio peinado a la moda, como un vaho dorado flotante a la luz. Ojos brillantes como gemas en el mar y su piel canela que resplandecía.

Itachi siguió frecuentándolo, por una parte por pena y por otra parte porque al verlo se había enamorado perdidamente de él, como me había pasado a mí. Empezaron una relación que intentaron mantener en secreto, pero Sasuke se dio cuenta, aunque no pudo reñirle por ello. Sabía el gran poder que ejercía el actor en las personas, encandilándolas—Yo lo amaba, dios sabe que sí. Por eso no te digo nada, aunque debes tener cuidado. Sabes como es y tú tienes una familia sólida, no puedes tener esa mala publicidad—le dio como advertencia. El FBI seguía vigilándolo al igual que la mafia y ellos por igual se enteraron de aquella relación. Por ahora no era peligrosa pero Itachi seguía metiendo presión contra Nagato y eso a los altos mandos no les estaba agradando ¿Deberían actuar y matar al presidente? Era peligroso pero los estaba acorralando y eso no les gustaba.

Itachi se enamoró perdidamente de Naruto y viceversa. Eran dos enamorados que hacían el amor toda la noche, dedicándose palabras deafecto. Pero Naruto se hundía cada vez más. En el set de la película que rodaba para la Fox, las cosas eran un caos. No lograba concentrarse, llegaba tarde y no se aprendía las líneas. Llegaba ebrio y drogado al set y el director no le tenía paciencia, le retaba constantemente haciendo llorar al rubio y dejándolo en un estado defensivo tal, que no salía de su camerino por lo que quedaba el rodaje. El consumo de pastillas fue hacia peor y la champaña abundaba en su casa. El problema fue tan grande que tuvieron que cancelar el contrato y echarlo de la película y el estudio. Estaba solo, desesperado. Solo contaba con Itachi pero este estaba lejos, ocupado en la casa blanca. Lo llamaba a cada rato y todas las noches a tal punto que tuvieron que cortar las líneas por las noches.

La soledad lo embriagaba y ahora a los treinta y seis años le pesaba aún más. No había podido tener familia, sus esposas le abandonaron y cada persona que se había cruzado en su vida había huido al conocerle de verdad—La gente cree que estará con el actor glamoroso, pero la realidad es que encuentran a un ser frágil y normal llamado Naruto—me dijo unas de las últimas veces que nos vimos. Debí hacer algo por él, debí socorrerle y ayudarle pero mi trabajo y esposa me impedía estar veinticuatro/siete con él.

Empezó a llamar a las estaciones de radio y contaba la historia que tenía con Itachi, diciendo que dejaría a su esposa e hijos para estar con él. Que él le había prometido el divorcio y que se iban a casar y tener una familia. Los rumores se expandieron rápidamente e Itachi tuvo que cortar con él, aunque esta vez Naruto no se lo tomó nada bien. Le gritó y tiró las cosas, queriendo hacerle daño Le decía que le abandonaba como todos en su vida, llorando a todo pulmón. Itachi no tenía nada que hacer, se alejó con el dolor de su alma dejándolo desamparado.

Me avisaron cuando estaba en la oficina en New York. Casi se me cae el teléfono de las manos al escuchar aquella noticia. Tuve que tomarme un momento, respirar y partir inmediatamente a los ángeles. Naruto había muerto, lo encontraron sobre su cama, boca abajo, desnudo y con el teléfono en la mano. Fui directamente a la casa del actor a hablar con la policía.

-Dios mío, tan joven y guapo. No puedo creer que se suicidara- Fue el reporte de la policía. Pedí el registro telefónico y me sorprendió encontrar una llamada a la casa blanca de una hora aproximadamente. Llamé a Itachi, pero este se escuchó sorprendido y afligido al escuchar la noticia, por lo que la llamada no fue a él, si no a su hermano. Años después Sasuke me contó que él había escuchado las palabras erráticas de Naruto, mientras se apagaba diciéndole lo mucho que le había amado. El tan solo escuchó, sin decirle nada a nadie. Podría haberle salvado pero…no le convenía hacerlo. Asesinato o suicidio no importaba, la estrella más grande de Hollywood estaba muerta y ya nada la iba a devolver.

Fui a la morgue y pedí permiso para verle por última vez. Era amigo del médico por lo que fue fácil poder entrar. Y allí estaba su cuerpo, cubierto por una sábana—No consumió pastillas, por lo que tuvo que haber otra forma de que se metiera tanto barbitúrico a la sangre—me dijo el médico pero no me importaba. Solo me importaba el, que estaba pálido pero no perdía su belleza. Se le veía descansado, sin sufrimiento en su hermoso rostro. Me acerqué a él y le di un beso en su frente, oprimiendo las ganas de llorar.

-Hasta siempre Naruto- fueron las últimas palabras que le dije antes de irme. Años después presencie como la mafia me quitaba a mi más grande amigo Sasuke Uchiha, pegándole un tiro en la cabeza, pero ese es otro cuento, para otra vez.

FIN