Sentada en el sillón del salón familiar, con los pies encima de una otomana y una taza de chocolate caliente entre las manos frías, Anna espera.

Mira hacia la ventana y espera.

El fuego crepita en la chimenea mientras ella espera.

Hay otra taza en la mesa junto al sillón mientras ella espera.

La tormenta de nieve azota las ventanas del castillo mientras ella espera.

Y termina el chocolate antes de quedarse dormida esperando.

No se dará cuenta de que Elsa entra al salón apenas unos minutos más tarde. Tampoco de que se sentará a su lado a disfrutar la bebida.

Lo siguiente que sabrá es que, al despertarse, su hermana estará a su lado, como cada invierno desde el Gran Deshielo. Y sabrá que, sin importar la distancia que las separe, siempre volverán a estar juntas.

Y, definitivamente, ese es el mejor regalo que puede pedir.