Invierno
Los copos de nieve caían apaciblemente en aquel paisaje, cubriendo los árboles y caminos de blanco. La pequeña Rin se había arropado con su manta para protegerse del frio mientras permanecía sobre Ah-Un. Sus otros compañeros de viaje no parecían darle demasiada importancia al frio, pero ella sentía un poco de temor a enfermarse: antes de que comenzara a seguir a sus amigos, cuando vivía cerca de la aldea, y se enfermaba por las bajas temperaturas, no había nadie que la cuidara y se veía impedida de buscar comida, por lo que, ahora que les tenía, le daba un poco de miedo que decidieran dejarla en alguna aldea por sentirse enferma.
-Señor Jaken- murmuró mientras el pequeño diablillo caminaba sujetando a Ah-Un que apenas cooperaba para moverse-, ¿A usted le gusta la nieve?
-No es algo que me agrade especialmente- respondió él limpiando su nariz de un copo que había aterrizado en ella-, prefiero un poco más de calor.
-A mí me gusta, es linda, pero no me gusta tener frío.
Sesshomaru había decidido detenerse un momento. A lo lejos vio una cueva que podría servirles de refugio mientras seguía nevando. La tormenta les había sorprendido a mitad del camino y le preocupaba un poco que Rin pudiera enfermar por la nieve. Los humanos son frágiles y se enferman por cosas como esas...
-Quédense aquí- les ordenó-, voy a revisar que la cueva esté vacía... Jaken, cuida que Rin no pase demasiado frío.
-Sí, amo bonito.
Jaken y Rin se quedaron solos por un momento. El pequeño diablillo verde buscó entre su equipaje otra manta para arroparla y aunque la niña apenas podía moverse por la cantidad de ropa que le habían puesto encima, Jaken se dijo que había hecho un buen trabajo.
-Señor Jaken, no veo- se quejó la niña una vez que el demonio se había sentado a su lado.
-El amo bonito dijo que tenías que estar abrigada- sentenció el diablillo después de evaluar su trabajo un momento-, yo creo que así estás bien.
-Tampoco puedo respirar bien...- se explicó la niña, tratando en vano de arreglar las dos mantas que tenía encima.
Justo en ese momento, Sesshomaru volvió a buscarlos, viendo que el lugar que antes ocupaba la niña en el lomo de Ah-Un, ahora lo ocupaba una manta arrugada... No, al afinar un poco su vista notó que el pequeño montón de ropa era Rin... Se acercó a ella para acomodar las mantas sobre su cabeza y lograr que su cara pudiera, otra vez, verse entre la ropa.
-¿Mejor?- le preguntó.
-¡Sí, mucho mejor! ¡Gracias!
Una vez dentro de la cueva encendieron una pequeña fogata. A pesar de que ya había comido y estaba descansando junto al fuego, Rin aun sentía frio. Abrazó sus rodillas intentando disminuir lo más posible el espacio que ocupaba, en un intento de no dejar escapar el calor de su cuerpo.
-Rin, ¿Todavía sientes frio?- Sesshomaru miró a la niña en su intento por calentarse. Ella asintió en silencio sin querer hablar para no tener que moverse- Ven, puedes sentarte conmigo...
La niña se sentó a su lado para abrigarse de inmediato con su estola. Se sentía mucho mejor de esa forma: acompañada, tranquila y con una sensación cálida, tanto en su cuerpo como en su corazón. Sintiéndose por fin cómoda y disipada la sensación de frio, cerró sus ojos para quedarse poco a poco dormida... Sesshomaru solo la miraba, permitiendo que se abrigara todo lo que quisiera y cuando, finalmente, se durmió vigiló sus sueños. Siempre se preguntaba qué soñaría Rin cuando dormía: solía tener pesadillas, lo sabia porque la veía despertar varias veces en la noche, pero a veces, como ahora, una sonrisa se dibujaba en sus labios y parecía estar viendo algo agradable. Por un momento pensó que estaría bien entrar a los sueños de la niña: de esa forma podría espantar sus temores y compartir con ella los instantes buenos.
-Amo bonito- lo llamó Jaken, desviando por ello su atención a su sirviente-, yo también tengo frío.
Sesshomaru observó a Jaken: estaba frente a él, calentando sus pies y manos junto al fuego, se había cubierto con una de las mantas de Rin y sus ojos le miraban brillantes por la expectativa.
-¿Y qué quieres que haga?- interrogó el demonio- Te informo que aún no puedo controlar el clima...
-Es solo que... como Rin está ahí y aún hay espacio a su lado...- Jaken movía las puntas de sus pies a medida que hablaba- bueno... pensé que quizá podría dormir a su lado.
-Jaken...
-¿Sí, amo bonito?- el pequeño diablillo apenas podía contener su emoción por la posibilidad de que su amo accediera a su petición.
-Tú puedes entrar en calor solo...
Jaken tuvo que resignarse a dormir solo en compañía de Ah-Un, quien tampoco parecía muy conforme con que él estuviera tan cerca. "Tonta Rin" pensó el pequeño demonio "Ella se aprovecha de las circunstancias y de que es pequeña, pero ya veremos si cuando crezca el amo bonito la va a tolerar cerca..."
La noche transcurrió con calma, afuera la nieve seguía seguía cayendo y llenando los caminos de blanco, pero los habitantes de la cueva se mantenían secos, ajenos a los copos y descansando mientras esperaban que la tormenta lograra amainar con la llegada de un nuevo día.
Sin embargo, aquel día fue igual que el anterior: la nieve seguía cayendo y aunque a ratos se detenía, volvía a caer después de un par de minutos. Sesshomaru optó por quedarse un día más en la cueva: era un lugar bastante seguro y se dijo que prevenir una enfermedad en Rin era una decisión realmente sabia.
-Amo Sesshomaru, ¿ahora vamos a vivir en la cueva?- preguntó la niña después de caminar un par de metros para asomarse en la entrada.
-Si no deja de nevar, probablemente sí.
Para él el transcurrir del tiempo no era importante, perder un día no producía un cambio tan significativo en sus planes, pero para Rin, perder un día era otra cosa: era un día menos de juegos, de aventuras, de descubrir y aprender cosas nuevas. Le agradaba estar con sus amigos, pero pasarse el día sentada frente a una fogata no era su plan preferido en el mundo.
Rin decidió pasarse el día haciendo sombras con sus manos. Cuando era más pequeña, su padre le había enseñado a formar sombras de animales para contar historias, pero ella no era tan buena como le habría gustado.
Sin embargo, después de un rato de jugar y de mostrarle las sombras a sus amigos comenzó a aburrirse. Había recorrido la cueva en toda su pequeña extensión, jugó un rato con Ah-Un y escuchó al señor Jaken contar sobre alguna de las increíbles hazañas de su amo.
Cuando había llegado la noche, la niña no tenía sueño y se quedó hasta muy tarde contándole a Sesshomaru historias de su aldea sobre el amor entre príncipes y cortesanas en lugares lejanos. El demonio la escuchaba en silencio, interviniendo solo cuando alguna parte del cuento le parecía interesante o tenía alguna duda sobre la trama. Tenia que reconocer que escucharla hacía más amena la espera, debido a que Rin era una gran contadora de historias.
Durante la mañana el sol, por fin, se alzó, brillante y orgulloso por entre las montañas, iluminando la brillante nieve que se había alzado por varios centímetros sobre el suelo.
Rin estaba fascinada, después de casi 2 días de estar encerrada por la nieve, por fin podía volver a salir a jugar en un mundo cubierto de blanco que combinaba perfectamente bien con las ropas y el cabello plateado de Sesshomaru.
A medida que ella avanzaba, un par de metros por detrás de su amo, fue notando las marcas que dejaban en la nieve los pasos del demonio que avanzaba tranquilo y sin ningún tipo de prisa.
Rin decidió, entonces, probar un nuevo juego: iba a pisar solamente donde su amo lo hubiera hecho antes, siguiendo de forma muy literal sus pasos.
En un comienzo, el juego era bastante sencillo y seguir las huellas del demonio le resultaba bastante fácil. Ella se dio cuenta que sus pies eran muy pequeños en comparación y que se divertía mucho jugando en secreto.
Sin embargo, Sesshomaru notó pronto lo que hacía Rin y poco a poco fue separando un poco más sus pasos. La niña no parecío advertir la diferencia en el juego... hasta que tuvo que levantar un poco su kimono para avanzar hacia donde estaba la siguiente marca sobre la nieve.
Poco a poco, Rin fue notando que las huellas en la nieve estaban cada vez más separadas... ¿Cómo era eso posible?... Ahora debía tomar vuelo para saltar hacia el siguiente lugar al que quería ir. El juego ya no era tan sencillo como antes, pero era igual de divertido.
Rin había realizado su último salto sobre la nieve, pero uno de sus pies resbaló sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo. Pensó que iba a caer, pero antes de que sus rodillas tocaran el frío, vio como una mano grande con garras alargadas, sujetaba la suya para evitar su caída y devolverle el equilibrio.
Rin miró a Sesshomaru con una sonrisa antes de incorporarse y de que él la soltara. El juego, ya había acabado...
-Rin, ten cuidado- la instruyó simplemente.
-¡Sí! ¡Gracias!
Sesshomaru continuó caminando, ahora sin intentar jugar con la niña. Era extraño, él no recordaba alguna vez haber jugado de esa forma con alguien, aunque tampoco recordaba que algún humano haya querido seguirlo... supuso que Rin era alguien que estaba llena de primeras veces...
Jaken, por su parte, contemplaba la escena con la boca abierta sin poder creerlo: ¡Él se había caído muchas veces en la nieve y su amo jamás lo había ayudado! No lo entendía ¡Él también quería recibir el trato especial que recibía Rin!
-¡Amo bonito!- le llamó corriendo para adelantarse a Rin y dejarse caer sobre la nieve de forma dramática, con lágrimas en sus ojos y todo- ¡Amo bonito, yo también me caí en la nieve!
-Pues ponte de pie.
Jaken parpadeó perplejo ¡Que injusticia era su vida!
-Pero...pero... pero...- murmuraba el diablillo mientras la pequeña Rin le ayudó a ponerse de pie y caminó con él un par de pasos.
-Jaken, si no me vas a decir nada coherente, cállate...
Holaaa!!! encontré esta historia que había escrito hace un tiempo y se me ocurrió hacer un compilado de momentos independientes en las diferentes estaciones del año.
La escena de Rin jugando en la nieve me base en una escena de moon lovers (serie) porque créditos a la idea original.
Nos vemos en la próxima estación :)
