Primavera
La joven mariposa había estado volando, recolectando el néctar de algunas flores que se cruzaban en su camino. Sus alas de color rosa combinaban a la perfección con el paisaje que, por las flores de los cerezos, se había teñido de aquel color.
Por un momento, la mariposa se posó para descansar sobre la nariz de la niña que dormía tranquilamente a la sombra de un árbol. Sin embargo, pronto emprendió el vuelo al notar que ella había abierto sus ojos.
Rin se despertó en cuanto notó el leve cosquilleo de las alas de la mariposa en su cara. No pudo evitar sonreír al verla volar e intentó perseguirla un momento, pero la mariposa ya se alejaba, demasiado alto, a buscar descanso o néctar en otro sitio.
-¡Esos bichos están por todas partes!- se quejó el señor Jaken una vez que la niña se había detenido- ¡Son demasiado molestas! ¡Deberían prohibirlas! Todos los años vienen y vuelan y no hacen nada productivo.
-Señor Jaken...
-¿Qué quieres, Rin? No me digas que tienes hambre de nuevo porque fuimos hace muy poco a comer y...
-Tiene una mariposa roja sobre la cabeza...- apuntó ella a la mariposa de gran tamaño que había elegido la cabeza de Jaken para descansar, al tiempo que su verde amigo abría, preocupado, los ojos- ¡Es muy grande y muy linda!
-¡Quítala! ¡Quítala! ¡Quítala!- gritó de inmediato el diablillo llevando sus manos sobre su cabeza y consiguiendo espantar al insecto. Luego corrió en dirección al árbol sobre el que sabía, estaba el amo Sesshomaru- ¡Amo bonito! ¡Amo bonito, por favor ayúdeme! ¡Me mordió una mariposa y voy a morir! ¡No me quiero morir!
-Pero, señor Jaken- susurró Rin llegando a su lado-, las mariposas no muerden...
Ya era tarde, Sesshomaru ya había bajado de la rama en la que estaba sentado, alarmado por los gritos de su sirviente y profundamente decepcionado, al comprobar que el gran peligro que los acechaba, era una simple mariposa.
Jaken sintió la piedra en su cabeza antes de que pudiera decir algo. Sin lugar a dudas, la primavera no le resultaba del todo agradable, ya que a él no le agradaban particularmente ni los insectos, ni las flores, ni los pájaros...
-Amo Sesshomaru, ¿A usted le agradan las mariposas?- preguntó la niña mirándole curiosa.
El demonio miró a su alrededor por un segundo. Donde estaban, había algunas mariposas y la verdad es que era casi la primera vez que les ponía algo de atención.
-No me molestan...
-¡A mí me gustan mucho!- exclamó Rin sonriendo complacida- ¡Son preciosas y siempre están volando!... Además tienen muchos colores ¡Mi color favorito de mariposa es el rosa! ¿Cuál es el suyo?
-No lo sé- respondió simplemente el demonio-, no suelo prestarles demasiada atención y no conozco sus colores.
La niña asintió y se alejó a mirar algo que había captado su atención junto a Ah-Un. El dragón había encontrado una pequeña rama con flores de cerezo que, probablemente, había caído de alguno de los árboles a esa alfombra rosa que estaba cubierta por los pétalos. Rin tomó la rama en sus manos, con mucho cuidado para que las flores no se desprendieran de ella.
Mientras recorrían el paisaje cubierto de una alfombra y nubes en tonos de rosa, Rin recordó al observar las flores en su mano que una vez, en la aldea, vio que una chica le entregaba flores recién cortadas a su prometido y le había parecido algo tan tierno, que pensó que todo el mundo lo hacía.
-Amo Sesshomaru, ¿puedo preguntarle algo?
-Creo que ya lo estás haciendo.
En lugar de sentirse intimidada por una respuesta tan fría, la niña sintió que era su permiso para seguir preguntando y resolviendo sus dudas.
-¿Su novia ya le regaló flores por el inicio de la primavera?
Jaken miró a Rin con los ojos abiertos y llenos de lágrimas, pensando que quizás la niña sabía de algo que él se había perdido ¡¿Cómo era posible que el amo bonito tuviera novia y él no lo supiera?! ¡¿En qué momento había ocurrido?! ¡¿Quién sería la afortunada?! De seguro una criatura igual de poderosa y bella que su amo...Sin lugar a dudas, quería saber todos los detalles y esperaba, secretamente, que Rin no se detuviera con sus preguntas.
Por su parte, Sesshomaru miró de reojo a Jaken: la niña no podía tener esas ideas de forma espontánea, aunque al ver la mirada entre herida y sorprendida del sirviente, supuso que esta vez era la imaginación de Rin la que lo ponía en esa situación tan complicada.
-Yo no tengo novia. - explicó, con la esperanza, de que las preguntas de Rin no siguieran esos rumbos.
-¿Por qué no?- insistió Rin, matando de esa forma, las escasas esperanzas que tenía de librarse de ese tipo de conversaciones. Sin embargo, agradeció que Jaken saltara en su lugar a responder.
-¡Niña impertinente!- exclamó Jaken acercándose a ella una vez que comprobó que no se había perdido de nada- ¡¿No te han enseñado que hay preguntas que no deben hacerse?!... ¡El amo bonito, no tiene novia porque no quiere!
-¿Por qué no quiere?- insistió la niña al no conocer la historia completa- Mi hermano más grande, era menor que el amo y ya se iba a casar...
-Porque no hay nadie lo suficientemente buena para el amo- sentenció el diablillo contemplando a Sesshomaru con sus ojos brillando a medida que hablaba-...Verás, la prometida del amo debe ser perfecta, poderosa así como es él y bonita, sobre todo bonita para que tengan hijos tan bellos como el amo...
-¡Que triste!- exclamó Rin dedicándole a su amo una mirada...¿ compasiva?- Mi mamá decía que si un hombre es demasiado exigente, jamás podrá casarse como en los cuentos que me contaba para dormir...
La niña alzó los hombros un momento y fue a jugar a un pequeño jardín que se lograba percibir a lo lejos. Sesshomaru, en tanto, la miraba correr al tiempo que ordenaba las ideas en su cabeza: ni siquiera las pocas veces que veía a su madre, ella se atrevía a hacerle ese tipo de preguntas. De alguna forma, tanto madre como hijo sabían que él tendría una compañera cuando necesitase un heredero, quizás una vez que hubiera construído su imperio. Por lo mismo, ese asunto podría tardar años y no era algo que le preocupara o fuera un problema... hasta ahora.
Se dijo que eso sucedía solamente porque Rin es una niña demasiado curiosa y siempre hace preguntas de absolutamente todo, sin conformarse con cualquier respuesta...y porque los humanos también tenían costumbres extrañas, que quizá la niña tampoco comprendía del todo. Él no era precisamente el mejor guía en ese aspecto, pero normalmente trataba de responder cualquier cosa que Rin quisiera saber.
A medida que Sesshomaru se acercó al jardín en el que jugaba Rin, pudo notar que, al menos, a ella ya no le interesaba saber sobre su planificación familiar: estaba más concentrada en regañar a Jaken por no ayudarla a recoger flores adecuadas para lo que sea que ella quería hacer.
-¡Pero, señor Jaken!- protestó la niña cuando el diablillo insistía en ponerle unos dientes de león en su oscuro cabello- ¡Estas no se usan para hacer trenzas!
-¿Qué vas a saber tú?- insistió él, sujetando el cabello de Rin y obligándola a permanecer quieta- ¡Apenas y sabes cómo te llamas! Estas flores son lo último en moda, ¡yo lo he visto!
-Viví en una aldea más que usted- se defendió Rin alejándose de las manos del diablillo que insistía en practicar con ella sus escasos dotes de estilista- y sé porque lo he visto: que estas flores se usan para otra cosa.
-¿Para qué se usan?
-¡Para pedir deseos!- Rin sujetó el diente de león frente a Jaken, cerró sus ojos un momento y lo sopló, sin considerar que a su amigo le llegó a la cara cada pequeño pétalo- ¿Lo ve?
Jaken estornudó, al tiempo que intentaba quitar de su vista las molestas partículas de la pequeña flor.
-¡Que planta más inútil!- exclamó enfadado-¿Al menos pediste algo de provecho?
-Por supuesto que sí: ¡Pedí que el amo Sesshomaru pronto pueda encontrar novia! Así va a tener a alguien que le regale muchas flores en primavera...
Sesshomaru supo en ese instante que el tema de su noviazgo o mejor dicho, su falta de él, iba a ser un tópico recurrente en las preguntas y conversaciones de Rin durante algunos días, al menos, hasta que algo nuevo lograra lograra captar su curiosidad.
No le molestaba la curiosidad de Rin, era normal que ella quisiera saber el porqué de todo lo que la rodeaba, pero sí prefería las conversaciones que no giraban en torno a sentimientos o emociones en general, ya que eran cosas con las que no se sentía muy familiarizado.
¡Deja eso!- Jaken la miró dejando caer las flores que había estado recogiendo, de pronto ofendido- ¡El amo bonito no necesita una de esas cosas! ¡Si quiere flores, las puede conseguir él mismo o yo se las puedo dar!
Rin desvió la vista hacia donde su amo los observaba, de pie y posiblemente escuchando esa conversación y no pudo evitar imaginarse como sería si el señor Jaken le regalara flores... Probablemente ni siquiera se tomaría la molestia de mirarlas, pero sabía que si ella se las daba las cosas serían distintas...
A pesar del enojo de Jaken, Rin siguió juntando las flores que más le gustaban mientras tarareaba una canción. Estaba en un mar de colores y, aunque las quería tener todas, sabía que no podía llevárselas en su viaje.
-¡Rin, ya nos vamos!- exclamó Jaken intentando llevar a Ah-Un que también parecía haberse distraído un poco con el prolongado descanso.
-¡Sí!
La niña recogió otras dos flores antes de correr a donde la estaban esperando. Mientras caminaba, se dedicó a ordenar un poco las que tenía para dejar al centro la rama de cerezo: era su favorita y merecía un lugar de honor.
Caminó un poco más rápido para alcanzar a Sesshomaru y le tomó de la mano, jalándole un poco para indicarle que se detuviera.
-¿Qué tienes, Rin?- el demonio se detuvo pensando que quizá se sentía mal o que no quedaba agua para ella.
-¡Tome!- exclamó ella ofreciéndole el ramo de flores que había juntado- Busque todas las flores que tenían los colores de las mariposas que he visto para que elija su color de mariposa favorito.
-Gracias- Sesshomaru tomó las flores que le ofrecía la niña cuidando que no se cayera ningunani desarmar el modo en que estaban organizadas.
-Además, decidí que hasta que usted no encuentre una novia que le guste, ¡yo le puedo dar siempre un ramo de muchas flores al inicio de la primavera!
El demonio asintió una sola vez, aprobando la nueva excusa que Rin había encontrado para darle algo. La verdad era que, desde que se acabó el invierno, la niña le daba de regalo todo lo que a ella le parecía bonito o curioso: desde flores porque eran las primeras que veía en mucho tiempo, o piedras de colores por lo raras que eran y hasta la primera pareja de caracoles que vió un día tomando el sol sobre la hierba... a pesar de que ella a veces repetía los obsequios, él los recibía y agradecía el gesto, como si fuera la primera vez que se los daba.
Sesshomaru presentía que Rin se buscaba cualquier tipo de excusas para mostrarle la belleza del mundo a través de sus inocentes ojos. Desde que ella estaba con ellos, él había comenzado a apreciar ciertas cosas que antes no notaba, como las flores, las mariposas y los colores de la primavera... Era extraño, porque a pesar de que llevaba mucho más tiempo en el mundo que Rin, era como si ella fuese una experta y él estuviese descubriendo todo por primera vez.
Por un momento observó las flores de cerezo, que se destacaban entre todas las flores que tenía en la mano y no pudo evitar recordar que Rin era, precisamente, como esas flores: joven, inocente, tierna y su vida era frágil y efímera... Miró a la niña, que ahora insistía con trepar a un árbol con Jaken, y no pudo evitar preguntarse cómo iba a ser mirar las flores y a la primavera, una vez que Rin ya no estuviera...
Aquí está el segundo capítulo y si llegaron hasta aquí muchas gracias por leer :3Espero hayan tenido una muy buena semana!!!!
