Verano
El sol se alzaba en lo alto del cielo, hacía calor y el estar pescando en las orillas del río era refrescante tanto para Jaken como para Rin.
Sin embargo, mientras terminaban de pescar, un ruido extraño y diferente captó la atención de la niña. Sesshomaru lo había escuchado, pero pensando en que era algo completamente normal, lo dejó pasar y no pensó que Rin lo oiría.
Rin se acercó hacia el origen del ruido, moviéndose con dificultad entre el agua hasta llegar a una de las orillas. Entre la hierba y completamente solo, vio a un pequeño pato amarillo que al parecer se había perdido de su familia.
La niña lo tomó con cuidado entre sus manos, al tiempo que Jaken se acercó a ella para vigilar que no se hubiera metido en problemas.
-¡Niña, ¿Qué es eso?!- preguntó el verde demonio mirando al pato con algo de temor- ¡Es muy feo! ¡¿Por qué lo tomas así?!
-¡Yo digo que es muy lindo!- murmuró Rin mirando al ave, ya sintiendo cariño por ella- Es un patito ¿No le gustan los patitos?
-Es una criatura muy fea, Rin... Tienes pésimo gusto.
La niña frunció el ceño un minuto antes de caminar hacia donde Sesshomaru les vigilaba.
-¡Mire, amo!- exclamó ella mostrándole el ave amarilla que protegía con sus manos- ¡Yo lo encontré! ¡¿Me lo puedo quedar?!
Sesshomaru observó la criatura amarilla y el rostro ilusionado de Rin, antes de atreverse a negar un momento con la cabeza.
-Es un pato pequeño- le explicó- , se debe haber perdido de su mamá.
-¡Yo puedo ser su mamá!
- No es lo mismo, Rin.
La niña le miró con los ojos llenos de lágrimas, debido a que ella realmente quería cuidar de ese pato... aunque a decir verdad, Rin no sabía muy bien cómo cuidar de un ave y sospechaba que sus amigos tampoco. Con el dolor de su alma, tuvo que reconocer que tendría que devolverlo.
-Amo, ¿puede ayudarme a buscar a la mamá del patito?
El demonio miró a la niña sin saber cómo iba a buscar a un pájaro que no conocía realmente: de los patos él sólo sabía que son aves, que emiten un ruido molesto, viven en el agua y cuando son pequeños siempre están siguiendo a su mamá. No tenía idea de cómo encontrar a uno, pero se dijo que encontrar a la madre del pato, era mucho mejor que tener que cuidarlo... a duras penas podía medio cuidar a Rin, como para ahora tener que hacerse cargo de una criatura más pequeña y enteramente desconocida.
Sesshomaru captó el olor de los patos al cabo de unos pocos segundos. Encontró a un grupo de pequeños patos junto a uno más grande que vigilaba a sus polluelos. Supuso que el pato grande era la mamá del que tenía Rin en las manos, y aunque mantuvo una prudente distancia, la pata se acercó a él para picotear sus pies por atreverse a molestar el descanso a sus hijos y a ella misma.
Jaken, viendo la escena se acercó dispuesto a defender a su amo.
-¡Ave tonta!- exclamó amenazándola con su báculo-¡¿Acaso no sabes respetar?! ¡Ya verás! ¡Te casaré y te comeré durante la cena!
La pata, lejos de sentirse intimidada comenzó a picotear las manos del verde diablillo, quien, después de gritar asustado, rápidamente se escondió a la espalda de su amo, abrazándose a su estola para protegerse.
-Muy valiente, ¿no, Jaken?- Sesshomaru miró a su sirviente de reojo y sintiendo una profunda reprobación.
-¡Amo bonito, esa cosa podría matarme!- sollozó Jaken aún aferrado a la estola del demonio- ¡Tenga cuidado! ¡Puede atacarlo! Esa cosa no respeta a nadie...
-Rin, ven: creo que ya encontré a la mamá de tu pato.
La niña se había quedado a la sombra de un árbol, jugando con su nuevo amigo mientras su amo se preocupaba de encontrar al ave. Ella tenía calor y, aunque había estado jugando en el agua, prefería descansar un momento y observar los detalles del pájaro que tenía en su mano.
Cuando su amo la llamó, se acercó con cuidado de no soltar al patito: como estaban cerca del agua, el suelo estaba muy resbaladizo y temía caerse. Sesshomaru la ayudó a llegar a su lado, sujetándola del brazo, tratando de no ser brusco ni de espantar al ave que sostenía.
-¿Ella es la mamá?
-Sí...- Rin se acercó al animal cuidando sus pasos mientras Sesshomaru vigilaba que la pata no intentara atacar a Rin- ten cuidado, es un poco agresiva.
-¡Sí!- la niña se acercó lentamente hacia donde la pata la miraba con desconfianza-...Hola, no me ataques, tengo a tu bebé ¡y es muy lindo!
Rin sonrió antes de dejar a la cría de pato sobre la hierba, cerca de su mamá. El pequeño pareció reconocer a su familia y se acercó rápidamente a ellos para cobijarse junto a sus hermanos.
La niña miraba la escena complacida y se sintió muy orgullosa cuando vio a los patitos seguir a su mamá de vuelta al agua. No pudo evitar decirles adiós con la mano, sin embargo, a medida que ellos se iban, la niña no pudo evitar sentir un poco de nostalgia y algo de tristeza.
Tanto Jaken como Sesshomaru sabían que algo le pasaba a la niña: el silencio de pronto no era normal, más aún considerando el sol y lo mucho que le gustaba a Rin jugar en el agua. A diferencia de otros días, ahora solo estaba sentada junto al río, arrojando piedras de forma distraída.
-¡Qué calor hace!- Jaken se acercó a ella cansado del repentino silencio- ¡Estoy seguro que el agua debe estar muy agradable! ¡Voy a pescar un poco más!
La niña sólo asintió antes de que Jaken se metiera a el río sin perder de vista a su joven amiga. No obstante, Rin no parecía querer jugar con él y solo lo miraba desanimada.
-Rin ¿no quieres venir?- presionó Jaken intentando salpicar a la niña con un poco de agua, sin embargo, ella sólo lo miró antes de emitir un suspiro y alejarse de ahí.
Sesshomaru observaba aquella situación preocupante desde la orilla y, cuando Rin pasó a su lado, pensó que hablaría con él sobre lo que sea que la estaba perturbando... pero grande fue su sorpresa cuando ella solo le ignoró y siguió su camino hasta trepar a la rama de uno de los árboles.
Sus ojos dorados siguieron los pasos de la niña, al tiempo que buscaba en el aire el olor de la sangre de Rin: temía que el pato le hubiera hecho daño, pero al parecer todo estaba en orden... solo sintió un olor a agua con sal y un ruido que no recordaba haber escuchado: Rin llorando.
Supuso que Rin quería estar a solas: si había trepado hasta la rama de un árbol para llorar, es porque no deseaba que la vieran y no iba a intervenir a no ser que ella lo deseara. Solamente se mantuvo bajo el árbol en el que estaba Rin para asegurarse que no hubiera ningún peligro.
Cuando la niña bajó, tanto Jaken como Sesshomaru la miraron con cautela: parecía estar bien, pero todo era una situación nueva... por un segundo Sesshomaru pensó que quizá el pato era, en realidad, algún tipo nuevo de demonio y pudo haber poseído a Rin.
-Rin, ¿estás bien?- Jaken se puso frente a ella- Tus ojos están raros, ¿te sientes enferma?
-No me siento enferma, solo me puse triste porque cuando el patito se fue, me acordé de mi mamá...
-¿Tu mamá se parecía a un pato?- Jaken miró a Rin sin poder creer que ella pudiera nacer de una criatura tan... emplumada.
-No, mi mamá se parecía a mí...
A medida que pasaba la tarde, Rin fue recuperando su buen humor de siempre. Había comenzado a comer con normalidad y a reír cada cierto rato, como hacía siempre.
Ya en la noche estaba con la misma energía de siempre, persiguiendo las luciérnagas y jugando con Ah-Un como parte de su rutina.
-¡Me gustan mucho las luciérnagas!- exclamó ella sentándose junto a Sesshomaru para descansar un momento- ¡Son como estrellas en miniatura!... Mi mamá a veces lograba poner algunas en frascos para que con mis hermanos, pudiéramos verlas...
-Rin, ¿Hablar de tu mamá te hace triste?
El demonio miró a la niña evaluando la situación: él sabía lo que había ocurrido con los padres de Rin, pero no le gustaba presionarla para hablar sobre el tema. Tampoco quería que volviera a llorar y temía que la conversación derivara en ello.
-No me hace triste- respondió ella después de pensarlo un momento y bajando un poco la mirada-, es solo que la extraño mucho y me dio algo de pena que el patito recuperara a su mamá y yo no...
-No puedo devolverte a tu madre, Rin- Sesshomaru miró a la niña sintiéndose, por primera vez, inútil al no poder hacer algo por ella-, pero puedes contarme de ella si lo deseas.
Sesshomaru vio los ojos de Rin brillar de emoción a medida que hablaba sobre su madre y su familia. Le contó algunas historias sobre largas caminatas y juegos en casa a la luz de la luna. Pudo concluir que la vida de la niña antes era muy tranquila y feliz a pesar de que no estaba rodeada de grandes lujos: la prioridad en su humilde familia era el amor y estaba seguro que la esencia de ello aún permanecía en Rin.
-Me da un poco de miedo...- confesó la niña después de un rato.
-¿Qué cosa?
-Crecer y olvidarme de mamá, de las cosas buenas- se explicó-...No quiero pensar en ella y llorar, me gustaría acordarme de mamá con alegría, como ahora...
-Eso no pasará, Rin. Siempre puedes hablarme de tu madre cuando pienses en ella...puedes recordarla de esa forma cuando quieras.
A pesar de la voz y el semblante carentes de emoción, Rin se aferró a las palabras de Sesshomaru y supo que haría un uso frecuente de su oferta.
Para el demonio escuchar las historias de la niña no representaba ningún sacrificio: le agradaba oírla y aunque no lo quería reconocer, se divertía mucho con sus relatos. De hecho, pensaba que en caso de que Rin supiera leer, podría conseguirle algunos cuentos para que ella los interpretara a su manera: era mejor oír las historias narradas por Rin que por cualquier otro.
- ¿Usted piensa en su mamá cuando viaja?- preguntó Rin después de unos minutos de silencio.
Sin lugar a dudas el demonio pensó en su madre en aquel momento, pero no con cariño o ternura como lo hacía su joven amiga: su relación con su madre se basaba en el respeto mutuo, de hecho, no recordaba más de una o dos ocasiones en que ella tuviera alguna muestra de afecto con él. No podía definir su relación como cercana, su madre simplemente era quien le había traído al mundo y le guardaba respeto por ello.
-Mi madre es... diferente a la tuya, Rin...Es...más fría.
La niña le habló con tanto entusiasmo de su familia que, de alguna forma, Sesshomaru sentía que ya los conocía.
-¡Pero debe quererlo mucho!- exclamó la niña convencida- ¡Estoy segura de eso!
-Probablemente.
-¡¿Por qué no me habla de ella?!- preguntó Rin mirándolo entusiasmada.
-Esto... no sé...- para él era muy extraño hablarle a alguien sobre su familia.
-¡No es justo!- exclamó Rin- ¡Yo le conté todo lo que sabía!
-Creo que las historias de mi familia son menos divertidas que las tuyas...
-¡Vamos! El señor Jaken me contó que usted tiene un hermano menor- insistió la niña sentándose un poco más cerca- ¿Cómo es él? ¿Qué edad tiene? ¿Lo podré conocer un día? ¿Se visitan seguido? ¿Cómo se sintió cuando él nació?
Rin había apoyado su brazo en sus rodillas para sostener su cabeza con su mano, sus ojos oscuros miraban fijamente a Sesshomaru en una posición de escucha activa. Incluso Jaken se había acercado para sentarse junto a la niña y mirarlo atentamente con la intención de no perderse de nada de lo que tuviera que decir.
-¿Tú que estás haciendo, Jaken?- preguntó mirando al diablillo de reojo.
-Vine a escuchar, amo bonito- explicó este último- ¡Sus historias son mucho más interesantes cuando las cuenta usted mismo!
-¡Y es casi la primera vez que va a hablar mucho!- exclamó Rin aplaudiendo emocionada a lo que Jaken asintió igual de entusiasmado- ¡Quiero saberlo todo! ¿Cómo se conocieron sus padres? ¿Estaban muy enamorados? ¿Cómo fue el día de su boda? ¿Qué dijo su padre cuando usted nació? ¿Cuál fue su primera palabra?...
-Rin, ¿no tienes sueño?- Sesshomaru no esperaba tener que ser él el que tuviera que contar historias de su familia y tampoco sabía si era algo adecuado de contar a una niña.
-No, hace calor y recién aparecieron las estrellas en el cielo.- puntualizó Rin aún atenta a la posibilidad de una nueva historia- Hay luciérnagas, muchas estrellas, hay un ambiente agradable ¡Hoy es noche de historias!
-¿Qué quieres saber?- el demonio cedió, consciente de que su joven interlocutora no se iba a dar por vencida sin escuchar algo de todo lo que ella quería saber.
-Ya le dije: ¡Quiero saberlo todo desde el principio! ¿Cómo se conocieron sus padres?
Rin escuchaba atenta la historia de su amo: le parecía sumamente interesante y cada vez quería saber más detalles ¡Estaba segura de que una sola noche no bastaría! por lo que se dijo que lo mejor era que las noches de verano fueran noches de historias...
Hola!!! Hasta aquí el capítulo de hoy, ya queda solo uno para terminar con las historias basadas en las estaciones del año.Si llegaron hasta aquí, muchas gracias por leer y les deseo una feliz navidad en este año tan loco, les mando un abrazo gigante y sigan cuidándose mucho¡Saludos!
