Holis~ Ya se que tengo algunos fics sin terminar, algunas ideas que me han dicho les gustaría que continuara (lo cual estaría en consideración pero no prometo nada), pero el día de hoy vengo a inaugurar lo que llamo: semana de regalos navideños GiyuShino. Resulta que gracias a esta parejita, hace poco más de un año retomé la escritura y gracias a que empecé a subir mis fics de ellos he conocido a varias personas maravillosas en internet y pues, quería darles una pequeña muestra de cariño y agradecimiento, y como solo puedo escribir y así fue como nos conocimos, pues he decidido hacerlo a través de algunos fics~
Ese fanfic va dedicado a la primera amiga que hice aquí, la que me ayudó a romper el hielo (alguien me dijo que pensó que yo era una mariposa social, pero eso es solo gracias a que esta amiga me hizo salir de mi crisálida) y me ha apoyado en dos momentos muy difíciles de mi vida: Kmi-nyan, no se cuando vayas a leer esto, pero que sepas que te quiero mucho y te estoy muy agradecida, siento mucho mis desapariciones pero te juro que no me olvido de ti y eres muy especial para ti u.u
En fin, solo quiero aclarar algo respecto a este fic (que yo se Kmi lo pillará bien XD): este está ambientado en la academia Kimetsu pero NO tiene que ver con la serie de one-shots que estoy escribiendo sobre ese au, es oootro universo paralelo donde Giyuu y Shinobu se hicieron novios desde que ella estaba en primer año de secundaria y él en primer año de preparatoria, así que ya llevan tiempo juntos :v
No tengo más que agregar, excepto que Kimetsu no yaiba y sus personajes le pertenecen a la genial pero malvada Gotouge-sensei.
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Repaso y castigo
Shinobu estaba de mal humor. Había pasado casi toda la noche estudiando para los exámenes de admisión que iniciarían dentro de solo una semana y despertar para asistir a la escuela le había supuesto un esfuerzo sobrehumano. Para colmo, la preocupación por que las pocas horas de sueño que había tenido hicieran que no pudiese concentrarse en la clase había sido vana: por alguna razón que no alcanzaba a comprender, habían citado a todo tercer año al gimnasio… para una charla de educación sexual.
— No entiendo porqué nos llaman para esto ahora – refunfuñó – No somos niños, estamos a punto de entrar a la universidad. A estas alturas solo alguien que haya vivido debajo de una piedra no sabe qué es un pene, qué es una vagina y qué pasa cuando s…
— Bueno, quizá quieren asegurarse de que sepamos que a los bebés no los traen las cigüeñas, ya que vamos a empezar a mezclarnos más en la sociedad adulta. – la interrumpió una de sus amigas con una sonrisa forzada. Debido a que Shinobu normalmente actuaba de manera educada y amable, realmente asustaba cuando expresaba su mal humor.
— Tranquilízate, Shinobu-chan, como son cosas que ya sabemos tal vez puedas aprovechar para seguir repasando por tu cuenta. – sugirió una de sus amigas, aludiendo a la libreta que Kochou llevaba en la mano y de la cual no se separaba desde que supo la fecha de su examen.
— O quizá deberías intentar dormir. – comentó su tercera amiga con temor y preocupación – Se ve que estas cansada. – esta vez cuidó de no decirle que si se forzaba tanto a estudiar llegaría completamente desgastada al día del examen, ya que la última vez que lo había intentado se había ganado una mirada que mataba por sí sola.
— ¡Sí! ¡Me parece una gran idea! Nosotras te cubriremos para que el profesor no te descubra. – apoyó otra de las chicas.
Normalmente Shinobu se habría negado, pero en verdad se moría por tomar una siesta, por corta que fuera.
No lo admitiría ante nadie, pero el estrés del estudio en sí y la presión por conseguir la beca a la que estaba apuntado ya le estaban pasando factura. Por suerte solo debía resistir una semana más. En cuanto terminara ese bendito examen dejaría todo en manos de los dioses y se dedicaría a dormir y a todo de lo que se había estado privando durante ese tiempo.
Pero por ahora, lo único a lo que podía aspirar, era a aprovechar esa estúpida charla.
— ¿Harían eso por mi? – preguntó con mejor humor ante la perspectiva.
Sus amigas se miraron entre sí con ilusión al ver resurgir un poco de la Shinobu que conocían, luego asintieron en perfecta sincronización.
— ¡Por supuesto!
— ¡Déjanoslo a nosotras!
— ¡Ya verás como nadie se dará cuenta!
— ¡Y lo bien que te cae la siesta!
— Entonces se los encargo, por favor. – les sonrió Shinobu, a lo que las chicas volvieron a asentir entusiasmadas.
— Todo lo que necesitamos saber es quien dará la charla. – señaló una de las chicas.
— Espero que no sea Uzui-sensei, porque con lo explosivo que es seguro despertaría a cada momento a Shinobu-chan. – el comentario provocó risas en el pequeño grupo.
— O Rengoku-sensei. – agregó otra – No es tan extravagante, pero si grita mucho.
Volvieron a reír mientras entraban al gimnasio y se acomodaban en el suelo junto a los demás estudiantes que ya estaban ahí. El poco tiempo que esperaron se fue entre especulaciones sobre quien sería el docente que les impartiría la charla y bromas sobre que no sería necesario cubrir a Kochou, dada su corta estatura.
Pero todo atisbo de diversión se esfumó en cuanto vieron entrar a un profesor en particular.
— Oh no… yo creo que este sí va a ver a Shinobu-chan. – susurró una de las chicas al ver que Giyuu Tomioka se dirigía al frente.
— ¡Rayos! ¿¡Porqué tenía que ser Tomioka-sensei!?
— Ta-tal vez no sea tan malo, Shinobu-chan ha estado yendo a clase de educación física y se ha estado portando mejor con él, así que tal vez ya no la tenga tan en la mira ¿verdad, Shinobu-chan?
Sus amigas la miraban nerviosas pero Shinobu estaba en shock: Trataba de asimilar el hecho de su novio secreto estaba a punto de impartir la famosa charla de educación sexual a su curso, en el cual, al menos la mitad de las chicas se proclamaba fan de algún profesor, y muchas, de hecho, ya se le había confesado a Tomioka-sensei.
— Buenos días. – saludó el maestro de educación física, llamando la atención de todos, incluyendo el grupo de chicas – Como ya les mencionaron, el día de hoy hablaremos de…
Shinobu dejó de prestarle atención desde el momento en que captó un intercambio de miradas y sonrisitas entre sus compañeras de año. Un vistazo rápido a los alrededores le confirmó que algunas de las autoproclamadas fans de Tomioka cuchicheaban entre sí o estaban excesivamente dispuestas a escucharlo hablar de sexo.
Por supuesto, no estaba nada contenta con la situación, pero tampoco podía hacer una sola cosa al respecto. Después de todo, no habían sorteado tantos obstáculos durante el año para que ella misma lo arruinara descubriendo su relación por una razón tan tonta. Así que la idea de aprovechar el rato para tomar una siesta era más que bienvenida.
— Shinobu-chan ¿estas bien? – le preguntó en susurros una de sus amigas. Ella esbozó su mejor sonrisa, aquella que utilizaba para proclamar que Tomioka-sensei no era de su agrado.
— Sí, voy a dormir ahora. – anunció – Les encargo el resto.
Y aprovechando que no podrían poner mayor objeción sin llamar la atención de su maestro y arriesgarse a ser castigadas, se acomodó para reposar la cabeza en el hombro de una de las chicas, cerró los ojos y respiró profundamente, permitiéndole a su cuerpo relajarse y entrar al mundo de los sueños.
Por desgracia, no pasó demasiado tiempo antes de que una voz que conocía muy bien la despertara.
— Kochou… Kochou… Kochou…
Pero ella fingió seguir durmiendo. No había razón para que solo ella estuviese de mal humor.
— ¡Kochou! – se dignó a abrir los ojos hasta que la voz de su profesor de educación mostró un indicio de irritación.
— Buenos días, Tomioka-sensei – lo saludó con su tono más casual, como si no estuviese fulminándola con la mirada frente a todos sus compañeros.
— Es prohibido dormir en clase. – le reprochó él.
— Ah, ¿es que esta es una clase? – Shinobu se llevó una mano a la boca para cubrir un bostezo – Lo siento, pensé que era una especie de hora libre, ya que estamos muy mayores para que nos den la charla de las abejitas. – se burló. Una de las ventajas de ocultar su relación tras esa fachada de odio era que no tenía que esforzarse por fingir nada cuando estaba molesta.
Antes de que el maestro pudiese responder, la campana anunció el fin del primer periodo.
— Hablaremos de tu castigo en el descanso, vendrás a mi oficina. – fue la sentencia de Tomioka antes de dar permiso para que todos volviesen a sus aulas.
En cuanto estuvieron lejos de él, todos los alumnos empezaron a hablar acerca de lo que le esperaba a Kochou. El profesor era famoso por sus castigos espartanos y por no mostrar misericordia ni siquiera hacia la chica más delicada, además, ella lo había desafiado durante todo el año, no solo de manera verbal, sino también negándose a participar en su clase. Era evidente que la única razón por la que la chica había empezado a asistir durante los últimos dos meses, era porque necesitaba esa calificación para aprobar el curso, no obstante, muy pocos tenían alguna duda de que Tomioka esperaba el momento adecuado para desquitarse de las insolencias de su alumna. Y este, al parecer había llegado.
Sin embargo, Shinobu estaba más extrañada que preocupada. Pese a ser pareja, cuando estaban en la escuela Giyuu cumplía su papel de profesor a cabalidad, negándose a eximirla de su estricto modelo de educación -no negaba que esa era una de las razones por las que había faltado a su clase todo el año-. De hecho, apenas había conseguido que le prometiera que relajaría un poco la brutalidad con que impartía su asignatura durante esa semana tras una truculenta negociación, y solo porque tenía una razón válida para pedírselo, como lo era el tener que estudiar para ese bendito examen. Por lo tanto, sabía que recibiría al menos un largo sermón acerca del cumplimiento de las reglas, pero por lo general dicho sermón iba acompañado de un número de vueltas en el campo o de un par de horas reorganizando la bodega. Era la primera vez que la llamaba a su oficina.
El comportamiento de su novio era de lo más extraño.
— Con permiso – saludó Shinobu más para anunciarse que por cortesía.
— Cierra la puerta y acércate. – le indicó Tomioka sin levantar la vista del papel que estaba leyendo. Su voz sonaba tan monótona como de costumbre, no delataba ningún ápice de emoción.
Shinobu decidió ser obediente por esta vez. Quizá si se acercaba y esperaba en silencio, terminaría la jornada escolar con solo un sermón y ninguna vuelta a la cancha.
Lo que no esperó, fue que tras terminar de leer y guardar el papel, la tomara por la cintura para acercarla aun más.
— ¿¡To-tomioka-sensei!? – lo llamó alarmada en un intento de recordarle donde estaban, mientras veía hacia la puerta. En lugar de responder, él la hizo sentarse sobre una de sus piernas mientras le manoseaba el trasero con tanta libertad como si estuviesen en su apartamento – ¡Giyuu-san! ¿¡Qué se supone que haces!? ¡Aún estamos en la escuela! – le reclamó en susurros con el rostro enrojecido.
Sin embargo, en lugar de explicarse, Giyuu aprovechó para besarla, por lo que Shinobu no tuvo más opción que enfrascarse en una pequeña contienda por ver quien dominaba a quien. Pero la mano que seguía tocando donde no debería y el peligro de que en cualquier momento alguien pudiese descubrirlos la distrajeron lo suficiente para verse superada por él. Y cuando notó que la mano libre de su novio se deslizaba por debajo de su uniforme en busca de un objetivo muy concreto, tuvo que retirarse por completo de la batalla al romper el beso.
— E-espera… Giyuu… san... – jadeó al tiempo que apoyaba las manos en el pecho de su novio en un débil intento para alejarlo, pero desafortunadamente, el largo de sus brazos no era suficiente y sabía perfectamente que carecía de la fuerza necesaria para detener esas manos invasoras. Y la realidad era que una parte de ella tampoco deseaba detenerlo.
— Estamos en horario de escuela, aun soy tu maestro. – recalcó él mientras la devoraba con la mirada y la mano que se había colado bajo su sueter jugueteaba con uno de sus pechos.
— En… tonces… ¿Qué… ¡Ahm! – Shinobu intentó reformular su pregunta, pero tuvo que interrumpirse al recibir una palmada en el trasero.
— Es tu castigo – anunció por fin Giyuu, la lujuria era cada vez más evidente en su mirada azulada – y también una demostración de la clase. – agregó mientras subía su uniforme para dejar al descubierto su sostén. Shinobu no pudo reprimir un escalofrío de emoción al verlo curvar sus labios en una sonrisa ladina, señal de que le había gustado la elección de ese día. No obstante, cuando él hizo ademán de acercar el rostro a sus pechos, intentó detenerlo con tanta fuerza como pudo reunir.
— Espera… por… favor – volvió a pedir, pese a lo mucho que la desconcentraba sentir la otra mano de Giyuu empezando a colarse por la orilla de sus bragas – ¿Y si… alguien… viene… o escu… cha? ¡Ahm!
Shinobu decidió taparse la boca tras recibir esa segunda palmada, ya que esta había sido lo suficientemente fuerte para hacerla dar un pequeño salto que le permitió a la mano de su novio alcanzar su lugar más privado, el cual ya empezaba a humedecerse.
— Muy bien. – Giyuu la felicitó con voz ronca al tiempo que apartaba el sostén como si no lo hubiese apreciado momentos antes – Estaremos bien si no haces ruido… Shinobu.
A Shinobu le habría gustado replicar que, cuando se llamaban por sus nombres dejaban de ser maestro y alumna, pero tuvo que mantener su mano firmemente sobre su boca para evitar que alguien afuera pudiese escuchar los gemidos que la maestría de los dedos y boca de Giyuu hacían brotar de su garganta.
Era evidente que esta vez no tenía intención de detenerse solo por estar en la escuela.
Shinobu despertó con un respingo que casi la hizo caer de la silla. Miró a su alrededor desorientada y descubrió que no se encontraba en la escuela, mucho menos con su novio. Estaba en casa y se había quedado dormida sobre el libro de química que estaba leyendo.
No pudo evitar refunfuñar.
Tras bostezar y estirarse, pudo comprobar que aun era de noche. Normalmente habría ido a lavarse la cara, tomar algún bocadillo de la cocina y volvería al estudio. Pero al pensar en lo que acababa de soñar concluyó que lo mejor era irse a dormir. Ya que estaba segura de no tener el suficiente tiempo de abstinencia para provocarle ese tipo de sueños con Giyuu, así que en verdad el cansancio debía estarle pasando factura. No obstante, lamentó la baja posibilidad que tenía de reanudar su sueño en el punto en que había despertado.
Y al acostarse recordó que, algo que sí tenía tiempo de no hacer, era provocar a su novio en la escuela o con el uniforme puesto. La realidad era que siempre se la pasaba muy bien haciendo eso. Así que decidió que al día siguiente iría a su oficina a contarle lo que había soñado para picarlo un poco.
Definitivamente no podía esperar para salir del bendito examen de admisión y tener suficiente tiempo para pasar con su novio.
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Ok, esto no es muy navideño ni muy cristiano XD La idea vino de mi anterior regalo navideño para esta señorita: La bruja y la parca, ya que pensé "si ya tengo a Giyuu teniendo sueños no muy cristianos con Shinobu ¿quien dice que no puedo tener el contrario también? :vvvv Confieso que me costó un poco escribir esto, en parte porque aun me ganan el pudor y la inexperiencia con el asunto del lemon y porque estaba un poco depre cuando empecé a escribirlo porque estaba el boom de los extras del tomo 23 de Kimetsu :'v pero bueno, eso no me va a detener de seguir shippeando a esta pareja ni de seguir amando los personajes y la obra, así que saqué fuerzas de flaquezas y aquí estoy~
Espero que esto no haya quedado tan mal y que al menos haya sacado alguna sonrisa :'v
Nos leemos(?)~
