Hola~ Esta es mi primera incursión en este fandom jaja... En realidad este fic es un regalo navideño para Kmi-nyan, quien durante el año y pico que llevo de conocerla me ha apoyado en dos momentos muy duros de mi vida. Mija, se que me he desaparecido largos ratos y pido disculpas por ello, pero siento mucho cariño y agradecimiento hacia ti y quería expresartelo de alguna manera :'v Confieso que la idea de escribirte un fic de esta pareja vino de la falta de privacidad que hay en twitter XD (o sea, vi tus likes en los fanarts de ellos XDU) y aunque no estoy segura de que tan acertada sea la elección de la pareja o la ejecución del fic (primerísimo fic de Inuyasha que escribo XDu) espero que te guste aunque sea un poco :'v

No tengo mucho más que agregar, excepto que esto se ubica después del final de Kanketsu-hen y que la obra de Inuyasha y sus personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi.

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El significado de un cumpleaños

El suspiro de Kagome fue lo suficientemente audible para oídos no humanos.

— ¿Qué sucede, Kagome? – preguntó Shippo, quien se encontraba de visita en la aldea y había estado hablándole sobre su entrenamiento.

— Ah, lo siento, Shippo, no es nada. – Kagome le sonrió apenada – ¿Qué estabas diciendo?

— No, no, está claro que algo te pasa. – dijo el pequeño youkai – ¿Acaso ese tonto de Inuyasha hizo algo malo de nuevo?

Kagome negó con la cabeza.

— No, no es culpa de Inuyasha.

— ¿Entonces que sucede? – el pequeño la miró ansioso – Confía en mi, Kagome, haré lo que pueda por ayudarte.

Kagome lo observó por un momento. Sabía que su tristeza no tenía remedio ni era culpa de nadie, no tenía sentido cargar a un niño como Shippo con sus pesares… pero la perspectiva de ser escuchada era tentadora y al menos Shippo era alguien que no estaba ocupado tratando de garantizarse el sustento en esa época tan distinta a la suya.

— Gracias, Shippo. – le sonrió con sinceridad – Estoy segura de que solo con escucharme harás que me sienta mejor.

— Entonces dime que pasa – le pidió posando su pequeña mano sobre la de ella.

— Verás… sucede que hoy sería mi cumpleaños. – confesó Kagome.

— ¿Cumpleaños?

Ante el desconcierto del youkai, Kagome no pudo evitar que su sonrisa se tornara un poco triste. Por supuesto, en esa época todos estaban ocupados tratando de sobrevivir, sacando la cosecha adelante y protegiéndose de los youkais o bandidos que aparecían de improvisto. Las personas apenas tenían tiempo de cuidar de sus familias, no había lugar para muchas celebraciones e incluso muchos no podían permitirse participar de las pocas que se llevaban a cabo. No obstante, decidió explicarle a Shippo esa costumbre propia de épocas pacíficas.

— Se trata del día en que nací, ya hace diecinueve años… Verás, en mi época se trata de una celebración especial, se suele celebrar con la familia y los amigos.

— Pero, Kagome… ¿exactamente porqué es especial? – Shippo la quería mucho, por lo que no tenía intención de despreciar algo que parecía importante para ella, pero al tratarse de un ser con una longevidad mucho mayor que la de ella y aun así ser en escancia un niño, le costaba comprender porqué eso entristecía a su amiga. Para seres como él, lo que Kagome estaba planteando se trataba simplemente de ganar un poco más de edad.

— Porque… los seres queridos muestran su aprecio hacia ti, demuestran que te quieren y lo felices que son de que formes parte de su vida al celebrar contigo y darte obsequios... – si se hubiese quedado en su época, en ese momento quizá estaría llegando a casa de la universidad, su madre habría hecho su comida favorita, su hermano Souta la habría abrazado y su abuelo le habría preparado sus extraños amuletos como regalo… no se arrepentía de haber decidido quedarse al lado de Inuyasha y sus amigos, pero a veces no podía evitar añorar lo que había dejado al otro lado del pozo, especialmente a su familia – Ahora que lo digo en voz alta, suena vergonzoso y egoísta querer que celebren mi existencia. – rio apenada – Lo siento, Shippo, por hablarte de algo tan raro.

Había muchas cosas que Shippo no comprendía acerca del mundo del que provenía Kagome y ciertamente aun no digería del todo el concepto que ella tenía sobre cumplir años, pero su alma de niño comprendía algunas cosas: la tristeza que su amiga se esforzaba por ocultar, el sentimiento de agradecimiento por tenerla en su vida y la alegría de recibir obsequios. Después de todo, él había perdido a su amado padre y, pese a tener a sus amigos, aun lo extrañaba. Pero eso no significaba que no estuviese agradecido por estar con ellos, lo habían salvado de la soledad, le habían ayudado a vengar a su padre y además se habían convertido en su nueva familia sin pedir nada a cambio.

— ¡No digas eso, Kagome! – la abrazó con lágrimas en los ojos – ¡Claro que tu existencia es importante! ¡Es digna de ser celebrada! ¡Tú nos salvaste a todos! ¡Si no fuera por ti, yo, el tonto de Inuyasha, Miroku y Sango estaríamos solos! ¡Tú fuiste quien nos reunió y nos convirtió en una familia!

Kagome miró sorprendida al pequeño. Cierto, extrañaba a la familia que había dejado al otro lado del pozo, pero eso no significaba que estuviese sola. Ella había elegido quedarse junto a sus amigos, había elegido adoptar esa época como propia. ¿Porqué estaba arrepintiéndose de su decisión? Shippo tenía razón, él, Sango, Miroku, sus hijos y por supuesto, Inuyasha, eran la familia que había decidido adoptar y era feliz con ellos. No debía dejar que una tonta costumbre la hiciera perder de vista eso.

— Gracias, Shippo. – le devolvió el abrazo mientras en su mente, silenciosamente renovaba su determinación de acostumbrarse a esa época lo más pronto posible.


Al anochecer, cuando Kagome volvía de sus lecciones con Jinenji, le sorprendió encontrarse a Inuyasha en el camino.

— Inuyasha, ¿Qué haces aquí? – preguntó sorprendida, ya que lo normal era encontrarse en casa para la cena.

— Necesito hablar contigo. – fue toda la respuesta que recibió.

Inuyasha tomó la mano de Kagome y la guio hacia el bosque. A ella no se le escapó que se detuvieron a medio camino de donde se encontraba el pozo.

— ¿Qué sucede? – preguntó con algo de temor tras un rato en silencio.

— Kagome... – la llamó Inuyasha – Tú… ¿te arrepientes de estar aquí?

— ¿Eh?

El semi youkai se armó de valor y la miró a los ojos.

— ¿Tú… eres feliz aquí? – preguntó Inuyasha con tal expresión de tristeza que Kagome sintió que se le rompía el corazón – Yo… soy egoista, gruñon, aun no entiendo muchas cosas sobre los humanos, y te hice sufrir muchas veces antes con mi indecisión…

— Inuyasha ¿Qué quieres… – intentó preguntar a qué se debía esa charla, pero el semi youkai tomó sus manos con delicadeza, haciéndola callar y prestarle toda su atención.

— Pero yo, en verdad soy feliz teniéndote a mi lado. – confesó Inuyasha – Los tres años que estuve sin ti fueron los peores de mi vida, mi corazón estaba muerto y solo volvió a latir cuando te vi salir de ese pozo una vez más.

Kagome sintió sus ojos llenarse de lágrimas ante tales palabras del todo inusuales en él, la mirada firme de Inuyasha era muestra de su sinceridad. Pero aun no comprendía porqué le decía todo eso.

— Pero el hecho de tenerte a mi lado significa un gran sacrificio para ti. – siguió hablando el semi youkai – Yo… quizá nunca he apreciado lo suficiente lo mucho que te has sacrificado siempre por mi. – admitió – No solo te pusiste en peligro en muchas ocasiones, también me enseñaste a confiar en los demás, a tener amigos, a apreciarme más a mi mismo… y hasta renunciaste a tu familia y a tu mundo para quedarte a mi lado. Cuando dije que naciste para conocerme, no pensé en lo egoísta que estaba siendo contigo, pero hablaba en serio. Porque tu existencia es lo más preciado en el mundo para mi.

— Inuyasha… – la sospecha de que él hubiese escuchado la plática que tuvo con Shippo más temprano se abrió paso por la mente de Kagome, por lo que se enterneció, como cada vez que Inuyasha mostraba que se preocupaba por ella mucho más de lo que su temperamento dejaba ver. Cuando mostraba que su corazón era mucho más humano de lo que su naturaleza semi demoniaca hacía pensar.

— Pero, si tú no eres feliz estando conmigo nada tiene sentido. – siguió hablando Inuyasha, desviando la mirada, temeroso de la respuesta que ella pudiera darle – Si extrañas a tu familia… si estar conmigo es demasiado difícil… si quieres… volver… a tu mundo… solo dímelo, buscaremos la manera de volver a hacer funcionar el pozo o lo que sea. – se armó de valor para mirarla a los ojos con decisión – Yo solo quiero que seas feliz.

Kagome soltó sus manos de las del semi youkai, quien mostro sorpresa, tristeza y resignación en su rostro. El mismo rostro que ella acarició con ternura.

— Inuyasha… los tres años que pasé en el otro lado sin verte también fueron los más duros para mi. – le sonrió – Al igual que tú, mi corazón estaba muerto. Por eso en cuanto noté que el pozo había vuelto a funcionar, no dudé en tomar mi decisión. Y no me he arrepentido de ella ni por un instante. – el semi youkai se relajó ligeramente ante su declaración, pero como de costumbre, pareció un poco reacio a creer del todo sus palabras, por lo que esperó en silencio a que terminara de hablar – Es cierto que extraño mi casa, mis amigos, algunas costumbres de mi época… y a mi familia. Pero también es cierto es que ya los tuve a todos y nada tenía sentido sin ti. Aun pienso en ellos, siempre los llevaré en mi corazón, pero mi lugar está aquí. Contigo. Tú y los demás también son mi familia ahora, así que por supuesto que soy feliz aquí. No lo dudes, por favor.

Inuyasha la observó con atención durante largos minutos, con una mezcla de ansiedad y esperanza. Cuando estuvo seguro de no encontrar un solo rastro de duda en el rostro de Kagome se permitió sonreír y estrecharla entre sus brazos.

— Ya no dudaré más. – declaró.

Kagome sonrió y le correspondió el abrazo. Pero Inuyasha se separó de ella más rápido de lo que le habría gustado y curiosamente rebuscó entre sus mangas.

— Y una cosa más. – agregó cuando pareció encontrar lo que estaba buscando – No se mucho sobre las costumbres de tu época, pero escuché… e-en una ocasión que fui a buscarte a tu casa – trastabilló, tratando de ocultar que había escuchado la conversación con Shippo a escondidas – que se dan regalos en los cumpleaños. – tomó la mano de Kagome y depositó en ella lo que parecía una pequeña concha de mar – Esto es el último recuerdo que poseo de mi madre. Quiero que tú lo tengas.

— Inuyasha… – Kagome se sorprendió ante tal regalo, sabiendo que no debía ser fácil para él entregarlo – ¿Estas seguro? ¿No se trata de algo muy importante para ti?

Él asintió.

— Tú eres más valiosa para mi – declaró.

Una vez más, la emoción causó que los ojos de Kagome se empañaran. Se sentía tan feliz que tenía ganas de aferrarse a él y no soltarlo jamás.

Pero un ruido le impidió concretar tal impulso.

— ¿Qué se supone que hacen ahí? – preguntó Inuyasha con enojo, acababa de notar e identificar el olor de los espías.

— ¿Lo ven? Les dije que debíamos retirarnos. – se escuchó el susurro de Miroku – Lo que seguía igual no era apto para niños.

— Tenga un poco más de delicadeza, excelencia. – el sonido de la reprimenda de Sango fue un poco más audible.

— Ya no queda de otra. – esta vez el que habló fue Shippo – Salgamos.

De entre los arbustos salió el pequeño youkai, Sango, Miroku y sus tres hijos cargando varias canastas de comida.

Kagome se sonrojó e Inuyasha disimuló tras una cara de fastidio el bochorno porque los hubiesen visto en un momento tan privado.

— ¿Q-que sucede? ¿Porqué vienen todos? – preguntó Kagome apenada.

— Lo siento, Kagome – se disculpó Sango – No era nuestra intención espiarlos, es solo que Shippo no habló de tu cumpleaños...

— ¿Shippo?

— Sí. No conocemos las costumbres de su mundo, pero pensamos que si se trata de una celebración, significa comida y bebida, y no perderemos ante eso. – explicó Miroku - Así que venimos a celebrar.

— Aunque nos moderaremos un poco con la bebida ¿verdad, excelencia? – agregó Sango con una sonrisa amenazadora que hizo estremecer al monje y reír a los niños.

— Chicos… gracias… – Kagome estaba profundamente conmovida – Shippo, gracias por hacer esto por mi.

— No fue nada. – le sonrió el pequeño – Aunque veo que ya estas feliz. – agregó viendo lo que Kagome sostenía en su mano – No esperé que un tonto como Inuyasha fuera tan sensible como para prepararte un obsequio.

— ¿¡Qué dijiste, enano!?

— ¡Ayudame, Kagome!

Inuyasha no tardó en comportarse como un niño pequeño persiguiendo a Shippo para escarmentarlo a golpes, Kagome tuvo que poner el orden utilizando el poder del rosario antes de que pudiesen organizar entre todos un picnic bajo las estrellas. No obstante, ella estaba rebosante de felicidad. No olvidaría a los seres queridos que habían quedado al otro lado del pozo, pero tampoco dejaría de agradecer por los amigos que tenía en esa época, y sobre todo, por poder estar al lado del amor de su vida.

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Confieso que quería hacer algo más navideño al principio (después de todo, estamos en esa época y en Japón la navidad va más orientada a las parejas según leí) peeeeero la verdad es que no di con una buena idea al respecto y elegí este camino n_nU Kmi-sama, ojalá te haya gustado :'v y si alguien más lee esto y le saca alguna sonrisa me daré por bien servida :'v

Bye~