Horas más tarde, cuando eran las 17:30, Nick se encontraba dando su segundo paseo, en esta vez, en la plaza ubicada entre la alcaldía y la estación del tren. Iba caminando por ahí, sin un rumbo fijo, mientras solo tenía en mente el recuerdo de haber alegrado a Judy con ese regalo. Miró hacia la izquierda y vio a un jaguar pasar por la acera con un carro de dulces y de chocolate caliente, así que se le ocurrió ir a comprar uno, y justo cuando estaba a unos metros del vendedor, vio a una vecina suya sentarse en la nieve, con una cara triste, algo que lo enrareció un poco, pero fue primero por el chocolate, aunque tuvo que esperar, porque unos 3 leones se le adelantaron para comprar unos malvaviscos y chocolate caliente, así que esperó un poco, compraron y se fueron, y él retomó su andar justo cuando el vendedor se disponía a irse, así que lo llamó, le pidió un chocolate caliente, pagó por él y fue donde esa señora, y como es su vecina y también la conoce, ella lo reconocería al verlo.
—Buenas tardes, señora Jensen.— la saludó, con una cara y voz contentas, aunque seguía con esa sensación de rareza por la actitud de tristeza de ella.
La señora, que es un guepardo, levantó un poco la vista y lo miró, aunque no le sonrió.
—Hola, Nicholas.— lo saludó, con una voz algo triste y un poco baja, junto con un ánimo bajo.
—¿Por qué está triste?.
—Porque cuando llegué a mi casa anoche, con los regalos de navidad para mi esposo y mi hijo, entré, los saqué de las bolsas para envolverlos y vi que me faltaba uno que era para mi hijo.
—Aah, bueno, perdón por la intromisión. ¿Qué regalo era, si me lo puede describir?.— le preguntó, para, entonces, empezar a beber su chocolate.
—Un duende de navidad con vestimenta fucsia.— dijo ella.
Y sucedió que, al oír su respuesta, él volteó con rapidez la cabeza hacia la derecha y escupió el chocolate, por el impacto que le produjo, aunque la señora ni se inmutó por eso.
—¿Un duende?.— preguntó, solo para que el recuerdo del regalo a Judy, volviera a su mente de un golpe.
—Sí, no sé en qué momento y cómo se cayó de mi camioneta, pero ya no estaba cuando llegué a mi casa.
—¿Por qué calle pasó conduciendo antes de llegar a su casa?.
—Llegué a "Cañón de Reyes" dando una última vuelta hacia la izquierda al final de la calle "Río Arco Iris", y no sé exactamente qué sucedió con mi camioneta, pero cuando di la vuelta, parece que la rueda izquierda posterior pasó por encima del borde de la acera sin que me diera cuenta de qué tan cerca estaba de ella, porque esa parte dio un "salto" al dar la vuelta. Cuando llegué a mi casa y vi que el duende no estaba, preferí esperar hasta la mañana siguiente para salir a ver si estaba por ahí, para buscar con luz de día, pero en todos lados había nieve, así que no pude encontrarlo.
Apenas terminó de hablar, a la mente de Nick llegó el recuerdo del bulto de nieve con que se tropezó en la mañana, que resultó ser una caja de plástico y cartón con un duende de vestimenta fucsia dentro, así que, ahora mismo, ya no podía ser más claro, él encontró el regalo de la señora, el duende que le regaló a Judy por ser lo que ella quería para navidad. Con esos recuerdos en mente, sintió un inmediato, gran y pesado golpe de culpa, había regalado algo que ya tenía un poseedor y un destinatario, y ni siquiera pensó en eso, en que por algo debió ser que estaba ahí, no podría haber terminado ahí saliendo de la nada, por algo debió haber quedado ahí. Nick ya no se sentía alegre y en paz consigo mismo por alegrar a Judy con ese regalo, ahora, se sentía terriblemente mal consigo mismo, justamente, por darle ese regalo, pero también, por no haber pensado eso antes, por no haber pensado más de lo que pensó en ese momento. Se sentía culpable y triste consigo mismo por esto y por la señora, porque, por una buena acción, por darle alegría a alguien, terminó causando la tristeza de alguien más, y no solo a la persona que llevaba el duende a su casa, sino también, al pequeño para el que estaba destinado como regalo. Empezaba a sentir algo de ganas de llorar.
—Señora Jensen, ¿a qué hora volverá a su casa?.— le preguntó, con una voz casi normal, debido a que le sonó como un minúsculo llanto, aunque la señora no lo percibió.
—En 20 minutos, pero no porque me vaya de aquí en 20 minutos, sino porque me iré a tomar el tren ahora mismo, para envolver y decorar, y me llevará 15 minutos llegar hasta la calle "Vilma Wesley", y me llevará unos 5 minutos más caminar desde esa hasta mi casa.
—¿No vino hasta aquí en su camioneta?.— le preguntó, con su tono igual, por el momento.
—No, vine en tren.
—¿Vino sola?.
—Sí.
—¿Y por qué vino?.
—Porque vine por un pequeño paseo.
—¿Le compraría otro duende a su hijo?.
—Sí, pero no puedo ahora, porque estaré ocupada por el resto del día, por estar envolviendo todos los regalos y preparando las últimas decoraciones de mi casa, junto con más cosas que mi esposo y yo tenemos por hacer.
Así que se paró de ahí.
—Bueno, Nicholas, me voy a mi casa, así que te saludaré para navidad.
Él la vio empezar a caminar, así que él...
—Señora Jensen, espere, iré con usted en el tren, porque iré a la casa de otra vecina nuestra para hacer algo también.
—Sí, está bien.— le dijo, deteniéndose y mirándolo entonces.
Nick bebió rápidamente su chocolate, botó el vaso en un basurero que está ubicado en la acera y se fue con la señora, compraron sus boletos para el tren, este llegó en un minuto y se fueron a la calle "Vilma Wesley", caminaron por 5 minutos más, la señora se despidió de él y él siguió de largo, hasta llegar a la puerta de Judy. Golpeó la puerta y volvió a abrirle la señora Hopps.
