—Hola, Nick, ¿por qué vuelves tan pronto a mi casa, y por qué tienes esa cara triste?.— le preguntó la señora Hopps, con curiosidad por ambas cosas y dejando de sonreír al preguntarle por su cara.
—Antes, ¿puede traer a su esposo, y sobre todo, a su hija?. Le explicaré esos "por qué" con ellos presentes también.— le preguntó, con una voz nuevamente normal.
—Está bien.
Fue a buscarlos, los trajo y Nick les explicó toda la situación.
—Así que, conmigo lamentándome por esto, Judy, tengo que pedirte que me devuelvas el duende, para dárselo a la señora Jensen.
—Ojalá te alivies si se lo devuelves, no te quiero ver quedándote triste por más tiempo. ¿Y tus papás saben de todo esto?.
—Sí, les conté la primera situación cuando volví a casa, así que les contaré esta segunda cuando vuelva.
—Bueno. Ven, agáchate.— le pidió, habiendo dicho todo con ella sin sonreír y sin mostrar ninguna actitud feliz.
Se agachó y ella le dio un beso en su mejilla izquierda.
—Tal vez me quede sin el regalo que quise, pero está justificado, así que debes devolverlo. Espérame aquí, vuelvo en un segundo con el duende.— le dijo ella.
Judy fue comprensiva, como lo es toda persona en el mundo, así que su actitud fue de tranquilidad y le empezó a sonreír a su vecino cuando lo besó, y se mantuvo con esa sonrisa sin parar. Volvió a la puerta y le entregó el duende, en su caja intacta, así que, ahora, ella lo hizo sonreír de alivio.
—Gracias, y de nuevo, lo siento.
—Ya, tranquilo, vete en paz y sintiéndote con la alegría, bienestar y paz de antes, ahora se justifica mucho más, esto lo justifica mejor que lo otro, lo justifica tanto como si me hubieras regalado el duende por comprarlo tú mismo.
Él sintió que sus palabras lo aliviaban más.
—Gracias, Judy, me reconfortas con tu comprensión y palabras.
—De nada.
—Cuando te dije "Me siento bien, en paz y contento conmigo mismo por alegrarte con el regalo que deseabas, Judy.", así me sentí en ese momento, pero ahora que voy a arreglar mi error, me siento con más bienestar, paz y alegría que antes, aunque primero, tengo que darle su duende a la señora Jensen para terminar con todo mi malestar.
—Entiendo.— le dijo Judy.
—Yo igual.— le dijeron los padres.
—Gracias por entender, y gracias por tu comprensión, Judy. Ahí voy. Con permiso.
—Adelante.— le dijeron, con Judy inclinando su cabeza tanto como pudo.
Se salió de su jardín y fue hasta la casa de la señora, golpeó la puerta, esperó un poco y ella le abrió, y su reacción fue de sorpresa, alivio y alegría al ver al duende en las manos de Nick.
—Le estoy debiendo una explicación y una disculpa, señora Jensen.
Se apresuró a explicarle y pedirle un posterior perdón.
—Por eso fue que mi voz sonaba un poco triste cuando íbamos a irnos de allá.
—Yo ni me inmuté ante el que escupieras el chocolate que bebías y tampoco percibí el tono triste que mencionaste.
Le pasó el duende y la cara de ella se volvió de una sonrisa con ceño triste.
—Gracias, Nicholas. Todo está perdonado.— le dijo, con una voz tranquila y amorosa, como una manera materna de hablar.
—Gracias.
—Todavía no te vayas, yo voy a hacer algo por ti, para que tú lo hagas para Judy.
—Aquí la espero.
Juntó la puerta y fue dentro de la casa, y volvió en menos de un minuto.
—Los duendes cuestan 25 dólares, así que te regalo 100, para que puedas pagar tu boleto de ida y vuelta en el tren, para que hoy o mañana, puedas ir al centro comercial a comprarle ese mismo duende a Judy, yo no lo voy a comprar, ni para ella, ni para traértelo a ti, para que se lo lleves a ella, porque lo correcto y más reconfortante para ti, es que se lo lleves por comprarlo tú mismo, para llenarte más en el gusto y en tus sentimientos, y para que Judy tenga su regalo en esta misma navidad.— terminó de decirle ella, con un modo maternal.
—Gracias, iré de inmediato entonces, y gracias por dirigírseme con el modo maternal que le noté.
—De nada.
—Nos vemos, señora. Feliz navidad.
—Feliz navidad, pequeño Nick.
Nick se fue hasta la estación del tren y la señora Jensen entró a su casa.
