El Callejón Diagon, era… cómo decirlo, ¿mágico?, bueno, obviamente era mágico, había tiendas de escobas voladoras, librerías de hechizos, se limpiaban solas las ventanas y sus estructuras eran, peculiares, físicamente no deberían estar en pie algunas, pero lo estaban, sí, por arte de magia.

Quizás sea una tontería describirlo así, tomando en cuenta que era un lugar hecho por magos y brujas y el ambiente zumbaba magia llenando el aire y prácticamente gritaba "Hey, si no lo has notado, aquí hay magia". Pero lo que le llamo la atención del lugar, era los colores vibrantes, los niños emocionados viendo la escoba más reciente, el hombre atendiendo su heladería demasiado vistosa con magia. Se enfocó en la gran felicidad, paz y tranquilidad del lugar. Se sentía acogedor, era como si le diera la bienvenida a todos los de su clase, a las personas con magia.

En el fondo de su mente, algo le gritaba que estaba mal, que era incorrecto, era peligroso, pero también que era algo bueno, que merecían un lugar donde mostrar lo que eran sin temor. Era curioso cómo tenía pensamientos tan contradictorios.

Sabía que su padre no le hacía gracia que tuviera magia, él había planeado enviarlo a una buena escuela para que siguiera sus pasos, y el tener magia, solo había atrasado esos planes. Pero también sabía que su padre no desconocía el mundo mágico, de hecho, cuando llego su carta de Hogwarts, dijo que lo había esperado después de que a los ocho años fue imposible remover sus cortinas de las ventanas pues no quería levantarse de su cama, o cuando estaba en un viaje de caza con él y logró que el conejo callera en su trampa por arte de magia, o como en ese viaje de pesca donde los peces se reunieron a su alrededor listos para que los pescara.

Para su padre, eso no era algo "nuevo" o "impensable", pues él conocía al Primer Ministro de Magia. Aunque eso no quería decir que le agradara, le había dicho claramente que no esperaba que esto afectara sus planes futuros. Después de todo, era el heredero de una gran compañía, tenía grandes expectativas por cumplir, eso y su estado de nobleza de sangre.

Sin pensar demasiado en sus emociones encontradas, caminó directo al banco Gringotts, dónde le dijo la profesora McGonagall que podía cambiar su dinero muggle por dinero mágico.

Acercándose a la imponente estructura de mármol blanco, se detuvo a leer una inscripción tallada como advertencia. A decir verdad, sintió un poco de curiosidad por ver cómo estarían protegidas las bóvedas del banco, Sí había bóvedas ¿no?, todo banco tenia, incluidos los mágicos ¿no? Sería interesante contrastar la seguridad mágica con la no mágica, quizás eso podría ser beneficioso. Sacudiendo sus pensamientos, se adentro al banco pasando por las imponentes puertas de bronce y unas estatuas de lo que podían ser duendes.

Trato de no sentirse decepcionado con la visita tan corta al banco, después de todo, simplemente se formo en una inexistente fila y le cambiaron su dinero, ni tiempo le dio de admirar el interior del lujoso banco antes de que el duende que lo atendía le dijera que sería todo y ya podía irse. Era como si al no tener nada más que hacer, lo echaran para atender a quien obviamente tenia una cuenta o era un mejor cliente, eso o pensaban que podía estar pensando en cómo robar el banco, lo cual era ridículo.

Sin detenerse a pensar demasiado en ello, comenzó a visitar las tiendas que le recomendaron y se apresuro a hacer sus compras.

Al pasar por las calles, notó como llamaba la atención de las personas, eso lo incomodó, pero trató de ignorarlo y centrarse en su sus compras.

Con facilidad encontró la librería y junto sus libros, los cuales resultaron ser más de lo que esperaba, y se arrepintió de no tener quien lo acompañara para cargarlos, pero eso se resolvió al comprar un conveniente baúl ideal para sus libros que tenia un hechizo extensible (bastante útil), por un precio de 60 galeones y si quería uno con un hechizó que reducía su peso serían 100. Por un lado sintió que 100 galeones era ridículo, pero era útil, además que no sabia como funcionaban esos hechizos, y tampoco sabía como funcionaban los precios de cosas encantadas, por lo que eligió el de 60 sintiéndose estafado debido a su ignorancia.

Comprometiéndose a no gastar en otra cosa que no necesitaría, ignoró a los comerciantes que le querían vender omniculares para quidditch, cinta adhesiva mágica y otras cosas ridículamente caras que no entendió, pero ellos afirmaban que eran indispensables

Con decisión ignoro a los vendedores y fue a buscar sus útiles. Entro a una tienda a comprar sus suministros de pociones, su caldero, telescopio, entre otros más. Cuando terminó, fue a buscar dónde comprar su uniforme.

Al entrar a Madam Malkin , se sorprendió de ver que estaba prácticamente vacía, solo había unos hombres adultos que estaban pagando por unos trapos feos a una maquina mágica. Cuando los vio bien, noto que en realidad eran túnicas, túnicas de color verde brillante feo. Dios, esperaba no tener que usar algo así en la escuela.

—¿Hogwarts querido?

Se giro para ver a una mujer bajita y rellenita con el cabello blanco y gafas, luciendo una agradable sonrisa y una túnica morado pálido que le quedaba bien.

—Así es, ¿es muy obvio?— Respondió sorprendido, no había esperado verse tan fuera de lugar.

—Bueno, te ves de once años, y no te había visto antes, eso pasa normalmente cuando es tu primer año en Hogwarts— Respondió la mujer acercándolo a una plataforma con un enorme espejo enfrente —Además, si estoy en lo correcto, eres un nacido de muggles y por eso vienes por tu primer túnica.

—¿Cómo supo eso?— Preguntó intrigado, no creyó que estuviera actuando fuera de lugar.

—Tu ropa cariño— Le respondió la mujer riéndose un poco y haciendo volar una cinta métrica de la nada.

—¿Qué tiene de malo?— Preguntó deteniéndose a ver su vestimenta, camisa de vestir blanca, pantalones negros y zapatos marrones.

—Nada realmente, estas bien vestido a comparación de muchos otros que vienen, simplemente no luces como un mago.

—No creo que necesite una túnica brillante y sombrero puntiagudo para ser un mago— Resopló —Aunque me doy cuenta que en un lugar donde todos llevan túnicas y sombreros, debo de resaltar.

En ese momento se dio cuenta porqué había recibido tantas miradas al pasar, sin embargo, pese a estar en un lugar rodeado de gente que vestía como en la edad media, de alguna forma no se sintió extraño, ni se le hizo raro, al contrario, se sentía natural… solo le llamó la atención quienes usaban sombreros de picos y túnicas vistosas.

Dejo de pensar en eso cuando la mujer le pidió que se quedara quieto mientras le tomaba medidas.

—Bien, creo que eso seria todo por el momento, me tendrás que esperar en lo que consigo algo para ti— Dijo la mujer cuando estuvo satisfecha con su trabajo y sin más, la mujer fue a la puerta trasera de su recinto.

Cuando regresó, llevaba cargando algunas telas negras, afortunadamente. No sabia que haría si su uniforme brillaba.

—Ten querido, pruébatelas— Le dijo amablemente mientras le extendía las prendas —Puedes cambiarte allá atrás— Le señalo unas cortinas que seguro conducían a un vestidor.

Haciendo lo que le pidió, fue y se cambio de ropa, agradeciendo profundamente que luciera como un uniforme normal, a excepción de la túnica y el gorro puntiagudo.

Al salir, la mujer lo puso de vuelta al estrado y con alfileres volando comenzó a hacer algunos arreglos a su túnica. Cuando quedo satisfecha le mostro una brillante sonrisa y le dijo que le quedaba muy bien.

—Cariño ¿Quieres que termine de ajustar tu uniforme con magia o a mano?— Le pregunto una vez que regreso de cambiarse a su ropa normal.

—¿Cuál es la diferencia?— Le preguntó con curiosidad.

—A primera vista ninguna, con magia es más rápido, pero siempre es mejor a mano, duran más, pero tardo en coser.

—Entonces a mano vendía bien, no hay prisa.

—Espléndido— Aplaudió —¿Uno o dos juegos querrás?

—Creo que con dos juegos de camisas y pantalones estaré bien.

—He de insistir en otra túnica, es lo que más se ensucia. Y aunque hay hechizos de limpieza, dañan la tela si no se lanza correctamente— Le dijo mientras doblaba su uniforme y lo hacia levitar a la parte trasera de la tienda.

—Entonces seguiré tu consejo— Respondió con una sonrisa amable, la mujer no se veía con malas intenciones, al contrarió del hombre que le vendió el baúl, ella no parecía ansiosa de sacar dinero suyo.

—Si gustas, puedes regresar en una hora cuando tenga tu ropa lista.

—Vaya, eso es rápido para mi.

—Quizás, pero algunos magos no esperan tanto, en especial cuando ya tienen la fecha escolar encima y tienen que hacer todas sus compras a ultima hora.

—¿Es eso así?

—Claro, es por eso que están muy vacías las calles en este momento. Me imagino que apenas enviaron las listas y los padres están dejando pasar el tiempo.

—Bueno, no puedo hablar por otros, pero mi carta llegó ayer, y pensé que entre más pronto viniera a hacer mis compras, más rápido podría familiarizarme. Además, mi padre me enseño a no dejar las cosas a última hora. Entre antes planifique algo, saldrá mejor.

—Eres un chico inteligente— Aplaudió la mujer mientras lo acompañaba a la salida —¿Qué más te falta por comprar?

—Mi varita— Dijo sin molestarse en sacar su lista, después de todo, la había estado revisando para confirmar que tuviera todo.

—En ese caso, si gustas, puedes dejar tu baúl aquí e ir a comprar tu varita. He de recomendarte comprar en Ollivander, es el mejor.

—Eso sería de gran ayuda, gracias.

—No hay de qué.

Dejando su baúl con Madam Malkin, salió de la tienda yendo a buscar la tienda de varitas Ollivander.

Al llegar vio una tienda con un interesante letrero, y al entrar se asombro de ver la cantidad de cajas apiladas en los estantes y lo dañado que se veía el interior. Era interesante el contraste de las cajas bien acomodadas y guardadas y las sillas y ventanas rotas junto con marcas de quemaduras en el piso, techo y paredes que había en el resto de la sala. Por un momento se preocupo que algo malo haya sucedido ahí, pero fue desechado cuando vio a un hombre salir de la parte trasera de la tienda como si nada.

—¡Bienvenido! ¿Primer año verdad?

—Así es— Respondió, sin molestarse en saber cómo lo supo.

—Bien muchacho, ahora muéstrame tu mano dominante.

Un poco confundido, levanto su brazo derecho y el hombre sacó una cinta mágica y comenzó a medir su brazo.

Una vez que terminó, fue a un estante, y saco una varita de una caja "12 pulgadas, pelo de unicornio, arce, flexible" y se la entregó, pidiéndole que la agitara un poco.

Sin saber que esperar así lo hizo y grande fue su sorpresa al ver que la silla de enfrente, que ya estaba rota, ahora estaba en llamas. Asustado dejo la varita en el mostrador y vio como el hombre sacaba su varita y lanzaba agua, y se movía para sacar una caja de otro estante. Se veía perfectamente acostumbrado a apagar fuego.

—Prueba esta 13 pulgadas, corazón de dragón, roble ingles, rígida.

Esta en cuánto la agito, rompió la ventana, o lo que quedaba en ella. Sin molestarse en arreglarla, el hombre fue a buscar una nueva varita. Comenzaba a entender el desastre en la tienda y la falta de interés en arreglarla.

Después de 9 varitas más y varias quemaduras, grietas y plastas raras en la tienda, el hombre tomo una nueva táctica. Le pidió que pasara a ver las cajas y si una le llamaba la atención la tomara inmediatamente. Cumpliendo con el hombre, se acerco, y honestamente no sabía que debía de llamarle la atención. Todas estaban en sus cajas, y no podía verlas como para decir, esta me gusta.

Sintiendo frustración, comenzó a caminar de aquí para allá, hasta que sintió algo y se detuvo de golpe. Inmediatamente quiso saber de donde venia esa sensación, algo le genero muchas emociones, demasiado rápido cómo para identificarlas todas; se sentía como a casa, le daba melancolía, fuerza. Estirando la mano saco una caja, pero de ahí no venia la sensación, así que saco la de a lado, y la de atrás, hasta que su mano toco una caja, al sacarla se detuvo a admirarla.

Esta a diferencia de las otras, era una caja de madera con un dragón dibujado en la tapa, al abrirla, vio una varita envuelta en terciopelo rojo, su madera tenia inscripciones extrañas pero familiares. Por un momento le dio miedo tocarla, pero se sentía cálida, a gusto, familiar. En cuanto la sostuvo en sus manos, apenas la movió antes que un gran dragón saliera en forma de chispas rojas.

Quedo maravillado viendo al dragón desaparecer en un montón de chispas, en ese momento escucho algo golpear el suelo y vio al dueño de la tienda mirándolo con una mirada incrédula y junto a el, la silla que al parecer estaba reparado de nuevo en el suelo.

Sintiéndose avergonzado de sacar la varita si preguntar, se disculpo inmediatamente mientras la metía en su caja.

—No hay necesidad de disculparse muchacho. Solo me sorprendiste— Le dijo el hombre haciendo una seña para que se acercara a él —Esta varita ha estado en mi familia desde que se dedicó a hacer varitas mágicas, un viajero entregó los materiales y dio especificaciones sobro como hacerla y con qué, dijo que era para su mejor amigo y que este en el futuro vendría a recogerla, hasta entonces que la guardáramos. Curiosamente su amigo nunca vino, pero eso no fue una sorpresa, sin embargo nadie antes ha sido compatible.

—En ese caso ¿Debo de dejarla?— Preguntó dejando la varita en la caja y colocándola en la mesa.

—Tonterías, la varita eligen al mago. Llévatela, es tuya— Respondió tomando la caja —Además, esa se dejo pagada, puedes llevártela gratis.

—No es necesario. Tengo para pagarla

—No lo dudo, pero por favor. Acéptala— Dijo el hombre y le entregó la caja de la varita -Es 13 pulgadas, núcleo escama de dragón, madera de Serbal, flexible.

Agradeciendo al hombre por su paciencia y la varita, salió de la tienda y se dirigió a la tienda de Madam Malkin. Al llegar recibió su uniforme y lo guardo en su baúl, pago por ellas y se dirigió de regreso al Caldero Chorreante, después de todo, ya era hora de regresar a su casa.

XxxX

Pronto, el 1ro de septiembre llegó, y con el, su inminente ingreso a la escuela de Magia y Hechicería Hogwarts. Tomando su baúl, salió de su casa y se dirigió a la estación King's Cross.

Al llegar, se vio perdido al no saber como ingresar a la plataforma, pero después de ver a unos magos y brujas (sus túnicas resaltaban un poco) con sus hijos atravesar una pared entre el anden 9 y 10, siguió su ejemplo. Despidiéndose de su madre se subió al tren y se preparo para su largo viaje.

Sus planes de leer durante el viaje, se vieron interrumpidos por sus compañeros de compartimento que hablaban emocionados sobre cómo sería Hogwarts. Un chico de nombre Thomas, hijo de muggles, estaba más que extasiado viendo un cromo con una imagen en movimiento de una rana de chocolate que compró, un chico de nombre Cadwallader (nombre raro), dijo que venia de una familia mágica, y que estaba más que emocionado de ir a Hogwarts, había esperado toda su vida por ello, no dejaba de hablar de las casas de Hogwarts y del quidditch, un deporte que estuvo más que feliz de explicar. También estaba sentada con ellos, una chica de nombre Amanda, que al parecer era una mestiza y encantada cooperaba sobre lo que había escuchado del lugar.

Después de varias horas en el tren y muchas especulaciones del lugar, llegaron a su destino. Como buenos novatos que eran, se juntaron y caminaron a donde veían a un grupo mayor de su edad, esperando instrucción.

—He oído de mis primos que tienes que luchar contra un troll— Comentó Amanda.

—Yo que tienes que enfrentarte a una multitud de dementores— Dijo un chico desconocido uniéndose a la conversación.

—Creí que era un dragón— Dijo Cadwallader confundido.

—No importa qué sea, lo venceré— Dijo sintiendo la necesidad de probar su valía.

—¿Acaso sabes algún hechizo?— Le preguntó Cadwallader con una ceja levantada.

Una voz gritando por los primeros años lo salvo de responder a eso.

Apretujándose con los otros primeros años, siguió a un hombre gigante; era demasiado alto y grueso, tenía una gran barba negra y el cabello largo y despeinado. Este les dijo que su nombre era Hagrid y los llevaría a Hogwarts en botes.

Subió a un bote con otros dos niños, e intento no sorprenderse demasiado cuando comenzó a moverse y viajar solo. Pronto, se emocionó al ver al gran e imponente castillo frente a él, se veía tan majestuoso e imponente, con sus altas torres y su gran tamaño, pronto no pudo pensar en otra cosa más que en el gran castillo frente a él, sintiendo un ligero cosquilleo de familiaridad al verlo. Una vez que llegaron a tierra, fueron guiados al interior del mismo, al entrar al castillo, sintió con más fuerza ese cosquilleo de familiaridad al verlo. Era como ver tu casa de la infancia y que alguien haya colgado cuadros nuevos, pintado las paredes y cambiando los muebles. Fue desconcertante, y lo fue aún más al ver a numerosos fantasmas pasar de aquí para allá viéndolos con interés.

Siguiendo a la profesora McGonagall, la misma que fue a su casa a hablarle de sus habilidades mágicas y la escuela, entraron por el Gran Comedor, y se asombro de ver el techo como el cielo, había miles de velas volando sobre ellos y no pudo evitar pensar en que no deseaba que le callera cera en la cabeza.

Sintiendo nerviosismo al ser el centro de atención, procuró que no se notara, y enderezó su postura y vio al frente. Había un taburete en el medio y un sombrero viejo y puntiagudo que de la nada comenzó a cantar, lo cual fue lo más extraño que haya visto, y ese día había visto varias cosas raras, como las velas flotando o los fantasmas.

Cuando terminó de cantar, la profesora abrió un rollo y comenzó a leer los nombres que había en él, los chicos nombrados, caminaban al taburete y le ponían el sombrero que más tarde decía el nombre de una de las casas, luego la mesa de esa casa aplaudía y ellos se unían a la misma. Dejando de lado la selección, y un poco decepcionado de que no fuera una prueba o algo interesante, dejó que sus ojos vagaran una vez más por el Gran Salón, vio a las mesas de las cuatro casas, la mesa de los profesores.

—Arthur King

Saltó un poco al escuchar su nombre y sin más, se dispuso a caminar al frente a ponerse el sombrero en su cabeza. Este le quedo grande y le callo un poco al frente, como a todos les había pasado hasta ahora.

¿Decepcionado? Eso es interesante— Escucho a una voz en su cabeza hablar, le costo un poco darse cuenta que era el sombrero.

Bueno, me habían dicho que tenía que luchar contra algo, y pensé que sería emocionante- Respondió encogiéndose de hombros.

Con que intrépido, ya veo, tienes coraje, pero también eres inteligente. Sin embargo, veo que por sobre todas las cualidades valoras más el valor y la lealtad… también eres bastante impulsivo.—¿Entonces me pondrás en una casa en base a mi personalidad?—Sí, así es como funciona. Veo tus recuerdos y por tu forma de actuar elijo una casa. Es curioso que pese a ser joven tienes un alma vieja...—¿Qué quieres decir?—No que importa. Creo que quedarías bien en… ¡Gryffindor!

Lo último lo grito, y vio como la mesa con los colores rojo y oro aplaudía gustosa.

Contento, bajo del taburete y se dirigió a la mesa, sentándose junto a Thomas, que al parecer también había sido colocado ahí.

Fue recibido por saludos y palmadas en la espalda de parte de los chicos de rojo, felicitándolo por entrar a la mejor casa.

Al terminar, el director se levantó de su asiento luciendo un traje morado brillante y les dio la bienvenida.

Esto... Será interesante. Pensó el chico distraídamente.