En el momento en que ella dice mi nombre me siento tan feliz, a pesar de que sé que no me recuerda, el solo hecho de oírla llamarme me pone la piel de gallina, tal y como sucedía en el pasado, sólo que aquí la sensación es mayor, aquí, donde he vivido como una persona normal, sin los complejos y traumas de Sabaku No Gaara.
Asiento con la cabeza cuando ella finalmente dice quién soy, mirándola tomar asiento sobre uno de los columpios, yo me quedo de pie.
—Te lo puedo explicar —le digo entusiasmado, aunque intento que no se me note tanto—. ¿Sí? —ella asiente con la cabeza, la noto un poco insegura, pero no tengo tiempo de detenerme en esos detalles—. Bien, veamos, ¿cómo lo resumo?
—Sólo dilo —me responde un poco urgida. Me hace sentir como cuando estoy con Temari y ésta me regaña por todo.
—Bien, bien —me apresuro a contestar—. ¿Conoces los mitos de la época feudal japonesa? ¿Los ninjas y las aldeas escondidas?
—Por supuesto que los conozco —contesta irritada, se nota que quiere que vaya al grano—. Los he estudiado a fondo —aquello me sorprende un poco, no pensé que Matsuri también fuera una alumna aplicada en esta época, lo admito.
—Bien. ¿Recuerdas la Aldea de la Arena, también llamada Suna? Estaba ubicada en... —antes de terminar de hablar, ella me interrumpe, pero qué insolente es.
—Sí, sí lo sé ¿Qué tiene que ver con tu explicación? —su expresión luce cada vez más llena de impaciencia y molestia, seguro piensa que la estoy vacilando o que me estoy yendo por las ramas, no puedo evitar soltar un suspiro.
—Bien, disculpa —contesto con calma, pensando cómo proceder—. ¡Ah!—me paso las manos por el cabello, echándolo un poco hacia atrás, intento buscar las palabras adecuadas para no sonar como un loco, realmente no me gusta que ella me vea como uno, me hace sentir avergonzado— Bien, bien —carraspeo—. Bueno, ¿me creerías si te dijera que esas leyendas no son leyendas?
Ella arquea una ceja, mientras me mira escéptica, pero yo continúo mi charla, ahora que he empezado, no me puedo detener.
—Nosotros vivimos en esa época —le digo con toda la seriedad que puedo, con convicción, porque es la más absoluta verdad, ella y yo estamos aquí y es la mayor prueba de que todo es real—. Fuimos parte de esa época... aunque ahora todos crean que no existió. Estuvimos ahí, yo era... —nuevamente me interrumpe.
—¿Eras Gaara Sabaku No? —pregunta, dejando salir una sonrisa burlona—. ¿El legendario Kazekage que defendió a la aldea de Suna? ¿El Kazekage que lideró a todos los ninjas en la Cuarta Guerra ninja?
Sí, exacto, ese era yo. ¡Ese soy yo! Pero es como si ella pensara que estoy inventándolo, no me agrada el modo en que me está viendo. Intento decir algo, pero ella toma la palabra una vez más, impidiéndome hablar. ¡De verdad es indisciplinada!
—No, no, no, déjame adivinar —dice en tono jocoso, casi como si estuviera viendo una novela de ficción muy graciosa—. Reencarnaste en una época distinta para pelear y salvar al mundo y estás seguro de que yo soy Matsuri, la novia del Kazekage que es mencionada en algunos libros de mi-to-lo-gí-a —recalca aquella palabra, yo sólo puedo fruncir el ceño.
Se levanta del columpio y se acerca un paso hacia mí, mirándome con atención, lo cual me hace sentir un poco nervioso, aunque no lo demuestro para nada.
—Basta —dice Matsuri—. Quizá estés loco o no, pero no tengo tiempo para tus juegos tontos. No sé de dónde sacaste mi nombre, pero no soy quien crees que soy... y tú, tú tampoco eres quien crees que eres.
Esto va a ser más difícil de lo que pensé, Matsuri no me cree nada y piensa que soy un idiota, ¿es que acaso las cosas podrían estar peor?
—¿Y cómo explicas al hombre que nos perseguía? —le pregunto, un poco furioso, aunque trato de mantener la compostura. Ella sólo se encoje de hombros, Matsuri no entiende la gravedad del asunto, el hecho de que ese criminal ha venido por nuestras cabezas; quiere vengarse a como dé lugar, lo sé, aunque todavía no logro recordar por qué.
—No sé lo que vi... no estoy segura —me contesta, yo me siento un poco superior al ser la única persona de los dos que sí puede comprender el asunto y su seriedad.
—No puedes explicarlo —le aseguro.
—¡No me importa! —Matsuri me grita, enojada—. Deja de seguirme —casi me ordena, la antigua Matsuri jamás se hubiera atrevido a hablarme así, al menos, no al inicio de nuestra relación, pero esta Matsuri, ella es mucho más decidida, no parecer ser tan tímida y no se deja amedrentar por mí. A pesar de que extraño a la vieja Matsuri, he de admitir que esta también me agrada bastante.
—Matsuri, en verdad tienes que...
—¡No! —me grita, su voz parece temblar un poco cuando se me acerca para darme golpes suaves en el pecho—. Basta, basta, basta —se detiene un momento a mirarme, parece ser que algo en mi uniforme le ha llamado la atención, pero eso no me importa, ni siquiera sus golpes me importan, todo lo que puedo hacer es observarla, cuando siento que más imágenes empiezan a llenar mi cabeza, imágenes de ella.
Matsuri no sólo fue mi alumna, mi amiga y mi novia... ella fue mi esposa.
—Es todo —ella me ve con decisión, me clava esos ojos negros tan profundamente, que en ese instante me quedo petrificado, no puedo dejar de pensar en lo que acabo de recordar, cuando nos casamos, cuando juramos estar para siempre juntos, es tanta información que hasta me marea—. No quiero que me vuelvas a buscar. Si te veo siguiéndome llamaré a la policía.
Ella se aleja a pasos veloces de mí, pero yo no puedo moverme, estoy petrificado, como una estatua de mármol. Me duele el corazón, siento tantas cosas en este momento, que no puedo contenerme. He dejado que se vaya, es mejor que ella piense las cosas por sí sola y las trate de asimilar, ya que ni yo mismo puedo con esto aún.
Al regresar al colegio, voy directo hacia mi habitación, la comparto con otros dos chicos, aunque no me llevo especialmente bien con ninguno, no tenemos un mal trato. Puede que en esta vida tampoco sea especialmente social, como en la anterior, pero al menos, tengo uno que otro amigo y un club de fans. Ikigami Gaara, el chico inteligente, el deportista, el que siempre obtiene 10 en todo y es el as del colegio, ese solía ser yo, pero ahora todo es distinto, ahora sé quién soy de verdad, aunque Matsuri no me crea y se ría de mí.
—¡Gaara-kun! —una voz femenina llamando mi nombre me distrae a medio pasillo de llegar a mi cuarto. Cuando siento que ella me abraza por la espalda, no doy un paso más, me ha pillado en un mal momento.
—Sasaki —digo con fastidio, haciendo que me suelte, para verla de frente. Es una chica rubia, de ojos claros, color miel, supongo. Tiene una sonrisa brillante, de dientes blancos y una bonita figura. Ella es mi "saliente" por llamarlo de algún modo, se supone que hemos ido a tres citas, pero en dos de ellas sólo nos acostamos, admito que me entusiasmé con ella al principio, a pesar de que es una chica superficial y un poco tonta, pero ahora no me provoca nada, no puedo ni pensar en otra que no sea Matsuri.
—Gaara-kun, ¿dónde fuiste? Tú nunca sales los días de semana —me habla en tono meloso, colgándose de mi cuello, de donde intento zafarla sin éxito, es como una ameba que se pega a mí—. Me tienes muy abandonada, no me llamaste el fin de semana y hoy apenas y me has saludado, ¿acaso ya no te gusto?
—Estoy bastante ocupado —le respondo, dando un paso hacia atrás, al tiempo que hago el intento de descolgar sus brazos de mi cuello—. No puedo quedarme a hablar contigo ahora, Sasaki —sé que debería decirle que realmente ya no me gusta, que me interesa otra persona, pero temo que esta chica no lo entenderá, además, no tengo tiempo que perder aquí con ella, debo desarrollar mi uso del chakra para enseñarle a Matsuri que lo que digo es cierto.
—Pero, Gaara-kun —se queja la rubia, inflando los mofletes—. Está bien, aunque después me tienes que dedicar toda una tarde, ¿lo prometes?
Estoy seguro de que, si no le doy una respuesta afirmativa, no me va a dejar en paz, así que, soltando un suspiro, asiento con la cabeza y me vuelvo a dirigir a mi habitación, dejándola atrás en el pasillo. Al entrar a mi cuarto, uno de los chicos está estudiando, mientras el otro parece entretenido en su celular.
—Ah, Gaara, llegaste —me dice Kazuo, un chico de cabellera castaña, el cual me mira de reojo desde su cama, parece estar jugando uno de esos famosos embattle royale/em ya que, a penas se distrae conmigo, comienza a gritar que lo mataron y que ese juego es "una mierda". En ese momento, pienso sobre qué habría sido de los shinobi con un ninja tan despistado como este chico, lo habrían matado en cosa de segundos, en el mejor de los casos.
—Es raro verte salir —me dice Yuno, mi otro compañero de cuarto, el cual está con el rostro pegado a la computadora. Yo simplemente paso de largo, directo al baño, necesito lavarme la cara.
—No sean entrometidos —digo a ambos, antes de perderme tras la puerta. Me miro al espejo y me lleno el rostro de agua, cuyas gotas resbalan sobre mi piel, bajando lentamente por la misma. Sigo un poco abrumado por todo lo que ha estado ocurriéndome, pensar en que, hace sólo un par de días yo era el típico chico popular, engreído y vacío, con nada más que aire en la cabeza. Soy listo, sí, siempre lo fui, pero nada de eso era importante para mí, ahora las cosas son distintas, necesito saber más, necesito encontrar respuestas, necesito que Matsuri me recuerde, ¿por qué estamos los dos aquí si no es para volvernos a encontrar?
En ese momento me vuelvo a mirar al espejo, miro atentamente mi frente, siempre me han preguntado cómo obtuve aquella cicatriz tan peculiar, a simple vista parece un tatuaje, pero no lo es, está grabado en mi piel. Lo cierto es que nací con ella, algo que ni los doctores pudieron explicar en su momento, ahora sé que fui yo quién la hizo, yo, con mi arena.
—Oh, sí, la arena... —susurro para mí mismo, recordando de pronto que necesito practicar un poco más, tengo que -de algún modo- recuperar mi conexión con la arena y mi chakra, si no, no seré más que un inútil cuando Sasori me encuentre, o peor, encuentre a Matsuri, lo cual es cuestión de tiempo.
Me paso toda la semana practicando, intentando mover la arena, cada tarde después de las clases. No tengo tiempo para ir a buscar a Matsuri, pero sé que ella está bien por sus redes sociales, aunque puso todo en privado, no sabe que tengo una cuenta infiltrada entre sus amigos. Todos mis intentos por mover la arena son completamente inútiles, intento conseguir información, recordar mis propias sensaciones al utilizar chakra, concentrarme lo más que puedo, pero no hay caso. No parezco más que un loco tratando de hacer un truco barato de magia. Cansado y frustrado, vuelvo por la noche a mi habitación, en donde los chicos parecen cada vez más acostumbrados a que yo no esté ahí. He logrado evadir a Fujiko Sasaki con éxito, pero ella es bastante insistente y sé que tarde o temprano dará conmigo, así que debo ser muy cuidadoso.
La noche del viernes, recibo un llamado de Temari, estoy un poco frustrado y no tengo muchas ganas de ir a casa, pero es bastante seguro que ella quiera verme, al igual que mamá.
—¿Bueno? —contesto con cierto fastidio, mis compañeros no están, ya se han ido a sus casas—. No tengo ganas, Temari, prefiero pasar el fin de semana aquí —le respondo, pero ella enseguida se exalta—. Sabes que no me interesan las fiestas, ni aunque me salgas con eso voy a ir.
Temari comienza a regañarme, diciendo que la fiesta a la que quiere llevarme será grandiosa, que nunca salgo a ningún lado, que me volveré una estatua de yeso si sigo así. Realmente me fastidia lo obstinada que es, pero algo que ella vocifera me intriga, ha nombrado a una tal "Hinata Hyûga". Mi mente la recuerda, la esposa de Naruto, ¿si voy puede que él esté ahí? Quizá él sí me crea, porque es obvio que Matsuri no, mi hermana menos lo hará, o Kankuro, además, tampoco quiero que recuerden esas cosas.
—Temari, ¿quién más irá a esa fiesta? —le pregunto, quizá también vaya Matsuri, ¿no? Después de todo, son buenas amigas. Ella me contesta que sus amigas, las que estaban el otro día en la cafetería. Sonrío, ella va a estar ahí, así que tengo que ir—. Iré a casa en un rato, y sí, iré a tu fiesta, ya no me regañes.
Después de terminar de hablar, me cambio de ropa y hago mi maleta para ir a casa. Tengo mucho que pensar sobre cómo me volveré a acercar a Matsuri.
La noche de la fiesta me atraso un poco, Temari se ha adelantado con su novio y para encontrarse con sus amigas, me da un poco de risa pensar que se trata de Shikamaru Nara, él también estaba en la época shinobi y ambos también estaban juntos, pensar que he convivido con él sin recordar nada. Sin embargo, su presencia aquí confirma mi teoría, los demás deben estar en algún lado, es posible que yo sea el único que recuerda, pero me gustaría saber si alguien más también sufre lo que yo, las memorias inagotables de dos vidas colisionando entre sí. Le escribo un mensaje a Nara para avisar que estoy por llegar, el taxi se ha retrasado un poco debido al tráfico.
Cuando llego a la mansión, no puedo evitar dejar escapar una pequeña sonrisa, así que los Hyûga también son una familia noble aquí. En mi familia hay buena posición económica, a pesar de todo, pero nunca sería algo parecido a lo de los Hyûga, que parece ser que sudan dinero. Ingreso a la fiesta con calma, buscando alguna cara conocida entre el mar de gente, hay muchos ebrios por ahí, no veo a Temari y mucho menos a Matsuri. Estoy un rato buscando, me dirijo al patio, cuando de pronto, algo llama mi atención. Matsuri está siendo acorralada por un tipo de cabello rubio, me acerco rápidamente para tratar de ayudarla, pero me quedo quieto cuando veo mejor a esa persona.
—¡¿Naruto?! —exclama mi mente, entre sorprendido y molesto. ¿El Naruto de esta época es un ebrio acosador de mujeres? Tengo tantas ganas de darle un puñetazo, algo parecido a lo que sentí cuando intenté matarlo durante los exámenes chûnin, hace mucho tiempo atrás, ¿quién diría que la historia se volvería a repetir?
Empuño mis dos manos, furioso, estoy dispuesto a masacrar al que alguna vez fue mi mejor amigo si se sigue acercando a Matsuri, pero entonces, me quedo estático. Veo el puño de Matsuri brillar, la sensación estremece todo mi cuerpo, cuando ella golpea a Naruto en el estómago, éste sale prácticamente volando unos metros más allá, pero está tan borracho que ni siquiera lo encuentra sospechoso.
—Maldita loca —dice de mala gana, yéndose de ahí. Matsuri parece bastante sorprendida con lo ocurrido, yo también lo estoy, pero es mi oportunidad de hacer que me crea.
—Ahora explica eso, Matsuri —le digo con arrogancia, llamando su atención. Ella me mira confundida, luce anonadada, como si ni siquiera viendo lo que ha visto, pudiera creerlo, incluso si fue ella misma quién lo hizo—. Sabes lo que es, ¿no? —cuestiono, un poco irritado—. ¿Qué fue eso, Matsuri?
Ella me vuelve a mirar, casi espantada.
—Chakra... —susurra, yo simplemente asiento con la cabeza. No tengo ni la menor idea de cómo es que ella sí puede usarlo y yo no, pero eso lo pienso averiguar.
—¿Ahora podemos hablar?
Ella asiente tímidamente, no muy convencida, pero no le doy tiempo de refutar nada. Cojo su mano como había hecho la última vez que nos vimos y la jalo hacia un lugar más privado, donde no haya nadie. El patio de la mansión es enorme, así que pronto encontramos un sitio completamente vacío, donde sé que nadie va a oír lo que hablemos.
—Dime algo —digo cuando nos detenemos—. ¿Cómo pudiste hacer eso? Ni siquiera crees en lo que te digo, pero usaste chakra, ¿cómo lo hiciste?
Ella me mira como si estuviera viendo un libro de álgebra; literalmente no entiende nada de lo que está ocurriendo.
—¿No crees que si lo supiera, no estaría tan confundida? —me responde con obviedad, frunciendo el ceño, siempre parece que está enojada conmigo, debo admitir que me causa un poco de ternura su expresión—. Tú explícame qué está pasando aquí, señor "Quinto Kazekage" —me dice, casi en tono de burla—. Mira, no sé si hayas estado pasando mucho tiempo en internet, o creas que es fácil para un chico rico engañar a alguien ingenua, pero déjame decirte que no lo soy.
—Si te estoy engañando, ¿entonces cómo explicas el que hayas usado chakra? —ella se queda callada un momento, tan sólo viéndome enojada, no sabe qué decir.
—¡Seguro tú hiciste algo!
Matsuri, realmente eres una persona graciosa.
—Lamento decepcionarte, pero no puedo usar chakra —le respondo como si nada, encogiéndome de hombros—. Al parecer tú sí, aunque no entiendo bien por qué... —no puedo evitar fruncir el ceño, me parece que esto es un poco injusto, ¿entonces Matsuri es actualmente más fuerte que yo? Ah, toda esa tontería del empoderamiento femenino me revuelve el estómago y ahora, esa ironía se burla de mí, ¿quién lo iba a decir?
La castaña da unos cuantos pasos hacia atrás, tomándose la cabeza desesperada, como si intentara forzar a que su mente entendiera las extrañas circunstancias que nos rodean, pero ella sigue siendo tan torpe como lo era antes y se tropieza con una piedra. Me adelanto a atraparla, casi abrazándola, por lo que ella me mira avergonzada, puedo ver que sus mejillas enrojecen aún bajo la oscuridad que nos envuelve.
—Antes también hacías este tipo de cosas para caer en mis brazos —le digo un poco divertido, ella me aleja de un empujón.
—¡Ya deja esas cosas! —exclama, totalmente roja—. Yo no soy esa persona que dices, no soy la tal Matsuri de Suna, no soy tu... —la interrumpo.
—Mi esposa —le digo, mirándola fijamente, estoy tan seguro de mis palabras, que ella se intimida ante mi—. Lo eres, Matsuri —insisto, dando un paso más hacia la chica, que retrocede hasta chocar su espalda contra una pared. Yo me detengo justo en frente, no pretendo acosarla como lo hizo antes mi emamigo/em—. Aunque no quieras creerlo, aunque no lo aceptes, eres mi Matsuri.
No me dice nada, sólo baja la mirada y continúa estando avergonzada, es como su viejo actuar, solía ponerse nerviosa cuando estábamos a solas.
—Escúchame, voy a decirte quién era el sujeto que nos persiguió.
—¿Lo sabes? —cuestiona, volviendo a mirarme. Yo asiento con la cabeza.
—Su nombre es Sasori, un ninja renegado de Suna —comienzo a relatar, contándole a ella cómo fue que se dieron las cosas, o al menos, lo poco que puedo recordar—. Él fue detenido por mí cuando tenía 16 años y apenas obtuve el cargo de Kazekage, tenía la habilidad de nunca envejecer, así que lo encerré en el calabozo, todavía no puedo recordar con exactitud lo que sucedió después, pero él debe recordarlo, por algo intenta matarnos y, lo que es peor, tiene sus habilidades.
—No entiendo nada, tú estás realmente loco, o ves muchas películas —me contesta, pues permaneció callada durante todo mi relato—. No voy a caer en tu juego "Gaara" —añade, haciendo las comillas con sus dedos.
Suelto un suspiro, realmente me cabrea que no confíe en mí, pero cuando voy a reclamar, mi teléfono empieza a sonar, es Temari. No le contesto, sólo vuelvo a mirar a Matsuri y tomo nuevamente su mano, no puedo evitar que esa sensación me agrade.
—Vamos —a pesar de que ella me reclama, yo la ignoro, los dos regresamos a la fiesta, busco a mi hermana con la mirada y no tardo mucho en hallarla, así que nos acercamos a ella.
—¡Gaara! —ella exclama al verme, notando enseguida que estoy tomando de la mano a su amiga, su expresión es de total confusión— ¿Uh? ¿Qué haces tú con mi amiga Matsuri? ¿Acaso se conocen?
Estoy a nada de responder, cuando de pronto siento que alguien se me echa encima, rodeándome el cuello con sus brazos y recargando su peso contra mi cuerpo, provocando que suelte la mano de Matsuri.
—¡Gaara-kun, qué bueno que estés aquí! —es la voz de Fujiko Sasaki, la cual no me da ni tiempo de decir algo, robándome un beso frente a Matsuri, mi hermana y su novio.
Ah, maldita sea.
...
Heeeey, ¿cómo va, gente? Aquí vengo yo, trayendo ya la tercera parte de este fic, un poquito tarde, pero siempre aquí.
Como ya se habrán dado cuenta, la historia gira en torno a la reencarnación de los chicos en una época moderna, ¿cómo se irá desarrollando la historia? ¿Matsuri le creerá a Gaara? ¿Alguien más se acuerda de la otra vida? Bueno, tendrán que esperar para saber, jejeje.
¡Nos vemos el jueves!
PD: No olviden pasar por la versión de GSMatsuri.
