Gaara 4
Cuando Sasaki se separa de mí, doy un paso hacia atrás, me siento confuso y sorprendido, ¿qué hace ella aquí? Y lo peor de todo, ¿cómo se atreve a besarme frente a Matsuri? Ah, es cierto, todavía no he terminado con ella…
—Sasaki, qué placer verte —dice Temari, no se oye nada feliz, lo sé, mi hermana la detesta, aunque eso no solía importarme, ahora es un poco distinto.
Mi "novia" mira a mi hermana, sonriente, puedo sentir como si Temari fuese a fulminarla con sus ojos.
—Cuñadita —¿en serio dijo eso? Maldita sea—. Hace mucho que no te veía.
Temari hace una mueca de sonrisa, ahora siento que quiere asesinarme a mí, seguro cree que yo traje a Sasaki a la fiesta, pero no es así, tampoco sé qué hace aquí.
—Hermoso —dice con molestia—. Matsuri —pronuncia el nombre de la castaña, ignorando por completo a la rubia que no parece querer soltarme—. Él es mi hermano, aunque… me parece que ya se conocían.
Matsuri niega con unas ganas que me dejan mal sabor de boca, se ve que no quiere tener nada que ver conmigo y aquello me duele un poco, aunque no lo demuestre.
—No realmente, solo nos encontramos por… allá… —dice ella, señalando una dirección al azar.
Temari sonríe y se encoge de hombros.
No puedo decir nada, realmente me siento incómodo con Fujiko aquí, pero es difícil que esa chica entienda razones, sé que debo hablar con ella pronto, no lo puedo dilatar más.
—Y ella es Sasaki —agrega Temari, con evidente molestia. Ella no me suelta, se está tornando insoportable, no quiero que Matsuri continúe viéndome con otra mujer, me hace sentir terrible porque lo recuerdo todo, bueno, casi todo, pero el punto es que tengo memorias de nuestra vida juntos y el hecho de saber que a ella no le importa verme con otra me molesta.
Ni siquiera me mira…
—En fin —dice Temari, tomando la mano de Shikamaru—. Nosotros nos vamos, queremos ir a… otro lado —agrega una pequeña risilla—. Además, está claro que mis hermanitos no tienen tiempo para mí esta noche —me mira con reproche, pero no es mi culpa, realmente no lo es esta vez—. ¿Quieres que te llevemos a casa? —pregunta a Matsuri.
—¿Dónde está Sari?
Temari ríe un poco divertida.
—¿Te he dicho que tengo dos hermanos?
Oh… cuando dice eso, automáticamente busco a Kankuro con la mirada, ¿acaso está con Sari?
—Bueno, Sari lo conoció… y parece que se llevan muy bien —mi hermana apunta a la esquina de la habitación, en donde puedo ver que efectivamente, ellos están juntos. Parece mentira, pero todo se está configurando tal y como en el pasado, Temari con Shikamaru, Kankuro y Sari (aunque la primera vez que la vi junto a Matsuri yo no lo recordaba, ahora lo sé, ella fue mi cuñada, esposa de mi hermano mayor), verlos juntos me hacía preguntarme, ¿por qué Matsuri y yo no? ¿Por qué en lugar de conocernos y estar juntos con normalidad, yo había tenido que recordar la otra vida? ¿Acaso era por la influencia de Sasori?
Y otra cosa… ¿cómo es que Sasori recordaba?
—¡Kankuro! —grita Temari, sacándome de mis pensamientos—. Cuida de Sari, idiota, donde algo le suceda, te mato.
Kankuro solamente sonríe y asiente, parece demasiado entusiasmado con ella, lo comprendo a la perfección, después de todo, son el uno para el otro.
—¿Entonces, Matsuri? —pregunta Shikamaru—. ¿Te llevamos a casa?
—¿He? —exclama ella. En ese momento, pienso que es mejor que se vaya conmigo, además, eso podría sacarme de encima a esta molestia.
—Yo puedo llevarla —interrumpo, alejando de mí a la rubia, que pone una expresión de pocos amigos.
Matsuri me mira durante un segundo y luego vuelve a ignorarme.
—No, sí Shikamaru… te agradecería que pudieras llevarme a casa.
Shikamaru sonríe, entonces Matsuri se va a despedir de su amiga y todos abandonan la fiesta, dejándome a solas con Sasaki. No puedo evitar maldecir por lo bajo, deseo estar junto a Matsuri, quiero que ella me crea, que me entienda, la necesito.
Me alejo hacia un rincón, me siento frustrado, nada ha salido como yo quería, Matsuri no me cree nada y parece que todo lo que quiere es permanecer a diez metros de distancia de mí, ¿por qué sólo yo padezco de esta maldición llamada memorias?
—Gaara-kun —me habla Sasaki, parándose delante de mí, mientras yo tomo asiento en un sillón de la casa—. ¿Por qué querrías irte con esa chica? —frunce el ceño cuando habla, está enojada, supongo que es fácil darse cuenta que me interesa Matsuri—. Yo soy tu novia, ¿la prefieres a ella que a mí?
Alzo la mirada para verla, realmente me está exasperando.
—No recuerdo haberte pedido jamás que seas mi novia —le digo con enojo, con cierta acidez en el tono de mi voz, haciendo obvio que me encuentro de malas y que, en realidad, ella no me interesa.
—¡Pero tuvimos sexo! —exclama. Yo solamente suspiro.
Ah, Gaara, ¿quién te manda a ser un mujeriego en esta vida?
Me pongo de pie y la observo de pies a cabeza, realmente es preciosa, no puedo describir con palabras la belleza de esa chica, sus rasgos de muñeca, su piel tan blanca como la nieve, sus finos labios rojos que me enloquecían cuando los probaba, ¿por qué ahora no siento nada? ¿Es por estos recuerdos que chocan en mi mente? Incluso si lo intentara, no puedo sentir algo.
—¿Y eso qué? —le respondo, mirándola fijamente. Ella sonríe, acercándose un poco más a mí.
—Sabes que te gusto, Gaara-kun, no lo niegues —murmura, rodeando mi cuello con sus brazos para después, desaparecer la distancia entre nosotros y besarme.
¿Me gusta? Supongo que sí, ¿a qué hombre no le gustaría? Es lo que pienso mientras nuestros labios permanecen unidos, pero… tal y como lo pensé, no siento nada.
—Esto se acabó, Sasaki —le digo, separándome de ella y observándola fijamente, asegurándome de que no le queden dudas de que estoy hablando muy en serio—. Me interesa otra persona —tras decir eso, me voy, dejándola sola. Ella no me sigue, parece que mis palabras le afectaron, aunque me temo que eso no sea suficiente para que me deje en paz.
Sé que realmente soy un bastardo por hacerle eso, ella se ilusionó en serio con que tendríamos algo más y sé que es mi culpa, sólo espero que entienda que no volverá a pasar nada entre nosotros. Es lo que me gustaría que sucediera, pero estoy casi seguro de que no se va a rendir a la primera.
Como Matsuri ya se fue de la fiesta y también mi hermana, no me queda más que retirarme, Kankuro sigue entretenido con Sari y estoy seguro de que así van a seguir. Miro la hora en mi teléfono, pasan de las doce de la noche, lo vuelvo a guardar y me dirijo a la salida, pero me detengo ante una imagen bastante curiosa. Hinata Hyûga está sentada en las escaleras del recibidor, mientras Naruto yace desmayado, con la cabeza apoyada sobre sus piernas. Está ebrio, lo sé, pero algo llama mi atención y me sorprende de sobremanera.
—¿Byakugan? —pronuncio en voz alta, llamando la atención de Hinata. Enseguida, me llevo una mano a la boca, ¿por qué tengo que ser tan inoportuno?
Hinata me mira fijamente, está usando el byakugan, pero ¿cómo?
—Entonces… —dice ella, mirando a Naruto, específicamente la zona que antes fue golpeada por Matsuri—. ¿También puedes recordar, Gaara-san?
Ni siquiera le he dicho mi nombre, pero ella sabe quién soy, Hinata recuerda, ella puede recordar, ella sufre lo mismo que yo, no puedo creerlo.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —le pregunto confundido, nuevamente me siento abrumado, como si mis piernas se fuesen a derrumbar y me fuesen a arrojar al suelo, ¿yo no era el único? Incluso alguien como Hinata sabía de la otra vida, ¿ya éramos tres personas?
—No creo que este sea el lugar para hablar de estas cosas —me dice ella, acomodándose el cabello detrás de la oreja, mientras acerca su mano al abdomen de Naruto, su mano brilla con chakra, es ninjutsu médico, parece que el golpe de Matsuri le causó bastante daño—. Naruto-kun es un poco torpe, suele meterse en muchos problemas, siempre termino haciendo esto por él, aprendí ninjutsu médico para poder ayudarlo.
No puedo evitar sonreír ligeramente.
—Es Naruto, después de todo, creo que es un imán de problemas.
Hinata sonríe al escucharme, sin dejar de curar al rubio, que poco a poco parece que va recuperando la consciencia, aunque sigue totalmente borracho, lo compruebo cuando habla y solo dice incoherencias.
—¿Me morí y estoy en el cielo? —dice al ver a Hinata. Parece tan meloso con ella como lo era antes.
—Gaara-san, me gustaría hablar de ciertas cosas, ¿podemos vernos luego? —dice la chica de ojos perlados, yo solamente asiento con la cabeza, volviendo a ver a Naruto, nuevamente se ha quedado dormido, me parece un poco gracioso, no puedo negarlo.
Después de darle mi número de teléfono a Hinata Hyûga, me retiro de la fiesta, me siento realmente cansado y como es fin de semana, no puedo regresar a la escuela, así que voy a casa. Temari no ha llegado y mucho menos Kankuro, mis padres parece que están dormidos. Yo solamente me dejo caer en mi cama y me duermo rápidamente, una ventaja que tengo aquí es que ya no padezco de insomnio.
Es domingo ya cuando Hinata me contacta, nos encontramos en un lugar público, una cafetería. He estado aquí antes con una que otra cita, me parece un poco gracioso recordar aquello.
—Entonces, ¿quieres explicarme qué pasa? —le digo un tanto desesperado, he estado volviéndome loco después de que comencé a recordar cosas, incluso llegué a pensar que Matsuri tenía razón sobre mí, que estoy demenente, pero el hecho de que Hinata recuerde lo cambia todo.
—Antes de eso —me dice la chica, parece ser una persona bastante elegante y distinguida, por el modo en que habla, yo diría que es sumamente educada—. ¿Qué es exactamente lo que recuerdas, Gaara-san?
Mi ceño se frunce ligeramente.
—Muchas cosas, pero no todo —le respondo—. Como mi infancia siendo el arma definitiva, que fui el quinto Kazekage, también recuerdo a la mayoría de los que fueron cercanos a mí, a Naruto, a ti, que eras su esposa y, también… —no quiero decirlo, siento amargura cada vez que pienso en que ella me rechaza y me aleja.
—¿A tu esposa, Matsuri-san? —cuestiona Hinata, yo la miro un poco sorprendido, para luego asentir con la cabeza. La chica le da un sorbo a su vaso de malteada de chocolate, luego sonríe suavemente—. También es un poco confuso para mí, recuerdo a Naruto-kun y todo lo que vivimos juntos, incluso… incluso recuerdo a nuestros hijos…
Baja la mirada, parece triste, ¿será que los extraña? Me siento suertudo de no tener ningún tipo de memoria sobre hijos o algo por el estilo, sería desesperante imaginar que recuerdo y extraño a alguien que aún no ha nacido, pero la curiosidad me invade.
—¿Yo tuve hijos con Matsuri? —me atrevo a preguntar, Hinata vuelve a reír, admito que tiene una bonita sonrisa, comprendo por qué Naruto estaba tan loco por ella.
—Si no lo recuerdas, es mejor que no te lo diga —me contesta, yo no puedo evitar sentirme ligeramente molesto, pero creo que tiene razón, es mejor así—. Han pasado ya un par de meses desde que comencé a recordar —empieza a relatar, yo la escucho atentamente—. Todo comenzó cuando me pidieron un trabajo de investigación sobre mis ancestros en la escuela, la familia Hyûga se ha mantenido durante muchas generaciones, es una familia tradicional, muy importante.
Lo sé, al igual que los Uchiha, lo investigué en internet.
—Le pedí a mi padre los registros familiares, dijo que guardaban todo eso en el sótano, pudiste ver mi mansión, es enorme, el sótano está lleno de registros y muchos libros, parece una biblioteca vieja y olvidada —mientras ella continúa hablando, yo imagino las cosas que dice, mi mente recrea cada escena y puedo comprender mejor lo que me cuenta—. Cuando estaba mirando a mis ancestros, noté un libro polvoriento y arraigado en una esquina de uno de los estantes más arrinconados, era un registro especial, no tenía portada, pero al abrirlo, pude ver claramente los nombres de antiguos miembros de la familia Hyûga.
—¿Había algo que te llamara la atención? —le preguntó, curioso. Ella asiente con la cabeza.
—Decía "Neji Hyûga" —me responde—. Es normal que en muchas generaciones, los nombres de los integrantes de la familia se repitan, pero… el retrato era exactamente igual a mi primo, Neji —asiento, recuerdo a Neji, fue un gran shinobi que pereció en la cuarta guerra ninja, ¿él vive en esta época? Me alegra un poco oírlo—. Seguí mirando, todos se repetían, toda mi familia, Hiashi y Hizashi, Hanabi… y Hinata Hyûga —cierra los ojos, luce consternada, pero hace un esfuerzo por seguir relatando—. Cuando toqué la fotografía con mi rostro, toda la información entró en mi cabeza como si se tratara de un rayo golpeándome, al parecer, nuestros recuerdos regresan cuando hacemos contacto con algo o alguien que vivió o existió en ese tiempo.
Cuando Hinata me dice eso, no le encuentro lógica, entiendo que su familia guarde los registros, siempre fueron un clan lleno de nobles, pero ¿qué hay de mí? Es imposible que haya tenido contacto con cualquier artefacto de una época tan antigua, ¿cómo es posible que recuperase la memoria sólo porque sí?
—No lo comprendo —le digo, con toda sinceridad—. Yo no he tenido ningún contacto con… —una idea se me viene a la mente, ¿podría ser posible?
¿Es posible que Sasori nunca haya fallecido y que el que nos acecha a Matsuri y a mí sea el mismo de ese tiempo?
—Sasori de la arena roja apareció ante mí hace poco —le digo a la Hyûga, ella se sorprende—. Parece ser que quiere matarme, ¿qué sabes sobre eso?
Ella continúa sorprendida, luego parece un poco asustada.
—Él fue sellado con una técnica que te enseñó Naruto-kun, tú lo encerraste, ya que él no era capaz de morir, él jamás salió de ahí hasta donde puedo recordar.
¿No salió? No puede ser… ¿o sí?
—¿Hay posibilidad de que el sello se haya roto? —me siento perturbado, imaginar que he renacido en esta época y que él vivió todos estos años encerrado en donde yo lo puse, es una razón suficiente como para querer aniquilarme en esta y en todas las vidas que me queden.
Hinata asiente con la cabeza.
—Ningún sello puede durar para siempre y, sin alguien que lo proteja, es totalmente posible que se haya roto, los sellos de la familia Uzumaki pasaron a ser custodiados por los Hyûga por orden de Naruto-kun, como puedes ver, en esta época ya nadie es ninja, los Hyûga ocultaron el pasado de la familia en esos registros antiguos y la gente se fue olvidando del mundo shinobi.
—Ahora no es más que un mito —secundo sus palabras, me parece algo irónico, puede que este mundo sea mejor, que la vida sin shinobis sea más segura y más tranquila, pero yo necesito con urgencia volver a ser el de antes, ser Sabaku No Gaara, antes de que sea tarde.
Después de que mi conversación con Hinata acaba, me pongo de pie para despedirme, pero recuerdo algo que me ha estado molestando.
—¿Cómo conseguiste usar chakra? —pregunto antes de irme, ella solamente ladea la cabeza, confundida.
—Desde que recuperé la memoria, he podido usarlo sin problemas.
Su respuesta, más que dejarme satisfecho, me inquieta terriblemente. No sólo no soy capaz de usar chakra, sino que Matsuri y yo tuvimos contacto con Sasori, pero ella sigue sin recordar nada y, sin embargo, puede usar chakra, a diferencia de mí. Tiene que haber algo que estoy pasando por alto, debe haber una conexión entre todo esto, pero ¿cuál?
Es lunes, no he podido dormir bien durante toda la noche, no dejo de pensar en miles de cosas, en Matsuri, en el peligro que nos acecha, en las cosas que me dijo Hinata, en Matsuri otra vez, me estoy poniendo paranoico.
Fujiko Sasaki me mira con enojo desde su asiento, no me ha perdonado por "dejarla", aunque eso no me preocupa. Al terminar la primera clase, intenta acercarse para hablar conmigo, pero yo salgo disparado hacia el patio y la ignoro, no tengo ganas de lidiar con ella ahora.
He decidido practicar mi control del chakra en cada momento que tenga libre, en las canchas de voleibol de playa hay muchísima arena, es el lugar adecuado. Los chicos del equipo están jugando, pero no me molesta, no necesito estar en medio para practicar, se supone que puedo mover la arena a cualquier distancia, ¿no?
—Muévete —susurro.
No hay respuesta.
—Abracadabra —digo, un poco frustrado. Alzo mi mano hacia la cancha, buscando que la arena me sienta.
Sigue sin responder.
—Zimzalabim, alakasam —repito cada "conjuro" mágico que me sé, pero todo resulta inútil, me siento como un idiota—. ¡Ataúd de arena! —exclamo, llamando la atención de los jugadores, que se me quedan viendo como si estuviera demente. Siento mi cara arder de vergüenza, así que me doy la media vuelta y camino de regreso a mi salón.
Necesito hacer esto cuando no haya nadie cerca.
Día martes, he esperado a que todos se vayan, me planto en medio de la cancha, puedo sentir la arena bajo mis suelas, la veo frente a mí. Suelto un hondo suspiro y luego tomo aire, cerrando mis ojos e intentando conectarme con ella, como lo hacía antes. El viento mece mi cabello, el aire está frío, poco a poco, comienzo a experimentar una extraña sensación de paz, de tranquilidad, como si la energía natural fluyera a través de todo mi cuerpo.
Abro mis ojos de golpe, alzo mi mano juro que siento algo moverse a mi alrededor, pero cuando bajo la mirada, todo sigue tal y como estaba.
Otro día de fracaso.
Miércoles, hago lo posible por replicar la sensación de ayer, me concentro todo lo que puedo, esta vez, estoy descalzo y puedo sentir como mis pies y la arena entran en contacto. La energía fluye a través de mi cuerpo una vez más, siento como si flotara, incluso dejo de escuchar las voces de los estudiantes que aún siguen por los alrededores.
—Muévete… —murmuro, alzando mi mano, con los párpados cerrados. Cuando los abro, lo veo, es la arena, me está rodeando, flotando a mi alrededor como una pequeña nube de polvo, pero a los pocos segundos ésta se cae; no puedo creer que al fin haya funcionado.
Me dejo caer de espaldas sobre la cancha, sonriente, quizás no fue mucho, pero lo logré, pude sentir por un instante cómo la arena y yo volvíamos a ser uno solo.
—¡Gaara! —ese grito me hace levantar de golpe, veo a Matsuri correr hacia mí y, al llegar, me abraza con fuerza. Yo correspondo a su abrazo, sorprendido, pero el hecho de sentirla así me llena de alivio.
—¿Cómo… cómo me encontraste? —le pregunto confundido, pero sin soltarla—. Matsuri, ¿qué pasa? —cuestiono al sentirla temblar bajo mis brazos, está aterrada—. Matsuri —insisto—. ¿Qué pasa?
Ella respira hondo antes de contestar.
—Me encontró, Sasori, me encontró —me dice con la voz temblorosa.
—¡¿Qué?! —exclamo preocupado, acariciando su cabello, mientras aprieto más el abrazo, me sorprende un poco que no me aparte—. ¿Estás bien?
Ella niega con la cabeza.
—Le rompí el… no, no, le arranqué el brazo. ¡Se le cayó el brazo cuando lo golpeé!
—¿Lo golpeaste con chakra? —le pregunto, ella asiente con la cabeza; es evidente que ella tiene una mayor afinidad que yo para esto.
—Él sacó su kunai y me amenazó así que solo me concentré y lo golpeé.
—¿Qué? ¿Te hizo algo? —interrogo, enojado, no puedo creer que ese imbécil se haya atrevido a amenazarla; lo mataré sin importar que ahora no tenga poderes.
Matsuri vuelve a negar, pero sigue asustada, casi parece que va a llorar.
—No, no, pero… pero… dice que volverá, que volverá por todos cuando encuentre los sellos. No tiene sentido, verdad, Gaara. ¿Verdad que no tiene sentido?
¿Los sellos? Oh, no…
—¡No tiene sentido, verdad, Gaara! —me insiste ella, aferrándose más a mí, escondiendo el rostro en mi pecho.
Realmente no quiero que me suelte, se siente tan bien estar así… incluso el aroma de su cabello es dulce, tanto, que no puedo evitar volver a acariciarlo.
—¿Estás bien? —le vuelvo a preguntar, ella solo asiente.
Nos quedamos abrazados un rato más, en completo silencio, hasta que ella se separa un poco y me mira a los ojos, expectante.
—No tiene sentido, ¿verdad? ¿Qué es eso de "los sellos"?
No quiero responder, así que desvío la mirada, me temo que no va a comprender, incluso si le explico.
—¿Gaara? —me vuelve a llamar, tratando de romper el abrazo, pero yo no la suelto, la mantengo cerca de mí.
—Creo que tiene sentido… si estas dispuesta a escucharme —le respondo, volteando a verla nuevamente, con seriedad. Ella asiente con la cabeza, es ahora o nunca.
Suelto un suspiro antes de comenzar a relatarle todo lo que me dijo Hinata, aunque no estoy del todo seguro cómo funcionan los sellos o cuáles son los que Sasori desea recuperar; ahora estoy más que convencido de que él no es un reencarnado como el resto de nosotros, debido al sello que le puse, estuvo atrapado durante siglos, esperando cómo vengarse de mí, cómo destruirme por completo. Dudo que sea una coincidencia que su sello se rompiera justo en la época en la que Matsuri y yo estamos vivos.
Después de explicarle todo a ella, Matsuri no parece incrédula como las veces anteriores, le cuento que el cuerpo de Sasori es una marioneta y que no puede sentir dolor, eso le da sentido a lo que vio cuando él la atacó.
—¿Entonces todo es cierto? —me pregunta, fijando su vista en mí. Cuando me ve así, las imágenes de nuestra relación se me vienen a la mente; los besos, las caricias… no puedo evitar sentirme inquieto y ver en otra dirección, nunca me he sentido así antes con ninguna chica.
—Ya te lo he dicho, es verdad, hemos reencarnado —le contesto—. Incluso si parece una locura, es la única verdad.
Matsuri me continúa viendo fijamente, siento que todo mi cuerpo tiembla, quisiera que ella me recuerde para poder estar a su lado como antes, un abrazo me es insuficiente.
—Gaara… —me nombra, cogiendo mi mentón para obligarme a observarla—. Yo… te creo —dice con seguridad—. Todo esto es realmente una locura, pero yo te creo, porque si no lo hiciera, entonces me estoy volviendo loca.
Sonrío levemente, es un alivio escucharla.
—Matsuri… —mis ojos se fijan en sus labios, siento que me llaman como un imán, así que me acerco lentamente a ellos, con temor de que Matsuri pueda alejarme, pero no lo hace, ella se queda inmóvil aún cuando sé que conoce mis intenciones. Estoy a punto de besarla, cuando una voz nos interrumpe.
—¡Gaara-kun! —es Sasaki.
Arrugo el entrecejo y me separo de Matsuri, ella se pone de pie de golpe, sacudiéndose la arena del uniforme escolar. Yo también me levanto, Fujiko se acerca a nosotros y me sonríe.
—He estado buscándote por todo el colegio, cariño —dice con voz melosa, guindándose de mi brazo, puedo notar que Matsuri está enojada.
—¿Para qué me buscabas? —cuestiono de mala gana, necesito que me deje en paz para poder terminar mi conversación con Matsuri—. Estoy ocupado, Sasaki, vete.
Matsuri carraspea la garganta.
—La que se va soy yo —dice, sonriendo con sarcasmo—. Sobre lo que hablamos, Gaara —su voz suena llena de ira, lo sé, conozco su forma de actuar—. Olvídalo, fue una estupidez, no nos volvamos a ver.
Antes de que le pueda decir algo, ella se va corriendo, mientras Fujiko me sostiene fuerte del brazo, joder, ¿es en serio? Después de todo lo que costó que Matsuri me tuviera un poquito de confianza, ¿se tiene que acabar así?
No, no puedo permitirlo. Ahora más que nunca debo insistir.
Es día jueves, estoy afuera de la escuela de Matsuri, ellos están saliendo después de acabar el ciclo escolar. Las chicas no dejan de verme y murmurar sobre mí, puedo apostar a que se preguntan qué hace un chico con el uniforme de Suna en su escuela, junto a otras cosas que me harían parecer un ególatra si las digo.
Matsuri sale del edificio junto a su amiga Sari, se ve tan bonita ese día, no puedo evitar sonreír levemente, antes de acercarme a ellas.
—Matsuri —digo, parándome frente a ella. Matsuri alza la mirada para verme y frunce el ceño, ¿acaso sigue enojada?
Dirijo una fugaz mirada a Sari, ella parece un poco sorprendida con mi presencia, ignoro si ya sabe que soy hermano de Temari, pero igualmente le hablo.
—Voy a robarte a tu amiga un minuto —le aviso, tomando la mano de Matsuri para llevarla conmigo. Mi hermana Temari va a esta escuela, ella está en tercer año, es gracioso que me acabara de enterar hace poco, porque antes sólo estaba encerrado en mi mundo.
—Gaara, suéltame —me exige Matsuri, dando un jalón para liberarse de mí. Me doy la vuelta y veo a Temari saliendo de la escuela, viendo nuestra escena, pero realmente no me importa—. ¿Qué estás haciendo aquí? Te dije que olvidaras todo, vete con tu novia —escupe con enfado, está celosa, lo sé, puedo sentirlo.
Una sonrisa de delinea en mis labios.
—Matsuri —digo su nombre, volviendo a tomar su mano, esta vez, con delicadeza. Puedo ver a mi hermana acercarse a nosotros, pero Sari la toma de la muñeca para detenerla, parece una fangirl viendo una novela de romance—. Yo no tengo novia —le digo con total seguridad, sin apartar mis ojos de ella—. Eres la única que me importa.
Matsuri parpadea, sorprendida por mis palabras, al igual que lo hace mi hermana, mientras Sari exclama un "qué bonito" llena de emoción. Aprovecho el aturdimiento de la castaña para llevármela conmigo, caminamos hasta estar alejados de todos.
—Gaara, ¿a dónde me llevas? —me pregunta ella, yo me detengo.
Me muerdo el labio inferior, es difícil para mí decir esto, considerando que fui yo quién le enseñó todo lo que ella alguna vez supo sobre ninjutsu.
—Necesito que me entrenes.
Ella sólo abre mucho los ojos, parece ser que no se esperaba tal petición.
...
¡Hola! ¿Cómo van? Espero que todo esté yendo súper bien, jajaja. ¿Les va gustando la historia? Se va poniendo cada vez más interesante, ¿no? Irán saliendo más personajes y cosas que los sorprenderán, jajaja.
¿Será cierto que Sasori no reencarnó y vivió todo este tiempo? Ufff.
Bueno, no se olviden de pasar a leer la parte de GSMatsuri, nos estaremos viendo el próximo jueves.
