Gaara 5

—¿Qué yo qué? —me pregunta Matsuri, bastante sorprendida, incluso a mí me sorprende pedirle esto, pero es algo muy necesario, estamos contra reloj, estamos siendo acechados y no puedo darme el lujo de no avanzar en mi entrenamiento.

—Matsuri, tengo que aprender a usar chakra… como tú, y, pronto —le insisto, ella luce un poco confundida y contrariada.

—Gaara, yo no… yo no sé realmente cómo lo hago —me explica.

—Pero lo haces —prácticamente le estoy suplicando—. Si no aprendo pronto, estaremos en problemas… Matsuri.

De verdad estoy desesperado, no sólo por aprender a controlar mi chakra, sino también, porque creo que si pasamos tiempo juntos, si entrenamos como solíamos hacerlo, tal vez Matsuri por fin me recuerde.

—Bien —dice al fin—, lo intentaré.

Sonrío aliviado y Matsuri se suelta de mi agarre, se ve que está enojada.

—Pero debes dejar de hacer esto, no soy una muñeca que puedes llevarte a donde quieras, ¿entendiste, Gaara?

La observo confuso cuando me dice eso, lo cierto es que ni siquiera me había dado cuenta de lo que hago, estoy acostumbrado a que Matsuri siempre acatara todo lo que yo ordenaba, se me olvida que en estos tiempos, las cosas son muy distintas.

—Lo siento, tienes razón —sonrío débilmente.

Ella asiente con la cabeza, parece muy confiada ahora; admito que me gusta verla actuar así.

—¿Y? —pregunto entonces, un poco avergonzado, es difícil para mí ser el que depende de alguien más—. ¿Cuándo comenzamos?

Ella me sonríe, aunque puedo ver una extraña intención en su mirar, intento no darle importancia y sólo escucho su respuesta.

—Hoy, a media noche.

Pero me agarra con la guardia baja.

—¿A media… qué? —cuestiono, ligeramente desconcertado—. ¿Por qué a media noche?

Matsuri se encoge de hombros.

—El Quinto Kazekage tenía una conexión extraña con la Luna, ¿no? Quizá te ayude.

Lo que dice es verdad, pero me sorprende que ella lo sepa, ¿no se supone que no recuerda nada?

—¿Cómo lo sabes?

Entonces veo que saca un libro de su mochila, parece viejo y un poco gastado, tiene tapa dura y, en la portada, hay un símbolo que me resulta tremendamente familiar: el símbolo de Konoha.

—Estuve haciendo investigación —dice Matsuri con orgullo, mientras yo estiro mi mano para alcanzar el libro, pero ella lo aparta de mí con la expresión de una niña que no quiere compartir su preciado juguete—. No, no, es mío. Son mis secretos.

No puedo evitar sonreír.

—Bien. A media noche entonces —le digo, aún sonriendo quedamente—. Dame tu número, por si algo sucede —añado, observándola sonreír; me encanta esa sonrisa, es una de las cosas más hermosas que alguna vez pude ver.

Después de que intercambiamos números, nos despedimos. Tengo que volver al colegio y pensar cómo voy a escaparme. Por suerte, mis compañeros de cuarto se duermen temprano, así que me toca esperar -más o menos- hasta las once de la noche. Me visto con ropa cómoda, un pantalón deportivo y una sudadera, además de un par de tenis. Me escabullo sigilosamente por la puerta del cuarto y lo mismo con el corredor; nadie puede verme.

Según el texto que me envió Matsuri, nos veremos en el parque, suerte que no hace demasiado frío, aunque sigo pensando que es algo exagerado vernos tan tarde. Cuando llego, ella no está ahí, miro la hora en mi celular y todavía faltan unos diez minutos. En ese momento, noto que tengo algunos mensajes de Whatsapp de mi hermana Temari, son dos textos y un audio.

En los textos, me dice que le debo una muy buena explicación, mientras que, en el audio, me pregunta qué es lo que pretendo con su amiga; decido ignorarla por ahora, no es momento de responder a sus berrinches.

Espero a Matsuri un rato más, ya es pasada la media noche y no aparece, ¿será que me plantó? Mientras estoy sentado en el columpio, miro por un instante hacia la luna, desde antes de recuperar mis memorias, me ha parecido interesante, ahora sé exactamente por qué.

—Gaara —escucho que me llaman, así que volteo hacia un costado y la veo, sonriéndole.

—Pensé que no vendrías —le digo aliviado, pero ella solamente sonríe.

—Mis padres… se fueron a dormir tarde —me explica, yo asiento con la cabeza y la miro expectante.

—¿Cómo comenzaremos?

Ella parece un poco pensativa con mi pregunta, como si no tuviera la respuesta exacta que busco.

—Bueno —dice, sentándose en el columpio donde antes yo estaba—. Creo que deberías comenzar a calentar —asiento con la cabeza, claro, el calentamiento es un ejercicio vital para iniciar cualquier entrenamiento—. ¿Correr? ¿Diez minutos? —a pesar de que es ella la que pone las condiciones, se ve muy confundida, me da un poco de risa.

Asiento nuevamente, correr diez minutos no es la gran cosa para mí, así que me dispongo a hacerlo con prisa.

—¿Tú no harás nada? —le pregunto luego de correr por un rato, pero ella solamente me mira y sonríe con obviedad.

—Yo no necesito entrenar, Gaara. Además, yo no fui quien pidió entrenar.

Pongo los ojos en blanco, ella tiene razón, pero me molesta un poco su forma de decir las cosas. Como sea, simplemente sigo corriendo. Ella se pone a revisar el libro que me mostró esta tarde, parece muy interesada en el tema, no puedo evitar sentirme un poco desplazado por el dichoso libro ese.

Después de pasados los diez minutos, me detengo y la llamo, esperando obtener un poco de su atención.

—¡Matsuri! —alzo la voz—. ¿Y ahora qué hago?

Ella tiene la cara pegada al libro, ni siquiera me mira. ¿Quizá el libro en serio habla sobre una buena rutina de entrenamiento?

—Bueno, ahora debes dar saltos, para aumentar tu ritmo cardiaco, 100 saltos —indica. La miro un poco escéptico, pero no opongo resistencia y realizo todo lo que me pide después, 100 golpes al aire, 100 patadas, 100 sentadillas, me parece que es una pérdida de tiempo, pero continúo, ni siquiera me siento cansado, estoy acostumbrado a hacer estas cosas—. ¿Y ahora? —Matsuri por fin cierra el libro, viéndome con algo de sorpresa, quizás porque esperaba verme muerto.

—Trepar —me responde, confiada—. Debes trepar el árbol —dice señalando un árbol grande que está detrás de mí, la veo un poco confuso, ¿trepar un árbol? No creo que eso tenga demasiado sentido—. Debes confiar —dice—, intenta imaginar que tu mano tiene energía, tu energía y cuando la sientas, comienza a trepar muy rápido solo usando tus manos.

Trepar usando chakra, recuerdo que es algo que hacía de forma natural, prácticamente nací sabiéndolo, así que me da curiosidad verla a ella. Me cruzo de brazos y la observo.

—Bien, hazlo —ordeno.

Ella parece dudar un segundo, pero concentra la energía en sus manos y, así como si nada, trepa el árbol ante mis ojos, realmente tiene un control asombroso del chakra y ni siquiera lo nota.

—¿Ves? —dice sonriente—. No es tan difícil. Ahora deja de quejarte y hazlo.

No puedo más que fruncir el ceño, mientras ella baja con cuidado, intento inútilmente concentrar mi energía para trepar el árbol, pero sólo fallo una y otra vez. Esto es tan frustrante, solamente estoy fracasando, incluso la vez que por fin logro escalar unos cuántos centímetros, me vuelvo a caer.

—No te estás concentrando lo suficiente —dice Matsuri, provocando que mi enojo explote.

—¡Qué no me estoy concentrando! —exclamo con irritación—. ¡Por supuesto que me estoy concentrando! —volteo hacia el árbol y vuelvo a intentarlo, lleno de enojo. Me siento mal por gritarle, pero en serio estoy molesto. Tras estar una hora completa perdiendo el tiempo, vuelvo a mirarla, frustrado—. ¿Otra grandiosa idea, Matsuri? Esto no funciona.

La miro expectante, ahora sí que me siento exhausto, incluso estoy sudando, pero ella parece divertida con mi sufrimiento. Me paso las manos por el cabello, peinándolo hacia atrás y dejo al descubierto mi frente.

Oh, oh, mala idea.

Matsuri me queda mirando fijamente, se ha dado cuenta de mi cicatriz y no puede apartar los ojos de ella, yo me tenso. Se acerca a mí y aparta algunos mechones para ver bien mi frente, luce realmente curiosa, pero cuando intenta acercarse más, la intercepto rápidamente, cogiendo su mano y desviando la mirada.

—Lo siento —le digo un poco avergonzado—. No me gusta que la vean.

Ella asiente y yo suelto su mano, recordando que no le gusta que la agarre de ese modo. Le permito que me mire un poco más.

—¿Duele? —pregunta, yo sólo niego con la cabeza, ¿también en esta vida hace la misma pregunta? Me confunde y a la vez me fascina el hecho de que yo sea tan diferente, pero ella siga siendo la misma niña curiosa de antes.

Matsuri acaricia mi frente un momento más, sus ojos brillan al verla y me pregunto qué estará pensando.

—Nací con eso —le digo, sacándola de sus cavilaciones.

Ella vuelve a acomodar mi cabello, escondiendo la marca, para luego sonreírme.

—Quítate los zapatos —indica de un momento a otro.

No entiendo qué es lo que pretende, pero hago caso a lo que me dice y me quito los tenis. Ella me toma de la muñeca y me jala hasta el arenero de los niños, ¿en serio? Parece una venganza de su parte.

Sonrío al sentir la arena bajo mis pies.

—Bueno, tenemos luna llena —dice señalando al cielo, yo le sigo con la mirada— y arena…. Creo que es obvio lo que debes hacer, concéntrate.

Le miro frustrado, este ejercicio me es familiar.

—Ya intenté esto y solo duró unos segundos, nada espectacular.

—Inténtalo —insiste Matsuri.

Cierro mis ojos y me concentro, pero no pasa nada, es lo mismo que todas las veces que lo he intentado en la escuela.

—Una vez más —dice ella, yo intento controlar mi mal humor, pero nada pasa, una vez más—. Esto es una estupidez —la escucho decir, oyendo también el sonido del columpio cada vez más alto, pero intento ignorarlo y seguir concentrado en lo mío, ya no puedo oír nada.

Siento como lentamente la energía del exterior se va colando dentro de mi cuerpo, a través de mis pies, tal y como cuando logré mover la arena en la escuela. Los dedos de mis manos hormiguean y mis pulmones se llenan de aire frío, entonces, un grito me despierta.

—¡Gaara! —escucho a Matsuri llamarme. Abro mis ojos y la veo saltar del columpio, ¡se ha vuelto loca!

—¡MATSURI! —grito asustado, estirando mi mano hacia ella.

La arena que está debajo de mí se mueve a gran velocidad, precipitándose hacia Matsuri para atraparla, puedo sentir que me está obedeciendo, finalmente… entonces vuelvo a bajar mi mano lentamente, haciendo que la arena la deje sobre el suelo con suavidad, luego de eso, pierdo nuevamente la conexión, ya no puedo moverla, pero no me importa, corro hacia Matsuri, aún asustado, esperando no haberla lastimado al cogerla con la arena sin tener demasiado control de la misma.

—¡No vuelvas a hacer algo así, jamás! —exclamo jadeante, todavía asustado, revisando con los ojos bien abiertos si es que acaso se ha lastimado—. ¿Me oíste? Casi me matas de un susto.

Ella sonríe.

—Pero funcionó, ¿no?

Me recuesto a su lado, aún jadeante, encima de la arena que está desparramada en el suelo. ¿En serio hizo esa estupidez solamente para ayudarme? Esta chica está loca, es todo lo que puedo pensar, está loca y la adoro con todas mis fuerzas.

—Jamás, Matsuri, jamás —insisto, un poco enfadado, simplemente no podría soportar que ella sea lastimada.

Matsuri solamente me mira, luego toma mi mano y yo la aprieto contra la mía, su calidez me reconforta.

Ya es algo tarde, así que después de un rato, la acompaño a su casa y me despido de ella. Sólo cuando sé que estoy solo, dejo que el cansancio se apodere de mi cuerpo, me siento exhausto y todo lo que deseo es dormir.

El viernes llega casi sin darme cuenta, tengo examen hoy, lo había olvidado, además, hay una reunión del consejo estudiantil, soy el presidente y no puedo saltarme esos deberes, así que le aviso a Matsuri que no podremos vernos por medio de un mensaje. Ella responde que está bien, pero no puedo evitar sentirme algo decepcionado, hubo una conexión entre nosotros cuando estábamos entrenando, lo sé, ahora sólo quisiera pasar más tiempo a su lado.

El día es realmente aburrido, Temari sigue intentando contactarme, pero sólo le respondo que estoy ocupado con deberes de la escuela.

"Si mañana no vienes a casa, te juro que voy a tu escuela y la convierto en una tormenta."

Me río luego de leer su último mensaje, imagino a la Temari del pasado agitando su abanico y volando todo el edificio de la escuela.

"Iré, dile a mamá que prepare mi comida favorita."

Guardo mi celular después del último mensaje, es hora de mi examen.

Durante la tarde, Matsuri me contacta para hacerme una invitación, la cual me sorprende, no es la gran cosa para cualquiera que espere salir con la chica que le gusta, pero a mí me interesa, me dice que tiene boletos para una exposición del Japón feudal, parece una buena idea para recabar datos que nos puedan ser de ayuda.

Por la noche, voy a casa, aunque evado las preguntas de mi hermana y me voy rápido a la cama; sé que mañana no me voy a salvar.

Es sábado por fin, el día que voy a salir con Matsuri, me siento un poco emocionado por ello, así que me paso gran parte de la mañana eligiendo qué me voy a poner, en parte, para no tener que enfrentar el interrogatorio de Temari, pero, sorpresivamente, ella no me dice nada. Confundido, continúo haciendo mis cosas, hasta que llega la hora de la comida; Matsuri y yo nos veremos a eso de las dos de la tarde, así que estoy algo ansioso.

Estamos en la mesa, almorzando en familia, mamá ha preparado uno de sus deliciosos platillos, me encanta todo lo que ella hace y, ahora mucho más, al saber que en mi vida pasada ni siquiera pude conocerla, me siento tan privilegiado.

—Veo que extrañabas la comida de mamá —dice mi madre, Karura, al verme llenarme la boca de arroz y luego tragar rápidamente.

—Gaara, come con modales —dice mi padre, Rasa, parece un poco serio, pero realmente es agradable, muy distinto de su versión anterior—. Por algo te pagamos esa escuela tan cara —añade, yo solamente arrugo el entrecejo.

—Perdón —respondo antes de volver a llevarme una porción de arroz a la boca, ahora con más calma.

—Entonces, cariño —mi madre nuevamente toma la palabra—. ¿Cómo te ha ido en la escuela? Ay, no sé para qué pregunto, siempre te va excelente.

—Mejor deberías preguntar cómo le va a Gaara con las chicas —interviene Kankuro, siempre con ese tipo de temas que no vienen al caso—. He escuchado que es el galancillo del instituto.

Miro a mi hermano con cara de que voy a asesinarlo, pero él ni siquiera se inmuta, no parece tenerme ni una pizca de miedo.

—Gaara no tiene tiempo para esas cosas —dice mi padre, limpiándose la boca con una servilleta—. Él sólo debe concentrarse en estudiar.

Escucho a Temari reír por lo bajo, mientras como otro poco de arroz, creyendo que papá le ha dado fin al tema.

—Pues yo creo que deberían felicitar a Gaara —comenta mi hermana, sonriendo ladina—, él ya tiene novia, se llama Matsuri y va a mi escuela.

Escupo todo el arroz que me estaba comiendo, ¿Temari acaba de decir qué? Bueno, no es que me moleste, es más, ojalá fuera verdad… ¡Pero no lo es! No aún…

—Oh, ¿de verdad? —mamá me mira emocionada—. ¿Cuándo vas a traerla, cariño? Me encantaría conocerla.

—Sólo espero que no sea una distracción de tus estudios —sentencia con seriedad papá.

Yo solamente chasqueo la lengua, Temari no para de reír, parece que ha estado esperando ponerme en evidencia frente a toda la familia.

—Oye, Temari —dice Kankuro—. ¿Y es bonita?

—¿Qué te importa? —le cuestiono con molestia—. Más te vale que ni siquiera la mires, Kankuro.

—Uy, pero qué celoso —mi hermano sólo se cruza de brazos y me hace un desprecio, entonces miro nuevamente a Temari, ella parece complacida porque no he negado su afirmación, supongo que le preocupa el bienestar de Matsuri, después de todo, siempre han sido amigas.

Después del almuerzo, me voy a dar una ducha rápida y me cambio para salir, pero mi hermana me intercepta cuando voy hacia la entrada de la casa.

—¿Vas a salir con Matsuri? —me pregunta, se nota que su curiosidad es grande, sus ojos muestran esas ansias de querer obtener una respuesta pronta.

—Sí —le respondo con seguridad—. Tendremos una cita —le miento, no es una cita, aunque da igual, tarde o temprano, Matsuri estará a mi lado, lo sé.

Temari frunce el ceño.

—Gaara… —dice, ligeramente molesta—. Si solamente estás jugando con ella te advierto que…

—No —la interrumpo—. No estoy jugando con ella —digo con total seguridad, pero un poco avergonzado—. Matsuri lo es todo para mí.

Ella me mira sorprendida, parpadeando varias veces; claro, jamás me ha oído decir algo tan cursi, pero termina por sonreír y luego asentir con la cabeza.

—Entonces está bien.

Después de que finalizamos la conversación, me apresuro a mi encuentro con Matsuri, estoy deseoso por verla.

Al llegar, estoy atrasado por cinco minutos, la conversación me entretuvo demasiado.

—Lo siento, tuve que ir a casa y a Temari se le antojó tener una almuerzo familiar.

Matsuri no parece enojada, luce relajada.

—Está bien, ¿entramos? —pregunta y juntos caminamos al interior de la exposición.

—¿Esta es nuestra primera cita oficial, Matsuri? —le digo un poco divertido, sin evitar reparar en lo linda que luce ese día.

—Claro, claro —ella responde despreocupada, así que solamente sonrío por lo bajo.

Caminamos por los pasillos de la exposición, no dejo de mirar a todos lados, hay muchas cosas que me llaman la atención, pero cuando llegamos a una de las salas más grandes, un objeto de los que están ahí me parece y tan familiar, que no puedo evitar sorprenderme.

—Matsuri —la llamo con urgencia—. Matsuri, mira —insisto, señalando el objeto con mi dedo índice.

¡Es mi calabaza! Y no sólo ella, también está el abanico de Temari, una de las marionetas de Kankuro e, incluso, una banda ninja de Sunagakure.

Me acerco a la vitrina, sin poder dejar de ver la calabaza, puedo sentir algo dentro de ella, una voz, como si me llamara, como si pudiera reconocerme.

—Es mía —digo casi con fascinación. Estoy seguro de que si puedo volver a tenerla conmigo, podré volver a usar mi arena.

—Gaara —me dice Matsuri—, tenemos que recuperarla.

Asiento con la cabeza.

—Por supuesto… no puedo pelear contra Sasori con una caja de arena para gato.

Ella se ríe ante mi broma, no soy bueno haciendo chistes, pero parece que este fue gracioso.

—Matsuri —la llamo, suavizando el tono de mi voz—. ¿Me crees ahora? ¿Ya no crees que estoy loco, verdad?

Ella me mira un momento, luego niega con la cabeza.

—Te creo —dice al fin.

Le muestro una sonrisa, me hace feliz saber que finalmente me cree, que confía en mí, ella es mi confidente, después de todo.

Nos vamos después de esa pequeña charla, no hay mucho más que hacer ahí, pero logramos averiguar que la exposición sólo estará una semana antes de marcharse a otro museo: tenemos una semana para recuperar mi calabaza.

Nos dirigimos a una cafetería para charlar y descansar un rato, esto realmente parece una cita. Tomamos asiento y hacemos el pedido a la mesera, la cual no deja de mirarme y sonreirme, me está coqueteando y Matsuri se da cuenta.

—Quiero un café —le digo a la chica, ella anota mi pedido y luego mira a Matsuri.

—Una malteada —dice la castaña, frunciendo el ceño. La mesera se va después de tomar nuestra orden y Matsuri me observa, molesta—. Qué linda chica, casi te come con los ojos.

Sonrío ligeramente.

—¿Estás celosa? —le pregunto. Ella suelta una carcajada escandalosamente exagerada, mientras niega con la cabeza.

—¡Claro que no! —exclama, dándole un golpe a la mesa y poniéndose de pie—. Voy al baño, ya vuelvo.

Asiento con la cabeza y la veo alejarse, mientras me quedo solo, esperando a que, aunque sea, traigan mi café. Al cabo de unos segundos, alguien más se sienta en donde antes estaba Matsuri, mis ojos se abren con sorpresa al ver que se trata de Sasori, está encapuchado y tiene los dos brazos, parece que se volvió a poner el que Matsuri le arrebató.

—Sé que sabes quién soy, Kazekage —dice él, mostrando esa sonrisa espeluznante, que me paraliza—. Sabes muy bien a qué he venido.

—¿Qué es lo que quieres? —cuestiono, intentando guardar la calma, si no me ha atacado hasta ahora, es porque no debe saber sobre mi deficiencia de poder.

Sasori me observa fijamente, su mirada está llena de odio, él no es un humano, no es más que una marioneta, un muñeco, ¿cómo puede algo que ni siquiera está -técnicamente- vivo tener una expresión tan aterradora?

—He esperado tantos años para esto, no me importa cuánto tiempo ha pasado, voy a matarte, te voy a matar a ti, a tu esposa, a tus hermanos, son débiles ante mí, no conocen de lo que ahora soy capaz.

No puedo mover ni un músculo, si se da cuenta que no puedo controlar la arena, estoy acabado.

—Me dejaste encerrado con ese maldito sello durante tantos años, que ni siquiera sé cuánto ha pasado, pero he estudiado esta época, los ninjas ya no existen, soy el único que queda.

—¿De verdad crees que eres el único? —intento engañarlo, que piense que no puede vencerme—. No seas ingenuo, Akasuna No Sasori.

Él vuelve a sonreír, inclinándose un poco hacia mí.

—Si eres tan fuerte, entonces, ¿por qué no me destruyes, Kazekage? —me susurra, yo me paralizo; él lo sabe—. Es porque eres débil… por eso, los voy a matar a todos…

Veo de reojo que desliza su mano bajo la capa, sacando un cuchillo, me va a matar, va a matarme y yo no podré hacer nada.

Entonces, puedo notar que un tenedor vuela hacia él y se incrusta en su brazo derecho, miro hacia un costado y veo a Matsuri de pie, junto a otra mesa, de la cual cogió el tenedor que había sido usado por unos clientes que ya se retiraron, su mano brilla rodeada de chakra.

Sasori se levanta de golpe, mirando a Matsuri con odio, está dispuesto a atacarla, sostiene ese cuchillo y corre hacia ella. Yo también me levanto, asustado de que la lastime, pero ella se defiende del ataque sólo con sus manos, me sorprende lo que puede hacer.

Hay pocos clientes en la cafetería, pero todos lucen alarmados, deben pensar que se trata de un asalto, así que algunos intentan huir. Yo me acerco corriendo hacia Sasori y, de algún modo que ni siquiera entiendo, concentro el chakra en mi pie y lo pateo, zafándole una pierna. Tomo a Matsuri de la mano y ambos salimos corriendo de ahí, sé que a ella no le gusta que haga eso, pero en este momento no me importa.

Escucho a Sasori vociferar un "maldito" mientras ella y yo nos alejamos, no puedo permitir que nos alcance, sin embargo, Sasori arregla rápidamente el desperfecto que le provoqué y nos persigue.

—¡Gaara, ahí viene! —me avisa Matsuri, asustada—. Déjame golpearlo —añade mientras huimos.

—¡No! —contesto, corriendo más rápido, ni siquiera hay arena cerca de nosotros. ¡Maldita sea!

Matsuri se suelta de mi agarre y se planta en medio de la calle, la zona es residencial, así que no hay gente, todos están dentro de sus casas. Me detengo de correr y veo que Sasori se lanza contra Matsuri, ella intenta darle un golpe usando chakra, pero él utiliza el cuchillo kunai que trae consigo, esquiva el golpe de ella y luego le hace un corte en el brazo.

Al ver la sangre de Matsuri, un recuerdo se me viene a la mente, una terrible imagen de Matsuri siendo herida frente a mí, eso me enfurece, siento que mi propia sangre está hirviendo y, antes de darme cuenta, siento que la arena se arremolina a mi alrededor -la cuál ni siquiera sé de dónde salió- y se dirige hacia Sasori, rodeándolo y apresándolo.

—Ataúd de arena —murmuro, con voz gruesa y lúgubre, me siento como si estuviera bajo un trance—. Funeral del desierto —digo después, apretando mi mano y comprimiendo el ataúd de arena hasta que el cuerpo de Sasori se rompe en pedazos.

Matsuri me mira con la boca abierta, mientras los pedazos de Sasori se mueven, esparcidos sobre el piso como en una película de terror.

—Sí tienes poderes —dice su cabeza, es tan tétrico, yo sólo vuelvo a tomar a Matsuri de la mano, sé que no puedo matar a este tipo todavía—. Tendré que usar el plan B —después de decir eso, sus partes se vuelven a reunir, se "arma" de nuevo frente a nosotros y luego desaparece de un salto, mientras mi corazón no para de latir con fuerza dentro de mi pecho.

—¡Gaara! —Matsuri grita mi nombre, abrazándome con fuerza, para luego esconder el rostro en mi pecho. Yo correspondo a su abrazo, mientras le acaricio el cabello; la calle está cubierta de arena—. Gaara, Gaara —ella me sigue llamando, está llorando y no para de temblar—. ¿Qué rayos es ese monstruo? Lo destruiste y sólo se volvió a armar…

—Tranquila —le digo, intentando calmarla, sin dejar de acariciar su cabello—. No importa lo que pase, Matsuri, yo te protegeré.

Sé que no puedo, sé que soy débil, pero no me importa, tengo que protegerla, a ella y a toda mi familia.

—Gaara —ella vuelve a llamarme, mirándome fijamente, puedo notar lo sorprendida que está por lo que me vio hacer, aunque todo fue gracias a ella, al deseo de protegerla.

—Estás sangrando —digo al ver su brazo, no es un corte profundo, pero debe dolerle bastante—. Vamos a que te curen —estoy sosteniendo su mano, así que me dispongo a caminar con ella, pero Matsuri me detiene, no aparta su mirada de mí, lo cual comienza a ponerme un poco nervioso—. ¿Qué sucede? —le pregunto, confundido.

Matsuri se inclina hacia mí, estirándose para alcanzar mi altura.

—Por favor, no quiero que te pase nada —murmura, está tan cerca de mí, que me siento paralizado.

¿Acaso va a besarme?

...

¡Hola! Por favor, no olviden pasar por la parte 5 de GSMatsuri también, nos vemos el otro jueves en esta historia, jajaja.