Crackfic / Humor
Aviso: Ésta historia es la secuela de mi fanfic "Los padres de mi novio" Si no lo has leído, por favor búscala mi perfil antes de iniciar este fic.
En ésta segunda parte, al igual que en la anterior, Sasuke continúa teniendo un fetiche por enfundarse diversos trajes de disfraz mientras practica sexo con Naruto. Fetiche que curiosamente conocen muchas más personas de las que a Sasuke le gustaría.
Dedicado a todas aquellas lectoras que me animaron a continuar ésta historia y votaron en mi encuesta para que la escribiera. Pero en especial a akasha-bennington que amablemente me hizo de beta reader (Léanla! Es una escritora increíble). De corazón, espero que os guste.
La entrevista
—¿Me estás diciendo… —Fugaku hizo una profunda pausa para mirar de hito a hito al menor de sus hijos y al atolondrado rubio que lo acompañaba de pie frente a su tumba—, que me has despertado de entre los muertos para decirme que tú, el último descendiente del Clan Uchiha, mi vástago y sucesor, mi legado, la única persona capaz de resurgir un Clan legendario, temido, orgulloso y casi extinto… eres gay, y éste es tu novio?
Bueno, visto así…
Sasuke respiró hondo, obligándose a no desviar la mirada de su progenitor, intentando apagar a pisotones esas terribles ganas de huir, de salir corriendo ante la asfixiante vergüenza, la humillación a la que era sometido un hijo que no cumple las expectativas de su padre. Ahora no le parecía una idea brillante aquello de resucitar momentáneamente a su familia con la técnica prohibida —Edo Tensei— para que Naruto pudiera sufrir en sus propias carnes la bochornosa presentación que él tuvo que soportar frente a sus suegros.
Por alguna extraña razón le estaba saliendo el tiro por la culata.
Desanimado, giró el rostro hacia su derecha, contemplando con nostalgia el bello trazo de color que los últimos rayos de sol dibujaban sobre la pulida y hermosa piedra blanca de calizo que resguardaba los restos de su difunta madre. Tenía que haberla resucitado a ella. Su madre hubiera sido mucho más comprensiva y generosa aunque la variante de un hijo gay no estuviera en sus cálculos. O a su hermano Itachi, tumba colindante a la de su madre. Cualquiera de los dos habría dado por buena la relación sentimental sin cuestionarse si quiera, si ésta era con un hombre.
Pero su padre…
Cerró los ojos y aspiró con fuerza intentando tranquilizarse. El aroma a incienso y flores recién cortadas que adornaban el campo santo le cosquilleó en la nariz y el paladar.
¿Qué estúpida idea le hizo pensar en resucitar al terrible Fugaku Uchiha?
—Padre, yo…
—¡Silencio! —interrumpió con un tono que carecía de dulzura. Su mirada era glacial, y su hostilidad tan intimidante que cuando sus ojos escudriñaron a Naruto de arriba abajo no supo identificar si era de aprobación o repugnancia—. No pienso entregar a mi hijo a nadie en sagrado matrimonio sin haber aprobado antes la entrevista.
—¿Qué… qué entrevista? —Naruto dirigió la mirada hacia Sasuke, dudoso, pero solo encontró un ceño fruncido.
Ninguno de los dos necesitó más para darse cuenta de que el hombre que una vez fue el respetado jefe de la policía militar de Konoha, experto en torturas y sufrimiento ajeno, y el cabecilla de la peligrosa rebelión Uchiha malograda gracias a una matanza, lo sometería a un cruento interrogatorio.
—¡Nombre! —exigió más que preguntó el susodicho dirigiéndose hacia el rubio.
—¡Uzumaki Naruto! —chilló atropelladamente el agitado ninja con una inusual voz femenina propia del cine de terror, enderezándose con una mano en la frente al más puro estilo militar—. ¡Señor!
—¿Edad? —prosiguió su suegro, frío como la nieve.
—Veintidós años.
—¿Origen de tu clan?
—Desconocido.
—¿Técnicas de línea sucesoria?
—Ninguna que yo conozca.
Fugaku giró un poco el rostro hacia su hijo y chasqueó la lengua malhumorado, negando con la cabeza como si algo lo decepcionara profundamente, con esos ojos fríos y reprobatorios que parecían proclamar: "¿Esto es lo mejor que había en el mercado?".
—¿Ha-bi-li-da-des? –silabó modulando despacio su voz que parecía extraída de las profundidades del abismo.
—¡Muchas! ¡Montones de ellas! —proclamó nervioso el rubio, limpiándose con el antebrazo las miles de gotitas que surcaban su frente en un sálvese quien pueda—. Esto… nh… puedo comerme treinta platos de miso-ramen en treinta minutos.
El hombre alzó sus fijas cejas con verdadero asombro, dejando al descubierto los oscuros globos oculares producto del Edo Tensei.
—¿Está hablando en serio? —inquirió hacia su hijo con desconfianza.
—Yo tampoco me lo explico —respondió resignado Sasuke en respuesta, frotándose el puente de la nariz en un vano intento por aliviar la presión que amenazaba con hacerle estallar la cabeza.
—¿Eres rico?
—No.
—¿Eres pobre?
—A veces —Naruto frunció la boca con pesar, sumido en el hilo de sus pensamientos—. Sobre todo a final de mes…
—¿Mejor jutsu?
—¡Sexy no Jutsu! —pronunció jubiloso.
Los pliegues en el ceño de Fugaku se acentuaron.
—No conozco esa técnica.
—Le haré una demostración… —aventuró dando un brusco paso hacia delante y formando un sello con los dedos en un intento por ganar puntos ante su suegro.
—¡No! —afortunadamente Sasuke lo obligó a desistir ante el peligro de que aquella técnica pervertida empeorara una situación, que ya de por sí, resultaba bastante temeraria.
El rubio sudaba en exceso, demasiado nervioso como para prestar atención a algo más que no fueran sus propias y desacertadas elucubraciones, y Sasuke no pudo evitar sentir una oleada de lástima por él. Ninguna de sus respuestas parecía ser del agrado de su padre, que de seguir así, no daría por válida la relación. Y si eso sucedía… Sasuke apretó los dientes hasta que la mandíbula le crujió, sin ser capaz de eliminar la abrumadora sensación de pérdida que le subía caliente por la garganta. No podía perderlo también a él. Ya había perdido a demasiada gente importante en su vida. Naruto era su refugio, su apoyo, su mundo. Alejarse de él no era una opción. Ya no lo era.
Si no luchaba ahora por lo único que le importaba en su maldita vida. ¿Por qué otra cosa iba a luchar?
Sasuke inspiró hondo, como si necesitara inhalar todo el oxígeno del mundo antes de hablar.
—Padre, Naruto es descendiente del longevo y temido clan Uzumaki, expertos en jutsus de sellado. Gracias a sus antepasados cuenta con una poderosa resistencia y fuerza vital, así como grandes reservas de chakra. Es capaz de recuperarse de cualquier lesión o agotamiento en un corto periodo de tiempo. Domina el taiyutsu, ninjutsu, modo sabio e invocación. Puede manipular el chakra y convertirlo en su elemento natural que es el viento. Además, es el portador del Kyuubi, bijuu con el cual es capaz de fusionarse a la perfección. Naruto tiene una fuerte determinación, coraje, ingenio y sentido del deber. Derrotó él solo a seis miembros del grupo Akatsuki, a la diosa Kaguya, y a Madara. Fue el gran héroe de la cuarta guerra ninja.
Naruto lo miró sin parpadear completamente sorprendido, tanto por el hecho de que Sasuke hubiera compartido con su padre una amable deferencia hacia su persona, como por enumerar virtudes de las que ni siquiera él era consciente.
Por eso amaba tanto a aquel hombre.
—Gracias, teme —susurró cálidamente, engullendo el deseo irrefrenable de besarlo allí mismo. Buscó con la mirada los ojos de Sasuke, pero éste se apresuró a desviar el rostro con un leve rubor dando color a sus pálidas mejillas, mientras mascullaba algo inteligible por lo bajo del que solo acertó a escuchar un -tonkachi.
Sin embargo su excelente presentación no parecía haber surtido el efecto deseado en Fugaku, quien con la desconfianza dibujando arrugas en su frente y un rictus amargo perfilado en su boca, se dedicó a examinar de arriba abajo a Naruto con una mirada incisiva.
—¿Eres virgen?
A Naruto se le cortó la respiración. ¿Había escuchado qué? Tentativamente desvió la mirada hacia Sasuke, que se la devolvía con el mismo horror dibujado en sus ojos.
—Yo… esto… —susurró muerto de terror. Pensó en mentir, o por lo menos eludir los detalles de cómo había perdido la virginidad junto a Sasuke sobre aquella destartalada mesa de cocina. Pero intuía que el jefe de la policía de Konoha utilizaría cruentas técnicas oculares de tortura y sumisión hasta lograr sonsacarle toda la verdad—. ¡Fue culpa de su hijo!—se excusó histérico señalándolo con un dedo acusador—. ¡Él me desvirgó! Bueno, del mismo modo que yo lo desvirgué a él. ¡Pero yo no quería! Bueno, tal vez un poco. De acuerdo, yo puse mucho de mi parte. ¡Lo puse todo! Puse la casa, puse la mesa, puse la polla en el culo de su hijo… órgano del que por cierto, estoy sobradamente bien equipado. Se lo demostraré.
Hizo ademán de bajarse los pantalones, pero Sasuke saltó sobre él, impidiendo su cometido.
—¿Te has vuelto loco? ¡Guárdatela, idiota!
—¡Teme! ¡Tu padre necesita comprobar si dispongo del material necesario con el que darle de comer a su hijo, y se lo voy a demostrar!
Mientras rubio y moreno se enzarzaban en una irrisoria batalla por la colocación de los pantalones del primero, los ojos de Fugaku se convirtieron en dos rendijas escarlata.
Oh, sí. El holocausto había llegado a la aldea oculta de la hoja.
—¿De comer? —inquirió. El rostro de Fugaku viró rápidamente de un lívido sorpresivo a otro oscuro y amenazador—. ¿Insinúas que mi hijo es siempre el que recibe?
—¡Sí, digo no, digo…! —miles de gotas se formaron nuevamente en su frente. Se le estaban poniendo los pelos de punta en sitios donde no sabía que tuviera pelo.
¡Peligro, peligro! La expresión de Fugaku gritaba asesinato en primer grado, y sus ojos centelleantes del tipo A, sálvese quien pueda, mostraban el más avanzado de los Sharingan. El esqueleto de Susanoo sobre su cabeza tampoco mejoraba la vista. Un desafortunado comentario más sobre la intimidad que compartía con su hijo, y Naruto estaba seguro de que lo vería elaborar suficientes sellos como para ejecutar cuatro técnicas de fuego diferentes, tres Chidoris y seis Amateratsu, lágrimas de sangre incluidas.
—¡Nos turnamos! —apresuró a aclarar, sin darse cuenta del delicado equilibrio que discurría en la peligrosa entrevista con su suegro—. Los dos recibimos por igual. Con comer me refería a comerme la… que lo hace muy bien, yo no tengo quejas, su hijo es un auténtico experto en el tema, se lo aseguro. ¡Y en bebérselo! Se lo bebe todo. No deja ni una gota. Lo relame y lo chupa que da gusto. Me pregunto dónde habrá aprendido esa técnica…
Aquella declaración no resultó ni acertada, ni oportuna.
—¿De beber? —inquirió nuevamente Fugaku.
Un segundo después Naruto se arrepentía de su arrebato de sinceridad.
—Eso no ha sonado bien. Olvida lo que he dicho sobre beber… y lo de comer… en realidad soy yo el que disfruta comiéndose toda la zanahoria de su hijo cuando se disfraza de conejita…
El rubio ladeó ligeramente la cabeza, perdido en una imagen sutil de ellos dos en plena sesión de sexo duro y Sasuke vistiendo un traje de conejita extremadamente sexy.
Una afilada daga apareció repentinamente sobre la mano de su suegro.
—¿De… de dónde ha sacado ese kunai? ¿Lo habéis enterrado con armas ninja por si lo atacaban las fuerzas del inframundo? ¿Quién en su sano juicio se atrevería a pelearse con tu padre?
Buscó la ayuda de Sasuke con la mirada, y lo que encontró le cortó la respiración. Parpados entornados, ceño fruncido, aletas de la nariz infladas, rictus amargo en la boca, mandíbula encajada y ojos rojos, los cuales habían adquirido una intensidad tan sobrecogedora, que Naruto no supo si subirse los pantalones y salir corriendo, o salir corriendo con los pantalones aún por los tobillos.
—¡Na-ru-to…!
Enfrentarte a un Uchiha, puede resultar peligroso. Sobre todo si no dispones de un brazo derecho de repuesto. Pero enfrentarte a dos…
Naruto casi prefería volver a luchar una quinta guerra ninja.
Un retortijón de estómago le hizo doblarse en dos, llevándose una mano al vientre dolorido.
—Tus últimas palabras —sentenció letal Fugaku inclinándose sobre él.
—Creo que me está dando un tabardillo…
PFFFH…
Y su trasero, siempre inquieto, había decidido expulsar una inoportuna flatulencia sonora y maloliente en aquel preciso momento.
Naruto se quería morir.
Sasuke se quería morir.
Fugaku había entrado en shock anafiláctico.
—¡¿Te has tirado un pedo?! —inquirió Sasuke con una expresión en el rostro mitad de asco, mitad de aversión.
—¡Ha sido sin querer! —lloriqueó el rubio con la cara roja como un tomate, haciendo rápidos aspavientos a su alrededor con las manos en un intento por airear el espacio—. Me estoy poniendo nervioso con tantas preguntas. Esto no es una entrevista, ¡Es un interrogatorio de tercer grado!
Fugaku no añadió nada más, no se movió, incluso diría que ni respiró por el intenso olor que pudiera llegarle a sus fosas nasales. Permaneció inmóvil con los ojos fuera de órbita y la boca desencajada a todo lo que daba el maxilar. Mientras Sasuke se debatía entre patear el trasero del rubio idiota, o dejar que el ictus que posiblemente estuviera sufriendo su padre se lo llevara de nuevo al inframundo. ¿Cuántas veces podía morirse un muerto?
¿Pero de qué se extrañaba? Naruto siempre había tenido esa capacidad asombrosa, casi sobrehumana, de ser el ninja número uno en sorprender.
¿No había ganado un combate contra Kiba de aquella misma manera cuando eran niños?
De acuerdo, el rubio podía ser idiota, muy idiota, rematadamente idiota o un idiota de proporciones épicas. Además de torpe, bullicioso, ingenuo e inoportuno. Y aquello sin duda, batía su marca personal de estupideces. Naruto tenía muchas cosas malas, otras mejorables, otras definitivamente censurables. Pero también era la única persona que siempre creyó en él. Aún después de haber traicionado a Konoha, de haber roto todos sus lazos, de haberse unido a Akatsuki y renegado de su existencia, Naruto nunca perdió la fe en él. Como un niño que no conoce el significado de la palabra basta, lo había buscado, perseguido, asediado y golpeado, incansable, inagotable, durante años. A pesar de haber recibido como respuesta duras palabras de odio, múltiples intentos de asesinato y de haber perdido un brazo en el intento por salvarlo, Naruto nunca lo abandonó. Naruto siempre estuvo allí cuando más lo necesitó. Naruto se propuso ser su razón de vivir, y el maldito lo consiguió.
Naruto era la única persona capaz de hallar su alma donde él mismo la había enterrado.
Lo amaba, con la horrible certeza de que nunca amaría a nadie más que a él, aún con todos esos defectos a cuestas. Naruto era la luz en la oscuridad de sus tinieblas. Su camino ninja. Su alma gemela. Un hombre y unos brazos, que ahora sabía, siempre lo esperarían abiertos a su regreso.
Si Sasuke había hecho el esfuerzo de resucitar a su padre para presentarle a la persona más importante de su vida, ese enorme y cruel esfuerzo de confesar su homosexualidad reprimida durante tantos años, su padre al menos debía poner todo su empeño en intentar comprender por qué había elegido a Naruto como su pareja de entre todas las personas de la faz de la tierra.
Aunque las ocurrencias y respuestas del dobe, incluso olorosas, no se lo estuvieran poniendo nada fácil.
—¡Nivel ninja! —gritó Sasuke siguiendo un repentino impulso, recordando algo que posiblemente pudiera contentar a su padre—. Dile cuál es tu nivel ninja.
—H… Hokage —musitó Naruto confuso.
Los ojos de Fugaku se abrieron desproporcionadamente sin poder ocultar su sorpresa.
—Demuéstralo.
Con un movimiento resuelto, Naruto le dio la espalda para que pudiera leer en su dorso las grandes letras bordadas sobre la capa que le otorgaban el título de Séptimo Hokage, el líder supremo de Konohagakure, el ninja más poderoso, el más fuerte, la persona que además de transmitir la voluntad de fuego a sus habitantes, no dudaría en proteger su aldea y sus aldeanos con su propia vida. Honor y deber. El orgullo de un país.
De repente el voluble estado de ánimo de Fugaku cambió.
—¿Estás saliendo con el Hokage? —le preguntó a su hijo. La comisura de su boca tembló, amenazando con desplegarse en una complacida sonrisa y la mera amenaza resultó un espectáculo aterrador—. No esperaba menos de ti, Sasuke.
El menor de los Uchiha cerró los ojos, y suspiró agotado ante la ansiada aprobación de su padre. O al menos eso quiso creer…
—¿Cuáles son tus intenciones para con mi hijo?
Naruto parpadeó dubitativo.
—¿Cómo dice?
—Intenciones —silabó Fugaku con calma—. ¿Qué es lo que sientes por mi hijo? ¿Quieres casarte con él? ¿Formar una familia?
—¡Sí, quiero! —apresuró a contestar, como si de ese modo ya estuviera afirmando sus votos sagrados de boda frente al altar—. Yo… quiero que sepa que voy en serio con su hijo. No se trata de una broma, ni un pasatiempo temporal. Estoy enamorado de él. Sasuke es mi principio y mi fin. Lo respeto y lo admiro profundamente, como ninja y como ser humano. Daría mi vida por él. Quiero casarme con él. Y pasar juntos el resto de nuestros días. Es una promesa de por vida.
Y él nunca se retractaba de sus palabras.
—¡Por favor, permítame cuidar de Sasuke! —pegó los brazos al cuerpo y con una profunda reverencia, se inclinó hacia delante con la cabeza baja.
Fugaku asintió, dando por válidas sus palabras, para seguidamente desviar la atención hacia su retoño.
—¿Y tú? ¿Es esto lo que realmente quieres?
Sasuke respiró hondo y contuvo el aliento. Nunca antes le había sucedido algo así. Nunca jamás creyó poder enamorarse de otra persona, y mucho menos que el causante de tanto delirio fuera otro hombre. Habían crecido juntos. Habían compartido muchas cosas juntos. Se habían insultado, pegado e intentado matar mutuamente. Habían logrado avanzar en la vida gracias a que ambos se habían apoyado el uno en el otro. Naruto era su otra mitad, su alma gemela. Y era feliz, por primera vez en su maldita vida, era terriblemente feliz junto él. Si Naruto había hecho el digno esfuerzo de declarar abiertamente sus sentimientos, sin dudar, sin vacilar, él no podía ser menos.
—Sí, quiero.
¿Había sonado aquello a afirmación de boda o era su imaginación?
—De acuerdo. En ese caso solo me queda por aclarar un tema de vital importancia —Fugaku caminó hacia el joven Hokage y cuando estuvo a su altura lo rodeó, examinándolo detenidamente de arriba abajo con una expresión evaluadora en los ojos—. Mi hijo dice que eres el portador del Kyuubi, ¿es así?
—Sí, señor.
En cuestión de un parpadeo, Fugaku se colocó a su espalda, y de forma inesperada, le apartó la capa para sujetarle las caderas valorando el tamaño de las mismas.
—Tienes buenas caderas —juzgó finalizado su estudio manual, comparándolas con las de su hijo—. Sasuke es un poco estrecho, pero tú podrías valer.
—¿Eh?
Al levantar el rostro, Naruto se encontró con esa terrorífica mirada que todo Uchiha hereda genéticamente al nacer, y suelen emplear para atemorizar a sus víctimas, a viejas, a niños. Qué se yo. La cuestión es que si de lejos ya daba miedo, de cerca era para cagarse la pata abajo.
—Hijos —siseó lentamente con una voz penetrante, de ultratumba—. ¿Podrías albergar algo más en tu interior que no sea un demonio? ¿Podrías gestar un bebé?
Naruto presintió que esa era una pregunta crucial en su entrevista.
—Podría… intentarlo —titubeó, tragando saliva con fuerza.
Fugaku asintió con la cabeza. Eso era lo que quería oír.
—Bienvenido a la familia Uchiha —brindó comprimiendo amistosamente el hombro del rubio, antes de girarse hacia su hijo—. Sasuke, asegúrate de restaurar el Clan Uchiha lo antes posible. No escatimes en intentos, ni en posturas, el Hokage te los proporcionará. Y deja ya de bebértelo todo. El futuro de nuestro apellido está en tus manos —recalcó—. Vuelve a despertarme cuando me hayas conseguido nietos, ¿de acuerdo?
—Sí, padre.
—Bien. Por cierto, ¿qué es ese rumor que se oye en el inframundo sobre un traje de conejita?
Sasuke se enderezó, con los pelos de la nuca erizados, haciéndose una nota mental sobre ejecutar uno por uno el amplio arsenal de jutsus prohibidos y terriblemente dolorosos, sobre el rubio bocazas a su izquierda.
—No tengo ni idea —farfulló esquivo.
Fugaku viró la mirada hacia su yerno.
—¡¿Co… conejita dices?! —un segundo retortijón de estómago le hizo apretar el culo y agarrarse el trasero frenando cualquier salida—. No… no sé de lo que habla…
Fugaku rodó los ojos con sufrida paciencia.
—Bueno. Mientras lo utilicéis para procrear y no por vicio…
Dando por finalizada la reunión familiar, Fugaku echó a andar sin prisas por el cementerio Uchiha hacia el ataúd del que había salido. No sin antes dedicarle unas últimas palabras de aliento a su hijo por encima del hombro.
—Sasuke, estoy orgulloso de ti —ladeó un poco la cabeza, y por un momento la dureza de su semblante se relajó, sus ojos brillaron con cierta ternura, al tiempo que su boca dibujaba una diminuta sonrisa—. Pero haz el favor de ponerte medias para el traje de conejita. Un Uchiha nunca enfrenta una batalla con las piernas al aire. Ni siquiera una sexual. Tu madre sugiere que uses las de rejilla. Y tu hermano que te pintes las uñas a juego con el color del traje. Y no te olvides de imprimirle el símbolo Uchiha a la espalda…
El característico brillo cegador del fin de la técnica Edo Tensei los envolvió súbitamente, y el alma del legendario ninja desapareció en el infinito no sin antes despedirse con un último "Le daré recuerdos a tu madre y a tu hermano".
Naruto permaneció de pie, boquiabierto, aturdido, incapaz de moverse y mucho menos asimilar toda la conversación acontecida, tratando de sobreponerse a los pequeños microinfartos que su corazón había sufrido en cuestión de minutos. Todo lo contrario a Sasuke, que furioso, hacía ademán de querer marcharse de allí a buen ritmo.
—Voy a quemar ese maldito traje —gruñó con los dientes apretados mientras caminaba en un ir y venir desaforado, con la misma marcha que un animal enjaulado.
—¡Teme! Tu padre acaba de insinuar que quiere nietos, y que me convierta en el contenedor de tus hijos, ¿y te preocupa un disfraz de conejita? —se revolvió el pelo a dos manos en un funesto intento por arrancarse parte del mismo—. ¿Cómo lo vamos a hacer? ¿Eh? ¡¿Cómo, dattebayo?!
—Ya se nos ocurrirá algo.
Tenía toda una vida para descubrirlo. Junto a él. Siempre junto a Naruto.
—Sasuke, escúchame, te lo pido por favor —rogó, a punto de entrar en convulsión espontánea—. Si tienes la imperiosa necesidad de resucitar a algún otro integrante de tu familia, que sea tu hermano Itachi, o a tu madre. Pero no resucites a tu padre —imploró.
—¿Estás insinuando que le tienes más miedo a mi padre que a mí? —frunció el ceño, ominoso.
—No, no, tú me tienes acojonado. Pero tu padre… —tembló—. No tenía claro el concepto de cagarse en los pantalones hasta ahora.
Al ver el mohín de infantil contrariedad que lucía Naruto en el rostro, Sasuke contuvo una carcajada antes de que sus ojos, siempre avizor, localizaran una mancha marrón, húmeda y maloliente extendiéndose rápida en la parte trasera de sus pantalones.
—¡No me lo puedo creer! ¡¿Te lo has hecho encima?! ¡Desgraciado, no te acerques a mí! ¡Lávate hasta que le salga brillo a tu culo!
FIN
Ugh! He perdido el norte con esta historia. Creo que es el fic más crack que he escrito hasta ahora (y no llevo pocos…) Ainss, lo que hace Naruto por amor… Tenía ganas de plasmar mi particular visión de cómo sería el encuentro de Naruto con Fugaku, su temido y difunto suegro. Y éste ha sido el resultado. No sé si habré estado a la altura de sus expectativas, pero por lo menos espero que se hayan divertido tanto como yo me he reído escribiendo esta historia.
¡Feliz Navidad a todas! Que Santa os traiga muchas perversiones, imágenes indecorosas y chicos guapos con los que retozar.
Besos, Naruko.
Si te ha gustado esta historia deja un review a esta pobre autora que se alimenta de sueños NaruSasu.
