VIAJE

Era un nuevo día en el lejano pueblo de Ahch-To.

Ben se había despertado con cierta sensación de inquietud. Desde que vio a la joven Rey partir de esa forma del pueblo, grandes dudas nublaron su pensamiento. ¿Por qué fugarse de esa forma? Ella no tenía los mismos problemas que él, era prácticamente una chica nueva y mimada por todos, debido a su familia y no logros. Además, el mundo exterior daba miedo, tal como explicaba el pastor Snoke, habían bestias esperando devorar sus inocentes almas. Los malditos Porg, esas bestias por las que había que dar un claro sacrificio. En cierto modo, él también quería correr detrás de ella. Ansiaba esa libertad, aunque luego le fueran a devorar las famosas bestias del pastor. Aquello no era vida, era una continua lucha por una falsa supervivencia de fantasia y color.

" Ben, ven aquí " escuchó a su madre desde la otra punta de la granja.

Aquel grito no le daba buena espina. Se cambió antes de salir corriendo al encuentro de su madre. El frío se filtraba a través de las mojadas alpargatas y los botones mal abrochados daban una mala imagen de él. Ya se ajustaría delante de ella mientras le echaba una clara regañina. Nada más cruzar la puerta a la sala principal, su cara se descompuso al ver al pastor acompañado de su fiel monaguillo Hux. Se arregló de inmediato mientras su madre se disculpaba de varias formas, un tanto efusiva, intentando que no se fijaran en como Ben daba pequeños saltos y se terminaba de colocar bien la camisa.

" La señorita Rey ha desaparecido... " anuncio el monaguillo intentando mantener una cara de seriedad que invitaba a la risa. El pastor Snoke miró al suelo, con cierta tristeza que contagió a sus padres. Ben se puso de su lado e intentó fingir sorpresa, el pastor no podía saber que él si sabía como había desaparecido la chica. " Y el alcalde Palpatine demanda la presencia de su hijo, Ben Solo, para... "

" ¡No! " gritó desesperanzada la madre de Ben. Era la primera vez que veía como respondía de esa forma a una autoridad tan alta como era Snoke.

" Los mandatos de nuestro líder supremo son las más sagradas, hay que respetarlas. Ben se viene con nosotros " la solemne y lenta voz de Snoke hizo reflexionar al hijo único.

Leyó bien la situación que estaba delante de él: el monaguillo sonreía con cierto cinismo, las furiosas ordenes de Snoke, los ojos de Leia amenazando con llorar y la preocupación de su padre. Por mucho que no quisiera, debía vender a Rey. Debía evitar que sus padres lidiaran con un problema que fuera a mayores. Si debía ir con el alcalde Palpatine, lo haría. Le iba a dar un voto de confianza, solo era una cuestión de decir la verdad y que dios lo iluminara.

" Madre, iré con ellos. No pasará nada, no he hecho nada. estaré de vuelta antes del anochecer. "

Ni con la mejor de las sonrisas fingidas pudo calmar a su madre. Leia lo abrazó sin importar la presencia de Snoke. Han le dio un par de palmadas antes de retener a su desesperanzada madre. Ben, confiado en llevar la verdad de lo que había sucedido, siguió al monaguillo Hux y Snoke hacia la alcaldía. Las miradas inquisitorias de los vecinos no lo intimidaron, solo siguió al líder religioso como obediente perro hasta el gran edificio central. Era la primera vez que alguien como él entraba en aquel lugar. Dentro era diferente a su casa, la escuela o la iglesia. Las paredes eran lisas, de un color crema de pastelería. Los muebles de madera que se encontraban nunca lo había visto, eran como avances de los muebles más básicos de su casa. Pero lo que más le había chocado era no ver ni una mota de barro, sus pies tocaban su suave suelo pulido y abrillantado, del que podía ver el reflejo anterior. Hux se había quedado y en un momento, estaba entrando solo en una gran puerta de madera con decoraciones en un color brillante que no sabía nombrar. Ben trago saliva, se sentía indigno de pisar aquella magnifica casa. Al pasar la puerta, entró en la sala. La ventana estaba cerrada a pesar de ser por la mañana, y habían tantas velas iluminando que no podía contarlas. El alcalda, aquella figura que nadie en Ahch-to, le estaba dando la espalda.

" Skywalker... " el susurro de una voz anciana le dio tal escalofrío que no pudo corregir ese apellido. " Ben Skywalker... "

" Es Solo, señor " corrigió Sonke detrás de él. Entró solo, sin la compañía del pequeño zanahoria.

" A noche, uno de los monaguillos te vio hablar con mi nieta Kyra... "

" Es Rey Palpatine, señor " Snoke le corrigió de inmediato " debe tomar su copa, es la hora, señor Alcalde "

Obediente cual oveja del rebaño de Snoke, sin mirar, de una forma automática, el viejo alcalde estiro la mano y agarró una copa, dio unos sonoros tragos y la dejo en su sitio. Se levantó y giró, enseñando unas bien arregladas vestimentas que tenían mucho que envidiar a las suyas. Pudo ver su rostro iluminado por esas velas, era un señor mayor calvo pero con cara conservada, una sonrisa que despertaba confianza y una actitud bonachona.

" Disculpa, pero esta preocupación por mi nieta Rey me tiene descuidado. " Ben abrió los ojos de la sorpresa. La voz anciana había sonado más despierta, más jovial, como si esa copa le hubiera devuelto la vida que antes no tenía. " No he desayunado y un poco de leche de tu granja siempre da los bueno días "

" Muchas gracias por sus palabras, señor Palpatine. Para mi es un honor conocerlo " Las dudas de Ben hacia aquel desconocido se disiparon. No había juicio alguno y esa alabanza a su leche le había dado buena impresión. Solo por ello, decidió contar la verdad de inmediato " Vi a Rey a noche, más allá de la hora permitida... salió al exterior "

" ¡¿Ella sola al exterior?! " grito horrorizado el señor. Se sentó sobre su silla y Snoke fue a ver si se encontraba bien. " Tranquilo, viejo amigo, no te preocupes por mi. Ella siempre ha tenido ese espíritu indomable... sabíamos que podía pasar. "

" Señor, ya le dije lo poco que se... " intentó terminar con la conversación Ben para poder volver con sus padres y decirle que todo estaba bien, pero algo en el ambiente le hizo tragar sus propias palabras. Sentía que no estaba presente en ese lugar, un leve mareo que no sabía identificar. " ¿Qué necesita de mi, señor Palpatine? " se le escapó de repente, sin saber porque.

" Bien, en nombre de Ahch-To, tienes que buscar a la futura alcaldesa e hija del sol. "

" Claro que si, alcalde Palpatine " obedeció sin dudar el joven Ben.

Snoke lo acompañó a la puerta, donde un cínico Hux le tendió un pesado fardo que agarró con una simple mano. Salió acompañado del gran Snoke, quien lo dejó en la misma salida donde le había dejado. El pueblo estaba mirando el momento, pero een cuanto el empezó a cruzar la salida y Snoke se dió la vuelta, todos volvieron a sus quehaceres. ben sintió que aquellos mareos desaparecían a medida que se acentraba en el bosque. No sabía porque había dicho que si, pero, pensando en frío, si decía que no, seguro que iba a hacer alguna maldad a su familia a modo de cobro por no realizar el mandato. En cierto modo, podía comprenderlo, debía saber mal la idea de ver como una muchacha llena de vida se marchaba a una muerte segura. Se fue a noche, quizás, con un poco de suerte, podría alcanzarla.

Por un momento se paró y miró atrás. No veía ni el campanario de la iglesia, se había alejado mucho más de lo que imaginaba a pesar de haber andado poco tiempo. No sabía por cuanto tiempo había caminado, ni su estómago rugía de hambre... no tenía pista de nada. Dentro del fardo había comida, mantas y un botijo lleno de agua. Pero, de entre las cosas, le sorprendió el aroma a hiervas. Mientras guardaba las cosas, se centró en su al rededor, era todo verde maleza y altos bosques, el único sonido era el viento hablando con las hojas y unos cuantos animalillos. No veía monstruos o demonios.

Solo por eso, confiado, siguió adelante.