¡FELIZ NAVIDAD!

Por conmemorar la fecha, les traigo un pequeño lemon navideño. Vi este reto en la página Mundo Fanfics R&I y quise participar :) Espero que les guste! Y les deseo una hermosa Navidad n.n

Plot twist: Inuyasha es quien atraviesa el pozo para vivir con Kagome en la Época Moderna. En este lemon imaginé que ya viven juntos hace 3 años, aproximadamente.

Es mi primer Semi AU. Quisiera empezar a escribir fanfics más extensos, con historias más elaboradas sobre cómo habrían sido las vidas de Inuyasha y Kagome si en vez de ser ella quien se queda en la época feudal, es él quien se queda con ella en la época moderna (: Se me ocurren muchas ideas al respecto. ¿Les atrae la idea? ¿Les gustaría? c: Déjenmelo saber :)


Noche Buena, Noche Erótica

La puerta del departamento al que ambos describían como su hogar se abrió de un sopetón, dejando entrar a la pareja que venía fogosamente comiéndose los labios entre ellos. Realmente no venían prestando atención al camino, de hecho, parecía que no tenían control de sus propias piernas, ya que se chocaban con los muebles mientras sus lenguas se unían dentro de sus cavidades bucales. Iban quitándose y dejando caer todos los abrigos que tenían encima. Los 24 de diciembre siempre eran noches muy frías, pero sus cuerpos estaban ajenos a eso. Ellos ardían por dentro y por fuera, devorándose como si no hubiera un mañana.

La joven de ojos chocolate chocó de espaldas abruptamente contra la pared mientras un delirante hanyou de ojos dorados intentaba deshacerse con locura del grueso sweater que aún cubría su cuerpo. Deseaba que se lo quiten, para ser sincera, porque las gotas de sudor ya habían empezado a bajar por su rostro, humedeciendo su flequillo ligeramente.

Una vez liberada, sus montañas estaban apenas ocultas debajo de un sostén de encaje negro. La vista armoniosa de estos llevó a Inuyasha a un nuevo nivel de excitación, siendo capaz de sentir el primer tirón de su miembro.

–Qué hermosa te ves… – susurró extasiado cerca de su oído, haciendo alusión a la buena elección de ropa interior, hundiendo sus labios en su cuello apenas un segundo después. Lo besó y lo mordisqueó con gentileza, dejando un pequeño camino de saliva en el proceso.

Kagome recostó su cabeza hacia atrás, sobre la pared, exhalando con vehemencia ante la acción del híbrido. Sus delicadas manos se aferraron a los hombros masculinos, en un intento de traerlo aún más pegado a ella, mientras que él no podía evitar apretujar y acariciar sus abultados senos. Se sentía tan bien, sobretodo porque eran del tamaño perfecto para su mano.

El hanyou volvió a prenderse a la boca de su amada, pero solo para darse el lugar a deshacerse de su sostén por completo. Lo tiró hacia un costado y hundió su cabeza en medio de sus montañas, ahora expuestas, y servidas en bandeja para él. Atrapó entre sus dientes los botones rosados que decoraban la punta, y succionó con pasión mientras sus manos se aferraban al torso femenino. La joven azabache no pudo reprimir un inminente gemido, obligándola a apretar sus párpados con fuerza.

–Inuyasha… – exhaló. El aludido no pudo resistir su llamado, por lo que volvió a tomarla entre sus brazos. La acorraló contra la pared y se fundió en sus labios otra vez. Mientras alternaban espacios en sus bocas, la joven prosiguió a liberar a su amado de su blazer elegante, dejándolo con nada más que su camisa blanca. La misma respetaba y delineaba su marcada figura, a la cual jamás pudo resistirse. Comenzó a desabotonarla, uno por uno, hasta el final, dejando ver apenas la parte del medio de todo el torso masculino. Sus abdominales eran su perdición. Decidió posar su mano sobre estos, acariciarlos, permitir que sus dedos tracen cada uno con sutileza. Esta misma acción le hizo desear seguir su camino un poco más abajo, exactamente donde se encontraba la dureza latente del hanyou.

Mientras ella acariciaba y ejercía presión sobre su miembro oculto en su pantalón de vestir, el híbrido se introducía con delirio en el interior de las panties de encaje negro de su mujer, que hacían juego con su sostén. Sus dedos podían apreciar entonces la suavidad de su monte de venus y la humedad de sus labios inferiores, para luego escabullirse en medio de ellos hasta alcanzar su clítoris.

–Qué bueno que… la cena… terminó temprano… – logró pronunciar la azabache en medio de su respiración agitada. –No… aguantaba más… las ganas de… ahhhh… – los movimientos circulares, ascendentes y descendentes que su amado le proporcionaba le arrebataron las palabras, obligándola a gemir. Inuyasha siempre era tan bueno con sus manos. Por un momento, ambos odiaron que no sea luna nueva para que él perdiera sus garras. Sin ellas, el hanyou podía introducirse en su cavidad femenina y hacer maravillas.

Aquel gemido que brotó de los labios de Kagome provocó un nuevo tirón que arremetió fuertemente contra su pantalón. La poderosa excitación lo tomaba prisionero, cada segundo un poco más. Abandonó su zona íntima para volver a concentrarse en su boca. Sin dejar de besarla, la tomó con fuerza y la alzó, haciendo que la joven lo rodeara con sus piernas en el aire. En esa posición, ella pudo sentir la punta del miembro del híbrido chocar contra su intimidad. La sola imaginación de cuán duro se encontraba incrementó su humedad.

Se trasladaron torpemente hasta la mesada que se encontraba en medio de la cocina, también llamada isla. El híbrido sentó a Kagome sobre el frío mármol. Mientras se devoraban impetuosamente, la efusiva joven azabache desprendía el cinto que sostenía el pantalón de su amado en su lugar. Luego, comenzó a tirar de la prenda hasta que cayó al final de sus tobillos, dejando al hanyou con su bóxer a la vista. Sin esperar un segundo más, se deshizo de eso también. De un respingo, saltó su hinchado y rojo miembro, que se veía a punto de explotar. Sus manos parecían pequeñas a la par, siendo ella capaz de sentir cómo latía en su palma mientras realizaba movimientos hacia arriba y hacia abajo. El medio-demonio jadeó, dejando escapar un ronco gruñido, extasiado por tales caricias, sintiendo que perdería el control en cualquier momento.

Apartaron sus bocas para que el peli-plateado pudiera tomar los extremos del pantalón de Kagome junto con el de su ropa interior, para que de un solo tirón los sacara a los dos. La impulsividad con la que terminó de desnudar a su mujer por completo era la clara muestra de lo mucho que estaba deseando hacerla suya. Probablemente, las copas de más que bebió en la cena de Noche Buena eran parte de la razón por la cual se encontraba tan desinhibido y loco por adueñarse de ese cuerpo.

Con su intimidad a flor de piel, la azabache se recostó sobre la mesada de la isla, usando sus brazos como soporte. Abrió sus piernas, entregándose en su totalidad al hombre que amaba y al que deseaba tanto. Sentía su zona íntima arder, anhelando que fuera él quien se encargara de apagar ese fuego. El hanyou de los ojos dorados se enterró de inmediato en su cavidad femenina. De ambos brotó un fuerte gemido al unísono en ese mismo instante, gracias a la unión. La humedad y la calidez del centro sensible de la joven le dieron la bienvenida a toda su extensión masculina. Por su parte, ella empezó a emitir poderosos jadeos y gemidos sintiendo cómo cada embestida llenaba por completo sus paredes internas, provocando que las sensaciones orgásmicas se intensifiquen aun más. En medio de toda esa fogosidad, Kagome liberó a su amado de su camisa, obteniendo el hermoso regalo de su torso al descubierto. No pudo evitar abrazarse a él y enredarlo entre sus piernas, alzando sus caderas un poco más para que su miembro le llegara más profundo.

No comenzaron lento, precisamente, por lo que apenas unos minutos después, la intensidad del acto sexual ya era bastante fuerte. La joven de ojos chocolate dio rienda suelta a sus casi gritos y potentes exhalaciones, que resonaban en cada rincón del moderno monoambiente. Los testículos del oji-dorado chocaban fervientemente contra sus glúteos. El sonido que provocaba era comparable con el de múltiples bofetadas. El sudor que escapaba de su cabeza hacía lucir su plateado cabello un poco aplastado y brilloso, perfecto para esta ocasión. Esa imagen del híbrido sumada a su intensa mirada de oro y sus mejillas enrojecidas era algo delicioso para la azabache. Inuyasha en su faceta salvaje era uno de los lujos de su vida.

Al cabo de unos minutos, el peli-plata la tomó de sus glúteos, los apretujó y volvió a alzarla, cortando la unión de sus zonas erógenas por unos momentos. La llevó unos metros hasta la cama matrimonial mientras la devoraba a besos e iba quitándose sus zapatos y lo que quedaba de su pantalón. Se desplomaron sobre el colchón, quedando él abajo y ella arriba.

La azabache acomodó sus piernas a los costados de la cadera del hanyou, y se sentó sobre él. Su hinchado clítoris rozaba suavemente el glande del medio-demonio, otorgándoles a ambos sensaciones más que placenteras. Ella continuó con ese movimiento de atrás hacia adelante por unos segundos más, porque sentía que la acercaba al orgasmo, era una gran estimulación, y porque el rostro del híbrido hundido en el placer, gruñiendo, era una vista eróticamente perfecta.

Cuando sintió que no aguantaba más, tomó la erección de Inuyasha con su mano y la redirigió hacia su entrada. Volvió a sentarse, pero esta vez introduciendo toda su extensión en su cavidad nuevamente. Los dos volvieron a gemir ante la unión, y fue la joven la que tomó el control ahora.

De un gentil vaivén de sus caderas pasó a dar brincos sobre la intimidad masculina. Desde allí podía ver cada vez que el peli-plata tiraba su cabeza hacia atrás y apretaba sus párpados, intentando resistirse.

La vista de su mujer, sudada, gimiendo y brincando sobre él, con sus senos subiendo y bajando acorde al movimiento, provocaron otro tirón en su palpitante zona íntima.

–Kago… me… – jadeó. La corriente orgásmica ya empezaba a canalizarse, indicándole que pronto explotaría.

Pero la azabache le llevaba la delantera en eso, ya que estaba a punto de alcanzar su punto culminante. Colocó sus manos sobre el pecho del hanyou y aumentó la velocidad de repente. Se dejó tomar prisionera del clímax, que explotó en su cavidad, pero se extendió por todo su cuerpo en cuestión de segundos.

–¡INUYASHA! – gritó desaforada, y mantuvo un gemido largo mientras el orgasmo dejaba sus huellas. Cayó perdida sobre el cuerpo del medio-demonio, arqueándose sobre él y jadeando cerca de su oído. Todo este combo fue suficiente para que el híbrido no pueda resistirse más, y tomara sus glúteos con fuerza para embestirla unas cuántas veces más hasta descargarse dentro de ella. Gruñó, jadeó y gimió intensamente mientras liberaba su semilla blanquecina en el interior de su mujer. Sentía que era una manera de marcarla como suya.

La respiración de ambos comenzó a normalizarse de a poco, mientras ella seguía encima de él, descansando su cabeza sobre sus pectorales. Inspiraron y exhalaron, tratando de recuperarse de semejante batalla.

Kagome bajó a la cama y se acomodó dentro de los brazos del oji-dorado. Cubrieron sus cuerpos hasta la mitad con la sábana. Inuyasha observó el reloj en su muñeca y vio la hora: 0:30. Literalmente, recibieron la Navidad con puro sexo.

–Feliz Navidad, pequeña… – murmuró, intensificando su abrazo y cerrando sus ojos.

–Feliz Navidad, Inuyasha… – devolvió ella, esbozando una cálida sonrisa.

¿Quién dijo que la Noche Buena no podía ser una Noche Erótica también?


Espero que les haya gustado :3 Aprecio y valoro mucho sus reviews!

¡Feliz Navidad!

Con amor, Iseul navideña.