Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling


Nai (este comentario me lo puso en el capítulo 15 de Conociendo el futuro 2): Recuerda que dijeron que Slytherin se fue de la escuela tras pelearse con Gryffindor, así que yo no lo considero un director de Hogwarts.

Nai (este comentario me lo puso en el capítulo 6 de Conociendo el futuro 3): En el sexto libro Molly quería que Bill y Tonks se casaran por el hecho de que Fleur era la prometida de Bill y Molly no la tragaba. Además Remus es un tipo que no quiere estar con nadie debido a su condición de hombre lobo, ya que no quiere fastidiarle la vida a esa persona. Y recuerda que Charlie y Tonks son amigos desde la escuela, ya que fueron juntos a Hogwarts, así que no encuentro nada de raro que dos conocidos, y además amigos, se relacionen entre si.

Naileth: En principio tenía pensado en traer a Fleur y a Viktor en este mismo libro, pero tampoco sé cuando exactamente. Estaría bien que apareciesen como has dicho, a medida de que Dumbledore les vaya nombrando en el cáliz de fuego, o en el capítulo donde llegan sus colegios a Hogwarts.


Una vez Remus hubo terminado el capítulo, Arthur cogió el libro.

—La cicatriz —leyó el patriarca Weasley.

Harry se hallaba acostado boca arriba, jadeando como si hubiera estado corriendo. Acababa de despertarse de un sueño muy vívido

—Y tan vívido. Cómo que ha pasado en la realidad —señaló Tonks.

—¿Y cómo lo sabes? —preguntó Charlie.

—Porqué sería muy raro que soñase con tantas cosas de las cuales él desconoce —respondió Tonks.

—En realidad mi sueño, si no recuerdo mal, empezaba desde el momento en que ese hombre, Frank Bryce, se despertaba por la noche —respondió Harry.

—Entonces, la parte del principio del capítulo... ¿de dónde salió? —preguntó Hermione.

—Ni idea...

La sala miró a Alan, esperando que él respondiese.

—A mí ni me miréis... No sé de dónde salió esa parte.

y tenía las manos sobre la cara. La antigua cicatriz con forma de rayo le ardía bajo los dedos como si alguien le hubiera aplicado un hierro al rojo vivo.

Harry se llevó una mano a la cicatriz, como si esta le estuviese escociendo.

Se incorporó en la cama con una mano aún en la cicatriz de la frente y la otra buscando en la oscuridad las gafas, que estaban sobre la mesita de noche. Al ponérselas, el dormitorio se convirtió en un lugar un poco más nítido, iluminado por una leve y brumosa luz anaranjada que se filtraba por las cortinas de la ventana desde la farola de la calle.

Volvió a tocarse la cicatriz. Aún le dolía.

Harry desvió los ojos al sentir la mirada preocupada de sus padres.

Encendió la lámpara que tenía a su lado y se levantó de la cama; cruzó el dormitorio, abrió el armario ropero y se miró en el espejo que había en el lado interno de la puerta. Un delgado muchacho de catorce años

—¡Un momento! —exclamó Sirius—. ¿Cómo que catorce años?

—Pero eso quiere decir que... —dijo James, mirando a su hijo.

—Oh, sí —asintió Harry—. Ese sueño lo tuve hace unos días, así que mi cumpleaños ya paso.

Sin quererlo, sonrió un poco. No le gustaba mucho el hecho de que le felicitasen su cumpleaños cuando ni siquiera era el día. Por suerte en este libro su cumpleaños ya había pasado antes de que lo leyesen, y ya no podrían felicitarlo.

—¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

O eso creía.

—¿Es que nunca os cansaréis de eso? —preguntó exasperado, mientras se frotaba la sien con las manos.

—Esto... ¡NO!

le devolvió la mirada con una expresión de desconcierto

—La que tiene siempre —dijo Ron.

Hermione asintió.

Harry los miró mal.

en los brillantes ojos verdes, que relucían bajo el enmarañado pelo negro.

Ginny sonrió imperceptiblemente ante la descripción de Harry. Su mente le hizo recordar el beso que se habían dado haría un par de días y la pelirroja se sonrojo.

Examinó más de cerca la cicatriz en forma de rayo del reflejo. Parecía normal, pero seguía escociéndole.

Harry intentó recordar lo que soñaba antes de despertarse. Había sido tan real... Aparecían dos personas a las que conocía, y otra a la que no. Se concentró todo lo que pudo, frunciendo el entrecejo, tratando de recordar...

Vislumbró la oscura imagen de una estancia en penumbra. Había una serpiente sobre una alfombra... un hombre pequeño llamado Peter y apodado Colagusano... y una voz fría y aguda... la voz de lord Voldemort. Sólo con pensarlo, Harry sintió como si un cubito de hielo se le hubiera deslizado por la garganta hasta el estómago.

Harry asintió y el resto se mostró preocupados. La voz de Voldemort ya les parecía mala con solo leerla. No querían ni imaginar cómo sería oír la voz del Señor Tenebroso.

Apretó los ojos con fuerza e intentó recordar qué aspecto tenía lord Voldemort, pero no pudo,

—¿Ahora puedes? —preguntó Fred con curiosidad.

—¡Fred! —regañó Molly a su hijo.

Harry negó con la cabeza.

porque en el momento en que la butaca giró y él, Harry, lo vio sentado en ella, el espasmo de horror lo había despertado...

—Joder... —bufó Will—. Voldemort es tan feo que te despertaste del susto.

¿o había sido el dolor de la cicatriz?

—También podría ser de eso —admitió Will.

—Aunque prefiero la primera suposición —dijo Emily—. De las dos es la menos macabra.

—Sigue siendo macabra —señaló Regulus.

—Por eso he dicho que la que menos parecía.

¿Y quién era aquel anciano? Porque ya tenía claro que en el sueño aparecía un hombre viejo: Harry lo había visto caer al suelo.

Varios hicieron una mueca, recordando que ese hombre, a esas horas, ya estaría muerto.

Alan se removió incómodo. Sabía que Albus y el resto habían tratado de mandar los libros lo más lejos posible, para intentar salvar al máximo número de personas. Pero el hechizo, aún contando con la ayuda de Ávalon, solo había podido llegar hasta allí.

Las imágenes le llegaban de manera confusa. Se volvió a cubrir la cara con las manos e intentó representarse la estancia en penumbra, pero era tan difícil como tratar de que el agua recogida en el cuenco de las manos no se escurriera entre los dedos.

—Menuda comparación, amigo —dijo Ron.

Voldemort y Colagusano habían hablado sobre alguien a quien habían matado, aunque no podía recordar su nombre... y habían estado planeando un nuevo asesinato: el suyo.

—Dinos algo que no sepamos —bufó Holly.

Harry apartó las manos de la cara, abrió los ojos y observó a su alrededor tratando de descubrir algo inusitado en su dormitorio. En realidad, había una cantidad extraordinaria de cosas inusitadas en él: a los pies de la cama había un baúl grande de madera, abierto, y dentro de él un caldero, una escoba, una túnica negra y diversos libros de embrujos;

—Pero si eso no es raro —dijo Ron, confuso.

—Para los muggles si que lo sería, Ron —dijo Hermione.

—Ya. Pero Harry lleva los tres últimos años viviendo en el mundo mágico. Ya tendría que estar acostumbrado a todo eso —señaló Ron.

—Aún así hay cosas que no dejan de sorprenderme —confesó Harry.

los rollos de pergamino cubrían la parte de la mesa que dejaba libre la jaula grande y vacía en la que normalmente descansaba Hedwig, su lechuza blanca; en el suelo, junto a la cama, había un libro abierto. Lo había estado leyendo por la noche antes de dormirse.

—¡¿Qué?! —exclamaron los gemelos Weasley, dramáticamente.

Percy les dio una colleja a ambos.

Todas las fotos del libro se movían. Hombres vestidos con túnicas de color naranja brillante y montados en escobas voladoras entraban y salían de la foto a toda velocidad, arrojándose unos a otros una pelota roja.

Ron sonrió, dándose cuenta de que libro era.

Harry fue hasta el libro, lo cogió y observó cómo uno de los magos marcaba un tanto espectacular colando la pelota por un aro colocado a quince metros de altura. Luego cerró el libro de golpe. Ni siquiera el quidditch (en opinión de Harry, el mejor deporte del mundo)

—Lo es —dijeron los amantes de dicho deporte.

—Mejor que no digáis eso en Estados Unidos o los amantes del quodpot os molerán a golpes —dijo Will.

—¿Qué es el quodpot? —preguntó Ron extrañado.

—Un deporte muy popular en Estados Unidos —respondió Charlie—. Algunos de la reserva son de allí y jugamos de vez en cuando. No esta mal, pero no se compara al quidditch.

—Bueno, según lo que leí en Amantes de los deportes mágicos...

—Un tostón de libro.

—El quidditch es mucho más popular en Europa que en Estados Unidos, y en Estados Unidos es más popular el quodpot —explicó Emily mientras pateaba la espinilla de Will por interrumpirla—. Algo así como pasa en los deportes muggles. En Europa son más populares deportes como el fútbol o el cricket, mientras que en Estados Unidos triunfa el baloncesto o el béisbol.

—¿Cricket? —repitió Harry confuso—. Qué cojones va ser popular en cricket.*

—¿Qué es el "fur..."?

—Señor Weasley, siga por favor —pidió Hermione tapando la boca de Ron.

podía distraerlo en aquel momento. Dejó Volando con los Cannons en su mesita de noche, se fue al otro extremo del dormitorio y retiró las cortinas de la ventana para observar la calle.

El aspecto de Privet Drive era exactamente el de una respetable calle de las afueras en la madrugada de un sábado. Todas las ventanas tenían las cortinas corridas. Por lo que Harry distinguía en la oscuridad, no había un alma en la calle, ni siquiera un gato.

—Sería muy raro que hubiese alguien dando vueltas por ahí de madrugada —señaló Hermione.

Y aun así...

Nervioso, Harry regresó a la cama, se sentó en ella y volvió a llevarse un dedo a la cicatriz. No era el dolor lo que le incomodaba: estaba acostumbrado al dolor y a las heridas.

—Preferiría que no te acostumbrarás a eso —musitó Lily.

En una ocasión había perdido todos los huesos del brazo derecho, y durante la noche le habían vuelto a crecer, muy dolorosamente.

Harry hizo una mueca, recordando aquello.

Otros recordaron al culpable de eso, gruñendo por lo bajo.

No mucho después, un colmillo de treinta centímetros de largo se había clavado en aquel mismo brazo.

—Aún no puedo creer que te enfrentarás a un basilisco y salieses vivo —dijo Cedric.

Y durante el último curso, sin ir más lejos, se había caído desde una escoba voladora a quince metros de altura.

—Me gusta como vas bajando la altura —señaló Jake—. Si no recuerdo mal en el anterior libro eran veinte metros.

—Y creo que en realidad fueron más —susurró Fred a su gemelo.

Este le dio un puntapié por lo bajo.

—Mejor calla, antes de que te escuche la señora Potter... o mamá.

Estaba habituado a sufrir extraños accidentes y heridas: eran inevitables cuando uno iba al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería,

—Ese tipo de accidentes no lo sufre nadie ni aunque tenga la peor suerte del mundo —dijo McGonagall.

—Ya. Pero profesora, recuerde que la mala suerte de Harry esta a un nivel superior a la mala suerte de la gente normal —señaló Ron.

—Razón no le falta, señor Weasley.

y él tenía una habilidad especial para atraer todo tipo de problemas.

—Suerte Potter —dijeron varios.

No, lo que a Harry le incomodaba era que la última vez que le había dolido la cicatriz había sido porque Voldemort estaba cerca. Pero Voldemort no podía andar por allí en esos momentos... La misma idea de que lord Voldemort me rodeara por Privet Drive era absurda, imposible.

—¡ALERTA PERMANENTE, POTTER! —rugió Alastor Moody.

—Creo que este tipo solamente habla para gritar eso —murmuró Will, frotándose los oídos.

Harry escuchó atentamente en el silencio. ¿Esperaba sorprender el crujido de algún peldaño de la escalera, o el susurro de una capa? Se sobresaltó al oír un tremendo ronquido de su primo Dudley, en el dormitorio de al lado.

—Me pilló completamente por sorpresa —confesó Harry—. Y eso que estoy acostumbrado.

Harry se reprendió mentalmente. Se estaba comportando como un estúpido:

—Cómo siempre.

—Me encanta que mis mejores amigos sean los que más me insulten —dijo Harry, sacudiendo la cabeza.

en la casa no había nadie aparte de él y de tío Vernon, tía Petunia y Dudley, y era evidente que ellos dormían tranquilos y que ningún problema ni dolor había perturbado su sueño.

—Eso muy pronto se les pasará —gruñó Lily, recordando todo lo que su hermana y su familia le habían hecho a su hijo.

Cuando más le gustaban los Dursley a Harry era cuando estaban dormidos; despiertos nunca constituían para él una ayuda. Tío Vernon, tía Petunia y Dudley eran los únicos parientes vivos que tenía. Eran muggles (no magos) que odiaban y despreciaban la magia en cualquiera de sus formas

—Y eso es quedarse corto —murmuró el joven Potter.

, lo que suponía que Harry era tan bienvenido en aquella casa como una plaga de termitas.

—Cada año haces comparaciones más raras —dijo Daphne.

—Que si una plaga de termitas, que si un perro que se había revolcado en el lodo —enumeró Astoria.

Habían explicado sus largas ausencias durante el curso en Hogwarts los últimos tres años diciendo a todo el mundo que estaba internado en el Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Juveniles Incurables.

Los padres del chico fruncieron el ceño ante eso.

Los Dursley estaban al corriente de que, como mago menor de edad, a Harry no le permitían hacer magia fuera de Hogwarts, pero aun así le echaban la culpa de todo cuanto iba mal en la casa.

—Y seguro que la culpa no es de ellos por esa "maravillosa" y "noble" vida que llevan —gruñó Lily, haciendo que James se alejase un poco de ella.

Harry no había podido confiar nunca en ellos, ni contarles nada sobre su vida en el mundo de los magos. La sola idea de explicarles que le dolía la cicatriz y que le preocupaba que Voldemort pudiera estar cerca, le resultaba graciosa.

—Ya me lo imagino —dijo Fred, aclarándose la garganta—. "Tío Vernon, tía Petunia. Anoche me dolía la cicatriz" —dijo, imitando muy bien la voz de Harry.

—"Pégale con tu bastón, Dudley. A ver si se le quita la tontería" —replicó George, poniendo una voz muy grave e inflando los mofletes para representar a Vernon Dursley.

Y sin embargo había sido Voldemort, principalmente, el responsable de que Harry viviera con los Dursley. De no ser por él, Harry no tendría la cicatriz en la frente. De no ser por él, Harry todavía tendría padres...

—Y no te olvides de cierta rata —añadió Sirius.

Tenía apenas un año la noche en que Voldemort (el mago tenebroso más poderoso del último siglo, un brujo que había ido adquiriendo poder durante once años) llegó a su casa y mató a sus padres. Voldemort dirigió su varita hacia Harry, lanzó la maldición con la que había eliminado a tantos magos y brujas adultos en su ascensión al poder e, increíblemente, ésta no hizo efecto: en lugar de matar al bebé, la maldición había rebotado contra Voldemort. Harry había sobrevivido sin otra lesión que una herida con forma de rayo en la frente, en tanto que Voldemort quedaba reducido a algo que apenas estaba vivo. Desprovisto de su poder y casi moribundo, Voldemort había huido; el terror que había atenazado a la comunidad mágica durante tanto tiempo se disipó, sus seguidores huyeron en desbandada y Harry se hizo famoso.

—Porque demonios nos siguen contando esa historia si nos la sabemos de memoria —dijo Regulus.

Alan se encogió de hombros.

—La gente que hizo esos libros debía de ser muy tonta y a lo mejor se olvidaban de las cosas.

Fue bastante impactante para él enterarse, el día de su undécimo cumpleaños, de que era un mago.

—Y la manera de Hagrid de decirlo no fue la mejor —recordó Remus.

Y aún había resultado más desconcertante descubrir que en el mundo de los magos todos conocían su nombre. Al llegar a Hogwarts, las cabezas se volvían y los cuchicheos lo seguían por dondequiera que iba.

Harry se frotó la cabeza, incómodo de toda esa atención.

Pero ya se había acostumbrado: al final de aquel verano comenzaría el cuarto curso. Y contaba los días que le faltaban para regresar al castillo.

Pero todavía quedaban dos semanas para eso. Abatido, volvió a repasar con la vista los objetos del dormitorio, y sus ojos se detuvieron en las tarjetas de felicitación que sus dos mejores amigos le habían enviado a finales de julio, por su cumpleaños. ¿Qué le contestarían ellos si les escribía y les explicaba lo del dolor de la cicatriz?

De inmediato, la voz asustada y estridente de Hermione Granger

—¿Cómo que estridente? —chilló Hermione, fulminando a Harry con la mirada.

—Esto... yo, Hermione... —trató de balbucear Harry, ante la risa del resto.

le vino a la cabeza:

¿Que te duele la cicatriz? Harry, eso es tremendamente grave... ¡Escribe al profesor Dumbledore! Mientras tanto yo iré a consultar el libro Enfermedades y dolencias mágicas frecuentes... Quizá encuentre algo sobre cicatrices producidas por maldiciones...

Hermione se sonrojo, porque seguramente eso es lo que le diría a su amigo.

Sí, ése sería el consejo de Hermione: acudir sin demora al director de Hogwarts, y entretanto consultar un libro. Harry observó a través de la ventana el oscuro cielo entre negro y azul. Dudaba mucho que un libro pudiera ayudarlo en aquel momento. Por lo que sabía, era la única persona viva que había sobrevivido a una maldición como la de Voldemort, así que era muy improbable que encontrara sus síntomas en Enfermedades y dolencias mágicas frecuentes.

—La gracia es que si hay un libro que se llama así —dijo Holly.

—Lo sé. Por eso pensé en él —replicó su hermano.

—Oh...

En cuanto a lo de informar al director, Harry no tenía la más remota idea de adónde iba Dumbledore en sus vacaciones de verano.

—La mayor parte de tiempo suelo estar en el castillo —respondió Dumbledore.

Por un instante le divirtió imaginárselo, con su larga barba plateada, túnica talar de mago y sombrero puntiagudo, tumbándose al sol en una playa en algún lugar del mundo y dándose loción protectora en su curvada nariz.

La sala rió al imaginarse esa escena. Los ojos azules de Dumbledore brillaron con diversión.

—Jamás se me había ocurrido. Pero puedo empezar ha hacerlo de ahora en adelante.

Pero, dondequiera que estuviera Dumbledore, Harry estaba seguro de que Hedwig lo encontraría: la lechuza de Harry nunca había dejado de entregar una carta a su destinatario, aunque careciera de dirección.

—En realidad todas las lechuzas pueden hacer eso, gracias a un hechizo rastreador que llevan incorporado —dijo Sally—. Pero es más eficiente poner la dirección en el sobre, para que llegue a un sitio en particular. Al fin y al cabo sería muy raro si una lechuza te entregase una carta mientras estás paseando en el Londres muggle, por ejemplo.

Pero ¿qué pondría en ella?

Querido profesor Dumbledore: Siento molestarlo, pero la cicatriz me ha dolido esta mañana. Atentamente, Harry Potter.

—Eso mismo estaría bien —asintió el director—. Además, no me molesta que me escriban los estudiantes... sobre todo si son casos tan importantes como este.

Incluso en su mente, las palabras sonaban tontas.

Así que intentó imaginarse la reacción de su otro mejor amigo, Ron Weasley, y al instante el pecoso rostro de Ron, con su larga nariz, flotaba ante él con una expresión de desconcierto:

¿Que te duele la cicatriz? Pero... pero no puede ser que Quien -tú-sabes esté ahí cerca, ¿verdad? Quiero decir... que te habrías dado cuenta, ¿no? Intentaría liquidarte, ¿no es cierto? No sé, Harry, a lo mejor las cicatrices producidas por maldiciones duelen siempre un poco... Le preguntaré a mi padre...

Ahora fue el turno de Ron de sonrojarse.

El señor Weasley era un mago plenamente cualificado que trabajaba en el Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles del Ministerio de Magia, pero no tenía experiencia en materia de maldiciones,

—No. Tengo algún que otro conocimiento sobre maldiciones gracias a mi trabajo, pero no a tanto nivel —dijo Arthur—. Quién si te podría ayudar es Bill.

Bill negó con la cabeza.

—Puedo aportar alguna que otra idea. Pero como bien ha dicho antes Harry, él es la única persona en el mundo que ha sobrevivido a la maldición asesina, así que apenas hay aportes sobre eso.

que Harry supiera. En cualquier caso, no le hacía gracia la idea de que toda la familia Weasley se enterara de que él, Harry, se había preocupado mucho a causa de un dolor que seguramente duraría muy poco. La señora Weasley alborotaría aún más que Hermione; y Fred y George, los gemelos de dieciséis años hermanos de Ron, podrían pensar que Harry estaba perdiendo el valor.

Charlie rió un poco.

—Apenas os conoce de unos pocos años y ya os conoce a la perfección.

Los Weasley eran su familia favorita: esperaba que pudieran invitarlo a quedarse algún tiempo con ellos (Ron le había mencionado algo sobre los Mundiales de quidditch), y no quería que esa visita estuviera salpicada de indagaciones sobre su cicatriz.

Harry se frotó la frente con los nudillos. Lo que realmente quería

Sirius levantó una mano.

(y casi le avergonzaba admitirlo ante sí mismo) era alguien como... alguien como un padre:

—¡Yo! —exclamó Sirius, dando saltitos en su sitio.

un mago adulto al que pudiera pedir consejo sin sentirse estúpido, alguien que lo cuidara, que hubiera tenido experiencia con la magia oscura...

En ese momento, Sirius se convirtió en un perro y empezó a saltar de un lado a otro delante de Harry mientras ladraba.

Y entonces encontró la solución. Era tan simple y tan obvia, que no podía creer que hubiera tardado tanto en dar con ella: Sirius.

—Por fin se acuerda de mí —dijo Sirius, volviendo a ser humano.

Sally le dio un golpe en la nuca.

Harry saltó de un brinco de la cama, fue rápidamente al otro extremo del dormitorio y se sentó a la mesa. Sacó un trozo de pergamino, cargó de tinta la pluma de águila, escribió «Querido Sirius», y luego se detuvo, pensando cuál sería la mejor forma de expresar su problema

—Díselo directamente. Es tan idiota, que si vas con rodeos jamás se dará cuenta —dijo Sally.

y sin dejar de extrañarse de que no se hubiera acordado antes de Sirius.

—¡Eso! ¿Por qué no has pensado antes en mí! —protestó Sirius.

—¿Será por que apenas te conoce? —le preguntó Lily con burla.

Pero bien mirado no era nada sorprendente: al fin y al cabo, hacía menos de un año que había averiguado que Sirius era su padrino.

Había un motivo muy simple para explicar la total ausencia de Sirius en la vida de Harry: había estado en Azkaban,

El brillo en los ojos de Sirius se apagó al recordar ese lugar.

la horrenda prisión del mundo mágico vigilada por unas criaturas llamadas dementores, unos monstruos ciegos que absorbían el alma y que habían ido hasta Hogwarts en persecución de Sirius cuando éste escapó. Pero Sirius era inocente, ya que los asesinatos por los que lo habían condenado eran en realidad obra de Colagusano, el secuaz de Voldemort a quien casi todo el mundo creía muerto. Harry, Ron y Hermione, sin embargo, sabían que la verdad era otra: el curso anterior habían tenido a Colagusano frente a frente, aunque luego sólo el profesor Dumbledore les había creído.

Durante una hora de gloriosa felicidad, Harry había creído que podría abandonar a los Dursley, porque Sirius le había ofrecido un hogar una vez que su nombre estuviera rehabilitado. Pero aquella oportunidad se había esfumado muy pronto: Colagusano se había escapado antes de que hubieran podido llevarlo al Ministerio de Magia, y Sirius había tenido que huir volando para salvar la vida. Harry lo había ayudado a hacerlo sobre el lomo de un hipogrifo llamado Buckbeak, y desde entonces Sirius permanecía oculto. Harry se había pasado el verano pensando en la casa que habría tenido si Colagusano no se hubiera escapado. Había resultado especialmente duro volver con los Dursley sabiendo que había estado a punto de librarse de ellos para siempre.

Harry asintió.

No obstante, y aunque no pudiera estar con Sirius, éste había sido de cierta ayuda para Harry.

Sirius levantó una ceja, mirando curioso a su ahijado.

Gracias a Sirius, ahora podía tener todas sus cosas con él en el dormitorio. Antes, los Dursley no lo habían consentido: su deseo de hacerle la vida a Harry tan penosa como fuera posible, unido al miedo que les inspiraba su poder, habían hecho que todos los veranos precedentes guardaran bajo llave el baúl escolar de Harry en la alacena que había debajo de la escalera. Pero su actitud había cambiado al averiguar que su sobrino tenía como padrino a un asesino peligroso (oportunamente, Harry había olvidado decirles que Sirius era inocente).

Sirius rió entre dientes.

—Suerte que cometiste ese pequeño error —dijo Sirius.

Desde que había vuelto a Privet Drive, Harry había recibido dos cartas de Sirius. No se las había entregado una lechuza, como era habitual en el correo entre magos, sino unos pájaros tropicales grandes y de brillantes colores.

Al instante Sirius recibió golpes, no sólo de su novia, sino también de sus amigos y un par de Tonks.

—¡Au! ¿Y eso por qué? —se quejó.

—Por idiota —respondió Sally—. Eres un preso fugado, ¿recuerdas? Deja de llamar la atención de esa forma tan absurda.

A Hedwig no le habían hecho gracia aquellos llamativos intrusos y se había resistido a dejarlos beber de su bebedero antes de volver a emprender el vuelo.

A Harry, en cambio, le habían gustado: le habían hecho imaginarse palmeras y arena blanca,

—Bueno, un lugar soleado es muy malo para criaturas como los dementores —asintió Remus.

y esperaba que dondequiera que se encontrara Sirius (él nunca decía dónde, por si interceptaban la carta)

Moody gruñó, satisfecho por la idea.

se lo estuviera pasando bien. Harry dudaba que los dementores sobrevivieran durante mucho tiempo en un lugar muy soleado. Quizá por eso Sirius había ido hacia el sur. Las cartas de su padrino (ocultas bajo la utilísima tabla suelta que había debajo de la cama de Harry) mostraban un tono alegre, y en ambas le insistía en que lo llamara si lo necesitaba. Pues bien, en aquel momento lo necesitaba...

La lámpara de Harry pareció oscurecerse a medida que la fría luz gris que precede al amanecer se introducía en el dormitorio.

—¿A qué hora te despertaste? —preguntó Lily a su hijo.

—Me desperté a las cinco y algo me parece.

Finalmente, cuando los primeros rayos de sol daban un tono dorado a las paredes y empezaba a oírse ruido en la habitación de tío Vernon y tía Petunia, Harry despejó la mesa de trozos estrujados de pergamino y releyó la carta ya acabada:

Querido Sirius:

Gracias por tu última carta. Vaya pájaro más grande: casi no podía entrar por la ventana.

Aquí todo sigue como siempre. La dieta de Dudley no va demasiado bien.

—¿Dieta? —dijeron varios estupefactos. Y era normal: la palabra dieta y Dudley no podía ir en una misma frase a menos que fuese una negación.

Mi tía lo descubrió ayer escondiendo en su habitación unas rosquillas que había traído de la calle. Le dijeron que tendrían que rebajarle la paga si seguía haciéndolo, y él se puso como loco y tiró la videoconsola por la ventana.

Hermione puso los ojos en blanco, sin ser capaz de creer que alguien sería tan idiota.

Es una especie de ordenador en el que se puede jugar.

—Eso esta muy bien pero... ¿qué es un ordenador? —preguntó Sirius con una mirada en blanco.

—Oh, es... Hermione —suplicó Harry a su amiga.

—Un ordenador es una máquina electrónica que recibe y procesa datos para convertirlos en información conveniente y útil que posteriormente se envían a las unidades de salida —explicó Hermione.**

Fue algo bastante tonto, realmente, porque ahora ni siquiera puede evadirse con su Mega-Mutilation, tercera generación. Yo estoy bien, sobre todo gracias a que tienen muchísimo miedo de que aparezcas de pronto y los conviertas en murciélagos.

—Creo que deberían de revisar el significado de asesino —dijo Emily.

Sin embargo, esta mañana me ha pasado algo raro. La cicatriz me ha vuelto a doler. La última vez que ocurrió fue porque Voldemort estaba en Hogwarts. Pero supongo que es imposible que él ronde ahora por aquí, ¿verdad? ¿Sabes si es normal que las cicatrices producidas por maldiciones duelan años después?

—Algunas es posible que duelan pasado los años —admitió Reg—. Pero la tuya es un caso especial, así que no estoy seguro de que se deba seguir los mismos procedimientos contigo.

Enviaré esta carta en cuanto regrese Hedwig. Ahora está por ahí, cazando. Recuerdos a Buckbeak de mi parte.

Harry

«Sí —pensó Harry —, no está mal así.» No había por qué explicar lo del sueño, pues no quería dar la impresión de que estaba muy preocupado. Plegó el pergamino y lo dejó a un lado de la mesa, preparado para cuando volviera Hedwig. Luego se puso de pie, se desperezó y abrió de nuevo el armario. Sin mirar al espejo, empezó a vestirse para bajar a desayunar.

—Fin del capítulo —anunció Arthur.


*: Perdón si esto ha molestado a algún amante del cricket. Pero hace tiempo leí en la wiki de Harry Potter (en la de español), sobre el quodpot y en uno de los párrafos, cuando se comparaba al quidditch y al quodpot con deportes muggles (uno de ellos el cricket), alguien había escrito al final "que cojones va a ser el cricket popular en Europa", y me hizo mucha gracia.

Eso ya no esta, pero menuda risa me dio ese día. Hasta la saqué una foto a esa parte XD.

**: Wikipedia rules


Hola gente.

Y este ha sido el capítulo número tres de la cuarta parte. No voy a comentar mucho por aquí ya que ando un par de días algo enfermo, así que es posible que no vaya tan rápido como me gustaría.

En fin, espero que os haya gustado.

Se despide,

Grytherin18-Friki