Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling


-Desahogo: En realidad no sé que problema hay con la espada (y no es solo tuyo), pero parece que todo el mundo la considera como superpoderosa o yo que sé. La espada de Gryffindor, aunque se vuelva más fuerte al imbuirse con eso que no la rompe, sigue siendo eso: una espada. Ni lanza rayos ni puede destruir la mitad del mundo con un tajo ni nada de eso. Es decir que cualquier crío de once años que conozca el encantamiento desarme puede quitarle a Harry la espada. Además de que Harry ni siquiera sabe como pelear con una espada, así que aunque tratara de utilizarla, lo más seguro es que se acabará hiriendo a si mismo.

En cuanto a los powerups que hay, simplemente te diré que eso se responderá en algunos capítulos. Pero ya te digo que no son permanentes.


Bill, el siguiente en la lista para leer, cogió el libro y lo abrió por el nuevo capítulo.

Retorno a La Madriguera —leyó.

A las doce del día siguiente, el baúl de Harry ya estaba lleno de sus cosas del colegio y de sus posesiones más apreciadas: la capa invisible heredada de su padre,

James sonrió.

la escoba voladora que le había regalado Sirius

Ahora fue el turno de Sirius de sonreír.

y el mapa encantado de Hogwarts que le habían dado Fred y George el curso anterior.

Fred y George chocaron las manos.

Había vaciado de todo comestible el espacio oculto debajo de la tabla suelta de su habitación y repasado dos veces hasta el último rincón de su dormitorio para no dejarse olvidados ninguna pluma ni ningún libro de embrujos,

—Sería un problema si me hubiese dejado alguno —dijo Harry—. Dudo que los Dursley me lo hubiese mandado si se lo hubiese pedido.

y había despegado de la pared el calendario en que marcaba los días que faltaban para el 1 de septiembre, el día de la vuelta a Hogwarts.

El ambiente en el número 4 de Privet Drive estaba muy tenso. La inminente llegada a la casa de un grupo de brujos ponía nerviosos e irritables a los Dursley. Tío Vernon se asustó mucho cuando Harry le informó de que los Weasley llegarían al día siguiente a las cinco en punto.

—Ni que fuésemos a morderlos —se quejó Arthur.

—Siendo como son, no me extrañaría lo más mínimo que se lo pensasen —dijo James.

—Espero que le hayas dicho a esa gente que se vista adecuadamente — gruñó de inmediato—. He visto cómo van. Deberían tener la decencia de ponerse ropa normal.

—¿Y qué hay de malo en nuestra ropa? —preguntó Molly con el ceño fruncido.

—Nada —respondió Hermione—. Solamente que los muggles no llevan túnicas.

Harry tuvo un presentimiento que le preocupó. Muy raramente había visto a los padres de Ron vistiendo algo que los Dursley pudieran calificar de «normal». Los hijos a veces se ponían ropa muggle durante las vacaciones,

—Es que es mucho más cómoda que las túnicas —dijo Ginny, a lo que el resto de adolescentes asintieron.

pero los padres llevaban generalmente túnicas largas en diversos estados de deterioro.

—También tenemos ropa muggle que utilizamos —dijo Arthur.

—Ya lo sé, señor Weasley. Por eso el "generalmente" —respondió Harry. Había visto usar ropa muggle a los señores Weasley cuando iban a la estación a coger el expreso de Hogwarts.

A Harry no le inquietaba lo que pensaran los vecinos, pero sí lo desagradables que podían resultar los Dursley con los Weasley si aparecían con el aspecto que aquéllos reprobaban en los brujos.

—Tendríamos que haber ido todos con túnicas —dijo Fred.

Tío Vernon se había puesto su mejor traje. Alguien podría interpretarlo como un gesto de bienvenida, pero Harry sabía que lo había hecho para impresionar e intimidar.

—Es como Lucius Malfoy —dijo Arthur—. Ahora que lo pienso, parece que los Dursley son el reflejo muggle de los Malfoy.*

Dudley, por otro lado, parecía algo disminuido, lo cual no se debía a que su dieta estuviera por fin dando resultado, sino al pánico. La última vez que Dudley se había encontrado con un mago adulto salió ganando una cola de cerdo que le sobresalía de los pantalones

La mayoría rieron al recordar aquel acontecimiento. Alan, por su parte, hizo una extraña mueca. Por un lado comprendía que su padre se merecía esa lección, pero por otro no le gustaba que la hubiese recibido.

, y tía Petunia y tío Vernon tuvieron que llevarlo a un hospital privado de Londres para que se la extirparan.

—Aún sigo preguntándome que le dijeron los Dursley al médico —dijo Harry.

Instantáneamente todos miraron a Alan. Este se encogió de hombros.

—Ni idea —respondió el chico—. Hasta que leí los libros, ni siquiera sabía que mi padre había tenido una cola de cerdo.

Por eso no era sorprendente que Dudley se pasara todo el tiempo restregándose la mano nerviosamente por la rabadilla y caminando de una habitación a otra como los cangrejos, con la idea de no presentar al enemigo el mismo objetivo.

—Tendríamos que haber llevado las galletas —susurró Fred a George.

—Aún están en fase experimental —replicó George—. Además de que lo hubiesen convertido en un canario gigante, no en un cerdo.

—Tenemos que empezar a planear más animales...

—¿Qué estáis susurrando vosotros dos? —preguntó Percy, mirando a sus hermanos con suspicacia.

—Nada —dijeron ambos.

La comida (queso fresco y apio rallado) transcurrió casi en total silencio. Dudley ni siquiera protestó por ella. Tía Petunia no probó bocado. Tenía los brazos cruzados, los labios fruncidos, y se mordía la lengua como masticando la furiosa reprimenda que hubiera querido echarle a Harry.

—Normal. Hasta esa reprimenda debe de estar más buena que esa comida —dijo Regulus.

—Vendrán en coche, espero —dijo a voces tío Vernon desde el otro lado de la mesa.

—Podría decírtelo con normalidad —dijo Emily—. No creo que la mesa sea tan grande.

—Ehhh... —Harry no supo qué contestar.

La verdad era que no había pensado en aquel detalle. ¿Cómo irían a buscarlo los Weasley? Ya no tenían coche, porque el viejo Ford Anglia que habían poseído corría libre y salvaje por el bosque prohibido de Hogwarts.

—Pues podrías decirle eso —dijo Will—. "No creo, tío Vernon. Es que resulta que su antiguo coche se volvió salvaje y ahora corre por el bosque de la escuela".

—Creo que llego a decirles eso, y me echan a patadas de la casa —dijo Harry.

Sin embargo, el año anterior el Ministerio de Magia le había prestado un coche al señor Weasley. ¿Haría lo mismo en aquella ocasión?

—Lo dudo —dijo Sirius—. Esa vez era porque yo me había fugado y, en teoría, iba en pos de ti.

—Creo que sí —respondió al final.

El bigote de tío Vernon se alborotó con su resoplido. Normalmente hubiera preguntado qué coche tenía el señor Weasley, porque solía juzgar a los demás hombres por el tamaño y precio de su automóvil. Pero, en opinión de Harry, a tío Vernon no le gustaría el señor Weasley aunque tuviera un Ferrari.

—Tampoco es que me preocupe mucho eso de no caerle bien —dijo Arthur.

Harry pasó la mayor parte de la tarde en su habitación. No podía soportar la visión de tía Petunia escudriñando a través de los visillos cada pocos segundos como si hubieran avisado que andaba suelto un rinoceronte

—Hay que ser exagerados. ¡Qué solo vienen a recoger a una persona!

. A las cinco menos cuarto Harry volvió a bajar y entró en la sala. Tía Petunia colocaba y recolocaba los cojines de manera compulsiva. Tío Vernon hacía como que leía el periódico, pero no movía los minúsculos ojos, y Harry supuso que en realidad escuchaba con total atención por si oía el ruido de un coche. Dudley estaba hundido en un sillón, con las manos de cerdito puestas debajo de él y agarrándose firmemente la rabadilla.

—Joder, menudo espectáculo que están montando por una visita que seguramente durara unos minutos —dijo Will.

Incapaz de aguantar la tensión que había en el ambiente, Harry salió de la habitación y se fue al recibidor, a sentarse en la escalera, con los ojos fijos en el reloj y el corazón latiéndole muy rápido por la emoción y los nervios.

Pero llegaron las cinco en punto... y pasaron.

—Bueno, cuando la gente dice una hora en concreto es normal que se puedan retrasar unos minutillos —dijo Holly.

Tío Vernon, sudando ligeramente dentro de su traje, abrió la puerta de la calle, escudriñó a un lado y a otro, y volvió a meter la cabeza en la casa.

—Madre de Dios... ni que fueseis fugitivos —dijo Tonks.

—¡Se retrasan! —le gruñó a Harry.

—Ya lo sé —murmuró Harry —. A lo mejor hay problemas de tráfico, yo qué sé.

Varios miraron a Arthur y a Molly.

—Oh, si que habían problemas. Pero no de tráfico, precisamente —dijo el señor Weasley.

Las cinco y diez... las cinco y cuarto... Harry ya empezaba a preocuparse.

—Bueno, es que están tardando más de lo normal —dijo Eli.

A las cinco y media oyó a tío Vernon y a tía Petunia rezongando en la sala de estar.

—No tienen consideración.

—Podríamos haber tenido un compromiso.

—Por eso mandamos una carta —dijo Molly—. Para asegurarnos de que no había ningún problema.

—Tal vez creen que llegando tarde los invitaremos a cenar.

—¿Y qué más? Teniendo la comida de Molly vamos a ir a cenar a casa de otros —dijo Arthur.

—Ni soñarlo —dijo tío Vernon. Harry lo oyó ponerse en pie y caminar nerviosamente por la sala—. Recogerán al chico y se irán. No se entretendrán. Eso... si es que vienen. A lo mejor se han confundido de día. Me atrevería a decir que la gente de su clase no le da mucha importancia a la puntualidad.

—Creo que equivocarse de día va más allá de falta de puntualidad —señaló Will.

O bien es que en vez de coche tienen una cafetera que se les ha avena... ¡Ahhhhhhhhhhhhh!

—¿Qué ha sido eso?! —preguntó Sally.

—Sea lo que sea, si ha puesto nervioso ha ese tío, ya me cae bien —respondió Sirius.

Harry pegó un salto. Del otro lado de la puerta de la sala le llegó el ruido que hacían los Dursley moviéndose aterrorizados y descontroladamente por la sala. Un instante después, Dudley entró en el recibidor como una bala, completamente lívido.

—¿Se puede saber que ha ocurrido de repente para que todos actúen así? —preguntó Astoria con asombro.

Nadie se percató que varios de los Weasley se habían sonrojado y desviaban la mirada.

—¿Qué pasa? —preguntó Harry —. ¿Qué ocurre?

Pero Dudley parecía incapaz de hablar y, con movimientos de pato y agarrándose todavía las nalgas con las manos,

—Creo que alguien tendría que decirle, que aunque se tape el trasero con las manos, aún puede recibir una cola de cerdo —dijo Luna.

entró en la cocina. En el interior de la chimenea de los Dursley, que tenía empotrada una estufa eléctrica que simulaba un falso fuego, se oían golpes y rasguños.

—¿Habéis intentado llegar con la Red Flu? —preguntó James con diversión.

—No sabíamos que estaría tapida —respondió Arthur—. De haberlo sabido simplemente me hubiese aparecido allí y hubiese llevado a Harry mediante Aparición Conjunta.

—¿Y por qué no hicisteis eso primero? —preguntó Remus.

—Porque la aparición nunca es agradable al principio y no queríamos hacer sentir mal a Harry —respondió Molly.

—Gracias por eso, señores Weasley —dijo Harry, aunque por dentro se preguntaba si era cierto que la aparición era desagradable.

—Ahora que pienso... Hermione, ¿cómo fuiste tú? —preguntó Will.

—Mis padres me llevaron en coche —respondió Hermione—. Así que no tuve ningún problema... —Hermione de repente se dio cuenta de un detalle—. Ahora que lo pienso, si lo hubiésemos planeado bien y con anticipación, nosotros podríamos haber ido a por Harry a su casa y luego poner rumbo a La Madriguera.

—Por desgracia papá no recibió las entradas hasta el jueves, y entre el correo muggle y lo demás, no nos habría dado tiempo —dijo Ron.

—¿Qué es eso? —preguntó jadeando tía Petunia, que había retrocedido hacia la pared y miraba aterrorizada la estufa—. ¿Qué es, Vernon?

—Dudo que él sepa lo que esta ocurriendo —dijo Neville.

La duda sólo duró un segundo. Desde dentro de la chimenea cegada se podían oír voces.

—¡Ay! No, Fred... Vuelve, vuelve. Ha habido algún error. Dile a George que no... ¡Ay! No, George, no hay espacio. Regresa enseguida y dile a Ron...

—A lo mejor Harry nos puede oír, papá... A lo mejor puede ayudarnos a salir...

Varios se rieron al imaginarse a los Weasley metidos dentro de una chimenea.

Se oyó golpear fuerte con los puños al otro lado de la estufa.

—¡Harry! Harry, ¿nos oyes?

Los Dursley rodearon a Harry como un par de lobos hambrientos.

—Pobres... deben de tener tanta hambre con esa dieta que ya empiezan a comportarse como animales —se lamentó Will.

—Corrección, ya se comportaban como animales antes —replicó Regulus.

—Corrección, los animales son mucho más educados y civilizados que ellos —señaló Emily.

—¿Qué es eso? —gruñó tío Vernon—. ¿Qué pasa?

—Han... han intentado llegar con polvos flu —explicó Harry, conteniendo unas ganas locas de reírse—. Pueden viajar de una chimenea a otra... pero no se imaginaban que la chimenea estaría obstruida.

—No, no lo hacíamos —dijo Arthur.

—Normal, obstruir una chimenea no es algo que un mago hiciese, a menos que quiera evitar visitas indeseables —dijo Charlie.

Un momento...

Se acercó a la chimenea y gritó a través de las tablas:

—¡Señor Weasley! ¿Me oye?

El martilleo cesó. Alguien, dentro de la chimenea, chistó: «¡Shh!»

—¡Soy Harry, señor Weasley...! La chimenea está cegada. No podrán entrar por aquí.

—¡Maldita sea! —dijo la voz del señor Weasley —. ¿Para qué diablos taparon la chimenea?

—Tienen una estufa eléctrica —explicó Harry.

—¿De verdad? —preguntó emocionado el señor Weasley

—Y ya has puesto a papá feliz —dijo Ginny con diversión, mientras que el propio Arthur se sonrojaba.

—. ¿Has dicho ecléctica?

—Eléctrica —corrigió Lily.

¿Con enchufe? ¡Santo Dios! ¡Eso tengo que verlo...! Pensemos... ¡Ah, Ron!

La voz de Ron se unió a la de los otros.

—¿Qué hacemos aquí? ¿Algo ha ido mal?

—¿A ti que te parece? —dijo Neville.

—No, Ron, qué va —dijo sarcásticamente la voz de Fred—. Éste es exactamente el sitio al que queríamos venir.

—Sí, nos lo estamos pasando en grande —añadió George, cuya voz sonaba ahogada, como si lo estuvieran aplastando contra la pared.

—Eso era exactamente lo que estaba ocurriendo —dijo George.

—Muchachos, muchachos... —dijo vagamente el señor Weasley—. Estoy intentando pensar qué podemos hacer... Sí... el único modo... Harry, échate atrás.

—Destrozo, destrozo... —suplicaron James y Sirius.

Harry se retiró hasta el sofá, pero tío Vernon dio un paso hacia delante.

—¡Esperen un momento! —bramó en dirección a la chimenea —. ¿Qué es lo que pretenden...?

¡BUM!

—¡Destrozo! —exclamaron James y Sirius, levantando las manos.

La estufa eléctrica salió disparada hasta el otro extremo de la sala cuando todas las tablas que tapaban la chimenea saltaron de golpe y expulsaron al señor Weasley, Fred, George y Ron entre una nube de escombros y gravilla suelta.

—A Petunia no le va ha hacer ninguna gracia —dijo Lily, aunque no sonaba muy preocupada.

Tía Petunia dio un grito y cayó de espaldas sobre la mesita del café. Tío Vernon la cogió antes de que pegara contra el suelo, y se quedó con la boca abierta, sin habla, mirando a los Weasley, todos con el pelo de color rojo vivo, incluyendo a Fred y George, que eran idénticos hasta el último detalle.

—Bueno, sé que somos extremadamente atractivos, pero tampoco hace falta sorprenderse tanto —dijo George.

—Así está mejor —dijo el señor Weasley, jadeante, sacudiéndose el polvo de la larga túnica verde

—Pues al final si que ha ido con túnica —señaló Jake.

—Ya que los tíos de Harry saben sobre la magia, no creí que sería importante cambiarme de ropa —explicó Arthur.

y colocándose bien las gafas—. ¡Ah, ustedes deben de ser los tíos de Harry!

Alto, delgado y calvo, se dirigió hacia tío Vernon con la mano tendida,

—Dudo que vaya a estrecharle la mano tras haberle destrozado el salón —dijo Hermione.

—Y sin destrozarlo —añadió Ron.

pero tío Vernon retrocedió unos pasos para alejarse de él, arrastrando a tía Petunia e incapaz de pronunciar una palabra. Tenía su mejor traje cubierto de polvo blanco, así como el cabello y el bigote, lo que lo hacía parecer treinta años más viejo.

—Sin duda no se la va a estrechar —asintió James.

—Eh... bueno... disculpe todo esto —dijo el señor Weasley, bajando la mano y observando por encima del hombro el estropicio de la chimenea—. Ha sido culpa mía: no se me ocurrió que podía estar cegada. Hice que conectaran su chimenea a la Red Flu, ¿sabe? Sólo por esta tarde, para que pudiéramos recoger a Harry. Se supone que las chimeneas de los muggles no deben conectarse... pero tengo un conocido en el Equipo de Regulación de la Red Flu que me ha hecho el favor. Puedo dejarlo como estaba en un segundo, no se preocupe. Encenderé un fuego para que regresen los muchachos, y repararé su chimenea antes de desaparecer yo mismo.

—¿Alguien cree que han entendido algo? —preguntó Daphne. Nadie respondió—. Ya. Yo tampoco lo creo.

Harry sabía que los Dursley no habían entendido ni una palabra. Seguían mirando al señor Weasley con la boca abierta, estupefactos.

—¿Pero cuanto les va a durar la sorpresa? —preguntó Neville con asombro.

—Bueno, no todos los días entra un grupo de desconocidos en tu casa tras haberte destrozado el salón —respondió Luna.

Con dificultad, tía Petunia se alzó y se ocultó detrás de tío Vernon.

—¡Hola, Harry! —saludó alegremente el señor Weasley—. ¿Tienes listo el baúl?

—Arriba, en la habitación —respondió Harry, devolviéndole la sonrisa.

—Vamos por él —dijo Fred de inmediato. Él y George salieron de la sala guiñándole un ojo a Harry. Sabían dónde estaba su habitación porque en una ocasión lo habían ayudado a fugarse de ella en plena noche. A Harry le dio la impresión de que Fred y George esperaban echarle un vistazo a Dudley, porque les había hablado mucho de él.

—¿Nosotros? ¡Qué va! —exclamaron ambos con la misma sonrisa maléfica.

—Bueno —dijo el señor Weasley, balanceando un poco los brazos mientras trataba de encontrar palabras con las que romper el incómodo silencio—. Tie... tienen ustedes una casa muy agradable.

Todos se echaron a reír, al imaginarse al señor Weasley elogiando la casa de los Dursley, tras haberles destrozado el salón.

Como la sala habitualmente inmaculada se hallaba ahora cubierta de polvo y trozos de ladrillo, este comentario no agradó demasiado a los Dursley. El rostro de tío Vernon se tiñó otra vez de rojo, y tía Petunia volvió a quedarse boquiabierta. Pero tanto uno como otro estaban demasiado asustados para decir nada.

El señor Weasley miró a su alrededor. Le fascinaba todo lo relacionado con los muggles. Harry lo notó impaciente por ir a examinar la televisión y el vídeo.

—Podrías haber ido tranquilamente —dijo Sirius—. Dudo que te hubiesen dicho algo.

—Podría habérselo llevado y seguramente no le habría dicho nada —añadió Regulus.

—Funcionan por eclectricidad,

—Electricidad —corrigió Hermione.

¿verdad? —dijo en tono de entendido—. ¡Ah, sí, ya veo los enchufes! Yo colecciono enchufes —añadió dirigiéndose a tío Vernon—. Y pilas. Tengo una buena colección de pilas. Mi mujer cree que estoy chiflado, pero ya ve.

Era evidente que tío Vernon era de la misma opinión que la señora Weasley.

Molly hizo un sonido estrangulado. Era evidente que no le entusiasmaba la idea de tener la misma opinión que Vernon Dursley.

—Arthur cariño, puede coleccionar todos los enchufes y pilas que quieras.

—¿De verdad? —La cara del hombre se iluminó como si fuese un niño en Navidad—. ¡Gracias, Flancito mío! —exclamó mientras besaba a su esposa.

A varios el mote de Flancito mío les pareció demasiado ridículo, aunque por supuesto no lo dijeron delante de Molly.

Se movió ligeramente hacia la derecha para ponerse delante de tía Petunia, como si pensara que el señor Weasley podía atacarlos de un momento a otro.

Dudley apareció de repente en la sala. Harry oyó el golpeteo del baúl en los peldaños y comprendió que el ruido había hecho salir a Dudley de la cocina.

Fue caminando pegado a la pared, vigilando al señor Weasley con ojos desorbitados, e intentó ocultarse detrás de sus padres.

—Esto... ¿acaso era posible tal hazaña? —preguntó Will.

—Ni de cerca —respondió Harry.

—Por suerte en el futuro mi padre se puso bastante en forma —dijo Alan—. Y todo por decisión propia.

Por desgracia, las dimensiones de tío Vernon, que bastaban para ocultar a la delgada tía Petunia, de ninguna manera podían hacer lo mismo con Dudley.

—¡Ah, éste es tu primo!, ¿no, Harry? —dijo el señor Weasley, tratando de entablar conversación.

—La palabra clave esta en tratando —dijo Holly.

—Sí —dijo Harry —, es Dudley.

Él y Ron se miraron y luego apartaron rápidamente la vista. La tentación de echarse a reír fue casi irresistible. Dudley seguía agarrándose el trasero como si tuviera miedo de que se le cayera.

—Si lo piensas bien, es bastante gracioso —dijo Charlie.

Alan simplemente se encogió de hombros, sin decir nada.

El señor Weasley, en cambio, parecía sinceramente preocupado por el peculiar comportamiento de Dudley. Por el tono de voz que empleó al volver a hablar, Harry comprendió que el señor Weasley suponía a Dudley tan mal de la cabeza como los Dursley lo suponían a él,

—Sujetarse firmemente las nalgas no es algo que la gente suela hacer —dijo Jake.

con la diferencia de que el señor Weasley sentía hacia el muchacho más conmiseración que miedo.

—¿Estás pasando unas buenas vacaciones, Dudley? —preguntó cortésmente.

Dudley gimoteó. Harry vio que se agarraba aún con más fuerza el enorme trasero.

—Y desde luego ese comportamiento no ayuda —añadió Eli.

Fred y George regresaron a la sala, transportando el baúl escolar de Harry. Miraron a su alrededor en el momento en que entraron y distinguieron a Dudley. Se les iluminó la cara con idéntica y maligna sonrisa.

Molly dejó escapar un suspiro, fulminando a los gemelos con la mirada. Aún no se había olvidado de todo el tema del caramelo y Sortilegios Weasley.

—¡Ah, bien! —dijo el señor Weasley—. Será mejor darse prisa.

Se remangó la túnica y sacó la varita. Harry vio a los Dursley echarse atrás contra la pared, como si fueran uno solo.

—El nivel de exageración de esta familia es increíble —dijo Daphne.

—¡Incendio! —exclamó el señor Weasley, apuntando con su varita al orificio que había en la pared.

De inmediato apareció una hoguera que crepitó como si llevara horas encendida. El señor Weasley se sacó del bolsillo un saquito, lo desanudó, cogió un pellizco de polvos de dentro y lo echó a las llamas, que adquirieron un color verde esmeralda y llegaron más alto que antes.

—Seguramente los Dursley estarán cagados de miedo —comentó Sally, quién no parecía muy preocupada por ello.

—Tú primero, Fred —indicó el señor Weasley.

—Voy —dijo Fred—. ¡Oh, no! Esperad...

A Fred se le cayó del bolsillo una bolsa de caramelos, y su contenido rodó en todas direcciones: grandes caramelos con envoltorios de vivos colores.

Automáticamente sus hermanos, menos George y Ron, lo miraron.

Molly, por su parte, regañaba a Arthur.

—Deberías haberte dado cuenta de que era un engaño —decía la mujer.

Fred los recogió a toda prisa y los metió de nuevo en los bolsillos; luego se despidió de los Dursley con un gesto de la mano y avanzó hacia el fuego diciendo: «¡La Madriguera!» Tía Petunia profirió un leve grito de horror.

—En realidad entiendo su reacción —dijo Cedric—. Imaginaos que alguien se despide casualmente de vosotros, para acto seguido entrar en una hoguera gigante.

—Si no sabes de que va la cosa, es un poco sorprendente —admitió Astoria.

Se oyó una especie de rugido en la hoguera, y Fred desapareció.

—Ahora tú, George —dijo el señor Weasley—. Con el baúl.

Harry ayudó a George a llevar el baúl hasta la hoguera, y lo puso de pie para que pudiera sujetarlo mejor. Luego, gritó «¡La Madriguera!», se volvió a oír el rugido de las llamas y George desapareció a su vez.

—Te toca, Ron —indicó el señor Weasley.

—Hasta luego —se despidió alegremente Ron. Tras dirigirle a Harry una amplia sonrisa, entró en la hoguera, gritó «¡La Madriguera!» y desapareció.

—Y mientras tanto los Dursley no paraban de alucinar al ver a los Weasley desaparecer entre las llamas —dijo Will.

Ya sólo quedaban Harry y el señor Weasley.

—Bueno... Pues adiós —les dijo Harry a los Dursley.

Pero ellos no respondieron.

—Me hubiese sorprendido que lo hubiesen hecho, sinceramente —dijo Hermione.

Harry avanzó hacia el fuego; pero, justo cuando llegaba ante él, el señor Weasley lo sujetó con una mano. Observaba atónito a los Dursley.

—Es que son especímenes muy raros —dijo Sirius. Alan carraspeó—. Bueno, alguno de ellos son especímenes muy raros.

—Harry les ha dicho adiós —dijo —. ¿No lo han oído?

—No tiene importancia —le susurró Harry al señor Weasley —. De verdad, me da igual.

—Pues no debería darte igual —dijo Lily—. Arthur tiene razón. Por lo menos podrían despedirse de ti.

Pero el señor Weasley no le quitó la mano del hombro.

—No va a ver a su sobrino hasta el próximo verano

—Eso esta por ver —gruñó Sally.

—dijo indignado a tío Vernon—. ¿No piensa despedirse de él?

El rostro de tío Vernon expresó su ira. La idea de que un hombre que había armado aquel estropicio en su sala de estar le enseñara modales era insoportable.

—SI tú tuvieses modales desde el principio, no tendría que venir uno de esos magos que tanto odias a decirte las cosas a la cara —dijo James.

Pero el señor Weasley seguía teniendo la varita en la mano, y tío Vernon clavó en ella sus diminutos ojos antes de contestar con tono de odio:

—Adiós.

—Hasta luego —respondió Harry, introduciendo un pie en la hoguera de color verde, que resultaba de una agradable tibieza. Pero en aquel momento oyó detrás de él un horrible sonido como de arcadas y a tía Petunia que se ponía a gritar.

—¿Y ahora que ocurre? —preguntó Tonks.

Harry se dio la vuelta. Dudley ya no trataba de ocultarse detrás de sus padres, sino que estaba arrodillado junto a la mesita del café, resoplando y dando arcadas ante una cosa roja y delgada de treinta centímetros de largo que le salía de la boca. Tras un instante de perplejidad, Harry comprendió que aquella cosa era la lengua de Dudley... y vio que delante de él, en el suelo, había un envoltorio de colores brillantes.

—¡Ah! Un caramelo longuilinguo —dijo Alan, al reconocer el dulce.

—¿No te molesta que le hayan dado ese dulce a tu padre? —preguntó Percy.

—No mucho. El caramelo longuilinguo no es peligroso —respondió el chico—. Cuando iba a Hogwarts era bastante común engañar a un compañero para que se comiese uno de esos caramelos en medio de una clase. Era gracioso ver como intentaban que la lengua no se les escapase de la boca mientras el profesor explicaba. Yo mismo pique unas cuantas veces.

Tía Petunia se lanzó al suelo, al lado de Dudley, agarró el extremo de su larga lengua y trató de arrancársela;

—Entiendo que este preocupada por su hijo, pero creo que debería pararse a pensar un poco antes de actuar —dijo Ginny.

como es lógico, Dudley gritó y farfulló más que antes, intentando que ella desistiera. Tío Vernon daba voces y agitaba los brazos,

—Que alguien le dé un premio a ese señor. Uno que ponga "Para el ayudante más inservible del mundo" —dijo Holly.

y el señor Weasley no tuvo más remedio que gritar para hacerse oír.

—¡No se preocupen, puedo arreglarlo! —chilló, avanzando hacia Dudley con la mano tendida.

—Mal movimiento.

—No creí que actuarían así —se defendió Arthur.

Pero tía Petunia gritó aún más y se arrojó sobre Dudley para servirle de escudo.

—Algo completamente inútil —señaló Harry—. Dudley sobresalía por todos lados.

—¡No se pongan así! —dijo el señor Weasley, desesperado —. Es un proceso muy simple. Era el caramelo. Mi hijo Fred... es un bromista redomado. Pero no es más que un encantamiento aumentador... o al menos eso creo. Déjenme, puedo deshacerlo...

Pero, lejos de tranquilizarse, los Dursley estaban cada vez más aterrorizados: tía Petunia sollozaba como una histérica y tiraba de la lengua de Dudley dispuesta a arrancársela; Dudley parecía estar ahogándose bajo la doble presión de su madre y de su lengua; y tío Vernon, que había perdido completamente el control de sí mismo, cogió una figura de porcelana del aparador y se la tiró al señor Weasley con todas sus fuerzas. Éste se agachó, y la figura de porcelana fue a estrellarse contra la descompuesta chimenea.

Todos miraron el libro con asombro.

—Es lo que yo digo. Se empeñan tanto en ser normales que, cuando algo se les sale de control, actúan como unos locos —señaló Hermione.

—¡Vaya! —exclamó el señor Weasley, enfadado y blandiendo la varita —. ¡Yo sólo trataba de ayudar!

Aullando como un hipopótamo herido,

Varios rieron antes esa comparación.

tío Vernon agarró otra pieza de adorno.

—¡Vete, Harry! ¡Vete ya! —gritó el señor Weasley, apuntando con la varita a tío Vernon—. ¡Yo lo arreglaré!

Harry no quería perderse la diversión,

—Tienes que quedarte hasta el final —dijo Sirius.

pero un segundo adorno le pasó rozando la oreja izquierda,

—Aunque si te quieres ir, tampoco te lo puedo reprochar —añadió su padre.

y decidió que sería mejor dejar que el señor Weasley resolviera la situación. Entró en el fuego dando un paso, sin dejar de mirar por encima del hombro mientras decía «¡La Madriguera!». Lo último que alcanzó a ver en la sala de estar fue cómo el señor Weasley esquivaba con la varita el tercer adorno que le arrojaba tío Vernon mientras tía Petunia chillaba y cubría con su cuerpo a Dudley, cuya lengua, como una serpiente pitón larga y delgada, se le salía de la boca. Un instante después, Harry giraba muy rápido, y la sala de estar de los Dursley se perdió de vista entre el estrépito de llamas de color esmeralda.

—Fin del capítulo —anunció Bill.


*: Si os soy sincero, no recuerdo si esto ya lo mencione en algún capítulo de los anteriores fics. Sé que quería hacerlo, pero al final no me acuerdo si lo puse o no.


Hola gente.

Y aquí tenéis el quinto capítulo subido. Como el anterior también considero que este capítulo ha sido algo flojillo, pero bueno, en estos primeros capítulos apenas pasa nada interesante.

En fin, no mucho que decir. Así que espero que os haya gustado.

Se despide,

Grytherin18-Friki.

PD: Me hace gracia que parece que todo el mundo esta pendiente de Eurovisión, y mientras yo aquí, escribiendo con el soundtrack del nuevo God of War de fondo, XD