Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling


Charlie cogió el libro y leyó el título del siguiente capítulo.

Sortilegios Weasley.

—¿Qué es Sortilegios Weasley? —preguntó Emily con curiosidad.

—Una tontería —respondió Molly con un bufido.

Harry dio vueltas cada vez más rápido con los codos pegados al cuerpo. Borrosas chimeneas pasaban ante él a la velocidad del rayo, hasta que se sintió mareado y cerró los ojos.

—Los polvos flu son una de las peores formas de viajar —coincidió Lily.

—Pero al menos te mantiene calentito en invierno —replicó James.

Cuando por fin le pareció que su velocidad aminoraba, estiró los brazos, a tiempo para evitar darse de bruces contra el suelo de la cocina de los Weasley al salir de la chimenea.

—Aprendes rápido —dijo Emily—. Hay ocasiones en las que Will aún se estrella de cara contra el suelo al salir de la chimenea.

—¿Se lo comió? —preguntó Fred ansioso mientras le tendía a Harry la mano para ayudarlo a levantarse.

—Y tanto que lo hizo —aseguró Ron.

—Sí —respondió Harry poniéndose en pie—. ¿Qué era?

—Caramelo longuilinguo —explicó Fred, muy contento—. Los hemos inventado George y yo, y nos hemos pasado el verano buscando a alguien en quien probarlos...

—¿Y no podíais hacerlo vosotros mismos? —preguntó Astoria.

—Ya lo hicimos, pequeña Slytherin —respondió Fred—. Pero queríamos ver, más que nada, si la gente se creía que era un caramelo normal o sospechaba que podía ser algo diferente.

—Bueno, se trataba de un muggle. No iba a saber diferenciar un caramelo mágico normal de uno de broma.

—Igualmente debería haber sospechado que tenía truco —replicó George.

Todos prorrumpieron en carcajadas en la pequeña cocina; Harry miró a su alrededor, y vio que Ron y George estaban sentados a una mesa de madera desgastada de tanto restregarla, con dos pelirrojos a los que Harry no había visto nunca, aunque no tardó en suponer quiénes serían: Bill y Charlie, los dos hermanos mayores Weasley.

—Bueno, también podrían ser algunos primos segundos —dijo Ginny—. Los Weasley tenemos varios de esos. Como esa prima segunda... ¿Mafalda se llamaba?* —preguntó mirando a sus hermanos—. Es que solamente la vi un par de veces en reuniones familiares y hace años.

—Ah, sí —asintió Molly—. Pero era hija de mi primo segundo, ese que era contable, así que sería más bien vuestra prima tercera.

—¿Qué tal te va, Harry? —preguntó el más cercano a él, dirigiéndole una amplia sonrisa y tendiéndole una mano grande que Harry estrechó. Estaba llena de callos y ampollas. Aquél tenía que ser Charlie, que trabajaba en Rumania con dragones. Su constitución era igual a la de los gemelos, y diferente de la de Percy y Ron, que eran más altos y delgados.

Los seis hermanos Weasley se miraron, entendiendo a que se refería Harry. Mientras que Bill, Percy y Ron eran altos y delgados; Charlie, Fred y George eran más bien un poco bajitos para su edad (aunque no demasiado) y corpulentos.

—La verdad es que con tu físico me sorprende que fueses buscador y no golpeador o guardián —dijo Tonks, mirando a Charlie.

—Me gusta eso de buscar y perseguir.

Tenía una cara ancha de expresión bonachona, con la piel curtida por el clima de Rumania y tan llena de pecas que parecía bronceada; los brazos eran musculosos, y en uno de ellos se veía una quemadura grande y brillante.

Charlie detuvo unos segundos la lectura para mirarse la quemadura en su brazo izquierdo, haciendo una pequeña mueca. Esa quemadura se la había hecho un hébrido negro.

Bill se levantó sonriendo y también le estrechó la mano a Harry, quien se sorprendió.

—Pobre Harry —se lamentó Fred.

—Bill, eres tan feo que has dejado sin palabras al joven Potter —añadió George.

Bill simplemente se limitó a rodar los ojos por los comentarios de los gemelos.

Sabía que Bill trabajaba para Gringotts, el banco del mundo mágico, y que había sido Premio Anual de Hogwarts, y siempre se lo había imaginado como una versión crecida de Percy:

Bill se estremeció.

—Godric me libre de eso —murmuró Bill mientras Percy lo observaba con el ceño fruncido.

quisquilloso en cuanto al incumplimiento de las normas e inclinado a mandar a todo el mundo.

—Has descrito a Percy a la perfección —dijo Ron.

—¡Venga ya! —protestó Percy. El resto de la sala se limitó a apartar la mirada—. Yo no soy así... ¿verdad?

El silencio parecía ser suficiente respuesta, así que Charlie siguió leyendo.

Sin embargo, Bill era (no había otra palabra para definirlo) guay:

Bill sonrió con cierta arrogancia.

era alto, tenía el pelo largo y recogido en una coleta,

Molly comenzó a mascullar algo sobre cortarle el pelo a su hijo.

llevaba un colmillo de pendiente e iba vestido de manera apropiada para un concierto de rock, salvo por las botas (que, según reconoció Harry, no eran de cuero sino de piel de dragón).

—Por supuesto sintética —se apresuró a decir Bill al sentir la mirada de Charlie.

Antes de que ninguno de ellos pudiera añadir nada, se oyó un pequeño estallido y el señor Weasley apareció de pronto al lado de George. Harry no lo había visto nunca tan enfadado.

—Y ni siquiera eso se puede considerar estar enfadado —añadió Ron.

—¡No ha tenido ninguna gracia, Fred! ¿Qué demonios le diste a ese niño muggle?

—Caramelo longuilinguo —respondió Fred—. Lo hemos dicho antes.

—Ya sabes a lo que me refiero —replicó Arthur.

—No le di nada —respondió Fred, con otra sonrisa maligna —. Sólo lo dejé caer... Ha sido culpa suya: lo cogió y se lo comió. Yo no le dije que lo hiciera.

—Razón no le falta —señaló Holly.

—¡Lo dejaste caer a propósito!

—Creo que con eso de dejar caer, ya había quedado claro que había sido a propósito —dijo Sirius.

—vociferó el señor Weasley—. Sabías que se lo comería porque estaba a dieta...

—Créame, señor Weasley, Dudley se hubiese comido el caramelo sin estar a dieta, e incluso si mis tíos se lo hubiese prohibido —dijo Harry.

—¿Cuánto le creció la lengua? —preguntó George, con mucho interés.

—Un consejo. No respondas —dijo Remus.

—Cuando sus padres me permitieron acortársela había alcanzado más de un metro de largo.

—Por supuesto tenía que responder —dijo James.

Harry y los Weasley prorrumpieron de nuevo en una sonora carcajada.

En la sala la mayoría también rió.

—Me sorprende que tú también te rías —dijo Neville a Alan.

—Ya lo he dicho, he usado y he sufrido los efectos de esos caramelos. Sé que no son peligrosos —dijo Alan.

—Eso es —asintió Fred—. ¿Creéis que le daría a alguien algo peligroso?

Sus hermanos, incluido George, se miraron.

—Sí.

—Pues razón no os falta.

—¡No tiene gracia!

—Un poco sí —dijo Regulus.

—gritó el señor Weasley—. ¡Ese tipo de comportamiento enturbia muy seriamente las relaciones entre magos y muggles! Me paso la mitad de la vida luchando contra los malos tratos a los muggles, y resulta que mis propios hijos...

—Venga papá, tampoco te pases —dijo Bill en defensa de sus hermanos.

—¡No se lo dimos porque fuera muggle! —respondió Fred, indignado.

—No. Se lo dimos porque es un asqueroso bravucón

—No tengo nada que decir —dijo Alan al sentir varias miradas—. Sé que mi padre fue un capullo durante esa época.

—explicó George—. ¿No es verdad, Harry?

—Sí, lo es —contestó Harry seriamente.

—¡Ésa no es la cuestión! —repuso enfadado el señor Weasley—. Ya veréis cuando se lo diga a vuestra madre.

—No se lo va a decir —dijeron James y Sirius. El primero se aclaró—. Mi padre siempre nos amenazaba a Sirius y a mí sobre decirle algo a mi madre si nos portábamos mal, y al final nunca lo hacía.

—¿Cuando me digas qué? —preguntó una voz tras ellos.

—Uh... Pillados —dijo Will.

La señora Weasley acababa de entrar en la cocina. Era bajita, rechoncha y tenía una cara generalmente muy amable, aunque en aquellos momentos la sospecha le hacía entornar los ojos.

—Normal. Con lo último que ha oído —dijo Hermione.

—¡Ah, hola, Harry! —dijo sonriéndole al advertir que estaba allí. Luego volvió bruscamente la mirada a su marido —. ¿Qué es lo que tienes que decirme?

El señor Weasley dudó. Harry se dio cuenta de que, a pesar de estar tan enfadado con Fred y George, no había tenido verdadera intención de contarle a la señora Weasley lo ocurrido.

James y Sirius se miraron con la misma expresión: "Lo dijimos".

Se hizo un silencio mientras el señor Weasley observaba nervioso a su mujer. Entonces aparecieron dos chicas en la puerta de la cocina, detrás de la señora Weasley: una, de pelo castaño y espeso e incisivos bastante grandes,

Hermione se pasó la lengua sobre los incisivos, algo molesta.

era Hermione Granger, la amiga de Harry y Ron; la otra, menuda y pelirroja, era Ginny, la hermana pequeña de Ron.

—Y otra vez con lo de hermana pequeña —suspiró Ginny.

Las dos sonrieron a Harry, y él les sonrió a su vez, lo que provocó que Ginny se sonrojara: Harry le había gustado desde su primera visita a La Madriguera.

—Damos fe de ello —dijeron Ron, los gemelos y Percy. Ginny se sonrojo y los fulminó con la mirada.

—¿Qué tienes que decirme, Arthur? —repitió la señora Weasley en un tono de voz que daba miedo.

—Peligro, Peligro —dijeron Fred y George.

—Nada, Molly —farfulló el señor Weasley —. Fred y George sólo... He tenido unas palabras con ellos...

—¿Qué han hecho esta vez? —preguntó la señora Weasley —. Si tiene que ver con los «Sortilegios Weasley»...

—No sé ni para que dudo. ¡Estaba claro que tenía algo que ver con los dichosos Sortilegios Weasley!

—¿Por qué no le enseñas a Harry dónde va a dormir, Ron? —propuso Hermione desde la puerta.

—Ya lo sabe —respondió Ron

—No eres muy bueno con la sutileza, ¿eh, Weasley? —señaló Daphne con algo de burla.

—. En mi habitación. Durmió allí la última...

—Podemos ir todos —dijo Hermione, con una significativa mirada.

—Casi me faltaba mandarle el mensaje en código morse... ¡y eso que ni siquiera sé código morse! —exclamó Hermione.

—¡Ah! —exclamó Ron, cayendo en la cuenta—. De acuerdo.

—Sí, nosotros también vamos —dijo George.

—No cuela —dijo Jake.

—¡Vosotros os quedáis donde estáis! —gruñó la señora Weasley.

Harry y Ron salieron despacio de la cocina y, acompañados por Hermione y Ginny, emprendieron el camino por el estrecho pasillo y subieron por la desvencijada escalera que zigzagueaba hacia los pisos superiores.

—¿Qué es eso de los «Sortilegios Weasley»? —preguntó Harry mientras subían.

Ron y Ginny se rieron, pero Hermione no.

—No le encuentro la gracia —replicó Hermione.

—¡Venga, Hermione! ¡Es una idea genial! —protestó Ron.

—Mi madre ha encontrado un montón de cupones de pedido cuando limpiaba la habitación de Fred y George —explicó Ron en voz baja —. Largas listas de precios de cosas que ellos han inventado. Artículos de broma, ya sabes: varitas falsas y caramelos con truco, montones de cosas. Es estupendo: nunca me imaginé que hubieran estado inventando todo eso...

—Ni tú ni nadie —dijo Will—. Desde luego yo jamás lo habría sospechado.

—Hace mucho tiempo que escuchamos explosiones en su habitación, pero nunca supusimos que estuvieran fabricando algo —dijo Ginny—. Creíamos que simplemente les gustaba el ruido.

—Bueno, hay gente que escucha música y otras que hacen explosiones —dijo Emily.

—Lo que pasa es que la mayor parte de los inventos... bueno, todos, en realidad... son algo peligrosos

—No son peligrosos —replicaron los gemelos ofendidos.

y, ¿sabes?, pensaban venderlos en Hogwarts para sacar dinero. Mi madre se ha puesto furiosa con ellos. Les ha prohibido seguir fabricando nada y ha quemado todos los cupones de pedido... Además está enfadada con ellos porque no han conseguido tan buenas notas como esperaba...

—En realidad son mucho mejores de lo que nos esperábamos —reconoció Fred,

—Y dígame, señor Weasley... ¿cómo van a ser mucho mejores sus notas si cada uno solamente ha aprobado ¡tres TIMOS!? —exclamó McGongall.

—¿TRES? —exclamaron todos con sorpresa.

—Oh, sí —asintió George—. Los dos aprobamos Encantamientos y Defensa Contra las Artes Oscuras, y por mi parte yo aprobé Herbología.

—Y yo Transformaciones —añadió Fred.

—Y también ha habido broncas porque mi madre quiere que entren en el Ministerio de Magia como nuestro padre, y ellos le han dicho que lo único que quieren es abrir una tienda de artículos de broma —añadió Ginny.

—¡Es cierto! —exclamó Eli—. Lo dijeron antes.

Entonces se abrió una puerta en el segundo rellano y asomó por ella una cara con gafas de montura de hueso y expresión de enfado.

—Hola, Percy —saludó Harry.

—Ah, hola, Harry —contestó Percy —. Me preguntaba quién estaría armando tanto jaleo.

—Solamente estaban subiendo la escalera —dijo Sirius.

Intento trabajar,¿sabéis? Tengo que terminar un informe para la oficina, y resulta muy difícil concentrarse cuando la gente no para de subir y bajar la escalera haciendo tanto ruido.

—No hacemos tanto ruido —replicó Ron, enfadado—. Estamos subiendo con paso normal. Lamentamos haber entorpecido los asuntos reservados del Ministerio.

—¿En qué estás trabajando? —quiso saber Harry.

Ron se estiró para darle un golpe en el hombro.

—¿Yo para que te digo algo? —gruñó.

—Es un informe para el Departamento de Cooperación Mágica Internacional —respondió Percy con aires de suficiencia—. Estamos intentando estandarizar el grosor de los calderos. Algunos de los calderos importados son algo delgados, y el goteo se ha incrementado en una proporción cercana al tres por ciento anual...

—Eso cambiará el mundo —intervino Ron —. Ese informe será un bombazo. Ya me lo imagino en la primera página de El Profeta: «Calderos con agujeros.»

—Una noticia digna de salir en portada —dijo Sirius.

—Bueno, saliste tú así que no es tan difícil —replicó Reg.

Percy se sonrojó ligeramente.

—Puede que te parezca una tontería, Ron —repuso acaloradamente—, pero si no se aprueba una ley internacional bien podríamos encontrar el mercado inundado de productos endebles y de culo demasiado delgado que pondrían seriamente en peligro...

—Eso es cierto —asintió Lily—. Si el grosor de los calderos es demasiado delgado, podría afectar a la elaboración de pociones.

—Sí, sí, de acuerdo —interrumpió Ron, y siguió subiendo.

Percy cerró la puerta de su habitación dando un portazo. Mientras Harry, Hermione y Ginny seguían a Ron otros tres tramos, les llegaban ecos de gritos procedentes de la cocina. El señor Weasley debía de haberle contado a su mujer lo de los caramelos.

—¡Vaya, Harry! ¿Qué comes que adivinas? —se burló George.

La habitación donde dormía Ron en la buhardilla de la casa estaba casi igual que el verano anterior:

—Pero si el verano anterior no estuviste —señaló Jake—. Sería "estaba igual que hace dos veranos".

los mismos pósters del equipo de quidditch favorito de Ron, los Chudley Cannons, que daban vueltas y saludaban con la mano desde las paredes y el techo inclinado; y en la pecera del alféizar de la ventana, que antes contenía huevas de rana, había una rana enorme.

—Mirad, el ciclo de la vida —dijo Will.

Ya no estaba Scabbers, la vieja rata de Ron,

—Sería muy raro si estuviese allí —dijo Ron.

—Aunque nos habría hecho el trabajo más fácil —dijo Sirius.

pero su lugar lo ocupaba la pequeña lechuza gris que había llevado la carta de Ron a Privet Drive para entregársela a Harry. Daba saltos en una jaulita y gorjeaba como loca.

—¡Cállate, Pig! —le dijo Ron, abriéndose paso entre dos de las cuatro camas que apenas cabían en la habitación—. Fred y George duermen con nosotros porque Bill y Charlie ocupan su cuarto —le explicó a Harry—. Percy se queda la habitación toda para él porque tiene que trabajar.

—Yo creo que eso es excusa —dijo Fred.

—Claro que no —replicó Percy, indignado.

—Claro que no, Gred —añadió George—. Seguramente tendría que mandarle cartas a su novia y necesitaba tranquilidad.

La sala se rió ante las orejas coloradas de la vergüenza de Percy.

—¿Por qué llamas Pig a la lechuza? —le preguntó Harry a Ron.

—Porque es tonto —respondió Ginny.

—Porque es tonto —dijo Ginny

—Ginny, no cambias mucho, ¿eh?

—. Su verdadero nombre es Pigwidgeon.

—Sí, y ése no es un nombre tonto —contestó sarcásticamente Ron—

—¡Claro que no es tonto! —exclamó Ginny.

—A mí me gusta —dijo Luna.

—¿Lo ves? —dijo Ginny señalando a Luna—. Luna esta conmigo.

Ron simplemente puso los ojos en blanco.

. Ginny lo bautizó. Le parece un nombre adorable. Yo intenté cambiarlo, pero era demasiado tarde: ya no responde a ningún otro. Así que ahora se ha quedado con Pig. Tengo que tenerlo aquí porque no gusta a Errol ni a Hermes. En realidad, a mí también me molesta.

—Pues a mí no me importaría tenerla —dijo Ginny.

—¡Ni hablar! —negó Ron al instante—. Quiero decir... es un regalo de Sirius. No puedo ir regalandola por ahí.

Pigwidgeon revoloteaba veloz y alegremente por la jaula, gorjeando de forma estridente. Harry conocía demasiado a Ron para tomar en serio sus palabras: siempre se había quejado de su vieja rata Scabbers, pero cuando creyó que Crookshanks, el gato de Hermione, se la había comido, se disgustó muchísimo.

—Por lo visto te conoce perfectamente —señaló Hermione con una sonrisa. La cara de Ron se calentó.

—¿Dónde está Crookshanks? —preguntó Harry a Hermione.

—Fuera, en el jardín, supongo. Le gusta perseguir a los gnomos; nunca los había visto.

—Entonces, ¿Percy está contento con el trabajo?

—Eso es quedarse corto —dijo Bill.

—inquirió Harry, sentándose en una de las camas y observando a los Chudley Cannons, que entraban y salían como balas de los pósters colgados en el techo.

—¿Contento? —dijo Ron con desagrado—. Creo que no habría vuelto a casa si mi padre no lo hubiera obligado. Está obsesionado. Pero no le menciones a su jefe. «Según el señor Crouch... Como le iba diciendo al señor Crouch... El señor Crouch opina... El señor Crouch me ha dicho...» Un día de éstos anunciarán su compromiso matrimonial.

Fred y George se miraron.

—En realidad hemos apostado sobre eso —dijo Fred—. Yo digo que lo anunciarán antes de Navidad.

—Y yo antes de las vacaciones de verano —añadió George.

—¿Has pasado un buen verano, Harry? —quiso saber Hermione—. ¿Recibiste nuestros paquetes de comida y todo lo demás?

—Sí, muchas gracias —contestó Harry—. Esos pasteles me salvaron la vida.

—Y lo digo literalmente. Si hubiese llegado ha hacer la misma dieta que los Dursley, posiblemente me habría muerto del hambre.

—¿Y has tenido noticias de...? —comenzó Ron, pero se calló en respuesta a la mirada de Hermione.

Harry se dio cuenta de que Ron quería preguntarle por Sirius.

—Claro, Ron. Pregúntale a tu mejor amigo si ha estado en contacto con un preso fugado, y además extremadamente peligroso, delante de tu hermana, quién no sabe nada —dijo Will.

Ron y Hermione se habían involucrado tanto en la fuga de Sirius que estaban casi tan preocupados por él como Harry. Sin embargo, no era prudente hablar de él delante de Ginny. A excepción de ellos y del profesor Dumbledore, nadie sabía cómo había escapado Sirius ni creía en su inocencia.

—Podíais habérmelo contado —dijo Ginny—. Seguramente os hubiese creído.

—Ese seguramente no me ha sonado muy fiable —susurró Ron a Hermione.

—Creo que han dejado de discutir —dijo Hermione para disimular aquel instante de apuro, porque Ginny miraba con curiosidad tan pronto a Ron como a Harry

—Suerte que Hermione estaba allí —rió Neville.

—. ¿Qué tal si bajamos y ayudamos a vuestra madre con la cena?

—De acuerdo —aceptó Ron.

Los cuatro salieron de la habitación de Ron, bajaron la escalera y encontraron a la señora Weasley sola en la cocina, con aspecto de enfado.

—Después de lo ocurrido con Fred y George me extrañaría que mamá estuviese contenta —dijo Bill.

—Por cierto, ¿vosotros os quedasteis allí? —preguntó Ron a sus hermanos.

—¡Claro que no! —respondió Charlie—. Nos salimos fuera a espiar... —Bill le dio un codazo—. Digo a empezar a preparar la mesa.

—Vamos a comer en el jardín —les dijo en cuanto entraron—. Aquí no cabemos once personas.

—Si apenas cabemos los de siempre, vamos a caber once —murmuró Ginny.

¿Podríais sacar los platos, chicas? Bill y Charlie están colocando las mesas. Vosotros dos, llevad los cubiertos —les dijo a Ron y a Harry. Con más fuerza de la debida, apuntó con la varita a un montón de patatas que había en el fregadero, y éstas salieron de sus mondas tan velozmente que fueron a dar en las paredes y el techo—. ¡Dios mío! — exclamó, apuntando con la varita al recogedor, que saltó de su lugar y empezó a moverse por el suelo recogiendo las patatas—. ¡Esos dos! —estalló de pronto, mientras sacaba cazuelas del armario. Harry comprendió que se refería a Fred y a George—. No sé qué va a ser de ellos, de verdad que no lo sé. No tienen ninguna ambición,

—¿Cómo que no tienen ambición? —preguntó James con el ceño fruncido—. Porque querer abrir una tienda, aunque sea de broma, me parece una buena ambición.

a menos que se considere ambición dar tantos problemas como pueden.

Fred y George resoplaron ante esa frase.

Depositó ruidosamente en la mesa de la cocina una cazuela grande de cobre y comenzó a dar vueltas a la varita dentro de la cazuela. De la punta salía una salsa cremosa conforme iba removiendo.

—No es que no tengan cerebro —prosiguió irritada, mientras llevaba la cazuela a la cocina y encendía el fuego con otro toque de la varita—, pero lo desperdician, y si no cambian pronto, se van a ver metidos en problemas de verdad. He recibido más lechuzas de Hogwarts por causa de ellos que de todos los demás juntos. Si continúan así terminarán en el Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia.

—¿Enserio, mamá? —dijo Fred, al final—. ¿De verdad nos crees capaz de meternos en líos con la justicia?

—Las lechuzas que recibo parecen indicar eso —replicó Molly.

—¡Venga ya, mamá! Lo que nosotros gastamos son solamente bromas. Nunca hemos molestado (a menos que se lo mereciese) ni herido a nadie —protestó George.

—Pues esa broma al primo de Harry no me parece eso —dijo Molly.

—Pero si ya lo hemos dicho —dijo Fred—. Los caramelos longuilinguos no son peligrosos... ¡Nosotros mismos probamos sus efectos mientras estábamos en la escuela!

—Además, papá estaba allí y sabíamos que él arreglaría el problema —añadió George.

—¿Y si el niño se hubiese comido el caramelo después de que vuestro padre se fuese, qué? —señaló Molly con el ceño fruncido.

—Le habríamos preguntado cuanto le creció la lengua, y al decirnos que no sabía de lo que hablaba, le habríamos dicho acerca del caramelo —respondió George con tranquilidad.

Molly se quedó en silencio, sin saber muy bien que decir.

—Vaya, me habéis sorprendido —dijo Daphne tras varios segundos en silencio—. Eso, sin duda, ha sido bastante Slytherin. —Astoria asintió. de acuerdo con su hermana.

Fred y George se miraron.

—A decir verdad el Sombrero Seleccionador estuvo tentado en mandarnos a Slytherin —confesó Fred—. Aunque al final se decantó por Gryffindor.

—¿De verdad? —preguntó Arthur con interés—. ¿Y a los demás? —preguntó mirando al resto de sus hijos.

—A mí me dijo que Ravenclaw sería una buena casa para mí —respondió Bill.

—Igual que a mí —dijo Percy.

—En mi caso estuve a punto de acabar en Hufflepuff —dijo Charlie.

—¿De verdad? —preguntó Tonks con asombro—. Pues es una pena que no terminásemos en la misma casa.

—El sombrero me dijo que lo haría mejor en Hufflepuff que en Gryffindor. Pero como ya había visto que el accidente con patas estaba en esa casa, le supliqué que me mandase a Gryffindor.

—¿El accidente con patas? ¿A quién te...? —La luz se hizo en la cabeza de Tonks—. ¡Eh!

—¿Y tú, Ron? —preguntó Hermione, interrumpiendo la pelea entre Charlie y Tonks.

—También me sugirió que Hufflepuff era una buena casa —respondió Ron—. En cuanto a Ginny...

Todos miraron a la pelirroja, esperando que ella respondiese.

—A mí me mando a Gryffindor ni bien me rozó la cabeza —dijo Ginny—. Es más, varios de vosotros estuvisteis allí. Visteis lo que ocurrió.

—Cierto, cierto...

La señora Weasley tocó con la varita el cajón de los cubiertos, que se abrió de golpe. Harry y Ron se quitaron de en medio de un salto cuando algunos de los cuchillos salieron del cajón, atravesaron volando la cocina y se pusieron a cortar las patatas que el recogedor acababa de devolver al fregadero.

—No sé en qué nos equivocamos con ellos

Fred y George resoplaron.

—dijo la señora Weasley posando la varita y sacando más cazuelas—. Llevamos años así, una cosa detrás de otra, y no hay manera de que entiendan...

—¿Entender el qué? —preguntó George—. ¡Pero si eres tú la que no quiere entendernos a nosotros!

—¡¿Y cómo queréis que os entienda si os empeñáis en perseguir un sueño?! —estalló Molly—. ¡¿Queréis abrir una tienda de bromas?! ¡Pues adelante, abridla! ¡Veamos quién tiene razón cuando la tienda cierre, estéis en la calle y os tengáis que ver obligados a delinquir para sobrevivir!

Tras las palabras de Molly Weasley la sala se sumió en un tenso silencio. Entonces, sin mediar palabra, Fred y George se levantaron y abandonaron la habitación.

—Creo que te has pasado con ellos, Molly —dijo Arthur mientras un portazo sonaba a lo lejos—. No hacía falta ser tan dura.

—Puede que sí, Arthur. Pero es necesario que comprendan que no es tan fácil como lo pintan.

—Esto... ¿puedo decir algo? —pidió en ese momento Luna.

—Por supuesto, señorita Lovegood —respondió el director.

—Bueno... Alan ha mencionado que en el futuro usan los caramelos longuilinguos para gastar bromas —señaló la rubia—. Así que no creo que sea inteligente decir que ellos van a fracasar con la idea de abrir una tienda de broma.

—Eso no quiere decir nada —replicó Hermione—. Perfectamente los gemelos podrían haber vendido sus ideas a otras personas.

—Puede ser, pero no lo creo —dijo Luna—. Por su expresión, se puede decir que Alan parece conocer el nombre de Sortilegios Weasley. Así que puedo suponer que en futuro lograron su objetivo, ¿no?

Alan, quién estaba sorprendido por lo dicho con Luna, simplemente asintió.

—Vaya... —murmuró Molly—. Creo que le debo una disculpa a los chicos.

—Creo que será lo mejor —asintió su esposo.

¡OH, NO, OTRA VEZ!

Al coger la varita de la mesa, ésta lanzó un fuerte chillido y se convirtió en un ratón de goma gigante.

—Eso ha sido bueno —dijo Sirius.

—Creo que la varita podría tener un encantamiento para reconocer a unas personas en concreto, y al tocarla una persona no registrada, el hechizo se activa —murmuró Reg.

—¡Otra de sus varitas falsas! —gritó—. ¿Cuántas veces les he dicho a esos dos que no las dejen por ahí?

Cogió su varita auténtica, y al darse la vuelta descubrió que la salsa humeaba en el fuego.

—Vamos —le dijo Ron a Harry apresuradamente, cogiendo un puñado de cubiertos del cajón—. Vamos a echar les una mano a Bill y a Charlie.

—¿Echar una mano? —repitió Bill—. ¿Tú recuerdas si nos echaron una mano, Charlie?

—Me parece que no lo hicieron —respondió el segundo hermano Weasley—. A menos que con echar una mano se refiera a dejar los cubiertos sobre la mesa para que nosotros los pusiéramos.

—¡Pero si lo pusisteis con la varita! —protestó Ron.

Dejaron sola a la señora Weasley y salieron al patio por la puerta de atrás.

Apenas habían dado unos pasos cuando Crookshanks, el gato color canela y patizambo de Hermione, salió del jardín a toda velocidad con su cola de cepillo enhiesta y persiguiendo lo que parecía una patata con piernas llenas de barro.

—Pues si que le han gustado los gnomos —dijo Sally.

—Lo dije.

Harry recordó que aquello era un gnomo. Con su palmo de altura, golpeaba en el suelo con los pies como los palillos en un tambor mientras corría a través del patio, y se zambulló de cabeza en una de las botas de goma que había junto a la puerta. Harry oyó al gnomo riéndose a mandíbula batiente mientras Crookshanks metía la pata en la bota intentando atraparlo.

Hermione suspiró y negó con la cabeza con cariño.

Al mismo tiempo, desde el otro lado de la casa llegó un ruido como de choque.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó Lily.

Comprendieron qué era lo que había causado el ruido cuando entraron en el jardín y vieron que Bill y Charlie blandían las varitas haciendo que dos mesas viejas y destartaladas volaran a gran altura por encima del césped, chocando una contra otra e intentando hacerse retroceder mutuamente.

—¡Bill! ¡Charlie! —regañó Molly mientras el resto reía.

—¿Al final quién ganó? —preguntó Regulus con interés.

—¡Yo! —sonrió Bill.

—Él —gruñó Charlie.

Fred y George gritaban entusiasmados, Ginny se reía y Hermione rondaba por el seto, aparentemente dividida entre la diversión y la preocupación.

La mesa de Bill se estrelló contra la de Charlie con un enorme estruendo y le rompió una de las patas.

—Definitivamente el ganador fue Bill —rió Jake.

Se oyó entonces un traqueteo, y, al mirar todos hacia arriba, vieron a Percy asomando la cabeza por la ventana del segundo piso.

—¿Queréis hacer menos ruido? —gritó.

—Uno intenta trabajar y no dejan de hacer ruido —masculló Percy.

—Lo siento, Percy —se disculpó Bill con una risita—. ¿Cómo van los culos de los calderos?

—Muy mal —respondió Percy malhumorado,

—Ya lo habíamos notado —dijo Sirius.

y volvió a cerrar la ventana dando un golpe. Riéndose por lo bajo, Bill y Charlie posaron las mesas en el césped, una pegada a la otra, y luego, con un toquecito de la varita mágica, Bill volvió a pegar la pata rota e hizo aparecer por arte de magia unos manteles.

A las siete de la tarde, las dos mesas crujían bajo el peso de un sinfín de platos que contenían la excelente comida de la señora Weasley, y los nueve Weasley, Harry y Hermione tomaban asiento para cenar bajo el cielo claro, de un azul intenso. Para alguien que había estado alimentándose todo el verano de tartas cada vez más pasadas,

Lily masculló algo sobre hacerle una visita de "cortesía" a su hermana.

aquello era un paraíso, y al principio Harry escuchó más que habló mientras se servía empanada de pollo con jamón, patatas cocidas y ensalada.

Al otro extremo de la mesa, Percy ponía a su padre al corriente de todo lo relativo a su informe sobre el grosor de los calderos.

Arthur cerró los ojos, recordando lo pesado que había estado Percy con el tema.

—Le he dicho al señor Crouch que lo tendrá listo el martes —explicaba Percy dándose aires —. Eso es algo antes de lo que él mismo esperaba, pero me gusta hacer las cosas aún mejor de lo que se espera de mí. Creo que me agradecerá que haya terminado antes de tiempo. Quiero decir que, como ahora hay tanto que hacer en nuestro departamento con todos los preparativos para los Mundiales, y la verdad es que no contamos con el apoyo que necesitaríamos del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos... Ludo Bagman...

—Ludo me cae muy bien —dijo el señor Weasley en un tono afable —. Es el que nos ha conseguido las entradas para la Copa.

—Pues al parecer ya sé a quién agradecerle que mi hijo pueda asistir a la final del mundial —dijo James.

Yo le hice un pequeño favor: su hermano, Otto, se vio metido en un aprieto a causa de una segadora con poderes sobrenaturales, y arreglé todo el asunto...

—Desde luego, Bagman es una persona muy agradable —repuso Percy desdeñosamente—, pero no entiendo cómo pudo llegar a director de departamento. ¡Cuando lo comparo con el señor Crouch...!

—Eso no tiene nada que ver —dijo Remus—. Bagman podría poseer otras cualidades distintas a las de Crouch que le hacen válido del puesto del director de su departamento.

Desde luego, si se perdiera un miembro de nuestro departamento, el señor Crouch intentaría averiguar qué ha sucedido. ¿Sabes que Bertha Jorkins lleva desaparecida ya más de un mes?

La sala se miró, sabiendo que Bertha ya estaba muerta.

Se fue a Albania de vacaciones y no ha vuelto...

—Sí, le he preguntado a Ludo —dijo el señor Weasley, frunciendo el entrecejo—. Dice que Bertha se ha perdido ya un montón de veces. Aunque, si fuera alguien de mi departamento, me preocuparía...

—Creo que cualquiera se disculparía si alguien llevase desaparecido más de un mes —dijo Cedric.

—Por supuesto, Bertha es un caso perdido —siguió Percy —. Creo que se la han estado pasando de un departamento a otro durante años: da más problemas de los que resuelve. Pero, aun así, Ludo debería intentar encontrarla. El señor Crouch se ha interesado personalmente... Ya sabes que ella trabajó en otro tiempo en nuestro departamento, y creo que el señor Crouch le tiene estima.

—Me cuesta creer eso —dijo Moody—. Crouch nunca ha sido alguien que se preocupase por la gente que le rodea.

Pero Bagman no hace más que reírse y decir que ella seguramente interpretó mal el mapa y llegó hasta Australia en vez de Albania.

—Eso esta muy lejos como para equivocarse —dijo Will.

En fin —Percy lanzó un impresionante suspiro y bebió un largo trago de vino de saúco—, tenemos ya bastantes problemas en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional para que intentemos encontrar al personal de otros departamentos. Como sabes, hemos de organizar otro gran evento después de los Mundiales. —Se aclaró la garganta como para llamar la atención de todos, y miró al otro extremo de la mesa, donde estaban sentados Harry, Ron y Hermione, antes de continuar—: Ya sabes de qué hablo, papá —levantó ligeramente la voz —: el asunto ultrasecreto.

—¡Señor Weasley! —regañó McGonagall a su ex-alumno.

Ron puso cara de resignación y les susurró a Harry y a Hermione:

—Ha estado intentando que le preguntemos de qué se trata desde que empezó a trabajar.

—Y por supuesto, aunque le preguntéis no os responderá —dijo Emily.

Seguramente es una exposición de calderos de culo delgado.

En el medio de la mesa, la señora Weasley discutía con Bill a propósito de su pendiente, que parecía ser una adquisición reciente.

—... con ese colmillazo horroroso ahí colgando... Pero ¿qué dicen en el banco?

—Mamá, en el banco a nadie le importa un comino lo que me ponga mientras ganen dinero conmigo —explicó Bill con paciencia.

—Y así tendría que ser en todos los trabajos —dijo Tonks—. Mientras hagas bien tu trabajo, da igual que lleves o dejes de llevar.

Muchas veces Tonks había tenido problemas para conseguir que la tomasen en serio en la Oficina de Aurores por el simple hecho de llevar el pelo de color rosa.

—Y tu pelo da risa, cielo —dijo la señora Weasley, acariciando su varita —. Si me dejaras darle un corte...

—Por mucho que insistas, mamá, eso jamás ocurrirá.

—A mí me gusta —declaró Ginny, que estaba sentada al lado de Bill—. Tú estás muy anticuada, mamá. Además, no tienes más que mirar el pelo del profesor Dumbledore...

—La señorita Weasley tiene razón, Molly —dijo Dumbledore con diversión—. Estoy seguro de que si lo permites, el joven William llegaría a tener una barba tan magnifica como la mía. ¡Puede que incluso mejor!

—Yo mejor le dejo el tema de la barba a usted, profesor —se apresuró a decir Bill.

—¿De verdad? Pues vaya, es una lástima —se lamentó el anciano—. Estaba dispuesto a contarte algunas cosas para que la barba creciese sana y lustrosa.

Junto a la señora Weasley, Fred, George y Charlie hablaban animadamente sobre los Mundiales.

—Va a ganar Irlanda —pronosticó Charlie con la boca llena de patata—. En las semifinales le dieron una paliza a Perú.

—Ya, pero Bulgaria tiene a Viktor Krum —repuso Fred.

Cedric tuvo que morderse el labio para no decir que Irlanda ganó.

—Krum es un buen jugador, pero Irlanda tiene siete estupendos jugadores —sentenció Charlie —. Ojalá Inglaterra hubiera pasado a la final. Fue vergonzoso, eso es lo que fue.

—Ni que lo digas —asintió Cedric.

—¿Qué ocurrió? —preguntó interesado Harry, lamentando más que nunca su aislamiento del mundo mágico mientras estaba en Privet Drive. Harry era un apasionado del quidditch. Jugaba de buscador en el equipo de Gryffindor desde el primer curso, y tenía una Saeta de Fuego, una de las mejores escobas de carreras del mundo.

—Fue derrotada por Transilvania, por trescientos noventa a diez

—Eso es peor que malo —bufó James con asombro.

—repuso Charlie con tristeza—. Una actuación terrorífica. Y Gales perdió frente a Uganda, y Escocia fue vapuleada por Luxemburgo.

—Fue una racha de muy mala suerte —dijo Will.

Antes de que tomaran el postre, helado casero de fresas, el señor Weasley hizo aparecer mediante un conjuro unas velas para alumbrar el jardín, que se estaba quedando a oscuras, y para cuando terminaron, las polillas revoloteaban sobre la mesa y el aire templado olía a césped y a madreselva. Harry había comido maravillosamente y se sentía en paz con el mundo mientras contemplaba a los gnomos que saltaban entre los rosales, riendo como locos y corriendo delante de Crookshanks.

Ron observó con atención al resto de su familia para asegurarse de que estaban todos distraídos hablando y le preguntó a Harry en voz muy baja:

—¿Has tenido últimamente noticias de Sirius?

Hermione vigilaba a los demás mientras no se perdía palabra.

—Sí —dijo Harry también en voz baja—, dos veces. Parece que está muy bien. Anteayer le escribí. Es probable que envíe la contestación mientras estamos aquí.

—Bueno, todo depende de dónde me encuentre en ese momento —dijo Sirius.

Recordó de pronto el motivo por el que había escrito a Sirius y, por un instante, estuvo a punto de contarles a Ron y a Hermione que la cicatriz le había vuelto a doler y el sueño que había tenido... pero no quiso preocuparlos precisamente en aquel momento en que él mismo se sentía tan tranquilo y feliz.

Ron y Hermione golpearon a Harry en el brazo. Por supuesto, segundos más tarde, Ginny le golpeó de nuevo.

—Mirad qué hora es —dijo de pronto la señora Weasley, consultando su reloj de pulsera—. Ya tendríais que estar todos en la cama, porque mañana os tendréis que levantar con el alba para llegar a la Copa. Harry, si me dejas la lista de la escuela, te puedo comprar las cosas mañana en el callejón Diagon. Voy a comprar las de todos los demás porque a lo mejor no queda tiempo después de la Copa. La última vez el partido duró cinco días.

—¡Ostras! ¡Esa snitch debía de ser escurridiza! —dijo James.

—¡Jo! ¡Espero que esta vez sea igual! —dijo Harry entusiasmado.

—Bueno, pues yo no —replicó Percy en tono moralista—. Me horroriza pensar cómo estaría mi bandeja de asuntos pendientes si faltara cinco días del trabajo.

—Desde luego, alguien podría volver a ponerte una caca de dragón, ¿eh, Percy? —dijo Fred.

—Adivino. Hicieron eso, ¿no? —dijo Regulus.

—¡Solamente era una muestra de fertilizante proveniente de Noruega! —exclamó Percy.

—¡Era una muestra de fertilizante proveniente de Noruega! —respondió Percy, poniéndose muy colorado—. ¡No era nada personal!

—¿Veis?

—Sí que lo era —le susurró Fred a Harry, cuando se levantaban de la mesa—. Se la enviamos nosotros.

La sala estalló en carcajadas mientras Charlie anunciaba el final del capítulo.

—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó Charlie—. ¿Empezamos a leer o esperamos a que Fred y George vengan de nuevo?

—Mejor los esperamos —decidió Dumbledore.

Y todos se dividieron en pequeños grupos para hablar entre ellos.


*: Rowling creó a ese personaje para ponerlo en los libros, pero al final no lo hizo. En teoría iba a salir por primera vez en este libro, siendo una Slytherin y se encargaría de espiar a los hijos de los mortífagos para darle información al trío. Una verdadera lástima que al final Rowling decidiese no ponerla, porque habría sido un personaje genial para mostrarnos que no todos los Slytherin son malos antes de las participaciones de Regulus y Snape en el último libro.


Hola gente.

Sexto capítulo. La verdad es que creo que este capítulo ha dado algo más de chicha que los anteriores, aunque tampoco es que sea muy largo.

Bueno, la verdad es que no tengo mucho que comentar, aparte de que he terminado el capítulo mucho antes de lo que me imaginaba. Por si alguien le interesa, podéis buscar información sobre el personaje de Mafalda en la wiki de Harry Potter (aunque solamente lo he visto en la de inglés).

Se despide,

Grytherin18-Friki