Descargo de responsabilidad: Akatsuki no Yona pertenece a la maravillosa Kusanagi sensei.

Este fic participa en la actividad Momentos perdidos del foro "El feliz grupo de hambrientos".

Personaje seleccionado: Yoon. Arco: Alianza con Soo-Won.

¡Felices fiestas en lo posible!


EL PRINCIPIO DE UN SUEÑO

Cuando Kye-Sook cumplió su parte del trato y lo puso en contacto con los médicos de la corte para ser instruido en medicina, la idea de lo que en verdad podría encontrarse ni siquiera había pasado por su cabeza.

La primera vez que Yoon entró en la Biblioteca Real sus sentidos fueron tomados por asalto: el olor, espeso y rancio, de la tinta y la cera de las velas, del aceite de los candiles; las quedas voces de los estudiosos allí reunidos, el rasgueo susurrado de aplicadas plumas volando sobre el papel; la luz del sol, que desde los altos ventanales no alcanzaba a iluminar toda la estancia, y que creaba anchas rayas de luz en las que danzaban motitas diminutas de polvo. Pero sobre todo, lo que sintió golpearle el pecho, casi como si fuera físico, fue la visión de los libros…

Libros, libros y más libros… Desde la puerta, aún sin reponerse del impacto de la vez primera, Yoon puede ver pasillos y pasillos con estanterías cargadas de libros, salpicadas de escaleras que llevaban a niveles superiores donde había más libros… Encuadernaciones de lujoso cuero, fajos de grueso papel, amarillento por los años, con elaborados nudos de cordones rojos, largos rollos atados con sellos de lacre, libros de lomos cosidos con grueso hilo, otros de tablillas de bambú entretejidas, pizarras apiladas con anotaciones rápidas…

Libros… ¡Libros!

A Yoon la cabeza le daba vueltas (casi igual que aquella y única vez que había probado el sake de Jae-Ha), sintiendo el vértigo en la boca del estómago y cómo su sangre se agitaba más viva que nunca en reconocimiento a su primer sueño. Ese que nació en él cuando ya no tuvo que preocuparse del fantasma del hambre.

Un sueño mimado y alimentado en secreto, cuando aún le daba miedo decirlo en voz alta, allá en la cabaña del valle, mientras pasaba las páginas del libro que Ik-Soo le había encontrado en la basura, y que aún conservaba envuelto con esmero en el petate que llevaba a la espalda. Con las esquinas desgastadas, el lomo prácticamente desencuadernado, y alguna mancha de suciedad de colores extraños en los que prefería no pensar… Un libro maltrecho —su primer y único libro— que había sobrevivido a batallas y andanzas en los caminos.

"Quiero leer todos los libros del mundo", le había dicho una vez a Yona, lleno de desafiante orgullo. ¡Pero qué tontería! Porque ahora sabe que una vida entera no le alcanzaría. Ni dos, ni tres… Ni siquiera con el poder de Zeno podría, porque tal cosa era imposible. Pero el cielo lo permita, él podría intentarlo…

Aunque de una cosa sí que estaba bien seguro… Si no pudiera leerlos todos, sí que podría llegar a ser un buen médico. ¿Pero qué dice? Un buen médico no. ¡El mejor! Sí, eso era definitivamente más realista…

¡El mejor y el más guapo! Ajá, por supuesto que sí, mejor todavía…

Yoon se llevó la mano al hombro y se aferró a la correa de su petate, sintiendo el familiar peso del viejo libro sobre su espalda. Luego, le dedicó un pensamiento agradecido a aquel inútil que lo había despedido de su lado para que pudiera cumplir un sueño.

Y con el aliento contenido en la garganta, Yoon dio un paso al frente y traspasó el umbral.