Disclaimer: Los personajes del MCU no me pertenecen.
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Nueva Dehli, 10 de diciembre de 2012
Querido Steve:
Espero que estés disfrutando de tus vacaciones, y que esta postal te llegue antes de que tengas que volver al servicio. Mi estadía en la India está bien. Me paso los días meditando y tratando de encontrarme a mí misma con el gurú de Tony, y aunque me he vuelto una experta en yoga creo que es hora de seguir con mi viaje.
Estaré saliendo para Bali hoy en la tarde, así que espero pasar la navidad junto a una bonita palmera y un trago en mi mano. Allá tendré conexión a internet, así que lo siento, pero te enviaré mensajes y mails en lugar de escribir como si estuviéramos en el siglo pasado (en serio, eres muy raro).
En fin. Te enviaré otra postal desde mi nuevo destino por mensaje. Cuídate mucho.
Te quiere,
Pepper.
Steve sonrió y volteó la postal para contemplar una imagen del templo donde estaba alojándose su amiga. Era una bonita y antigua construcción sobre alguna montaña, que transmitía mucha paz con solo verla.
Pepper había decidido tomarse algunos meses para viajar después de que su bebé hubiese nacido sin vida y divorciarse de Happy. Ellos aún eran buenos amigos, pero Virginia había pasado por demasiado dolor en muy poco tiempo, y aunque seguían sintiendo mucho amor por el otro, su matrimonio no pudo superar la difícil prueba que había sido perder a su niña, por lo que decidió recorrer el mundo para intentar sanar sus heridas y encontrarse a sí misma nuevamente. Steve admiraba su fuerza y espíritu, y se había mantenido siempre en contacto con ella desde que había iniciado su viaje.
A pesar de los años, los dos seguían siendo buenos amigos, aún cuando Pepper seguía sin soportar a Bucky y viceversa.
Sonriendo al recordar esa aversión de niños entre dos de sus mejores amigos, el soldado dejó la postal en una repisa junto a otras y algunas fotografías que se exhibían en mitad de la sala. Algunas eran de sus amigos del Comando Aulladores, mismo que había comenzado a capitanear luego del rescate exitoso de Bucky y los demás soldados, otras de su infancia y sus amigos de la preparatoria. Su mirada entonces se posó sobre una imagen en particular, enmarcada en un cuadro de madera, donde Natasha, Bucky y él sonreían para la cámara fuera de la iglesia en el día de su boda.
Steve suspiró y rememoró el momento. Esa había sido la última vez que habían estado los tres juntos, poco antes de que Bucky y él volvieran al servicio activo y Natasha se fuera de gira con su compañía de ballet por Europa. Ya habían pasado casi tres años desde aquel día, aunque seguía viendo a su mejor amigo, quien ahora era parte de su nuevo escuadrón de rescate, pero no así a Natasha. Steve la extrañaba, pero ambos habían pasado los últimos años demasiado ocupados para coincidir, por lo que solían comunicarse por videollamadas, mensajes o cartas.
Para Bucky también era difícil llevar un matrimonio así, sin saber cuándo serían llamados a servicio ni en qué lugar, pero él y Natasha habían conseguido apañárselas bien los últimos años entre viajes y sus respectivas carreras, y planeaban formar una familia pronto. Y aunque había sido difícil al principio tener que renunciar a sus sentimientos definitivamente, con los años Steve había llegado a sentirse feliz por ellos, honestamente feliz por sus dos mejores amigos. En realidad, se había adaptado muy bien a todos los cambios que el tiempo había traído a su vida. Y vivir lejos de Nat había sido uno de ellos.
Y como si la hubiera llamado con el pensamiento, su teléfono sonó con un nuevo mensaje en la bandeja de entrada de su correo electrónico, así que Steve deslizó un dedo por la pantalla y sonrió, leyendo en silencio.
Querido Steve:
Espero que hayas recibido mi tarjeta, ya que, si mis cálculos no me fallan, estarás en casa ahora mismo.
El ballet hará una pausa en París hasta después de navidad, así que estoy esperando a que Bucky salga en su permiso para reunirnos aquí.
¿Qué haces tú?
Steve suspiró y de reojo contempló la postal que también había llegado esa mañana, donde un Bucky vestido de Santa sonreía detrás de su abundante barba blanca, con su esposa vestida de elfo sentada en sus piernas.
Querida Nat:
No mucho. Lamento no haber enviado tarjeta este año, pero hemos estado ocupados. Paso tan poco tiempo aquí que hay muchas reparaciones por hacer. Mañana volaremos a Nueva York a visitar a mamá, que no se ha sentido muy bien estos días. Y pasaremos la navidad con ella y la familia de Peggy. Luego te envío fotos.
Abrazos, Steve.
Steve envió el correo mientras iba de regreso a su habitación, y después dejó el teléfono sobre la mesa de noche, recostándose sobre la cama y abrazando a la mujer que seguía dormida bajo las mantas, despertándola con su peso.
—Mmm… ¿qué hora es? —preguntó, somnolienta, moviéndose para amoldarse a sus brazos y su cuerpo. Y Steve sonrió, abrazándola con más fuerza.
—Son casi las ocho —murmuró, acomodando su cabeza sobre el hombro de la muchacha con pereza —. ¿Tienes que trabajar hoy?
La joven se removió sobre la cama, dándose la vuelta para darle un beso de buenos días.
—No, pedí el día para terminar de empacar —informó, sonriente —, así que, por veinticuatro horas, seré solo tuya.
—Mm, eso suena interesante —Steve la besó de regreso, poniéndose sobre ella mientras quitaba las mantas del medio y metía las manos bajo su pijama. Ella le ayudó a quitarse la camisa, pero antes de que pudiera abrir el último botón, un teléfono sonó, y, resignado, Steve se hizo a un lado, dejándola contestar.
—Agente Carter —respondió Sharon, sentándose sobre la cama mientras Steve rodaba sobre su espalda, bufando —Sí, señor. Estoy al tanto. Claro que puedo hablar —Sharon miró a Steve con un gesto de disculpa, y él suspiró, abrochándose la camisa y levantándose otra vez de la cama para empezar a preparar el desayuno mientras su novia seguía al teléfono.
Sharon y él llevaban casi dos años de relación, y aunque pasaban largas temporadas separados por sus respectivas profesiones, las cosas funcionaban bien para ambos. Los dos se entendían bien, y podían sobrellevar la distancia perfectamente. Sharon era una mujer independiente, dulce, lista y muy hermosa, una buena compañera y una excelente agente del FBI. No había nada que reprocharle, ella era simplemente perfecta en cada aspecto, y los dos podrían construir una gran vida juntos y ser felices. Su madre siempre se lo recordaba, y lo animaba a no dejar que una mujer así se le escapara.
Steve sonrió para sus adentros y recordó enviarle un mensaje a Sarah, su madre, con el número y horario de su vuelo, concentrándose en preparar las tostadas francesas que Sharon tanto amaba, cuando miró hacia la entrada de la cocina, y se sorprendió de ver a su novia vestida y lista para el trabajo. Y entonces solo volvió a sonreír, resignado a lo que pasaría a continuación, pues él también había hecho lo mismo decenas de veces.
—En mi fantasía usabas menos ropa —bromeó, frunciendo el ceño con falso enojo. Sharon rio, terminando de arreglar su camisa dentro de sus pantalones entallados de pana antes de tomar una tostada y darle una mordida mientras Steve le servía su acostumbrada taza de café.
—Lo siento, cariño, pero habrá una redada y debo estar ahí.
—¿Debes? —Steve frunció el ceño, de verdad esta vez, y Sharon resopló, frunciendo el ceño también mientras se ponía el chaleco reglamentario sobre la camisa.
—Este es mi caso, Steve. He trabajado casi un año en él, y quiero estar ahí cuando atrapen a esos malditos —protestó; Steve, algo culpable, dejó de servir el café para rodear la isla de la cocina y abrazarla.
—Lo sé, lo entiendo —anunció, dándole un rápido beso en los labios antes de mirarla a los ojos —. Solo ten cuidado. Sé que eres una agente excepcional, pero eso no te hace inmune a las balas.
—¿Y me lo dice un soldado que se pierde seis meses en quién sabe qué parte del desierto afgano? —volvió a reír Sharon, besándole la punta de la nariz.
—Touché —respondió el soldado, devolviéndole el beso antes de que su novia se alejara con su taza de café.
—De cualquier forma, tienes que ir por Sam al aeropuerto. ¿A qué hora llega su vuelo?
—Hará escala en... —Steve consultó su reloj —tres horas. Tengo tiempo de pasar a dejar la ropa sucia en la lavandería y hacer las compras. También debo ir a Home Depot para comprar algunos estantes que quiero instalar antes de irnos.
—¿Por qué no llevas a Sam contigo? Cuatro brazos son mejores que dos —bromeó la mujer de cabello rubio antes de darle un sorbo a su café, cerrando los ojos unos segundos y disfrutando del sabor. Steve rio, sirviéndose su propio desayuno.
—No me vendría mal un poco de ayuda —admitió, sentándose a la mesa para servirse un vaso de jugo de naranja —Después podemos ir por una pizza a Domenico's. ¿Crees que puedas alcanzarnos a almorzar?
—Mmm...No lo sé. Después del operativo habrá mucho papeleo del que encargarme antes de nuestras vacaciones —declaró su novia, poniéndose la chaqueta antes de tomar su bolso, su taza de café y un bagel —. Dile a Sam que lamento no poder ir a recibirlo.
—Está bien —respondió Steve, dándole otro beso rápido antes de que se fuera —. De todas formas, te veremos en la noche.
—Es una cita, soldado —Sharon le quiñó un ojo, sujetando sus llaves junto al bagel —Te amo.
—Y yo a ti —respondió Steve en un suspiro, bajando la cabeza para abrir el periódico y leer las tiras cómicas igual que todos los días. Entonces Sharon, antes de salir de la cocina, se detuvo, haciendo la cabeza a un lado con gracia.
—No hagas eso.
—¿Hacer qué? —Steve levantó la mirada con confusión, y Sharon sonrió, moviendo sus rizos rubios de lado a lado.
—No me respondas un "Te amo" con un "Yo también" —le dijo, frunciendo el ceño, aunque más que molestia se veía diversión en su mirada, cosa que desencajó a Steve por completo.
—¿Qué?
—¿Por qué nunca lo dices?
—¿Qué cosa?
—Nunca dices que me amas —respondió la agente Carter, levantando una ceja, solo para incomodar más a su novio, que parpadeó, como si no pudiera creer que estuviera preguntándole aquello.
—Sí lo hago.
—No, me respondes cuando te digo que te amo, pero nunca me lo has dicho tú —recalcó. Steve parpadeó otra vez, confuso y sorprendido.
—Sí lo he hecho.
—¿Cuándo? —lo desafió. El soldado balbuceó algunas cosas sin sentido, incómodo por la inesperada charla, así que, como un buen estratega, optó por darse la vuelta y seguir con su desayuno.
—No lo sé, Shar. Sabes que soy muy torpe con esas cosas —murmuró, decidiendo que lo mejor era huir de esa batalla. Sin embargo, Sharon tocó su hombro, y cuando levantó la cabeza de nuevo se inclinó hacia él y lo besó, riendo en voz baja.
—Lo sé, lo sé, solo quería ver ese lindo tono rojo en tus mejillas —se burló, acariciándole la mejilla izquierda con cariño —Te veré en la noche. ¿Podrás empacar sin mí?
—Pero no te quejes si solo empaco tus camisetas de béisbol —bromeó. Sharon soltó una carcajada, marchándose, pero volteando una vez más desde la puerta.
—Por cierto, ayer almorcé con Bobby, María y Sif. ¿Recuerdas a Sif?
—¿La esposa de Thor?
—¡Sí! Es muy agradable. Deberíamos invitarlos a ambos a cenar esta noche.
—Sí, me gustaría, no he vuelto a hablar con Thor desde que se licenció del cuerpo, aunque creo que podría estar ocupado. Estamos cerca de los Playoff.
—Oh, estoy segura de que podremos hacer algo —Sharon le lanzó otro beso desde la salida —Te veré en la noche. Recuerda que el banquete llegará a las 4. Tienes que encender el horno y seguir las instrucciones. Clint y su esposa dijeron que estarían aquí a las 6, igual que Scott y Hope.
—Lo tengo cubierto.
—Te amo.
—Yo... —Steve iba a responder otra vez de la misma forma, pero se detuvo. Sharon, sin embargo, solo rio.
—Lo sé, lo sé —le dijo, guiñándole un ojo antes de salir por la puerta.
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Querida Nat:
No mucho. Lamento no haber enviado tarjeta este año, pero hemos estado ocupados. Paso tan poco tiempo aquí que hay muchas reparaciones por hacer. Mañana volaremos a Nueva York a visitar a mamá, que no se ha sentido muy bien estos días. Y pasaremos la navidad con ella y la familia de Peggy. Luego te envío fotos.
Abrazos, Steve.
Natasha terminó de leer el mensaje en su pantalla y sonrió, observando las luces de los Campos Elíseos a través del cristal congelado de su ventana. La melancólica belleza de París la embargó una vez más mientras se llevaba las rodillas al pecho, abrazándolas con un suspiro. Esa era una ciudad demasiado hermosa para estar sola, pensó con desazón, observando la fotografía del contacto de Steve en su pantalla, donde él y Sharon sonreían para la selfie. Natasha sonrió también, pensando que, aunque ella seguía sin agradarle, Sharon parecía ser la mujer perfecta para Steve. O al menos él se veía feliz, y eso era todo lo que importaba. Él lo merecía después de todo lo que había pasado. Después de todo lo que ella le había hecho pasar.
Suspirando, tocó la pantalla de su teléfono para enviarle otro mensaje, pero entonces la puerta de su departamento se abrió, y Natasha rápidamente guardó el aparato, dirigiendo la mirada hacia la entrada mientras Bucky se limpiaba la nieve de las botas bajo el umbral, apenas mirándola al atravesar la puerta.
—Hola —murmuró Bucky, quitándose la nieve del cabello.
—¿Dónde estabas? —preguntó Natasha mientras veía a su esposo quitarse la bufanda y el pesado abrigo para dejarlos en la entrada.
—En un bar —respondió, sin darle importancia.
—Creí que irías por mí al ensayo.
—¿Era hoy? —Bucky bufó, girándose a mirarla por un momento —Lo olvidé. Lo lamento —suspiró, dándole un beso en la coronilla después de quitarse los guantes —Creí que no irías al ensayo. No después del último...
—El doctor dijo que no había razón para no seguir con mi rutina —lo cortó Natasha, haciéndose más pequeña bajo su manta junto a la ventana —Los abortos son tan naturales para mi cuerpo como respirar —murmuró, volviendo a concentrar su mirada en la fría ventana. Bucky, por su parte, soltó un pequeño resoplido, queriendo eludir el tema.
Aunque nunca supo de su primer aborto, Natasha no había podido ocultarle los otros cinco. Bucky quería una familia con hijos, y ella deseaba poder dárselos, pero el asunto de embarazarse parecía cada vez más imposible con su matriz rechazando cada embrión que llegaba a formarse. Pero no era solo el asunto de los hijos; Bucky ya no era el mismo hombre con el que se había casado, ni siquiera era el amigo que había conocido. Era como si algo dentro suyo hubiera cambiado después de Bagdad, y aunque lo amaba, Natasha no podía evitar sentirse cada vez más lejos de él. Y cada aborto solo parecía alejarlos más y más.
—Por cierto, hoy recibí nuevas órdenes. Tengo que irme en dos días —dijo James de repente, saliendo de la cocina con una cerveza en la mano, volviendo a llamar su atención. Natasha entonces levantó la cabeza, con el ceño fruncido.
—Dijiste que pasarías esta navidad conmigo. Lo prometiste.
—Sabes que yo no decido estas cosas —se excusó él, abriendo los brazos de lado a lado, como si estuviera listo para una nueva pelea. Quizá por eso la joven rusa intentó calmarse, evitando otro conflicto que no los llevaría a ninguna parte.
—¿A dónde te enviarán ahora? —preguntó. Bucky rodó los ojos, dándole un brusco sorbo a su cerveza.
—No lo sé, y tampoco puedo decirte, lo sabes.
—Sí, lo sé —Natasha gruñó, molesta por el tono de su esposo.
—¡¿Y por qué me lo preguntas?! —Bucky levantó aún más la voz, dejando su botella sobre un mueble con un golpe seco, sobresaltando a Natasha.
—Porque soy tu esposa —contestó, levantando la voz también — , y cada vez que te vas a una de esas misiones de las que no puedes decirme nada, tengo miedo de que te pase algo malo. ¡¿Acaso es justo que pelees conmigo por querer cuidarte?! —le espetó, haciendo que James la mirara, sorprendido por sus palabras, pero, al mismo tiempo, intentando ocultar sus emociones.
—Sabías a lo que me dedicaba cuando decidiste casarte conmigo —espetó, bajando el tono y desviando la mirada.
Natasha soltó la risilla sarcástica que se había estado aguantando durante meses, empujando la manta de sus piernas y poniéndose de pie.
—Lo sabía, y te acepté a pesar de todo, pero estoy harta de tener que discutir siempre —dijo, sin poder evitar que se le quebrara la voz. Nunca había sido buena para demostrar sus emociones, sobre todo cuando se sentía tan vulnerable —Bucky, no sé qué es lo que te pasa, pero si hablas conmigo… Si me dices por qué has cambiado tanto con…
—¡¿Yo he cambiado?! —la cortó James, estallando como tantas otras veces, apuntándole con un dedo, como acusándola de algo —¡Tú no sabes nada! ¡Te ganas la vida bailando como una muñeca sobre un escenario, no tienes ni la menor idea de lo que es tener que volver siempre a aquel lugar!
—¡¿Entonces por qué sigues haciéndolo?! —Natasha estalló también, y Bucky calló.
Un tenso silencio se formó después, mientras la joven pareja se miraba fijamente, como si esperaran que el otro hiciera el primer movimiento. Y ese fue Bucky, que rompió el contacto visual con su esposa y se dio la vuelta, tomó su chaqueta y caminó hacia la puerta.
—Bucky —lo llamó Natasha, queriendo detenerlo, pero quedándose en su lugar. Sin embargo, él solo la ignoró y salió del apartamento.
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—¡Capi!
Steve levantó la mirada hacia la línea de desembarque, sonriendo al ver a Sam con los brazos extendidos en medio de los demás pasajeros.
—¡Hey! —exclamó, levantando su brazo también. Llevaba casi un año entero sin verlo, pues desde que se había mudado a Washington y Sam a Nueva York, sus horarios no lograban coincidir. Por esa razón ambos habían decidido aprovechar la feliz coincidencia de que el vuelo de Sam hiciera una escala en la ciudad para volver a reunirse y volar a Nueva York juntos para intentar recuperar algo del tiempo perdido antes de que sus respectivas obligaciones volvieran a separarlos.
Cuando el hombre de color llegó hasta él se dieron un abrazo como el que solo dos amigos podían darse, palmeándose las espaldas y chocando manos. Luego, Steve ayudó a su amigo con su maleta, guiándolo hasta su coche en el estacionamiento.
—¿Qué tal Hawái? —preguntó. Sam le alcanzó su maleta y bostezó, estirando los músculos de sus brazos con pereza antes de contestar.
—Soleado, tranquilo y lleno de ancianos —rió, contagiando a Steve con su buen humor —Pero el centro estuvo bien. Fue mucha gente al congreso.
—¿Todos veteranos como tú?
—Pero ninguno tan guapo como este negro —declaró Sam. Steve soltó una carcajada, apagando la alarma de su automóvil para que ambos pudieran meter el equipaje de Sam en el maletero y subir para salir del aeropuerto —Por cierto, ¿dónde está esa hermosa belleza dorada que tienes por novia?
—En el trabajo —suspiró el joven Rogers —Quería estar aquí, pero tuvo que resolver un asunto de uno de sus casos. Había una redada y no quería perdérsela.
—Vaya. Te gustan las mujeres que pueden patearte el trasero, ¿verdad? —rio Sam, descansando el brazo en la ventana. Steve rio también.
—Me conoces —murmuró, observando el camino en silencio unos minutos —Espero que no te moleste, pero antes de ir a casa debo pasar por madera y algunas herramientas para unos estantes.
—¿Aún no terminas las remodelaciones?
—Casi nunca estoy en el país, así que intento hacer lo más que pueda cada vez que tengo un permiso. Y tú vas a ayudarme antes de que lleguen los invitados.
—¡Yo soy un invitado! —protestó Sam, y Steve sonrió de lado, deteniéndose en una luz roja.
—No, tú eres mi hermano. Y como mi hermano, vas a ayudarme.
—¿Qué es esto, un episodio de The Jeffersons? —se burló el ex militar, poniéndose gafas oscuras antes de añadir —Pero ni aunque tuviéramos la misma sangre serías tan apuesto como yo.
—No lo dudo —se burló Steve, concentrándose en el camino hacia Home Depot mientras Sam y él seguían hablando de cosas sin importancia, de las misiones, los viajes y el trabajo de Sam.
Después de estacionarse cerca de la entrada, Steve tomó un carro para sus compras y siguieron charlando de nada en particular mientras buscaban madera y algunos soportes. Y mientras Sam hablaba con el asistente, el joven Rogers se distrajo observando algunos productos para la habitación de un bebé, inevitablemente pensando en Natasha.
—Parece que la madera de arce está de oferta, sea lo que sea un arce. Supongo que es un árbol, ¿no? —dijo Sam, llamando su atención —¿Por qué miras cosas para bebés?
—No es nada —Steve se encogió de hombros, empujando su carro detrás del asistente hacia la zona de maderas con Sam a su lado.
—¿Y cómo está todo entre Sharon y tú? ¿Piensan tener hijos pronto?
—No podríamos con nuestros horarios —se burló Steve —Ni siquiera nos hemos comprometido aún. No es algo en lo que pensemos ahora.
—Porque eso ha detenido a muchas personas —ironizó el hombre de color, analizando algunos productos al pasar junto a los anaqueles —¿Y ya le diste el anillo de tu abuela?
—¿Esa cosa vieja? No. Le compré uno nuevo —respondió Steve, prestando atención al camino mientras seguía guiando el carro. Sam enarcó una ceja, taimado.
—Creí que querías dárselo a tu futura esposa —comentó —. Pasaste tanto tiempo hablando sobre cómo lo había traído con ella desde Irlanda, y del enorme valor sentimental que tenía para toda tu familia, que supuse que querrías que tu futura esposa lo llevara en su dedo el día que te casaras. Algo así como una tradición Rogers.
—Sí, bueno —Steve se encogió de hombros, sin darle demasiado importancia al asunto —, todos evolucionamos, amigo. Yo hice, y ahora prefiero crear nuevas tradiciones con Sharon.
—Bien por ti —Sam levantó las manos en señal de respeto, guardando silencio por unos segundos —. Entonces asumo que todo va de maravilla entre ustedes, ¿no es así?
—Mejor imposible —lo apoyó Steve —Le haré la propuesta en Año Nuevo.
—Oh, eres un romántico, Cap —rio su amigo, observando algunos anaqueles de elementos de construcción antes de volver a hablarle —Por cierto, ¿qué hay de Bucky y Natasha? ¿Cómo está el matrimonio feliz?
—Bien, supongo —Rogers suspiró —Ahora viven en Europa por las giras de Natasha, y han estado intentando volver a concebir, pero, al parecer, Nat no puedo embarazarse.
—También tú y Sharon deberían considerarlo, en serio —repitió, divertido —Ya te estás tardando, y no te haces precisamente más joven.
Steve sonrió.
—Sabes que siempre he querido formar una familia, pero entre el trabajo de Sharon y mis viajes...
—Tener un hijo no te lleva mucho —se burló Sam, haciendo que su amigo soltara una carcajada.
—Lo tendré en mente. Pero antes ayúdame a escoger esa tonta madera.
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Sharon rio con Sif, la esposa de Thor, Bobby Brown, Scott y Hope Pym, sus amigos del trabajo, conversando de algo que no podía escuchar mientras él los observaba desde el otro lado de la sala, intercambiando miradas y sonrisas con su novia cada tanto y tratando de mantenerse al pendiente de las bromas de Thor y Sam acerca de su trabajo como la figura pública del Cuerpo de Marines. Hacía tiempo no había tenido un momento tan agradable.
Después de tanto tiempo separados por trabajo, Steve se alegraba de volver a ver a sus viejos amigos, incluso al hermano de Thor, Loki, que también vivía en Nueva York pero se encontraba en la ciudad promocionando su nuevo libro, así que Sharon, fanática de estos, había insistido en que los acompañara también. Y por alguna razón Loki había aceptado, a pesar de que se había quedado solo en un rincón desde su llegada, bebiendo y obervando a los demás invitados con esa habitual mirada cínica que el joven Rogers todavía recordaba de la escuela.
Steve no tenía nada en contra de Loki, a pesar de que desde niños era un sujeto demasiado pesimista y criticón para su gusto, pero era divertido a su manera. Todavía lo podía recordar corriendo todo el tiempo tras su hermano mayor cuando eran niños. Loki solamente jugaba con él, y ocasionalmente con Sif, o al menos cuando no estaban peleando como perro y gato. Incluso Natasha se había enfrentado a él cuando Loki quería acaparar todo el arenero del parque para él solo, dejando entrar solo a Sif a veces, solo cuando no estaban enojados. Era extraña su relación tan complicada, teniendo en cuenta que Sif había acabado por convertirse en su cuñada al casarse con Thor. Steve nunca había visto a dos personas pelear tanto; ni siquiera a Natasha, pero nunca se había molestado en entender a Loki. El hermano menor de Thor era un intelectual, y él más un sujeto de acción, quizá por eso no congeniaban del todo, aunque Loki no parecía congeniar con nadie realmente, ni siquiera con el propio Thor, que más que su hermano parecía ser su opuesto exacto. De cualquier forma, Steve aún sentía cierta aversión por el hombre que siendo niños había intentado apuñalarlo con una pala de jardín. Ni siquiera recordaba los motivos, pero tenía la cicatriz en el brazo que se lo recordaba cada tanto.
—Y bien, ¿por cuánto te quedarás esta vez? —preguntó su enorme amigo de cabello dorado, distrayéndolo de sus recuerdos y sonriéndole a su esposa, Sif, que levantó su copa de vino para saludarlo desde la distancia.
—Tres semanas —respondió Steve, dándole un sorbo a su jugo de arándano antes de seguir —Mañana volaremos a Nueva York a ver a mi madre, y nos quedaremos allí hasta que tenga que regresar.
—Oh, Loki también regresará mañana —anunció Thor, en otro desesperado intento porque su hermano se integrara en la conversación —¿En qué vuelo estás, hermano menor? —preguntó, haciendo que Loki dejara de lado los entremeses que parecía analizar para responder.
—Iré en el jet de la editorial —respondió con aburrimiento, tomando un cubo de queso de la mesa —Detesto los vuelos comerciales, ya sabes.
—¿Acaso hay algo que no detestes, querido cuñado? —se burló Sif, caminando hacia su esposo, que de inmediato soltó una carcajada, tomándola por la cintura para acercarla, mientras Loki fruncía sus cejas oscuras, acabándose todo el whisky de su vaso de un solo trago.
—Bueno, no detesto el color de tu cabello, querida Sif —respondió, haciendo que la hermosa mujer borrara su sonrisa y lo fulminara con la mirada.
—Eso es algo que nunca te perdonaré, pequeño bastardo —siseó con rabia, poniendo una mano sobre el pecho de su esposo, que solo rio.
—Yo también amo tu cabello, Sif —secundó Sharon, abrazándose a Steve mientras se unía a ellos junto a los demás —Realmente resalta tus facciones.
—¿Lo ves? —festejó Loki, volviendo a llenar su vaso, y Sif lo fulminó con la mirada otra vez, haciendo que Thor tuviera que intervenir:
—Sif solía tener rizos dorados, que eran su más grande orgullo —sonrió, un poco ebrio, y ahora su esposa lo miró con reproche.
—¿Y qué pasó? —quiso saber Scott Lang, uniéndose a la charla también. Clint bebió de su cerveza y miró a la joven esposa de Thor con curiosidad, igual que Hope y Bobby.
—Cuando éramos niños, un día hizo enojar a Loki en un campamento, y en la noche, mientras dormíamos, Loki derramó brea sobre sus rizos —relató Thor, planeando la espalda de su hermano con tal fuerza que algunas gotas de licor de su vaso se derramaron sobre la alfombra —. Y nunca volvieron a crecer. No de ese color, al menos.
—¿Por qué hiciste algo tan horrible? —exclamó Sam, mirando a Loki; sin embargo, fue Sif la que respondió:
—Celos, ¿qué más? —graznó, añadiendo rápidamente —Loki odiaba que su hermano prefiera empujarme a mí en los columpios que pasar tiempo con él, entonces quiso hacerme una broma.
—Y resultó muy buena —celebró Loki, sosteniendo su vaso frente a su pecho mientras guardaba su mano libre en los bolsillos de sus pantalones —¡Oh, vamos, querida Sif! Sabes que adoro provocarte —añadió en tono malicioso, mirando a Sif directamente a los ojos. Y ella le regresó el gesto por unos segundos, antes de voltear el rostro hacia la chimenea.
—Cierra la boca —gruñó entonces, ofuscada, distrayéndose un momento con las fotografías de la sala —¿Y cómo están Bucky y Natasha? —preguntó entonces, cambiando el tema —Siguen casados, ¿no?
—Sí —respondieron Sharon y Steve al unísono, pero fue ella la que terminó tomando la palabra —Estaban en...Londres, ¿no es así, cariño?
—París —respondió Steve, mirando a través de su copa de jugo.
—Ah, Natasha. Todos en la escuela estábamos tan enamorados de ella —rio Thor antes de acabarse su quinta cerveza, rememorando unos segundos —Pero nunca le hizo a caso a nadie. Incluso a Loki solía gustarle.
—No me gustaba —refutó su hermano, tomando una copa de vino de la mesa ahora —Lo que no significa que no creyera que era ardiente —musitó, brindando con el aire antes de tomar un poco más. Thor soltó una carcajada.
—¡No seas humilde! ¡Todos sabemos de su sesión de besos y caricias en la fiesta de Maria Hill! —se burló, intentando golpear el hombro de su hermano de nuevo, pero esa vez Loki tuvo la destreza suficiente para evitarlo.
—Oh, Dios, ¿tuviste arrumacos con Nat? —exclamó Clint, frunciendo el ceño —¡¿Y por qué soy el último en enterarme?! ¡Ella es mi mejor amiga!
—Yo tampoco lo sabía —añadió Steve, tan desencajado como él por esa confesión.
Sí recordaba una fiesta en casa de María, poco antes de su graduación, donde Natasha se había perdido de su vista por una media hora, apareciendo después como su nada. Y nunca se había molestado en preguntarle dónde había estado, aunque ahora ya tenía la respuesta, lo cual se sentía extrañamente incómodo.
—No es como si anduviera divulgando mi vida sexual por todas partes como Thor —Loki se encogió de hombros; Steve frunció el ceño, pero fue Clint quien exclamó:
—¡Wow! ¡¿Quién está hablando de sexo aquí?!
—¿Se lo hiciste a Natasha Romanoff! ¡Ese es mi hermano! —exclamó Thor de repente, abrazando a Loki y levantándolo del suelo con su abrazo mientras los demás reían, incluso Steve, aunque seguía sintiéndose extraño pensar en su amiga teniendo intimidad con otros hombres.
Pero no eran celos, se dijo, bebiendo de su copa mientras, por el rabillo del ojo, sin querer notó que Sif se removía con incomodidad junto a su esposo, pareciendo disgustada, tal vez incómoda por la conversación, pero no le prestó demasiada atención, porque la alarma del horno anunció que era la hora de la cena.
Cenaron cordero con especias, y luego degustaron un postre que Sif había llevado antes de seguir bebiendo y escuchando música mientras seguían compartiendo viejas anécdotas de su juventud, o nuevas anécdotas de sus vidas como adultos. Fue un momento agradable, e incluso Sam y los amigos del trabajo de Sharon parecían estarse divirtiendo al escuchar sus historias sobre cómo había sido crecer en los suburbios de Nueva York.
Luego de la cena, parte del grupo se sumió en un partido de billar en la sala de juegos, mientras otros seguían charlando y bebiendo. Steve fue vencido fácilmente por Sharon, que era una experta en el juego, y el duelo rápidamente se había reducido a ella, Clint y Scott mientras los demás observaban, excepto Thor, que estaba enfrascado en una charla muy seria con Sam acerca de la temporada pasada de la NFL, y Loki, que no se veía por ninguna parte, aunque Steve no le prestó mucha atención a ese detalle. Entonces, viendo los tazones casi vacíos, Steve decidió ir a la cocina por más botanas y bebidas, contestando un mensaje de su madre en el camino, tan distraído que, sin quererlo, derramó el contenido de una copa medio vacía sobre su camisa.
—Diablos —murmuró, dejando las copas sucias en el fregadero y empezando a desabotonar la prenda mientras iba al baño a intentar limpiar la mancha, tan pendiente de eso que no escuchó los pesados jadeos hasta que fue demasiado tarde, y había abierto la puerta del sanitario.
Dentro del reducido espacio, Loki y Sif, que tenía el vestido sobre la cintura y las piernas alrededor de las caderas de su cuñado, estaban besándose mientras él, con los pantalones debajo de la cintura, empujaba dentro de ella, teniendo que detenerse abruptamente ante la sorpresa de verse descubiertos, acomodando sus ropas en un instante y dándole la espalda. Loki de inmediato cubrió a la esposa de si hermano con su cuerpo, arreglándose los pantalones y subiéndose la bragueta. Steve abrió los ojos como platos, sin reaccionar hasta que el sonido de la cremallera de Loki lo sacó de su trance, haciendo que diera un paso hacia atrás, avergonzado como nunca.
—Lo siento —balbuceó, cerrando la puerta de inmediato y regresando sobre sus pasos con los demás a la sala de juegos.
—Cariño, ¿y las botanas? —preguntó Sharon, mirándolo sobre su hombro desde la mesa de billar.
—¿Necesitas ayuda? —ofreció Hope, haciendo que Steve asintiera vagamente, solo reaccionando de verdad cuando Sam bromeó sobre la mancha de su camisa, recordándole que la tenía.
—Tropecé y manché mi camisa —explicó, taciturno, cuando las miradas se posaron sobre él —Se-Será mejor que vaya a cambiarme —musitó, caminando hacia la salida en el momento en que una perfectamente arreglada Sif entraba en la habitación, seguida no muy de cerca por un igual de perfecto Loki. Ellos se detuvieron a mirarlo, y, por unos segundos, sus miradas se cruzaron, como si ninguno supiera qué hacer a continuación.
—¿En dónde estaban ustedes dos? ¡Shar le está dando una paliza a todos! —rio Thor, abrazando a su esposa por la cintura, y esta le sonrió como si nada hubiera pasado, uniéndose a los demás de la misma forma, igual que Loki, que los siguió hasta la mesa de licores mientras Steve se giraba solo para verlos actuar con la misma normalidad de unas horas antes, como si nada hubiera pasado.
—¿Estás bien? —preguntó Sam después de un rato, mientras el resto de los invitados seguían concentrados en el juego y la música. Steve lo miró, y se debatió internamente entre sí decir algo o no, pero solo por un segundo.
—Sí. Solo…iré a cambiarme. En seguida vuelvo —prácticamente huyó, encerrándose en su habitación con la excusa de escoger otra camisa mientras aún intentaba procesar lo que había visto, preguntándose si realmente había sucedido, o si solo había sido un loco engaño de su mente. Después de todo, Loki y Sif se odiaban desde que los conocía. Nunca se dirigían la palabra más que para molestarse o insultarse, ¿cómo era posible qué ellos hubieran…? ¡Y en su baño!
Steve contuvo el aire un momento y suspiró. ¿Debía hablar con Thor? Después de todo, él era su amigo, y había sido su hermano en armas antes de retirarse. No sería justo ocultarle algo así. Pero, por otro lado, ese era un asunto personal, y sabía de sobra que no era correcto meterse en los asuntos de otros. Además, Sif y Loki eran adultos, y debían saber que lo que estaban haciendo no era correcto, y no podrían engañar a Thor para siempre. Aunque su amigo fuera algo distraído, no era un idiota.
Steve se llevó ambas manos a la cabeza con frustración. No podía volver a esa fiesta y hacer como si nada, pero tampoco podía involucrarse. ¡¿Por qué diablos había entrado sin golpear?! Bueno, siendo justos, esa era su casa, lo cual solo lo empeoraba todo, pues sería en lo único en lo que podría pensar cuando se lavara los dientes la mañana siguiente.
Horrorizado solo con la idea, el joven Rogers intentó despejar su mente y obligarse a regresar. Después de la fiesta tendría tiempo de hablar con Sharon, y tal vez ella sabría qué hacer.
Se cambió la camisa y se puso lo primero que encontró en el armario; salió de su habitación con un pesado suspiro y dio solo dos pasos por el corredor antes de que una voz lo detuviera:
—Asumo que si no corriste a delatarnos, entonces no dirás nada —siseó Loki a sus espaldas, haciéndolo voltear y bajar la mirada en el acto. Las imágenes de unos momentos antes seguían demasiado frescas en su mente como para poder mirarlo a la cara sin sonrojarse.
—Oye, es tu vida, Loki —se excusó, alzando las manos con inocencia —, y no creo que me corresponda a mí involucrar…
—Bien —lo interrumpió el hermano de Thor, cruzando los brazos y levantando una ceja —Creo que nos estamos entendiendo —le sonrió, pasando por su lado de camino a la sala de juegos. Y, aunque, Steve había decidido que no tenía nada que ver con él, no pudo evitar preguntar:
—¿Por qué lo haces? —murmuró, dejando que su sentido de moral hablara más alto que su razón —Sif es la esposa de tu hermano. Eso está mal.
—Tanto como lo está acostarte con la que ahora es la esposa de tu mejor amigo —respondió Loki, en tono condescendiente —Y apostaría lo que fuera a que el pobre tonto ni siquiera lo sabe, ¿verdad? —añadió, marchándose sin siquiera voltear a verlo. Y
Steve volvió a quedarse abochornado y sin palabras, decidiendo que lo mejor sería esperar unos minutos más antes de regresar con los demás y fingir que nada había pasado.
oOo
—Tiene que ser una broma —murmuró Sharon mientras ayudaba a Steve con los platos, tan anonadada que casi dejó caer la copa que estaba secando —¡Pero si es el hermano de su esposo! ¡Y además se odian desde niños! —exclamó, torciendo el gesto. Steve rápidamente le pidió hacer silencio, pues Sam, aunque estaba dormido, podría oírlos desde la sala.
—No sé qué debería hacer —bufó el soldado, terminando con los últimos trastos sucios y secándose las manos en sus pantalones de pijama —Quiero decir, sé que es algo que no me incumbe, pero Thor es mi amigo, y, además, ¡estaban en nuestro baño, Shar!
—Esa es la peor parte —su novia sonrió, haciendo que Steve fruncir el ceño.
—No es gracioso. Es malo. Muy malo —bufó, y Sharon rio bajito, doblando el paño con el que siempre secaba los platos con mucho cuidado, abrazando al confundido Steve después.
—Lo sé, cariño. Sé que eres un hombre de moral intachable, y eso lo debe hacer el doble de difícil para ti, pero ese no es nuestro asunto —zanjó —Y no quiero que pienses que eso me convierte en una perra. Me agrada Thor, y no por supuesto no estoy de acuerdo con lo que hace Sif, solo sé que su historia es algo...complicada.
—¿Complicada? —preguntó Steve, separándose un poco para mirar a su novia a la cara —¿Qué más complicado que esto? ¡Sif engaña a su esposo, uno de mis amigos, con su hermano! ¡Tienes idea de lo grave que es! ¡Es un pecado! —sentenció, haciendo que Sharon enarcara una ceja, recelosa.
—¿Te ofende el hecho de que Sif engañe a tu amigo, o el hecho de que ella sea mujer? —inquirió, y Steve parpadeó, sin entender la pregunta.
—¿Qué tiene eso que ver? ¡Loki es...! —comenzó a gritar, bajando la voz de inmediato al recordad a Sam en la otra habitación —¡Loki es el hermano de Thor! No tiene nada que ver con quién sea el infiel.
—Sí, pero Thor también ha tenido aventuras, ¿lo recuerdas? —le recordó Sharon, recargándose sobre el lavabo con los brazos cruzados bajo el pecho y el ceño fruncido —. Fuiste uno de los primeros en saberlo, y tu reacción no fue como la de ahora.
—¿Me estás llamando hipócrita? —inquirió, sintiendo un amenazante calor en las orejas al recordar el día que supo de la aventura de Thor con su vieja compañera de preparatoria, Jane. Sin embargo, se dijo, aunque Thor se había equivocado, no se había metido con la hermana de Sif. Eso sin duda lo empeoraba todo.
—No eres un hipócrita —musitó Sharon con diversión —Solo eres un hombre.
—Un engaño es un engaño —se defendió, molesto —Thor faltó a sus votos también, pero Sif le regresó el favor nada menos que con su hermano. ¿No puedes ver las sutiles diferencias?
—Lo sé, y te apoyo —aseguró Sharon, volviendo a abrazarse a su cintura, dándole un beso en el mentón —Solo digo que las relaciones son complicadas, y algo de pareja, por eso creo que no deberíamos meternos.
—No quiero meterme —refutó Steve, suspirando y colocando los brazos alrededor de la cintura de su pareja —Es solo que...si yo estuviera en el lugar de Thor, me gustaría saber que mi esposa está liada con mi hermano. ¿No te gustaría a ti saberlo si fuera al revés?
—Estoy segura de que tú nunca me engañarías —se burló la joven mujer de cabello rubio —Eres el último hombre perfecto sobre la tierra.
—Por supuesto que no lo haría —concordó Steve, aunque sin estar satisfecho —Pero ese no es el punto.
—¿Entonces cuál es?
—No lo sé —gruñó el soldado, derrotado. Sharon suspiró y enredó los dedos detrás de su nuca, haciendo que Steve la mirara a los ojos otra vez.
—A veces, cuando estas cosas pasan, te ayuda a pensar si estás con la persona correcta, por las razones correctas —murmuró, haciendo una pausa, antes de añadir: —Yo sabía que Sif tenía un amante —murmuró entonces, apurándose en seguir hablando —Aunque no sabía que se trataba de Loki. Eso sí fue una sorpresa —admitió, encogiéndose de hombros —Lo que digo es que, tal vez esto les sirva a ambos para darse cuenta de que en realidad no deberían estar casados, o les hará ver que los dos cometieron errores, y entonces pelearán juntos para salir adelante. A veces, algo tan malo como una infidelidad puede llevarte a un mejor puerto —murmuró, levantando el hombro derecho en un gesto desinteresado. Steve entonces frunció el ceño, enarcando una de sus cejas rubias con recelo.
—¿Estás diciendo que también estás engañándome?
—¡Claro que no! —exclamó Sharon, soltando su agarre para darle un golpe en el abdomen, haciendo reír a Steve —Me costó demasiado atraparte como para ahora querer engañarte, no soy estúpida —se defendió, dejando que su novio volviera a abrazarla —Aunque yo te perdonaría si alguna vez tú me...
—Ni siquiera lo menciones —la cortó Steve, ofendido por la insinuación. Sharon, por su parte, se encogió de hombros.
—No estoy diciendo que lo harás. Solo sé que si alguna vez pasa y logramos sobreponernos, entonces seremos más fuertes, y sabremos que nuestro es verdadero.
—Shar, yo nunca te haría eso —respondió Steve, besándole la coronilla —Tendría que ser realmente estúpido para arriesgarme a lastimar a una mujer tan increíble como tú —aseguró, permitiéndole a su novia fundirse en otro abrazo sobre su pecho, suspirando después —Creo que tal vez tengas razón —aceptó después de un rato, recargando su barbilla sobre los rubios cabellos de su pareja —Debe ser Sif quien hable con su esposo, y entonces ellos decidirán si vale la pena pelear por su matrimonio —aceptó, suspirando, y Sharon iba a decir algo más cuando fue interrumpida por el sonido de su teléfono vibrando cobre la isla de la cocina, separándose para estirar una mano y alcanzarle el aparato a su novio —¿Quién llama a estas horas?
—Es un número desconocido —comentó, y Steve frunció el ceño, observando la pantalla unos segundos antes de decidir contestar la llamada.
—Rogers —murmuró, atento a la respuesta del otro lado.
oOo
Natasha se despertó ante la insistencia de su teléfono sonando en la mesa de noche, apenas pudiendo ver por lo hinchados que seguían sus ojos después de haber llorado casi toda la noche, y la luz de la mañana filtrándose a través de las cortinas no era de ayuda. Sin embargo, antes de contestar la llamada miró el lugar vacío a su lado, sintiendo las lágrimas volviendo a sus ojos, aunque no las dejó salir, no esa vez.
—¿Oui? —respondió de mala gana, sujetándose la cabeza con una mano. Dolía como si tuviera una horrible resaca.
—¿Natasha? ¡Gracias a Dios que alguien contesta! —contestó una voz femenina rodeada de murmullos y sonidos confusos. Natasha entonces se apartó del teléfono para observar el número en la pantalla, espabilándose un poco más.
—¿Pepper? ¿Qué pasó? ¿Por qué hay tanto ruido? ¿Dónde estás?
—Estoy en el aeropuerto de Bali, intentando conseguir un vuelo a Nueva York, pero todo aquí es una pesadilla por la navidad, sin contar a los tifones del Pacífico —suspiró Pepper del otro lado —Toni enviará uno de sus aviones por mí, pero temo que ni siquiera así llegaré a tiempo. ¿Tú tuviste mejor suerte?
—¿A tiempo para qué? —preguntó la joven rusa en un bostezo, sin entender nada —¿Si tuve suerte en qué? ¿De qué hablas?
—¿No estás en Nueva York?
—No. ¿Por qué estaría allí? —preguntó, confundida. Pepper entonces contuvo la respiración con sorpresa.
—Oh, Dios mío, ¿no lo sabes?
—¿Saber qué?
Del otro lado de la línea los murmullos siguieron, acompañados de pasos de tacones. Segundos después el molesto sonido de fondo cesó, y Natasha oyó una puerta ahogándolos. Dedujo que Pepper se había metido en alguna habitación.
—Sharon me llamó hace más o menos una hora. Es la mamá de Steve —murmuró Virginia, haciendo una breve pausa mientras Natasha sentía que su corazón se aceleraba —Sarah está en el hospital. Ella... está muriendo.
oOo
N del A:
Hola! Aquí, por pedido de ustedes, la continuación del fic. Sé que el capítulo no nos lleva a mucho, pero quería dar un vistazo de cómo es la vida de Steve unos años después de tener que renunciar a su amor por Natasha para que sus dos mejores amigos fueran felices. Lo imaginé reconstruyendo su vida con éxito al lado de Sharon, lo cual fue relativamente fácil con Natasha lejos. El asunto es cuando se vuelvan a juntar.
Gracias por leer y por la enorme paciencia! Y feliz Navidad y próspero año nuevo para todos!
Nos leemos en el próximo capítulo.
H.S.
