Disclaimer: Los personajes no me pertenecen pero sí la trama de este FanFic. Escribo sin lucro y motivada por la actividad del segundo Ficker secreto edición navideña 2020, promocionado por el grupo Superpoderoso de Instagram.

Advertencias: Drama, azules, Universo alternativo, OoC. One-Shot.

Tema: Magia

Palabras: 2996

Aclaraciones al final del capítulo.

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De la muerte y otros anhelos

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Dime, mi amor, que mis acciones son justificadas y mis crímenes son necesarios. Hazme saber nuevamente en sueños que no he perdido la humanidad con la que nací y sigo siendo merecedor de ti, que las atrocidades cometidas son por un bien mayor y que todo los pecados hechos valen la recompensa de volver a tenerte a mi lado. Prométeme, alegría mía, que volverás a sonreírme una vez descubras lo que tuve que sacrificar, y al tocar mi rostro con tus delicados dedos me transmitas la paz que mi atormentada alma ha clamado desde tu partida.

Dime, Bubbles, dime que me sigues queriendo así.

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Su concentración permanecía sobre las llamaradas del fuego que consumían los pedazos de la leña que había llevado con mucho esfuerzo. Ingenua creyó que el monto que sus brazos pudieron cargar esa mañana sería suficiente para pasar la fría noche en las montañas. Era su primer invierno donde probaba la dura experiencia de sobrevivir por cuenta propia, aún cuando se había aferrado a acompañar al hombre que veía como un mentor.

Si de adjetivos pudiera llenarse la boca cada que intentaba describirlo, predominantes quedarían "solitario" y "triste" por la melancólica silueta que desprendía aquel extraño adulto.

Era alto, muy alto, pero por tratarse de una niña de apenas diez años quien lo percibía, la gran diferencia en estaturas era algo irremediable, más tratándose de una infante con complexión delgada y frágil por la falta de alimentos que le pudieran nutrir y servir para desarrollar un cuerpo sano. Sin embargo, cuando ignoraba los rasgos más evidentes, había una cosa con la que podía coincidir con el resto de personas que lo vieran por primera vez; y es que el color de sus ojos parecían fundirse en una tonalidad opaca, como si hubiera desaparecido cualquier rastro de vida en ellos y permaneciera el azul de un abismo sin luz al final. A Robín, esta pequeña castaña que lo acompañaba, le parecían intimidantes cuando optaba por observarlos por más de unos minutos, pues bastante segura pensaba que su mirada escondía un rastro de gentileza el cual deseaba encontrar como si se tratara de la búsqueda de un tesoro.

Las brasas continuaron acumulándose en el cimiento de su fogata, escuchando el crujido ocasional de la madera y el olor ahumado de la misma. A ella le gustaba la sensación de calor en sus manos aunque luego le molestara el impacto que recibieran sus mejillas cuando la temperatura la abrumaba. No obstante, lo desagradable no era sentir tan caliente su cara sino el contraste por su descubierta espalda. Los trapos viejos que le funcionaban como ropaje ya no le quedaban, mucho había crecido los últimos meses y tiempo le faltó a su madre de cocerle un nuevo vestido antes de terminar falleciendo por la enfermedad de la Peste.

Los pueblerinos sumergidos en su ignorancia no lograron entender que su suerte la había salvado del contagio y por extensión, de un fatídico final como el de su progenitora. La repelieron acostumbrados a lidiar así con la plaga maldita y la echaron a pedradas del lugar apenas se dislumbró el cadáver de la madre sobre los demás en la fosa común.

Desde entonces se vio obligada a cuidarse por sí misma aunque fracasara en el intento, pues si no murió de inanición para ser devorada por las aves carroñeras, algunos ladrones en los caminos la secuestraron para venderla en el mercado como esclava. De ese modo, luego de ser comprada por un viejo de cara desfigurada, le fue entregada al que hoy podía llamar amo.

Más allá de eso, desconocía los motivos del hombre misterioso al cual acompañaba desde hacía meses. De hecho, tampoco sabía si a él le agradaba por lo poco expresivo y callado que se mantenía cuando le tocaba convivir con ella, por más que la energía de su actitud y lo parlanchina que la caracterizaba lo trataran de incitar a abrirse. De todos modos, lejos estaba de quejarse cuando le daba alimento al llegar de sus viajes tal como volvía a ocurrir en aquella ocasión al percibir la figura de su señor frente a la improvisada fogata que ya empezaba a apagarse para dejar únicamente brasas.

—¡Volvió!—Exclamó la niña con un destello de emoción en sus ojos. Era innegable el afecto que le tenía que no evitaba ocultar su buen humor cuando él regresaba—, ¿encontró lo que fue a buscar?

Hubo un breve silencio, nunca le decía a dónde iba o a qué lugar le esperaban. La incógnita se acentuaba en sus pensamientos pero no se atrevía a preguntarle, para la pequeña Robín, hacerlo sería grosero o temía molestarlo hasta el punto de ser abandonada de nuevo. Sin embargo, el hombre de cabello rubio solo le tendió unas pieles que gustosa recibió para taparse del aire fresco que volvía a sentir.

Robín confiaba en él aunque no hablara mucho porque la mantenía viva y protegida. Poco o nada sabía de las razones de su señor por hacer aquello pero para la niña de mejillas sucias eso le era suficiente para servirle y esperarle pacientemente.

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Boomer mezcló las hierbas en su mortero de piedra de granito negro aunque su mente estaba en las palabras del anciano. ¿Cuántos años habían pasado desde entonces? Nunca se preocupó por eso hasta que vio el cruel paso del tiempo en el rostro de su discípulo. Descubrir como la horrenda maldición que se cernía sobre su cara era producto de sus propios trabajos mal enfocados le hizo cerrarse ante la posibilidad de volver a enseñarle a otro su sabiduría. Mojo había caído en la mísera decadencia, cortesía de su ego y terco empeño de vengarse de otros humanos. Pero era lo menos que pudo haber ganado cuando, a veces, otros castigos eran verdaderas advertencias para aquellos que utilizaran mal la magia.

La fealdad era un efecto secundario, pues era su lenta enfermedad lo realmente preocupante para su antiguo alumno. Éste se consumía día a día, tan cerca de perecer y ser olvidado para siempre, pues como él y como otros, estaban completamente solos.

—¡Sálveme, maestro!—fue su lastimera súplica cuando la fuerza en sus piernas se esfumaron y cayó de rodillas para aferrarse a los pliegues de sus botas—, ¡no quiero morir!, ¡quiero ser como usted!

¿Cómo él?, ¿un brujo maldito por el sello de un demonio para así seguir andando por la tierra?, ¿un hombre con siglos de experiencia en la búsqueda de la resurrección de los muertos?, ¿un nigromante coleccionista de cadáveres para cumplir el trato que lo ata al infierno pero, a su vez, a la recompensa de esa deuda?

No, no era consciente de lo que estaba pidiendo. Nadie podría soportar tal carga y mucho menos aquel sujeto débil de mente y espíritu. A decir verdad, la sorpresa no fue haberlo encontrado desfigurado, sino vivo. Boomer había visto en los sesos ardiendo algunas décadas atrás el final de Mojo, y aún así, aquel viejo se aferraba a la vida. Verlo en una posición tan lamentable le hizo recordar lo efímera que era la estadía de los hombres, que en su momento, al igual que él, se vio orillado a decidir y a anhelar una falsa inmortalidad. Como brujo, había pactado con un ente demoníaco por el placer de sentirse poderoso, como humano, buscaba el saber de lo oculto y los misterios a las preguntas sin respuestas, y como ambos, se obsesionó con la idea de ir contra las leyes naturales y divinas una vez le quitaron lo que más quería.

—¡Maestro, se lo ruego!—Gritó en un hito de voz—, ¡solo usted podría ayudarme!

—Mis límites frenan tus esperanzas, viejo Mojo—explicó frívolo—. La resignación es lo único a lo que puedes aspirar ahora.

—¡La niña, la niña que le di…!—Se apresuró a decir—, ¡vio en ella lo que yo mismo vi!, ¿no es así? ¡Es lo que necesitamos para ganar el favor de Akmalahel! ¡Una inocente y pura hija de hombre nacida en la era del caos! ¡Un sacrificio para resucitar a los muertos!

Boomer se mantuvo inexpresivo aunque por dentro la ira comenzara a correr. ¿Qué clase de atrevimiento era ese por parte del viejo?, ¿cómo osaba creerse tan importante para el hombre de tez pálida si apenas había sido un peón en su momento?, ¿qué creía aquel estudiante de artes oscuras con respecto a la estima que manejaba su mentor? No era más que un infeliz sucumbiendo a la desesperación por saber su pronto deceso.

Mas, ¿podía juzgarlo? Todos le temían a la muerte, incluido él. ¿Cuál si no era esa una de las motivaciones por la que se había vuelto un seguidor de la magia negra? En parte deseaba evitar el fin de su existencia, y por supuesto, le tenía una aberración casi insana desde que su amada lo dejó bajo las peores circunstancias. Entonces, ¿por qué habría de utilizar a esa niña para otros y no para quien verdaderamente le importaba?

Teniendo eso muy presente, volvió su coraje hacía el anciano que no soltó sus pies. Con brusquedad lo apartó casi pateándolo y con desdén lo observó sin decir una palabra. Ignoró las agónicas imploraciones una vez le dio la espalda, de todos modos ese brujo, Mojo Jojo, conocido por algunos como el devorador de niños, hacía mucho debió haber desaparecido entre las fauces de los infiernos.

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Eso que tienes escondido en la bolsa, ¿qué es?—Me preguntaste sin mediar tu curiosidad apuntando y asomándote para ver mejor el bulto que cargaba. Yo te observé atento, relajando mi mirada, casi suavizándola para ti.

Vísceras—contesté francamente.

¿De animal?—Continuaron tus ansias por saber más.

De cadáveres humanos—respondí—, pero eso, tú ya lo intuías.

Me sonreíste al verte descubierta y me sujetaste del brazo para recargarte en él mientras nos dirigíamos hacía la cabaña oculta del bosque. Vivías ahí porque te parecía un sitio privado y perfecto para una mujer tan extraña como tú. No tenías familia y al igual que yo, estabas sola.

Me parecías alguien inusual y me lo seguiste demostrando apenas comenzaste a tratarme como un viejo amigo de toda la vida a pesar de que no nos conocíamos. Me aceptaste en tu improvisado hogar y confiaste en un hombre cuyo oficio se alejaba mucho de lo que creíste en un inicio. No obstante, el rechazo que pudiste darme apenas me vi descubierto lo supliste por un peculiar fisgoneo a mi persona. De repente te interesaba bastante la historia de mi vida y mis secretos, te inmiscuiste incluso en mis razones por ser lo que era y aún así, aún con el miedo de los demás sabiendo las artes que dominaba, tú jamás flaqueaste ante mi presencia.

Eras una mujer muy singular, Bubbles, y eventualmente eso me ataría a ti de por vida siendo tal hecho aún más insólito.

Puedes predecir el futuro con eso, ¿verdad? —limpiaste la mesa llena de algunos de tus brebajes curativos y me hiciste una señal para que pusiera mi bolsa sobre ella. Te miré en silencio y con eso comprendiste que no iba a hacer lo que me sugerías—, sí que eres receloso con tus trucos, eh…

Trucos—repetí sin emoción, a veces me costaba seguir tu ritmo tan energético—. Lo que hago no son trucos, no es un juego.

Lo sé, hombre excéntrico—bromeas—, también sé que no deberías estar perdiendo tu tiempo conmigo, pero aquí estás. Debo aprovechar eso, no todos los días un nigromante decide ser huésped indefinido en tu casa. Déjame regodearme un poco y acepta que tengo mérito.

Tienes más que eso, mujer. Tienes mi interés—confieso sin más y aunque intentas ocultar el sonrojo en tus mejillas, puedo verlo acentuarse por lo blanca que eras.

Entonces… tus vísceras hurtadas de cadáveres pueden decir lo que pasará, ¿cierto?—Retomas el tema para disimular tu pena aunque te cuesta hacerlo por lo que estás a punto de decir—, ¿podrían ellas decirme si… algún día tendré una familia?

Te encoges avergonzada al sentir mis ojos posados todavía sobre ti. En cambio yo me mantengo tranquilo.

La adivinación no es certera—expongo—, constantemente los eventos pueden verse alterados y cambiar, pero en general el resultado es el mismo.

¿El mismo?

La muerte—aclaro—. Y por eso es que de ella me sirvo, resucito cadáveres para que éstos obedezcan mi voluntad.

¿Nunca se te han rebelado?—Tu duda logra conmoverme por la ingenuidad que la rodea.

Son cuerpos vacíos, sin raciocinio o alma para ser autónomos—posas tu mentón sobre el dorso de tu mano recargada sobre su codo, una costumbre tuya cuando te disponías a escuchar y aprender de mí—. Son carcazas, no pueden ser lo que antes fueron cuando vivían.

Como títeres…

Así es—asiento lentamente—. Levanto muertos para volverlos mis esclavos. Pero son temporales, la descomposición y putrefacción apenas son contenidas por un hechizo. Eventualmente colapsan y se vuelven inútiles. Entonces, me veo en la necesidad de buscar más. Los campos de batalla son perfectos, los cementerios cristianos por otro lado son lo más común.

Eso suena práctico—alzo la ceja por el nulo miedo que sientes. En otras circunstancias con otra persona, ésta ya habría experimentado un pavor por la blasfemia de profanar las tumbas de los difuntos que suelen venerar—, de hecho suena mejor que esclavizar a los vivos.

Sonrío. Sabía que tu lógica aplicaba diferente, tú lo decías más por empatía que por practicidad. Yo veía en los muertos una forma útil de servirme sin lidiar con la insubordinación, mientras que tú lo tomabas como el fin de una práctica que considerabas cruel.

Pero, ¿qué hay de aquellos muertos que quisieras traer con todo y su consciencia, quiero decir, que no parezca un muerto andante?

Eso es más complicado.

¿Y se puede?

Tardo unos segundos en afirmar, empiezo a contenerme de nuevo porque al final, no es algo que debas saber. No eras mi aprendiz pero tampoco medía la información que te daba. Parecía un efecto causado por lo sencillo que era charlar contigo.

Boomer—dices mi nombre con cautela y yo me dejé llevar por la cadencia que se oía cuando de tus labios salía—, no cabe en mí el asombro de tus habilidades. A veces pienso que debería temerte, pero no puedo. En cambio quiero saber más de ti para ver si es descabellado o no mi deseo.

¿Tu deseo?

De hacer contigo una familia, de tener un bebé tuyo creciendo en mi vientre, ¿eso está mal?—Luego de ponerte de pie, te acercaste para abrazarme y recargar tu cabeza en mi pecho—, un brujo con siglos de edad procreando con una impertinente curandera, ¿no te parece ridículo? Aún así, la idea me emociona.

Impuesto a traer la vida de formas profanas, hacerlo con el orden natural de las cosas era lo último que pude haber pensado. Y aún así, esa noche te hice el amor, simulando cumplir aquel deseo que tanto tenías aunque los dos supiéramos que era tarea imposible. Mi condición estéril por el acuerdo demoníaco me negaba tal derecho, no podía ser el hombre que te diera un hijo, mas engañarnos momentáneamente con ello se convirtió en un modo de lidiar con la realidad.

Cada noche que me fue posible, nos mentimos juntando nuestros cuerpos en una falsa promesa.

Mi dulce Bubbles, no sabes cuánto quise hacerte madre. Mi adorada mujer, no tienes idea de cuanto quise darte una vida normal. Pero la única vida que podía dar era una más infame, oponiéndome a los preceptos de un dios. Tu Dios.

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Robín dormía sin saber que Boomer la vigilaba desde hacía unos minutos. Estaba recostada en un lecho construido a partir de la paja seca de las praderas ubicadas al pie de la montaña, y su cobija era ese nueva piel que el rubio le había obsequiado.

Mojo no mentía cuando especificó que ella era el último paso para realizar aquel difícil y horrendo ritual. La premisa era sencilla; una vida por otra.

Como animal de matadero, como perro fiel que sigue a su amo sin sospechar que sería sacrificado por el mismo, como una herramienta para sus fines viles y egoístas… Boomer cuidó de la infante a pesar de que ésta le mostraba genuino cariño.

Pero, llegados al final de los preparativos, ¿sería capaz de hacerlo? El plan nunca fue sentir apego a la pequeña como tampoco había sido enamorarse de Bubbles algunas décadas atrás. Mas, ¿por qué dudaba ahora?, ¿no era su amor por su hermosa compañera más fuerte que la compasión que sentía hacia la niña?, ¿no se había prometido esperar el momento perfecto para obtener a una nacida en la era donde la muerte disfrazada de plaga se llevaba a los humanos a fosas comunes?

Acarició la cabeza de Robín acomodando un mechón castaño para guardar ese gesto tan apacible. Recordó las palabras de ésta antes de dormir y lo transparente que se volvió al tratarlo como un padre. Boomer quería odiarle por eso, pero el sueño pasado de una paternidad negada se anclaba a una sensibilidad que se rehusaba a desaparecer desde que conoció a Bubbles.

—¿Qué estoy haciendo, Bubbles?—Preguntó al vacío como si ella estuviera ahí—, ¿qué es lo que estoy a punto de hacer?

A lo lejos, la nieve cubría cada rama de los árboles sin vegetación, dentro de la cueva en el suelo yacía listo un círculo de invocación y sobre los brazos temblorosos del triste Brujo, el pequeño cuerpo de la que pudo ser como una hija. Ella seguía descansando, sonriendo tal vez por un sueño donde jugaba con él para siempre. El tiempo se congeló como el agua del arroyo, y el nigromante detuvo su paso por la amenaza de soltar lágrimas como la primera vez que vio y sostuvo el cuerpo inerte de su amada, asesinada por la ignorancia de los humanos.

Dime, Bubbles, dime que sin importar mi decisión me seguirás queriendo así.

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¿Qué tal mis queridas aberraciones infernales? Espero de corazón hayan tenido una buena velada por las fiestas, que como tradición la cena les fuera satisfactoria. Yo por mi lado la pasé bien con pocos familiares por precaución (y acabándome el tequila de mi tío, lol). Entre tanto y con el alcohol poniéndome risueña estuve apostando con la baraja, gané buen dinerito. :3 Aunque el mérito se lo lleva Asdesirad por pelearle a mis familiares y que no hicieran trampa. Todo sano, todo casual (?).

En fin, debo decir que resultó toda una travesía hacer este escrito; en primer lugar porque, si bien el tema no era algo desconocido para mí, significaba una alta gama de posibilidades. Hay muchos tipos de magia, muchas formas de abordar el tema, entonces opté por el resultado final con un enfoque fantasioso y sin dejar mi marca, dándome las licencias suficientes para hacer algo entretenido. En segundo lugar estuvo el obstáculo de mi laptop, la cual ya muere y yo entro en crisis porque, ¿¡cómo shingados voy a escribir PT ahora?!, dato, hice este desde el celular y no hay otra cosa más frustrante que eso. En tercer lugar está decir que casi no tengo señal en el rancho y escribir fue una odisea porque con la familia ahí era imposible enfocarme en mis cosas. Escribí en intervalos y sacrificando horas de sueño. Suerte que no estoy cruda, lol, pero aún con eso les estaría subiendo el fic.

Pero bueno, me gustó lo que hice. Lo disfruté mucho porque al ser un regalo le puse el drama y corazón que merece. Queda abierto el final, ustedes pueden optar por el que gusten.

Finalmente, lo que importa y el momento que todos hemos estado esperando, anuncio que yo, Domina Mortem, soy el ficker secreto de: ¡Sifb! (Scrip)

Nada me complació y sorprendió más que saber que tendría que prepararte un escrito. El tema, la ambientación, la pareja, fueron elegidas con cuidado para hacer algo que te gustara, espero haberlo logrado. Siendo que ya llevamos hablando ocasionalmente por años, esperaba que algún día tuviera la oportunidad de dedicarte algo, esta actividad me vino genial, así que era cosa del destino (?). Con cariño, mis letras fueron esta vez para usted~

Ahora, me retiro a publicar. ¡Felices fiestas a todos!

Mortem