Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling
Aunque Hermione había estado varias veces en la casa de los Longbottom, aún no se acostumbraba al aspecto de esta.
Situada a unos pocos kilómetros de la antigua casa de los Lovegood, la casa era una edificación de tres pisos. Junto a ella, en el lado derecho de la casa, había un gran invernadero, dónde Neville cultivaba sus plantas, para más tarde usar algunas de ellas como ejemplos en su clase de Herbología.
Sin embargo lo que verdaderamente llamaba la atención de la casa era la gigantesca torre que estaba en su lado izquierdo, o más bien la apariencia de pieza de ajedrez, una torre para ser exactos, que poseía. Ahí dentro, en la parte de arriba de la torre, es dónde Luna Longbottom llevaba a cabo sus investigaciones sobre animales mágicos y, como no podía ser de otra manera, al ser un lugar diseñado por Luna, la torre de ajedrez, excéntrica de por si, era aún más rara de lo que cabía esperar.
La parte superior de esta estaba decorada con cuatro estatuas de águilas con cabeza de león que miraba cada una a un punto cardinal. Por lo que Hermione sabía, en un principio cada estatua había sido encantada para rugir cada tres horas, es decir que a las doce rugiría una, a las tres otra y así sucesivamente. Sin embargo, tras la primera noche, les quitaron el encantamiento ya que, según Neville, no era muy placentero despertarse a las tres de la mañana debido al rugido de un león.
El segundo motivo por el cuál la torre era tan excéntrica era por su color. La torre estaba pintada con cuatro colores distintos: rojo, azul, verde y amarillo; siendo un claro homenaje a las cuatro casas de Hogwarts. Sin embargo la torre estaba pintada de tal modo, que daba la sensación de que Luna había encantado un grupo de cubos de pintura para que fuesen arrojando su contenido de manera aleatoria a lo largo de la torre.
Mirando la torre de reojo, Hermione atravesó el jardín delantero de la casa y llamó al timbre de esta. Momentos después, Neville le abrió la puerta.
—Sabes que puedes venir usando la Red Flu, ¿verdad? —le dijo nada más verla.
—Sabes que nunca ha sido de mi agrado —respondió Hermione mientras entraba a la casa pasando por el lado de Neville. Este cerró la puerta de entrada—. ¿Dónde esta Luna?
—En la cocina, terminando de preparar el té —respondió Neville. Hermione hizo una mueca—. Tranquila, me he asegurado de que esta vez el té sea para consumo humano. Siéntate mientras voy a buscar las hojas que me has dejado esta mañana.
Hermione asintió y se sentó en uno de los sillones que había en la salita, mientras Neville iba a su despacho en el primero piso, justo cuando una mujer de cabello rubio sucio y mirada un tanto soñadora salía de la cocina, haciendo levitar una bandeja con un juego de té y un plato con galletas con la varita.
—Hola, Hermione.
—Hola, Luna. ¿Cómo has estado? Leí la entrevista que te hicieron la semana pasada.
—Ah, sí —respondió Luna, sentándose en el sofá—. Aunque Rolf Tendría que haberla dado conmigo, no pudo ir ese día. Por cierto, he hecho unas galletas. Coge si quieres.
—Esas galletas... ¿son... de qué son? —preguntó Hermione. Había estado a punto de preguntar si esas galletas eran para consumo humano, pero se corrigió a tiempo.
—Pues son de...
—Ya he vuelto.
Por suerte, o por desgracia según se mire, Neville eligió ese momento para volver, así que Hermione no pudo escuchar la respuesta de Luna.
Neville se sentó al lado de su esposa y le tendió a Hermione unas hojas en blanco.
—Lo siento, no he podido averiguar de que árbol provienen —dijo—. He escrito a unos conocidos que son expertos en la materia, a ver si ellos saben de dónde proviene este tipo de hojas.
—Ya veo —murmuró Hermione, mientras tomaba las hojas y las guardaba en el bolso que llevaba con ella—. ¿Sabes cuando podían llegarte las respuestas de tus conocidos?
—Por suerte casi todos viven en Europa, así que en dos o tres días ya estarían aquí. El problema es que uno de ellos reside actualmente en Brasil, así que la respuesta tardaría alrededor de una semana o un poco más —respondió Neville.
—Pues esperemos que el que tiene la respuesta no sea el de Brasil —murmuró la castaña mientras tomaba un sorbo de té.
—Ya... —murmuró Neville, algo apesadumbrado—. Lamento que hayas venido por nada.
—¿Eh? Oh, no te preocupes —dijo rápidamente Hermione—. Hacía tiempo que no nos reuníamos fuera del trabajo.
En ese momento, y como si estuviesen en medio de clase, Luna levantó la mano.
—¿Ocurre algo? —preguntó Neville.
—Estaba pensando, ¿no es un poco raro?
—¿El qué? —preguntó Hermione.
—Bueno, ¿no os resulta raro que el grupo que tenía los libros y cuyo nombre da entender que son simpatizantes de los Mortífagos, tuviesen libros hechos con hojas de papel, cuando los puristas prefieren usar pergaminos? —dijo Luna.
Hermione se quedó pensando en lo dicho por Luna. Tenía que reconocer que no había pensado mucho en ello, ya que, con el paso de los años, la utilización del papel en vez del pergamino era cada vez más frecuente en el mundo mágico, así que ni a Hermione ni a nadie le había parecido raro que usaran papel para los libros.
Sin embargo no todos los magos aceptaban aquel cambio en los instrumentos de escritura. Cómo había señalado Luna, la mayoría de puristas seguían prefiriendo el pergamino a pesar de sus desventajas contra el papel.
—Entonces, ¿ellos en verdad solamente fingen ser simpatizantes de las ideas de los Mortífagos? —murmuró Neville—. Pero, ¿por qué?
—Creo que la mayoría de ellos si que simpatizan con esas ideas —dijo en ese momento Hermione.
—¿Eh? ¿Cómo estás tan segura?
—Veréis, una de las ventajas de ser la jefa del Departamento de Seguridad Mágica es que puedo estar presente en los interrogatorios que hagan los aurores a las personas que atrapan. Y resulta que, cuando le hicieron el interrogatorio a estas personas, quedó bastante claro que la mayoría de ellos estaban bastante de acuerdo con los ideales de Voldemort.
—¿La mayoría? —preguntó Luna.
Hermione asintió.
—Habían un par en el grupo capturado que no parecían compartir esos ideales. Ellos... —Hermione se quedó callada, sin estar muy segura de como continuar—. Ellos daban la impresión de que sabían más acerca del asunto de los libros que los otros. Pero dejemos el tema de lado. —Hermione sacó los papeles que Neville le acababa de devolver y los dejó encima de la mesita de cristal—. No había pensado antes en eso, pero ahora que Luna ha mencionado el asunto de que usen papeles en vez de pergaminos, se me ha ocurrido quizás la clave para entender como funcionan los libros no se encuentren ni en el papel en si ni en la tinta que usaron, sino en el proceso de elaboración del papel.
—¿Qué quieres decir?
—Veréis, para hacer papel (hablando en general), se tiene que mezclar las fibras de celulosa, provenientes de los árboles, con agua. Después se retira el agua, hasta que solamente queda el papel —dijo Hermione—. Así que...
—Así que sugieres que en vez de usar agua, usaron algún tipo de poción o algo así en la elaboración, ¿no? —señaló Luna.
—Así es. —Hermione se terminó el té y se puso de pie—. En realidad no estoy segura de si se trata de alguna poción o no. Por eso quiero ir a ver al viejo Slughorn y preguntarle acerca de esto. —Recogió los papeles y volvió a meterlos en su bolso—. Iré a casa y le escribiré para preguntarle si podemos reunirnos. Por si acaso, Neville, mantente atento a las respuestas de tus conocidos, al fin y al cabo no estoy segura de si mi hipótesis es correcta o no.
Y dicho eso, Hermione se despidió del matrimonio y salió de la casa de los Longbottom.
Hola gente.
Y este ha sido el capítulo vigésimo tercero. Bueno, un capítulo corto, pero después de estar más de un mes sin subir capítulo nuevo, quería terminar cuanto antes. Bueno, para esta parte tengo como mínimo un par más de capítulos relacionados para el futuro. Uno de ellos saldrá después de que lean el capítulo de la segunda prueba y el otro será el último capítulo de esta parte, y ya os digo que ahí presentaré a los que vendrían a ser los malos de esta historia.
Espero que os haya gustado, aunque haya sido cortito.
Se despide,
Grytherin18-Friki
