Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling
—Muy bien, me toca leer —dijo Lily—. Una prueba inesperada.
—¡¿Cómo que una prueba inesperada?! —exclamó Harry Potter, alarmado. ¿Es qué acaso no tenía suficiente con el hecho de participar en tres pruebas mortales que, además, añadían una cuarta? ¿Es qué acaso los organizadores del torneo eran unos sádicos?
—Le aseguro, señor Potter, que esta "prueba inesperada" es algo muy simple —dijo McGonagall.
Harry no estaba seguro, pero se calló para que su madre pudiese empezar a leer.
—¡Potter!, ¡Weasley!, ¿queréis atender?
La irritada voz de la profesora McGonagall restalló como un látigo en la clase de Transformaciones del jueves, y tanto Harry como Ron se sobresaltaron.
—¿Se puede saber que estáis haciendo vosotros dos? —preguntó Hermione a sus amigos con los ojos entrecerrados.
—¡Nada! —se apresuraron a responder.
La clase estaba acabando. Habían terminado el trabajo: las gallinas de Guinea que habían estado transformando en conejillos de Indias estaban guardadas en una jaula grande colocada sobre la mesa de la profesora McGonagall (el conejillo de Neville todavía tenía plumas),
Neville bajó la cabeza, algo apesadumbrado de no poder hacerlo bien. Luna colocó una mano sobre la suya.
—Seguro que al final te saldrá.
y habían copiado de la pizarra el enunciado de sus deberes («Describe, poniendo varios ejemplos, en qué deben modificarse los encantamientos transformadores al llevar a cabo cambios en especies híbridas»).
—¡Oh, eso es fácil! —dijo James—. Después te digo la respuesta —añadió, mirando a su hijo.
—No le diga nada a su hijo, señor Potter. El ejercicio no tendría sentido si le dice la respuesta desde el principio —replicó McGonagall.
—Oh, venga, Minnie. Déjame que ayude a mi hijo como buen padre que soy —dijo James.
La profesora de Transformaciones iba a replicar, pero segundos después pareció cambiar de opinión.
—Mientras no le diga directamente la respuesta, imagino que no habrá nada de malo si le ayuda un poco.
Probablemente la mujer estaba pensando que Harry (al igual que otros niños) nunca pudieron disfrutar de algo tan simple como recibir la ayuda de su padre para hacer los deberes.
La campana iba a sonar de un momento a otro. Cuando Harry y Ron, que habían estado luchando con dos de las varitas de pega de Fred y George a modo de espadas, levantaron la vista, Ron sujetaba un loro de hojalata, y Harry, una merluza de goma.
—Así que no estabais haciendo nada, ¿eh?
—Bueno, nosotros no sabíamos que estaban haciendo nuestros yo del futuro —replicó Ron, mientras Harry asentía.
—Ahora que Potter y Weasley tendrán la amabilidad de comportarse de acuerdo con su edad —dijo la profesora McGonagall dirigiéndoles a los dos una mirada de enfado cuando la cabeza de la merluza de Harry cayó al suelo (súbitamente cortada por el pico del loro de hojalata de Ron)
—¿Eso quiere decir que he ganado yo?
—, tengo que deciros algo a todos vosotros.
»Se acerca el baile de Navidad:
—¿Baile? —exclamaron muchos.
—Pues sí. Es tradición que, cuando se celebra el Torneo de los Tres Magos, se realice un baile por fechas navideñas —explicó Flitwick.
Ah, un baile... tampoco esta tan mal pensó Harry. Solamente no iré y ya. Aunque soy un campeón (para desgracia mía), así que seguramente tendré que ir. Bueno, entonces pasaré el tiempo en un rincón y ya.
constituye una parte tradicional del Torneo de los tres magos y es al mismo tiempo una buena oportunidad para relacionarnos con nuestros invitados extranjeros. Al baile sólo irán los alumnos de cuarto en adelante, aunque si lo deseáis podéis invitar a un estudiante más joven...
Lavender Brown dejó escapar una risita estridente. Parvati Patil le dio un codazo en las costillas, haciendo un duro esfuerzo por no reírse también, y las dos miraron a Harry.
—¿Eh? —Harry se quedó algo confuso ante el repentino ataque de risa de sus compañeras de curso.
—No lo entiendes, ¿verdad? —le dijo Hermione al verle.
—Pues no, la verdad —confesó el chico de las gafas.
—Es fácil. Al baile solamente se puede asistir de cuarto hacia delante, pero las chicas de primero a tercero, que lo más seguro es que quieran asistir al baile, no puedan hacerlo —comenzó a explicar Hermione—. La única manera que tienen de asistir al baile es ir con alguien de un curso superior. Seguramente algunas tengan amigos por esos cursos y vayan con ellos; otras tendrán familiares por allí y, con un poco de suerte, podrán ir con conocidos suyos. Pero, ¿y las que no tienen ninguna de las dos cosas? Pues solamente les queda esperar a que las inviten o armarse de valor e invitar ellas a alguien... Por ejemplo, a mí.
—¿Por qué me iban a invitar a mí? —preguntó Harry. Según el libro, había mucha gente que, en ese momento, aborrecía a Harry por el tema de ser el segundo campeón de la escuela.
Hermione puso los ojos en blanco.
—Porqué eres un campeón. ¿Por qué más iban a invitarte? Tu presencia va a ser obligatoria en el baile, así que ya saben que eres un pase garantizado al evento.
—Oh, genial —gruñó Harry al comprender que pronto se iba a convertir en una especie de premio.
La profesora McGonagall no les hizo caso, lo cual le pareció injusto a Harry, ya que a Ron y a él sí que los había regañado.
—Una cosa es que dos estudiantes se rían por algo. Otra muy distinta es que dos estudiantes estén perdiendo el tiempo en clase, peleando con dos juguetes como si fuesen niños pequeños —replicó McGonagall.
Harry no dijo nada. Pero coincida con su yo del libro. Era injusto que la profesora no regañase ni a Lavender ni a Parvati.
—Será obligatoria la túnica de gala —prosiguió la profesora McGonagall
—Eso explica la túnica —gruñó Ron, seguramente recordando su propia túnica.
—. El baile tendrá lugar en el Gran Comedor, comenzará a las ocho en punto del día de Navidad y terminará a medianoche. Ahora bien... —La profesora McGonagall recorrió la clase muy despacio con la mirada—. El baile de Navidad es por supuesto una oportunidad para que todos echemos una cana al aire —dijo, en tono de desaprobación.
Algunos se rieron.
Lavender se rió más fuerte, poniéndose la mano en la boca para ahogar el sonido. Harry comprendió dónde estaba aquella vez lo divertido: la profesora McGonagall, que llevaba el pelo recogido en un moño muy apretado, no parecía haber echado nunca una cana al aire, en ningún sentido.
—Oh, no lo creo —dijo Dumbledore—. Recuerdo que en una ocasión, atrapé a la profesora, cuando era una estudiante, en una situación algo acalorada con otro estudiante.
—Director —exclamó McGonagall, mientras otros se reían a carcajadas ante esa inesperada revelación. ¿Quién les iba a decir que la estricta profesora de Transformaciones hubiese hecho algo así?
—Pero eso no quiere decir —prosiguió la profesora McGonagall— que vayamos a exigir menos del comportamiento que esperamos de los alumnos de Hogwarts. Me disgustaré muy seriamente si algún alumno de Gryffindor deja en mal lugar al colegio.
Sonó la campana, y se formó el habitual revuelo mientras recogían las cosas y se echaban las mochilas al hombro.
La profesora McGonagall llamó por encima del alboroto:
—Potter, por favor, quiero hablar contigo.
Harry suspiró. ¿Ahora que quería?
Dando por supuesto que aquello tenía algo que ver con su merluza de goma descabezada, Harry se acercó a la mesa de la profesora con expresión sombría.
Seguramente quiera decirme que tengo que ir sí o sí al baile. Me gustaría negarme, pero no creo que pueda.
La profesora McGonagall esperó a que se hubiera ido el resto de la clase, y luego le dijo:
—Potter, los campeones y sus parejas...
—¡¿Parejas?!
—¿Qué parejas? —preguntó Harry.
La profesora McGonagall lo miró recelosa, como si pensara que intentaba tomarle el pelo.
Lo mismo hacía la profesora de la sala.
—Vuestras parejas para el baile de Navidad, Potter —dijo con frialdad—. Vuestras parejas de baile.
—¿Cómo qué parejas de baile?
La repentina idea, hizo que Harry tuviese la absurda idea de que enfrentarse a un dragón era mucho mejor que buscar pareja para un baile.
Harry sintió que se le encogían las tripas.
—¿Parejas de baile? —Notó cómo se ponía rojo—. Yo no bailo —se apresuró a decir.
—Eso, eso.
—Sí, claro que sí bailas —replicó McGonagall—. Eso no es algo que pueda decidir usted, señor Potter.
—Sí, claro que bailas —replicó algo irritada la profesora McGonagall—. Eso era lo que quería decirte. Es tradición que los campeones y sus parejas abran el baile.
Si hubo un momento en el que Harry de verdad lamentaba ser campeón, era justo ese.
Harry se imaginó de repente a sí mismo con sombrero de copa y frac, acompañado de alguna chica ataviada con el tipo de vestido con volantes que tía Petunia se ponía siempre para ir a las fiestas del jefe de tío Vernon.
—Es que tú también tienes unos ejemplos... —dijo Holly.
—El único que tengo —replicó Harry.
—Yo no bailo —insistió.
—Es la tradición —declaró con firmeza la profesora McGonagall—. Tú eres campeón de Hogwarts, y harás lo que se espera de ti como representante del colegio. Así que encárgate de encontrar pareja, Potter.
—Pero... yo no...
—Ya me has oído, Potter —dijo la profesora McGonagall en un tono que no admitía réplicas.
—Tampoco sé de que te quejas. Eres un campeón, así que habrá chicas que querrán ir contigo. Además, tú mismo conoces a varias chicas, así que podrías invitar alguna de ellas —dijo Will.
Una semana antes, Harry habría pensado que encontrar una pareja de baile era pan comido comparado con enfrentarse a un colacuerno húngaro. Pero, habiendo ya pasado esto último, y teniendo que afrontar la perspectiva de pedirle a una chica que bailara con él, le parecía que era preferible volver a pasar por lo del colacuerno.
—La verdad es que no parece mala idea —murmuró Harry.
Harry nunca había visto que se apuntara tanta gente para pasar las Navidades en Hogwarts.
—Habiendo un baile, lo raro sería que la gente se fuese —dijo Bill.
Él siempre lo hacía, claro, porque la alternativa que le quedaba era regresar a Privet Drive,
—Siempre puedes venir a pasar las Navidades a casa —dijo Ron—. A mis padres no les importa.
—Por supuesto que no —se apresuró a decir la señora Weasley.
—O, si no, puedes pasarlas en las mías. Estoy segura que a mis padres no les importará —dijo Hermione—. Claro que tú también puedes venir, Ron —añadió al ver que el pelirrojo la miraba.
pero siempre había formado parte de una exigua minoría. Aquel año, en cambio, daba la impresión de que todos los alumnos de cuarto para arriba se iban a quedar, y todos parecían también obsesionados con el baile que se acercaba, sobre todo las chicas. Y era sorprendente descubrir de pronto cuántas chicas parecía haber en Hogwarts.
—Más o menos la mitad del alumnado son mujeres —señaló Daphne.
Nunca se había dado cuenta de eso. Chicas que reían y cuchicheaban por los corredores del castillo, chicas que estallaban en risas cuando los chicos pasaban por su lado, chicas emocionadas que cambiaban impresiones sobre lo que llevarían la noche de Navidad...
—¿Por qué van siempre en grupo? —se quejó Harry tras cruzarse con una docena aproximada de chicas que se reían y lo miraban—. ¿Cómo se supone que tiene que hacer uno para pedirle algo a una sola?
—Simplemente te acercas a la chica con la que quieras hablar, y le pides hablar a solas —dijo Ginny.
Siendo sinceros, Harry dudaba que fuese tan sencillo.
—¿Quieres echarle el lazo a una?
—¿De verdad, Ronald? ¿Echarle el lazo a una? —Hermione miró a Ron con una ceja levantada—. ¿Qué somos? ¿Ganado?
Ron sintió las orejas calentarse.
—Solo era una forma de hablar.
—dijo Ron—. ¿Tienes alguna idea de con cuál lo vas a intentar?
Harry no respondió. Tenía muy claro a quién le hubiera gustado pedírselo, pero no conseguiría reunir el valor...
Varios tuvieron un repentino y breve ataque de risa.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry, frunciendo el ceño.
—Perdón por eso —se disculpó Astoria—. Pero es que resulta gracioso pensar que un Gryffindor no pueda tener valor para pedirle salir a una chica a un baile.
—Seguro que si fueses tú la que tuviese que invitar a un chico a un baile, estarías en la misma posición —replicó Harry.
—Oh, ¿eso crees? —Harry asintió—. Pues muy bien —Astoria miró a Harry y le dedico una hermosa sonrisa—. ¿Quieres venir al Baile de Navidad conmigo?
—¿Qué? —gritaron varios.
—¡¿Astoria?! —exclamó Daphne.
Harry, quién se había sobresaltado ante el repentino griterío, se aclaró la garganta.
—Puede que te resulte fácil hacerlo ahora, pero des...
—¿Fácil? —interrumpió Astoria—. ¿Crees que ha sido fácil invitar al chico que me gusta?
—¡¿Qué?! —volvieron a gritar algunos.
Harry sintió que sus mejillas se sonrojaban ante esa confesión, mientras Ginny soltaba una especie de chillido estrangulado. Astoria rio un poco.
—Era broma...
—Ya decía yo.
—... Aunque solo una de ellas. La otra iba totalmente en serio.
—Espera, ¿qué? —Harry miró a Astoria, queriendo respuestas. Pero la chica simplemente sonrió y no volvió a hablar—. Así que no vas a decir nada, ¿eh? —masculló Harry, mientras calmaba su corazón que, desde la repentina confesión, había empezado a latir con más fuerza. ¿Cómo podría ser que una cría dos años más joven que él, le hiciese reaccionar de esa manera?
Cho
Cedric desvió ligeramente la mirada. Algo le decía que a Harry no le iba a salir muy bien su jugada.
le llevaba un año, era preciosa, jugaba maravillosamente al quidditch y tenía mucho éxito entre la gente.
Ron parecía comprender qué era lo que le pasaba a Harry por la cabeza.
—Mira, no vas a tener ningún problema. Eres un campeón. Acabas de burlar al colacuerno húngaro. Me apuesto a que harían cola para bailar contigo.
En atención a su amistad recientemente reanudada, Ron redujo al mínimo la amargura de su voz.
Ron simplemente miró el libro en silencio, pensando en lo idiota que había sido allí.
Y, para sorpresa de Harry, resultó que Ron tenía razón.
—Ya te lo he dicho —dijo Hermione.
Al día siguiente, una chica de Hufflepuff
—¿En serio? Estoy segura que el noventa y algo de los Hufflepuff te deben haber estado insultando... ¿y ahora quiere que vayas con ella? En fin, la hipocresía —dijo Emily.
—Bueno, quizás ella no dijo nada —dijo Harry, encogiéndose de hombros.
—O sabe que tú eres la única oportunidad que tiene de ir al baile —señaló Holly.
con el pelo rizado que iba a tercero y con la que Harry no había hablado jamás le pidió que fuera al baile con ella. Harry se quedó tan sorprendido que dijo que no antes de pararse a pensarlo.
—¿Le habrías dicho que sí, si te lo hubieses pensado? —le preguntó Ginny.
—No sé... Imagino que igualmente la habría rechazado —respondió Harry.
La chica se fue bastante dolida,
—Normal, ha sido un rechazo prácticamente instantáneo —dijo Tonks con una mueca de simpatía.
y Harry tuvo que soportar durante toda la clase de Historia de la Magia las burlas de Dean, Seamus y Ron a propósito de ella.
Hermione golpeó a Ron.
—¡Au! ¿Y eso por qué? —se quejó el pelirrojo.
—Por reírte de la situación —replicó Hermione.
—¡Pero si Dean y Seamus también se rieron! —protestó Ron.
—Cierto —Hermione le golpeó un par de veces más—. Ale, eso por ellos dos.
Al día siguiente se lo pidieron otras dos, una de segundo y
—Por favor, que sea una de primero —pidió Will.
—¿Por qué quieres que sea una de primero? —preguntó Reggie, confuso.
—Porqué así hará un pleno —respondió su hermano.
—A veces dices cada tontería... —murmuró su hermana.
—¿Solo a veces?
(para horror de Harry)
—Oh, Dios... que a lo mejor son Crabbe o Goyle —dijo Ron.
—¿Tú quieres que me dé un infarto?
otra de quinto
—Lástima.
que daba la impresión de que podría pegarle si se negaba.
—Pero si está muy bien —le dijo Ron cuando paró de reírse.
—Me saca treinta centímetros
—Harry, tú no eres alto precisamente —dijo Hermione—. Es más, creo que yo soy un poco más alta que tú.
—¡¿Qué?! Ni de broma —replicó su amigo.
—Solo he dicho que lo "creo". Eso no quiere decir que en verdad lo sea.
—Vamos a verlo. Levántate.
—¿Ahora? —Harry asintió, haciendo que Hermione suspirara. Pero igualmente se levantó.
Se descalzaron para evitar cualquier malentendido y se pusieron hombro con hombro.
—Creo que Hermione es más alta —declaró Ginny, tras unos segundos.
—¿Cómo?
—Pues sí. Unos dos o tres centímetros, pero definitivamente ella te supera —dijo Neville.
—No puede ser.
Harry, deprimido, se colocó las zapatillas de nuevo y volvió a sentarse.
—contestó Harry, aún desconcertado—. ¿Te imaginas cómo será intentar bailar con ella?
—Pues como bailar con otra chica —dijo Ginny.
Recordaba las palabras de Hermione sobre Krum: «¡Sólo les gusta porque es famoso!» Harry dudaba mucho que alguna de aquellas chicas que le habían pedido ser su pareja hubieran querido ir con él al baile si no hubiera sido campeón de Hogwarts.
—Es lo más probable —coincidió Charlie.
Luego se preguntó si eso le molestaría en caso de que se lo pidiera Cho.
—¿Por qué iba eso a molestarte? —preguntó Neville.
—No sé. Puede que sea el hecho de pedírselo y ella acepte ir conmigo, no porque quiera, sino porque soy un campeón —dijo Harry.
—No te preocupes. Si Cho acepta ir contigo, es porque ella de verdad quiere ir contigo como persona, y no como campeón —comentó Cedric.
—Ya veo... gracias —Harry murmuró esas palabras.
Espera, ¿por qué él sabría lo que Cho haría?
En conjunto, Harry tenía que admitir que, incluso con la embarazosa perspectiva de tener que abrir el baile, su vida había mejorado mucho después de superar la primera prueba.
—La verdad es que no me extraña —dijo Fred.
—Sí, ya sonaba espectacular cuando te enfrentaste al dragón, no me imagino como habrá sido verlo en persona. Seguro que te habrás ganado tus buenos fans —dijo George.
Ya no le decían todas aquellas cosas tan desagradables por los corredores, y sospechaba que Cedric podía haber tenido algo que ver: tal vez hubiera dicho a sus compañeros de Hufflepuff que lo dejaran en paz, en agradecimiento a la advertencia de Harry.
—Es posible —reconoció Cedric—. Pero también estoy seguro que gran parte de eso se debe a ti. Es como han dicho los gemelos Weasley, el enfrentamiento contra el dragón resulto ser bastante increíble.
También parecía haber por todas partes menos insignias de «Apoya a CEDRIC DIGGORY». Por supuesto, Draco Malfoy seguía recitándole algún pasaje del artículo de Rita Skeeter a la menor oportunidad, pero cosechaba cada vez menos risas por ello.
—¡Ja! —dejó escapar Ron.
Y, como para no enturbiar la felicidad de Harry, en El Profeta no había aparecido ninguna historia sobre Hagrid.
—Eso me parece raro —dijo Sally, frunciendo el ceño.
—Mientras esa mujer no escriba, mejor para nosotros —dijo Sirius.
—Tal vez... —reconoció Sally—. Pero algo me dice que esta esperando a tener algo verdaderamente pesado en sus manos.
—No parecía muy interesada en criaturas mágicas, en realidad —les contó Hagrid
—¡Vaya! No nos digas eso, Hagrid —exclamó James, con un fingido tono de sorpresa.
durante la última clase del trimestre, cuando Harry, Ron y Hermione le preguntaron cómo le había ido en la entrevista con Rita Skeeter.
Para alivio de ellos, Hagrid abandonó la idea del contacto directo con los escregutos, y aquel día se guarecieron simplemente tras la cabaña y se sentaron a una mesa de caballetes a preparar una selección de comida fresca con la que tentarlos.
—¿Habéis probado con la carne humana? Algo me dice que seguramente les gustaría —dijo Jake.
—Sólo quería hablar de ti, Harry
—¿Por qué será que no me extraña? —suspiró Harry.
—continuó Hagrid en voz baja—. Bueno, yo le dije que somos amigos desde que fui a buscarte a casa de los Dursley. «¿Nunca ha tenido que regañarlo en cuatro años?», me preguntó. «¿Nunca le ha dado guerra en clase?» Yo le dije que no, y a ella no le hizo ninguna gracia.
Lily soltó un bufido en cuanto termino de leer eso. ¿Quién narices se creía que era esa mujer para tratar de hacer que su hijo se viese como un delincuente?
Creo que quería que le dijera que eres horrible, Harry.
—Tenlo por seguro —dijo Bill.
—Claro que sí —corroboró Harry, echando unos cuantos trozos de hígado de dragón en una fuente de metal, y cogiendo el cuchillo para cortar un poco más—. No puede seguir pintándome como un héroe trágico, porque se hartarían.
—La gente se aburre rápidamente de esa clase de historias. Necesitan algo nuevo —dijo Tonks.
—Y la verdad es que la historia de un héroe que se volvió un delincuente, vende —asintió Charlie.
—"O mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano" —recito Will.
—¿Eso de dónde ha salido? —preguntó Daphne.
—De una película que vi hace tiempo, aunque no me acuerdo de como se llama.*
—Ahora quiere un nuevo punto de vista, Hagrid —opinó Ron, mientras cascaba huevos de salamandra—. ¡Tendrías que haberle dicho que Harry era un criminal demente!
—¡Pero no lo es! —dijo Hagrid, realmente sorprendido.
—Como si eso le hubiese importado alguna vez —bufó Arthur.
—Debería haber ido a hablar con Snape —comentó Harry en tono sombrío—. Le puede decir lo que quiere oír sobre mí en cualquier momento: «Potter no ha hecho otra cosa que traspasar límites desde que llegó a este colegio...»
—Veo perfectamente a Snape diciendo eso —dijo Ron.
—¿Ha dicho eso? —se asombró Hagrid, mientras Ron y Hermione se reían—. Bueno, habrás desobedecido alguna norma, Harry, pero en realidad eres bueno.
Los profesores que estaban en la sala, estaban de acuerdo con las palabras de Hagrid. Puede que Harry Potter se hubiese saltado varias normas en el pasado, pero en verdad era un buen chico.
—Gracias, Hagrid —le dijo Harry sonriendo.
—¿Vas a ir al baile de Navidad, Hagrid? —quiso saber Ron.
—Creo que me daré una vuelta por allí, sí —contestó Hagrid con voz ronca—. Será una buena fiesta, supongo. Tú vas a abrir el baile, ¿no, Harry? ¿Con quién vas a bailar?
—Aún no tengo con quién —contestó Harry, sintiéndose enrojecer de nuevo.
Hagrid no insistió.
Cada día de la última semana del trimestre fue más bullicioso que el anterior. Por todas partes corrían los rumores sobre el baile de Navidad,
—Me extrañaría más que no hubiesen rumores de ningún tipo —dijo Ginny.
aunque Harry no daba crédito ni a la mitad de ellos. Por ejemplo, decían que Dumbledore le había comprado a la señora Rosmerta ochocientos barriles de hidromiel con especias.
Dumbledore se echó a reír.
—Sería interesante. Pero creo que los estudiantes os hartaríais, ya que lo único que podría poner de beber sería hidromiel, y dudo que queráis eso.
Parecía ser verdad, sin embargo, lo de que había contratado a Las Brujas de Macbeth.
—En realidad ya han sido contratadas para que asistan al baile —explicó Dumbledore.
—¡Vaya! ¿En serio? —exclamó Ron.
—Pues claro que sí, Ron. ¿O es qué acaso crees que una banda de música famosa como ellos puedes contratarla con poco tiempo de antelación?
Harry no sabía quiénes eran exactamente porque nunca había tenido una radio mágica; pero, viendo el entusiasmo de los que habían crecido escuchando la CM (los Cuarenta Magistrales), suponía que debían de ser un grupo musical muy famoso.
—No sería exagerado decir que es el grupo de música más famoso que existe en Inglaterra —dijo Bill—. Puede que incluso sean famosos en otras partes de Europa.
Algunos profesores, como el pequeño Flitwick,
Harry se sonrojo y le mando una disculpa al profesor, aunque él fuese uno de los que más fuertes se reían.
desistieron de intentar enseñarles gran cosa al ver que sus mentes estaban tan claramente situadas en otro lugar.
—Los últimos días antes de las vacaciones de Navidad son los peores —dijo Sprout, mientras McGonagall y Flitwick asentían.
En la clase del miércoles los dejó jugar, y él se pasó la mayor parte de la hora comentando con Harry lo perfecto que le había salido el encantamiento convocador que había usado en la primera prueba del Torneo de los tres magos.
—No puedo esperar para verlo en directo —dijo Flitwick.
Eso será si no conseguimos dar con el culpable de que este metido en el torneo pensó Harry.
Otros profesores no fueron tan generosos.
—Lástima —dijo Sirius.
—Pero era de esperar —añadió James.
Nada apartaría al profesor Binns,
—Ni su muerte lo hizo. ¿Por qué iba a permitir que las Navidades lo hiciesen? —señaló Reg.
por ejemplo, de avanzar pesadamente a través de sus apuntes sobre las revueltas de los duendes. Dado que Binns no había permitido que su propia muerte alterara el programa, todos supusieron que una tontería como la Navidad no lo iba a distraer lo más mínimo.
—Eso mismo.
Era sorprendente cómo podía conseguir que incluso unos altercados sangrientos y fieros como las revueltas de los duendes sonaran igual de aburridos que el informe de Percy sobre los culos de los calderos.
—¡Ese informe es muy interesante! —exclamó Percy con indignación.
—Sí, sí. Lo que tú digas.
También McGonagall y Moody los hicieron trabajar hasta el último segundo de clase,
McGonagall asintió y Moody gruñó, algo que el resto de la sala interpretó como que estaba de acuerdo con su yo del libro.
y Snape antes hubiera adoptado a Harry que dejarlos jugar durante una lección. Con una mirada muy desagradable les informó de que dedicaría la última clase del trimestre a un examen sobre antídotos.
—¡Venga ya! ¿Examen el último día? Hay cosas con las que no se juega, Snape.
—Si no les pone el examen ahora, lo hará a la vuelta de vacaciones. Y creo que eso sería mucho peor —dijo Remus.
—¿Por qué sería peor? ¡Pero si tendrían más tiempo para estudiar!
—¿Tú crees que los estudiantes se pondrían a estudiar en medio de vacaciones navideñas? Porque, a excepción de unos pocos casos, yo no lo creo —respondió Sally a las palabras de Sirius.
—Es un puñetero —dijo amargamente Ron aquella noche en la sala común de Gryffindor—. Colocarnos un examen el último día... Estropearnos el último cachito de trimestre con montones de cosas que repasar...
—¿Qué te apuestas a que no esta estudiando? —susurró Fred.
—Es evidente que no va a estar estudiando —replicó George.
—Mmm... pero no veo que te estés agobiando mucho —replicó Hermione, mirándolo por encima de sus apuntes de Pociones.
Ron se entretenía levantando un castillo con los naipes explosivos,
Los gemelos Weasley se miraron.
—¿Por qué no estás estudiando, Ronald? —preguntó su madre al menor de sus hijos varones.
—No lo sé. Es el futuro —se defendió Ron, con las orejas rojas—. Y porque no me apetece estudiar al final del trimestre —murmuró al final.
que era mucho más divertido que hacerlo con la baraja muggle porque el edificio entero podía estallar en cualquier momento.
—Claro. Porque no hay nada más divertido que algo te explote de golpe en la cara —ironizo Hermione.
—Eso es evidente.
—Es Navidad, Hermione —le recordó Harry. Estaba arrellanado en un butacón al lado de la chimenea, leyendo Volando con los Cannons por décima vez.
—Tú también ponte a estudiar, Harry Potter.
Lily interrumpió la lectura para decirle eso a su hijo.
—Vamos Lily, cariño, déjale. Es casi Navidad, es normal que no quiera pensar en los estudios —dijo James en defensa de Harry. Lily fulmino a James con la mirada—. Esto... deberías estar estudiando, jovencito.
Hermione también lo miró a él con severidad.
—Creí que harías algo constructivo, Harry, aunque no quisieras estudiar los antídotos.
—¿Cómo qué? —inquirió Harry mientras observaba a Joey Jenkins, de los Cannons, lanzarle una bludger a un cazador de los Murciélagos de Ballycastle.
—¡Como pensar en ese huevo!
—Por ejemplo.
—Vamos, Hermione, tengo hasta el veinticuatro de febrero —le recordó Harry.
—Yo de ti no me fiaría —dijo Remus—. Podría llevarte semanas descifrar el huevo. Además de que necesitarías prepararte correctamente para la prueba, una vez descifres el enigma del huevo.
Había metido el huevo en el baúl del dormitorio y no lo había vuelto a abrir desde la fiesta que había seguido a la primera prueba. Después de todo, aún quedaban dos meses y medio hasta el día en que necesitaría saber qué significaba aquel gemido chirriante.
—¡Pero te podría llevar semanas averiguarlo! —objetó Hermione—. Y vas a quedar como un auténtico idiota si todos descifran la siguiente prueba menos tú.
Hermione asintió, de acuerdo con su yo del libro.
—Déjalo en paz, Hermione. Se merece un descanso —dijo Ron. Y, al colocar en el techo del castillo las últimas dos cartas, el edificio entero estalló y le chamuscó las cejas.
Ron soltó un gruñido.
—Casi —masculló.
—Muy guapo, Ron... Esas cejas te combinarán a la perfección con la túnica de gala.
—Muy gracioso —gruñó Ron, fulminando a los gemelos con la mirada.
—¡Eh! ¿Cómo sabes qué hemos sido nosotros? —se quejó Fred.
—¿Quién más sería?
—Pues también es verdad —admitió George.
Eran Fred y George. Se sentaron a la mesa con Ron y Hermione mientras aquél evaluaba los daños.
—Ron, ¿nos puedes prestar a Pigwidgeon? —le preguntó George.
—No, está entregando una carta —contestó Ron—. ¿Por qué?
—¿Para qué crees que alguien necesita una lechuza? —preguntó Ginny con sarcasmo.
—Porque George quiere que sea su pareja de baile —repuso Fred sarcásticamente.
—Fue amor a primera vista —dijo George, poniendo una mirada soñadora.
—Pues porque queremos enviar una carta, so tonto —dijo George.
—¿A quién seguís escribiendo vosotros dos, eh? —preguntó Ron.
—No te interesa, Ron —dijo Fred.
Intercambio una mirada con su gemelo, ambos preguntándose lo mismo. ¿A quién estaban escribiendo en el futuro?
—Aparta las narices, Ron, si no quieres que se te chamusquen también —le advirtió Fred moviendo la varita con gesto amenazador
—No amenaces a tu hermano, Fred —dijo Molly con seriedad.
—. Bueno... ¿ya tenéis todos pareja para el baile?
—No —respondió Ron.
—Pues mejor te das prisa, tío, o pillarán a todas las guapas —dijo Fred.
—¿Con quién vas tú? —quiso saber Ron.
—Con Angelina —contestó enseguida Fred, sin pizca de vergüenza.
—¿Qué? —exclamaron algunos.
Emily soltó un bufido por lo bajo.
—¿Qué? —exclamó Ron, sorprendido—. ¿Se lo has pedido ya?
—Es evidente, ¿no? —dijo Will.
—Buena pregunta
—Pues va a ser que no —dijo Neville.
—reconoció Fred. Volvió la cabeza y gritó—: ¡Eh, Angelina!
—¿En serio se lo vas a pedir ahora? —preguntó Harry con sorpresa.
Angelina, que estaba charlando con Alicia Spinnet cerca del fuego, se volvió hacia él.
—¿Qué? —le preguntó.
—¿Quieres ser mi pareja de baile?
Angelina le dirigió a Fred una mirada evaluadora.
—Bueno, vale —aceptó, y se volvió para seguir hablando con Alicia, con una leve sonrisa en la cara.
—No me esperaba que aceptase con tanta facilidad —reconoció George quien, sin saber muy bien, estaba algo molesto.
—Ya lo veis —les dijo Fred a Harry y Ron—: pan comido.
—Para ti —murmuró Ron.
—Se puso en pie, bostezó y añadió—: Tendremos que usar una lechuza del colegio, George. Vamos...
En cuanto se fueron, Ron dejó de tocarse las cejas y miró a Harry por encima de los restos del castillo, que ardían sin llama.
—Tendríamos que hacer algo, ¿sabes? Pedírselo a alguien.
—Sí, eso es evidente —dijo Holly.
—Especialmente Harry, ya que él es uno de los campeones —señaló Alan.
Fred tiene razón: podemos acabar con un par de trols.
Hermione dejó escapar un bufido de indignación.
Lo mismo que en la sala, aunque no fue solo Hermione.
—¿Un par de qué, perdona?
—Bueno, ya sabes —dijo Ron, encogiéndose de hombros—. Preferiría ir solo que con... con Eloise Midgen, por ejemplo.
—¡Pero si es una chica muy simpática!
—Su acné está mucho mejor últimamente. ¡Y es muy simpática!
—Tiene la nariz torcida —objetó Ron.
—¿Así qué no quieres ir con ella por qué tiene la nariz torcida?
—Esto... básicamente —asintió Ron.
Hermione soltó un bufido.
—Eres un imbécil, Ronald.
—¿Y yo qué he hecho ahora? —exclamó.
—¿En serio te lo estás preguntando? —cuestionó Ginny con el ceño fruncido.
—Ya veo —exclamó Hermione enfureciéndose—. Así que, básicamente, vas a intentar ir con la chica más guapa que puedas, aunque sea un espanto como persona.
—Eh... bueno, sí, eso suena bastante bien —dijo Ron.
—¡No! ¡No suena nada bien!
—Me voy a la cama —espetó Hermione, y sin decir otra palabra salió para la escalera que llevaba al dormitorio de las chicas.
Deseosos de impresionar a los visitantes de Beauxbatons y Durmstrang, los de Hogwarts parecían determinados a engalanar el castillo lo mejor posible en Navidad. Cuando estuvo lista la decoración, Harry pensó que era la más sorprendente que había visto nunca en el castillo: a las barandillas de la escalinata de mármol les habían añadido carámbanos perennes; los acostumbrados doce árboles de Navidad del Gran Comedor estaban adornados con todo lo imaginable, desde luminosas bayas de acebo hasta búhos auténticos, dorados, que ululaban; y habían embrujado las armaduras para que entonaran villancicos cada vez que alguien pasaba por su lado. Era impresionante oír Adeste, fideles... cantado por un yelmo vacío que no sabía más que la mitad de la letra.
—¿Por qué nunca os currasteis tanto las decoraciones cuando nosotros éramos estudiantes? —preguntó James.
—Bueno, en esta ocasión tenemos a varios invitados con nosotros, así que, como se dice, teníamos que tirar un poco la casa por la venta —respondió Dumbledore.
En varias ocasiones, Filch, el conserje, tuvo que sacar a Peeves de dentro de las armaduras, donde se ocultaba para llenar los huecos de los villancicos con versos de su invención, siempre bastante groseros.
—No sería Peeves si no hiciese eso —declaró Reg.
Y Harry aún no había invitado a Cho al baile.
—Como sigas esperando, a ese paso va a ir con otro... si es que no va ya —dijo Bill.
Él y Ron se estaban poniendo muy nerviosos aunque, como Harry observó, sin pareja, Ron no haría tanto el ridículo como él, porque se suponía que Harry tenía que abrir el baile con los demás campeones.
—Sí... tú lo tienes más difícil que yo —admitió Ron.
—Supongo que siempre quedará Myrtle la Llorona —comentó en tono lúgubre, refiriéndose al fantasma que habitaba en los servicios de las chicas del segundo piso.
—Hombre, ir con un fantasma seguramente llamaría la atención —dijo Charlie.
—Tendremos que hacer de tripas corazón, Harry —le dijo Ron el viernes por la mañana, en un tono que sugería que se proponían asaltar una fortaleza inexpugnable—. Antes de que volvamos esta noche a la sala común, tenemos que haber conseguido pareja, ¿vale?
—Eso, daros prisa o se irán todas las guapas ¿verdad, Ron? —dijo Hermione ácidamente.
—Eso es —asintió Ron, sin percatarse del tono de Hermione.
—Eh... vale —asintió Harry.
Pero cada vez que vio a Cho aquel día (durante el recreo, y luego a la hora de la comida, y una vez más cuando iba a Historia de la Magia) estaba rodeada de amigas. ¿Es que no iba sola a ninguna parte?
—Vamos a ver, si estáis en horario de clase es normal que vaya a clase con sus amigas —dijo Emily—. Digo yo que irán todas a la misma clase.
¿Podría pillarla por sorpresa de camino a los servicios?
—Joder, Harry. ¿Podrías sonar menos como un acosador? —le pidió Sirius.
Pero no: también a los servicios iba acompañada de una escolta de cuatro o cinco chicas. Aunque, si no se daba prisa, se adelantaría algún otro.
—No me extrañaría que ya se hubiesen adelantado —murmuró Charlie.
—No seas pájaro de mal agüero —replicó Bill en voz baja.
Le costó concentrarse en el examen de antídotos, y por eso se olvidó de añadir el ingrediente principal (un bezoar), por lo que Snape le puso un cero.
—Si te sirve de consuelo, seguramente a mí también me habrá puesto un cero —dijo Neville.
Pero no le preocupó: estaba demasiado absorto reuniendo valor para lo que se disponía a hacer. Cuando sonó la campana, cogió la mochila y salió corriendo de la mazmorra.
—Nos vemos en la cena— les dijo a Ron y Hermione, y se abalanzó escaleras arriba.
Sólo tendría que preguntarle a Cho si podía hablar con ella, eso era todo...
—Te recuerdo que te has pasado días sin atreverte a hablar con ella —señaló su hermana.
Se apresuró por los abarrotados corredores en su busca, y (antes incluso de lo que esperaba) la encontró saliendo de una clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.
—Eh... Cho... ¿Podría hablar un momento contigo?
Tendrían que prohibir las risas tontas, pensó Harry furioso
—Eso, eso —corearon varios.
cuando todas las chicas que estaban con Cho empezaron a reírse. Ella, sin embargo, no lo hizo.
Harry soltó un suspiro de alivio. Era cierto que, actualmente, él ya no veía a Cho como una pareja, pero igualmente se sintió agradecido de que ella no se riese.
—Claro —dijo, y lo siguió adonde no podían oírlos sus compañeras de clase.
Harry se volvió a mirarla y el estómago le dio una sacudida, como si bajando una escalera se hubiera saltado un escalón sin darse cuenta.
—Eh... —balbuceó.
No podía pedírselo. No podía.
—Vamos, échale un par de huevos. Si te rechaza, ya nos desahogaremos yendo a beber.
—¡Sirius Black! ¡No incites a mi hijo a que se emborrache!
Pero tenía que hacerlo. Cho lo miraba, y parecía desconcertada. Se le trabó la lengua.
—¿Quieresveviralmailecombigo?
—Solo porque sé lo que querías pedirle, que sino no me hubiese enterado de lo que has dicho —dijo Hermione.
—¿Cómo? —dijo Cho.
—¿Que... querrías venir al baile conmigo? —le preguntó Harry. ¿Por qué tenía que ponerse rojo? ¿Por qué?
—¡Ah! —exclamó Cho, y se puso roja ella también
Harry, internamente, se sintió agradecido por ello. Al menos él no era el único pasando vergüenza.
—. ¡Ah, Harry, lo siento muchísimo!
—Sabía que ya tendría pareja —dijo Charlie, chasqueando la lengua con frustración.
—Y parecía verdad—. Ya me he comprometido con otro.
—La verdad es que no me extraña —dijo Eli.
—Sí, ha tardado lo suyo en pedirle ir al baile —asintió Reggie.
—¿Queréis dejar de cuchichear vosotros dos? —susurró Holly.
—¡Ah! —dijo Harry.
Qué raro: un momento antes, las tripas se le retorcían como culebras; pero de repente parecía que las tripas se hubieran ido a otra parte.
—Bueno, no te preocupes —añadió.
—Lo siento muchísimo —repitió ella.
—No pasa nada —aseguró Harry.
Se quedaron mirándose, y luego dijo Cho:
—Bueno...
—Sí... —contestó Harry.
—Eso debe de ser muy incómodo.
—Bueno, hasta luego —se despidió Cho, que seguía muy colorada.
Sin poder contenerse, Harry la llamó.
—Harry, no. Solo te vas ha hacer más daño —dijo James.
—¿Con quién vas?
—Te he dicho que no, Harry.
—¡Ni que yo pudiese controlar lo que hago o digo en el futuro! —exclamó Harry.
—Con Cedric —dijo ella—. Con Cedric Diggory.
—Vaya... eso si que no me lo esperaba —dijo Fred.
—Ah, bien —respondió Harry.
Y volvió a notar las tripas. Parecía como si durante su breve ausencia hubieran ido a llenarse de plomo.
Olvidándose por completo de la cena, volvió lentamente a la torre de Gryffindor, y la voz de Cho le retumbó en los oídos con cada paso que daba: «Con Cedric... Con Cedric Diggory.» Cedric había empezado a caerle bastante bien, y había estado dispuesto a olvidar que le hubiera ganado al quidditch, y que fuera guapo, y que lo quisiera todo el mundo, y que fuera el campeón favorito de casi todos.
—No se nota nada la envidia —dijo Daphne con sarcasmo.
Pero en aquel momento comprendió que Cedric era un guapito inepto que no tenía bastante cerebro para llenar un dedal.
Cedric no pudo evitar dejar escapar un bufido. Que fuese de enfado o diversión, era un tema aparte.
—Luces de colores —le dijo a la Señora Gorda con la voz apagada.
Habían cambiado la contraseña el día anterior.
—¡Joder, ya era hora!
—¡Sí, cielo, por supuesto! —gorjeó ella, acomodándose su nueva cinta de oropel al tiempo que lo dejaba pasar.
Al entrar en la sala común, Harry miró a su alrededor y para sorpresa suya vio que Ron estaba sentado en un rincón alejado, pálido como un muerto.
—Mira, otro al que han rechazado —señaló Hermione.
—Eso no tiene gracia —gruñó Ron.
Ginny se hallaba sentada a su lado, hablando con él en voz muy baja.
—¿Qué pasa, Ron? —dijo Harry al llegar junto a ellos.
Ron lo miró con expresión de horror.
—Joder, ¿tan malo ha sido el rechazo?
—¿Por qué lo hice? —exclamó con desesperación—. ¡No puedo entender por qué lo hice!
—Pues sí que ha sido malo, pues sí —dijo Tonks.
—No te preocupes, Ron. Después le damos unos sorbos a unas bellezas que tengo guardadas y ya verás como se te quita —dijo Sirius.
—¡No le des nada raro a mi hijo, Black! —gritó Molly.
—¿El qué? —le preguntó Harry.
—Eh... simplemente le pidió a Fleur Delacour que fuera al baile con él
La sala se quedó en silencio.
—Eso si que no me lo esperaba —admitió Neville.
—Ni tú ni nadie, al parecer —añadió Will.
—Pero igualmente hacer eso...
—... tienes nuestro respeto, Ron. —George terminó la frase que su gemelo estaba a punto de decir, y ambos hicieron una reverencia a su hermano menor, quién se había sonrojado.
—¡¿Queréis parar?! —les espetó.
Mientras Fleur se removía incómoda en su asiento. Ella también estaba sonrojada, aunque mucho menos que el pelirrojo.
—explicó Ginny, que parecía estar a punto de sonreír,
Ron le lanzó una mirada fulminante a su hermana, quién se limitó a sonreírle con inocencia.
pero se contuvo y le dio a Ron una palmada de apoyo moral en el brazo.
—¿Qué tú que? —dijo Harry.
—¡No puedo entender por qué lo hice!
Oh... imagino que por accidente habrá quedado afectado por mi esencia de veela pensó Fleur.
—repitió Ron—. ¿A qué he jugado? Había gente (estaba todo lleno)
A medida que la lectura iba siguiendo, Fleur se sentía cada vez peor por Ron. Vale que no había sido culpa suya que el chico quedase afectado por sus poderes de veela; pero igualmente seguía siendo su responsabilidad.
y me volví loco... ¡Con todo el mundo mirando! Simplemente la adelanté en el vestíbulo. Estaba hablando con Diggory.
Eso llamó la atención de Fleur. Entonces, ¿estaba usando su encanto de veela con Cedric Diggory? ¿Por qué motivo? ¿Para qué la invitase al baile? ¿Podían ir siquiera dos campeones juntos al Baile de Navidad como pareja?
Y entonces me vino el impulso... ¡y se lo pedí!
Ron gimió y se tapó la cara con las manos. Siguió hablando, aunque apenas se entendía lo que decía.
—Me miró como si yo fuera una especie de holotúrido. Ni siquiera me respondió. Y luego... no sé... recuperé el sentido y eché a correr.
—Bueno, a ver, si le gritas en medio del vestíbulo que vaya contigo al baile, pues entiendo que no te responda de inmediato —dijo Bill—. Es demasiado repentino.
—Es en parte una veela
—Cierto. No recordaba ese detalle —dijo Arthur.
—dijo Harry—. Tenías razón: su abuela era veela. No es culpa tuya. Estoy seguro de que llegaste cuando estaba desplegando todos sus encantos para atraer a Diggory, y te hicieron efecto a ti. Pero ella pierde el tiempo. Diggory va con Cho Chang.
—Entonces, ¿todo eso era para que fuese al baile contigo? Mira, me siento halagado, pero la próxima vez preferiría que fueses a pedírmelo directamente, sin trucos —dijo Cedric.
—Espera... ¿dos campeones pueden ir juntos al baile? —preguntó Krum de repente.
—Ciertamente no existe ninguna norma en contra de ello. Pero es posible que eso sea debido a que, hasta ahora, no se había dado esa situación —respondió Dumbledore.
—En realidad, no creo que haya estado usado el encanto de veela para ir al baile con Diggory —dijo Fleur de repente—. Quiero decir, solamente tengo un cuarto de veela en mi sangre así que mi encanto no es tan poderoso como lo sería con mi abuela o incluso mi madre. Así que, si por ejemplo, quisiese invitar a Diggory al baile, tendría que hacerlo justo antes de que este empezase, ya que mi encanto solamente dura unas horas.
—Entonces, ¿Cuál era tu objetivo? —preguntó Emily—. Porque es evidente que has usado tu encanto. Ron fue afectado por él, al fin y al cabo.
—No tengo ni idea.
Ron levantó la mirada.
—Le acabo de pedir que sea mi pareja —añadió Harry con voz apagada—, y me lo ha dicho.
De pronto, Ginny había dejado de sonreír.
Imagino que no me hace mucha gracia escuchar que Harry le haya pedido a otra ir con él al baile pensó Ginny.
—Esto es una estupidez —afirmó Ron—. Somos los únicos que quedamos sin pareja.
—Bueno, seguro que hay muchos otros que irán al baile sin pareja —dijo Percy, en un intento de animar a su hermano menor.
—Además, no sé de que os quejáis. Los chicos aún podéis ir sin pareja y al final no pasa nada. Pero como una chica vaya sin pareja, mucha gente se llevaría la mano a la cabeza —dijo Daphne con una mueca de desagrado.
Bueno, además de Neville.
—La verdad es que tampoco me extraña —dijo Neville—. No soy precisamente de los que invitan a una chica a un evento como ese.
—Yo puedo ir al baile contigo —dijo Luna—. Soy tu novia, ¿no?
Neville sonrió.
—Cierto.
Ron se inclinó hacia Harry.
—¿Sabes? Aún me sorprende que Neville haya sido el primero en nuestro dormitorio en conseguir una novia —le susurró.
¿A que no adivinas a quién se lo pidió él? ¡A Hermione!
Hermione pareció sorprendida ante esa revelación, mientras Neville se sonrojaba.
—¿Qué? —exclamó Harry, completamente anonadado por aquella impactante noticia.
—¿Qué es lo impactante? ¿Qué Neville me haya invitado? ¿O el hecho de que alguien me invitase al baile en general?
—Esto...
Harry no supo que decir.
—¡Lo que oyes! —dijo Ron, y recobró parte del color al empezar a reírse—. ¡Me lo contó después de Pociones! Dijo que ella siempre ha sido muy buena con él, que siempre lo ha ayudado con el trabajo y todo eso...
—Es entendible que quisiese invitarla al baile —dijo Tonks.
Pero ella le contestó que ya tenía pareja.
—¿De verdad? ¿Quién? —preguntó Ginny, mirando a su amiga, como si esta fuese a saber la respuesta.
—Ni idea. Eso es el futuro —respondió Hermione.
¡Ja! ¡Como si eso fuera posible! Lo que pasa es que no quería ir con Neville... Porque, claro, ¿Quién sería capaz de ir con él?
—Ronald...
Ron no tenía que ser un genio para darse cuenta de que su madre estaba enfadada con él. Y no solo ella. Era evidente que mucha otra gente en la sala estaba molesta con el pelirrojo. Pero el más molesto era, sin dudas, él mismo.
¿A qué había venido ese comentario? Ese tipo de cosas eran más típicas de Malfoy que de él.
—No sé de que estás hablando, Ron —dijo Neville. Tenía los puños cerrados y el ceño fruncido, indicios de que él también estaba molesto—. Al menos yo he tenido el coraje de invitar a Hermione al baile. A diferencia de ti, que no has hecho nada.
—¿Qué...? —Ron sintió como sus orejas se calentaban. Era cierto que estaba molesto por su comentario en el libro sobre Neville. Pero eso no quisiese decir que el comentario del chico no le hubiese molestado—. ¡Retira eso! —exclamó poniéndose de pie.
—¿Y si no quiero, qué? —replicó Neville, poniéndose de pie él también—. ¿Qué pasa? ¿Te molesta que te digan las verdades a la cara?
Ahora no solo las orejas de Ron estaban rojas, sino que también su cara lo estaba. Parecía dispuesto a abalanzarse sobre Neville; y lo hubiese hecho sino fuese porque Harry saltó en medio de ambos y sujeto a Ron.
—Ron, no hagas ninguna tontería —le dijo, mientras trataba de volver a sentarlo en el sofá.
Finalmente, y con la ayuda de Fred y George, Harry pudo conseguir que Ron se sentase de nuevo en el sofá. Neville, por su parte, se quedó mirando la escena en silencio. Después respiro profundamente un par de veces, y finalmente también se sentó en su sitio.
—Lo siento —dijo Neville—. Mi comentario ha estado fuera de lugar.
—Sí que lo ha estado —gruñó Ron. Sin embargo, dos fuertes golpes, provenientes de su mejor amiga y su hermana pequeña le hicieron rectificar—. Yo también lo siento. No debí decir eso... o no debería decir eso, mejor dicho.
Por su parte los señores Weasley se estaban disculpando con los señores Longbottom por la actitud de su hijo. Frank y Alice, aunque molestos por las palabras de Ron, finalmente parecieron decidir que era cosas de críos y no dijeron nada.
—¡No digas eso! —dijo Ginny enfadada
Neville miró a Ginny con agradecimiento.
—. No te rías...
Justo en aquel momento entró Hermione por el hueco del retrato.
—¿Por qué no habéis ido a cenar? —les preguntó al acercarse a ellos.
—Porque... (ah, dejad de reíros) porque les han dado calabazas a los dos —explicó Ginny.
Eso les paralizó la risa.
—Muchas gracias, Ginny —murmuró Ron con amargura.
—De nada —replicó Ginny con una sonrisa.
—¿Están pilladas todas las guapas, Ron? —le dijo Hermione con altivez—. ¿Qué, empieza a parecerte bonita Eloise Midgen? Bueno, no os preocupéis. Estoy segura de que en algún lugar encontraréis a alguien que quiera ir con vosotros.
—¡Eh! ¡Si yo no he dicho nada! —se quejó Harry.
—Pero seguro que en el fondo estabas de acuerdo con Ron —replicó Hermione.
Harry no dijo nada.
Pero Ron estaba observando a Hermione como si de repente la viera bajo una luz nueva.
—Hermione, Neville tiene razón: tú eres una chica...
Silencio.
—¿Confirmamos que nuestro hermano es idiota? —preguntó Bill.
—Confirmo —asintió Charlie.
—Desde luego lo es —dijo Percy.
—¿Acaso alguien lo dudaba? —señaló Fred.
—Yo llevó años diciéndolo —añadió George.
—¡Qué observador! —dijo ella ácidamente.
—Sí, se nota que no te ha gustado su comentario —dijo Emily.
—¿Acaso eso le gustaría a alguien? —replicó Hermione.
—¡Bueno, entonces puedes ir con uno de nosotros!
—¡Pero si ya te han dicho que tiene pareja!
—No, lo siento —espetó Hermione.
—¡Oh, vamos! —insistió Ron—. Necesitamos una pareja: vamos a hacer el ridículo si no llevamos a nadie.
—El único de los dos que haría ridículo al ir sin pareja, sería Harry —dijo Jack.
Todo el mundo tiene ya pareja...
—Vuelvo a decir que estoy seguro que más de uno irá sin pareja —dijo Percy.
—No puedo ir con vosotros —repuso Hermione, ruborizándose—, porque ya tengo pareja.
—¡Vamos, no te quedes con nosotros! —dijo Ron—. ¡Le dijiste eso a Neville para librarte de él!
—Pues claro que no. No tengo motivos para rechazar a Neville, así que es una tontería que me inventase una excusa como esa —replicó Hermione—. Si no hubiese sido por el hecho de que ya tengo pareja, seguramente iría con él.
—¿Ah, sí? —replicó Hermione, y en sus ojos brilló una mirada peligrosa
—Ron, un consejo: cállate —le advirtió Sirius.
—. ¡Que tú hayas tardado tres años en notarlo, Ron, no quiere decir que nadie se haya dado cuenta de que soy una chica!
—Solo Ron sería capaz de algo así —dijo Ginny—. Bueno, de Harry no sé que decirte...
—Yo ya me había dado cuenta de que Hermione era una chica —replicó Harry—. Pero no voy a mentir que la idea de ir al baile con ella se me hace rara. No sé... es como si tú fueses con Ron o con alguno de tus hermanos.
Ginny tuvo un escalofrío.
Ron la miró. Luego volvió a sonreír.
—Ron, no digas nada.
—Vale, vale, ya sabemos que eres una chica. ¿Y ahora quieres venir?
—¡Ron!
—¡Qué yo no controlo lo que este diciendo mi yo del libro! —protestó Ron.
—¡Ya os lo he dicho! —exclamó Hermione muy enfadada—. ¡Tengo pareja!
Y volvió a salir como un huracán hacia el dormitorio de las chicas.
—Esto, Hermione... ¿Te has enfadado? —preguntó Ron.
—¡¿Tú qué crees?!
—Es mentira —afirmó Ron, viéndola irse.
—No, no lo es —dijo Ginny en voz baja.
—Así que yo sé con quién vas —dijo Ginny.
—Claro, no tendría motivos para ocultártelo —dijo Hermione.
—¿Y a nosotros si? —exclamó Harry.
—No sé porque no os lo he dicho —respondió Hermione—. Pero imagino que tendré mis motivos.
—Entonces, ¿con quién va? —preguntó Ron bruscamente.
—Con quién yo quiera, Ronald —replicó Hermione.
—Yo no os lo voy a decir. Eso es cosa de ella —contestó Ginny.
—Bueno —dijo Ron, que parecía extraordinariamente desconcertado—, esto es ridículo. Ginny, tú puedes ir con Harry, y yo...
—No me metas a la fuerza una pareja —dijo Ginny.
Aunque si Harry y ella iban juntos al baile, no sé iba a quejar.
—No puedo —lo cortó Ginny, y también se puso colorada—. Soy la pareja de... de Neville.
—Toma giro de los acontecimientos.
Me lo pidió después de que Hermione le dijera que no, y yo pensé... bueno... si no es con él no voy a poder ir, porque aún no estoy en cuarto. —Parecía muy triste—. Creo que voy a bajar a cenar —concluyó.
Se levantó y se fue por el hueco del retrato, con la cabeza gacha.
Ron miró a Harry.
—¿Qué mosca les ha picado? —preguntó.
—¿De verdad te lo estás preguntando? —dijo Will.
Pero Harry acababa de ver entrar por el hueco del retrato a Parvati y Lavender. Había llegado el momento de emprender acciones drásticas.
—Harry, sé que estás desesperado. Pero recuerda que eso es un crimen.
—¡¿Qué te crees que voy ha hacer?!
—Espera aquí —le pidió a Ron. Se levantó, fue hacia Parvati y le preguntó:
—Parvati, ¿te gustaría ir al baile conmigo?
—Tanto rollo para que al final veas a Parvati y te dé la inspiración de invitarla —dijo Hermione con incredulidad.
A Parvati le dio un ataque de risa. Harry esperó que se le pasara cruzando los dedos dentro del bolsillo de la túnica.
—Sí. Vale —contestó al final, poniéndose muy roja.
—Tuviste suerte que Parvati no fuese con nadie —dijo Neville.
—Pues un poco sí —reconoció Harry.
—Gracias —dijo Harry, aliviado—. Lavender... ¿quieres ir con Ron?
—Ella es la pareja de Seamus
Ron chasqueó la lengua.
—respondió Parvati, y las dos se rieron más que antes.
Harry suspiró.
—¿Sabéis de alguien que pueda ir con Ron? —preguntó, bajando la voz para que Ron no pudiera oírlo.
—¿Qué tal Hermione Granger? —sugirió Parvati.
—Como no.
—Ya tiene pareja.
Parvati se sorprendió mucho.
—¡¿Tan sorprendente es que tenga pareja para el Baile de Navidad?! —exclamó Hermione.
—Oh... ¿Quién es?
Harry se encogió de hombros.
—Ni idea —repuso—. ¿Qué me decís de Ron?
—Bueno... —dijo Parvati pensativamente—, tal vez mi hermana... Padma, ya sabes, de Ravenclaw. Si quieres se lo pregunto.
—Sí, te lo agradezco —respondió Harry—. Me lo dices, ¿vale?
Y volvió con Ron pensando que aquel baile daba más quebraderos de cabeza que otra cosa, y rogando con todas sus fuerzas que Padma Patil no tuviera la nariz torcida.
—Fin del capítulo —anunció Lily.
Dumbledore se puso de pie.
—¿Qué tal si nos tomamos un descanso? —propuso.
Nadie se opuso a la idea. Así que se levantaron y comenzaron a dirigirse al comedor para poder comer, ya que estaban empezando a tener hambre.
Sin embargo, Harry le pidió a Ginny que se esperase un momento. Cuando se quedaron a solas Ginny miró a Harry, esperando que hablase.
—Ginny... cuando sea el baile... ¿quieres que vayamos juntos?
*: Frase que, si no recuerdo mal, proviene de la película Batman: El Caballero Oscuro, dirigida por Christopher Nolan y que se estreno en 2008.
Hola gente.
Capítulo vigésimo séptimo. Creo que la última vez que actualice esta historia, fue por abril o mayo más o menos... Pero bueno, más vale tarde que nunca, ¿verdad?
No hay mucho que comentar, pero la verdad es que en este capítulo hay ganas de darle un buen par de bofetadas a Ron.
En fin, espero que os haya gustado.
Se despide,
Grytherin18-Friki
