Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling
Aquí esta el capítulo especial de Navidad... Lo llamo especial, pero no es más que otro capítulo de lectura corriente y moliente XD
-Guest: Es evidente que cuando tardo en actualizar, gran parte de la responsabilidad es mía. Sin embargo eso no quiere decir que no haya otros factores que puedan intervenir y retrasar una actualización. Una cosa no quita la otra.
¿Se te ha ocurrido pensar que las circunstancias personales de Luxerii y mías pueden ser diferentes? Me parece perfecto que Luxerii suba capítulo semanalmente y ojala pueda completar los siete libros, porque si no me equivoco, sería la primera persona en hacerlo. Pero yo no puedo estar publicando semanalmente, porque me conozco y sé que me acabaría hartando de estar centrado únicamente en una historia semana tras semana.
-Ladi Di (Comentario en el capítulo 23 de Conociendo el futuro 2 y otro en el capítulo 11 de Conociendo el futuro 3. Y técnicamente hay otro más, pero como ese es preguntándome cuando subiría el capítulo... pues aquí esta): Respondiendo al primer comentario, que es acerca de los animagos, cuando escribí como se convertían en animagos en ese momento Rowling aún no había explicado cual era el método de hacerlo, así que yo, al igual que docenas de autores en su momento, me tuve que inventar el método.
-Y ahora el segundo. Si en ese momento Holly golpea a Harry, es básicamente porque Harry le da más importancia al hecho de haber perdido un partido de quidditch, que no el hecho de que ha estado a punto de morir.
—El baile de Navidad —leyó Holly.
A pesar del sinfín de deberes que les habían puesto a los de cuarto para Navidad, a Harry no le apetecía ponerse a trabajar al final del trimestre, y se pasó la primera semana de vacaciones disfrutando todo lo posible con sus compañeros.
—Vamos a ver, ¿Quién quiere pasarse la primera semana de vacaciones de Navidad (en realidad todas las vacaciones) estudiando? —exclamó Sirius. Varios levantaron la mano—. Cómo no. Los raritos del estudio voluntario.
La torre de Gryffindor seguía casi tan llena como durante el trimestre,
—Normal. Se habrán quedado casi todos —dijo Neville.
—Supongo que los únicos que no se quedarían serían los de tercero para bajo, con alguna que otra excepción —dijo Ginny.
y parecía más pequeña, porque sus ocupantes armaban mucho más jaleo aquellos días.
—Es que ahora no se han de preocupar de exámenes ni de cosas así —dijo James.
—Los de quinto tienen los TIMO. Y los de séptimo los ÉXTASIS —señaló Remus.
—Y el resto de estudiantes aún tienen sus propios exámenes —añadió McGonagall.
Fred y George habían cosechado un gran éxito con sus galletas de canarios, y durante los dos primeros días de vacaciones la gente iba dejando plumas por todas partes.
La mayoría se río al imaginarse la situación.
No tuvo que pasar mucho tiempo, sin embargo, para que los de Gryffindor aprendieran a tratar con muchísima cautela cualquier cosa de comer que les ofrecieran los demás,
Moody gruñó, aparentemente satisfecho con ese pensamiento.
por si había una galleta de canarios oculta, y George le confesó a Harry que estaban desarrollando un nuevo invento. Harry decidió no aceptar nunca de ellos ni una pipa de girasol.
—Eso nos duele, joven Potter —dijo Fred de forma dramática.
No se le olvidaba lo de Dudley y el caramelo longuilinguo.
—Bueno, hay que reconocer que después de eso, yo tampoco aceptaría nada de esos dos —admitió Ron.
En aquel momento nevaba copiosamente en el castillo y sus alrededores. El carruaje de Beauxbatons, de color azul claro, parecía una calabaza enorme, helada y cubierta de escarcha, junto a la cabaña de Hagrid, que a su lado era como una casita de chocolate con azúcar glasé por encima,
—¿Es que siempre has de referirte así a la cabaña de Hagrid cuando esta nevada? —preguntó Ron, medio divertido.
—Venga, reconoce que razón no me falta —río Harry.
en tanto que el barco de Durmstrang tenía las portillas heladas y los mástiles cubiertos de escarcha. Abajo, en las cocinas, los elfos domésticos se superaban a sí mismos con guisos calientes y sabrosos, y postres muy ricos.
Hermione frunció ligeramente el ceño, pero no dijo nada.
La única que encontraba algo de lo cual quejarse era Fleur Delacour.
Varios miraron a la francesa, quién se limitó a quedarse mirando el libro en manos de Holly en completo silencio.
—Toda esta comida de «Hogwag» es demasiado pesada —la oyeron decir una noche en que salían tras ella del Gran Comedor (Ron se ocultaba detrás de Harry, para que Fleur no lo viera)—. ¡No voy a «podeg lusig» la túnica!
—¡Ah, qué tragedia! —se burló Hermione cuando Fleur salía al vestíbulo—. Vaya ínfulas, ¿eh?
—Bueno, disculpa por querer verme bien para mi pareja del baile —replicó Fleur levemente molesta.
—Hermione —le dijo la señora Granger a su hija en tono de advertencia.
Hermione se sonrojó levemente y murmuró una disculpa a Fleur. La francesa simplemente aceptó la disculpa sin hacer ningún otro comentario.
—¿Con quién vas a ir al baile, Hermione?
Ron le hacía aquella pregunta en los momentos más inesperados para ver si, al pillarla por sorpresa, conseguía que le contestara.
—¿Por qué tanto interés en saber con quién voy? —preguntó Hermione a Ron.
—Es simple curiosidad —respondió Ron, sin mirar a Hermione.
Sin embargo, Hermione no hacía más que mirarlo con el entrecejo fruncido y responder:
—No te lo digo. Te reirías de mí.
—Claro que no... a menos que me digas que vas con Malfoy. En ese caso no me reiré de ti, sino que me preocuparé por tu salud mental.
—¿Bromeas, Weasley? —dijo Malfoy tras ellos—. ¡No me dirás que ha conseguido pareja para el baile! ¿La sangre sucia de los dientes largos?
Los señores Granger fruncieron el ceño. Gracias a la pócima que se habían tomado, habían descubierto que "sangre sucia" era un término despectivo que se usaba para referirse a los hijos nacidos de familias no mágicas como la suya.
—¿Es que este chaval es siempre así o qué? —se quejó William.
—Pues sí —respondió Harry, mientras que la mayoría asentían.
—Y su padre no es mucho mejor —añadió Arthur.
Harry y Ron se dieron la vuelta bruscamente, pero Hermione saludó a alguien detrás de Malfoy:
—¡Hola, profesor Moody!
Varios soltaron una carcajada.
Malfoy palideció y retrocedió de un salto, buscándolo con la mirada, pero Moody estaba todavía sentado a la mesa de los profesores, terminándose el guiso.
Ahora se rieron con más ganas.
—Buena esa —sonrió Sirius.
—Eres un huroncito nervioso, ¿eh, Malfoy? —dijo Hermione mordazmente, y ella, Harry y Ron empezaron a subir por la escalinata de mármol riéndose con ganas.
—Hermione —exclamó de repente Ron, sorprendido—, tus dientes...
—¿Qué pasa con ellos?
—¿Qué les pasa?
—Eso quiero saber.
—Bueno, que son diferentes... Lo acabo de notar.
—¿Diferentes? —murmuró Hermione, tocándose un poco los dientes.
—Claro que lo son. ¿Esperabas que siguiera con los colmillos que me puso Malfoy?
—Bueno, tiene razón ahí —señaló Reggie.
—Creo que no se refiere a eso —replicó Jack.
—No, lo que quiero decir es que son diferentes de como eran antes de la maldición de Malfoy. Están rectos y... de tamaño normal.
La mirada de la mayoría se dirigió a la boca de Hermione, como si esperaba ver que sus dientes, mágicamente, habían adoptado la forma en los libros..
Hermione les dirigió de repente una sonrisa maliciosa, y Harry también se dio cuenta: aquélla era una sonrisa muy distinta de la de antes.
—Bueno, claro. Hermione no suele sonreír maliciosamente —dijo Ron.
—Bueno... cuando fui a que me los encogiera la señora Pomfrey, me puso delante un espejo y me pidió que dijera «ya» cuando hubieran vuelto a su tamaño anterior —explicó—, y simplemente la dejé que siguiera un poco. —Sonrió más aún—. A mis padres no les va a gustar. Llevo años intentando convencerlos de que me dejaran disminuirlos, pero se empeñaban en que siguiera con el aparato. Ya sabéis que son dentistas, y piensan que los dientes y la magia no deberían...
—Y si opinamos eso es por un motivo... empezó a decir Helena, pero su hija le interrumpió.
—Mamá, con el debido respeto, pero el conocimiento de magia que papá y tú tenéis se basa en cosas que yo os he dicho —dijo Hermione.
—Si tienen alguna duda sobre esto, siempre puedo organizarles una cita rápida con nuestra enfermera, Madame Pomfrey, para que puedan hablar sobre el tema —comentó Dumbledore.
Los señores Granger, aunque no del todo convencidos, asintieron.
¡Mirad!, ¡ha vuelto Pigwidgeon!
El mochuelo de Ron, con un rollito de pergamino atado a la pata, gorjeaba como loco encima de la barandilla adornada con carámbanos.
Ron soltó un suspiro. Se suponía que Pigwidgeon debía ir directamente con él, sin perder el tiempo por ahí.
La gente que pasaba por allí lo señalaba y se reía, y unas chicas de tercero se pararon a observarlo.
—¡Ay, mira qué lechuza más chiquitita! ¿A que es preciosa?
—¡Estúpido cretino con plumas! —masculló Ron,
Varios se echaron a reír.
corriendo por la escalera para atraparlo—. ¡Hay que llevarle las cartas directamente al destinatario, y sin exhibirse por ahí!
Pigwidgeon gorjeó de contento, sacando la cabeza del puño de Ron.
—Por lo menos alguien se lo pasa bien —comentó Ginny.
Las chicas de tercero parecían asustadas.
—¡Marchaos por ahí! —les espetó Ron, moviendo el puño en el que tenía atrapado a Pigwidgeon, que ululaba más feliz que nunca cada vez que Ron lo balanceaba en el aire
—Se lo esta pasando en grande —señaló Neville.
—. Ten, Harry —añadió Ron en voz baja, desprendiéndole de la pata la respuesta de Sirius, mientras las chicas de tercero se iban muy escandalizadas.
Harry se la guardó en el bolsillo, y se dieron prisa en subir a la torre de Gryffindor para leerla.
En la sala común todos estaban demasiado ocupados celebrando las vacaciones para fijarse en ellos. Harry, Ron y Hermione se sentaron lejos de todo el mundo, junto a una ventana oscura que se iba llenando poco a poco de nieve, y Harry leyó en voz alta:
Querido Harry:
Mi enhorabuena por haber superado la prueba del dragón. ¡El que metió tu nombre en el cáliz, quienquiera que fuera, no debe de estar nada satisfecho!
—Debe de estar estirándose de los pelos —dijo James—. Eso le pasa por jugar con un Potter.
Yo te iba a sugerir una maldición de conjuntivitis, ya que el punto más débil de los dragones son los ojos...
—Es una de las mejores opciones —asintió Charlie—, aunque eso no descarta que siga siendo peligrosa.
—Eso es lo que hizo Krum —susurró Hermione.
... pero lo que hiciste es todavía mejor: estoy impresionado.
—Fue alucinante —dijo James con una sonrisa.
Aun así, no te confíes, Harry. Sólo has superado una prueba.
—Cierto, aún le quedan dos más —asintió Sally.
—Y eso sin contar el baile —masculló Harry.
El que te hizo entrar en el Torneo tiene muchas más posibilidades de hacerte daño, si eso es lo que pretende. Ten los ojos abiertos (especialmente si está cerca ese del que hemos hablado), y procura no meterte en problemas.
—Creo que estoy pidiendo imposibles —dijo Sirius con un tono neutro.
Escríbeme. Sigo queriendo que me informes de cualquier cosa extraordinaria que ocurra.
Sirius
—Lo mismo que Moody —comentó Harry en voz baja, volviendo a meterse la carta dentro de la túnica—. «¡Alerta permanente!» Cualquiera pensaría que camino con los ojos cerrados, pegándome contra las paredes.
—Después de estos tres últimos años, no te iría mal seguir esos consejos —dijo Lily.
—Pero tiene razón, Harry —repuso Hermione—: todavía te quedan dos pruebas. La verdad es que tendrías que echarle un vistazo a ese huevo y tratar de resolver el enigma que encierra.
—¡Para eso tiene siglos, Hermione!
—Hasta el veinticuatro de febrero, Ron. Eso son poco más de dos meses.
—espetó Ron—. ¿Una partida de ajedrez, Harry?
—Sí, vale —contestó Harry, que, al observar la expresión de Hermione, añadió—: Vamos, ¿Cómo me iba a concentrar con todo este ruido? Creo que ni el huevo se oiría.
—Supongo que no —reconoció ella suspirando,
—Podrías hacerlo en el dormitorio, ¿sabes? —señaló Bill algo divertido.
y se sentó a ver la partida, que culminó con un emocionante jaque mate de Ron ejecutado con un par de temerarios peones y un alfil muy violento.
El día de Navidad, Harry tuvo un despertar muy sobresaltado. Levantó los párpados preguntándose qué era lo que lo había despertado, y vio unos ojos muy grandes, redondos y verdes que lo miraban desde la oscuridad,
—Joder, vaya forma de despertar —dijo Charlie.
tan cerca que casi tocaban los suyos.
—¡Dobby! —gritó Harry, apartándose tan aprisa del elfo que casi se cae de la cama—. ¡No hagas eso!
—Por favor, que casi me da un ataque sin siquiera haberlo visto —añadió Harry.
—Me acabo de imaginar a Dobby mirándote fijamente toda la noche con los ojos inyectados en sangre —dijo Will.
—Por favor, no hagas que suene peor de lo que ya es —le pidió Ron.
—¡Dobby lo lamenta, señor! —chilló nervioso el elfo,
—¡Pues no lo hagas! —exclamó Harry.
que retrocedió de un salto y se tapó la boca con los largos dedos—. ¡Dobby sólo quería desearle a Harry Potter feliz Navidad y traerle un regalo, señor!
Harry se quedó sorprendido. ¿Dobby le había hecho un regalo?
¡Harry Potter le dio permiso a Dobby para venir a verlo de vez en cuando, señor!
—Aunque eso no significa tener que darme un infarto —murmuró Harry.
—Sí, muy bien —dijo Harry, con la respiración aún alterada, mientras el ritmo cardíaco recuperaba la normalidad—. Pero la próxima vez sacúdeme el hombro o algo así. No te inclines sobre mí de esa manera...
Harry descorrió las colgaduras de su cama adoselada, cogió las gafas que había dejado sobre la mesita de noche y se las puso. Su grito había despertado a Ron, Seamus, Dean y Neville, y todos espiaban a través de sus colgaduras con ojos de sueño y el pelo revuelto.
—¿Te ha atacado alguien, Harry? —preguntó Seamus medio dormido.
—Si de verdad me hubiese atacado alguien, yo ya estaría muerto si tengo que esperar a que estos se espabilen.
—¡No, sólo es Dobby! —susurró Harry—. Vuelve a dormir.
—¡Ah... los regalos! —dijo Seamus, viendo el montón de paquetes que tenía a los pies de la cama.
Ron, Dean y Neville decidieron que, ya que se habían despertado, podían aprovechar para abrir los regalos.
—Me gusta ver que vuestras prioridades son claras.
—Por supuesto —respondieron Ron y Neville tras intercambiar una mirada.
Harry se volvió hacia Dobby, que seguía de pie junto a la cama, nervioso y todavía preocupado por el susto que le había dado a Harry. Llevaba una bola de Navidad atada a la punta de la cubretetera.
—¿Puede Dobby darle el regalo a Harry Potter? —preguntó con timidez.
—Claro que sí —contestó Harry—. Eh... yo también tengo algo para ti.
—Es mentira.
—Seguro que esta mintiendo.
—No le ha comprado nada.
Era mentira.
—No nos digas.
—¡Bueno, no esperaba que Dobby me regalase algo! —se defendió Harry.
—¿De verdad? Porque es bastante obvio que Dobby te regalaría algo —señaló Ron.
—Hasta ahora no lo había hecho.
—Bueno, os conocisteis hace dos años, y en ese momento estaba trabajando para los Malfoy, así que un regalo no podía hacerte precisamente —dijo Ginny.
—Y el año pasado estaba dando vueltas por ahí sin trabajo, ¿no? Veo bastante difícil que pudiese regalarte algo sin trabajo ni nada de eso —añadió Neville.
—¡Lo entiendo, lo entiendo! ¡Le compraré algo a Dobby para Navidad!
No había comprado nada para Dobby, pero abrió rápidamente el baúl y sacó un par de calcetines enrollados y llenos de bolitas. Eran los más viejos y feos que tenía, de color amarillo mostaza, y habían pertenecido a tío Vernon.
—Harry...
—¡Estoy seguro de que a Dobby le gustarán!
—¡Aunque le gusten los calcetines, no puedes regalarles los más viejos y feos que tienes! —protestó Hermione.
La razón de que tuvieran tantas bolitas era que Harry los usaba desde hacia más de un año para proteger el chivatoscopio.
—Espero que hayas quitado el chivatoscopio de allí o le vas a hacer a Dobby un doble regalo de Navidad —dijo Will.
—Lo quite al principio del verano, como ya no pitaba... —dijo Harry. Imagino que ya no pitaría porque Colagusano ya no estaba cerca.
Lo desenvolvió y le entregó los calcetines a Dobby, diciendo:
—Perdona, se me olvidó empaquetarlos.
Pero Dobby estaba emocionado.
—¡Los calcetines son lo que más le gusta a Dobby, señor! ¡Son sus prendas favoritas!
Harry le dirigió a Hermione una mirada que decía: "¿Lo ves?" Sin embargo Hermione simplemente suspiro.
—La próxima vez cómprale calcetines.
—aseguró, quitándose los que llevaba, tan dispares, y poniéndose los de tío Vernon—. Ahora ya tengo siete, señor. Pero, señor... —dijo abriendo los ojos al máximo después de subirse los calcetines hasta las perneras del pantalón corto—, en la tienda se han equivocado, Harry Potter: ¡son del mismo color!
—¿Qué?
—Bueno, Dobby lleva dos calcetines diferentes, ¿no? —señaló Emily.
—Creía que simplemente no tenía la pareja —dijo Harry.
—No, a los elfos domésticos les gustan llevar calcetines desparejos. Es bastante interesante —dijo Luna.
—¡Harry, cómo no te diste cuenta de eso! —intervino Ron, sonriendo desde su cama,
—Seguro que tú tampoco lo sabías —dijo Neville.
—¡Por supuesto que no lo sabía!
que se hallaba ya cubierta de papeles de regalo—. Pero ¿sabes una cosa, Dobby? Mira, aquí tienes. Toma estos dos, y así podrás mezclarlos con los de Harry. Y aquí tienes el jersey.
Le entregó a Dobby un par de calcetines de color violeta que acababa de desenvolver, y el jersey tejido a mano que le había enviado su madre.
Molly iba a decir algo, pero como al final resultó ser un regalo para Dobby, prefirió no abrir la boca.
Dobby se sentía abrumado.
—¡El señor es muy gentil! —chilló con los ojos empañados en lágrimas y haciéndole a Ron una reverencia—. Dobby sabía que el señor tenía que ser un gran mago, siendo el mejor amigo de Harry Potter, pero no sabía que fuera además tan generoso de espíritu, tan noble, tan desprendido...
Ron sintió como sus mejillas se ponían rojas.
—Sólo son calcetines —repuso Ron,
—Eso mismo.
que se había ruborizado un tanto, aunque al mismo tiempo parecía bastante complacido—. ¡Ostras, Harry! —Acababa de abrir el regalo de Harry, un sombrero de los Chudley Cannons—.
—¡Genial!
¡Qué guay! —Se lo encasquetó en la cabeza, donde no combinaba nada bien con el color del pelo.
—Ya sabes que no regalarle —dijo Ginny.
—Tomaré nota de eso.
—¡No! ¡A mí me gusta!
Dobby le entregó entonces un pequeño paquete a Harry, que resultó ser...
—Déjame adivinar... calcetines —dijo Fred.
un par de calcetines.
—¡Vaya! ¿Cómo lo sabías? —preguntó George con fingida sorpresa.
—Intuición, mi querido Georgie.
—¡Dobby los ha hecho él mismo, señor! —explicó el elfo muy contento—. ¡Ha comprado la lana con su sueldo, señor!
El calcetín izquierdo era rojo brillante con un dibujo de escobas voladoras; el derecho era verde con snitchs.
Harry no dijo nada. Quitando el hecho de que tuviesen dos colores distintos (por algún motivo eran los colores de Gryffindor y Slytherin), el regalo estaba muy bien. En ese momento, Harry decidió que le compraría a Dobby los mejores calcetines que pudiese encontrar.
—Son... son realmente... Bueno, Dobby, muchas gracias —le dijo Harry poniéndoselos, con lo que Dobby estuvo a punto otra vez de derramar lágrimas de felicidad.
—Ahora Dobby tiene que irse, señor. ¡Ya estamos preparando la cena de Navidad!
Hermione frunció el ceño, pero no dijo nada.
—anunció el elfo, y salió a toda prisa del dormitorio, diciendo adiós a los otros al pasar.
Los restantes regalos de Harry fueron mucho más satisfactorios que los extraños calcetines de Dobby,
—Pues a mí me gustan —dijo Luna.
—A mí también me han gustado. Son... originales, para decirlo de alguna manera —dijo Harry.
con la obvia excepción del regalo de los Dursley, que consistía en un pañuelo de papel
Lily comenzó a murmurar cosas en voz baja. James, a su lado, se iba poniendo pálido, mientras observaba a la pelirroja con una mezcla de fascinación y horror.
—Tratándose de su propio sobrino —murmuró Helena, sin creerse que esa mujer ni su marido tratasen de esa forma al hijo de su hermana.
—Si yo estuviese en su lugar, ni se me ocurriría tratar de esa manera a Robert o a James —asintió William.
—¿Cómo? ¿A mí? —comentó James, confundido.
—Esto, no... me refería a los hijos de mi hermano.
—Eso tiene sentido.
con el que batían su propio récord de mezquindad. Harry supuso que aún se acordaban del caramelo longuilinguo.
—En realidad estoy seguro de que, aún sin el caramelo, los Dursley me habrían regalado el pañuelo —dijo Harry.
Hermione le había regalado un libro que se titulaba Equipos de quidditch de Gran Bretaña e Irlanda;
Harry dejo escapar un bufido.
—Buen regalo —dijo Charlie.
Ron, una bolsa rebosante de bombas fétidas;
—Gracias por eso —sonrió Harry.
Ron se rascó la nuca, ligeramente sonrojado.
—Creo que comparado al de Hermione, el mío es un poco triste.
—¡Oh, no! Esta bien —aseguró Harry. Aunque no sé cuando podré usarlas pensó.
Sirius, una práctica navaja con accesorios para abrir cualquier cerradura y deshacer todo tipo de nudos,
—Sirius me regaló una como esa es nuestro quinto año —dijo James—. Es bastante útil.
—¿Y tú para qué querías algo como eso? —le preguntó Lily.
—Secretos comerciales, cariño —respondió James, guiñándole un ojo.
y Hagrid, una caja bien grande de chucherías que incluían todos los favoritos de Harry: grageas multisabores de Bertie Bott, ranas de chocolate, chicle superhinchable y meigas fritas. Estaba también, por supuesto, el habitual paquete de la señora Weasley, que incluía un jersey nuevo (verde con el dibujo de un dragón: Harry supuso que Charlie le había contado todo lo del colacuerno)
—Como te fue la prueba, no me hubiese extrañado nada que se lo hubiese mencionado —dijo Charlie.
y un montón de pastelillos caseros de Navidad.
Harry y Ron encontraron a Hermione en la sala común y bajaron a desayunar juntos. Se pasaron casi toda la mañana en la torre de Gryffindor, disfrutando de los regalos, y luego bajaron al Gran Comedor para tomar un magnífico almuerzo que incluyó al menos cien pavos y budines de Navidad, junto con montones de petardos sorpresa.
Por la tarde salieron del castillo: la nieve se hallaba tal cual había caído, salvo por los caminos abiertos por los estudiantes de Durmstrang y Beauxbatons desde sus moradas al castillo. En lugar de participar en la pelea de bolas de nieve entre Harry y los Weasley, Hermione prefirió contemplarla,
—Venga, Hermione. No seas aburrida —dijo Ginny.
—Estoy segura de que si jugase, sería la que más golpes recibiría, así que no —replicó Hermione.
y a las cinco les anunció que volvía al castillo para prepararse para el baile.
—Pero ¿te hacen falta tres horas? —se extrañó Ron, mirándola sin comprender.
—Es evidente que sí —dijo Hermione, mientras otras mujeres en la sala asentían.
Pagó su distracción recibiendo un bolazo de nieve arrojado por George que le pegó con fuerza en un lado de la cabeza
—¡Oye! ¡Eso no es justo!
—Eso te pasa por distraerte, Ronnie —replicó George.
—. ¿Con quién vas? — le gritó a Hermione cuando ya se iba; pero ella se limitó a hacer un gesto con la mano y entró en el castillo.
—No te rindes, ¿eh? —dijo Will.
No había cena de Navidad porque el baile incluía un banquete, así que a las siete, cuando se hacía difícil acertar a alguien, dieron por terminada la batalla de bolas de nieve y volvieron a la sala común del castillo. La Señora Gorda estaba sentada en su cuadro, acompañada por su amiga Violeta, y las dos parecían estar algo piripis.
—Vamos, que seguramente no distinguían derecha de izquierda —dijo Sirius.
En el suelo del cuadro había un montón de cajitas vacías de bombones de licor.
—El dueño de esos bombones no debe de estar muy contento —dijo Sally.
—Se los roba cada año, así que ya estará acostumbrado —replicó Sirius.
—¡«Cuces de lolores», eso es!
—Pues mira, este año no parece tan tocada como otros —dijo James.
—Tú deja, que la noche es larga.
—dijo la Señora Gorda con una risita tonta en respuesta a la contraseña, mientras les abría para que pasaran.
Harry, Ron, Seamus, Dean y Neville se pusieron la túnica de gala en el dormitorio, todos un poco cohibidos, pero ninguno tanto como Ron, que se miraba en la luna del rincón con expresión de terror.
—Vamos Ron, que no es más que una túnica —dijo Ginny.
Su túnica se parecía más a un vestido de mujer que a cualquier otro tipo de prenda, y la cosa no tenía remedio.
—Seguro que se parece a la tía abuela Tessie —dijo Fred.
—Seguro que huele a la tía abuela Tessie —añadió George.
En un desesperado intento de hacerla parecer más varonil, utilizó un encantamiento seccionador en el cuello y los puños. No funcionó mal del todo: al menos se había desprendido de las puntillas,
Molly dejó escapar un suspiro.
—Si me lo hubieses pedido, te habría arreglado un poco la túnica.
aunque el trabajo no resultaba perfecto y los bordes se deshilachaban mientras bajaba la escalera.
—No me cabe en la cabeza que hayáis conseguido a las dos chicas más guapas del curso —susurró Dean.
—Magnetismo animal —replicó Ron de mal humor, tirándose de los hilos sueltos de los puños.
—Pero si tú lo máximo que has hecho es quedarte sentado en un rincón, mientras Harry te conseguía pareja para el baile —dijo Ginny.
La sala común tenía un aspecto muy extraño, llena de gente vestida de diferentes colores en lugar del usual monocromatismo negro. Parvati aguardaba a Harry al pie de la escalera. Estaba realmente muy guapa, con su túnica de un rosa impactante, el pelo negro en una larga trenza entrelazada con oro y unas pulseras también de oro que le brillaban en las muñecas. Harry dio gracias de que no le hubiera entrado la risa tonta.
Seguramente Harry se habría largado escaleras arriba si eso hubiese sucedido.
—Estás... guapa —dijo algo cohibido.
—Pero dile algo más —dijo James.
—No sé que decirle —murmuró Harry.
—Puedes halagar su peinado o su túnica —sugirió Ginny.
—Gracias —respondió ella—. Padma te espera en el vestíbulo —le indicó a Ron.
—Bien —contestó Ron, mirando a su alrededor—. ¿Dónde está Hermione?
—Puede que terminando de prepararme —dijo Hermione.
Ron lo miró con incredulidad.
—¡Pero si te fuiste hace tres horas!
Parvati se encogió de hombros y le dijo a Harry:
—¿Quieres que bajemos?
—Vale —aceptó Harry, lamentando no poder quedarse en la sala común.
—Vamos, que tienes que abrir el baile —le dijo Ginny, dándole unas palmaditas en el brazo.
—No me lo recuerdes.
Fred le guiñó un ojo a Harry cuando éste pasó a su lado para salir por el hueco del retrato.
También el vestíbulo estaba abarrotado de estudiantes que se arremolinaban en espera de que dieran las ocho en punto, hora a la que se abrirían las puertas del Gran Comedor. Los que habían quedado con parejas pertenecientes a diferentes casas las buscaban entre la multitud. Parvati vio a su hermana Padma y la condujo hasta donde estaban Harry y Ron.
—Hola —saludó Padma, que estaba tan guapa como Parvati con su túnica de color azul turquesa brillante. No parecía demasiado entusiasmada con su pareja de baile. Lo miró de arriba abajo, y sus oscuros ojos se detuvieron en el cuello y los puños deshilachados de la túnica de gala de Ron.
Ron iba a decir algo, pero al recordar su túnica de gala prefirió callarse.
—Hola —contestó Ron sin mirarla, pues seguía buscando entre la multitud
—Ron, se más amable —dijo el señor Weasley.
—. ¡Oh, no...!
Se inclinó un poco para ocultarse detrás de Harry porque pasaba por allí Fleur Delacour, imponente con su túnica de satén gris plateado y acompañada por Roger Davies, el capitán del equipo de quidditch de Ravenclaw.
—Seguro que ese idiota habrá estado días presumiendo de que iría con la campeona de Beauxbatons —dijo Fred.
Cuando pasaron, Ron volvió a enderezarse y a mirar por encima de las cabezas de la multitud.
—¿Dónde estará Hermione? —repitió.
—Pareces un poco desesperado por saber donde esta, ¿no? —dijo Ginny con cierta burla.
—¡Claro que no!
Llegaron unos cuantos de Slytherin subiendo la escalera desde su sala común, que era una de las mazmorras. Malfoy iba al frente. Llevaba una túnica negra de terciopelo con cuello alzado, y Harry pensó que le daba aspecto de cura.
Varios ahogaron una risa al imaginarse a Malfoy de pie enfrente de una iglesia y con una Biblia entre sus manos.
De su brazo iba Pansy Parkinson, con una túnica de color rosa pálido con muchos volantes.
—No me sorprende nada que vaya con ella —dijo Daphne.
Tanto Crabbe como Goyle iban de verde: parecían cantos rodados cubiertos de musgo, y, como Harry se alegró de comprobar, ninguno de ellos había logrado encontrar pareja.
—Bueno, a ver, no pueden cumplir bien su rol de guardaespaldas si hubiesen tenido una cita —dijo George.
Se abrieron las puertas principales de roble, y todo el mundo se volvió para ver entrar a los alumnos de Durmstrang con el profesor Karkarov. Krum iba al frente del grupo, acompañado por una muchacha preciosa vestida con túnica azul a la que Harry no conocía.
—Me pregunto de que escuela será esa chica —dijo Bill.
Por encima de las cabezas pudo ver que una parte de la explanada que había delante del castillo la habían transformado en una especie de gruta llena de luces de colores.
—Así que también han decorado los jardines para que la gente pueda pasear por ellos —dijo Eli.
—Bueno, creo que sería demasiado molesto que estuviesen todos encerrados durante horas bailando —dijo Dumbledore.
En realidad eran cientos de pequeñas hadas: algunas posadas en los rosales que habían sido conjurados allí, y otras revoloteando sobre unas estatuas que parecían representar a Papá Noel con sus renos.
En ese momento los llamó la voz de la profesora McGonagall:
—¡Los campeones por aquí, por favor!
Harry tragó saliva, nervioso. Le echó un vistazo a los otros tres campeones pero estos, a diferencia de Harry, no parecían muy nerviosos.
Sonriendo, Parvati se acomodó las pulseras. Ella y Harry se despidieron de Ron y Padma, y avanzaron. Sin dejar de hablar, la multitud se apartó para dejarlos pasar. La profesora McGonagall, que llevaba una túnica de tela escocesa roja y se había puesto una corona de cardos bastante fea alrededor del ala del sombrero,
McGonagall frunció el ceño, pero no dijo nada.
les pidió que esperaran a un lado de la puerta mientras pasaban todos los demás: ellos entrarían en procesión en el Gran Comedor cuando el resto de los alumnos estuviera sentado. Fleur Delacour y Roger Davies se pusieron al lado de las puertas: Davies parecía tan aturdido por la buena suerte de ser la pareja de Fleur que apenas podía quitarle los ojos de encima.
Fleur se limitó a rodar los ojos.
Cedric y Cho estaban también junto a Harry, quien no los miró para no tener que hablar con ellos.
Cedric se rascó una mejilla, ligeramente sonrojado.
Entonces volvió a mirar a la chica que acompañaba a Krum. Y se quedó con la boca abierta.
Holly parpadeó un par de veces y volvió a leer el nombre, sin estar segura de estar leyendo bien.
Era Hermione.
—¡¿CÓMO?!
El grito de sorpresa resonó por la sala. Varios se hurgaron los oídos, como si no hubiesen escuchado bien lo que Holly acababa de leer. Otros se dedicaban a pasar su mirada de Hermione, quien solo era capaz de abrir y cerrar la boca como un pez fuera del agua, a Krum, quien tenía un brazo apoyado sobre la rodilla y su cabeza descansaba sobre la palma. Parecía aburrido, pero sus ojos estaban fijos sobre el libro, como los de un halcón en busca de su presa.
—Ja, no me puedo creer que vayas al baile con un famoso jugador de quidditch —dijo Ginny, dándole unas palmaditas a Hermione en la espalda—. Ya puedo imaginarme las caras de varias —añadió con una sonrisa.
—Yo... yo... —Hermione no sabía que decir. ¡En ninguno de sus sueños más descabellados se le habría ocurrido que iría al baile con un famoso jugador de quidditch como lo era Viktor Krum!
Miró a sus mejores amigos, esperando a que ellos dijesen algo. Pero Harry solamente estaba mirando a Hermione de forma estúpida, como si una bludger le hubiese golpeado en la cabeza. En cuanto a Ron...
Ron no miraba a Hermione. Simplemente estaba con los brazos cruzados, mirando a la nada con el ceño fruncido.
—Ron... —probó a llamarlo Hermione, pero el pelirrojo no dijo nada.
Pero estaba completamente distinta. Se había hecho algo en el pelo: ya no lo tenía enmarañado, sino liso y brillante,
Hermione se paso una mano por el pelo, sin acabarse de creer que pudiese llegar a tenerlo liso. Había estado mirando alguna manera de que su cabello fuese liso (o al menos que estuviese menos enmarañado), pero como era un proceso largo y complejo había desistido a ello.
y lo llevaba recogido por detrás en un elegante moño. La túnica era de una tela añil vaporosa, y su porte no era el de siempre, o tal vez fuera simplemente la ausencia de la veintena de libros que solía cargar a la espalda.
—Venga ya. No suelo cargar tantos libros... a lo mejor unos quince o dieciséis... diecisiete si me apuras.
Ella también sonreía (con una sonrisa nerviosa, a decir verdad), pero la disminución del tamaño de sus incisivos era más evidente que nunca. Harry se preguntó cómo no se había dado cuenta antes.
—¡Hola, Harry! —saludó ella—. ¡Hola, Parvati!
Parvati le dirigió a Hermione una mirada de descortés incredulidad. Y no era la única: cuando se abrieron las puertas del Gran Comedor, el club de fans de la biblioteca pasó por su lado con aire ofendido, dirigiendo a Hermione miradas del más intenso odio.
Ginny dejó escapar una pequeña risita. ¡Cómo se moría de ganas de asistir al baile solo para ver esas reacciones!
Pansy Parkinson la miró con la boca abierta al pasar con Malfoy, que ni siquiera fue capaz de encontrar un insulto con el que herirla.
Hermione no pudo evitar sonreír un poco. Sentaba muy bien dejar a Parkinson con la palabra en la boca.
Ron, sin embargo, pasó por su lado sin mirarla.
—Ron... —murmuró Hermione, mirando a su amigo. Pero este ni siquiera se digno a mirarla.
Cuando todos se hubieron acomodado en el Gran Comedor, la profesora McGonagall les dijo que entraran detrás de ella, una pareja tras otra. Lo hicieron así, y todos cuantos estaban en el Gran Comedor los aplaudieron mientras cruzaban la entrada y se dirigían a una amplia mesa redonda situada en un extremo del salón, donde se hallaban sentados los miembros del tribunal.
Habían recubierto los muros del Gran Comedor de escarcha con destellos de plata, y cientos de guirnaldas de muérdago y hiedra cruzaban el techo negro lleno de estrellas. En lugar de las habituales mesas de las casas había un centenar de mesas más pequeñas, alumbradas con farolillos, cada una con capacidad para unas doce personas.
—La decoración es más impresionante este año que otros —dijo Bill.
—Bueno, teniendo invitados de otras escuelas, es normal que se gasten más —respondió Charlie.
Mientras Harry se esforzaba en no tropezar, Parvati parecía hallarse en la gloria: sonreía a todo el mundo,
—Se nota que esta disfrutando de eso —dijo Jake.
y llevaba a Harry con tanta determinación que él se sentía como un perro de exhibición al que la dueña obligara a mostrar sus habilidades en un concurso.
Varios se rieron de esa comparación.
Al acercarse a la mesa vio a Ron y a Padma. Ron observaba pasar a Hermione con los ojos casi cerrados;
—Ron... —volvió a llamarle Hermione—. ¿No quieres hablar? Pues muy bien, allá tú.
Padma parecía estar de mal humor.
Dumbledore sonrió de contento cuando los campeones se acercaron a la mesa principal. La expresión de Karkarov, en cambio, recordaba más bien a la de Ron al ver acercarse a Krum y Hermione. Ludo Bagman, que aquella noche llevaba una túnica de color púrpura brillante con grandes estrellas amarillas, aplaudía con tanto entusiasmo como cualquiera de los alumnos. Y Madame Maxime, que había cambiado su habitual uniforme de satén negro por un vestido de seda suelto de color azul lavanda, aplaudía cortésmente. Pero faltaba el señor Crouch, como no tardó en notar Harry. El quinto asiento de la mesa estaba ocupado por Percy Weasley.
—¿Eh? ¿Qué haces ahí? —preguntó Bill a su hermano.
—Ni idea. Imagino que el señor Crouch se sentirá indispuesto o algo así —respondió Percy.
Cuando los campeones y sus parejas llegaron a la mesa, Percy retiró un poco la silla vacía que había a su lado, mirando a Harry.
Algunos miraron a Percy extrañados. Éste se encogió de hombros.
—Bueno, Harry es un amigo. No es extraño que quiera hablar con él.
Eso sorprendió a Harry. No esperaba que Percy lo considerara un amigo. Había pensado más bien que eran conocidos y ya.
Éste entendió la indirecta y se sentó junto a Percy, que llevaba una reluciente túnica de gala de color azul marino, y lucía una expresión de gran suficiencia.
—Ya "amigo" —dijo Fred.
—Tú lo que quieres es presumir de algo —acusó George.
—Me han ascendido —dijo Percy antes de que a Harry le diera tiempo a preguntarle y con el mismo tono que hubiera empleado para anunciar su elección como gobernador supremo del Universo
Las orejas de Percy se pusieron rojas mientras sus hermanos se reían. Bueno, en realidad el único que no se rio fue Ron, quién se limitó a soltar un resoplido.
—. Ahora soy el ayudante personal del señor Crouch, y he venido en representación suya.
—¿Por qué no ha venido él? —preguntó Harry. No le apetecía pasarse la cena escuchando una disertación sobre los culos de los calderos.
—Sal de ahí en cuanto puedas —dijo George.
—Lamento tener que decir que el señor Crouch no se encuentra bien, nada bien. No se ha encontrado bien desde los Mundiales. No me sorprende: es el exceso de trabajo. No es tan joven como antes. Aunque sigue siendo brillante, desde luego: su mente si que es la misma de siempre.
Varios rodaron los ojos antes el excesivo entusiasmo de Percy.
Pero la Copa del Mundo resultó un fiasco para el Ministerio, y además el señor Crouch sufrió un revés personal muy duro a causa del comportamiento indebido de su elfina doméstica, Blinky o como se llame.
—Es Winky. Y ella no hizo nada malo —resopló Hermione.
Percy no respondió.
Como era natural, él la despidió inmediatamente después del incidente; pero, bueno, aunque se las apaña, como yo digo, la verdad es que necesita que lo cuiden, y me temo que desde que ella no está en la casa su vida es mucho menos cómoda.
Hermione bufó. Aunque lamentaba que Crouch pudiese estar enfermo, una parte de ella sentía que se lo merecía por el trato injusto a Winky.
Y a continuación tuvimos que preparar el Torneo, y luego vinieron las secuelas de los Mundiales, con esa repelente Skeeter dando guerra. Pobre hombre, está pasando unas Navidades tranquilas, bien merecidas. Estoy satisfecho de que supiera que contaba con alguien de confianza para ocupar su lugar.
Harry estuvo muy tentado de preguntarle si el señor Crouch ya había dejado de llamarlo Weatherby, pero se contuvo.
—¡No! ¡Pregúntaselo!
Aún no había comida en los brillantes platos de oro; sólo unas pequeñas minutas delante de cada uno de ellos. Harry cogió la suya como dudando, y miró a su alrededor. No había camareros. Observó que Dumbledore leía su menú con detenimiento y luego le decía muy claramente a su plato:
—¡Chuletas de cerdo!
Y las chuletas de cerdo aparecieron sobre él. Captando la idea, los restantes comensales también pidieron a sus respectivos platos lo que deseaban. Harry le echó una mirada a Hermione para ver qué le parecía aquel nuevo y más complicado sistema de cena, que seguramente implicaría más trabajo para los elfos.
—Pues, como bien dices, creo que es complicar innecesariamente las cosas —dijo Hermione.
—Bueno, si se le ocurre alguna alternativa mejor para no dar tanto trabajo a los elfos domésticos, estaré encantado de escucharla, señorita Granger —dijo Dumbledore.
Pero, por una vez, Hermione no parecía acordarse de la P.E.D.D.O.: estaba absorta en su charla con Viktor Krum, y ni siquiera parecía ver lo que comía.
—Como no. Lleva dando por culo con el pedo desde el principio del curso, pero como ahora esta con ese ni le interesa —masculló Ron.
—¿Disculpa? —Hermione miró a Ron con el ceño fruncido. Su tono de voz daba a entender que había escuchado perfectamente a Ron.
—Nada, nada —pero éste respondió con evasivas.
—Tengamos la fiesta en paz —les pidió Harry.
Harry se dio cuenta de que hasta entonces no había oído hablar a Viktor, pero en aquel momento lo estaba haciendo, y con mucho entusiasmo.
—Bueno, «nosotrros» tenemos también un castillo, no tan «grrande» como éste, ni tan «conforrtable», me «parrece» —le decía a Hermione—. Sólo tiene «cuatrro» pisos, y las chimeneas se «prrenden» únicamente por motivos mágicos. Pero los terrenos del colegio son aún más amplios que los de aquí, aunque en «invierrno» apenas tenemos luz, así que no los «disfrrutamos» mucho. «Perro» en «verrano» volamos a «diarrio», «sobrre» los lagos y las montañas.
—Pues la verdad es que no pinta nada mal el sitio —dijo Charlie—. Al menos en verano.
—Gracias. En verano se esta muy bien —asintió Viktor.
—¡Para, para, Viktor! —dijo Karkarov, con una risa en la que no participaban sus fríos ojos—. No sigas dando más pistas, ¡o tu encantadora amiga sabrá exactamente dónde se encuentra el castillo!
—Voy a saber mucho dónde se encuentra solo con la descripción de lagos y montañas —dijo Hermione.
Dumbledore sonrió, no sólo con la boca sino también con la mirada.
—Con todo ese secretismo, Igor, se podría pensar que no queréis visitas.
—No puedo imaginarme porque alguien como Karkarov no querría visitas en su colegio —dijo Tonks con sarcasmo.
—Bueno, Dumbledore —dijo Karkarov, mostrando plenamente sus dientes amarillos—, todos protegemos nuestros dominios privados, ¿verdad? ¿No guardamos todos con celo los centros de saber en que se aprende lo que nos ha sido confiado? ¿No tenemos motivos para estar orgullosos de ser los únicos conocedores de los secretos de nuestro colegio? ¿No tenemos motivos para protegerlos?
—Si no tienes nada que ocultar, no deberías preocuparte por esas cosas, Karkarov —gruñó Moody.
—¡Ah, yo nunca pensaría que conozco todos los secretos de Hogwarts, Igor! —contestó Dumbledore en tono amistoso—. Esta misma mañana, por ejemplo, me equivoqué al ir a los lavabos y me encontré en una sala de bellas proporciones que no había visto nunca y que contenía una magnífica colección de orinales. Cuando volví para contemplarla más detenidamente, la sala había desaparecido. Pero tengo que estar atento a ver si la vuelvo a ver: tal vez sólo sea accesible a las cinco y media de la mañana, o aparezca cuando la luna está en cuarto creciente o menguante, o cuando el que pasa por allí tiene la vejiga excepcionalmente llena.
—No recuerdo ninguna sala como esa en nuestra época de estudiantes —dijo James con el ceño fruncido.
—¡Vaya! ¡No me digas que habían lugares que los grandes Merodeadores no sabían! —exclamó Lily con falsa sorpresa.
Harry resopló mirando su plato de gulasch.
—¿De qué? —Durante unos segundos Ron pareció olvidarse de su enfado (injustificado, cabría añadir).
—Es un plato húngaro principalmente hecho con carne —respondió Viktor. Ron solamente soltó un gruñido, que podía ser interpretado como un agradecimiento o una falta de respeto. Krum prefirió pensar lo primero.
Percy fruncía el entrecejo, pero Harry hubiera jurado que Dumbledore le había guiñado un ojo.
Mientras tanto, Fleur Delacour criticaba la decoración de Hogwarts hablando con Roger Davies.
—Esto no es nada —decía, echando una despectiva mirada a los centelleantes muros del Gran Comedor—. En Navidad, en el palacio de Beauxbatons tenemos «escultugas» de hielo en todo el salón «comedog». «Pog» supuesto, no se «deguiten»: son como «enogmes» estatuas de diamante, «bgillando pog» todos lados. Y la comida es sencillamente «sobegbia». Y tenemos «cogos» de ninfas de «madega» que nos cantan «seguenatas mientgas» comemos. En los salones no hay ni una de estas feas «agmadugas», y si «entgaga» en Beauxbatons un poltergeist lo «expulsaguíamos» de inmediato —añadió, dando un golpe en la mesa con la mano.
—Que si, que lo hemos pillado. Beauxbatons es la puta hostia y Hogwarts una mierda. ¿Podemos seguir? —bufó Ginny.
Roger Davies la miraba con expresión pasmada, y no acertaba a apuntar con el tenedor cuando pretendía metérselo en la boca. Harry tenía la impresión de que Davies estaba demasiado ocupado mirando a Fleur para enterarse de lo que ella decía.
Fleur resopló con molestia.
—Tienes toda la razón —dijo apresuradamente, pegando otro golpe en la mesa con la mano—: de inmediato, sí señor.
—No se ha enterado de una mierda —dijo Will, divertido.
Harry echó una mirada al Gran Comedor. Hagrid se hallaba sentado a una de las otras mesas de profesores. Había vuelto a ponerse el horrible traje peludo de color marrón
—¡Oh, Dios! ¿Pero es que nadie se lo ha tirado? —exclamó Sirius.
y miraba a la mesa en que Harry se encontraba. Harry lo vio saludar con la mano, y que Madame Maxime, con sus cuentas de ópalo que brillaban a la luz de las velas, le devolvía el saludo.
Hermione le enseñaba a Krum a pronunciar bien su nombre. Él seguía diciendo «Ez-miope».
Algunos rieron en voz baja mientras que las mejillas de Krum se ponían rojas.
—Her... mi... o... ne —decía ella, despacio y claro.
—Herr... mio... ne.
—Se acerca bastante —aprobó ella, mirando a Harry y sonriendo.
Cuando se acabó la cena, Dumbledore se levantó y pidió a los alumnos que hicieran lo mismo. Entonces, a un movimiento suyo de varita, las mesas se retiraron y alinearon junto a los muros, dejando el suelo despejado, y luego hizo aparecer por encantamiento a lo largo del muro derecho un tablado. Sobre él aparecieron una batería, varias guitarras, un laúd, un violonchelo y algunas gaitas.
—¿Por qué tengo la impresión de que varios de esos instrumentos no combinan bien entre ellos? —murmuró Will.
Las Brujas de Macbeth subieron al escenario entre aplausos entusiastas. Eran todas melenudas, e iban vestidas muy modernas, con túnicas negras llenas de desgarrones y aberturas.
—Creo que moderno y túnica no deberían ir en la misma frase —dijo Reggie.
Cogieron sus instrumentos, y Harry, que las miraba con tanto interés que no advertía lo que se avecinaba,
—¿Por qué suenas tan dramático? Si solo es un baile...
—¡Por eso!
comprendió de repente que los farolillos de todas las otras mesas se habían apagado y que los campeones y sus parejas estaban de pie.
—¡Vamos! —le susurró Parvati—, ¡se supone que tenemos que bailar!
Al levantarse, Harry tropezó con la túnica.
Harry se llevó una mano a la cara. Empezaba bien la cosa...
Las Brujas de Macbeth empezaron a tocar una melodía lenta, triste.
—¿Seguro que es buena idea empezar a tocar una melodía triste en medio de un baile de Navidad? —señaló Emily.
—Míralo de esta manera. Después de eso, todo lo que toquen sonará más alegre —dijo Fred.
Harry fue hasta la parte más iluminada del salón, evitando cuidadosamente mirar a nadie (aunque vio a Seamus y Dean, que lo saludaban con una risita),
Ojala les vea bailando y pueda reírme de ellos pensó Harry.
y, al momento siguiente, Parvati le agarró las manos, le colocó una en su cintura y le agarró la otra fuertemente.
No era tan terrible como había temido, pensó Harry,
—Si es que el drama te lo has montado tú solito —suspiró su madre.
dando vueltas lentamente casi sin desplazarse (Parvati lo llevaba). Miraba por encima de la gente, que muy pronto empezó a unirse al baile, de forma que los campeones dejaron de ser el centro de atención. Neville y Ginny bailaban junto a ellos: vio que Ginny hacia muecas de dolor con bastante frecuencia, cada vez que Neville la pisaba.
—Lo siento —murmuró Neville, rojo de la vergüenza.
—No pasa nada —replicó Ginny, riendo ligeramente.
Dumbledore bailaba con Madame Maxime. Era tan pequeño para ella, que apenas llegaba con la punta de su alargado sombrero a hacerle cosquillas en la barbilla, pero ella se movía con bastante gracia para el tamaño que tenía. Ojoloco Moody bailaba muy torpemente con la profesora Sinistra, que parecía temer a la pata de palo.
—¿A qué viene esa cara de sorpresa, Nymphadora? —gruñó Moody.
—Sinceramente me sorprende que te interese bailar lo más mínimo —admitió Tonks.
—Bonitos calcetines, Potter —le dijo Moody al pasar a su lado, viendo con su ojo mágico a través de la túnica de Harry.
—¿Te has puesto los calcetines que te regaló Dobby? —le preguntó Neville.
—Eso parece.
—¡Eh... sí! Dobby el elfo los tejió para mí —le respondió Harry, sonriendo.
—Pues sí. Sí que me los he puesto.
—¡Es tan siniestro! —susurró Parvati, cuando Moody se alejaba golpeando en el suelo con la pata de palo—. ¡Creo que ese ojo no debería estar permitido!
—¡Ja! ¡No sabes cuantas veces este ojo me ha salvado la vida! —dijo Moody, soltando una risita seca.
Harry escuchó con alivio el trémolo final de la gaita. Las Brujas de Macbeth dejaron de tocar, los aplausos volvieron a retumbar en el Gran Comedor y Harry soltó inmediatamente a Parvati.
—Vamos a sentarnos, ¿vale?
—¡Ah, pero si ésta es muy bonita! —dijo ella cuando Las Brujas de Macbeth empezaron a tocar una nueva pieza, mucho más rápida que la anterior.
—A mí no me gusta —mintió Harry, y salió de la zona de baile delante de Parvati.
Pasaron por al lado de Fred y Angelina, los cuales bailaban de forma tan entusiasta que la gente se apartaba por miedo a resultar herida,
—Ahora quiero ver como bailáis —dijo Ginny con una sonrisa.
y se acercaron a la mesa en que estaban Padma y Ron.
—¿Qué hay? —le preguntó Harry a Ron, sentándose y abriendo una botella de cerveza de mantequilla.
Ron no respondió.
—Pues parece que no muy bien —dijo Eli.
No quitaba ojo a Hermione y a Krum, que bailaban cerca de ellos.
Algunos soltaron un suspiro de exasperación. Hermione se giró para encarar a Ron.
—Muy bien, he tenido suficiente. ¿Qué es lo que te pasa?
Ron finalmente se giró para mirarla.
—¿Qué que es lo que me pasa? No, ¿Qué es lo que te pasa a ti?
—¿A mí? Ron, no sé de lo que estás habl...
—¡¿Por qué has ido con el al baile?! —exclamó Ron, señalando a Viktor Krum, quién no parecía acabar de entender porque de repente se había convertido en el foco de atención.
—¿Qué por qué...? Pues es evidente que me habrá invitado y yo he accedido a ir con él. No es tan difícil de entender, Ronald. Podrías usar tu cabeza de vez en cuando, ¿sabes?
—¡Ya lo hago! Es por eso que estoy molesto. Pero parece que tú no la estás usando ahora mismo.
Hermione le echó una mirada ofendida a Ron.
—¿Dices qué no pienso las cosas? ¡No soy yo la que esta diciendo tonterías ahora mismo!
—¿Tonterías? ¡Eres tú la que has ido con Krum al baile!
—¿Y qué problema hay con eso?
—¡Que es rival de Harry! ¡De Hogwarts! Tú... ¡estás confraternizando con el enemigo! —acusó Ron, señalando a Hermione con el dedo.
La sala se quedó en silencio, asimilando lentamente las palabras de Ron. Finalmente, McGonagall rompió el silencio.
—Señor Weasley, francamente lo que acaba de decir es una tontería. El objetivo final del Torneo de los Tres Magos es la cooperación mágica internacional, no ver quien gana el torneo. Sinceramente, si estuviéramos en la escuela, ese comentario podría haber costado algunos puntos a su casa.
Ron miró a su alrededor. Esperaba ver a más gente apoyando sus palabras, pero el rostro de los demás demostraba que pensaban que Ron no llevaba razón.
—Harry, ¿tú entiendes de lo que hablo, verdad?
—Ron, yo... —Harry se paso una mano por el pelo. Sabía que las palabras que iba a decir iban a molestar a su mejor amigo, pero no podía decir otra cosa—. La verdad, no me parece mal que Hermione vaya al baile con Krum.
Ron no respondió. Se limitó a soltar un suspiro resignado, se levantó y se dirigió a la puerta que llevaba a los dormitorios.
—Ron, ¿adónde vas? —le llamó su madre. Pero Ron no respondió y salió de su habitación—. ¡Ronald, vuelve aquí ahora mismo!
Arthur le colocó una mano sobre el hombro.
—Dejémoslo solo por ahora, Molly.
Después de unos segundos de silencio, Holly siguió leyendo.
Padma estaba sentada con las piernas y los brazos cruzados, moviendo un pie al compás de la música. De vez en cuando le dirigía una mirada asesina a Ron, que no le hacía el menor caso. Parvati se sentó junto a Harry y cruzó también brazos y piernas. Al cabo de unos minutos se le acercó un chico de Beauxbatons para preguntarle si quería bailar con él.
—No te importa, ¿verdad, Harry? —le preguntó Parvati.
—¿Qué? —dijo Harry, observando a Cho y Cedric.
Ginny le dio un golpe en el hombro a Harry.
—¡Au! Pero, ¿qué...?
—Podrías estar más atento con tu pareja de baile, ¿no crees?
Las mejillas de Harry se calentaron de la vergüenza. Ginny tenía razón.
—Olvídalo —le espetó Parvati, y se marchó con el chico de Beauxbatons.
No volvió al terminar la canción.
—Uf... rechazado —dijo George.
Hermione se acercó y se sentó en la silla que Parvati había dejado.
Hermione se tensó. Era claro que todavía recordaba la discusión que acababa de tener con Ron.
Estaba un poco sofocada de tanto bailar.
—Hola —la saludó Harry.
Ron no dijo nada.
—Hace calor, ¿no? —comentó Hermione abanicándose con la mano—. Viktor acaba de ir por bebidas.
—¿Viktor? —dijo Ron con furia contenida
Algunos miraron el libro. Al parecer iban a tener de nuevo en el libro la discusión que acababan de presenciar.
—. ¿Todavía no te ha pedido que lo llames «Vicky»?
Hermione lo miró sorprendida.
—¿Qué te pasa? —le preguntó.
—Si no lo sabes, no te lo voy a explicar —replicó Ron mordazmente.
—La verdad es que nos hacemos una idea —dijo Will.
Hermione interrogó con la mirada a Harry, que se encogió de hombros.
—Ron, ¿qué...?
—¡Es de Durmstrang! —soltó Ron—. ¡Compite contra Harry! ¡Contra Hogwarts! Tú, tú estás... —Ron estaba obviamente buscando palabras lo bastante fuertes para describir el crimen de Hermione
—¿Confraternizando? —dijo Reggie.
— ¡confraternizando con el enemigo, eso es lo que estás haciendo!
—Pues mira, al final han dicho lo mismo —dijo Charlie.
—Bueno, en ambos casos estamos hablando de Ron, así que no es de extrañar que digan lo mismo —dijo Bill.
Hermione se quedó boquiabierta.
—¡No seas idiota! —contestó al cabo—. ¡El enemigo! No comprendo... ¿Quién era el que estaba tan emocionado cuando lo vio llegar? ¿Quién era el que quería pedirle un autógrafo? ¿Quién tiene una miniatura suya en el dormitorio?
—Esa ha sido buena —dijo Fred.
—Pero razón no le falta —añadió George.
Ron prefirió no hacer caso de aquello.
—Supongo que te pidió ser su pareja cuando los dos estabais en la biblioteca.
—¡Por eso iba tanto a la biblioteca! —exclamó Emily.
—¿Eh? ¿Pero no iba a la biblioteca a leer o estudiar? —preguntó Harry.
—¿Crees que Krum iría a diario a la biblioteca y que, casualmente, se le ocurriría invitar a Hermione, quién suele estar por ahí? —señaló Ginny.
—Sí, así fue —respondió Hermione, y sus mejillas, que estaban ligeramente subidas de color, se pusieron de un rojo brillante—. ¿Y qué?
—¿Qué pasó? ¿Intentaste afiliarlo a la P.E.D.D.O.?
—¡No, nada de eso!
—Y si hubiese intentado hacerlo, ¿Qué problema hay? ¡Cree la P.E.D.D.O por algo!
¡Si de verdad quieres saberlo, me dijo que había ido a la biblioteca todos los días para intentar hablar conmigo, pero que no había conseguido armarse del valor suficiente!
—Uy, Hermione, creo que va en serio —le susurró Ginny, dándole unos golpecitos con el codo—. Es un buen partido, y parece mucho más considerado que mi hermano.
—No digas tonterías. Apenas lo conozco. Además, no sé porque metes a Ron en todo esto —replicó Hermione en voz baja.
—¿Yo cuando he mencionado a Ron? —replicó su amiga con una sonrisita burlona.
Hermione dijo esto muy aprisa, y se ruborizó tanto que su cara adquirió el mismo tono que la túnica de Parvati.
—Sí, bien, eso es lo que él dice —repuso Ron.
—¿Qué quieres decir con eso?
—¡Pues está bien claro! Él es alumno de Karkarov, ¿no? Sabe con quién vas... Intenta aproximarse a Harry, obtener información de él, o acercarse lo bastante para gafarlo.
—Yo no haría algo como eso —dijo Krum con seriedad.
Hermione reaccionó como si Ron le acabara de pegar una bofetada.
Cuando al fin habló, le temblaba la voz.
—Para tu información, no me ha preguntado nada sobre Harry, absolutamente nada.
—Y su "argumento" se acaba de ir por el desagüe —comentó Ginny.
Inmediatamente Ron cambió de argumento.
—Veamos que tontería va a soltar Weasley ahora —suspiró Daphne.
—¡Entonces es que espera que lo ayudes a desentrañar el enigma del huevo! Supongo que durante esas encantadoras sesiones de biblioteca os habéis dedicado a pensar juntos...
—¿Có-cómo puede pensar siquiera eso? —jadeó Hermione, estupefacta—. ¡Él sabe perfectamente que yo quiero que el Torneo lo gane Harry!
—¡Yo nunca lo ayudaría a averiguar lo del huevo! —replicó Hermione, ofendida—. Nunca. ¡Cómo puedes decir algo así...! Yo quiero que el Torneo lo gane Harry, y Harry lo sabe, ¿o no?
—Tienes una curiosa manera de demostrarlo —dijo Ron de forma despectiva.
—¿Demostrar el qué? —exclamó Hermione, antes de ponerse de pie—. ¡Ese idiota me va a escuchar! —dijo, antes de dirigirse a la puerta de las habitaciones con paso veloz y los ojos destellando con ira.
—¡Espera, Hermione! ¡Detente! —Harry trató de ir tras ella, pero Ginny le sujeto del brazo—. ¡Ginny! Déjame ir.
—Déjalos a solas —dijo la pelirroja.
—¡Se supone que la finalidad del Torneo es conocer magos extranjeros y hacer amistad con ellos! —repuso Hermione con voz chillona.
—Correcto —asintió Percy.
—¡No, no lo es! —gritó Ron—. ¡La finalidad es ganar!
—Por desgracia ese es el pensamiento general acerca del Torneo —suspiró Sprout—. Muchos no tienen en cuenta el gran valor que están teniendo al poder conocer gente de otras culturas.
La gente empezaba a mirarlos.
Harry se llevó las manos a la sien, soltando un suspiro cansado.
—Ron —dijo Harry en voz baja—, a mí no me parece mal que Hermione haya venido con Krum...
Pero Ron tampoco le hizo caso a Harry.
—¿Por qué no te vas a buscar a Vicky? —dijo—. Seguro que se pregunta dónde estás.
—¡No lo llames Vicky! —Hermione se puso en pie de un salto y salió como un huracán hacia la zona de baile, donde desapareció entre la multitud.
—Esas discusiones... ¿suelen ser usuales? —preguntó Helena.
—Ron y Hermione suelen discutir mucho, pero son mucho más tranquilas y al poco se les pasa —respondió Harry—. Una fuerte como esta es algo muy excepcional.
Con una mezcla de ira y satisfacción en la cara, Ron la vio irse.
—¿No vas a pedirme que bailemos? —le preguntó Padma.
—No —contestó Ron, sin dejar de mirar a Hermione.
De haber estado Ron allí, seguramente habría sido regañado por la señora Weasley.
—Ron es un completo idiota —dijo Ginny.
Harry simplemente asintió.
—Muy bien —espetó Padma.
Se levantó y fue adonde estaban Parvati y el chico de Beauxbatons.
—Aunque tú no te quedas atrás —añadió Ginny poniendo los ojos en blanco.
Harry no dijo nada. Visto desde fuera, su comportamiento con Parvati era de un idiota.
Éste se dio tanta prisa en encontrar a otro amigo para ella, que Harry habría jurado que lo había atraído con el encantamiento convocador.
—¿Dónde está Herr... mío... ne? —preguntó una voz.
—Pues ahora no sé si es buena idea que aparezcas —dijo Cedric a Viktor.
Viktor simplemente gruñó.
Krum acababa de acercarse a la mesa con dos cervezas de mantequilla.
—Ni idea —respondió Ron con brusquedad, levantando la vista hacia él—. ¿Se te ha perdido?
Viendo la expresión de la señora Weasley, Harry suponía que su amigo iba a pasar mucho tiempo castigado.
Krum volvía a tener su gesto hosco.
—Bueno, si la veis, decidle que tengo las bebidas —dijo, y se fue con su paso desgarbado.
—Te has hecho amigo de Viktor Krum, ¿eh, Ron? —Percy se les había acercado
—¡Éramos poco y parió la abuela! —exclamó Bill.
y hablaba frotándose las manos y haciendo ademanes pomposos—. ¡Estupendo! Ésa es la verdadera finalidad del Torneo, ¿sabes?, ¡la cooperación mágica internacional!
—Creo que a Ron le va a gustar mucho esas palabras —dijo Charlie.
Para disgusto de Harry, Percy se apresuró a ocupar el sitio de Padma.
Harry se sonrojó y le mandó a Percy una mirada de disculpa.
En aquel momento la mesa principal se hallaba vacía: el profesor Dumbledore bailaba con la profesora Sprout; Ludo Bagman, con la profesora McGonagall; Madame Maxime y Hagrid ocupaban un buen espacio mientras valseaban por entre los estudiantes, y al profesor Karkarov no se lo veía por ningún lado.
Cuando terminó la siguiente pieza todo el mundo volvió a aplaudir, y Harry vio que Ludo Bagman besaba la mano de la profesora McGonagall y regresaba entre la multitud, hasta que lo abordaron Fred y George.
—Fred, George... ¿Qué hacéis molestando al señor Bagman? —preguntó Molly mirando a sus hijos gemelos con severidad.
—¡No lo sabemos! —aseguraron ambos.
—¿Qué creen que hacen, molestando a los miembros del Ministerio? —refunfuñó Percy, mirando con recelo a Fred y George—. No hay respeto...
Pero Ludo Bagman se desprendió de Fred y George enseguida y, viendo a Harry, le hizo un gesto con la mano y se acercó a la mesa.
—Ahora preferiría que hubieseis seguido molestando a Bagman —dijo Harry a los gemelos.
—Hicimos lo que pudimos, joven Potter —dijo George.
—Espero que mis hermanos no lo hayan importunado, señor Bagman —le dijo Percy de inmediato.
—¿Cómo puedes decir eso de nosotros? —exclamó Fred con dramatismo, mientras se llevaba una mano al corazón.
—¿Qué? ¡No, en absoluto, en absoluto! —repuso Bagman—. No, sólo querían decirme algo sobre esas varitas de pega que han inventado. Me han preguntado si yo podría aconsejarlos sobre mercadotecnia. Les he prometido ponerlos en contacto con un par de conocidos míos en la tienda de artículos de broma de Zonko...
A Percy aquello no le hizo ninguna gracia,
Y por el rostro de la señora Weasley, era evidente que ella tampoco parecía entusiasmada con la idea. Pero al menos no dijo nada.
y Harry estuvo seguro de que se lo contaría a su madre en cuanto llegara a su casa. Daba la impresión de que los planes de Fred y George se habían hecho más ambiciosos de un tiempo a aquella parte, si esperaban vender al público.
—Si desde el principio tuvimos intención de vender al público —dijo Fred.
—No me extraña que el Sombrero os considerara buen material para Slytherin —silbó Daphne.
Bagman abrió la boca para preguntarle algo a Harry, pero Percy lo distrajo.
Harry se sintió agradecido con Percy por eso.
—¿Qué tal le parece que va el Torneo, señor Bagman? Nuestro departamento está muy satisfecho. Por supuesto, fue lamentable el contratiempo con el cáliz de fuego —miró fugazmente a Harry
—Mira que eres sutil —dijo Tonks con sarcasmo.
—, pero desde entonces parece que todo ha ido bien, ¿no cree?
—Si no tenemos en cuenta de que hay un participante extra y que, además, es menor de edad —dijo Lily.
—¡Ah, sí! —dijo Bagman muy alegre—, todo ha resultado muy divertido. ¿Cómo le va al viejo Barty? Qué pena que no haya podido venir.
—Sinceramente dudo que a Crouch le hubiese interesado mucho asistir al baile —dijo Arthur.
—¡Ah, sin duda el señor Crouch no tardará en volver a la carga! —repuso Percy imbuido de importancia—. Pero, mientras tanto, estoy más que deseoso de mejorar las cosas. Por supuesto, no todo consiste en asistir a bailes... —Rio despreocupadamente—. Me las he tenido que ver con asuntos de todo tipo que han surgido en su ausencia. ¿No ha oído que han pillado a Alí Bashir intentando meter de contrabando en el país un cargamento de alfombras voladoras? Y luego hemos estado intentando que los transilvanos firmen la Prohibición universal de los duelos. Tengo una entrevista con el director de su Departamento de Cooperación Mágica para el año nuevo...
—Vamos a dar una vuelta —le susurró Ron a Harry—. Huyamos de Percy...
—Por favor —pidieron algunos.
Pretextando que iban a buscar más bebida, Harry y Ron dejaron la mesa, rodearon la zona de baile y salieron al vestíbulo. La puerta principal estaba abierta, y mientras bajaban la escalinata de piedra distinguieron el centelleo de las luces de colores repartidas por la rosaleda. Una vez abajo, se encontraron rodeados de arbustos, caminos serpenteantes y grandes estatuas de piedra.
—Suena como un sitio romántico... —dijo Eli.
—Lo que me faltaba. Ir a un sitio romántico con Ron en Navidad —masculló Harry.
Se oía el rumor del agua, probablemente de una fuente. Aquí y allá había gente sentada en bancos labrados. Harry y Ron tomaron uno de los caminos que zigzagueaba entre los rosales, y apenas habían recorrido un corto trecho cuando oyeron una voz tan conocida como desagradable:
—Vaya... me pregunto de quién será —dijo James con cierto sarcasmo.
—... no veo a qué viene tanto revuelo, Igor.
—¡No puedes negar lo que está pasando, Severus! —La voz de Karkarov sonaba nerviosa y muy baja, como si estuviera tomando precauciones para que nadie pudiera oírlo—.
—Vaya, vaya... eso suena interesante —dijo Sirius.
Jake se sintió algo incómodo. ¿Qué estaba ocurriendo con su padre?
Ha empezado a ser cada vez más evidente durante los últimos meses, y estoy preocupado de verdad, no lo puedo negar...
Algunos fruncieron el ceño. ¿A qué se refería Karkarov?
—Entonces, huye —dijo la voz de Snape—. Huye: yo te disculparé. Pero yo me quedo en Hogwarts.
Snape y Karkarov doblaron la esquina. Snape llevaba la varita en la mano, e iba golpeando los rosales con una expresión de lo más malvada. Muchos de los rosales proferían chillidos, y de ellos surgían unas formas oscuras.
Y luego la gente quiere que confiemos en Snape... ¡Dudo que alguien con buenas intenciones pueda hacer que rosales chillen y salgan figuras oscuras de ellos! pensó Harry.
—¡Diez puntos menos para Hufflepuff, Fawcett!
—Creo que ya he escuchado el apellido Fawcett antes, ¿verdad? —murmuró Harry.
—De camino a los Mundiales de Quidditch —dijo Luna—. Hablasteis un poco acerca de las hermanas Fawcett.
—¡Ah, sí! ¿Cómo eran sus nombres?
—Melissa y Celia —respondió Ginny—. Esa debe de ser Celia, ya que va a Hufflepuff.
—gruñó Snape, cuando una chica pasó corriendo por su lado—. ¡Y diez puntos menos para Ravenclaw, Stebbins! —añadió cuando pasó tras ella un chico—.
—No les quites puntos solo por ser un amargado en la vida amorosa, Snape —gruñó James.
¿Y qué hacéis vosotros dos? —preguntó al toparse de improviso con Ron y Harry.
Karkarov, según notó Harry, pareció asustado de verlos allí. Se llevó nerviosamente la mano a la perilla y empezó a ensortijarse el pelo con un dedo.
—Estamos paseando —contestó Ron lacónicamente—. No va contra las normas, ¿o sí?
—Id con cuidado, que es capaz de castigaros por eso —dijo Fred.
—Recordemos que en primero me requiso un libro con la excusa de "los libros de la biblioteca no se pueden sacar del castillo" —añadió Harry.
—¡Seguid paseando, entonces! —gruñó Snape, y los rozó al pasar con su larga capa negra, que se hinchaba tras él.
Karkarov lo siguió apresuradamente. Harry y Ron prosiguieron su camino.
—¿Por qué estará tan preocupado Karkarov? —le cuchicheó Ron.
—Ni idea. Pero puede ser muy malo o muy bueno para nosotros —gruñó Moody en voz baja.
—¿Y desde cuándo él y Snape se tratan de tú? —dijo Harry pensativamente.
Acababan de llegar hasta una estatua grande de piedra que representaba a un reno del que salían los surtidores de una alta fuente. Sobre un banco de piedra se veía la oscura silueta de dos personas muy grandes que contemplaban el agua a la luz de la luna.
—Oh, ni se os ocurra interrumpir —dijo Emily.
—Ni se nos pasaría por la cabeza —dijo Harry.
Y luego Harry oyó hablar a Hagrid:
—Lo supe en cuanto te vi —decía él, con la voz extrañamente ronca.
—Creo que no se trata de una confesión de amor, precisamente —dijo Will.
—Hagrid, sea lo que sea que vayas a decir, cállate —dijo Sirius. Evidentemente no sirvió para nada.
Harry y Ron se quedaron de piedra. Daba la impresión de que no debían interrumpir aquella escena...
—Pues iros de allí de inmediato —dijo Eli.
Harry miró a su alrededor y hacia atrás por el camino, y vio a Fleur Delacour y Roger Davies medio ocultos en un rosal cercano.
—Pues no sé yo si la alternativa es mucho mejor.
Le dio una palmada a Ron en el hombro y los señaló con un gesto de cabeza, indicándole que podrían escabullirse fácilmente por aquel lado sin ser notados (Fleur y Davies parecían muy entretenidos),
Algunos miraron a Fleur, esperando ver su reacción. Pero ésta no parecía estar muy pendiente de eso.
pero Ron, horrorizado al ver a Fleur y poniendo los ojos como platos, negó vigorosamente con la cabeza y tiró de Harry para ocultarse más entre las sombras, tras el reno.
—Joder, Ron. Que no es momento para tu trauma —dijo Charlie.
—¿Qué es lo que supiste, «Hagguid»? —le preguntó Madame Maxime, con un evidente ronroneo en su suave voz.
—Que le gusta. Que le gusta, Lily —dijo James con emoción.
—¿Por qué suenas tan emocionado? —preguntó Lily confundida.
—Porque Hagrid es un tipo genial y se merece algo así.
Decididamente, Harry no quería escuchar aquello: sabía que a Hagrid le horrorizaría que lo oyeran (porque a él le pasaría lo mismo).
—Y vas a escucharlo porque mi hermano es un cobarde —suspiró Ginny.
Si hubiera podido, se habría tapado los oídos con los dedos y se habría puesto a canturrear bien fuerte, pero no era posible.
—Sí, no creo que sea la mejor opción —dijo William.
En vez de eso, intentó interesarse en un escarabajo
Alan entrecerró los ojos.
que caminaba por la espalda del reno,
—Sí... dudo que un escarabajo sea lo suficientemente atrayente —dijo Will.
pero el escarabajo no conseguía ser lo bastante atrayente para que se dejaran de oír las palabras de Hagrid.
—Supe... supe que eras como yo... ¿Fue tu madre o tu padre?
—Definitivamente no quiero seguir escuchando esto... ¿Podemos saltarnos esta parte? —pidió Tonks.
—Desgraciadamente no es posible —dijo Alan. Algunos se sobresaltaron, habían olvidado que estaba allí—. Lo que Hagrid vaya a decir ahora, será relevante para la trama, así que no podéis saltároslo.
—Eh... no entiendo lo que «quiegues decig», Hagrid.
—Creo que sí sabe de lo que esta hablando —dijo Reggie.
—En mi caso fue mi madre —explicó Hagrid en voz baja—. Fue una de las últimas de Gran Bretaña. Naturalmente, no la recuerdo muy bien... Me abandonó, ya ves. Cuando yo tenía unos tres años. No era lo que se dice del tipo maternal. Bueno, lo llevan en su naturaleza, ¿no? No sé qué fue de ella... Tal vez haya muerto.
Nadie habló. Los que tenían poco vinculo con Hagrid no tenían mucho que decir. Y los que sí tenían vínculos profundos con Hagrid no sabían que decir. Seguramente esa era la primera vez que muchos escuchaban a Hagrid hablar de su familia.
Madame Maxime no decía nada. Y Harry, a pesar de si mismo, apartó los ojos del escarabajo y echó un vistazo por encima de las astas del reno, escuchando... Nunca había oído a Hagrid hablar de su infancia.
—A mi padre se le partió el corazón cuando ella se fue. Mi padre era muy pequeño. Con seis años yo ya podía levantarlo y ponerlo encima del aparador si me enfadaba. Solía hacerlo reír...
Algunos sonrieron. Resultaba gracioso imaginarse a un Hagrid de seis años, pero lo suficientemente grande como para hacerse pasar por un hombre adulto.
—La voz de Hagrid era profunda, pero de repente cambió porque lo embargó la emoción. Madame Maxime escuchaba sin moverse, según parecía con la vista fija en la fuente plateada—. Mi padre me crió... pero murió, claro, justo después de que yo vine al colegio. Entonces, me las tuve que apañar por mí mismo. Aunque Dumbledore fue una gran ayuda: fue muy bueno conmigo...
Dumbledore escuchaba en silencio. El usual brillo de sus ojos azules se había atenuado ligeramente.
—Hagrid sacó un pañuelo grande de seda de lunares y se sonó la nariz muy fuerte—. Bueno... en fin... basta de hablar de mí. ¿Y tú? ¿De qué parte te viene?
Pero Madame Maxime acababa de ponerse repentinamente en pie.
—Imaginaba que esto sucedería —murmuró Fleur.
—Hace demasiado «fguío» —dijo, pero el tiempo no era tan frío como su voz—. Me «paguece» que voy a «entgag».
—¿Eh? —exclamó Hagrid, sin entender—. ¡No, no te vayas! ¡Yo no... nunca había conocido a otro!
—Lo mejor sería que Hagrid no siguiese hablando —dijo Remus.
—¿«Otgo» qué, exactamente? —preguntó Madame Maxime, con un tono gélido.
Harry le hubiera aconsejado a Hagrid que no respondiera.
—Que no responda...
Oculto en la sombra, apretó los dientes, esperando contra toda esperanza que no lo hiciera, pero de nada valía.
—¡Otro semigigante, por supuesto! —repuso Hagrid.
—Y respondió —murmuró Remus.
—No sabía que Hagrid era un semigigante... Pero si lo piensas bien, es la conclusión más lógica. No creo que muchas personas puedan llegar a tener el tamaño de Hagrid a menos que tengan sangre de gigante —dijo Tonks.
—¡Cómo te «atgueves»! —gritó Madame Maxime. Su voz resonó en el silencioso aire de la noche como la sirena de un barco. Tras él, Harry oyó a Fleur y Roger caerse de su rosal—. ¡Jamás en mi vida me han insultado así! ¿Semigigante? Moi? Yo... ¡yo soy de esqueleto grande!
—¿Esqueleto grande? —repitió Harry—. ¡Pero si lo único que tiene el esqueleto más grande que ella son los dinosaurios!
—Y los dragones —señaló Charlie—. Y otras especies en realidad.
—Sin olvidar a los mismos gigantes.
—Lo entiendo, lo entiendo.
—Pero tengo una duda —dijo en ese momento Cedric, mirando a Fleur—. ¿Madame Maxime es semigigante o no?
Fleur tardó unos segundos en responder.
—Siempre ha negado que lo fuese. Pero... creo que en realidad es bastante evidente que si lo es, solo que no quiere aceptarlo —dijo al final.
Se marchó furiosa. A medida que pasaba, apartando enojada los arbustos, se levantaban en el aire enjambres de hadas multicolores. Hagrid permaneció sentado en el banco, mirándola. Estaba demasiado oscuro para ver su expresión. Luego, aproximadamente un minuto después, se levantó y se fue a grandes zancadas, no de regreso al castillo sino atravesando los oscuros terrenos de camino a su cabaña.
—Pobre Hagrid —murmuró Sally.
—Vamos —le dijo Harry a Ron en voz muy baja—, vámonos.
Pero Ron no se movió.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry mirándolo.
—Bueno, la revelación que acabáis de escuchar es bastante impactante —dijo Bill.
Harry no acababa de entender cual era el problema de que Hagrid fuese un semigigante. Hagrid simplemente era Hagrid, un buenazo con un interés un poquito preocupante por criaturas altamente mortales.
Ron tenía una expresión realmente muy seria.
—¿Lo sabías —susurró—, lo de que Hagrid fuera un semigigante?
—No —contestó Harry, encogiéndose de hombros—. ¿Y qué?
Al ver la expresión de varios, Harry se dio cuenta de como de ignorante seguía siendo con muchas cosas relacionadas con el mundo mágico. Seguramente la mayoría de magos no habrían actuado de esa manera al saber que un amigo era un semigigante.
—La cosa es que los gigantes son conocidos por su violencia y mal genio —explicó al final Sally—. Muchas personas han muerto a menos de gigantes. Así que si la gente se entera de que Hagrid es un semigigante, podría ser repudiado o incluso que le obligasen a abandonar los terrenos de la escuela.
—¡No pueden hacer eso! ¡Sería injusto! —protestó Harry—. Hagrid es una buena persona. No le haría daño a nadie.
—Sabemos eso —dijo Charlie—. Pero, por desgracia, la mayoría de gente no. Además, no hay que olvidar el cariño de Hagrid por las criaturas peligrosas. Ese tipo de cosas haría que la gente fuese más decidida a echarle.
—No hace falta decir —dijo en ese momento Dumbledore— que si la gente llegase a enterarse del secreto de Hagrid y llegasen a pedir su dimisión y expulsión de la escuela, yo no lo permitiría. Hagrid ha hecho mucho por la escuela, y su historia familiar no justificaría su expulsión.
Al ver la mirada de Ron comprendió enseguida que una vez más estaba revelando su ignorancia respecto del mundo mágico. Criado con los Dursley, había muchas cosas que todos los magos conocían y que para él continuaban siendo un secreto, aunque aquellas revelaciones se iban haciendo menos frecuentes conforme iba pasando cursos. En aquel momento, sin embargo, se dio cuenta de que la mayoría de los magos no habría dicho «¿y qué?» al averiguar que uno de sus amigos tenía como madre a una giganta.
—Sinceramente yo, que soy alguien no mágico, dudo que hubiese respondido con un simple "¿y qué?" si me hubiese enterado de que un conocido tenía una madre giganta —dijo William.
—Te lo explicaré dentro —contestó Ron en voz baja—. Vamos...
Fleur y Roger Davies habían desaparecido, probablemente metiéndose en algún hueco aún más íntimo entre los arbustos. Harry y Ron volvieron al Gran Comedor. Parvati y Padma estaban sentadas a una mesa distante, entre una multitud de chicos de Beauxbatons,
Harry pensó que debía disculparse con Parvati en cuanto la viese... Por otro lado, el baile aún no había tenido lugar, así que disculparse por eso sería algo raro. Decidió que, cuando fuese el baile, invitaría a Parvati al menos a un baile para compensarla. Solo esperaba que Ginny no se molestase por eso.
y Hermione seguía bailando con Krum.
Harry y Ron ocuparon una mesa bastante alejada de la zona de baile.
—¿Y? —le preguntó Harry a Ron—. ¿Cuál es el problema con los gigantes?
—Bueno, que son, son... —Ron se esforzó por hallar las palabras adecuadas—. No son muy agradables
—Supongo que es una manera agradable de decirlo —dijo Remus.
—concluyó de forma poco convincente.
—¿Y eso qué más da? —observó Harry—. ¡Hagrid sí que lo es!
—Ya lo sé, pero... caray, no me extraña que lo mantenga en secreto —dijo Ron, sacudiendo la cabeza—. Siempre creí que alguien le había echado un encantamiento aumentador cuando era niño, o algo así. No quería mencionarlo...
—Pero ¿Qué problema hay porque su madre fuera una giganta? —inquirió Harry.
—Bueno, ninguno para los que lo conocemos, porque sabemos que no es peligroso —dijo Ron pensativamente—. Pero... los gigantes son muy fieros, Harry. Como Hagrid dijo, lo llevan en su naturaleza. Son como los trols: les gusta matar; todo el mundo lo sabe.
—Siendo así, no me extraña para nada que esa mujer prefiera decir que tiene el esqueleto grande —dijo Helena.
Pero ya no queda ninguno en Gran Bretaña.
—¿Qué les ocurrió?
—Bueno, se estaban extinguiendo, y luego los aurores mataron a muchos.
—Causaban muchas victimas inocentes, así que el ministerio se vio obligado a tomar cartas en el asunto... por muy desagradable que pueda oírse eso —dijo Moody.
Harry se pregunto como reaccionaría Hermione si escuchase eso. ¿Tal vez crearía la P.D.G. (Plataforma de los Derechos de los Gigantes)?
Pero se supone que quedan gigantes en otros países... la mayor parte ocultos en las montañas.
—No sé a quién piensa Maxime que engaña —comentó Harry, observando a Madame Maxime sentada sola en la mesa principal, con aspecto muy sombrío—. Si Hagrid es un semigigante, ella desde luego también lo es. Esqueleto grande... Sólo los dinosaurios tienen un esqueleto mayor que el de ella.
—Y también...
—Ya lo hemos oído antes.
Harry y Ron se pasaron el resto del baile en su rincón hablando sobre los gigantes, sin ningunas ganas de bailar.
—Joder, vaya manera más triste de pasar el Baile de Navidad —dijo Will.
Harry intentaba no mirar a Cho y Cedric: hacerlo le producía un enorme deseo de dar patadas.
—Bueno, si lo haces, siempre puedes decir que es ese famoso baile ruso y que aún no lo dominas.*
Cuando a la medianoche terminaron de tocar Las Brujas de Macbeth, todo el mundo les dedicó un fuerte aplauso antes de emprender el camino hacia el vestíbulo. Muchos se quejaban de que el baile no durara más, pero Harry estaba muy contento de irse a la cama. Por lo que se refería a él, la noche no había sido muy divertida.
—Eso es quedarse corto.
Fuera, en el vestíbulo, Harry y Ron vieron a Hermione despedirse de Krum antes de que volviera al barco. Ella le dirigió a Ron una mirada gélida,
—Si, creo que sigue bastante molesta —comentó Luna con tranquilidad.
y pasó por su lado al subir la escalinata de mármol sin decirle nada. Harry y Ron la siguieron, pero a mitad de la escalinata Harry oyó que alguien lo llamaba:
—¡Eh... Harry!
Era Cedric Diggory.
Algunos miraron a Cedric, preguntándose que quería el Hufflepuff de Harry.
Harry vio que Cho lo esperaba abajo, en el vestíbulo.
—¿Sí? —dijo Harry con frialdad, cuando Cedric hubo subido hasta donde estaba él.
Parecía que Cedric no quería decir nada delante de Ron, así que éste se encogió de hombros, malhumorado, y siguió subiendo la escalinata.
—Tal vez sea algo relacionado con el Torneo —murmuró Tonks de forma pensativa—. Harry le contó sobre los dragones, así que no me extrañaría que quisiese darle alguna pista sobre el huevo.
—Escucha... —dijo Cedric en voz muy baja cuando Ron se perdió de vista—. Te debo una por haberme dicho lo de los dragones. ¿Tu huevo de oro gime cuando lo abres?
—Sí —contestó Harry.
—Y por lo que se dice es bastante desagradable —añadió George.
—Bien... toma un baño, ¿vale?
—¿Qué?
—¿Qué?
—Que tomes un baño y... eh... te lleves el huevo contigo, y... eh... reflexiona sobre las cosas en el agua caliente. Te ayudará a pensar... Hazme caso.
Harry se quedó mirándolo.
—Y otra cosa —añadió Cedric—: usa el baño de los prefectos.
Los que sabían como era el baño de los prefectos, empezaban a entender el enigma del huevo.
Es la cuarta puerta a la izquierda de esa estatua de Boris el Desconcertado del quinto piso. La contraseña es «Frescura de pino». Tengo que irme... Me quiero despedir.
Volvió a sonreír a Harry y bajó la escalera apresuradamente hasta donde estaba Cho.
Harry regresó solo a la torre de Gryffindor. Aquél era un consejo muy extraño. ¿Por qué un baño podía ayudarlo a desentrañar el enigma del huevo? ¿Le tomaba el pelo Cedric? ¿Trataba de hacerlo quedar en ridículo, para valer más a los ojos de Cho?
—Por supuesto que no —dijo Cedric con tono ofendido.
La Señora Gorda y su amiga Violeta dormitaban en el cuadro. Harry tuvo que gritar «¡Luces de colores!» para despertarlas,
—Dudo que eso les guste mucho.
y cuando lo hizo se mostraron muy enfadadas.
—Bueno, no debe ser agradable despertarte con alguien gritándote —dijo Reg.
Entró en la sala común y vio a Hermione y Ron envueltos en una violenta disputa.
Harry suspiró. Hubiese sido demasiado bonito acabar la noche sin que esos dos acabasen peleando...
Se gritaban a tres metros de distancia, los dos rojos como tomates.
—Bueno, pues si no te gusta, ya sabes cuál es la solución, ¿no? —gritó Hermione; el pelo se le estaba desprendiendo de su elegante moño, y tenía la cara tensa de ira.
—¿Ah, sí? —le respondió Ron—, ¿Cuál es?
—¡La próxima vez que haya un baile, pídeme que sea tu pareja antes que ningún otro, y no como último recurso!
—Ahí tiene razón.
Ron movió la boca sin articular ningún sonido, como una carpa fuera del agua, mientras Hermione se daba media vuelta y subía como un rayo la escalera que llevaba al dormitorio. Ron se volvió hacia Harry.
—Bueno —balbuceó, atónito—, bueno... ahí está la prueba... Hasta ella se da cuenta de que no tiene razón.
Ginny soltó un sonoro suspiro.
—¿Puedo golpearlo o puedo golpearlo? —preguntó.
Harry no le contestó. Estaba demasiado contento de haber vuelto a ser amigo de Ron para decir lo que pensaba justo en aquel momento. Pero sabía que Hermione tenía mucha más razón que él.
—Fin del capítulo —dijo Holly.
Harry se puso de pie.
—Voy a buscar a Hermione y a Ron —anunció, antes de salir de la habitación.
*: Si no recuerdo mal creo que el baile se llama chechotka.
Muy buenas, gente.
Este ha sido el capítulo vigésimo noveno. Creo que ha sido el más largo que he hecho hasta la fecha. Casi 14.000 palabras. Y no solo eso, sino que además lo he acabado una semana antes de lo previsto... Al final va a ser verdad y todo que me va mejor si me pongo fecha límite...
En fin... ¿alguien más ha tenido ganas de golpear a Harry o a Ron, en especial a este último, en este capítulo? Porque yo si, varias veces.
Bueno en el siguiente capítulo veremos que ocurrió con Ron y Hermione. Eso sí, no sé cuando saldrá exactamente, ya que me parece que me voy a centrar en Leyendo Percy Jackson y los Dioses del Olimpo III ya que al parecer me quedan unos cinco capítulos.
Espero que os haya gustado y felices fiestas. Diría que espero que lo hayáis pasado con vuestros seres queridos... pero como están las cosas, mejor pasar estas Navidades con menos gente posible. Ya sabéis, para evitar contagios y eso...
Se despide,
Grytherin18-Friki
