Navidad al estilo japonés... O un intento de. Para quienes ya me han leído antes, estas ideas podrán ser repetitivas dentro de mis historias SeroMina. Para quienes no, bueno, solo tengo una cosa por decirles, a todos en general:
¡Feliz navidad! Que disfruten su lectura.
Disclaimer: My Hero Academia no me pertenece.
Luces y preparativos navideños.
Por Blue-Salamon.
Como es de esperarse, el centro comercial está plagado de luces navideñas que crean espectáculos lumínicos a rebosar. Mayor aún, en la oscuridad de la noche.
Y Sero se da cuenta, más temprano que tarde, de que hizo una buena decisión: Ashido brilla, en medio de las luces. Con su sonrisa y los sonidos risueños que brotan de su voz, como burbujas espontáneas, mientras sus ojos vuelan paseándose con su mirada sobre todo el espectáculo a su alrededor.
Es una chiquilla. Una traviesa que, muy emocionada, se alza en las puntas de los pies y da pequeños brincos ocasionales. Una chica que vibra y propaga, con su buena habilidad de manifestar felicidad y emociones en general, alegría a su alrededor.
El titilar de las luces de las decoraciones navideñas, reflejado en su piel, hace mucho más que curioso todo el asunto de su brillo. El color extravagante natural de Ashido mutando con la reflexión lumínica.
Lo que pasa con el efecto de la luces alternando sus variedades de colores, es que en Ashido traen un espectáculo sensacional de tonalidades. En su piel, en su cabello. En sus mejillas que se le pintan de los colores de la vida. Y en sus ojos negros con sus irises ambarinos, en que las pupilas se le dilatan de la emoción y reflejan los colores, sin ella darse cuenta de lo hermosos que los tiene.
Es preciosa. Su alegría natural.
Sorpresivamente, Ashido se vuelve a él. Pero Sero tarda en captarlo, sino hasta que se da cuenta de que no está imaginándose cosas y que la situación acontece en la realidad, porque ella lo golpea con la misma pinchándole con un par de dedos en la frente. —¿Hola? ¿Qué tanto haces tú, mirándome, Sero? —hace unas nuevas risitas traviesas—. ¡El espectáculo está al frente! ¡Mira las luces, que están preciosas!
Sero la medio obedece, medio no, porque de inmediato vuelve a ser ella la que atrapa toda la atención de sus ojos. Y ella no se da cuenta porque otra vez se ha vuelto a fascinar de las luces navideñas. Y es que sí, las luces estarán muy bonitas y eso, pero preciosa es más.
—Estoy viendo una luz mucho más preciosa.
Se le escapa.
El aire a los dos. Ashido apenas se vuelve a verlo un solo segundo para asegurarse de que a quien está viendo es a ella. Luego se demora en el asunto, de la contemplación. Y se ríe una vez más.
Tiene el rostro acalorado de pronto.
Ambos lo tienen.
Y a Sero también se le seca la boca y el corazón le comienza a latir en un nuevo ritmo.
La musiquita navideña llena el ambiente. Música sin letra, de sonidos suaves y tiernos. Dulces. Y suenan muchos cascabeles. Muchos, por montones.
Los cascabeles susurran sus sonidos. Los colores de las luces siguen moviéndose y alternándose. Ashido y Sero, ninguno de los dos, dice nada por unos momentos. Hasta que se vuelven a mirar, con la conversación, flotando al medio de ambos, y sus motivos para haber ido antes al centro comercial. Rondando por las fechas, de una actividad demasiado alusiva para parejas.
Pero ellos no lo son.
No están saliendo. De esa forma.
—¿Te la pasas bien?
Con una sonrisa suave, cautelosa, que de pronto atrapa aires burlones, Sero mira a Ashido y se da su propia respuesta a la pregunta que le hace. Solo con verla le basta: ella lleva todo el rato maravillada, pero igual no está de más preguntar. Incluso si sólo es por mera cortesía.
Ashido de cualquier forma, aunque no lo entienda del todo, copia su sonrisa. Divertida. Y asiente, efusivamente. —Sí. ¡A que es genial! ¿No es así? —no se detiene a esperar por una respuesta—. Gracias por acompañarme en mis compras, Sero. ¡Y a ver las luces! —porque para ella no hay otra. Luego es Ashido la que decide hacer un comentario, coqueto, como sólo ella, en respuesta a lo que él antes le dijo: —Pero, ¿sabes? A esto sólo nos falta hacer una sola cosa...
Sero se ríe por lo primero que dice, porque no es como que sólo ella hubiera ido a comprar; aunque sí, eso parecía ser mucho así. Él no acostumbraba a hacerle regalos a sus padres por las fechas y había acabado llevando un par de portarretratos para su madre y la esencia favorita de su padre que su madre le conseguía siempre para su consultorio. Lo que no sabía era que Ashido tampoco solía hacer eso de conseguir regalos con frecuencia, pero había sido una buena excusa para hacer menos incómoda esa salida que era entre ellos sin que fueran nada más que amigos, camuflándose bien con las personas que sí iban como pareja.
Así que al menos se habían divertido, no sólo con las compras, sino que también con el lío de que los confundieran como pareja.
—A ver —con ánimo, Sero arquea las cejas esperando por lo que tiene que decirle ella, intrigado sobre lo que les hace falta hacer—. ¿De qué se trata, Ashido?
Ashido amplía su sonrisa. Segundos antes de volver a empequeñecerla. Y, elegantemente, entornar la mirada, llevándose como por casualidad dos dedos a la boca. Dándose unos ligeros golpecitos en los labios con estos. —Un regalo...
Sero siente que se le hace agua la boca. Traga saliva y se atraganta con ella misma. Con Ashido, que añade un pestañeo casual doble. Y no deja de sonreír de aquella manera coqueta para él.
Los cables cruzándosele en la cabeza, Sero siente el antojo de un beso. La ridícula necesidad de besarla. Captando todo aquel juego de dedos de ella como una insinuación. Una invitación. Lo es. Ashido está completamente clara en ello. Él también.
Pero ellos no son.
No están.
—Un regalo —repite, sin sentirse dueño de su voz. Es una graciosa experiencia, como si de pronto no fuera él; pero, pues, obvio que era él. Y se inclina, hacia ella, en esa sola acción consiguiendo los rostros de ambos muy cerca. Y Sero le toma la mano, sus dedos, regalándole en ellos una suave caricia con sus labios. Un beso, tierno, en las yemas de los dedos de ella. Dejando a Ashido muda, totalmente tiesa. Con las palabras en la boca y haciéndose un verdadero revoltijo de sensaciones.
La sonrisa que entonces se le cuela, con actitud pícara y viéndola divertido, a Sero también se le afloja al poco rato, suavizándosele la mirada. Se yergue, y entonces vuelca toda su atención en el interior de la bolsa de las compras. Toma un momento, pero cuando sus ojos encuentran lo que habían ido a buscar, mete certeramente la mano, aunque incluso así parece tomarse un momento más.
Ashido lo observa, todavía algo ida, hasta que comienza a enrojecerse. Se mira los dedos de la mano, dibujando una sonrisa tímida en sus labios al momento de guiárselos y, un poco como, recogiendo el beso de estos, cierra los ojos un momento.
Un beso... le gustaría un buen beso de Sero...
En la boca.
Directo en la boca.
Un sonido ahogado la hace abrir los ojos. Y con las mejillas encendiéndosele, se da cuenta de que no es la única ruborizada. Ver a Sero enrojecido le resulta adorable. Y aunque el corazón lo tiene todo agitado, sus labios tuercen una sonrisa. Inocencia fingida. Despega sus dedos y espontáneamente le manda un beso. A lo que Sero, con un par de segundos de retraso, comienza a reírse sin razón. Él hace una pausa, para fingir que atrapa su beso. Y los dos, compartiendo una mirada, se vuelven a reír.
Ashido probablemente se había entusiasmado mucho con que Sero la hubiese invitado a salir. La salida siendo solo de amigos, pero igual, siendo por navidad, un viernes por la tarde, no le pareció ni por asomo ninguna mala opción. De hecho, se le hizo muy buena. Y sintió a su corazón agitarse de la emoción. Sobre todo con sus palabras dulces, que es que, ¿estaban coqueteándose? Sí. Se sentía mucho como que lo estaban haciendo. Y los coqueteos de él, se le hacían sumamente encantadores.
Aclarándose la garganta, lo oye a él atrayendo de nuevo su atención. Y Ashido se percata de que se ha vuelto a quedar mirando las luces, aunque sin pensar esta vez en lo lindas que se veían. Se lo vuelve a ver y sus ojos primero captan que Sero tiene algo resguardado entre sus manos. —Pues, es verdad. A esta salida por navidad nos falta hacer un intercambio de regalos.
Ashido vuelve a alzar la mirada a los ojos de él y entonces se da cuenta de lo muy bien que se la pasa a su alrededor. De cómo de fascinada la tenía. —Tengo un regalo para ti que no se desaparecerá aún cuando esta "cita" se acabe —confiesa ella, antes de irse a abrir su bolsa un poco, para dejarse espacio y hundir la mano en su interior para dar con su obsequio.
Sero parece sorprenderse un poco y la mira con curiosidad e intriga. Pero como la cosa con Ashido parece tardar, él abre sus manos que resguardan lo que tiene para regalarle. Ashido ve, entonces, un pequeño broche, con forma de corona. Muy bonito. Y con una como especie de pulsera. Tarda en procesar, que se trata más de algo como un adorno para el pelo, una como liguilla para amarrárselo. Y se queda un poco ida, porque ella no tiene el cabello muy largo que dijera, así que, como que, no lo entiende. De alguna forma, la tranquiliza.
Su regalo tampoco es que tenga nada de especial para ser de utilidad. Es un simple peluche que tenía una correa para poder usarse como llavero. Se le había hecho lindo, cuando mientras hacían el recorrido por las tiendas, Sero se había puesto a jugar con ella usando dicho muñequito. Así que sólo había decidido comprarlo para dárselo luego a él. Su excusa: un agradecimiento por traerla hasta ahí y jugar con ella ese jueguito de novios andando por la fechas decembrinas.
—¡Yo primero! ¡Miraaaa! —salta ella, cuando su mano finalmente da con el peluche y lo saca de la bolsa de compras—. ¡Es para ti! Ya que hicieron tan buenas migas allá en la tienda, pensé que sería cruel acabar esa bonita amistad —toma la mano libre de Sero, para ponerle el muñeco, sonriéndole con diversión por el asunto. Sero toma el peluche y se lo queda viendo un momento antes de sonreírle también.
—Pero si se suponía que este era tu súbdito. ¿No es mejor que te lo quedes tú? —Después de todo, así era como se había puesto a jugar con ella. Y Ashido había pensado en un inicio que sólo se estaba burlando de ella y no en el buen sentido de sus bromas inocentes.
—Tendrás que cuidarlo por mi entonces —le hace una sonrisa cruel, todavía picada con ello.
El asunto de su nombre de heroína a veces era todavía tema delicado.
Sero se la queda mirando unos segundos antes de liberar un suspiro de resignación, sin dejar de sonreír. —Ok, ok. ¿Sí sabes que no me estoy...?
Pero lo que fuera a decir, Sero no lo termina. Y mejor se vuelve a aclarar la garganta: —Ashido —habla, con voz y gesto inusitadamente serio. Y a Ashido le sorprende notar en ese preciso momento que el grueso de su voz es bastante sensual. Se ruboriza—. Te habrán quitado el título, pero no deja de parecerme a mi que tienes toda la madera de una reina. Por eso... —guardándose el peluche un momento para tener ambas manos desocupadas, se acerca peligrosamente a Ashido y esta apenas da un paso atrás, Sero se da cuenta de pronto de algo—. Uhm, ¿tus cuernos son...? Disculpa, ¿te molesta mucho si te tocan los cuernos, Ashido?
Ashido parpadea. —¿Molestar cómo...?
—No sé, eh, ¿que sean como... sensibles?
—¡Ah! ¡No! Mis cuernos no tienen terminaciones nerviosas —y a Ashido casi se le corta la respiración cuando lo siente a él, removiendo sobre la base de uno de sus cuernos, y enredarle la pequeña liguilla—. Excep-¡Excepto por la base, cuidado! —ahoga ella, apenas por poco, un gemido. Y entonces Sero se aparta para verla.
—Lo siento, ¿estás bien?
Ashido se estremece mientras sus mejillas se ponen furiosamente rojas. El recorrido de electricidad suave por su cuerpo sintiéndose mucho como algo delicioso, que no parecía debía disfrutar en un momento como ese. —Sí... sí... estoy... —ella no puede reprimir un suspiro y Sero tan solo no puede perderle ni por asomo la pista—... bien, sólo... me tomaste desprevenida.
Con las manos de él fuera de ella, Ashido consigue reprimir esa sensación acalorada. Llena de bochorno, es como si hubiera perdido el aire y casi jadeara, pero luego de tomarse unos segundos para respirar, vuelve a hablar en un tono de voz que se parece más a su regular tono. —Pero ya estoy bien, lo tengo todo controlado —ligeramente más chillón y un poco forzado, pero eso no parece ella notarlo porque sonríe, como si nada.
Sero se la queda mirando, un poco ido, durante más tiempo de lo esperado, antes de voltearse a otra parte, ruborizándose. —Ehm, ¿tal vez no deba...?
—¿Ese es mi regalo, Sero? —lo interrumpe, para hacerlo continuar.
Sero la observa solo de reojo. —Sí...
—¿Qué estabas diciéndome sobre él? ¿Algo de que merezco mi propio reino?
Sero se comienza a reír cuando escucha eso último, funcionando lo que Ashido le decía para convencerlo de volver a intentar acercarse. Murmura un "seré cuidadoso" cuando Ashido, por poco y se aparta de manera instintiva. Ella lo deja entonces continuar y después de acariciarle los cabellos con cuidado, prontamente Sero se aleja para contemplarla. Muy orgulloso, mirándola con embeleso.
Ashido no hace más que quedarse quieta, disfrutando de ser mirada de esa forma. —¿Y...?
Cuando Sero parece salir de su embobamiento, entonces habla: —Decía que podrían haberte arrebatado el título, pero permíteme coronarte, Alien Queen —recupera el monigote que ella le había regalado y que muy seguramente lo iba a atesorar con mucho cariño—. Tus súbditos —como antes ya había hecho, hace al muñeco fingir una reverencia que incluía movimientos con sus bracitos— están esperando a que su reina les indique qué hacer —la mira a los ojos, dándole una sonrisa grande, antes de también él inclinarse un poco—. Al servicio de su majestad —sólo vuelve a alzar la cabeza para guiñarle un ojo y reírse un poco—, nadie podrá arrebatarte esa corona. E incluso si no la llevas puesta, lo tendré presente.
A Ashido le temblaba la boca un poco. Pero sentía la sonrisa en sus labios haciéndole cosquillas en las mejillas. Ese hormigueo gracioso sintiéndose presente en el estómago también. —¿Qué cosa? —pregunta, conteniendo la risa, puesto que estaba muy maravillada y encantada con lo que Sero le decía. Sus gestos, adorables, la hacían sentirse muy feliz.
—Que eres la reina, Ashido.
Ella no puede hacer más que sonreír un poco más, incluso cuando parece imposible que pueda hacerlo, y entonces sí comienza a reírse. En el momento en que Sero se yergue, Ashido se cuelga de su cuello con un abrazo, mientras no para de retorcerse con sus risas que parecen imposibles de detener. Sero no la rechaza y también la rodea con su brazos, riéndose junto con ella, sus cabellos haciéndole cosquillas.
Luego ella da un salto y él la alza con sus manos cargándola; se quedan mirando, bajo el efecto de las luces y con la música navideña de fondo, manteniendo la posición. El momento termina cuando los pies de Ashido vuelven a tocar el suelo y entonces ambos deshacen la cercanía sin demasiadas complicaciones.
No dejan de mirarse a los ojos.
—Vayamos a comer pastel.
Ashido tiene que parpadear. La primera vez para salir de su ensimismamiento; la segunda para entender que Sero le había propuesto aquello. —¿Eeeh? ¿Pastel?
Sero vuelve a soltar unas risas por la reacción incrédula que tiene ella. —Sí. Pastel de navidad. ¿Me vas a decir que no te has dado cuenta de que eso también nos falta?
Tomada por sorpresa, Ashido de pronto no parece entender lo que está pasando. Ni siquiera cuando Sero la toma de la mano y comienza a llevarlos a ambos en otra dirección. —¡Pero- Uhm. ¿Estás bien? —dudosa, ella pregunta, no terminando de dejarse llevar del todo.
—Claro que sí.
—No, espera —y siente que no se está dando a entender, por lo que tira de la mano de Sero para traerlo con su mirada de vuelta a sí misma—. Me refiero a... ¿pastel? ¿de verdad... estás bien con eso?
Sero frunce las cejas, lleno de intriga. —¡Que sí, te digo! ¿Por qué lo propondría entonces si no?
Ashido se encoge de hombros cuando se da cuenta de que no parece tener una sola respuesta. Sin embargo, todavía titubea. —Pero... ¿dulces?
—Ehm, ¿sí...? El pastel es dulce, ¿te refieres a eso? ¿qué tiene...?
—¿Te acuerdas de Halloween?
La mención trae recuerdos, que parecen ser muy graciosos porque lo primero que hace Sero es soltar unas cuantas carcajadas. —¡Cómo olvidarlo!
Ashido por su parte hace un silencio expectante antes de volver a hablar. —¿Y después de? ¿Recuerdas lo que pasó?
—Ah... —Sero se lo piensa un momento, recordando el día después de Halloween, que Ashido había enfermando luego de—¡Oh! —haberse zampado la mitad de los dulces que había conseguido de una sola sentada. Él se había enfadado con ella luego de hallarla con un terrible dolor de estómago rumbo a la enfermería—. ¡A eso te refieres? Mira, Ashido, comer dulces de vez en cuando no está mal, lo tuyo fue un-
—Un exceso. ¡Sí, sí!
Sero ríe al verla haciendo un berrinche. —Cómo sea, ¿vamos entonces? ¿No te gustan las fresas? Mejor dicho, ¿el pastel de fresas no es tu favorito? —Ashido no puede evitar llevarse una sorpresa cuando escucha eso, pues no recordaba haberle mencionado a Sero alguna vez sobre sus gustos de pasteles; aunque sí que había mencionado demasiado que las frutillas y fresas eran sus favoritas—. Discúlpame si lo he dado por sentado sin ninguna razón, pero he imaginado antes que navidad sería una de tus fechas esperadas tan sólo por el pastel de navidad.
—No. Sí tienes razón. El pastel de fresas es mi favorito.
Ashido y Sero comparten una mirada y ambos comienzan a andar, sin necesidad de mediar más palabras; aunque Ashido tiene la vaga noción de una cafetería por la plaza, no está segura de recordar dónde es que queda, así que Sero es quien los guía en el camino.
—Aunque... —Mina se relame los labios, con las manos puestas ambas en las asas de su bolsa de compras ya. Se balancea un poco de un lado a otro mientras camina, como si lo que hiciera fuera bailar más que andar solamente y ve los ojos de Sero seguirla sin perderle detalle, lo que la hace sonreír, con un ápice de timidez y ver hacia otra dirección, antes de volver sólo a lanzarle una mirada de reojo—... no es la única razón por la que espero navidad...
Sero capta el jugueteo que se esconde en su tono y las mejillas se le comienzan a poner rojas. Tose y se vuelve a organizar la bufanda en su cuello. Su atención fija en el camino que siguen cuando habla. —Sí. Ya me imagino... Es tu oportunidad perfecta de ver parejas e historias de amor por todas partes, ¿verdad?
La sonrisa de Ashido no hace más que agrandarse, y luego suelta unas pocas risas que dibujan un paraíso de travesuras. Aprieta los labios. Los frunce al interior de su boca. Y se los vuelve a relamer.
Cuando llegan a la cafetería, pasan por la puerta de entrada. Sero, como si nada, camina directo hacia el mostrador para hacer el pedido. Ashido se queda atascada, viendo hacia arriba en la misma entrada. El establecimiento también está decorado con motivos navideños y más luces brillan en su interior.
Sero no le da importancia, sino hasta que termina de ordenar y dirige su mirada hacia atrás, dispuesto a esperar la mitad del dinero para pagar los postres. La ve a Ashido en la entrada y como parece embobada con las luces otra vez, termina por pagar él por los dos y tomar los dos trozos de pastel para llevarlos a una mesa. —Ey, Ashido —le llama la atención para indicarle que vaya a sentarse, mientras él va por las bebidas. Un té negro para él, para Ashido un café con leche.
Ashido toma asiento sin decir nada más, en frente de uno de los pasteles y toma la fresa que decora su trozo, embarrándola lo más que puede en la crema batida, para luego llevársela a la boca. Para cuando Sero llega, la fresa del pastel de Mina ha desaparecido por completo al interior de su boca y él le sonríe a ella mientras hace un intercambio de pasteles, para dejarle su fresa también. Ashido frunce el ceño, retándolo con la mirada. —¿Qué haces?
—Te doy mi fresa, cómetelo todo.
—¡No puedo aceptar eso! ¡Ya he hecho un desastre de mi pastel!
Y Ashido trata de volver a intercambiar trozos, pero Sero no la deja. Toma el plato, se lleva el cubierto a la boca y como si la chica no hubiera hecho ya un desastre con el pedazo de pastel, revuelve todo con el cubierto lamido. —Desastre o no, no importa, ¡es comida! Igual se va a revolver —sentencia, mientras Ashido hace una mueca.
—¡Qué asco, Sero!
—¡Me lo voy a comer igual!
—¡Ese era mi pastel!
—Era.
Y Sero ríe triunfante cuando Ashido se ve incapaz de reclamar nada más. Toma a regañadientes su fresa y se la come. Eso sí, no parece tan disgustada cuando lo hace. —Eres un tramposo... —reniega, la crema del pastel dejando pequeños rastros en su boca. Sero no le hace caso y tampoco se fija mucho la siguiente vez que se lleva un poco del postre a la boca, por ende tampoco se percata de lo mucho que acaba ensuciándose la boca con el dulce. Mira entretenido en otra dirección. Se queda viendo la entrada y se da cuanta de que había un muérdago colgado al marco de la puerta. Ashido lo observa con atención, luego se levanta de la mesa haciendo que su silla chirríe en el suelo. Sero se vuelve a verla, terminándose el bocado para dejar su cubierto en el plato. —Ey, mira, pasamos por un muérdago.
Y nada más termina de decir eso, Ashido se inclina sobre la mesa y le alcanza los labios con la lengua, quitándole los rastros de crema batida de la boca. Luego juntando sus bocas por unos pocos cuantos segundos. —Sí. Y me debías ese beso.
