Los personajes, trama y detalles originales de Helluva Boss son propiedad de Vivienne "VivziePop" Medrano.

En portada: ilustración por Abel Ciffer. Tipografía: Bordellia.

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Burn

Blitzo escuchó el sonido tipo obturador que hacía el teléfono de Stolas y gruñó.

—¿En serio tienes que hacerlo? —preguntó, sin girarse.

—No la voy a publicar, es solo para… mi uso personal.

El imp se incorporó, con una ceja arqueada.

—Claro. Igual que la última vez.

Silencioso, con la agilidad que le permitía su esbelta y elegante complexión, Stolas volvió a la cama, acercando el rostro hasta el cuello de Blitzo, frotando su pico contra la piel rojiza del demonio, aspirando el olor de su sudor, y ese simple estímulo le provocó un escalofrío que esponjó sus plumas, cayéndose algunas del plumón.

Blitzo se escabulló del intento de abrazo, estirando los brazos hacia arriba.

—¿Ya te vas? —preguntó Stolas, haciendo un mohín.

—Solo voy a la cocina, dijiste que la casa estaba sola, ¿no?

—No tardes, Blitzy.

El demonio gruñó, arrastrando los pies por el pasillo, rascándose un brazo y otro, sentía que todas las plumas que se le habían caído a Stolas se le habían pegado a él. Era la temporada más difícil del mes, tenía que pagar todas las cuentas de la oficina y los proveedores, entre ellos, precisamente el que le ocupaba esa noche.

Sin encender la luz, vislumbró el refrigerador. Esperaba que hubiese algo frio para beber, porque sobre la comida había perdido toda esperanza de que siquiera fuera comestible.

—Con tanto dinero, y esta gente come ratas —dijo con asco mirando el paquete que estaba junto a la rejilla de sodas.

Tomó una, la destapó y empezó a beberla ahí mismo, con solo la luz del refrigerador iluminando vagamente, sin embargo, por el rabillo del ojo, detectó una sombra en el desayunador.

Instintivamente se llevó la mano a donde debería estar su cinturón, pero se percató de que estaba completamente desnudo.

Un gimoteo lo puso en alerta y de un salto, dejando caer la lata que derramó lo que le quedaba de la bebida, alcanzó los cuchillos de la mesada, a la vez que estiraba la cola para encender la luz.

—Oh, bueno…

Dejó caer los cuchillos al ver en el desayunador a la hija de Stolas con las manos en la cara.

—Mierda —dijo la muchacha arrastrando las palabras —. Voy a tener pesadillas con eso.

Blitzo levantó una ceja, con cierto aire ofendido.

—¿Con qué? ¿Con esto? —preguntó señalando su pene.

Octavia volvió a chillar, pues había apartado las manos pensando que el demonio tendría la decencia de cubrirse con algo si pensaba tener algún tipo de conversación.

—¡No! —exclamó, bajando su gorro como si pudiera desaparecer toda la cara en él —¿Esa cosa es lo que le gusta a…? A la mierda, olvídalo.

—¿No se supone que habías salido?

Ella se hizo un ovillo, y un movimiento en el pico, que aún era visible, le pareció a Blitzo como un temblor de labios.

—¿Te plantaron?

—No es tu asunto.

Blitzo volvió al refrigerador, pateando la lata que se le había caído para quitarla de su camino y tomó dos más, yendo al pequeño desayunador. Deslizó una de las sodas para que quedara frente a ella y destapó la suya. El demonio miró los asientos sumidos y una chaquea doblada como improvisada almohada, a su lado, el reproductor con los audífonos que incluso a la distancia que estaba, podía escuchar por el exagerado volumen.

—No pensabas pasar toda la noche aquí, ¿o sí?

Octavia se animó a levantar el gorro, la mesa evitaba que viera nada, pero aun así no pudo mirarlo a la cara.

—¿Aún tardan? —preguntó.

—Sí que te plantaron —insistió Blitzo, pero, aunque se le notaba molesta, otro sentimiento era más fuerte, su pico volvió a temblar y vio que sus ojos rojizos se tornaron acuosos.

—¿Siquiera es sexy?

La chica se apresuró a limpiarse la cara con la manga de la blusa.

—No es un tema que quiera hablar con el novio de mi papá.

Blitzo escupió el trago que había tomado, Octavia se había quitado a tiempo así que no la ensució, aunque no por ello se sintió menos asqueada.

—¡No somos novios! —exclamó —. Dulzura, lo nuestro es… negocio.

—¿Eres prostituto? Pensé que eras mercenario.

—Mercenario —repitió Blitzo, esa era la palabra que había estado buscando para la denominación de la empresa, pero no la había recordado y el resto del equipo no había adivinado tampoco.

—No, no soy una puta —agregó después —. Solo hago lo que sea necesario para garantizar mi éxito.

Octavia miraba sus manos sobre la mesa, sin saber qué debería hacer a continuación.

—Hey, nena —llamó Blitzo, inclinándose al frente, buscando que lo mirara —. Normalmente no hago esto, pero si quieres que le hagamos una visita a ese imbécil, podemos hacerte un descuento, por ser hija de nuestro proveedor principal.

—No lo quiero matar —respondió, sintiendo un escalofrío por la simple idea.

Blitzo se rio, había hecho exactamente el mismo ademán que Stolas, esponjando las plumas, pero ella no se veía en absoluto pervertida. Se había acostumbrado a relacionar eso con la excitación de los juegos previos, así que en otro contexto resultaba algo extraño.

—Pero de buena gana le prendería fuego a su maldito estudio.

Poniéndose de pie de un salto, Blitzo se subió a la mesa, con una mano en alto.

—¡Entonces eso es lo que haremos!

Octavia chilló, tapándose los ojos de nuevo al tenerlo desnudo frente a ella.

—Qué impresionable — se quejó él, tomando la chaqueta que hacía de almohada improvisada que a él le quedaba como túnica larga —. Vamos.

—¿Ahora?

—Pues sí, ¿tienes algo mejor que hacer?

La tomó de la mano y la jaló hacia la salida. Ella no estaba del todo convencida, pero tampoco se resistió y le dio las indicaciones para llegar a un edificio elegante, de tan solo tres pisos, pero presencia impecable.

—Por las escaleras de emergencia —apuró Blitzo para evitar al vigilante ya que no llevaba armas.

Se colaron por una ventana que él había roto de una patada y encendió la luz, encontrándose con un tipo de estudio y galería con cuadros montados en las paredes y en caballetes sin demasiado orden, con paños sucios, baldes con agua y material en todos lados.

Octavia se acercó lentamente a uno de los cuadros en proceso, poniendo los dedos en la superficie, era ella misma, apenas definida en los trazos de un boceto, y caminó hacia atrás, mirando con tristeza unas bragas rojas.

—Oh, mierda —dijo Blitzo, que ya había encontrado los solventes —. No te plantaron.

La chica se giró hacia él, mirándolo con desdén. Sin embargo, también terminó de asimilar algunos sentimientos que la habían estado consumiendo desde que, por la imperiosa necesidad de su padre para sacarla de la casa, le había creído sin problema que estaría con una amiga. Por eso había llegado mucho antes de lo previsto a la cita.

Los gritos de su madre hicieron eco en su cabeza.

Ella no iba a gritar, no se sentía con el humor para eso, ni con la fuerza. Apenas y levantaba la voz, no se imaginaba sosteniendo un drama, sin embargo, el ardor estaba bullendo en su estómago cada vez con más fuerza.

Extendió la mano y Blitzo le entregó uno de los galones de solvente.

Octavia se dirigió al cuadro en proceso de su retrato, el que se había trazado llenándola de halagos y promesas. Lo salpicó enérgicamente, al igual que todo lo que estaba alrededor, mientras que Blitzo saltaba de un lado a otro, empapando lo demás.

—Ni siquiera es tan bueno —dijo él, mirando uno de los cuadros.

Se acabaron todos los solventes justo al momento en que la puerta se abría.

—¡Vía! —exclamó un demonio joven y bien parecido, con aire bohemio en su arreglo, auténticamente sorprendido —¡Pensé que me habías plantado! ¡Te esperé horas!

Octavia frunció el ceño, solo se agachó para tomar las bragas rojas.

—Tu amiga dejó esto —le dijo mientras se las arrojaba.

—Ah… eso… Vía, no es lo que piensas.

La chica solo acentuó el gesto molesto en su rostro, e incluso pareció que sus ojos resplandecieron. Tomó una espátula y la clavó en uno de los lienzos, rasgándolo de arriba abajo.

—Perra loca —susurró el demonio.

—¡Los encontré! —exclamó Blitzo apareciendo de nuevo con una caja de fósforos que le entregó a ella.

—¿Qué mierda haces? ¿Y quienes es ese?

Octavia abrió la cajetilla, tomó uno de los fósforos y lo encendió, sosteniéndolo entre sus dedos un instante.

—Es un amigo, y solo hago unos arreglos menores.

Lo dejó caer, y por efecto del salpicadero de solventes, el fuego se encendió súbitamente.

—¡No! ¡Maldita perra loca! —chilló el demonio intentando sacudir un cuadro y otro, pero eso solo avivó más las llamas.

La imagen, digna de una mala caricatura de las mañanas la hizo mover la cabeza de un lado a otro. No podía creer que lo había encontrado sofisticado.

—Vamos a casa —dijo Octavia con el mismo tono bajo que la caracterizaba, Blitzo fue detrás de ella, mostrándole el dedo medio de ambas manos al infeliz demonio que, en medio de maldiciones, trataba de salvar lo que fuera de su trabajo.

El fuego creció exageradamente, apenas llegaban a la puerta principal, cuando una ventana explotó.

—Eso no lo hizo el solvente —dijo Octavia.

—No, pero un par de ajustes en su instalación eléctrica sí.

Octavia se detuvo en la calle, mirando hacia arriba, y algo en esa luminiscente escena la hizo sonreír, extrañamente se sentía mejor. No era una estrella colapsando, pero era una segunda mejor opción.

—Si cambias de opinión y le quieres disparar, me puede llamar.

La joven se giró hacia él, le había robado un cigarrillo a alguien, porque no tenía de dónde sacarlo, ella no fumaba, así que no llevaba alguno en la chaqueta.

—Si alguien le va a disparar, sería yo. Tal vez le haría un favor al mundo, no necesita otro pintor decadente que llama demencia a una mancha amarilla.

Blitzo chasqueó la lengua.

—Me gusta esa actitud. Contamos con cursos de capacitación y renta de armas.

—¿En serio?

—En realidad no, pero si pagas, podemos hacerlo.

Octavia empezó a caminar, de vuelta a la casa, con las manos enlazadas a la espalda, tratando de no dar pasos demasiado largos para no dejarlo muy atrás.

.

El teléfono de la mansión empezó a sonar, el mayordomo tomó la llamada como de costumbre cuando Stolas apareció en el pasillo.

—¿Quién es? —preguntó.

—Blitzo, señor —respondió el diablillo.

—¡Ah! ¡Pásamelo! Qué raro que no me haya llamado al celular —exclamó con emoción.

—Es que, pidió hablar con la señorita Octavia.

Stolas se extrañó, creyendo que el imp había entendido mal y le quitó el teléfono.

—¿Blitzy? —preguntó, enredando el dedo en el cordel —. Anoche me dejaste plantado.

—¿Stolas? Bueno, se atravesó un negocio y ya sabes cómo están las cosas, no me puedo permitir dejar trabajo sin atender.

—Hum, ya veo, ¿y estaríamos hablando de alguna compensación? Digamos, algo como una enorme verga roja en mi boca…

Blitzo se atragantó con algo al otro lado de la línea.

—Tú no tienes cómo saciarte.

Stolas se rio.

—¿Entonces? ¿Qué dices? ¿Cenamos juntos? Nunca hacemos nada de eso.

—Eh… no, de hecho, quería hablar con Vía, le he estado marcando, pero no contesta.

—Es que está en la escuela.

—Ah, bueno, hay un show itinerante de marionetas vivas y pensé en ella, es macabro, le va a encantar.

Stolas sintió que se le hacía un hueco en el estómago.

—¿Y cómo es que sabes qué le podría encantar a mi starfire?

—¿Starfire? —preguntó Blitzo —. ¿Es su apodo? Eso tiene sentido, paso por ella a las ocho.

—No, no, no, espera, no he dicho que sí.

—¿Y qué pasó con eso de que soy el único en que confías para cuidarla?

—Bueno, sí, pero eso no tiene que ver…

—¿Ella también tiene el pico dentado?

—No, ella no… ¡espera! ¿Por qué quieres saber eso?

—Necesito saber si también va a doler.

—¿Doler qué?

—¡La veo a las ocho!

Blitzo colgó, mientras que Stolas solo sentía un temblor a la altura de las rodillas.


Comentarios y aclaraciones:

Ya sé, super soft, pero no quiero profanar a la Vía, no ahora.

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¡Síganla! Tendré material adicional y algunas noticias sobre el provenir de esta y otras historias.

Y más que nada, quiero desearles ¡Felices fiestas!

Este año logré alcanzar el centenar de historias publicadas y nada de esto tendría sentido sin ustedes los lectores.

¡Mis mejores deseos para todos! Especialmente en estos tiempos tan difíciles, espero poder cooperar en algo, aunque sea un minúsculo aporte para hacer más llevadero el asunto

¡Gracias por leer!