Instrumentación

Primera parte

Sentía perfectamente la adrenalina recorrerle el cuerpo entero y causarle un extraño cosquilleo en las garras y la planta de los pies. En alguna ocasión su madre le había dicho que al calor de una buena batalla un Inuzuka podría sacar su lado más feroz.

Los invasores avanzaban al centro de la aldea, dirigiéndose a los refugios donde los civiles aguardaban escondidos.

El gran can rojo que peleaba a su lado estaba dando un último esfuerzo soltando zarpazos y esquivando las armas de sus atacantes hasta que finalmente cayó rendido al suelo. Pero Kiba aún estaba de pie, no pudo contener el escozor en los ojos que le causaba el llanto, su amigo había perdido la batalla y quedaba solo él para repeler el ataque contra su hogar.

Podía oír el chocar de las armas, todos estaban ocupados y no podía pedir ayuda de nadie. Sin embargo, esos ninjas solo avanzarían sobre su cadáver.

Se lanzó olvidándose de empuñar alguna arma, aunque de cualquier forma las había perdido desde hacía rato, por lo que colmillos y garras serían lo que usaría para deshacerse de todos. Se movía evadiendo las oleadas de shuriken, pasando a arrancar trozos de carne de los brazos y piernas que alcanzaba a tocar en su torbellino.

Sus ojos brillaban como los de una bestia entre las casi penumbras de la villa evacuada, no podía reprimir los gruñidos instintivos para marcar su hostilidad contra los otros ninjas. La sensación le iba devorando, corría por su cabeza una horda de ideas y emociones sin sentido que llegaban por momentos a nublarle la vista mientras que la impresión de tener frío el cuerpo pero calor a la vez, se hacía más nítida causando escalofríos y sudor al mismo tiempo. Llegó el momento de terminar con todos y no le tembló el pulso, las cinco garras de su mano derecha pasaron a arrancar de tajo el órgano que causaba el palpitar que le martillaba la cabeza, porque en algún momento sus sentidos se volvieron más finos de lo que de por si eran y el desbocado latir enemigo se había vuelto un toque de tambor aturdidor.

La sombra de un árbol ocultó por unos instantes el reguero de sangre espesa y caliente que escapaba con ansias de aquellos cuerpos sin vida. Sin embargo, sentía que faltaba algo, una sensación de incertidumbre empezaba a carcomerlo mientras se encontraba jadeante en medio de la mancha roja.

Un segundo ataque se lanzó sobre el joven que seguía mostrando los colmillos y resoplando de tanto en tanto. No lo pasarían, no a Kiba Inuzuka…

Los dos shinobi que se habían lanzado al ataque no eran como los anteriores, sin duda su rango era más alto y ahora el predador estaba siendo cazado.

Acorralaron al Inuzuka hasta un muro apenas en pie, pero el joven no pensaba retroceder más y se lanzó contra el que tenía más cerca, sin embargo, las garras fallaron el impacto y no por falta de puntería sino porque se trataba de un clon de agua que le dejó empapado de cara al suelo.

El agua fría había calmado un poco la punzada de su cabeza, pero todo seguía siendo demasiado real, demasiado definido el aroma de la sangre, tanto de la que ya empezaba a coagularse como la fresca que corría de la única herida que había logrado causar a los recién llegados, tanto la suya como la de Akamaru, como la de los atacantes caídos y la de sus amigos en la villa… su fiel compañero había vuelto a ser una bola blanca con motes de rojos por la sangre que se le había pegado al pelaje apelmazándolo en mechones tiesos, el animal permanecía inerte a varios metros de donde se encontraba él ahora. Lo había tenido desde cachorro, desde que su mamá se lo había puesto en la cabeza haciéndole prometer que lo cuidaría como buen miembro del clan.

Su madre y Kuromaru, su hermana y los Haimaru Sankyodai ¿Cómo estarían ellos?

Un tercer ninja apareció al lado de los otros, como invocado por sus pensamientos.

—Solo queda él, las dos perras ya están fuera.

Las formas fonéticas llegaron a sus oídos antes que a los otros y de nuevo el estupor se apoderó de su mente dejando todo su entorno de nuevo como una mera mezcla de sensaciones intensas.

Pero aún era un cachorro en desventaja numérica que había sido agotado con anterioridad. Solo un cachorro.

Fue perfectamente consciente del sonido que hicieron los huesos de su cuerpo al recibir el ataque que no fue capaz de evadir. El crujir de cada uno, de la forma en la que sus órganos no soportaron la presión y más de uno se vació en su propio interior. Sintió como sus costillas perforaban sus pulmones y el aire se fugaba por orificios de estos. Ni siquiera perdió el conocimiento cuando su cabeza dio de lleno contra una roca y la sangre empezaba a salir por sus oídos calmando un poco el zumbido de todo lo que acontecía, que percibía como si la batalla por defender la aldea ocurriera en su oreja. También sangraba de la nariz y agradecía ya no tener el aroma del cuerpo de su amigo caído en batalla, atormentándolo. La visión la tenía nublada desde hacía rato pero ahora estaba seguro que era por las lágrimas de sus propios ojos… su madre… su hermana… sus amigos.

Había escuchado que cuando uno va a morir ve pasar toda su vida y de alguna manera le hubiera gustado que sucediera eso, así vería de nuevo a las personas que más le habían importado, pero no fue así. Manchas indefinidas formaban su último paisaje. Abrió la boca, quizás si les llamaba vendrían como siempre habían hecho, solo debía pronunciar su nombre y su hermana o su madre estarían a su lado.

Pero un coágulo de su propia sangre fue lo que salió, incluso su propio cerebro se rehusaba a recordar claramente el nombre… empezaba a adormecerse por completo y no le daba miedo caer en los brazos de la muerte, era un shinobi y a eso llegaría un día, pero su familia no estaba con él. Moriría ahí en ese sitio, solo.

—Ma…— no le avergonzaba llamarla, su madre era una gran mujer y siempre lo había protegido de todo, había perdido pero peleó como nunca en su vida, ella lo reconocería.

—Mamá… Hana…— su voz era apenas un hilo luchando por abrirse paso entre la sangre que se comenzaba a coagular en la garganta.

—Mamá… ¡Mamá!... ¡Mamá!

Sabía que estaba llorando, pero no importaba, su cuerpo perdía calor a cada segundo que pasaba y si tan solo pudiera sentir una sola vez el fervor de un abrazo protector se sentiría más calmado.

— ¡Mamá!... ¡Mamá!

Pero ella no venía…

— ¡Mamá!... ¡Mamá!

— ¡Reacciona chico! — una voz profunda lo llamaba, cerró los ojos con fuerza, la conocía de algún lado — ¡Reacciona! ¡Es solo un genjutsu!

Frente a él se encontraba una enorme criatura negra lamiéndole la cara.

—Kuromaru. — dijo con la voz quebrada, miró a todos lados bastante confundido, estaba en el jardín de su casa con la ropa de dormir, de inmediato volvió a llamar a su madre presa de un nuevo terror al comprender que no era un ninja en batalla sino un niño que despertaba de una pesadilla ¿Solo un genjutsu?

— ¡Metiste a mi hijo en una ilusión! — Tsume estaba furiosa y no detenía sus ataques, Hana y sus tres perros también estaban a la defensa del pequeño que se aferraba fuertemente a los mechones de pelo negro del compañero de su madre, no entendía ¿Qué había pasado? ¿De verdad estaban atacando la aldea? Los pocos miembros del clan se arremolinaban entre ninjas y canes para acabar con los atacantes, porque quien se metía con un Inuzuka, se metía con todos.

— ¡Tsume! ¡Mejor ven por tu cachorro! — llamó Kuromaru zafándose del agarre de Kiba quien corrió a aferrarse a lo que tenía más cerca, que era Hana. Sus pequeños ojos de pupila rasgada estaban casi desorbitados y acuosos, temblaba y sudaba frío.

La mujer emitió un gruñido cargado de rencor lanzándose con un juego de clones contra el sujeto que había estado peleando con su hija mayor, quien ya se había retirado apenas llegaron los demás miembros del clan, intercambiaron choque de kunai, él trataba de mantener la distancia, pero ella la acortaba sin dudarlo aunque recibía heridas por ello. Hizo los sellos para cambiar de lugar y saltó para caer por encima del tipo que le esperaba con una katana, pero al levantar el rostro hacia ella, Kuromaru lo tomó con las fauces por el cuello, cerrando el mordisco enseguida en un estrepitoso crujir de huesos.

La kunoichi mayor miró con recelo el cuerpo inerte mientras su compañero se relamía el hocico. Se giró, cambiando radicalmente su expresión de furia por una más serena y abrazó a su pequeño hijo de tres años que había permanecido aferrado a su hermana aún llamándola con la voz trémula…

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—Entonces, ¿No los interrogaste?

Ibiki había puesto atención detallada de cada palabra que la matriarca del clan relataba y que al escuchar su pregunta soltó una sonora carcajada.

—Sí claro: Disculpe usted shinobi-san, ¿Me podría decir qué es lo que quiere con mi hijo? ¿Lo sacará a pasear a las dos de la madrugada? Permítame cambiarlo de ropa y lavarle la cara... ¡No seas idiota! Metieron a mi hijo en un genjutsu y planeaban llevárselo, naturalmente que no reaccioné como ninja, en situaciones así, te aseguro que cualquier kunoichi hubiera reaccionado como madre primero, especialmente una de mi clan.

—Al menos hiciste reporte a la jefatura ¿No?

—Lo redacté yo misma.

—Con todo lo que me acabas de contar…

—Incluso hora exacta.

—Tsume-san, este que tengo en la mano es el reporte y solo notifica un intento de robo domiciliario, nada de lo que me contaste. Había estado revisando varios casos más "llamativos" como asesinatos y violaciones, pero ayer que lo meditaba ¿No suena muy idiota que alguien robe la casa de un shinobi especializado en detección y no se le encuentre?

El capitán ANBU agitaba el mencionado fólder, la mujer arrugó la nariz, eso no era bueno ni normal y los dos lo sabían aunque ella jamás había organizado archivos en toda su vida. Tres ninjas de alto nivel habían irrumpido en su hogar tratando de llevarse al menor de sus hijos, sin embargo, los Uchiha solo reportaban ¿Robo domiciliario? Y peor aún, que estuviera marcado el reporte como: "Perpetrador no identificado" como si los tres cadáveres de su jardín fueran invisibles a ojos de los agentes.

El hombre se puso de pie casi chocando con la sombrilla que cubría la mesa del jardín donde habían estado conversando, ella lo imitó y juntos caminaron a la puerta, Ibiki hizo un gesto a modo de despedida, retirándose al momento.

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No tenía lógica alguna que los Uchiha escondieran algo de tal magnitud, sobre todo porque no era el único reporte extraño en toda la gaveta. Los Nara, los Yamanaka, los Akimichi, incluso los Sarutobi tenían reportes insólitos y totalmente insultantes a la lógica y el sentido común.

Necesitaba armar las piezas, el problema era que solo dos chicos del clan del abanico estaban con vida, pero uno no recordaría nada por su edad y el otro si ponía un pie en la aldea, la orden era asesinarlo.

Trató de hacer memoria de los hechos, era un asunto interno así que solo la policía militar estaba encargada, sin embargo, era un ataque deliberado contra un clan ninja de la hoja, los ANBU deberían tener algo.

Tomó una copia de los papeles y la guardó en una mochila que se puso a la espalda, otra copia la guardó bajo las baldosas de la cocina mientras que los originales se los entregó a un clon suyo que salió rápidamente por la ventana. Posiblemente, de todos los casos en que había trabajado, este era el más grave y necesitaba asegurar tantos respaldos como pudiera.

El edificio del cuartel de ANBU era uno más que se ensalzaba en la zona militar del centro de la aldea pese a no ser precisamente una maravilla arquitectónica. Cruzó la puerta como acostumbraba hacerlo, sin ceremonias ni ridiculeces de mirar a todos lados para asegurarse que no lo seguían, que entrara quien quisiera, ya se perderían entre pasillos que no llevaban a ningún lado.

Hacía ya varios días que no se pasaba por ahí, la vecina a la que vigilaba había estado más tiempo del usual en la aldea y no podía darse el lujo de dejarla sola si bien quería encontrar el edificio donde vivía de pie, en una pieza, sin señales de conatos fuera de control.

Los pasillos silenciosos estaban bastante transitados pero aún así, sin ruido alguno, gente enmascarada pasaba en total silencio solo inclinando levemente la cabeza para saludar al capitán, pero nada más, ni siquiera era perceptible el ruido de los lápices y bolígrafos al deslizarse sobre el papel para entregar reportes.

Era un ambiente lúgubre bastante acogedor que si por él fuera, se quedaría a vivir ahí para siempre. Abrió la puerta perfectamente aceitada, por tanto silenciada, de su oficina en aquél sitio. Desactivó todas las trampas y encendió la luz, se acercó hasta su escritorio siguiendo un camino específico para no tener que movilizar los sellos que tenía de resguardo. Se sentó en su silla de respaldo alto que a esas alturas ya era preferible pasar la noche ahí que en el viejo colchón de resortes salidos. Solo se permitió un momento para disfrutar de tan cómoda posición, sacó de una gaveta un pergamino, hizo unos sellos y entre una nubecilla de humo este desapareció.

Pocos minutos después entraron dos ANBU, una mujer de cabello violeta y un varón de cabello revuelto y castaño.

—Quiero que me traigan todos los expedientes de los clanes Sarutobi, Nara, Inuzuka, Yamanaka, Akimichi y Uchiha.

— ¿Todos?

—Sí.

—Están en la bodega temporal donde se puso todo lo que salvamos del la invasión de los del sonido ¿Recuerda que quemaron el edificio del archivo histórico?

—Sí, sí lo recuerdo, y porque me urgen, envío dos ANBU y no un equipo Genin.

Los dos enmascarados asintieron, hicieron reverencia y salieron de la oficina cerrando la puerta a sus espaldas.

— ¿Has fallado alguna misión últimamente?

—Yo no fallo ¿Qué tal tú?

—Ninguna…

— ¿Por qué nos castiga entonces?

Tras un suspiro de resignación casi inaudible los dos desaparecieron del lugar.

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Regresó a su departamento donde tenía casi todo el material de trabajo, una lluvia salida de la nada le alcanzó a medio camino e inevitablemente llegó a su departamento en calidad de sopa humana. Quiso con todas sus fuerzas ignorar el percance en las escaleras con la vecina y por un momento no lo lograba, hasta que sus sentidos le alertaron un peligro latente en su propiedad… permaneció de espaldas queriendo con todo el cuidado del mundo desenfundar un kunai para arrojarlo a lo que fuera que estuviera detrás de él, mirando por el rabillo del ojo, en la oscuridad de la sala, una silueta negra se acercaba despacio, un relámpago ilumino de un tenue azul y la poca luz se reflejó en un único destello rojo en lo que supondría sería la cabeza…

—Tsume me mandó, habló con la señora Nara, Yamanaka, Aburame y Akimichi, se las encontró "casualmente" en el mercado. — dijo Kuromaru enfatizando que el encuentro de casual no tenía nada. El interrogador, más tranquilo, se dio la vuelta inclinando levemente la cabeza para indicarle que continuara.

—Todos los chicos de la camada de Kiba pasaron por lo mismo, algunos más jóvenes, pero solo los miembros de las ramas principales. En los Aburame hay otros tres chicos que rondan la edad del hijo de Shibi, pero nada, todos mataron a los agresores excepto Inoichi, que se le escapó uno de los tres. — agregó sin titubear pero escupiendo la palabra "escapó".

El capitán había escuchado atentamente los detalles de los demás encuentros que había conseguido la señora, que por obvias razones de ser madre de familia levantaba menos sospechas que un ANBU soltero preguntando por hijos de ajenos. Los Uchiha habían ocultado algo realmente delicado.

—Me pregunto si ya llegaste a la conclusión que Tsume y yo. — preguntó el animal paseándose de un lado a otro en la pequeña pieza.

—Hijos de ramas principales… pequeños, cuando es fácil que olviden, antes de que empiecen entrenamiento en la academia. — susurraba el capitán aunque el animal podía oírlo perfectamente aún entre el ruidoso golpeteo del agua en la ventana.

—Es más fácil entrenar a un cachorro, lo crías a tu gusto. — agregó Kuromaru.

—Lo condicionas para que te sea leal solo a ti…

—Ni los muertos del jardín ni el que se escapó actuaron por pedir recompensa.

—Por el mismo tiempo trataron de llevarse a la hija mayor de Hiashi, fue cuando sucedió la muerte del líder de la rama secundaria y todo ese escándalo que el consejo ordenó encubrir.

—Pero esos fueron ninjas de la nube, estos no tenían banda y usaban técnicas diferentes, Ibiki, ese caso creo yo que es aislado, aunque convenientemente en el mismo tiempo.

—Podría ser… regresa con ella y dile que no intente algo más, quien sabe cómo termine esto.

Asintiendo levemente, la imponente criatura desapareció en una nube de humo. Eso siempre le causaba curiosidad al ANBU, no tenía dedos para hacer sellos pero hacía algunos jutsu mucho mejor, y más rápido, que varios ninjas atolondrados que conocía.

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Regresaba a su departamento después de haber recibido una bien merecida comida, después de descubrir que su cocina había estado abandonada por más tiempo del que recordaba, mientras meditaba la conclusión que el cuadrúpedo compañero de la matriarca Inuzuka, la propia mujer y él habían armado. Pero, por más que le daba vueltas al asunto no encontraba justificación en tales actos, los Uchiha protegían la aldea y al menos que les haya entrado la radical idea de hacer lo contrario… no improbable.

Llegando a su edificio se encontró con una kunoichi médico que miraba casi a punto de estallar una mezcla de emociones contrarias, cuando lo vio acercarse acercarse tranquilamente por la calle, en lo que le pareció la cosa más surrealista que había visto en toda su vida la miró correr a darle en encuentro y tomarle de los hombros como muestra de un auto-frustrado intento de abrazo. Sus ojos oscuros casi desbordaban lágrimas e incluso los delgados labios le temblaban.

—Por favor… por favor Ibiki-san, ya hice todo lo que pude…por favor.

Varios segundos le tomaron al hombre determinar el contexto de la súplica pero inmediatamente relacionó todo el asunto con… ¿Cómo se llamaba? ¿Tetsuya Hanamira? Sí, ese era el nombre del hijo de la mujer obsesiva del primer caso que había atendido, que Shizune se había quedado y del cual se había venido quejando desde el primer día.

— ¿Qué hizo esta vez?

—Entré a limpiar su cuarto… bajo la cama… ¡Había un nido de ratas! ¡Un nido de ratas en mí casa!

Suspiró con cansancio, ¿Por qué él tenía que hacer de terapeuta? Ah, sí, porque a nadie en toda la aldea excepto a él le interesaba la psicología o al menos era el único que no usaba máscara y sabía del tema, y por alguna razón en la líneas que había cruzado con ella mientras esperaba a que la quinta se desocupara para atenderlo de alguna forma la joven mujer pareció mal entender que él era del tipo buen amigo ¿O así era con todo mundo?

—Mándamelo mañana temprano, después del desayuno que no pienso alimentarlo. — en un recuerdo fugaz del chico haciendo nada en la mañana y mintiendo con que sí lo hizo agregó: —Tráelo tú misma o mándalo con un clon.

Ella agradeció y salió corriendo de vuelta a su interminable papeleo pendiente.

Abrió la puerta empujándola con algo de fuerza ya que de tanto golpe que había recibido se había aflojado la bisagra superior y ahora se colgaba dificultando el movimiento. Como cada día esperaba encontrar la pieza semivacía salvo por los papeles y gavetas puestos sin mucho esmero, pero fueron pilas de amarillento papel, un penetrante olor a naftalina y más cajas con archivos lo que le dio la bienvenida. Pasando por donde pudo llegó hasta su habitación, donde se encontraban la chica ANBU acomodando una caja, ella al sentirle llegar se puso frente a él.

—Traje lo que no alcanzó en la oficina, acomodé los archivos de la jefatura que tiene a su cargo en la cocina para que no se confundieran con estos.

—Bien. — dijo mecánicamente el capitán mirando la forma en la que su departamento de tugurio había pasado a parecer oficina de contabilidad en tiempos de guerra. Y había más en su querida oficina…

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Kuromaru movía la cola de un lado a otro sentado a la sombra de un roble mientras Tsume entrenaba o al menos fingía hacerlo, no aprobaba lo que seguramente pensaba la mujer, pero intentar detenerla era exactamente lo mismo que persuadir a una pared, salvo que la pared no lo atacaría en un arranque de furia, porque eso invadía ahora a la matriarca del clan.

Con una técnica de ataque en torbellino deshacía todo lo que se le cruzaba en el camino hasta que se topó con una roca. El animal cerró los ojos, no sería agradable ver esa muestra de masoquismo pero debía quedarse ahí para que cuando se le antojara terminar la función a la mujer, él fuera por ayuda para que no se matara ahí mismo.

A propósito, Tsume había girado mal, a propósito había relajado los músculos del brazo izquierdo, a propósito había dejado que el resto de su cuerpo dirigiera con toda la fuerza del impulso que había conseguido directo a una roca maciza que había ahí.

Primero el esmalte rojo se agrietó y cayó al momento junto con trozos de la misma uña, algunas fisuras alcanzaron el lecho hasta la cutícula cayendo más pedazos, los falanges de los dedos se dislocaron y rompieron al chocar entre ellos, los metacarpos de la palma saltaron de su lugar saliendo de la carne y dejando la muñeca sin soporte continuando así el doloroso proceso de hacer pedazos incluso el cúbito y el radio, sintió incluso que el húmero cedía y la forma en la que este terminó soltando su ligamento con el omóplato del hombro le hizo soltar un grito que retumbó en los oídos de su compañero que, al escucharla, saltó a la carrera para buscar a Hana.

Su brazo izquierdo había sido deliberadamente destrozado, incluso la clavícula por el impacto había respingado hacia afuera rompiendo hasta el chaleco Jōnin, la sangre había salido con fuerza, los trozos de hueso habían traspasado la carne y la piel con la facilidad de un cuchillo kunai solo que sin el corte limpio de este, la había abierto bruscamente rasgando y astillando los músculos y tendones. Su sistema nervioso estaba teniéndola al tanto de lo que ocurría, se dejó caer de rodillas sujetándose el hombro para mantener el brazo en su sitio, se mordió los labios para no gritar más de lo que había hecho ya, pero el dolor la mantenía gimoteando, el simple roce del viento detonaba una oleada de punzadas agudas que le recorrían todo el destrozado miembro, el cuello y hasta la cabeza misma, como si los nervios se jalaran para mantener las piezas juntas.

— ¡Mamá! — escuchó a su hija pero incluso enderezar la postura era un suplicio y de alto riesgo, la clavícula salida podía jalar la arteria carótida y desangrarla ahí mismo, aún más de lo que de por sí estaba.

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Los papeles parecían no querer ceder aunque llevaban largo rato leyendo y releyendo. Ya había quedado bastante claro que se trataba de formar una generación con algún tipo de Kekkei Genkai, pero debía analizar totalmente lo que se sabía de los clanes para armar la forma en la que el verdadero líder de esos intentos de secuestro quería que funcionaran, las formas en las que se complementarían juntos y por tanto, los efectos de un ataque de ese tipo.

Hacía algunos años habían querido hacer algo parecido para beneficio de la hoja, pero Yondaime Hokage había descartado la idea de separar niños de sus familias en son del avance militar, incluso se había empeñado en desaparecer a la división raíz de ANBU apenas se enteró de su existencia, pero Danzō nunca había sido un hombre sencillo de vencer. El proyecto fue desechado, pero al parecer alguien se quedó con la idea de seguir y sus pensamientos lo llevaban de vuelta una y otra vez al mismo hombre viejo. Después de todo, debía conformarse con huérfanos en su mayoría de civiles que apenas y con un arduo entrenamiento llegaban a tener un nivel medianamente aceptable, soldados perfectos pero no invencibles.

Para un hombre tan belicoso la idea de tener un miembro con habilidades genéticamente imposibles de copiar, diseñados de nacimiento para ser excelentes ninjas y criándolos para ser leales solo a él, no era algo difícil de acariciar como real. Pero no podía ir reclamando cabezas si no estaba seguro, además, aún faltaba por encajar en la historia a los Uchiha, porque evidentemente ellos encubrieron cada caso para evitar que se hicieran averiguaciones por parte de los ANBU leales al Kage.

—Yūgao. — llamó a la mujer que estaba al frente suyo revisando más documentos

— ¿Sí?

—Necesito que…— cortó su propia frase al ver a la vecina salir por la ventana bajando por el muro —Olvídalo, voy yo. —

Salió igualmente por su ventana y usando chakra aumentó su velocidad para ganarle un poco de distancia, empezó a hacer sellos para avanzar tramos largos dejando algunas nubecillas de humo esparcidas en el camino, pero ese jutsu no podía llevarlo directo a su destino, tenía un límite de distancia para "transportarlo" pero para fortuna suya llegó primero a la torre de la quinta, subió y tan rápido como pudo empezó a desactivar las trampas explosivas y de venenos que Shizune ponía antes de dejar la oficina vacía de personal.

Estaba realmente harto de que la líder de la hoja se portara tan permisiva con la chica, y con básicamente cualquier otro ninja que cayera en su gracia, fuera otro shinobi el que husmeaba en los documentos ya lo habría mandado al hospital con todos los huesos rotos, pero a ella le daba las mismas libertades que a su asistente. Jamás debió reportarla como "no peligrosa para la seguridad de la aldea", debió poner que era un espía de Akatsuki y con suerte ya estaría bajo su tutela interrogándola aunque la vecina ni idea tuviera de qué era Akatsuki.

Quitó todo lo que pudiera hacer a la chica estallar, envenenarse, dejarla con parálisis cerebral o que se transportara a la mazmorra de la villa, solo dejó unos sellos aturdidores que con algo de ayuda quedaría como si nada.

¿Cómo podía hacer eso sin pensar que solo un imbécil dejaría una oficina, con archivos de ninjas e importantes clientes, sin alta seguridad?

Se aseguró de no dejar nada realmente grave activado y salió mientras veía a la chica acercarse a cumplir su rutina de indagar en asuntos ajenos.

De ahí fue a hacer lo que originalmente le pensaba pedir a Yūgao, en unas bodegas de lámina de asbesto bordeadas de una cerca metálica con púas y algunos vigilantes ocultos, se encontraba lo que quería.

Un ANBU lo interceptó pidiendo le especificara el asunto de su visita.

—Necesito unos archivos, tengo permiso de la Quinta Maestra Hokage. — dijo sacando un pergamino sellado por la rubia donde se le permitía al capitán tomar cualquier documento del archivo histórico. El enmascarado le dejó pasar.

Pasando el umbral y encontrando el interruptor de las luces fue cuando vio el motivo por el que sus dos ANBU se habían atrevido a quejarse.

Cajas de madera, cartón y plástico, verdes, cafés, con rótulos de frutas o aparatos electrodomésticos, o lisas con garabatos hechos con plumón de aceite y pésima caligrafía, grandes como un refrigerador, pequeñas como cajas de almuerzo, en bolsas de plástico y con cinta adhesiva. Unas sobre otras, algunas casi cayéndose, otras sirviendo como amortiguador del agua de las goteras. Papeles sueltos en el piso y otros mal acomodados en abstractas pilas. Una rata pasó cerca de él con un pedazo de hoja en el hocico.

Bodega provisional…

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Cada hora deshacía los clones que había formado para captar la información que habían recogido y determinar si alguna le servía, pero estaba gastando mucho chakra y a medida que pasaba el rato parecía no haber nada útil, pensamiento que expresó en voz alta.

— ¿Qué tal esto? — escuchó que le preguntaban a sus espaldas, se giró rápidamente solo para encontrarse con la señora Inuzuka que sostenía una carpeta en la mano —Es bastante curioso lo que dice. — agregó.

—Tsume-san, le dije a Kuromaru que no era bueno que se metieran en esto, sería muy sospechoso que se retirara de las misiones solo por seguir el caso.

Por respuesta la mujer mostró su brazo izquierdo, protegido por una férula.

—Me dieron incapacidad por una semana. — dijo cortante mientras releía lo que tenía en la mano.

—Está siendo muy irresponsable, sería más prudente que se quedara en casa y me dejara a mí resolver esto.

—Fuiste a decirme que lo que le pasó a mi hijo está reportado con una estupidez y el que dio la orden se pasea por ahí como si nada ¿Realmente querías que me quedara en casa?

—No me va a ser de ayuda, sin afán de ofender, no es el tipo de ninja que podría ser efectivo sin meter de por medio sus emociones.

— ¿Mis emociones? ¡Perdón por ser del tipo que no le da lo mismo que ataquen a su hijo!

—A eso me refiero, podemos hacer muchas conjeturas y en cada una verificada o no, va a hacer una cacería.

— ¡Cazar es lo que hace mi gente!

—Por eso prefiero hacerlo solo… mire, ya soy niñera de alguien, no puedo comprometerme a vigilar también que no me eche abajo la misión.

—Dime qué hacer para terminar esto pronto y lo haré sin dudar… pero jamás me digas cómo debo sentirme.


Comentarios y aclaraciones:

Bueno, este tema, el del robo de niños me tomará un par de capítulos, entre tres y cuatro, depende si abarco todo o solo parte.

Cualquier comentario relacionado a crítica, opinión, duda, demanda por daños emocionales, queja o sugerencia para este fic, es más que deseado de parte de la autora.

¡Gracias por leer!