Instrumentación
Segunda Parte
Faltaba poco para que amaneciera aunque debía de reconocer que gracias a la ayuda de la matriarca Inuzuka y su cuadrúpedo compañero, consiguió algunos reportes que le había faltado pedir el día anterior a la pareja de subordinados suyos y tenían relación con los huérfanos del ataque del Kyūbi, guerras antes, guerras después, que habían terminado en la división Raíz de ANBU. Danzō empezaba con la obsesión del shinobi perfecto y acaparó gran parte de los chicos que quedaron en orfandad para someterlos a entrenamientos realmente crueles, y era el torturador Ibiki Morino quien calificaba de crueles los métodos del anciano.
—Algo se quema en el piso de arriba. — comentó sin mucho ánimo Kuromaru mientras daba vuelta a la hoja que tenía al frente ayudándose con su hocico. Las dos mujeres presentes emitieron un leve gruñido como respuesta sin darle mayor importancia en realidad, pero el capitán a una increíble velocidad se puso de pie en un salto, corrió a la puerta tomando al vuelo un extinguidor de polvo químico y como alma que seguía el diablo desapareció de la vista de los presentes.
—Oye, chica…— llamó Tsume a la kunoichi enmascarada.
—Diga.
— ¿Tienes hambre? Voy por algo de desayunar.
—Lo que sea está bien, solo de favor que no tenga tofu, no lo soporto.
—Somos dos.
La mayor se puso de pie sin problema alguno pese a su incapacidad en el brazo, la siguió su fiel compañero y ambos cruzaron el umbral de la puerta que había quedado abierta a la salida del dueño del lugar.
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—Estúpida mascotita subversiva. — mascullaba el capitán mientras regresaba a su departamento y retiraba un poco de escombro de su casaca negra — ¿Y Tsume-san? — preguntó al notar la evidente ausencia.
—Salió por algo de comer.
—Bien, antes de que regrese, te explico.
— ¿Capitán?
—No le he dicho nada porque no quiero que salga a reclamar cabezas, pero creo yo que tras todo eso está el líder de Raíz, un niño pequeño con técnicas de línea de sucesión resulta más interesante y prometedor que uno sin gracia particular. Según lo que contó el hijo de Tsume sobre su genjutsu, no fue uno cualquiera, querían poner a prueba su estabilidad mental en situaciones extremas, saber desde dónde deberían empezar su entrenamiento para controlar su psique emocional.
—Suena bastante lógico, y de ser así, el peligro aún es latente porque Danzō aún es miembro de la aldea… además, si fuera eso… el nieto primero de Sandaime Hokage… ¿Estaría vivo y aquí mismo en la aldea?
—Lo más seguro.
—Yo en realidad estaba pensando en Orochimaru y sus experimentos.
—Está fuera de tiempo, Yūgao, él se fue de la aldea años antes de que siquiera nacieran los chicos de los clanes.
—Precisamente, pero sería una forma efectiva de conseguir lo mejor de la aldea y entrenarlo a su gusto, si mal no recuerda, su estilo es la manipulación de personas con talentos especiales… ¿Los Uchiha no presentaron reporte alguno? Es que, a resumidas cuentas, terminó por arrastrar al sobreviviente de la masacre ¿No podía estar interesado en toda esa generación desde antes?
—También es posible, tomaría posesión del cuerpo que mejores resultados rindiera y estaría rodeado de un equipo élite ¿Tsume-san no ha dicho nada?
— ¿Además de que le va a sacar los riñones con una cuchara al maldito que intentó secuestrar a su hijo?
Ibiki no contesto. Sospechaba que esa sería la respuesta.
—Nada claro, pero murmura mucho contra los Uchiha y una conspiración.
—Es que esto no tiene sentido, ese clan protegía la aldea.
—Pero cambiaron los reportes, señor.
—Quizás no fueron ellos, igual mantengamos el "supongamos" de su lealtad, pero, primero lo más lógico que es Danzō y Orochimaru, igual podían tener algún infiltrado en la jefatura que cambió los archivos.
—Como diga, capitán.
— ¡Hey! Traje de todo un poco porque no le pregunte a Ibiki-san qué quería, así que armé un pequeño buffet. — la señora entró sin llamar cargando una gran bolsa con su brazo sano mientras Kuromaru cargaba con el hocico otras dos.
—Voy por unos platos. — comentó sin mayor emoción el obligado anfitrión pasando a la pequeña cocina a la vez que trataba de hacer memoria sobre cuándo había sido la última vez que tanta gente, y un animal cuyo coeficiente intelectual podrían calificarlo como persona, habían compartido techo con él.
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Caminaron en silencio por el vestíbulo de la casona, Tsume y Kuromaru lado a lado mientras que el interrogador avanzaba al frente para guiarles. Habían optado por no separarse, se dirigían a un sitio en común y podía haber aún trampas activas, Yūgao por su parte, se quedó en el departamento para terminar de organizar lo que tenían y empezar a trazar rutas de acción.
Los estragos del tiempo, el poco mantenimiento y el incidente que había dejado abandonada la residencia hacía años, no habían sido reparados ni siquiera en intento; las puertas y ventanas se encontraban dislocadas con los cristales rotos, los muros aún tenían impactos de kunai y shuriken, incluso en algunos sitios, las pequeñas armas oxidadas aún se conservaban clavadas en la madera.
La sala de recepción y el salón principal tenían los muebles que no habían sido saqueados cubiertos de polvo, varios estaban ocupados por nidos de toda variedad de alimañas mientras que el resto solo hacía de criadero de hongos y malas hierbas. Era temprano aún, la mayoría de la gente de la aldea dormía a pierna suelta mientras el singular grupo había penetrado en los dominios del abandonado barrio Uchiha. Hubo un pasillo largo de paredes con el tapiz rasgado, cuadros deteriorados y candiles sin funcionar, si a eso se le incluía el detalle de la silueta imponente del shinobi, la desafiante figura de la kunoichi y el ojo que destellaba en rojo del animal, era el escenario perfecto para un cuento de terror.
Al final de ese pasillo se encontraba la puerta que daba al sótano, la escalera de madera crujía a medida que se pisaban los peldaños dándole a Kuromaru, el último en bajar, la tétrica sensación de que se romperían en cualquier momento. Otro pasillo que debieron recorrer, pero este era oscuro en su totalidad, con la piedra desgastada y el olor a humedad penetrante. Llegaron a su destino, cruzaron la puerta de la última habitación. Todo seguía igual a como era antes de la masacre del clan, salvo por el volvo y telarañas, Ibiki lo recordaba porque en alguna ocasión siendo aún archivista lo había enviado ahí para dejar unos documentos.
—Esta es la biblioteca y el archivo general del clan. — les comentó cediéndoles el paso para que entraran —Todo lo que les sucedía se registraba aquí, cualquier reporte que los incumbía a ellos de manera más personal venía a dar aquí. — explicó enfatizando su frase por el señalamiento que hizo con el dedo apuntando el lugar.
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Nunca se había considerado el "hombre del hogar", pero ver los muros de su barrio le brindó cierta tranquilidad. El viaje le resultó agobiante desde el clima y la comida, hasta los compañeros de misión. Era tan grande su fastidio que ahorró camino saltando los techos de sus familiares, quería ver a su hijo mayor luciendo su traje de ANBU, había recibido misión de emergencia antes de poder verlo aunque ya estaba enterado de su conveniente ascenso.
Muy a su costumbre entró sin llamar ni avisar, por eso era su casa. Pero la escena que encontró no era en nada parecida a lo que esperaba.
Su mujer, la siempre amable y dulce Mikoto estaba herida, en el centro del vestíbulo con el menor de sus hijos en brazos, la rodeaban tres cuerpos inertes que seguían emanando algo de sangre, uno de ellos aún balbuceaba y al poner un poco de atención se percató de que los había metido en un genjutsu. Un ninjatō que portaba un ANBU recién llegado cortó limpiamente la garganta del sobreviviente.
Con los sentidos alarmados se acercó a su esposa, la roja marca sanguínea de su clan se imprimía en sus ojos con un aspa titubeante en el derecho y dos en el izquierdo, luego giró a ver al ninja que recién llegaba y que supuso, sería Itachi.
— ¿Qué pasó aquí?
El chico encogió los hombros y señaló a su madre que se aferraba fuertemente al pequeño que parecía empezar a salir de una ilusión.
— ¿Mikoto?
—Se lo querían llevar. — mustió finalmente volviendo sus ojos al usual tono oscuro de siempre, Fugaku acercó su mano al rostro de la mujer y apartó un mechón de cabello, dejando de lado el hecho de que su hijo estaba por ser secuestrado, informaría con detalle que su esposa finalmente había activado su sharingan.
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— ¡¿Qué clase de padre era Fugaku?! — exclamó furiosa Tsume arrojando el reporte que acaba de leer — ¡¿Querían secuestrar a su hijo y le importó más su estúpido Dōjutsu?!
—Obviamente no uno muy bueno, te recuerdo que el mayor de sus hijos masacró al clan y el segundo es traidor de la aldea. — dijo Kuromaru recogiendo la carpeta con cuidado de no dejarla húmeda, hacer las cosas con el hocico en ausencia de manos, requería especial atención.
—Por cosas así es que no quiero que me ayudes Tsume-san, no había necesidad ni de gritar ni de arrojar el expediente.
— ¡Estoy bien! — reclamó dándole la espalda, él suspiró con resignación.
— ¿Entonces no viene nada de utilidad?
—Nada, solo mencionó: "… en un intento de secuestro a Sasuke Uchiha, Mikoto Uchiha, madre del anterior mencionado despertó la fase activa de primer nivel del Dōjutsu Sharingan"
—Creo que permanecer aquí no nos traerá nada productivo.
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Llamaron a la puerta y la ANBU decidió abrir, dudaba mucho que Ibiki fuera a tener visitas sociales por lo que sin duda debiera ser importante.
Se trataba de Shizune, la acompañaba un muchacho de unos doce años de edad con el cabello tan untado de goma barata que juraba que si le dejaba caer un kunai, el cuchillo no atravesaría las capas de fijador para peinar.
—Buenos días, busco a Ibiki-san.
—No sé si tardará, salió a buscar algo.
— ¿Te lo puedo dejar? — preguntó la morena juntando las manos a modo de súplica desesperada —Tengo que irme a la oficina.
—Sí, supongo.
El médico se retiró, Yūgao se apartó un poco para que el muchacho entrara, este de mala gana lo hizo y recorrió descaradamente el departamento intentando imaginar una rutina diaria del hombre que era el dueño. Se encontró un pequeño hueco libre de papeles y se dejó caer ahí. No se volverían a ver, eso era seguro, así que ella no hizo las presentaciones pertinentes y al parecer, el chico no era precisamente muy entusiasta porque tampoco hizo comentarios al respecto.
Tan solo se escuchaba el ruido de las viejas hojas amarillentas al ser pasadas de un lado a otro.
Un golpe retumbante, proveniente de arriba, sobresaltó al pobre chico que empezaba a quedarse dormido en medio del tedioso ambiente que generaba la apatía de la labor ninja. Ninguno de los dos dijo algo al respecto, pero el golpe se repitió sacudiendo las vigas y dejando caer algo de polvo.
— ¿Qué le pasa? — preguntó el muchacho mirando el techo y obviamente refiriéndose al inquilino de arriba.
— ¡No! ¡No! ¡Y mil veces no! ¡Eres tan insoportable! — un grito femenino y reclamos acompañados de los mismos golpes se repitieron con cada negación, luego un portazo y pisadas fuertes que bajaban las escaleras hasta salir del edificio. Un momento de silencio con los dos ocupantes del departamento del capitán mirando hacia arriba, hubo un chirrido, como de madera venciéndose por su propio peso y entonces sucedió…
Yūgao realizó los sellos lo más rápido que pudo para hacer un grupo de clones que recogieran lo que había a la mano mientras ella se lanzaba tomar al chico abriendo un boquete en el muro por el que salieron, dejando dentro el desplome de madera con la respectiva polvareda.
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Discretamente se ajustó el pañuelo de la cabeza para presionar los músculos faciales que empezaban a saltar en un tic nervioso.
—Creo que exageré un poco, capitán, de verdad creí que era el techo entero el que se venía. — se excusó Yūgao mientras veía al hombre mirar el hueco de su departamento que dejaba ver el interior desde el pasillo rebelando que el "desplome de madera" tan solo se trataba de una viga vencida y no todo el techo propiamente.
Para mal de hígado resultaba incluso que las tablas que formaban el piso de su vecina estaban intactas, lo único que se había venido abajo pertenecía exclusivamente a su parte del edificio, incluso era más grave el agujero que había hecho la ANBU para su escape de falsa alarma.
—… Por favor, Yūgao, ve a dormir, llevas despierta casi tres días… Tsume, ve a casa a ver a tus hijos… yo tengo que hacer algo con Tetsuya. — les dijo de la manera más serena que le fue posible, sin embargo, más que su petición, fue su aura asesina la que hizo que obedecieran.
Abrió la puerta usando su llave queriendo ignorar el agujero por el que el chico entró de nuevo, la cerró y entonces parte de la moldura del marco se venció. Caminó a su recámara seguido del muchacho que tras una expresión de aparente apatía contenía una risa burlona.
Ibiki sacó del cajón de la mesita de noche un pergamino en el que escribió algo con un bolígrafo que tenía a la mano, lo enrolló, hizo sellos y este desapareció.
—Siéntate. — indicó severamente el hombre señalando la cama, pero él mismo permaneció de pie —Dime, ¿Desde cuándo dejaste de ir, otra vez, al taller de carpintería?
— ¿Se refiere desde que vivo con Shizune-chan?
—Sí.
—Como tres meses.
Ibiki entrecerró los ojos, la naturalidad con la que lo había dicho solo le dejaba el pensamiento de que tanto cinismo no era posible, pese a que lo estaba presenciando directamente.
— ¿Por qué?
—La madera es pesada, se me mete el aserrín en la nariz y el olor del sellador me da nauseas. — explicó sin vergüenza alguna dejándose ir de espaldas sobre el duro colchón y haciendo rechinar la base de latón.
— ¿Sabes cuánto paga Shizune-san porque te dejen aprender el oficio ahí?
—Según ella, lo mismo que cobran por una misión de rango D.
Un sonido desde la sala llamó la atención del capitán que fue tranquilamente a ver de quien se trataba, Izumo y Kotetsu, los asistente de la quinta habían entrado por el ausente muro.
— ¿Qué pasó? — preguntó uno de ellos al ver la viga en el suelo que había pasado a aplastar la estufa y una alacena. Ignorando la pregunta, el ANBU comentó de dientes para afuera la eficiencia de Shizune para responder pedidos, les quitó los papeles que llevaban cargando y de una forma poco delicada les pidió que se retiraran.
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Raras veces se le encontraba a la líder del clan Inuzuka tendida en la cama haciendo nada particular con tan poco ánimo que a primera instancia parecía irreconocible.
"Por cosas así es que no quiero que me ayudes Tsume-san".
Así lo había dicho, pero no había modo de contradecirlo si se había dejado llevar por el mero impulso de sentir el desdén del Fugaku para con su hijo menor.
Ella no podría ser como él, ni como Fugaku ni como Ibiki, su día a día lo describía… como esa noche cuando de la nada su sueño se interrumpió y por instinto se dirigió a la habitación de su pequeño para luego saltar a la batalla como posesa del demonio mismo. Maldijo su suerte, por la humillación que había pasado al ser Tokubetsu Jōnin y no poder controlar sus emociones.
Eran tiempos difíciles, la invasión del sonido ya tenía varios meses de sofocada, pero para los señores feudales, la aldea estaba desacreditada en cuestiones de seguridad porque a resumidas cuentas, Otogakure seguía al pie de sus armas sembrando el pánico y la muerte en las fronteras.
Se levantó con sumo esfuerzo de su sitio en la cama, más que por su brazo incapacitado por la desidia de seguir con el día hasta que se le pasara el mal humor a Ibiki y pudieran seguir trabajando en el asunto que los había ocupado de tiempo completo el día anterior. Se quitó los pergaminos y el porta kunai que llevaba encima dejándolos sin tacto sobre la mesa de noche, se frotó la sien derecha como gesto de cansancio ¡Y pensar que solo empezaba el día!
Necesitaba una ducha, así que se dirigió al cuarto de baño.
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Las sombras de la tarde ya caían sobre la aldea de la hoja, y mientras los civiles se preparaban para descansar una vez terminada su jornada laboral, en el departamento casi oscuro del capitán Ibiki Morino comenzaba un nuevo horario de trabajo bastante duro considerando todas las pistas ciegas. La joven ANBU de violáceo cabello ya estaba de pie frente a la puerta mirando por el rabillo del ojo cómo su agujero de escape había sido tapado con tablas de madera nueva.
Cruzó el umbral cuando le dieron la indicación de entrar, aún desconfiada sobre si le recriminaría o le cobraría el daño, se quedó quieta un poco aturdida, esperaba encontrar a su infatigable jefe hundido en montones de papeles fijando la mirada en alguna hoja en particular con el semblante duro que lo caracterizaba… pero a cambio encontró un lugar libre de documentos. Ni un solo archivo.
La noche anterior, en la que había traído todo, había tenido la oportunidad de ver el departamento libre en el más estricto sentido de la palabra, pues no había más que archiveros, una mesa y mucho polvo.
Pero ahora, incluso había un librero nuevo, las alacenas habían sido reemplazadas al igual que el piso de la cocina que según recordaba, uno se podía quedar pegado ahí por la suciedad acumulada en años. Había un sillón de dos plazas con tapiz nuevo y otro individual más al fondo, la mesa de centro había sido cambiada también.
—Ve a mi oficina del cuartel y revisa lo que Toku dejó ahí, no le digas nada, ya somos demasiados los enterados ,y trae lo que sirva.
Esa fue una orden de su capitán, así lo asimiló por las palabras usadas, pero el tono en la voz seguía sin convencerla, había algo que tenía el shinobi pero preguntar era perder el tiempo, una persona como él jamás contaría lo que pensaba exactamente y menos en un asunto que incumbía a altos mandos. Salió del departamento mostrando sus respetos, tras cerrar la puerta a sus espaldas realizó algunos sellos para desaparecer en una nube de humo. No había tiempo que perder, necesitaba algo y simplemente lo pidió así que ella lo traería, así funcionaban las cosas.
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Ya tenían unos minutos frente a frente, ninguno de los cuatro hablaba, desde que cruzaron los dos ANBU en el camino de Tsume en son poco amable, cada uno por sus propios objetivos, el enfrentamiento era ya inminente. El que llevaba la máscara del mono empezó: dos kunai lanzados rápido que fueron ágilmente evadidos por la mujer y el animal que la acompañaba.
Sin un brazo no podía hacer sellos, dependía entonces de la inusual habilidad de Kuromaru para realizar jutsu sin necesidad de movimientos de manos.
— ¡¿Pero con orden de quién se atreven a atacar?! — les gritó enfurecida esquivando lo que le lanzaban.
Ninguno de los dos le respondió y prosiguieron con lo suyo…
Era la cuarta estocada que evadía por poco, se movían más rápido de lo que hubiera pensado, ella por su parte había fallado el lanzamiento de la shuriken, y de no ser porque Kuromaru desvió un ataque con una envestida, sí la habría dañado…
Antes de que cualquier cosa pasara, antes de anticiparse, uno de los ANBU había roto el punto de equilibrio de Kuromaru y otro había conseguido derribarla haciéndole caer de espaldas al suelo.
El desafío se había salido de control llegando a causar daños en las casas cercanas, si bien nunca había sido un encuentro amistoso, estaban llevando las cosas demasiado lejos, ellos de verdad tenían la orden de matarla. Terminaron en uno de los jardines donde algunas esculturas y flores pagaron caro el enfrentamiento.
La férula se le había salido y su brazo herido punzaba con fuerza, giró un poco el rostro viendo inmovilizado a su compañero.
—La tocas y te mueres… aunque de todos modos no pensaba dejarte ir así como así. — dijo un furioso Kiba desde la calle, a su derecha e izquierda se encontraban sus compañeros de equipo, al frente Akamaru.
— ¡Vamos chicos! — exclamó lanzándose contra los ANBU.
Hinata activo su Byakugan y detrás de Shino se movió para alcanzar a uno de los dos con su técnica de bloqueo de tenketsus, alcanzó al de la máscara de tigre pero casi enseguida de haber conectado su golpe de palma se percató que era un clon perfectamente hecho de manera que las corrientes de energía que detectaba su técnica ocular le hicieron creer que era el real.
Justo a tiempo se movió para esquivar una estocada con ninjatō, cortesía del ninja con la máscara del mono y quiso contraatacar de nuevo usando su toque de palma apenas alcanzando el torso, pero no con un resultado significativo que hubiera resultado de haber sido un ataque de lleno.
Kuromaru fue liberado en un torbellino de Kiba y Akamaru, una vez fuera de la llave inmovilizadora del ANBU se lanzó por Tsume ayudándola a levantarse mientras ella se sostenía las piezas de su brazo para que este no sufriera más daño del que de por sí ya tenía. El animal dejó con cuidado a la mujer en el pórtico de la casa y regresó para ayudar a los chicos que seguían el enfrentamiento.
— ¡Kiba-kun! — gritó la chica del equipo diez al ver a su compañero salir despedido hasta el otro lado de la casa por una técnica de manipulación de viento. El cachorro blanco ladró, Kuromaru saltó para atrapar al chico, casi enseguida Shino fue encontrado tras sus clones de insectos y paralizado por el tigre, el mono evadió ágilmente todos los intentos de Hinata haciendo evidente la razón por la que se le había asignado esa máscara y aprovechó un giro para dejarla inconsciente.
Estaban a punto de volver su atención con la kunoichi que tenían como objetivo al principio cuando un senbon se clavó marcando un límite de aproximamiento. Los dos enmascarados levantaron el rostro y se encontraron a Genma Shiranui, Asuma Sarutobi y Kurenai Yūhi parados sobre el tejado de la casa que había servido de campo de batalla.
—Como dueño de esta propiedad exijo saber qué carajos pasa aquí. — reclamó el maestro del senbon bajando de un salto para quedar al frente de los dos atacantes que por respuesta simplemente hicieron sellos y desaparecieron en una nube de humo.
Kurenai bajó a ver a Hinata que empezaba a recobrar el conocimiento, Asuma ayudó a Kiba aunque Kuromaru ya lo había sacado de entre el escombro de la techumbre, mientras que Shino se apoyaba en Genma para caminar con la herida de la pierna que le había hecho el ninja enmascarado al derribarlo con el ninjatō.
—Kurenai-sensei. — llamó Hinata terminando de reaccionar.
—Menos mal que andábamos de paso, esos dos los abrían matado de no verse en desventaja. — dijo Asuma cargando a Tsume en brazos para llevarla al hospital
— ¿Qué es lo que querían? — preguntó Genma sin despegar la mirada de la destrozada fachada de su casa.
—Ni idea, no dijeron nada, solo atacaron. — respondió Kuromaru al notar que Tsume permanecía apretando los labios para no gritar.
—Esto es raro… la Hokage debe ser informada. — aclaró Asuma empezando a retirarse sin esperar a nadie pues los otros dos Jōnin se quedarían con los chicos por si regresaban los agresores.
Comentarios y aclaraciones:
He aquí la segunda parte, ¿quién está detrás de todo? ¿Danzō? ¿Orochimaru? ¿Los propios Uchiha?
¡Gracias por leer!
