Instrumentación

Cuarta parte

Pasaba ya de la medianoche. En el instante en que se disponía a explorar el bolsillo izquierdo del pantalón para extraer su preciado libro de pastas naranjas mientras esperaba el informe de sus perros, la energía eléctrica se interrumpió en todo el parque y poco a poco en el resto de la villa. La oscuridad se volvió total pues las nubes de la próxima tormenta se venían arremolinando desde hacía un buen rato. Un silencio momentáneo lo rodeó por completo interrumpido solo por el pasar de hojas que hizo hábilmente buscando el capítulo en que se había quedado antes de llegar a la casa Inuzuka. Pese a tener solo un ojo activo la mayoría del tiempo, no se consideraba corto de vista, sin embargo, había que reconocer que en esa ocasión con la densa negrura no podía ver más allá de dos dedos de distancia. Abrió mucho el párpado para tratar de enfocar la línea que tocaba empezar a leer.

Entonces fue que escuchó un casi imperceptible ruido tras los matorrales que delimitaban el parque cerca de los viejos columpios metálicos que chirriaron un poco, movidos por una esporádica ráfaga de viento. La pupila totalmente dilatada no alcanzaba a registrar nada, o en todo caso a nadie, como sería lógico sabiéndose en una posición comprometida con ataques a ninjas de la hoja. Dio un paso discreto sin despegarse el libro de la cara y sintió una protuberancia bajo la suela de la sandalia ninja, como si de repente se hubiera levantado el piso, lo que en sí era ya bastante complicado por ser estas especiales para no mostrar inestabilidad en terrenos particularmente no firmes. Olfateo un poco a través de la tela de la máscara, le llegó una ligera impresión putrefacta que impregnaba el ambiente, agradeciendo más que nunca que su fiel pedazo de tela estuviera ahí amortiguando casi todo el olor.

Al tiempo en que casi determinaba la posición de alguna corriente de chakra que perteneciera a quien fuera que lo seguía, tronó en sus oídos un aullido tan desgarrador y prolongado que debió resonar en toda la aldea.

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Había comenzado a lloviznar. El cielo tronaba con fuerza y los relámpagos se colaban entre la niebla que empezaba a alzarse de manera poco natural, no había dudas ya de lo evidente que era el intruso. Profirió un quejido leve, doloroso, casi imperceptible, sofocado por los relámpagos, por las ramas de los árboles que se mecían furiosamente con las ráfagas que empezaban a circular en la aldea y se colaban incluso por la tela de su propia máscara. Con un dedo presionaba su sangrante oído mientras seguía corriendo sobre los tejados de las casas que le parecían vacías.

Hacía frío, a sus pies helados cada vez les costaba más avanzar sin sentir que perdería el equilibrio. La escarcha de los tejados crujía bajo sus pasos y sus manos entumecidas reclamaban urgentemente un poco de calor que los guantes de dedos descubiertos no le podían dar.

Poco a poco, fue vislumbrando con mayor nitidez la torre de la Godaime donde la luz de la oficina aún permanecía encendida. El tramo que le faltaba descendía directamente hasta ella desde donde había estado en el parque de la montaña de los Kage. La construcción se hallaba al final de la torcida avenida principal y a su alrededor otros edificios gubernamentales le hacían ruedo. Inconscientemente, saltó directo a la ventana del despacho y empujando con las manos congeladas los marcos, entró a la habitación, caliente por toda la gente presente.

Ninjas de todos los rangos se habían reunido con la quinta maestra, que permanecía sentada en su escritorio con el ceño fruncido: o se burlaban de ella, o estaban en una situación totalmente nueva.

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Bosque nada más. Verdes extensiones de árboles y todo tipo de plantas cubrían el lugar. Su aspecto alto e imponente solo iluminado en ratos por poderosos relámpagos daban a la situación un tono atemorizante. Por más que agudizaba su oído no podía escuchar algo que no fuera el crujir de la madera que pisaban sus patas o el eco del trueno.

Se repetía mentalmente que solo se trataba de una tormenta más, y debía permanecer sereno como el buen perro ninja que era. Tras lo que le parecieron minutos interminables, incluso horas si se iba a los extremos, nada cambiaba. La espesura del follaje lo abarcaba todo, aunque le parecía más frondosa y terrorífica a medida que avanzaba.

La temperatura había disminuido drásticamente por lo que el frío caló hondo en sus pequeños huesos. Aproximadamente dos horas después, según sus cálculos y sin ninguna novedad que reportar, divisó finalmente el parque donde Kakashi les había invocado.

— ¿Y Kakashi? — preguntó, siendo el último en llegar. Los siete canes al frente suyo negaron con la cabeza.

—Chicos. — llamó el pequeño pug levantando la nariz —Aquí hay sangre de Kakashi, pero no puedo determinar para dónde se fue.

Akino, el perro de las gafas oscuras se paso las patas por encima del hocico queriendo sacarse el olor putrefacto de las fosas nasales que ocultaba cualquier otro rastro. El resto solo giraba la cabeza en gesto ansioso. Se sentían observados, pero sus narices más allá del sulfuro no percibían nada y empezaban a asquearse. No había chakra que les acechara o algún ruido que delatara a alguien escondido.

—Así que también lo sintieron. — les dijo Pakkun mientras la llovizna se empezaba a transformar en una lluvia torrencial —Vamos a informar y busquemos a Kakashi, no me gusta la pinta que tiene esto.

Los ocho acordaron reunirse en la torre en treinta minutos encontraran al ninja o no, y en medio del ensordecedor estruendo del agua dejaron el parque ante la mirada minuciosa de quien los observaba oculto tras los arbustos.

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Lentamente terminaron de amoldar todas las versiones de lo sucedido en la casa Inuzuka y con todos los guardias de la zona que aún no recobraban del todo el sentido de la realidad tras haberlos sacado del genjutsu. Pero, pese a tener un fuerte sentimiento intuitivo de lo que sucedía, finalmente Tsunade observaba que había vuelto a escribir una serie de incongruencias, entre ridículas y absurdas cuya esencia para determinar tiempos lógicos era sin duda el fruto de su voluntad de líder frustrado, y se encontraba lejos de lograr un maravilloso arranque de genialidad estratega para resolverlo.

Se apoderaban de sus pensamientos, libres de alcohol, oscuras y tenebrosas sombras que acechaban la aldea, pero que a final de cuentas eran sólo meros atisbos de una realidad que seguía sin comprobarse: negros espectros sin rostro y seres escamosos con tentáculos innumerables abordaban la complejidad de los testimonios, contrariados con peludas bestias de grandes osamentas elevándose desde las siniestras brumas del bosque, más allá de la muralla.

Tsunade rió un momento aunque los presentes no le pusieron atención al detalle.

—Curiosas invocaciones. — susurró Genma moviendo insistentemente el senbon de su boca, haciéndolo sonar al chocar con sus dientes, detalle que usualmente no ocurría y dejaba claro que su concentración estaba en otro lugar diferente a su distintivo uso de agujas.

—No había oído de invocaciones que pudieran hacer genjutsu de ese nivel. — comentó Izumo, permaneciendo cerca de la rubia, que seguía con los ojos clavados en los reportes que tenía al frente.

Las lámparas de aceite que habían encendido a falta de energía eléctrica humeaban amenazando con apagarse y la Hokage envió a Aoba para que buscara más combustible en los almacenes de abajo. Los pies del Jōnin se arrastraban con obediente pesadez hacia las escaleras angostas que llevan a la buhardilla donde solían dejar todo lo que usualmente no se ocupaba.

Entonces, al disponerse a bajar los escalones de madera, se fijó en una mancha de humedad en la pared del pasillo. Aquella mancha no tenía ninguna forma definida pero le dio el claro indicio de que tenían que impermeabilizar o el edificio terminaría por venirse abajo, o solo se limitaba a hacer una piscina interior.

La observó de nuevo cuando subía de regreso con lo que se le había pedido, y como extrañamente había presentido con el diluvio que había afuera, comprobó que la humedad verde que formaba aquél dibujo abstracto en la pared, seguía expandiéndose por ella contaminando el blanco yeso.

—Ya se está colando la humedad en las escaleras. — comentó cuando entró de nuevo a la habitación, ya más despejada de ninjas que habían sido asignados a puestos estratégicos para hallar tanto el número específico de intrusos como su ubicación dentro o fuera de la aldea.

— ¿Humedad…?— preguntó Ebisu ajustándose la gafas y dejando los papeles que estaba leyendo sobre el escritorio —Las escaleras son de caja interior, eso no era humedad de lluvia.

Aoba se quedó quieto con la caja en las manos sintiéndose pequeño y con ganas de regresarse a la academia, lo suyo ya no era mala suerte, era un severo caso de falta de sentido común.

La torre se llenó de movimiento empezando a buscar al ninja que se había infiltrado hasta ahí, pero ni él ni la mancha estaban ya en donde se había reportado.

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Mirando el techo de color oscuro que alcanzaba a distinguir con la palpitante luz de la vela que había encendido, Hana no podía cesar de pensar en lo que había sucedido hacía apenas unas horas entre los muros de ladrillo y yeso que formaban la casa: su casa, en el jardín mismo y en la calle.

El frío temor de un ataque a Konoha atenazaba su espalda haciendo que los riñones se contrajeran provocándole un leve dolor en la zona lumbar, agregado a la jaqueca que ya tenía desde que empezó a reaccionar una vez fuera del genjutsu.

Trató de conciliar el sueño tumbándose de lado en la misma cama en que estaba su hermano que aún no se recuperaba del todo. Mirando hacia el exterior de la ventana, con los ojos lacrimosos e irritados, de cansancio y por lo que había llorado, vio el cielo negro; la luna se ocultaba tras los gruesos nubarrones que seguían dejando caer la poderosa lluvia. Pero la visión del diluvio y los relámpagos no podía hacer más que rememorar los recuerdos de aquella bestia que había alucinado, pero cuyo olor seguía flotando en el aire.

Todos sus pensamientos la inquietaban. Ya había hecho lo posible con las heridas de los perros que sobrevivieron pero no podía hacer más, la mayoría habían terminado muertos, los cachorros que estaba entrenando para ninjas tampoco se salvaron. Dos camadas nuevas perdidas, tres perros adultos, una hembra y un anciano de la camada anterior de Kuromaru, ese fue el primero en caer, su gastado cuerpo no resistió mucho aunque sí presentó batalla y fue el primero en saltar a la defensa del hogar.

Tras un rato de permanecer estática ante un leve pero constante jadeo, que quizás fueron solo minutos pero que la eternidad del pánico convirtió en siglos, Kiba finalmente se incorporó corroborando que era él, empezando a entrar en sí, y buscando recuperar el aire que no había podido tomar con naturalidad mientras permanecía inconsciente. Se levantó aún con el miedo de su falsa alarma y se dirigió a la mesa de noche para servirle un vaso con agua. Se tranquilizó bastante al verlo pasar el líquido carraspeando para quitarse el mal sabor de boca que tenía.

—Fueron los ANBU de nuevo ¿Verdad? — preguntó a su hermana tras un rato en que meditó la situación rearmando sus últimos recuerdos.

—No estoy segura. — respondió con vergüenza y sin agregar más detalles —Kakashi-san vino y llevó el reporte a la torre de la Godaime.

—Deberíamos ir a presentarnos también.

—No sé si sea buena idea, significaría dejar solos a los perros y ninguno de ellos está particularmente bien… tampoco nosotros…

Los dos permanecieron en silencio mientras el pabilo de la vela se ahogaba en la cera finalmente apagándose. Un relámpago iluminó la estancia unos segundos suficientes como para apreciar el movimiento de afuera. Tres ninjas que venían de la muralla se dirigían al centro a toda prisa.

Hana abrió la ventana, el aire helado le dio en la cara, llenándole los pulmones de un frescor húmedo que la tranquilizó casi de inmediato, calmando también el palpitar de la sien. El agua escarchada caía en su rostro obligándola a cerrar los ojos, pero podía definir mejor el ambiente de lo que acontecía afuera.

Arrugó la nariz y tensó los músculos desde su maxilar hasta los puños. El olor a sulfuro emanaba desde el monte de los Kage, aún con toda el agua no se dispersaba la sensación de asco que le había causado la criatura del genjutsu, que ahora que lo meditaba quizás no había sido solo una ilusión.

—Kiba. — le dijo seriamente —Tendremos que dejar a los perros, no creo que regresen aquí, el objetivo era nuestra madre ¿No?

—Sí.

—Prepara tus cosas, tenemos que salir.

El chico obedeció sin dudarlo mucho, pese a la contradictoria iniciativa de su hermana, parándose finalmente de donde estaba recostado se dirigió a rascarle la cabeza a Akamaru que aún permanecía como una pequeña y temblorosa bola blanca al pie de la cama. Lo cargó para ponerlo entre los tres perros de Hana que se acurrucaban entre ellos aún perturbados pero más consientes que el cachorro. No le gustaba la idea de dejarlo, pero llevarlo no era una opción y él mismo había sugerido salir.

—Cuídenlo, muchachos. — les dijo saliendo para preparar sus cosas.

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Tomando el rumbo de regreso al parque donde había tenido el encuentro con lo que fuera que hubiera sido lo que le aulló en su oído, Kakashi fue interceptado por Pakkun, que parloteó rápidamente el reporte que les había pedido aunque no había realmente algo relevante que informar, fuera de una mera sospecha, los perros no habían dado con nada. Shiba y Urushi les dieron alcance. A medida que se acercaban de nuevo al punto de encuentro original, Kakashi envió al can de la cresta negra a la torre de la quita maestra para esperar a los otros ninken, de ahí se dirigirían a la zona que les habían asignado inspeccionar.

El ninja notaba el aire frío que le cortaba la cara en las partes donde la máscara no protegía, aún más por haberse descubierto el ojo del sharingan. No lo pillarían de nuevo. No sabía dónde empezar a buscar ni cuánto tiempo le tomaría encontrar algo; estaba en medio del bosque que bordeaba la montaña de los Kage subiendo por una pendiente a toda velocidad apenas tocando el suelo. La adrenalina aumentaba por segundos, a medida que el clima frío chocaba con el calor que su cuerpo empezaba a generar los escalofríos gradualmente dejaron de asaltarlo.

Con un par de saltos alcanzó la planicie del parque y dispersó un juego de clones para revisar a conciencia el área en busca de cualquier indicio, ya que lógicamente el intruso no se habría quedado tranquilamente esperando que regresaran a buscarle.

Pero las situaciones con las que de vez en cuando se topaba, no necesariamente resultaban lógicas.

El clon se deshizo para llevar el informe y el verdadero ninja fue a inspeccionar el "incidente".

La lluvia caía insistentemente, no había variado su intensidad, la neblina seguía igual de espesa que cuando había salido de la torre no dejando ver más que un par de cosas más allá de la nariz. Las aspas del sharingan giraron violentamente para interpretar de mejor manera la figura que se encontraba al pie de un gran roble: una kunoichi, o un ninja demasiado delgado, difícil determinar por lo deformado del cuerpo y el rostro en sí, ya estaba muerto. Ojos que algún momento pudieron ser marrones se perdían casi totalmente detrás de sus propias cuencas con un ligero derrame que teñía de rojo algunas zonas de lo que debiera ser blanco. La boca se torcía en una mueca tosca y si en ese momento le preguntaran la causa de muerte diría que se asfixió con su propia lengua… o quizás fue un golpe en la cabeza. Seguramente estaba vigilando cuando lo atacaron, cayó inconsciente y por eso no pudo maniobrar para no quedar tan… dislocado.

El ninja de Konoha se acercó y le retiró la banda que llevaba en la frente, repasó con la yema de los dedos las líneas del grabado: —Kumo. — susurró guardando el cinto en uno de sus bolsillos.

Pero de Kumo era el difunto y difícilmente se atacarían entre ellos en una aldea enemiga, ese cuerpo ahí no tenía sentido si no se había informado que ya se había neutralizado a un intruso. O quizás sí lo tenía, pero no le gustaba porque implicaba infiltrados de dos bandos.

Agitó la cabeza como su canino compañero para sacudirse el agua que se había acumulado en sus mechones grises pero solo para quedar inmediatamente bañado de nuevo. Respiró hondo queriendo empezar a anticipar movimientos de proceder para una filtración de ninjas.

Quizás lo primero era llevar aquél cuerpo con los médicos para sacarle toda la información que se pudiera.

— ¡Ya encontraron algo! — exclamó Pakkun detectando al pequeño Bisuke correr a toda velocidad hasta donde estaban.

El ninja y el can salieron a su encuentro en medio de la neblina dándole alcance en poco tiempo, de ahí se dirigieron a un punto no muy lejano donde entre gruñidos y ladridos el enorme bulldog buscaba embestir a una criatura deforme que no hacía más que moverse de un lado a otro evadiendo al perro. Por su parte Akino, el ninken de los anteojos oscuros, se había metido en la tierra para emboscar a lo que fuera que despedía aquél nauseabundo olor pero al salir la criatura se había movido y su mordida alcanzó el grueso cuello de Bull apenas dañándole, pero sí consiguiendo una brecha de tiempo que le permitió al ser escapar de su alcance.

—Ūhei dice que su invocador no está lejos de aquí. — dijo Pakkun ayudando al perro de los vendajes a ponerse de pie.

— ¿Lo vieron?

—Un tipo con máscara de ANBU mono de Konoha.

—Pakkun viene conmigo, los otros busquen esa cosa y sédenlo. — ordenó Kakashi entregándoles a cada uno un kunai cuya punta había untado con una pasta que sacó de su bolso derecho del pantalón.

Los cuatro perros tomaron las armas con el hocico y siguieron el rastro mal oliente que había dejado la invocación enemiga.

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El viento arreciaba con más ímpetu de lo que de por sí había hecho. Apenas se escuchaban entre ellos aunque sus gargantas se lastimaban de tanto levantar la voz.

— ¡Son los perros de Kakashi-sensei! — gritó Kiba señalando unas apenas visibles manchas moviéndose a gran velocidad.

El par de hermanos les dieron alcance, siguiendo el sulfuro, habían inevitablemente unido sus caminos. Los canes no objetaron la asistencia no solicitada, de hecho, informaron lo poco que sabían y comparando algunos datos dieron con que efectivamente buscaban lo mismo. Hana omitió algunos detalles como por ejemplo el que no recordaba, incluso ya fuera del genjutsu, algunas posiciones de manos para sellos específicos por más que forzaba a su cabeza a refrescar la memoria.

— ¡Ya lo tenemos! — exclamó Kiba apresurando el paso, seguido de cerca por la cuadrúpeda comitiva y su hermana que seguía sin poder relajar el semblante serio que había adoptado desde que salieron de la casa.

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El bosque... la lluvia... los relámpagos.

Detrás de él, un pequeño sonido apenas audible entre el ruido que componía la tormenta aún presente, sobresalió con dificultad. Se volteó y se dio cuenta que Pakkun se había des-invocado, fue lo más prudente tras estar a punto de ser víctima de una trampa, no iba a negar que se sentía nervioso y que no sabía quién era realmente ese oponente al que se estaban enfrentado. Las aspas de su sharingan estaban fuera de sí queriendo identificar cualquier detalle por mínimo que fuera, pero el ANBU mono no daba siquiera señales de querer moverse de ahí, como si esperara por él. Avanzó un poco hacia la pequeña colina que daba su nacimiento a unos metros de donde estaba y vio la figura del ninja mejor definida.

—Bien, hasta que dieron conmigo. — dijo el extraño, girándose para quedar frente al shinobi de la hoja que se movía despacio pero tomando las debidas precauciones.

No se sorprendió, era muy evidente que esperaba que le encontraran.

Los ojos dispares se enfrentaban a la porcelana de la máscara. Kakashi no podía comprender muy bien lo que el otro planeaba, no podía entender la situación completa, estaba frente a la persona que tantas molestias se había tomado para llamar la atención al mismo tiempo en que nadie parecía ser capaz de encontrarlo.

— ¿Cuál es tu nombre? — preguntó Kakashi finalmente, en el tono más casual que pudo. Su mirada aún estaban sobre las manos cubiertas por guantes negros del otro ninja, esperando algún indicio de sello.

—Espero que vengas preparado, Hatake-san, que te quede claro que no pienso ser piadoso en el entrenamiento como lo fui con los chicos Inuzuka.

Los ojos casi inexpresivos de Kakashi se abrieron un poco por una fracción de segundo al oír esa frase, él mismo se delataba haber sido flexible incluso usando ese jutsu.

— ¿Eso fue suave?

—Así es, no era mi intención matarlos, solo quería que no estorbaran, los perros fueron un poco más problemáticos, no sé tratar con animales. — agregó ladeando la cabeza y dándole la espalda nuevamente.

—Ten en cuenta otra cosa.

— ¿Qué?

—Esto no es nada más que un entrenamiento que si eres lo suficientemente fuerte sobrevivirás, si no eres más que una buena reputación ganada con suerte, morirás aquí y ahora mismo… no sé qué vas a decidir, pero muchas opciones no te quedan; o me enfrentas tú solo y me detienes o me enfrentas después de haber ido a avisar, a riesgo de que me divierta con otras personas.

Kakashi tensó los músculos de los brazos, era cierto, ya no tenía ninguna opción.

—Tengo que...tengo que acabar contigo ahora mismo.

—Bien. — dijo el otro volviendo a girarse para mirarle de frente y entre un sonoro trueno que se descargó muy cerca de ahí, se movió tan rápido como pudo, desapareciendo a simple vista, pero para el sharingan, la lectura de movimientos no era tan complicada aún entre la constante lluvia y la densa neblina.

El Jōnin sonrió bajo la máscara, al parecer el mono no era muy creativo en estrategias de ataque, con una velocidad de reacción impresionante, Kakashi desapareció en un salto evadiendo el intento de contacto para combate cuerpo a cuerpo e incluso terminó a la espalda del ANBU, este al darse vuelta levemente, sus manos fueron atrapadas por el poderoso ninja que las cogía cual si les hiciese una atadura agresiva con el único fin de inmovilizarlo permanentemente para hacer cualquier cosa que no pudiera predecir. Nunca había que subestimar a un extraño.

En una rápida acción, el ANBU se empujó hacia atrás sin realmente querer soltarse del agarre y con su cuerpo hizo un movimiento de péndulo logrando que su captor le liberase al verse con el enganche invertido; rápidamente y sin dejar que tomara posición de batalla, giró su cuerpo para verlo moverse hacia atrás, el enemigo sacó un kunai de su bolsa de armas y en una certera estocada con fuerza considerable, clavó la hoja en el pecho del portador del sharingan.

El kunai que le había enterrado en el pecho parecía hundírsele más; el ANBU hizo un pequeño sonidito un tanto infantil de incomprensión. Un humo comenzó a rodearlos a los dos hasta darse cuenta que la mano que sostenía el arma, y el arma en sí, no había apuñalado nunca nada; había hecho un clon de sí mismo.

—Un Kage Bunshin... — dijo quedándose quieto viendo cómo la lluvia disipaba el humo. El ninja de Konoha se encontraba detrás de él, apuntándole también un kunai en la espalda.

—No debes bajar la guardia. — le susurró, imaginándose que también se trataba de un clon, miró detrás de su hombro para que apareciera en la clásica cadena de clones que nunca faltaba en un combate, sin embargo, se dio cuenta de que al ANBU sí se le estaba clavando el kunai en el cuerpo real, lo confirmaba un hilillo de sangre que se deslizaba por la hoja metálica perdiéndose rápidamente entre el agua que los envolvía.

El mono volvió a girarse y le acertó un golpe en el cuerpo, con su mano empuñando otro kunai solo para darse cuenta que era otro clon.

En el aire y sobre él, se encontraba la silueta escondida por la niebla de su oponente, Kakashi había dado un gran salto y en sus manos tenía lo que parecían ser un puñado de shuriken. Entrecerró sus ojos para apuntar entre el agua, preparando su lanzamiento combinando las armas en un juego de sellos incendiando las piezas de metal volviéndolos pequeñas bolas de fuego que resistieron el húmedo viaje hasta el ANBU.

—Una técnica bastante sencilla… me ofendes, Hatake. — se movió a la izquierda evadiendo el primer lanzamiento, hacia atrás para el segundo, dos saltos más para el tercer y cuarto, adentrándose un poco más en el bosque.

—Caíste en mi trampa. — murmuró Kakashi lanzando una quinta oleada con la precisión suficiente para hacerlo retroceder justo la distancia que necesitaba, enseguida lanzó una bola de fuego que igualmente parecía no ser afectada gravemente por la lluvia y que, al tener contacto con los pequeños conatos que habían generado los lanzamientos anteriores, y alimentados por varios sellos de papel bomba que antes de caer en la trampa Pakkun había dispersado en el perímetro del enemigo, se creó un remolino que mantuvo en su vórtice al ninja.

Se veía una silueta dentro del remolino de fuego, el mono no podría escapar por los laterales sin llevarse quemaduras que el traje de ANBU no podría evitar, era demasiado alta la columna como para saltarla, así que solo quedaba escapar usando algún jutsu de tierra. Se adelantó para ser él quien atacará por abajo y poner fin al enfrentamiento.

Salió con arma en mano para atacar, el mono pudo evadir la estocada saltando; tomando al propio ninja como base para impulsarse y ganar más altura.

Los sentidos de Kakashi se alertaron al sentir un flujo anormal de chakra sobre su cuerpo, rápidamente se giró para atacar si es que lo habían asaltado por la espalda a él, pero al no encontrar ninguna anomalía con el sharingan cayó en cuenta de que se trataba de una nota explosiva pegada a su chaleco.

El estallido le hizo caer boca abajo, no pudo evitar el preguntarse en qué momento se la había puesto, no podía ser tan rápido como para no haberlo visto con el sharingan.

— ¿Qué demonios?

El fuego que había creado se había consumido ante la vigorosa lluvia y, de alguna manera, el agua fría que caía en la herida que había atravesado el chaleco resultaba tranquilizante para el ardor de la quemadura.

—Muy predecible ese jutsu de tierra, siempre lo usas. — dijo el otro parándose cerca suyo —La nota no estaba activada y yo no te la pegué, la deje bajo tierra en lugar de tratar escaparme, cuando saliste se te pegó y la fricción de tu cuerpo con la tierra la activó, ya sabes, como usas chakra para deslizarte entre la tierra, no hubo problema.

Desenfundó su ninjatō, el arma reglamentaria de los miembros del escuadrón del que pretendía formar parte.

—No deberías repetir tanto los mismos movimientos. — dijo precipitando la hoja al cuello del ninja, sin embargo, lejos de sentir el suave corte de la carne, la hoja se trabó y el cuerpo del vencido se deshizo mostrando lo que era un tronco pequeño.

—Y ahora un jutsu de intercambio…

De entre los árboles saltó Kakashi empuñando un kunai que con total seguridad lanzó hacia el ANBU, que recibió el impacto en el rostro clavándose la punta en la máscara, evidenciando que no había hecho ningún movimiento si bien había visto el ataque.

El shinobi del sharingan cayó al suelo y a una velocidad impresionante volvió a quedar detrás de su oponente, esta vez no distrayéndose al tener en su conocimiento que ese sujeto no evadía la mayoría de los ataques como haría cualquier otro.

El mono giró la cabeza para ver al hombre. Una certera patada le dio el ninja al ANBU en la espalda, tan fuerte y poderosa que le lanzó contra unos árboles cercanos, el cuerpo dio de lleno contra estos lastimándose la cabeza, tenía las manos al frente de su rostro poniendo los protectores de metal como primer punto de contacto para la patada, por lo que pudo reducir la fuerza del golpe y evitar un impacto letal.

El ANBU se levantó como si nada hubiera pasado, agitó los brazos e hizo tronar su cuello, casi enseguida juntó sus manos de una forma muy peculiar y comenzó a recitar con los dedos un Kuchiyose no jutsu.

Los ojos de Kakashi se abrieron de par en par denotando la sorpresa.

—No esas cosas... — sacó de su chaleco un pergamino que extendió con increíble rapidez — ¡No te lo permitiré!

El ninja se lanzó en picada hacia el mono que intentaba invocar su técnica aplicando una peligrosa cantidad de chakra, lo que inevitablemente sugería un alto nivel de lo que fuera a invocar, y aunque Kakashi llamara a sus perros, se verían en terrible desventaja ante aquella criatura desconocida. Certero y preciso llegó utilizando un kunai que, al chocar con el otro que aún permanecía clavado en la máscara, quebraron totalmente la pulida superficie blanca. Rápidamente, antes de que cayera al suelo le dio un golpe con la rodilla en el estómago y le mandó a hacer un segundo recorrido entre troncos de árboles, finalmente chocando contra una roca.

El ruido de su espalda chocando con fuerza, y el sonido de algunos huesos quebrándose, le hizo creer al ninja de Konoha que su oponente no podría dar más.

Él se encontraba dolorido aún por la explosión directa en su espalda. La herida en sí estaba cauterizada por efecto del propio fuego, pero eso no necesariamente significaba que no tuviera los nervios reclamando que recibiera la atención médica pertinente.

Las técnicas de fuego y el chakra acumulado para aumentar vagamente su fuerza y velocidad no le tenían en las mejores condiciones para soportar una batalla de ese tipo, si se hubiera prolongado más de lo necesario seguramente la balanza se inclinaría en su contra. Le gustaría haber usado el sharingan para estudiar el método de Tsunade para golpear, de haber sido ella quien hubiera atinado el primer puñetazo, no habría necesidad de más.

Se frotó los ojos tratando de quitar el exceso de agua y se acercó a examinar con detenimiento a su oponente.

La máscara rota había incrustado algunos de sus fragmentos en el rostro del sujeto pero aún los rasgos que se limpiaban de sangre por la lluvia eran reconocibles… aunque le hubiera gustado que no…


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