Provecto
Segunda Parte
En las, exactamente, cuatro horas con treinta y cinco minutos que habían permanecido bajo su tutela, Ibiki pudo percatarse de varias cosas sobre el equipo de Asuma. En primera instancia, Shikamaru Nara podía quejarse todo lo que quisiera sobre lo cansado y "problemático" que era el trabajo de investigación, pero lo hacía y lo hacía bien. Chōji Akimichi tenía mejor condición de lo que aparentaba, e Ino… Ino Yamanaka era muy efectiva consiguiendo información, desafortunadamente también era muy fácil sacársela, por lo que media Konoha sabía que habían encontrado un anciano muerto en un pequeña cueva al noroeste de la villa, lo que no ayudaba absolutamente nada a su plan original de reserva de detalles. Mirándolos tomar un descanso en que se ajustaban las sandalias y lanzaban suspiros junto con más quejidos, no podía evitar arrepentirse de su decisión sobre el equipo que había escogido para llenar algunos vacíos legales. Sinceramente había creído de manera errónea que supondrían, solo por ser una misión oficial, que no podían ir contando a todo mundo, que existía cierto código de discreción y el haber implicado a un capitán ANBU acentuaba más la lógica de guardarlo como secreto. Pero, a comparación de los otros suspendidos, eran sin duda, los únicos que no tenían la ética profesional por los suelos, si bien el sentido común dejaba mucho que desear.
Se rascó la mejilla con la mano enfundada en el guante. Usualmente él entrenaba Chūnin aspirantes a Jōnin, y aspirantes a ANBU, no un par de Genin, y un Chūnin recién nombrado, malcriados por un instructor consentidor.
— ¿Cuánto tiempo más van a estar perdiendo? — preguntó de improvisto sobresaltándolos.
— ¡No han pasado más de cinco minutos! — se quejó Ino anudando la venda de su pierna derecha y empezando a mascullar una letanía de quejas casi infantiles que nadie parecía tener en cuenta realmente.
— ¿Necesitan más?
La rubia se quedó con la palabra en la boca, pues Shikamaru y Chōji se habían puesto de pie con una obediencia que inevitablemente le despertó un absurdo arranque de celos, ella debía esmerarse mucho más para que siquiera fingieran hacerle caso.
—La situación es, que ciertamente somos equipo de infiltración y esas cosas. — empezó a hablar nuevamente con algo más de calma para evitar que los volvieran a suspender por su culpa, especialmente en esos momentos donde las siglas ANBU aparecerían como referencia en su expediente, pues una vez que lo pensó fríamente, era demasiado relevante como parte del currículo, como para perderlo por una nimiedad.
—Pero hasta ahora, no sé si se enteró cuando lo asignaron como nuestro instructor, el misterio más importante que hemos resuelto ha sido la desaparición de un anillo de rubí…
—No soy un instructor, soy un examinador. — intervino el capitán sacando la paciencia que tenía guardada en algún lugar, específicamente destinada para quienes no formaban parte de su división, de tal suerte que no acabara siendo él mismo investigado por "asuntos internos".
—Nos traen de la nada, nos dicen nada y ni siquiera pudimos saber algo del cadáver porque no somos médicos ¿Cómo se supone que llevemos estas investigaciones? Ninguno de nosotros ha cursado Criminalística…
—Lo único que necesitan es poner atención y usar la lógica, solo eso ¿Acaso es demasiado para ti?
Ino frunció el ceño completamente ofendida, no era la primera vez que la llamaban tonta. Reservándose la respuesta caminó hasta alcanzar a sus compañeros, ya le demostraría que era capaz de llegar al fondo del asunto con o sin su ayuda. Aunque si le dieran a escoger, realmente quería que el milagro y la suerte de novato dieran las cosas terminadas sin su poco amable colaboración.
—Ya se armó. — fue todo lo que dijo Shikamaru antes de verse prácticamente arrastrado por el chaleco.
—Bueno ¿La prefieres decidida o quejumbrosa? — pregunto Chōji.
—Escúchenme bien los dos. — empezó a recitar ella —La primera persona a la que preguntamos fue el vigilante que tiene a su cargo esa sección ¿Cómo se llama? ¿Hideno Kubarama?
—Hideo Kubayama. — corrigió Shikamaru —Deberías empezar por conseguirte un cuaderno. — agregó.
— ¿Para qué?
— ¿Cómo que para qué? Obviamente para anotar y que no se te olviden o confundas cosas.
—Para eso estás tú. En lo que estaba, leímos su bitácora ¿No? No había tenido absolutamente ningún percance y aunque sus notas eran vagas contenían información adecuada.
—Sí, y de ahí visitamos a cada persona que mencionaba pero ninguna recuerda nada, y no es que un anciano al que le falta una mano fuera fácil de ignorar.
—La otra vez estaba leyendo una antología de Ryōma…
—Hay no…— interrumpió Chōji —Ese sujeto es deprimente, no entiendo cómo le gusta tanto a las chicas.
— ¡Es una gran escritor! En el décimo tercer cuento habla de un anciano que se volvió invisible, entonces se me ocurrió que eso pudo haber pasado con el nuestro…
—Sabes que es ficción… ¿Verdad? Y que muchas veces ni siquiera un ninja de nivel alto podría hacer algunas de las cosas que suceden en las novelas…
— ¡Chōji!
.
Ibiki no siguió a los chicos, naturalmente y tras lo ocurrido con la fuga de información, lo más lógico sería hacerle sombra a sus pasos, sin embargo, había optado por un método más sencillo como dejarlos sin algo que decir. El hecho de que se trataba de un ANBU se quedaría entre Shizune y él, y tal vez, si alguno de los ANBU que tenía investigando con lupa los antecedentes se enteraba, ellos sí tendrían el sentido común lo suficientemente maduro como para no divulgarlo.
Saltó a la siguiente rama, pasando por encima del techo de alguna casa y sin tocarlo siquiera, quedó varios metros más al frente, cayendo pesadamente a la par que levantaba una polvareda que ocultaba su imponente figura. Giró la vista a la derecha dirigiéndose a una casa de madera pintada de azul. Los arbustos un poco abandonados crecían rebeldes cubriendo gran parte de la fachada tampoco particularmente cuidada. El mosquitero de la puerta tenía grandes agujeros, por lo que era inútil su permanencia, y las bisagras que lo sujetaban al marco estaban tan oxidadas que realmente podrían desprenderse con todo y un trozo de madera podrida sin usar demasiada fuerza. Se acercó haciendo sonar los tres escalones de madera que lo separaban del acceso y llamó a la puerta un par de veces. Un momento después abrió un hombre de unos treinta años con barba de más de tres días, una lata de cerveza en mano y un cigarro torcido en la otra.
"Eso explica la indignación de la chica" pensó entrando a la casa apenas fue reconocido por aquél ninja completamente desnudo, al parecer, sin sentido del pudor o la vergüenza.
—Entonces la rubia escandalosa no mentía. — dijo el otro disimulando vagamente el acento alcoholizado de su voz; —ANBU está investigando…
El capitán rodó los ojos tratando de controlar los instintos asesinos que lo sobrecogían con la ineptitud que podían llegar a tener algunos supuestos shinobi. Incluyó en las observaciones, redactar una amonestación para Asuma, en teoría el Jōnin a cargo debía corregir esas fallas de academia.
—Ya les di a los mocosos mi bitácora, y no hay más que agregar, lo que está escrito es lo que pasó, y lo que no…— agregó tumbándose en un sillón cercano —Pues no pasó.
—O no vio que pasara. — señaló, argumento que se le ocurrió luego de escuchar la teoría "anciano invisible" de Ino, que tenía lógica si quien se encontraba en la mesa mortuoria de Shizune, era un ANBU.
El hombre dejó lo que estaba haciendo, que en esos momentos consistía en atender una repentina comezón en su zona generalmente íntima, que realmente en esos momentos el adjetivo no calificaba adecuadamente.
—Aunque no lo crea solo bebo en mis días libres, por si no lo sabe, es un absurda mentira que los ninjas castigados, con problemas de eficiencia, falta de habilidades o moral desviada sean asignados como vigías ¿Qué clase de idiota encargaría la primera línea de defensa de la villa a un imbécil o un traidor?
Ibiki era perfectamente consciente de ello, la vigilancia podía ser la más aburrida de las asignaciones, y la más humillante para muchos que preferían algo más de acción, pero necesaria si no querían un buen día despertar sitiados. Sin embargo, el motivo de su visita distaba mucho de la duda sobre la eficiencia del vigía, o sus ocupaciones, vicios y pasatiempos. Desde la comodidad de su sillón rojo, el otro ninja lo sospechaba entrecerrando los ojos a la vez que daba una honda calada a su cigarro. Mirando por la ventana, el interrogador tan solo distinguía por el reflejo del cristal la silueta del nudista compañero.
— ¿Era un ninja? — le pregunto tomando evidente interés pues su estado de ebriedad parecía haberse suprimido de alguna manera para captar el hilo de la conversación.
—Tal vez usó un jutsu de camuflaje para acercarse sin ser visto o detectado de algún modo.
— ¿De verdad era viejo? Porque si lo era, vaya que no perdió el tiempo y pulió muy bien sus habilidades al punto de ciegamente creer que podía entrar por ese lado de la muralla sin que nadie lo notara, o padecía demencia senil y no sabía lo que hacía. Aunque… ¿Sabe? Mi trabajo es ridículamente sencillo, desde la torreta donde dejo el equipo, a la derecha, a unos quinientos metros están los prados Inuzuka con toda la jauría que entrenan, y setecientos a la izquierda, los Aburame que casualmente también se especializan en detección. Aun considerando que burlara mis rondines, tendría que burlar a esos dos clanes también. La rubia dijo que lo encontraron a kilómetro y medio de distancia desde la muralla, ese sigue siendo territorio nuestro, por fuerza tuvo que activar alguno de mis sellos y ninguno ha sido siquiera anulado, los revisé el lunes.
—Tiene mucha fe en su trabajo.
—De eso me gano la vida. — respondió encogiéndose de hombros y regresando a la actitud desfachatada con la que lo había recibido.
—Hipotéticamente hablando… ya que los sellos para detección se activan con el chakra que emanan…
—Los míos no. — volvió a interrumpir sonriendo con un gesto único de orgullo —Los míos son especiales. Los sellos que se activan con chakra extraño son una lata, porque cualquiera los puede evadir simplemente bajando sus niveles de chakra y podría caminar tranquilamente al lado sin ningún problema, además los odiosos mocosos de la academia los usan para probar que "ya pueden hacer sentir su chakra". — explicó diciendo lo último con cierto desprecio a los retoños de la hoja que explicaba su evidente soltería.
—Pero si le digo cómo los hago perderé la patente y mis regalías por los que tengo que hacer para los otros puntos.
—Eso no explica cómo es que dos ninjas pudieron colarse en la villa para hacer tantos desmanes…— dijo el capitán haciendo referencia a la agónica experiencia ocurrida pocas semanas atrás, en que se hizo una jornada maratónica para dar con dos infiltrados, cuatro si se contaba a los ANBU mono y tigre, pero pudiera ser que ellos estaban adentro desde el principio.
—Ah…
Ibiki, sin girarse, de espaldas a él, fue capaz de proyectar la sombría mirada con la revelación que había ido a buscar, una vez que se encontraba el punto ciego de un vigía, podría seguirse el camino trazado por mucho tiempo más antes de que alguien de logística notara el hecho.
—Mierda…— masculló el otro escupiendo la cerveza que se había bebido al tiempo en saltaba para correr a un cuarto posterior de donde segundos después salía completamente vestido, aunque sin afeitar y un inútil su esfuerzo por echar el cabello hacia atrás, solo el Hitai-ate sometía el remolino rebelde que crecía del lado derecho de su cabeza.
El capitán sonrió de medio lado, complacido por la actitud del hombre, en definitiva, aquél no era un imbécil. Ya había pillado la idea de que no se trataba de una misión tonta solo con la comparación del percance pasado.
—No se siguieron las averiguaciones sobre los intrusos, el último reporte que se nos dio es que fueron inutilizados, los dos por Kakashi Hatake, y se dio por sentado que ya se sabía cómo entraron. No me mandaron nada los de logística, así que asumí que por aquí no fue su intromisión, y no cambie nada en el proceso de marcado. — se excusó abriendo la puerta mientras empezaba a correr, seguido de cerca por el otro que no pronunciaba palabra.
—Mandan primero a la invocación porque ellas no activan mis sellos, inutilizan a los guardias y se cuelan por los puntos débiles, incluso pudieron haber usado la puerta. ¡Serán imbéciles! Les dije que había que poner más sellos para cerrar brechas. — murmuró molesto, tambaleándose en el último salto que había dado para alcanzar la discreta torreta que representaba simbólicamente su oficina de trabajo, pero que cumplía perfectamente su objetivo de construcción permitiéndole una clara y amplia panorámica del bosque por un lado, y la villa por otro. Recargándose en el marco de la ventana carente de cristal, inspeccionó con la vista la parte exterior.
—Vete a dar una vuelta, Kobame-san. — dijo a un sorprendido ninja que abría la boca para objetar algo pero que, sin embargo, terminó por no decirlo y obediente dejó a su titular junto con el Capitán Morino en la obviamente requerida privacidad, después de todo, solo era un suplente en turno.
— ¿Allá lo encontraron? — preguntó señalando una poco prominente elevación montañosa que se distinguía apenas por encima de un grupo de árboles.
—Sí.
—Bien.
Sacó un pergamino del chaleco, mismo que desplegó en el suelo y al activarlo con unos sellos y un poco se sangre, reveló un detallado mapa cartográfico donde con motas rojas se imprimían los puntos donde había escondido los sellos. Ibiki arqueó una ceja, el lugar dejaba nulos espacios grandes y la distribución le pareció un tanto exagerada. Pero que, al menos confirmaba las palabras seguras del ninja, por ahí nadie entraba sin que se diera cuenta. Momentos después volvió a hacer otros sellos, enseguida, un perfectamente marcado camino azul empezó a dibujarse, a su paso, las manchas rojas se apagaban convirtiéndose en puntos marrones que poco a poco perdían nitidez tornándose del tono del papel.
—Ese camino lo abrí hace unos meses, Shizune-san dijo que necesitábamos una ruta para las chicas que trabajan en la tienda de herbolaria y especias, muchas cosas que necesitan son plantas silvestres que no se pueden tener en invernadero, o algo así, y Tsunade-sama decidió que costear guardaespaldas no era viable si debían salir todas las mañanas desde las cinco hasta las nueve treinta.
"Hizo esto con tal de evadir la ley de seguridad pública, que la obliga a no cobrar los trabajos de protección dentro de los territorios de Konoha" pensó el capitán son sorna.
—Las chicas saben que no deben pasarse de los territorios que les marqué o podrían activar algo, dudo que estén en conocimiento que solo es una alarma que me llegará a mí, seguramente creen que el terreno está minado… pero están completamente convencidas de que tampoco alguien puede llegar y sorprenderlas. Desgraciadamente alguna le pasó el dato a su novio y el sitio se ha convertido en un paraíso del sexo al aire libre fuera del horario de las excursionistas. — agregó desviándose del tema, detalle del que Ibiki ya se había percatado como recurrente en su conversación. Aunque enseguida lo retomó con fluidez envidiable para alguien que ya había terminado quien sabe cuántas latas de cerveza, pues en los pocos momentos que estuvieron en la sala de la casa, Ibiki había contado solo veinticinco vacías y dispersas.
—Como ve, el camino rodea esa montaña porque en la cima crecen las candileras. El viejo pudo incluso acampar ahí y nadie lo habría notado, salvo ellas, pero me habrían dicho algo, no es que sea normal ver a alguien desconocido ahí.
— ¿Por qué no le dijo a los chicos?
— ¡Por favor! Tres Genin obviamente novatos llaman la puerta de mi casa en mi día de descanso para decirme que trabajan en una investigación para ANBU sobre un anciano muerto ¿Les debo creer? Los Genin dicen muchas cosas para impresionar, si los deje ver mi bitácora es porque cualquiera puede verla, son documentos públicos, pero no les tome en serio en ningún momento, salvo cuando la rubia amenazó con castrarme si no me ponía un pantalón mientras ellos estuvieran ahí, eso sí lo creí.
—Con lo que me acaba de enseñar, Kubayama-san, solo se me ocurre la teoría de que nuestro cadáver, salió de Konoha, lo que es imposible porque no tenemos registro de él en el conteo de adultos mayores.
El ninja señalo entonces hacia arriba. Cualquiera instintivamente había mirado al techo, pero el capitán no era de los que miraban el dedo cuando se señalaba el cielo.
—Ningún sello hasta ahora ha podido tener tanto alcance como para prevenir objetos sobrevolando. Volvieron a usar una invocación para burlar mis marcas. — dijo.
.
—No tengo todo el día, empieza a hablar. — exigió Ino señalando enérgicamente con el dedo índice. La chica a quien apuntaba se encontraba literalmente temblando, intimidada por la presencia de la agresiva kunoichi que, sin absolutamente ningún miramiento o consideración, entró a la tienda preguntando a gritos si la noche que pasó con su novio a las afueras de Konoha, había notado algo extraño.
Con la vergüenza a la altura de sus mejillas jugaba nerviosamente con los dedos. Sus compañeras rieron un poco y enseguida siguieron atendiendo a los clientes quienes aparentemente no se molestaban en poner más atención que en quién era para divulgar posteriormente la noticia.
—Tero-kun y yo… ¡No hicimos nada! — exclamó con los ojos a punto de desbordar lágrimas —Salimos esa noche pero, una tormenta nos hizo regresar antes de siquiera llegar a la puerta…—siguió mientras la rubia se llevaba una mano a la frente con evidente decepción.
— ¡No nos sirve! ¡Entonces tú! — continuó acusando esta vez a otra dependienta que se sobresaltó enseguida —Sabemos que haces excursiones extras para conseguir hierbas personales…
.
—Ya tenía mucho tiempo que no me ponía este uniforme. — decía Kotetsu a su compañero acomodando la solapa de la casaca gris de examinador que había sacado del armario en cuanto le llegó la notificación de reunirse con el Capitán Morino.
—Bastante, de hecho la última vez fue en el examen a Chūnin del año pasado. — completó su compañero levantando la vista a la torreta de vigilancia a la que se dirigían.
La torre, de unos ocho metros, no tenía puertas ni escaleras de manera que los niños no pudieran subirlas, así que debieron caminar por el muro para llegar a la ventana, como aún estaban a unos minutos de su reunión, no se precipitaron para entrar, sin embargo, apenas sus cabezas aparecieron en el marco de visión, Ibiki saltó hacia afuera precipitándose rápidamente contra el piso.
—Eh… creo que van a tener que correr. — dijo el vigilante rascándose la cabeza y señalando el camino por el que momentos antes, el ANBU había salido.
Rápidamente la pareja saltó hacia atrás y emprendió el camino, no tardando en alcanzar al hombre de notable altura.
— ¿Qué sucede? — se animo a preguntar Kotetsu con el tomo más serio y solemne que pudo emitir.
—Tenemos que revisar algunos papeles.
Izumo entrecerró los ojos con los ánimos abatidos, si bien en realidad no se había hecho muchas ilusiones respecto al tipo de situación que debían atender luego de haber sido temporalmente reemplazados en sus deberes de la puerta y mensajería. Muy al contrario de su compañero a quien sí había afectado la insinuación de trabajo en archivo.
—Solo por curiosidad ¿Pidió a Shizune-san especialistas en documentación?
El silencio otorgó la razón a su sospecha.
—Buscamos los antecedentes de un hombre llamado Jurō Jibe, es un nombre de protección, así que hay que localizar su nombre verdadero y todo lo que tengamos de él.
— ¿Alguna aproximación sobre el año de retiro?
—Debió dejar el servicio hace treinta o cuarenta años.
Kotetsu se detuvo abruptamente, Ibiki miró de reojo frunciendo el ceño.
—Ignórelo Capitán, por favor. — se excusó Izumo avergonzado por la dramatización de su compañero —Es solo que hasta hace veinte años, los expedientes se cifraban distinto. Nos va a tomar un rato saber de habla cualquier hoja.
—Pues tendrán que trabajar duro, tenemos solo doce horas y ocho minutos. Si sabemos quién es este hombre, sabremos qué hacía aquí.
Nuevamente el silencio reinó y en esa ocasión se prolongó hasta que llegaron a la bodega donde se almacenaban los archivos. De pie, en la puerta de entrada, se encontraba una mujer ANBU esperándoles con un informe en manos, o al menos esa era la impresión que daba el folder sobre el que paseaba los dedos haciendo ruido con las uñas.
— ¿Ya te regresaron al servicio?
La mujer negó sin decir palabra al tiempo en que los invitaba a pasar.
—Shizune-san me pidió como favor entregarles los dictámenes para facilitar la búsqueda del expediente. — señaló extendiéndoles a cada uno, una copia del compendio de veintidós hojas mecanografiadas para evitar dificultades de lectura por la inevitable "letra de médico" con que cada miembro del equipo realizó sus observaciones de la necropsia.
Se había detallado cada parte del cuerpo haciendo énfasis en las cicatrices para que se pudiera hacer una comparación con las misiones, las prendas y artefactos personales dentro de los que solo destacaba un único cuchillo de hoja curva en acero al carbón, con mango recubierto de cuero y cobre. Treinta centímetros en total con doscientos cuarenta gramos de peso. Bien cuidado pero evidentemente modelo antiguo de manufactura rudimentaria, lo que situaba el periodo de servicio entre cuarenta y cuatro, y cincuenta años atrás, que era el tiempo en que se expidieron los lotes del arma.
—Aquí, a Konoha, llegó un solo lote de estas armas con quinientas piezas, ya revisé y tengo localizados trescientos noventa y dos. A menos que lo haya comprado en el extranjero, solo hay que buscar ciento ocho. — reporto enseguida tendiendo otra hoja donde en sus anotaciones personales había colocado los nombres y direcciones de los propietarios de quienes hablaba. Ibiki asintió tomando el reporte, perfectamente consciente de que Shizune tampoco estaba dispuesta a mantener el secreto, solo que ella lo hacía a propósito, en una muy evidente venganza por haber terminado arrastrados hasta ese punto. O bien, Ino ya había soltado mucha información y Yūgao se enteró al correr de los rumores, y como era una mujer terriblemente astuta, había armado lo demás por su cuenta, claro, Shizune seguía como nota al margen al haberle dado los reportes.
Mientras tanto, los dos Chūnin que venían detrás, intercambiaban miradas anonadados por la cantidad tan exagerada de información que la chica debió revisar y además, tener tiempo de redactarlo. Sintiéndose retados en su área de especialidad, hicieron tronar el cuello y nudillos preparándose para empezar la búsqueda.
Había en total doce mil quinientos veinte ninjas registrados con cédula, afortunadamente los podían descartar porque el hombre fallecido pertenecía a una generación en que no se usaba el registro. Sin embargo, desde la fundación de la villa, habían prestado servicio al menos otros cuatro mil shinobi, de los cuales, únicamente podían descartar con seguridad el dos punto ocho por ciento, que era población femenina.
El ruido de las hojas al moverse rápidamente y ser descartadas si contaban con la cédula impresa en rojo por la esquina superior derecha, fue lo único que se escuchaba en el eco abrumador de la bodega, en ratos el silbido o tarareo intermitente de Kotetsu, y algún estornudo de Izumo que aún no desarrollaba del todo la inmunidad al polvo, necesidad propia de su cargo.
.
—Ino, creo que no estás llevando las cosas por dónde se debe.— decía Shikamaru sin tener siquiera la intención o el interés por evitar que su compañera de equipo dejara de agitar violentamente a un repartidor de diarios.
— ¡Sexo al aire libre no es romántico! ¡Es una prueba irrefutable de que no tienes dinero para hacer las cosas apropiadamente!
—Ino, creo que ya se desmayó. — observó Chōji vaciándose directamente de la bolsa a la boca, las migas de papas fritas para, enseguida, en un rápido movimiento, convertirla en una pequeña bola que iría a parar a un bote de basura no muy lejos de ahí en un lanzamiento perfecto. Inmediatamente un caramelo fue a su boca.
— ¡Estos idiotas patanes de hoy en día!
—No somos inspectores de moral, quiero recordarte que estamos buscando otra cosa…
— ¿Y en dónde se metió ese gorila malgeniado? — preguntó refiriéndose al Capitán del que no habían tenido noticias desde que los había abandonado cerca de las tres y media de la tarde.
—Vamos a comer algo y luego seguimos.
Los ojos fulminantes de la rubia acallaron la idea, enseguida Chōji sacó una bolsa de papel que tenía algunos panecillos que por la mañana su mamá había preparado. Sin embargo, y para causarle un escalofrío, la rubia retiró el odio que lo había amenazado como cuchillo en la garganta.
—Tienes una hora, nos veremos aquí, Shika y yo seguiremos con las otras dos personas que nos faltan.
— ¿Puedo quedarme yo también? — preguntó Shikamaru recibiendo una mirada peor que la que momentos antes fuera dirigida a su amigo.
—Ya entendí, no.
—Tal vez pueda ir con ustedes…
—Ve y come, porque no dormimos hoy. — volvió a decir jalando a Shikamaru por la camisa tal como era su costumbre. Finalmente, sin poder, o querer realmente, objetar el inusitado ofrecimiento, el joven Akimichi se encogió de hombros, dedicó un gesto lastimero a su amigo que debía lidiar con una mujer herida en el orgullo, giró sobre sus talones y emprendió la marcha a su casa que no estaba lejos.
— ¿Quién sigue?
—Sizawa Akihisa.— y con el nombre Shikamaru le dedicó a ese pobre desafortunado una sincera condolencia, para enseguida indicarle la dirección que debían seguir para llegar a su domicilio.
A medida que dejaban el bullicioso centro de la aldea la vegetación descuidada parecía querer borrar todo rastro del camino que alguna vez hubo en aquel lugar, Ino monologaba sobre las personas que habían visitado a lo largo del día, la variedad de personalidades y circunstancias seguían sin encajar completamente en la presencia de aquel pobre anciano olvidado en la cueva. La bitácora que había leído del centinela no ayudaba mucho tampoco, únicamente incluía lo clásico; condiciones climáticas, registro de paseantes con hora exacta… Tal vez lo único raro era que el ninja sabía que varias parejas copulaban en el bosque y no había hecho más que una vaga referencia. Ella tenía entendido que aquello era una falta a la moral o algo parecido, pero el argumento del vigilante era que lo sería si alguien los hubiera visto, y él ni siquiera se había tomado la molestia de girar los ojos cuando los escuchó. De ahí, la rubia había seguido una serie de improperios que expresaban la completa frustración que sentía con el tipo que los había recibido completamente desnudo y sin ganas de cubrir un poco su estado, como si se encontraran en la más normal de las situaciones, chilló furiosa porque era la primera vez que veía un miembro viril fuera de los esquemas de anatomía y no era precisamente el de él, el que quería ver…
Shikamaru solo rodaba los ojos bufando, asintiendo o negando de vez en cuando, hacía mucho tiempo que había empezado a hacer eso en lugar simplemente quedarse callado solo porque aquellos gestos le dejaban en claro a la chica que la estaba escuchando. Si bien, aunque no los hiciera era imposible no oírla, para ella la respuesta aunque fuera automática, era algo realmente importante en su proceso comunicativo, y por el bien de su integridad física, el esfuerzo valía la pena.
La única prueba de que alguien realmente vivía en ese rumbo era que el camino no había desaparecido completamente, aunque las brechas entre árboles, maleza y hierbas eran cada vez más cerradas, existía aún el desgaste propio que generaba alguien siguiendo el mismo trayecto todos los días. En algún momento pasaron junto a una serie de figurillas de piedra completamente enmohecidas, bien podían haber sido representaciones humanas pero no estaba del todo seguro, casi no se les distinguía entre la hojarasca que las recubría. Solo a una le pudo leer una inscripción a los pies, entre letras faltantes y desvanecidas, los signos decían "El sabio no entra a la cueva del dragón".
—En general nadie con un poco de sentido común entra a la cueva de un dragón. — dijo en voz alta haciendo que Ino se quedara callada preguntándole a qué venía eso. Él se encogió de hombros, realmente no tenía idea.
La casa finalmente apareció frente a sus ojos tras lidiar con las ramas de un sauce. A diferencia del resto del paisaje, hasta podría decirse que era acogedora. Paredes blancas, techo rojo, un corredor de cerezos y un estanque al frente. Ino se retiraba las ramitas del cabello, sacó después una pequeña botella plástica de crema corporal y repasó las partes que se habían arañado en el trayecto disimulando así los roces que en un rato se volverían rojos. Aunque no sangrara, su piel era muy delicada y no le apetecía pasearse toda arañada. Él por su parte, solo bostezó ampliamente, la tarde empezaba a caer tornado de color rojizo el paisaje, incitándolo a tomar una siesta en aquél pasto tan bien cuidado…
Ino soltó un grito, pero realmente estaba agradecida de que Shikamaru la hubiera apartado del trayecto de un árbol que de repente se había venido abajo con un estrepitoso crujido.
— ¡¿Qué demonios fue eso?! — chilló mirando el sitio donde pudo haber quedado aplastada.
—Que problemático…
La chica volvió a gritar, otro árbol se había arrojado contra ellos, y enseguida uno más, y otro, luego fueron rocas.
—Ya decía yo que esto iba mal. — comentó Shikamaru en cuanto pudieron encontrar una losa de roca que les sirviera de escudo contra el repentino ataque.
—Shika…ma…ru…— la voz temblorosa de su compañera a punto de romper en llanto bajó los ánimos que le quedaban girando la vista lentamente…
—Mierda.
Y todo se volvió oscuro para ellos.
Comentarios y aclaraciones:
En el siguiente capítulo regresamos al terror, les quedan como diez horas para resolver todo antes de que Tsunade se entere y los destroce…
¡Gracias por leer!
