Provecto
Tercera Parte
Abrió los ojos luego de escuchar que lo llamaban insistentemente con un tono de voz bajo, se sentía cansado y la cabeza le dolía mucho. Por su cuenta habría salido bien librado del asunto, pero al querer cuidar de Ino, todo se entorpeció, y en batallas cuerpo a cuerpo tenía todas las de perder. Quedar inconsciente no le costó mucho trabajo, y tal vez despertar no sería tan complicado, si de verdad no le doliera tanto.
—Shika…
La voz aguda de Ino lo empezó a sacar de la bruma que lo tenía flotando, aunque a medida que reaccionaba se percató de que la sensación era debido a que su cuerpo permanecía colgado de cabeza.
—Shika… ¡Shikamaru! ¡Ya despertaste! — casi enseguida se llevó las manos a la boca para callarse ella misma.
Finalmente el joven decidió ceder mirando de reojo a su compañera que se encontraba en la misma situación incómoda; sus piernas parecían enteramente absorbidas por estalactitas muy lejos del suelo, varios metros sobre sus cabezas, o bajo ellas, según se mirara, encerrándolos en algo como una prisión de barrotes minerales.
— ¿Por qué no te has bajado? — preguntó con desgano moviendo los músculos doloridos de sus brazos que habían estado colgados y balanceándose.
—No puedo.
—El plan de esperar el rescate es mío. — dijo frotándose los ojos —Chōji no tardará en darse cuenta. — aseguró cerrando los ojos nuevamente. Si tan solo estuviera en otra posición, todo sería infinitamente mejor.
— ¡No bromees! ¡Tenemos que salir! — chillo ella ahogando sus palabras cuando el eco de otra presencia irrumpió en el lugar, que ya era muy evidentemente, una gruta.
—No hagas escándalo.
—Shika… mira abajo. — le suplicó con la voz quebrada.
Renuentemente lo hizo, distinguiendo junto a las llamas de la fogata los restos de un cuerpo a medio… ¿Comer?
Arqueó una ceja estirando más el cuello para encontrarle la forma que ya presentía.
—Es lo que queda de Sizawa Akihisa. — sollozó la rubia mientras aquél ser que recién llegaba se acercaba más.
— ¿Cómo lo sabes?
—Le dijo: "No eres tan dura después de todo, Sizawa-chan"
Shikamaru abrió mucho los ojos, quedarse y esperar el rescate ya no era un buen plan.
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—Creo… creo que ya lo tengo. — expresó Kotetsu con tanto orgullo que su tartamudeo fue de auténtica felicidad, solo habían pasado seis horas desde que iniciaron la búsqueda rompiendo tiempo récord para algo que les prometía más del límite de doce que tenían originalmente.
Ibiki le arrebató el papel leyéndolo con dificultad por el cifrado, pero a grandes rasgos, en el grueso volumen pudo distinguir aquello que hacía único al hombre en la mesa exploratoria de Shizune. Tan solo en la última hoja, el reporte médico que se entregaba luego de haber sido rescatado tras un mes de tortura enemiga, indicaba la pérdida del brazo izquierdo hasta la altura del codo, cirugía en la muñeca y falanges derechas, retina del ojo izquierdo insalvable, seis costillas rotas, dos discos cervicales dañados pero tratables y alerones anatómicos de la rótula derecha fracturados.
—Y su nombre es…
— ¡Morino-taichō!
La voz de Chōji llamo la atención de todos los presentes que se giraron para verle entrar corriendo.
— ¡Morino-taichō! ¡Ino y Shikamaru! — gritó. El muchacho jadeaba, pero finalmente llegó hasta donde se encontraba el grupo de cuatro personas — ¡Me separé de ellos en la tarde! ¡Iban a visitar a alguien! ¡Cuando los fui a buscar no los encontré! ¡Pero la casa estaba destrozada y había sangre en todos lados! ¡Hay una sección entera del bosque interior completamente demolida!
Ibiki le miró seriamente tratando de ubicar el escenario y todas las posibilidades que implicaba lo que decía. El joven Akimichi tenía las mejillas enrojecidas, completamente sudado y le costaba trabajo llevar el ritmo de su respiración. Generalmente era alguien tranquilo, el punto medio entre Shikamaru e Ino, pero aquella preocupación era auténtica y para nada exagerada.
— ¿Has avisado a alguien más?
—A Shizune-san, ella me envío aquí.
— ¿Cuánto tiempo los buscaste?
—Cinco horas, las últimas dos le pedí ayuda al equipo de Kiba, ellos encontraron el rastro de sangre, era de Shikamaru, pero no pudimos saber a dónde fueron después.
Ibiki mascullo para sus adentros.
—Chōji, lleva esto a Shizune. — dijo entregándole el reporte que había quitado al otro ninja momentos antes.
El muchacho acepto, comprendiendo que no sería llevado a la búsqueda de sus compañeros y amigos.
—Sureste, finalizando la avenida de las armerías, hay un letrero viejo con un camino abandonado que dice "Paso del rey dragón" — informó para luego tomar la carpeta y volver a emprender la carrera.
— ¿Por qué será que las cosas sencillas se complican tanto? — se preguntó Kotetsu siendo el último en salir de la bodega para alcanzar a los otros que le habían dejado levemente atrás.
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Estaba claro que lo suyo no era cuidar de niños, realmente sentía cierta vergüenza profesional por no haber podido distinguir las evidentes diferencias entre los colegas con quienes usualmente trabajaba, y el grupo recién asignado. Ya no solo por aquello de haber revelado la información a quienes no tenían porqué saberlo, sino por haberse atrevido a dejarlos solos, que siguieran el curso de su propia investigación como mera pantalla de protocolo para llenar los papeles que a él le hacían falta.
Consideró seriamente la nota de amonestación para Asuma, quien muy al contrario suyo parecía criarlos y consentirlos como hijos, prueba de ello era la notoria necesidad de un vigilante tras sus pasos. No era correcto, Asuma no estaría toda la vida detrás, llegaba el momento en que los cesarían al ser Jōnin, si es que todos llegaban a serlo. Se especializarían en cosas diferentes, cada uno haría su vida, no podían depender tanto de su unidad. No era sano para un ninja, sobre todo porque algún día les tocaría una misión sin retorno…
Aunque por el momento, estaban directamente bajo su responsabilidad, y tenía que regresarlos vivos y en una pieza, después se preocuparía por obligarlos a ingresar a una nivelación.
—Allá ésta la entrada. — señaló Izumo innecesariamente.
Los cuatro se adentraron yendo a ras de suelo debido a que la tupida arbolada les alentaría el paso sobre las ramas.
— ¿No es la casa de Sizawa Akihisa? — preguntó Yūgao reconociendo muchas cosas de ese lugar que no visitaba desde que se graduó como Chūnin.
— ¿De quién? — Preguntó Kotetsu.
—Sizawa Akihisa, Tokubetsu Jōnin de infiltración. — aclaró Izumo apenado porque su compañero llegaba incluso a confundir a los honorables Shodaime y Nidaime Hokage.
—La gran maestra de combate a distancia, se retiró por problemas de salud…
—Psicosis, trastorno delirante, Sandaime Hokage decidió que era lo mejor retirarla, se volvió incapaz de convivir con otros, peor aún de instruir, hubo demasiados casos de violencia. — agregó Ibiki como dictamen.
—Oh. — fue todo lo que el ninja que había recibido la información pudo decir al respecto. Sintió pena por los muchachos, seguramente tomó su acercamiento como una amenaza y se fue contra ellos. Ya recordaba algo sobre esa mujer, en la última misión con compañeros, solo dos ANBU regresaron, uno sin ojos, el otro sin lengua… En realidad no habían regresado, hubo que mandar buscarlos cuando la vieron aparecer sola, ausente y sin mucha idea de lo ocurrido. Las misiones en solitario las descartaron, si no había quien la controlara, mejor que permaneciera medicada, en paz y calma por los años que le quedaran de vida.
Tal como Chōji lo había dicho, había mucha sangre, no solo se trataba de la impresión que pudo causarle a un novato, litros enteros estaban dispersos entre el césped, las paredes, el techo, troncos derribados en el suelo.
—Creo que están muertos. — aseguró Kotetsu tratando de calcular cuánto había, sabiendo perfectamente que con solo el quince por ciento fuera del cuerpo, ya había shock y muerte segura si no se detenía la hemorragia.
—Solo Shikamaru.
Kiba estaba a un lado, sentado sobre una roca, evidentemente esperándolos para dar su informe.
—Dos ciervos, tres perros, otra persona que no conozco y Shikamaru. No hay sangre de Ino, ya revisé.
— ¿Puedes distinguir a las personas por el olor de su sangre? — preguntó incrédulo Kotetsu.
— ¿Si? — respondió Kiba entre orgulloso y ofendido.
—No, no puede. — interrumpió Ibiki —Solo vio los cuerpos de los animales, y dedujo lo de Shikamaru por eso. — agrego señalando un lugar entre las rocas donde el chaleco del joven de quien hablaban, se encontraba destrozado y lleno de sangre.
— ¡Claro que puedo!
—La otra persona tiene que ser Sizawa, Ino no se pinta las uñas de azul, Shikamaru tampoco. — volvió a intervenir Ibiki señalando un brazo amputado, sucio y abandonado bajo los escalones de la casa al que le colgaban aún los restos desgarrados del músculo subescapular.
— ¿No puedes seguir el rastro?
Kiba, molesto, se puso de pie y caminó junto con Akamaru hasta la parte posterior de la casa siendo seguido por los otros.
—Aquí lo pierdo. — confesó señalando un agujero en el piso, tendría unos dos metros de profundidad, aunque en el fondo, la tierra removida hacia evidente que se uso algún tipo de técnica de tierra para deponerla.
—Akamaru y yo tratamos de reabrirlo, pero hay una losa bien sólida ahí en medio y quién sabe de qué tamaño.
Ibiki bajó junto con Yūgao, los otros esperaron pues no había espacio suficiente para todos. La mujer hizo algunos sellos y recargó las palmas sobre la tierra.
—Uno veinte de profundidad, seis diez de largo por cuatro nueve de ancho, es un yacimiento ígneo…
El más joven se mostró impresionado levantando las cejas e inclinándose para ver mejor.
—Búscalo en la biblioteca como sondeo geológico, hay varias formas. — indicó Izumo dándole una palmada para despedirlo, no había más que pudiera hacer, y de cualquier forma, el capitán no estaría muy de acuerdo en aumentar el número de novatos a su cargo. Tanto el perro como su dueño asintieron y se marcharon.
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— ¿Moriré aquí?
Ino había estado monologando para mantenerse despierta. La sangre en su cabeza le restaba los momentos lúcidos. Tal como lo había sospechado ella misma, su amigo le confirmo que sus piernas no estaban atrapadas en las rocas, sus piernas eran las rocas. Algún tipo de transformación había alterado la carne y hueso, si querían bajar, la única opción viable era terminar lisiados. Aunque de aceptar y hacer aquello, debían enfrentarse a cómo salir de la jaula, cómo llegar afuera, cómo regresar a la villa pero sobre todo, cómo hacerlo sin que la criatura que los observaba sentado a unos metros, frustrara sus intentos.
—Shi…ka…ma…ru
Él ya no podía mover los dedos, se hallaba entumido casi totalmente y muy seguramente sería el primero en volver a quedarse inconsciente. Hizo algunos cálculos, la herida de su espalda era profunda. Apenas despertó, saco de su pantalón un cauterizador que se puso a discreción para no alterar a Ino con aquello de que estaba herido y ya había perdido bastante sangre.
—No quiero morir aquí…
Había dejado de llorar hacía rato, su captor ni siquiera había tratado de acercarse, únicamente los miraba, parecía entretenerse con las sombras danzantes que creaba la fogata con sus vivaces llamas y el crepitar de la leña era lo único que amenizaba la estadía de sus prisioneros.
—No entiendo…
Shikamaru con los ojos entrecerrados, fingiéndose dormido, analizaba a su captor ¿Qué era? Una persona definitivamente, aunque bruta, la existencia de una organización existía, además estaba el detalle de la técnica que los mantenía cautivos.
Llevaba encima una piel, la forma aun le era difusa. Un animal sin osamentas ¿Un oso? ¿Un lobo?
No, no había lobos en Konoha ¿Sería alguien encubierto de otra aldea? La vida de vigía invisible causaba ciertos estragos en la psique humana, sobre todo si se iba en solitario, que acabara volviéndose loco por su aislamiento, era una opción.
Definitivamente serían devorados, era un hecho al que negarse era ridículo. La que parecía haber sido mujer, y que en pedazos descansaba a un lado de aquél extraño personaje, era prueba de ello. Él no le había visto, pero Ino estaba lo suficientemente segura como para creer en esa tendencia caníbal.
—Será cuando tenga hambre, entonces moriré…
Tragar saliva era imposible, los coágulos de sangre se le estaban amontonando en la boca que era a donde los dirigía con esfuerzo para no asfixiarse cuando estos siguieran el trayecto de la gravedad. La herida le dolía, ya no sangraba pero le dolía, los brazos inútiles dejaban su peso muerto a las pocas zonas aún con sensibilidad que le quedaban.
Abrió los ojos de golpe al percatarse de algo que antes había ignorado, con la máscara zoomorfa que lo cubría había evadido ese detalle durante su examinación.
—Ino…— llamo con la voz pastosa.
—Shikamaru…
—Ino, está dormido. — agregó bajando la voz todo lo que pudo, de manera que el eco no fuera legible más que como un murmullo que bien podía confundirse con el viento.
— ¿Cómo vamos a bajar? Yo quiero mis piernas…
—Escúchame, tienes que hacer lo que te digo…
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Con poderosos gritos de guerra Kotetsu volvió a impactar su invocación cerrada contra una nueva losa que se interponía en su camino. La ostra apenas emitía un silbido rompiendo el viento cuando la agitaban, y haciendo gala de su dureza vencía con facilidad los obstáculos rocosos. Una vez hecha pedazos esa pieza rígida, Yūgao levantaba los escombros y la tierra floja con otra técnica, hasta que apareciera una nueva losa.
— ¿Qué tan profundo estará?
—Solo unos quince metros, hay una bóveda debajo. — aseguró la única mujer presente haciéndose a un lado para que Kotetsu golpeara de nuevo. El ninja, sin embargo, les pidió que se apartaran más. Tomó por la cadena su arma, la hizo girar sobre su cabeza para darle un impulso más poderoso y saltando la arrojó desde arriba logrando un impacto tan grande que el trayecto que faltaba para alcanzar la bóveda se desvaneció en un derrumbe que arrastro dentro a todos.
Nadie le reprocho la forma tan bruta de terminar, y saltando sobre las piedras que también iban en picada, llegaron al fondo sin mayor problema. Aunque el escenario no era lo más tranquilizante.
—Hay que separarnos, entraremos a todos los túneles. — indicó el capitán sin tiempo para exclamaciones ni lamentaciones o quejidos por lo que implicaran los múltiples caminos que se bifurcaban en esa zona. Todos hicieron clones de sombra y cada uno tomó una de las entradas empezando a recorrerlas a gran velocidad sin perder el cuidado para no tropezar por la oscuridad reinante.
En algún momento de su trayecto, Ibiki consideró seriamente el estado en que encontraría a la joven Genin y al Chūnin, si Kiba estaba en lo cierto, si de verdad podía distinguir y especificar el olor de las sangres, estaban completamente perdidos, Ino no tenía posibilidad alguna de salir airosa de aquello por sus propios medios.
Un cosquilleo en la nuca calva le resulto fastidioso, sabía lo que era eso, preocupación.
No debió llamarlos a ellos, no debió dejarlos solos, no debió fingir que el nombre de Sizawa en la bitácora del vigilante no significaba nada. Cuando menos debió advertirles sobre la mujer y los motivos de que viviera tan apartada del resto, realmente no era coherente pensar que el colapso mental de una kunoichi tan admirada seria tema de conversación en la cena familiar.
Gruñó su molestia, su irritación y su impotencia.
Como Yamanaka, Ino debería ser capaz de llegar a ANBU en unos pocos años de protocolo.
Como Nara, Shikamaru estaba en las filas de espera para general o consultor.
Como Akimichi, a Chōji se le aseguraba futuro como guardaespaldas.
Pero el apellido no hace a la persona, eso lo sabía perfectamente y cayó en el fatal error de confiar en su talento legado.
Ino no era Inoichi.
Shikamaru no era Shikaku.
Chōji no era Chōza.
Aunque se parecieran no podían ser copias de sus padres, al menos no tan pronto, sería tal vez hasta dentro de muchos años cuando la lenta experiencia de una vida sin guerras que a su generación les tocó, forjara sus caracteres y habilidades.
El compromiso de regresarlos se hizo más latente, como una urgencia de la filosofía de Konoha y el anterior maestro Hokage a quien respetaba y apoyaba aún tras su muerte.
Todo estaba oscuro, pero había alguien al frente…
Comentarios y aclaraciones:
No sé porque, pero me da gracia escribir a Ibiki preocupado por dos mocosos, aunque técnicamente, por su culpa acabaron ahí.
Sí lo sé, es un hombre rudo, pero vamos, ni siquiera él está de acuerdo con la idea de que las vidas de ninjas no valen nada.
¡Gracias por leer!
