Provecto
Cuarta Parte
Al momento en que su ostra debió impactar y hacer saltar en pedazos al sujeto que se le apareció enfrente, descubrió con pesar que no era más que la sombra de una estalactita. Masculló una maldición, parpadeó para tratar de habituarse a la oscuridad, pero él no era criatura nocturna y aunque a veces le tocara trabajar en el almacén peor iluminado, simplemente eso de estar quien sabe cuántos metros bajo tierra en la casa de un topo gigante no era algo que le resultara cotidiano.
Dejó de correr tras dos tropiezos que casi le hicieron caer, si bien no lo consiguieron, sí se había hecho daño en un dedo del pie y en esos momentos estaba ya tan irritado como cuando le pasaba en las mañanas al golpearse con la pata de la mesa de noche y además saber que se había levantado media hora tarde.
Quiso ponerse serio, pero le estaba costando, sobre todo si ponía en perspectiva todo lo ocurrido. Aunque sonara cruel para los desafortunados Genin, era una completa incoherencia que nadie en Konoha, ni un ninja de rastreo, había podido notar que la aldea estaba construida sobre un queso, o en su defecto ¿Cómo nadie va a notar el movimiento para hacer esos túneles? ¡¿Y dónde demonios estaba la tierra que debieron quitar?! Porque hasta donde él sabía, las cosas simplemente no podían desaparecer, solo se iban a otro lugar.
La ostra emitió un gruñido como de alerta, o incomodidad, según se viera, estaba tan ciega como él, el aire era poco, olía a podrido, había humedad y aparentemente no había nadie a quien aplastarle la cabeza para desquitar la frustración.
Escuchó el eco de las piedras al caer en una especie de derrumbe a micro escala, justo del lado derecho. Arrojó la maza.
— ¡Cómo seré idiota!
Debió correr para no quedar sepultado tras el colapso del túnel que él mismo había causado, y con una risa burlona la ostra se lo restregaba.
— ¡¿Qué?! La última vez que te invoqué ¡Ya ni me acuerdo cuando fue!
Pero para la criatura no había excusa, era tan divertido ese muchacho. Para no hacerle sentir peor volvió a gruñir desde el interior de su concha que había cerrado alcanzando a desgarrar un trozo de tela peluda, tal vez piel de alguna bestia, que le daría una pista sobre el habitante del laberinto subterráneo.
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Yūgao levantó la vista sintiendo el estremecimiento de la tierra. Kotetsu estaba peleando desde hacía un rato pero no se había reportado con el comunicador diciendo que había encontrado a los chicos, que eran la prioridad de la misión. Ni tampoco solicitado refuerzos, él no era un ninja testarudo, conocía sus límites y sabía cuándo comprometía la situación si no pedía ayuda.
Sondeó las corrientes de chakra cercanas, fuera de él, todos tenían avances tranquilos, ninguno había hecho más señales de haber encontrado al causante y ninguno de los clones se había deshecho, al menos no los suyos. Siguió su camino una vez que se aseguró de que no caería todo sobre ella.
Controló un escozor en las manos causado por los rezagos de las llagas causadas por la intoxicación de hacía unas semanas, en el canal auditivo izquierdo también le había salido una pústula, ahora solo quedaba la costra pero le dejaba muy torpe la audición de ese lado, por lo que estaba más alerta de lo que normalmente estaría en una situación de rescate por mucho que fuera inusual.
¿Otra infiltración enemiga? Al menos tenían la seguridad de que Kiba reportaría la incursión de un equipo en una gruta y no quedarían en el olvido si algo les pasaba.
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Kiba miraba fijamente el punto en el bosque donde debiera estar la gruta que descubrieron como vía de escape tras el secuestro de Shikamaru e Ino.
—Kiba-kun…
Hinata había hablado con hilo de voz, preocupada en extremo y había que considerar que no había tenido una visión clara del espectáculo de sangre porque Shino se había puesto al frente. Sin embargo, no era tan ingenua como para no comprender hasta cierto punto la gravedad del asunto.
— ¿De… de verdad crees que… que están… están…?
El chico se encogió de hombros.
—Lo más seguro es que no, Shikamaru es muy listo, algo se le ha de haber ocurrido, tal vez hasta está dormido tomando el sol en algún lado mientras todo mundo lo busca allá abajo.
Sonó bastante convincente hasta para él mismo y se asustó por ello, el olor a sangre aún le palpitaba en la nariz y la imagen del chaleco de Shikamaru destrozado sobre el suelo, no alentaba para sí mismo el optimismo que trataba de infundir a los demás.
—Tal vez deberíamos avisar a algún superior. — propuso Shino tras un rato de monótono silencio en aquella tarde en que no hacían algo en particular más allá de meditar sobre la inmensidad del bosque que rodeaba su villa, Kurenai era relajada en los horarios de entrenamiento y siempre les dejaba las tardes para "irse a tomar un helado" aunque por las mañanas no fuera tan condescendiente, tanto que ya se habían planteado la posibilidad de que hubiera sido compañera de equipo de Maito Gai.
—Tal vez. — secundó Kiba, pensando que al menos se podría mandar a un Jōnin a asegurarse de que los cuatro que entraron estaban bien y todo era únicamente una mala broma del ninja que Ino bateó por considerarlo demasiado viejo, aunque en eso la apoyaba, si él calculaba veinte años más, era por considerar que se veía conservado porque menos que eso no le veía.
—Decirle que antes muerta fue grosero. — susurró Kiba recordando esa noche en el Ichiraku.
—Tocarla inapropiadamente fue más. — secundó Shino adivinando de que iba su comentario.
—Shino, no hay manera "apropiada" de tocar el culo de una mujer.
— ¿Y que figuraba la otra persona? A la que le arrancaron el brazo.
—Envié unos insectos a revisar el depósito de cadáveres, para ver si no lo había tomado de ahí.
— ¿Y?
—No lo sé, no han vuelto.
Volvió a hacerse el silencio.
— ¿Hace cuánto los mandaste?
—Desde que encontramos el lugar.
— ¡Han pasado horas de eso!
—Lo sé.
— ¿Y no es eso extraño?
—Sí, lo es. Quizás los hayan exterminado. Hay algo en el depósito que no quieren que se descubra.
Kiba le miró extrañado.
—Tal vez murió alguien importante.
Hinata levantó los ojos luego de haber permanecido en silencio, mantenido el rostro entre los brazos, recargada sobre sus rodillas. Con las mejillas enrojecidas por la mala circulación de aire en el escondite para su cara y los ojos ligeramente cristalizados por un rastro de lágrimas que no quería sacar, alternó la mirada entre uno y otro de sus compañeros. Con la preocupación que la embargaba por no saber concretamente el destino de sus amigos se animó a externar una visión fatalista, que hasta cierto punto, era su especialidad.
— ¿Y si…? ¿Y si solo no quieren que nosotros sepamos quién es?
— ¿Te refieres a…? — preguntó Kiba.
—Si fuera alguien importante habrían llamado a los líderes de los clanes… al… al consejo y… se haría una junta de emergencia…— dijo alternando entre líneas contiguas y líneas dudosas, como si no le constara que así fuera en todos los casos —Y mi padre sigue aquí. — agregó mirando de soslayo el interior del gran conjunto de casas que era el barrio Hyūga.
Kiba se puso de pie abruptamente chocando su puño contra la palma de su mano.
— ¡Está decidido! — exclamó — ¡Vamos a ver quién es!
—Eres un impertinente. — murmuró Shino bajando de un salto el tejado, detrás de Kiba que se había lanzado en picada cayendo con las manos, y de ahí tomando impulso hasta los árboles para llegar al hospital.
Hinata hizo una mueca de angustia.
Y lo más increíble de todo, fue que bajó después de Shino.
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Ibiki acomodó el cuerpo inconsciente de Shikamaru sobre su hombro, un amplio espacio para una complexión delgada como la del muchacho, y con la mano libre detono unos sellos explosivos que había dejado caer. Ino, despierta aunque mareada, se aferraba a su espalda temiendo que en cualquier brusco movimiento la dejara caer. La explosión generada fue como un relámpago que hizo eco en todos los túneles alertando a los demás ninjas y sirvió también de señal para que los clones se deshicieran.
Yūgao sintió que era la más cercana, no podía encontrar el camino más rápido y optó por abrir su propia brecha, sus manos volaron a hacer sellos en cuanto dio con el camino que seguía su capitán, no veía con claridad pero adivinaba que aquello que los seguía no podía ser solo una sombra de roca. Un estampido ensordecedor rompió el silencio cavernoso por segunda ocasión, seguido por otro igualmente que pareció responderle con idéntica violencia, apenas le había dado tiempo a la kunoichi de hacer otro derrumbe para que sirviera de escudo.
El túnel a sus espaldas se iba cerrando rápidamente mediante rocas y tierra desprendida, podían sentir a Kotetsu sobre ellos haciendo el trabajo de bloqueo, sin embargo, al frente ocurrió algo extraño que no podían confirmar del todo debido a la casi impenetrable oscuridad, parecía contraerse sobre sí, pero no por derrumbe, como si deliberadamente se encogiera, como si empezara a curvarse en lugar de ir derecho que era la forma que el capitán aseguraba que tenía solo unos minutos antes cuando él mismo pasaba por ahí.
La realidad se tornó confusa.
— ¡Genjutsu!
La mujer hizo técnica de liberación pero el panorama no mejoraba, no había podido liberarlo ni cuando lo intento con dos juegos diferentes de sellos, el segundo más fuerte que el primero. Levantó el rostro al techo.
— ¡Hagane-san! ¡Subimos! — gritó. Pensó por unos instantes que no habría sido posible que le escuchara, no obstante la risa burlona de la ostra destrozando el techo unos metros al frente le contrario la idea, Ibiki usó el boquete para subir y le aventó a Ino que chilló al ser desprendida de su rescatista de tan brusca forma para ser cargada por el otro ninja.
— ¡¿Pero qué demonios le pasó a sus piernas?! — exclamó Kotetsu sintiendo perfectamente que de las rodillas para abajo había roca sólida.
—Hay que sacarlos de aquí.
— ¿Quién es el topo? — preguntó al ver que no se detenían, signo inequívoco de que los seguía, y por tanto, le parecía pertinente saber de qué cuidase.
El silencio del capitán no auguró nada bueno.
— ¿Aldea? ¿Número? ¿Afinidad de elemento?
—Uno, tierra, eso era ya obvio, pero parece no ser muy brillante solo absurdamente fuerte. — respondió Ibiki —Ino pudo tomar su mente sin ningún problema para que los bajara.
— ¡Hey! — se quejó la rubia — ¡No se necesita ser idiota para caer presa del Shintenshin no Jutsu!
—Reacciona bien a las técnicas y ataques directos, parece tener algún conocimiento en genjutsu como para controlar entornos.
— ¿Controlarlos? — preguntó Kotetsu.
—Sí, torció la percepción en la continuidad del túnel.
—No señor, de verdad se estaba moviendo el túnel.
Ibiki frunció el ceño ante la corrección, preocupado por lo que aquello podía significar, que iba hasta la opción de que jamás los dejaría salir.
— ¡Veo la bóveda por la que entramos! — exclamó Yūgao.
Los tres saltaron desde el final del túnel hasta el piso de la bóveda. En el centro se hallaba Izumo mirando hacia arriba donde debería haber un enorme boquete que era por donde entraron y, sin embargo, apenas llegaba a un tragaluz… que palpitaba.
—Ah, sí los encontraron. — dijo el Chūnin, regresando rápidamente a vista hacia arriba mientras el agujero se hacía más y más pequeño.
— ¿Qué demonios pasa ahí? — preguntó Kotetsu.
Izumo suspiró con resignación.
—Creo que… creo que lo sé aunque es, además de tétrico, asqueroso y mal agüero.
Ibiki lo miró cruzándose de brazos aún con Shikamaru encima suyo en calidad de bulto.
—Creo que es una lombriz. — sentenció con más seguridad que la afirmación que había hecho antes.
— ¿Una… lombriz? — preguntó aterrada Ino — ¡Pero tenía manos! ¡Y pelo! ¡Y hablaba! — estalló en gritos rememorando la imagen pero con más asco del inicial solo de pensarse en la mente de una flácida, asquerosa y vulgar lombriz.
—No quien te secuestró a ti y a Shikamaru, claro. Hablo de estos túneles. ¿No se han preguntado en dónde está la tierra que debieron quitar al hacer esto?
Kotetsu asintió, sabía que tenía razón. Simplemente no podía desaparecer.
Ino había sentido un escalofrío que transmitió al ninja que la llevaba en brazos.
— ¿Una… una… una lombriz?
— ¿Te dan miedo los bichos, Ino-chan? — preguntó Kotetsu con sorna. La chica abrió mucho la boca con dramática ofensa.
— ¡No me hables como si me conocieras de toda la vida! — exclamó refiriéndose a la confianza e informalidad — ¡Y no! ¡No me dan miedo los bichos! ¡Pero no sé si notaste el tamaño que deben de tener para hacer semejante agujero! ¡El capitán cabe parado!
Esa era una información puntual.
—Pero no explica lo del movimiento de túneles, nuestro sujeto no es muy brillante, y el trabajo para torcerlo sin derrumbarlo implicaría precisión en algún jutsu de tierra. — comentó Yūgao con una mano en el mentón.
— ¿¡Y no podemos discutir esto afuera?! — volvió a chillar Ino señalando la entrada que desaparecía.
—Esa es una buena opción. — completó Kotetsu.
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—Hay… hay seis afuera en guardia, y… tres adentro…— mustió Hinata —No… no está bien…— agregó pese a seguir con la guardia buscando un punto por el que pudieran pasar.
—Tiene razón, Kiba, no deberíamos siquiera pensar en intentarlo.
— ¡No sean antipáticos!
—Todos son ANBU. Escucha razones.
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Ino se llevó las manos a la boca para no gritar por el grosero modo en que Kotetsu se deshizo de ella arrojándola al medio del ruedo que formaron los demás ninjas cuando, antes de salir por el túnel que ellos mismos habían hecho, saltó sobre ellos la enorme criatura que los había mantenido presos colgando boca abajo. Justo su trasero había golpeado contra el duro suelo cuando el propio Kotetsu ya había invocado a la ostra arrojándola contra lo que fuera aquello.
Se escuchó un gruñido bestial, tenía que haberle roto algo pero conservaba las fuerzas suficientes para levantarse y volver a atacar. El Chūnin hizo girar la cadena para potencializar el próximo golpe, completamente seguro de que en ese nuevo intento sí lo derribaría completamente, sin embargo, antes de estar en un rango de alcance soltó un aullido largo y agudo, la tierra se estremeció con brusquedad.
—Aquí vienen. — susurró Yūgao desenvainando su ninjatō.
Un grito irrumpió el eco cavernoso tras el llamado animal, por uno de los túneles se escuchaba el ruido de un avance junto con un grito propiamente humano. Otra explosión y despedido por la abertura salió el cuerpo de un ninja que impactó violentamente contra el suelo no muy lejos de donde estaba el grupo, la distracción causada dio oportunidad a la criatura de lanzarse contra Kotetsu derribándolo en la embestida, obligándolo a soltar su invocación que desapareció cuando sobre ella cayó el cuerpo viscoso, despedazado, de lo que efectivamente era un tipo de lombriz gigante.
— ¿Quién es? — preguntó Ibiki aunque tenía una vaga idea de la identidad de aquél recién llegado, casi restándole importancia al combate que llevaba a cabo Kotetsu en un estilo meramente callejero, de cualquier forma Izumo había ido en su auxilio.
— ¿Capitán? ¡Soy Kubayama!
El guardia se incorporó pesadamente sujetándose la cabeza sin conseguir con ello que todo dejara de dar vueltas.
— ¿Qué haces aquí? — Volvió a preguntar Ibiki — ¿Y cómo entraste?
— ¿Eh? Ah bueno, como se fueron sin decirme nada, fui a la cueva a echar un vistazo más, seguía sin explicarme cómo pudo el viejo llegar sin que nadie lo notara, si usó una invocación aérea pudo usar la misma para escapar y no morirse ahí, entonces me adentré, el sitio se hace cada vez más estrecho pero pecho tierra se puede pasar, llegó un momento en que…
— ¡Ve al punto! — reclamó lanzando un kunai para que Kotetsu pudiera defenderse de las mordidas que le estaba dando su rival, no tenía tiempo ni mucho ánimo para escuchar la larguísima historia que seguro le iba a contar el ninja, llena de divagues y comentarios fuera de contexto.
—Vi que estaba así de angosto porque era un derrumbe, no había telarañas ni hongos ni moho ni…— Ibiki le dirigió una mirada severa perfectamente entendible aún en la oscuridad.
—Ya resumo. Empecé a retirar todo pensando que por abajo también pudo haber entrado, se abrió el boquete, baje y luego apareció esa cosa…— dijo señalando a la lombriz muerta —Me metió en eso que parece boca y me estuvo arrastrando por todos los túneles.
— ¿Puedes regresar?
—Sí, si claro… yo…— no tuvo tiempo de explicarse, le habían arrojado a Shikamaru, el bulto lo tomó por sorpresa y más aún cuando le arrojaron otro que había chillado demandando que no la dejaran con el pervertido.
—Sácalos de aquí, nosotros nos hacemos cargo de estos. — ordenó el capitán en cuanto al menos seis lombrices más se abrieron paso en la tierra.
— ¡Sí!
Comentarios y aclaraciones:
Blah no tienen idea del trauma que me causó esto, le tengo terror fobia y asco a los gusanos.
¡Gracias por leer!
