Apotropaico

Tercera parte

El picante olor del desinfectante se introdujo con una fuerza abrazadora que le llegó hasta el puente de la nariz y en igual medida a la garganta cuando abrió la boca al tener la sensación de ahogarse. Parpadeó varias veces, una silueta frente a ella cubría la luz blanca de las lámparas por lo que sus ojos se adaptaron rápidamente.

—Ha despertado, traigan al Capitán. — sentenció una mujer. Se trataba de una no tan joven enfermera de expresión dura y poderosa voz. Con cuidado fue dejada de nuevo sobre la camilla pero no se sintió con el valor suficiente como para preguntar qué había pasado.

"Te desmayaste al ver un cadáver" se le antojaba como la más pobre y humillante de las razones, sobre todo, siendo que no era el primero que veía. Arrugó las cejas varias veces, sentía la cara extrañamente entumida y una sensación de tener un cuchillo en la garganta.

La mujer tampoco ahondó en el asunto, se limitó a ordenar un poco las cosas que había sobre una mesa y que la chica alcanzo a identificar como su ropa. La puerta pronto se abrió y entró por ella el alto interrogador, como una sombra que se extendía por toda la pequeña habitación sembrando el pánico en la pequeña Genin.

— ¿Qué fue lo que pasó? — preguntó tajantemente ocasionando la partida inmediata de la enfermera.

—Yo…— sintió que sus labios temblaban mientras su mente insistía en lo absurdo de su reacción; —No lo sé…— empezó a decir ahogando la voz; —Había una mujer en la calle, le habían girado la cabeza… y sangre ¡Su departamento!

Ibiki frunció el ceño y la chica comprendió enseguida la interrogante no anunciada sobre lo que hacía ahí.

—Un… alguien, en el salón de danza, destrozó el salón, pero no vi a nadie… pensé… pensé…

— ¿Qué debía saberlo? — preguntó el hombre auxiliándola más por desesperación que por compasión.

—… Sí… en el descanso del primer piso y el barandal frente a su puerta, había sangre, de eso me ensucie pero no lo vi al momento, pensé que solo era lodo…— agregó tímidamente ¡Un ninja incapaz de distinguir sangre de lodo!

Cerró los ojos presa del bochorno y con un sentimiento de incompetencia apoderándose de su pecho, la sensación bien conocida de que no se obtenía de ella el resultado supuesto por su ascendencia. No obstante, el hombre pareció meditarlo solo unos instantes.

—Está bien, dormirás aquí para descartar posibles daños internos, pero mañana te reportarás a tus clases con regularidad ¿Entendido?

— ¡Sí, señor!

Ibiki se marchó dejando a la muchacha enteramente confundida, una vez afuera, la enfermera regresó acercándose a su cama para tomarle la presión o algo parecido. Hinata le dedicó una mirada larga pero a la mujer no le preocupó en lo mínimo.

—Estoy bien…— susurró.

No le gustaba la idea de tener preocupada a una enfermera que podía estar atendiendo a pacientes que de verdad la necesitaban. Un simple desmayo…

—Haré que te suban la cena, el suero ha trabajado bien, pero dos días sin comer lo resentirías si tienes que regresar a tu misión. — explicó con un dejo de amabilidad en sus maneras rudas. Pero Hinata pasó por completo el modo y se centró en el contenido de su comentario ¿Dos días?

Sintió el rubor escalar hasta sus mejillas causándole un mareo.

— ¿Dos días? — preguntó más para ella que para la enfermera, pero esta, habiendo escuchado, no pudo evitar el responderle.

—Parece que de alguna manera tu chakra llegó a los límites mínimos como para mantener las funciones corrientes. Usaste ventilador las primeras seis horas, pero Tsunade-sama consiguió estabilizar tu sistema. Le has metido un buen susto a todos, el capitán ni siquiera ha dormido…

El color rojizo de sus mejillas no se esfumó, se mantuvo con firmeza en su sitio al contrario de la mirada, que pasó a enfocarse en la pared.

.

—Ya despertó. — aseguró Ibiki una vez que Shizune hubo terminado de pasar los reportes a firmar. Tsunade levantó la mirada solo unos instantes y la regresó inmediatamente a las hojas en su escritorio.

—Pero no recuerda nada. — agregó.

—Sospechaba eso. — susurró la mujer restándole importancia.

—Puede reintegrarse a la misión.

—Avisaré a Hiashi, con suerte y deja de insistir con enviar a Hisui para que la reemplace…

Ibiki arqueó una ceja, a Hisui la conocía, ya había trabajado con ella anteriormente para esos menesteres, pero era cara… muy cara… y muy obvio para muchos que realmente no necesitaba entrenamiento alguno en las artes, que todas las dominaba con una absurda perfección que rayaba en lo inverosímil. Por mucho que se empeñara, no lograría engañar a un profesional, tarde o temprano el maestro caería en cuenta de la trampa.

Agitó la cabeza.

Una novata era su mejor apuesta.

— ¿Quién está a cargo del…? ¿Cómo lo llamaron en el diario? ¿El coleccionista de mandíbulas?

Tsunade bufó.

—Te lo aclaro a ti como se lo he aclarado a todo el que entra y me menciona eso, no se lleva la mandíbula, se lleva el hioides.

—Interesante diferenciación, pero el daño está hecho, así se le llama ante el público.

—Ha sido la peor estrategia de contención de todos los tiempos.

—Ocho cuerpos son difíciles de justificar simplemente como desapariciones, aunque nadie sabe aún lo de Hinata, ni siquiera Hinata.

—Fue una condenada suerte que Towa pasaran por ahí, Hiashi estaría aquí reclamando mi cabeza.

—No pasó a mayores, solo drenaron su chakra ¿Quién tiene el caso?

—El otro especialista decente en perfilismo criminal que tengo: Inoichi. Duerme unas horas, te ves fatal. — observó ella mientras se estiraba; —Si caes inconsciente por sobresfuerzo solo vas a entorpecer todo.

Ibiki asintió, ya entregado el reporte sobre Hinata, no le quedaba nada más que hacer en ese lugar, no obstante, Tsunade interrumpió su intento de despedida.

— ¿Consideras prudente el toque de queda?

—No… no, no lo creo necesario, solo tal vez un comunicado para evitar las rutas poco transitadas o salir solo… aunque tampoco le veo mucho sentido, es evidente que se trata de un ninja con alto conocimiento de técnicas de parálisis y muy bueno para ocultarse, Hinata no lo percibió con el byakugan y se escabulló en las narices de Towa y Komachi.

—Ya confirmé con todos los puestos de vigilancia fronteriza, no hay indicios de intrusión, al menos no de números considerables, así que hablamos de un solitario o un grupo muy reducido con planes de desestabilización interna.

—Usted también debería dormir, Tsunade-sama.

La mujer agitó las manos restándole importancia.

—Voy a suspender misiones dos días, todos los ninjas sin trabajos asignados harán guardias, Shikamaru está armando horarios y puntos estratégicos.

Ibiki levantó una ceja en gesto inquisitivo, había dejado muy en claro que todo ese equipo era ineficiente y debían de tener cursos de regularización en varias áreas. Aún así, ahora resultaba que trabajaba en el Departamento de Inteligencia. La quinta maestra Hokage entendió todos sus pensamientos.

—No subestimes al chico, está al nivel de su padre a quien tengo trabajando en lo de los asaltantes de sur.

— ¿Cuándo regresa la chiquilla de su misión?

— ¿Katt? En unos tres o cuatro días, no te preocupes por ella ahora. Te queda aún una semana para el caso de los cuerpos ¡Mierda! ¡Ya son treinta! — estalló arrojando de una palmada el tintero que se estrelló contra la pared haciéndose pedazos y dejando una marca en el papel tapiz.

—La construcción se está retrasando y como sigan saliendo de la nada…

— ¿Ya se le informó a los familiares de los cinco que he identificado?

Tsunade negó con la cabeza.

—En una semana que se cierre el caso se darán los informes pertinentes.

La rubia se llevó una mano a la boca para ocultar su bostezo.

—De buena gana los dejaría ahí enterrados y que se construya encima, pero mi consciencia no me dejaría volver a dormir. — volvió a bostezar.

—Lárgate ya. — dijo sin real enfado, más con cansancio y un toque de hastío por el trabajo en general y las cosas que no podía controlar. Con un autocontrol admirable -aunque muchos dudaran de ello-, Tsunade era capaz de lidiar bastante bien con la frustración, se comprometía en serio y al final saliera victoriosa o no, se mantenía en su lugar.

Ibiki volvió a inclinarse a modo de despedida, y pensó que aún con todos sus defectos y manías, era ella alguien a quien podía llamar Hokage.

La mañana era cálida, un buen día climatológicamente hablando, pues la tensión en el aire y el miedo se percibía con la misma nitidez cual si fuera una niebla envolvente y asfixiante.

— ¿Y se supone que duerma con esto? — preguntó malhumorado. Tenía intenciones de pedirle la misión de la búsqueda del misterioso asesino, pero al final se arrepintió pensando en todo el trabajo que ya tenía retrasado, el hecho de que tuvieran trece años en el olvido no le daba ningún derecho para volver a rezagarlos al fondo de una gaveta. Así al menos, las familias tendrían un cuerpo para poner en una tumba.

Decidió pasar a desayunar algo, con el estómago vacío no lograría nada. Mientras estaba ahí, revisaría de nuevo todas sus notas para saber si había algo que estuviera pasando por alto.

Había una cafetería que le gustaba mucho, discreta, con buen servicio y accesible a cualquier presupuesto. La camarera ya lo conocía, si no estaba ocupada, le dejaba siempre la misma mesa lejos de las ventanas pero cerca de la salida de emergencia.

Y siempre empezaba por servirle un café expreso y un sándwich de pavo con queso en pan de ajonjolí -era el mejor acompañamiento que había probado en aquél lugar, pero siempre estaba dispuesto a intentar con el de berenjena y espinacas que era su segundo favorito-.

El café, espeso y muy concentrado le devolvió algo de vida.

El lugar ya se hallaba completamente lleno, la hora clave del almuerzo de todos los que trabajaban pero no llevaban comida desde casa. Aún así era tranquilo. Los clientes eran en su mayoría oficinistas retraídos que buscaban lo mismo que él a grandes rasgos.

Su mesa tenía espacio para dos personas, estaba sorbiendo del café cuando notó la presencia de alguien conocido. Levantó las cejas, sería cuestión del incierto destino que incluso en el almuerzo el trabajo le persiguiera, hizo una seña a la camarera y esta acudió enseguida recibiendo indicaciones para invitar al hombre a su mesa aprovechando que ya no había lugares disponibles.

— ¿No inoportuno, Capitán? — dijo con cierta solemnidad Ryuichi Hisaishi acercándose hasta donde se encontraba.

—En absoluto, iba a verle de todos modos, para presentar mis disculpas por la inasistencia de Hinata.

—La señorita Hyūga, claro.

—Cuestiones de salud, mañana mismo debe de presentarse en su horario regular.

—Espero que se encuentre bien, mi estudiante personal no puede recuperarse de una neumonía.

—Oh, si… estará bien.

Ibiki estudio al hombre discretamente. Usaba el mismo haori verde manzana que se puso cuando lo conoció, pero la ropa debajo de él era de un color rojo quemado que hacia un curioso contraste.

"Té" pensó para sus adentros, "Tal vez la ensalada de pera", agregó.

Falló por poco, Hisaishi ordenó una tesina de durazno y efectivamente la ensalada de pera dulce. Había supuesto que seguía una dieta vegetariana, Hinata le había dicho sobre el recelo con el que trataba a Sakamoto a la hora del almuerzo cuando este sacaba emparedados de carne. También apuntó al casi nulo uso de materiales plásticos, manía por el orden como lo conjeturó inicialmente, y perfeccionista.

Con tan solo un día en que la chica estuvo a su lado sacó una buena cantidad de información para entenderlo mejor, o bien, entender el personaje que interpretaba si es que no era así realmente.

Permanecieron en silencio unos instantes, el vecino de la mesa contigua leía el diario, pero en algún momento con un gesto de indignación lo dejó caer sobre la mesa golpeando la cuchara que rebotó en el pequeño plato del café.

— ¿Es que no piensan hacer nada?

Hisaishi dio una discreta mirada.

—Es lo que le digo a mi hijo, vivir en una aldea ninja no es apropiado para las niñas, le he insistido fervientemente que se vaya a la capital, ahí si se puede cuidar de una familia. — observó su acompañante.

Era evidente que hablaban respecto al asesino, ocho víctimas en un par de días, era alarmante y grotesco. El profesor carraspeó como si hubiera estado a punto de ahogarse con el trago de su bebida y eso no pasó desapercibido por el ninja.

—Es vergonzoso. — dijo de pronto Ibiki dejando sobre la mesa la mitad que aún quedaba del emparedado.

—He visto a muchos grupos patrullar las calles cuando terminamos las clases, desde antier, quiero decir… se hace lo que se puede…— respondió distraídamente Hisaishi.

—Estamos seguros de su detención.

—Claro…— murmuró en un tartamudeo; —Debo irme, mi tiempo se termina y no me gusta llegar tarde. — soltó de repente poniéndose de pie. —Le agradezco permitirme acompañarle en su mesa, nos estaremos viendo, Capitán.

Y con eso, el profesor, luego de reverenciar exageradamente salió a toda prisa. Ibiki lo miró con cierta curiosidad preguntándose si tal vez el que había arruinado las cosas para Hinata, era él mismo. Descartó la idea, él había introducido a la chica en la escuela exactamente dos días antes del primer asesinato, y a menos que estuviera implicado en ello, no veía el motivo de su repentina tensión.

Al final, valió la pena su curiosidad sobre el encargado de la investigación. Le daría una visita a Inoichi en su despacho.

.

Llamó a la puerta. Cerca de un minuto después, Inoichi Yamanaka; pálido, ojeroso y ligeramente encorvado, abrió la puerta.

—Convención de muertos vivientes ¿Eh? — dijo el rubio haciéndose a un lado para dejarlo pasar.

Ibiki intentó reír pero solo salió de sus labios algo como un bufido.

La oficina estaba en peculiar desorden, un mapa urbanístico de Konoha se encontraba pegado en la pared, alfileres con banderas rojas marcaba los puntos donde habían sido encontrados los cuerpos, y había una blanca también, el Capitán ANBU la asumió como el punto donde Towa rescató a Hinata.

— ¿No has dormido nada estos dos días?

Inoichi negó con la cabeza.

—En cuanto apareció el primero Tsunade-sama me mandó llamar, y claro yo acudí, pero aún así no me dará mi nombramiento de Capitán. — se quejó acercándose a la cafetera y tomando dos tazas, con un gesto preguntó si la servía e Ibiki asintió. No le daría una intoxicación por café si no llegaba al centenar de tazas en un día.

— ¿Y qué te trae por aquí?

—Curiosidad.

El otro ninja soltó una carcajada como réplica a ello.

—Perdón, pero eso no lo creo. Aún así, no me molestaría soltarte todo lo que tengo si con eso me puedes echar luz en el asunto.

—No soy ningún gurú.

—Te va gustar este cuento de terror, sé que si, me acaba de llegar el informe médico de Hinata-chan y algunas… particularidades ¿La has visto? Escuché que estaba trabajando contigo.

El Capitán solamente asintió sin proporcionar detalles, a diferencia suya, la investigación que él dirigía si era secreta.

—Bueno, los estudios que le hicieron, revelaron un daño considerable en la sección de cuello, el hueso hioides aparentemente fue forzado lo que sugiere que el método de extracción de este en las otras víctimas corresponde a un método de intrusión por chakra y no un método manual, lo que nos indica que tiene conocimiento de medicina ninja. La segunda cosa destacable es la causa del desmayo, esta se realizó con una interrupción del flujo sanguíneo en el seno carotídeo, Tsunade-sama inhabilitó la prensa de chakra que le fue aplicada, pero se diagnosticó un posible daño a la memoria por la falta de oxigenación al cerebro.

—No hay muchos ninjas médicos con tal nivel de precisión.

—Ni tan hábiles físicamente, según el testimonio de Towa, a las 01:45 horas, Towa y Komachi regresaban de una misión, entraron por la puerta sur, se encontraban a 200 metros de la muralla en la zona boscosa cuando escucharon un primer grito femenino. Se prestaron a acudir por lo que se dirigieron a lo que llamaremos punto A, escucharon el segundo grito, presuntamente de Hinata a quien encontraron sola e inconsciente a las 01:47 horas. Towa realizó el examen médico de emergencia y corroborando que podía moverla sin peligro procedió el transporte al hospital donde Hinata fue ingresada a las 01:51, Komachi realizó la inspección de entorno junto con Ōkei y Hatare, guardias en turno de la sección, que llegaron a la zona del incidente a las 01:55, la inspección se cumplió desde las 01:50, con Komachi, hasta las 02:20 cumpliendo la reglamentaria media hora antes de dar informe para solicitar refuerzos. A las 02:25 se desplegaron cuatro escuadrones de rastreo, a las 02:45 se encontró un segundo cuerpo en el punto B, a cuatrocientos metros del primero hacia el este, y un tercero en el punto C, a las 05:23 a quinientos metros al sur.

Ibiki sonrió de medio lado, su adormilado cerebro repentinamente había cobrado lucidez y mostraba demasiado interés en lo que Inoichi leía, si bien tenía la sensación de que en realidad ya se lo sabía de memoria.

—Es un área muy pequeña como para que cuatro equipos de rastreo no hayan encontrado nada.

—El punto D fue marcado ese día a las 23:25, aunque el estudio necropsico dictaminó la hora de defunción cerca de las 22:00 horas, a las 23:55 el punto F, el punto H a las 01:45, el punto I a las 03:10 y el punto J a las 04:33.

— ¿Y el punto G?

—No se denominó ningún punto de esa forma. Prejuicios personales de Tsunade-sama.

—Entiendo. — completo Ibiki sonriendo por el sonrojo de Inoichi que solo se revolvía el cabello.

—Es ridículamente rápido. Para la segunda noche, ¿cuántos escuadrones más se incorporaron?

—Otros cuatro.

—Tsunade-sama comentó que tendría a todos los ninjas disponibles lo antes posible, la aldea está en pánico, hasta ahora nadie ha intentado marcharse pero otra noche iniciará una migración considerable.

—Lo sé, sobre todo considerando que todas las víctimas, exceptuando a Hinata-chan, son mujeres civiles.

— ¿Algo en común?

El rubio se frotó las cienes.

—… Físicamente nada, pero ya investigué sus entornos y familia, ninguno pertenece a las líneas genealógicas de la primera generación de Konoha.

— ¿Inmigrantes?

Inoichi asintió recargando la cabeza sobre las manos mientras los codos descansaban en el escritorio completamente bordeado de expedientes, fotografías y reportes. Ibiki tomó una de las de ellas donde se apreciaba el cuerpo desfigurado de una víctima, con tanta sangre era difícil notar algo más que no fuera que le arrancaron la garganta. Pensó que era muy raro que los periódicos aludieran a la mandíbula, pero posiblemente era cuestión suya, que había visto demasiados cuerpos como para confundir un hueso con otro.

—Ya le di aviso a Shikamaru, para poner atención especial en los barrios anexos que se fueron formando con los refugiados desde la primera guerra ninja… Hinata-chan rompe todo el esquema, los Hyūga no solo son una importante familia ninja, también es de las fundadoras, pero… es lo mejor que tengo.

—Para poder elegir así de especifico, necesitaría tener acceso a los archivos históricos de la aldea.

—Ya revisé los libros de visitas, los usuarios más frecuentes están siendo interrogados, pero no le veo buen camino, hay un historiador de la capital con permiso del Feudal para revisar los archivos generales para que componga una… ¿Cómo la llamó? "Crónica de las glorias militares del País del Fuego", pienso que pasará medio siglo antes de que Tsunade-sama se de a doblar permitiéndole revisar algo más.

—La gente de la capital es una molestia. — se quejó Ibiki terminándose el café.

—Y los políticos, un grano en el culo, sé lo que te digo, ha estado casi dos horas jurando que Konoha perderá los apoyos políticos por tal agravio a su persona.

Los dos ninjas permanecieron en silencio unos minutos, era demasiado el cansancio que tenían ambos, y el cansancio de la mente podía competir de buena manera con el del cuerpo después de una buena batalla. Necesitaban dormir, pero Inoichi esperaba un nuevo golpe apenas el sol se ocultara.

—Tengo que irme. — dijo de pronto Ibiki poniéndose de pie.

—Suerte con lo que sea que estés haciendo. — respondió el otro haciendo una ademán con la mano como si el Capitán fuera una mosca.

—Haré lo que pueda por ayudarte, pero tú me has ayudado más a mi.

Inoichi le dedicó una mirada recelosa, pues sabía que no le diría nada al respecto, si un caso ayudaba a otro, podría funcionar también a la inversa, pero Ibiki no le diría nada sino hasta el final. Resopló viéndolo salir, sacó la lista de ninjas con adiestramiento médico aunque tuviesen estudios truncos y siguió revisando el expediente personal de cada uno de ellos.

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El capitán ANBU, Ibiki Morino, llegó a su departamento y cerró la puerta detrás de él con gran solemnidad. No era como si hubiese alguien en casa a quien incomodar con una intempestiva entrada, era quizás el modo en el que se había acostumbrado a ser, siendo que trabajaba en una oficina donde se podía escuchar el caer de un alfiler en la sala contigua.

Se condujo hasta el improvisado estudio que había armado en la habitación libre del departamento y retomó los archivos de los cuerpos identificados que tenía de los treinta hallados hasta el momento en la excavación.

Una mueca apareció por las rudas facciones de su rostro. Cuatro de ellos eran nacidos en la aldea, pero sus padres habían llegado de Uzushio.

Se llevó una mano al mentón.

¿Jugaría por esa apuesta? ¿A una semana de cerrar el caso se atrevería a seguir lo que a todas luces no era más que una sospecha?

Los demás también tenían abuelos con esa característica, o uno de sus padres era inmigrante, había notado el denominador en las líneas directas padre-hijo, pero si expandía la búsqueda a abuelos o bisabuelos, quizás recaería la coincidencia. Tomaría de los expedientes de desapariciones los que no pertenecían a la descendencia de la fundación para realizar algunas comprobaciones y reduciría la lista para hacer más identificaciones.

Era demasiado arriesgado, pero ya había refutado toda sospecha de que se tratarse de algún ritual, todos los documentos que había revisado sobre sectas no arrojaban datos de referencia, el lugar mismo del hallazgo no contenía elemento alguno que lo indicara, era sin más una fosa común. El daño por descomposición no ayudaba a determinar la ausencia común de un hueso específico como el caso del hioides, el otro asunto de importante diferencia, recaía en que los cuerpos que tenía Inoichi se habían encontrado en posiciones inverosímiles para la correcta anatomía, uno de ellos incluso estaba completamente seccionado, a diferencia de los de hacía trece años, donde fuera de la muerte, no recibieron daño alguno.

Cerró los ojos concentrándose en los hechos, si para la mañana siguiente podía determinar que eran todos en algún punto de su ascendencia, inmigrantes, continuaría, de lo contrario tomaría otra línea.


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