Apotropaico

Cuarta parte

Un suspiro rompió la quietud que reinaba en la habitación, con el calor entrando por la ventana le costaba despertar, el poder somnífero del sol vespertino solía ser muy persuasivo, pero debía de levantarse. Fue consiente de la hora apenas sus ojos se acostumbraron a la luz que teñía de rojo casi todo lo que tocaba: había despertado a tiempo.

Inoichi esperaba el primer ataque apenas hubiera muerto el último rayo de sol y él también compartía el pensamiento. Se incorporó, aún cansado, pero aquella siesta había resultado más reparadora de lo que esperaba, tanto así que sus pensamientos, aunque tan lúcidos como siempre, los sentía como dispersos y recordó, a propósito de las especulaciones sobre de que los descendientes de inmigrantes fueran el objetico, una frase que Anko había dicho alguna vez:

"¡Enemigos del heredero temed!"*

Era de un libro cuyo título no recordaba, solo estaba seguro de que era para niños.

Frente a la ventana, sobre los tejados, pasaron casi invisibles dos grupos ninja. Enseguida volvió a concentrarse en la situación presente, repasando mentalmente el plano de Inoichi.

Se había organizado todo para la noche, y aunque estaba perfectamente consiente de que las probabilidades de éxito eran muy bajas, no era como si realmente hubiese más opciones para escoger dadas las circunstancias actuales. Así que, alcanzando su chaqueta, abrochó con cuidado los botones y se dirigió a la salida.

—Buenas tardes…— susurró Hinata que se había puesto de pie súbitamente, luego de permanecer sentada en el pórtico del edificio departamental. El Capitán correspondió el saludo con cortesía, en las últimas horas, si bien no se había ganado su aprecio total, había conseguido una mejor opinión de la kunoichi cuando se hubo presentado en su departamento apenas le dieron el alta, pidiéndole un informe de lo que se había perdido en los últimos días. Eso, sí, en un tono de voz tan bajo que debió inclinarse un poco para escucharla y al final ella se disculpó por, según, importunarlo y ser "grosera y demandante".

Antes de mandarla a su casa para que él pudiera dormir, la hizo pasar explicándole de manera muy general su propósito al investigar a Hisaishi, que hasta el momento no se lo había comentado siquiera, puesto que no lo había creído trascendental para la misión. Hinata solo debía investigarlo y reportar todo lo que viera y escuchara, él decidiría qué hacer con esa información. Le había pasado por la mente en algún momento que quizás si le dijera concretamente lo que buscaba, prestaría mas atención a puntos específicos, pero eso mismo le daba miedo. Nunca había trabajado con ella, no sabía si aquello podría volverla obvia y no quería, de nuevo, que toda la aldea supiera en qué estaba trabajando.

Trabajar con novatos no le agradaba del todo, la mayoría aún tenían ideas un poco extrañas de lo que significaba ser un ninja y si bien, tenían técnicas básicas (o algunas avanzadas, según su clan) correctamente aprendidas, otra cosa completamente diferente era saber cómo y cuándo aplicarlas en una misión real que no implicara abrirse paso a patadas. Pero al mismo tiempo consideraba una buena oportunidad para corregir puntos que detectaba en ninjas mayores. Reformar adultos era prácticamente imposible para él, así que interceptar a los más jóvenes para reforzar su formación, había sido su argumento para aceptar resignadamente su encomienda acerca del… programa piloto de correctivos internos.

Para cuando le explicó el motivo por el que había decidido marcarlo como alguien que podría saber algo al respecto, la joven permaneció meditabunda, agradeció la información y disculpándose, nuevamente, le dejo para que descansara.

Así pues, un par de horas después, se sorprendió mucho cuando Hinata le dijo que había hecho una visita a Hisaishi Ryuichi, a su casa, después de clases, antes de reunirse con él en el pórtico del edificio departamental. Y la sorpresa no fue por la iniciativa que presentaba, ya había notado que era del tipo de personas que aunque se esforzaban por ser aceptadas, no solamente esperaba órdenes; había demostrado ser capaz de tomar decisiones sin llegar a hacer enteramente su voluntad. El hecho destacable pues, fue en tener valor para verse a solas en un escenario fuera del conservatorio con un hombre cuyo objetivo era atraer, y le dieron ganas de reírse solo de verla tomar aire casi exageradamente al momento de relatar el encuentro, de pronto, después de decir que aceptó una taza de té, su rostro se volvió tan rojo que un tomate maduro parecería pálido y sin gracia a su lado, se llevó ambas manos a la cara y casi soltó a llorar.

— ¡No se me ocurrió otra cosa! — chilló.

El ninja se detuvo en seco y tan súbitamente como llegó el pensamiento de lo que pudo haber hecho y le causaba tanta vergüenza, lo desechó sacudiendo la cabeza, solo la tomó por el hombro obligándole también a detenerse. La joven, sin embargo, apartó las manos de su cara dejando entrever sus ojos llorosos y tomó su bolsa, la que colgaba a uno de sus costados y la abrió, mostrando su contenido al Capitán de ANBU.

Ibiki abrió mucho los ojos, incluso su corazón se detuvo un instante junto con su respiración.

Al contrario, Hinata empezó a hiperventilarse de nuevo.

—Los reemplacé con unas figurillas especiales que reciben muy bien el chakra, y Kurenai-sensei me enseñó a aplicar técnicas genjutsu en objetos. Puedo cambiarlas de nuevo, pero quería que las viera usted mismo.

Las inmensas manos del ninja tomaron el bolso, diminuto por proporción, y sustrajo de él, el ofuda por el que empezó todo aquél lío con el maestro, con todo y el pendiente de plata, que teniéndolo en sus manos corroboró que efectivamente tenía por marca el nombre de la familia campesina a la que pertenecía uno de los cadáveres de la fosa común descubierta.

Una inverosímil coincidencia, y a medida que revisaba el botín de la pequeña Genin, que consistía en más amuletos pero con forma de brazaletes y medallones, algunos con nombres que le parecieron familiares de tantas veces que los había leído, no estaba seguro sobre si empezar a reír a carcajadas o abrazar a la jovencita. Al final no hizo ni una ni la otra cosa, solo le indicó el camino de regreso al edificio donde vivía temporalmente, y la llevó al departamento.

Sin pronunciar palabra, solo la acomodó en su área de trabajo. Hinata parecía como una muñeca, que podía pasar de un lado a otro con mucha facilidad y sin que emitiera ruido o protesta alguna. Para cuando determinó que tenía todo lo necesario, solo suspiró, iba a arriesgarse, pero si Hinata hacía algo indebido, en el hipotético caso de que fuera capaz de hacerlo, ella sola se arrojaría a sus pies confesando.

—Estos documentos de aquí son archivos de desapariciones, necesito que los leas, y compares el listado de objetos personales con las cosas que trajiste. Si hay algo que coincida, lo separas del grupo y haces la anotación ¿Si?

Sintió que había dado las indicaciones como para un niño más pequeño de lo que era Hinata en realidad, pero no quería arriesgarse a que no entendiera si lo decía de otra manera. No obstante, ella no se ofendió, o no lo demostró.

—Espero estar de vuelta para el amanecer, no puedes sacar ni un solo expediente de aquí ¿Entendido?

—Sí, señor.

Ella se había arrodillado para quedar a la altura de la mesa de la sala de estar, así que parecía casi insignificante ante la exagerada distancia que se había formado entre ellos, ya no estaba tan colorada, así que sin ahondar más en el asunto sobre la impermeabilidad de la chica al trato brusco, solo salió, quería alcanzar a Inoichi antes de que apareciera la número nueve.

El movimiento en la aldea tenía dos extremos; aún no atardecía pero los negocios estaba cerrados en su mayoría, y poca gente transitaba. La que quedaba, eran los empleados con jornadas estrictas, pero no tardarían en emprender camino apenas dieran las seis, que por regla general era mas o menos el horario en que cerraban las oficinas.

Por otra parte, todos los que tenían Hitai-ate ya se encontraban organizados en grupos y por zonas. Se sintió relegado al no recibir alguna indicación sobre si debía de reunirse con alguien, pero generalmente él quedaba siempre entre las últimas líneas defensivas, con el resto de los peces gordos de Inteligencia de ANBU.

La oficina de Inoichi estaba más llena que de costumbre, una inmensa fila se extendía por todo el pasillo, y sintiéndose incómodo ante la idea de saltarse los turnos, solo pasó con un muy diplomático asentimiento de cabeza como saludo.

Tonbo Tobitake, un Chūnin que trabajaba ocasionalmente para él como examinador, estaba a punto de entrar cuando notó su presencia y se detuvo. El joven hizo una reverencia y cedió el paso, el Capitán solo agradeció en un susurro que con su grave voz fue perfectamente audible para todos.

Inoichi no se veía mejor que en la mañana, pero el tener a su mando a prácticamente todos los ninjas de la aldea, le había brindado la dignidad suficiente como para no quedarse dormido de pie.

— ¿Algo nuevo? — preguntó el rubio en cuanto el Capitán hubo cerrado la puerta.

— ¿Qué tan cómodo te sientes usando una jovencita de señuelo?

Inoichi arqueó una ceja y le dedico una mirada que podía interpretarse claramente como un "¿De verdad estás preguntando eso?"

Ibiki sacó un plano urbano de Konoha. No estaba a detalle como el que tenía el Yamanaka en su pared, era de hecho una guía turística que entregaban en la puerta principal a los visitantes, y dado que en sí la aldea no era en absoluto una gran maravilla para visitar casualmente, el dibujo era más bien una guía de restaurantes, los dos hoteles disponibles, y los edificios elementales como la oficina postal, el banco y el hospital.

Había marcado sobre el papel con un plumón rojo un trayecto que partía desde un punto particular. Los ojos claros del ninja rubio se abrieron con poca discreción.

— ¿Tsunade-sama está de acuerdo?

Ibiki asintió una vez. Inoichi analizó la ruta que cubría a grandes rasgos las zonas que había detectado como potenciales.

—Bien ¿Puedes hacer los preparativos con la chica? La fila que tengo afuera se dispersará en esta ruta.

Ibiki volvió a asentir, en realidad solo faltaba que Inoichi lo aprobara porque ya había hablado con la chica, que estaba lista para salir en cuanto le dieran la indicación.

El asesino no iba a pasar la noche, eso era una promesa e Inoichi iba a asegurarse de ello por cualquier medio, aunque si algo le pasaba a la hija de Teuchi Ichiraku, tampoco iba a perdonarse.

.

Ayame sentía el brazo ligeramente entumido, la vianda no pesaba mucho en realidad, solo llevaba una orden sencilla pero era quizás la sensación de estar en una situación peligrosa la que tensaba todo su cuerpo. Aunque no podía negar que estaba verdaderamente emocionada por ser parte de una misión ninja.

Sonrió ante la idea de verse a sí misma como kunoichi.

Su padre no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, y para que la dejara salir hubo que insistir mucho y ponerlo contra la pared usando su sentimiento de devoción a la aldea en su contra: "confía en que los ninjas hacen su trabajo, y no dejarán que me pase algo malo".

Ese argumento era muy fácil de refutar si se ponía en contraste con las ocho chicas muertas en solo dos días, pero para Teuchi, el sentimiento de fe que tenía en Konoha y la confianza que depositaba en cada uno de los miembros del cuerpo militar, terminaron por dejarlo en la puerta del negocio con otros pedidos que atender.

El cielo estaba oscuro y las lámparas de alumbrado público trabajaban casi de manera perezosa. Las miró un instante, pero después se concentró en el camino, tenía que cumplir con una ruta para la entrega.

— ¡Ayame-chan!

La voz de Iruka casi logró hacer que agitara la vianda, pero consiguió recuperar el equilibrio.

— ¿Iruka-sensei?

El ninja sonrió torpemente mientras se rascaba la cabeza.

—No deberías salir a estas horas, ya sabes, es peligroso.

Ayame desvió la mirada no pudiendo evitar el sonrojarse. Quitarse a su padre de encima había sido fácil, pero con Iruka no iba a ser tan sencillo… a menos claro que lo hubieran mandado específicamente a que se encontrara con ella, pero entonces ya no sería lógico que el asesino fuera por ella, quizás no se arriesgaría a ir tras una chica acompañada.

—Tengo que trabajar. — fue todo lo que respondió con su sonrisa más amable; —Así que debo irme, nos vemos después.

Siguió su camino, pero tal como lo había sospechado, el maestro no se dio por vencido y la alcanzo en solo un par de zancadas.

—Entiendo, pero entonces déjame acompañarte.

La joven volvió a colorarse y desvió la mirada ¿Cómo iba a decirle que no quería ni podía permitir eso? Aunque de pronto tuvo una idea que no consiguió sino ponerla más roja por lo horrible que era, pero a situaciones desesperadas, medidas desesperadas. En esos momentos era más importante deshacerse de él que cuidar su sensibilidad.

— ¿Estas coqueteándome? — preguntó mirándolo de reojo con picardía.

Fue turno de Iruka para que su rostro se encendiera.

—No, no, estas malinterpretando…

—Me costó mucho trabajo deshacerme de mi padre como para que te unas a la paranoia de la aldea.

Ayame tomó aire, le pediría disculpas después y le explicaría todo de ser necesario.

—Voy a ver al chico que me gusta y obviamente no puedo dejar que me vea llegando con otro hombre ¿Sabes? Es mi oportunidad porque sé de buena fuente que sus padres están fuera de Konoha por viaje de negocios, estoy lista.

La joven le giñó un ojo al ninja mientras se llevaba la mano libre al cuello del jinbei*, separándolo para mostrar el tirante de su sostén. Sin necesidad de más, Iruka solo desvió la mirada cerrando los ojos con fuerza y tartamudeando un poco.

—Vive muy cerca, tanto que si grito, seguro me escuchas. — agregó adelantándose un poco; —Solo no te confundas de grito.

Iruka se quedó en su lugar, con la cabeza agachada, incapaz de mirarla porque nunca la creyó capaz de tal descaro. La joven, por su parte, aunque estaba avergonzada por lo que acababa de decir, optó por no perder más tiempo y continuar su camino.

No supo si Iruka la seguía, si realmente quería hacerlo lo lograría sin que ella se percatase. Continuó de acuerdo a las instrucciones que había recibido, pero en todo el tiempo que le tomó desplazarse del "punto A" al "punto B", que era como habían llamado el Ichiraku y la casa de quién sabe quien, en el mapa del Capitán, no pasó absolutamente nada.

Vio la casa, solo tenía que llamar, dejar la comida, recibir la paga y marcharse. Tal vez de regreso pasaría algo, y realmente lo deseaba, no por una necesidad patológica de adrenalina en su apacible vida como camarera, sino porque si no era ella, sería alguien más.

Entregó el pedido como hacía usualmente, guardó las monedas en su bolsa y después de desearle una buena noche a la anciana que la recibió, fue de regreso por el mismo trayecto.

El silencio era incómodo. Ciertamente Konoha no tenía una gran vida nocturna, era aburrida incluso, pero la tensión era palpable…

Un soplo helado erizó el cabello de su nuca y se detuvo, miró por encima de su hombro. Ella estaba exactamente bajo una lámpara, el círculo de luz que no alcanza a iluminar todo el tramo de la calle, pero pudo distinguir una figura.

— ¿Iruka-sensei? — preguntó solo por decir algo, pues claramente no se trataba de él.

Era una figura mas o menos humana, traslúcida, y la miraba fijamente. Contuvo la respiración, se encontraba ante una situación en la que si gritaba, sería socorrida inmediatamente, por eso mismo no quería gritar sin estar bien segura.

El regresó… regresó… debo detenerlo…

La figura se lanzó contra ella. Ayame podía escucharlo, pero como si estuviera en su cabeza.

¡Debes morir para proteger la aldea! ¡Tú no perteneces a ella!

Sin más dudas gritó arrojándose al suelo, según le había ordenado el Capitán que solicitó su ayuda por la tarde. Escuchó volar sobre su cabeza una oleada de shuriken y apenas notó cuando un ninja la tomó en brazos, apartándola del lugar. Ella alcanzó a sujetarlo por el cuello para obligarlo a mirarla, el ninja solicitó ayuda y dos médicos ninja llegaron casi enseguida.

Todo transcurrió demasiado rápido, pero para la joven, en su desesperación, no podía dejar de escuchar la voz de aquél ser, gritándole que debía morir, mientras sentía en su cuello un dolor que no había sentido nunca en toda su vida y le arrancó lágrimas silenciosas porque ni siquiera era capaz de seguir gritando.

— ¡No puedo bloquearlo! — gritó uno de los médicos; — ¡Hay que llevarla al hospital!

Como pudo, consiguió aferrarse al hombre que la llevaba, pero a medida que más se alejaban, la tensión en su garganta iba en aumento.

De pronto, solo se desmayó.

.

Tsunade estaba en su escritorio, a su derecha Shizune, a su izquierda Sakura.

Del otro lado del inmenso mueble de madrea estaban Inoichi e Ibiki, con las manos en la espalda, y el veredicto de la noche sobre el escritorio.

— ¿Es definitivo? — preguntó la quinta una vez que lo hubo terminado de leer.

—Sí. — respondió Inoichi.

Todo vestigio de sueño o cansancio se había desvanecido, la situación había sobrepasado el adjetivo de crítica para ir a una clasificación superior, si es que existía tal cosa. Los cinco presentes entendían aquello, y negarse a aceptar las conclusiones evidentes solo entorpecería el resto del proceso.

—A menos que esté dispuesta a aceptar que se trata de un fantasma. — intervino Ibiki con media sonrisa. No era que le pareciera hilarante, pero cualquier otra explicación resultaba más tranquilizante que el aceptar que alguien había conseguido descubrir uno de los jutsu secretos del clan Yamanaka.

Tsunade se frotó las sienes. Habían pasado algunas horas desde lo de Ayame, y aún no había recibido informes de una nueva víctima, por lo que, pese a que no había captura aún, se podía considerar que el plan había resultado no exitoso, pero si aportaba información de vital importancia.

Llamaron a la puerta. Solo esperaban a dos personas, así que permitieron el paso.

La joven hija de Inoichi entró con la expresión seria, en silencio, casi profesional, porque el Capitán ANBU no compró su solemne actuación.

— ¿Deseaba verme, Tsunade-sama?

La rubia asintió y le pidió que pasara, cerrando la puerta. La chica así lo hizo y avanzó hasta donde estaba su padre, quedando de pie a su lado. Enseguida volvieron a llamar, era Neji, y se repitió mismo que con Ino, solo que él se colocó al lado de Ibiki.

—Están completos entonces.

Inoichi fue el primero en tomar iniciativa para marcharse, le siguieron Neji e Ino, Ibiki solo esperó que Sakura avanzara para cerrar él la comitiva.

Caminaron en silencio, los novatos no hicieron preguntas y solo se dejaron conducir por Inoichi, hasta que llegaron a la parte más alta de la montaña de los Hokage.

El viento era fresco y soplaba las hojas, haciendo un silbido como único ruido de fondo.

—Sakura-chan, Neji-kun…— llamó Inoichi.

Los dos jóvenes ninjas respingaron para atender las indicaciones.

—Digamos que proteger nuestros cuerpos es importante en este punto, pero en estas circunstancias, no hay en realidad mucho que hacer al respecto, Sakura-chan puede hacerlo sola, así que Neji-kun, lo que quiero pedirte a ti es que no nos pierdas de vista. Con el Dōjutsu de los Hyūga, en teoría es posible que puedas percibir nuestras mentes cuando estamos fuera del cuerpo.

Neji inclinó un poco la cabeza, en realidad nunca lo había intentado, pero si el hombre decía que podía, entonces podía. Además, tal vez por eso lo habían llamado específicamente a él, que destacaba de entre los demás miembros del clan por el alcance de su Byakugan. Si él no podía hacerlo entonces la técnica Yamanaka era definitivamente indetectable.

—Ino-chan y yo buscaremos a esa persona, y cuando la encontremos, emitiremos una señal, entonces, todos deberán dirigirse al punto ¿Entendido?

Neji asintió.

Para ese momento Ibiki ya había terminado de armar un tipo de torre de trasmisión y trataba de sintonizar los comunicadores de los ninjas que se encontraban en la aldea. Era un equipo algo complejo de operar debido a la gran cantidad de señales que debía emitir y recibir, pero serviría bien si en realidad solo debía dárseles a todos la indicación de a dónde dirigirse y no tener una gran conversación de todos con todos.

Inoichi después se dirigió a su hija tomando su cabeza entre sus manos. Ibiki comprendió que le estaba dando indicaciones muy al estilo Yamanaka para que nadie más pudiera escucharles. La joven frunció el ceño, y estaba por empezar a chillar, evidentemente espantada por lo que su padre pretendía hacer.

— ¿No prefieres que lo haga un ninja con más experiencia? Hay muchos miembros del clan Yamanaka disponibles. — dijo Ibiki a Inoichi antes de que empezaran a tomar posiciones, pero este solo sonrió de medio lado.

—En este jutsu, no hay nadie con experiencia.

Ino, detrás de su padre solo le sacó la lengua al capitán absteniéndose de hacer un gesto obsceno con la mano.

— ¡Vamos entonces!

Los dos Yamanaka pronto se desvanecieron. Sakura los atrapó y les dejó recostados, mientras que Neji activaba su técnica ocular sin estar aún seguro de cómo tenía que verse una mente fuera del cuerpo. Inspeccionó todos los puntos cercanos pero no había algo fuera de lo normal.

— ¿Aún no puedes verlos? — preguntó Ibiki, cruzado de brazos y parándose a su lado.

—No… no estoy seguro…

—Baja la vista hacia la aldea, ese jutsu hace que se muevan rápido. De acuerdo al informe oficial, Inoichi alcanza una velocidad de 100 metros por segundo desde que termina la secuencia de sellos, Ino no pudo haber llegado más allá de eso.

—Pues parece que sí…

— ¿Puedes verlos?

—No como tal, pero conozco su chakra… Es difícil de explicar, son solo como una luz que se mueve de un lado a otro, pero Ino va por delante, se mueve más rápido.

Ibiki bufó.

—Inoichi está demasiado cansado.

Neji no quiso discutir, realmente el señor Yamanaka no estaba en óptimo estado, pero la diferencia era demasiada como para que se compensara solo descansando. Dejó eso de lado y se enfocó en no perder de vista a la kunoichi. Con el primer misterio resuelto -ya sabía cómo se veía una mente fuera de su cuerpo-, solo estaba esperando la anomalía que indicara la señal.

—Espera… ¿Dijiste que son como luces? — preguntó Ibiki.

—Sí. Un haz de luz en realidad. Bueno, ya sé que eso es una concepción imaginaria de la dirección por la que la luz se propaga… pero bueno, el aire es un medio homogéneo así que sí podría tener una trayectoria recta…

—Me refiero, no tienen forma de humano siquiera ¿Verdad?

—No, no puedo diferenciar extremidades o rasgos faciales.

—Ayame-san dijo que vio a alguien…— dijo para sí el hombre aunque los otros dos lo escucharon claramente.

—Cuando Ino entró en mi mente, podía verla, aunque diferente en cierta manera. — dijo Sakura, recordando los últimos exámenes a Chūnin.

—Pero ya estaba dentro de tu mente, en si, fue tu mente quien le dio forma, como todo lo que conoces. El mundo carecería de sentido, aún pudiendo verlo, oírlo y tocarlo, si nuestras mentes no fueran capaces de interpretar esa información que recibimos de nuestros sentidos. Lo mismo pasa con esa técnica. Hemos realizado algunos experimentos en los que el receptor no conoce al emisor, y simplemente no pueden ser capaces de interpretar la forma del invasor, eso en los pocos casos que consiguieron descubrir la irrupción. La mayoría solo asume que está actuando por su voluntad o presenta cuadros de amnesia sobre ese periodo de tiempo. — explicó Ibiki; —El motivo por el que en tu mente podías ver a Ino, es porque sabías que era Ino. Aunque, si hipotéticamente no hubiera sido ella quien realizó el jutsu, aún podrías creer que si fue así. Eso es porque el conocimiento que has formado respecto al Shintenshin no Jutsu provienen de Ino, no tienes otro referente con el cual dar forma a la intrusión.

—Entonces cualquiera que realice ese jutsu podría hacerse pasar por otra persona, solo con las circunstancias adecuadas.

Ibiki sonrió y la joven no pudo evitar sentir un escalofrío.

—Una vez Santa se hizo pasar por un Dios que daba un mandamiento a un sacerdote.

Los dos novatos se reservaron sus comentarios, ni siquiera preguntaron quién era Santa.


Comentarios y aclaraciones:

Regresé de entre los muertos.

Bueno, el manga terminó y me reservaré mis comentarios al respecto ¿Lo bueno?

Ya puedo hacer lo que quiera sin que el manga me limite o cambie las cosas, ya conozco a dónde llegará cada cosa.

¡Gracias por leer!