Apotropaico
Cuarta parte
— ¡Es esa! — exclamó de pronto Neji señalando con el dedo un punto en la distancia — ¡La señal!
Ibiki repitió la dirección en el transmisor y le ordenó a los chicos recoger el equipo mientras que él iba a reunirse al punto también.
— ¿Te cuesta tanto orientarte dentro de la aldea? — preguntó Sakura a Neji, quien ya había desactivado su técnica ocular.
El ninja no respondió, solo se frotó un poco los ojos. No se sentía cansado, pero después de desactivar su Byakugan en una búsqueda con tanto detalle y no un vistazo general como usualmente hacía, le quedaba una sensación rara, como escozor, además de un leve mareo por el cambio abrupto de una visión telescópica a normal.
La joven kunoichi se había arrodillado junto a los cuerpos de los Yamanaka esperando que despertaran en cualquier momento mientras que su compañero se daba a la tarea de desmontar el equipo de transmisión.
A lo lejos, en el punto de encuentro, se pudo ver una explosión y Sakura saltó dejando su sitio junto a su amiga para acercarse hasta la baranda del mirador. Intentaba descubrir qué pasaba, pero ella no podía apreciar más detalles que lo que sucedía a un par de metros; fuera de la columna de humo y los ninjas corriendo.
— ¿Crees que sea alguien de la aldea? — preguntó la joven.
—Tendría que serlo, o al menos lleva mucho tiempo viviendo aquí, lo suficiente como para conocer el origen de la mayoría de las familias.
La respuesta no vino por parte de Neji, sino de Inoichi, que se incorporaba con dificultad. Sakura regresó a su lado para ayudarle, había intentado ponerse de pie pero no lo consiguió, se había mareado por lo que se llevó una mano a la frente cerrando los ojos.
—Mi chakra llegó a su límite — dijo mientras la joven kunoichi le atendía.
—Lleva demasiados días castigando su cuerpo, Inoichi-san, debe descansar.
El hombre sonrió de medio lado, se quitó la mano de la frente y la metió en uno de los bolsillos de su chaleco para buscar sus píldoras. Se llevó una a la boca, el ruido al masticarla se escuchó como si moliera vidrio, y al ninja le dio la misma sensación.
—Mis responsabilidades aún no acaban, Sakura-chan.
Giró la vista, Ino aún no despertaba, frunció el ceño pero no dijo algo al respecto, además de pedirles que la cuidaran para enseguida desaparecer en una nube de humo.
Sakura se acercó a la joven rubia inclinándose sobre ella para escuchar su respiración y asegurarse de que su corazón latía con normalidad, dentro de los parámetros en los que su cuerpo se encontraba durante el uso de esa técnica. Cuando cualquier Yamanaka usaba el Shintenshin no Jutsu, su cuerpo literalmente estaba en coma, por eso era peligroso su uso por periodos prolongados.
— ¿Por qué no ha regresado? — preguntó la kunoichi, aunque para ese momento ya no se dirigía a Neji porque había perdido toda esperanza de entablar una conversación con él, solo lo decía para sí misma, sin embargo, esa vez él se acercó, agachándose al otro lado de Ino.
—No creo que le haya sucedido algo anómalo. Su padre nos lo habría dicho.
Activó de nuevo su Dōjutsu mirando hacia la aldea, imperturbable como siempre, excepto por el sector que él había indicado. Pasó un rato antes de que dijera algo más, aunque no era lo que su compañera quería escuchar:
—No la encuentro — dijo —. Debería estar cerca, ella encontró la ubicación, hizo la señal y la vi alejarse de regreso.
Sakura torció la boca.
—Lo mejor será no mover su cuerpo de aquí, o le costará más trabajo volver.
Neji asintió, confiaba en que ella conociera más de la técnica Yamanaka que él, pero había algo en la palidez de la joven que le preocupó, llevó la punta de sus dedos hasta su mejilla y la notó extremadamente fría. Sin pensárselo dos veces se quitó la casaca cubriéndola con ella. A él le quedaba grande, no le gustaba la ropa ajustada, pero a Ino la cubría por completo, así que debería de ser suficiente como para evitar que su temperatura cayera más de lo necesario.
Sakura miró la acción con sumo detalle, no era como si esperara que Neji fuese a apuñalar a Ino mientras estaba inconsciente, pero viniendo de él, aquél gesto sí había sido extraño.
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Hinata recordaba pocos momentos en su vida en los que se había sentido tan feliz que podía dar saltos y aplaudir, si no le avergonzaran tanto ese tipo de cosas incluso estando a solas.
Aquél trabajo no había resultado ser complicado, solo laborioso ya que debía de leer con cuidado muchos expedientes que tenían censurado con tinta negra bastantes detalles, sin embargo, a medida que avanzaba e iba comprendiendo las cosas, fue perfectamente capaz de organizar cuatro columnas de expedientes:
1) Las que tenían una identificación positiva superior al 80%
2) Las que tenían un 50% de posibilidades de ser identificadas
3) Las que cumplían con menos de ese 50% pero aún cabía la posibilidad de que fuesen positivas
4) Aquellos expedientes que no tenían ninguna relación con las piezas recuperadas de la casa de Hisaishi Ryuichi.
El paquete de notas adhesivas de colores que le había dejado el capitán Morino se había terminado marcando los pasajes más destacables, además de etiquetar cada una de las piezas.
Sintió un escalofrío al recordar lo ocurrido cuando los obtuvo, realmente no se hubiera atrevido si no fuera porque le habían explicado que ese hombre pudo haber matado a más de 30 niños.
Volvió a mirar las columnas de papeles. Ya había terminado de separar el primer cajón de expedientes y estaba decidiendo si continuaba con el segundo mientras regresaba el capitán para darle sus conclusiones personalmente, o se marchaba a su casa para que cuando el hombre regresara pudiese descansar como era debido sin tener que escucharla a inapropiadas horas de la noche. Sabía que había tenido días agotadores, durmiendo una o dos horas al día, y no deseaba mostrarse inoportuna.
Sin embargo, dejó sus cavilaciones de lado en cuanto escuchó una explosión.
Corrió hacia la ventana y solo pudo distinguir una columna de humo, al activar su Byakugan se percató de la cantidad tan copiosa de ninjas que se dirigían al punto de la explosión. Se apartó un momento de la ventana viéndose apabullada por una serie de preguntas y consideraciones respecto a lo que debía de hacer.
Finalmente, optó por correr al escritorio, extender un pergamino y guardar en él sus cuatro columnas de papeles y el bolso con piezas recuperadas, después fue a la alacena y lo guardó detrás de la lata de café en grano, que era la más grande usando un genjutsu para que se pareciera a un bote de azúcar, aprovechando que no había tal cosa.
Después, salió por la puerta asegurándose de cerrarla bien, antes de llegar a la calle y unirse a sus compañeros de profesión.
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Ibiki Morino odiaba las emergencias. No por el efecto o causa negativa que las produjera, en la vida todo tenía una solución. El problema recaía en que generalmente esa solución, al menos en Konoha, llegaba después de un momento de caos absoluto.
Culpaba de eso, y de muchas otras cosas, a la academia ninja que no se encargaba de fomentar adecuadamente el trabajo en equipo aunque esa era la premisa al formar las triadas. Se enfatizaba mucho el éxito personal durante las clases, siempre se tenía en alta consideración a los alumnos más destacados, ya fuera por poder o ingenio, y cuando se graduaban, se colocaban en grupos teóricamente funcionales que al final no lograban cohesionarse, salvo contadas excepciones. Además, estaba seguro de que muchos terminaban unidos más por un sentimiento de supervivencia luego de haberse enfrentado a alguna situación dura, que por un compañerismo auténtico.
Si había que atravesar un conflicto serio al lado de otras dos personas, de las que estadísticamente era probable que al menos una muriera en presencia de los otros dos, por supuesto que los sobrevivientes se iban a aferrar uno al otro, pero no porque comprendieran la esencia del trabajo en equipo.
Creía que el alto índice de reprobación de Kakashi Hatake cuando le asignaban equipos recién graduados, era de verdad porque detectaba esta carencia de formación solidaria, y no por su apatía a responsabilizarse de otros, algo que comprobó cuando el equipo siete se volvió un eje importante en la vida del solitario ninja.
Al menos lo había intentado, que era más de lo que muchos otros instructores podían siquiera decir respecto a sus equipos, en donde continuaban con la disimulada tradición de motivar el logro personal con la idea de formar un equipo de ensueño formado por grandes estrellas individuales.
Las cosas transcurrían con normalidad cuando en un grupo de ninjas, alguien ostentaba el cargo formal de capitán o líder de equipo, comúnmente asignado por el Hokage en persona y eso era una orden a la que nadie se oponía y obedecían apaciblemente lo que este líder indicara. Estos cargos quedaban obsoletos cuando hacía acto de presencia, alguien que se había convertido en leyenda debido a su reputación o su pertenencia a algún clan.
Los ninjas en su generalidad, solían someterse fácilmente a la voluntad de alguien declarado sin margen de ambigüedad, como más fuerte, más inteligente o importante, incluso los que eran nombrados como capitanes.
Pero el caos llegaba cuando la figura de autoridad no estaba clara o no estaba presente, entonces todos los ninjas que se mantenían en una vida promedio cumpliendo misiones de rangos medios, en equipos que no destacaban por algo en particular ni pertenecían a alguna familia destacada, se encontraban solos ante algo para lo que no existía un plan concreto.
Entonces era cuando llegaba el caos.
Luego de una vida marginados como "aceptables" pero nada destacados, era como si al instante quisieran demostrar qué escalón ocupaban dentro de la media, todos querían ser el líder, tomar decisiones, que los demás los siguieran.
La competitividad no era mala, la lucha por poder sí. Y en situaciones de emergencia se volvía más evidente que sucedía lo segundo.
En cuanto llegaron los Hyūga, se hizo latente que eran los únicos que podían ver la complicada red de chakra que había causado la explosión y lo único que sucedió fue los chicos que no pertenecían al clan, eligieron a cual Hyūga unirse y se separaron en una docena de grupos que fueron cada uno por su lado.
Inoichi Yamanaka llegó a tiempo para ver cómo su cuidadosa planificación no había servido en absoluto y acabó por liderar un equipo ninjas Hyūga que pertenecían a la rama secundaria y los otros no los habían considerado como opciones para seguir.
Y en todo eso él estaba de pie, como idiota, frente a un edificio en llamas del que ya habían rescatado a los ocupantes y evacuado a los vecinos, intentando inútilmente que alguien le hiciera caso, pero aunque era capitán, pocos o nadie de ahí lo conocía ni le importaba en absoluto el grado porque, después de todo, era un ANBU y ellos no, por lo que asumían de alguna manera que no tenía autoridad sobre ellos.
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Hinata llegó en poco tiempo al punto de reunión. Había mantenido su Dōjutsu y gracias a eso fue capaz de ver una enmarañada red de chakra que se extendía por toda la zona.
Comprendió qué era lo que estaba sucediendo pese al caos que reinaba en el que todo mundo gritaba qué hacer; algunos miembros de su familia seguían el rastro de los fino hilos, esperando que uno de ellos le condujeran a la persona que había tejido la red. Sin embargo, algo que le quedó claro también, fue que esa era la madre de las trampas de chakra que había visto en toda vida, y no llegarían a ningún lado.
—Disculpa — dijo tímidamente a un ninja que estaba de pie a su lado, este apenas la miró, como reconociéndola únicamente por el color de sus ojos pero sin poder precisar su posición en el clan.
—Hay que ir en esa dirección.
Pero el ninja dejó de prestarle atención y saltó sobre una pequeña explosión que había tenido lugar cerca de unos botes de basura.
Intentó llamar a otro, pero todos pasaban de ella.
— ¡Hinata-sama! ¡Tiene que salir de aquí! ¡No es seguro! — dijo uno de los Hyūga que sí sabía de quién se trataba.
— ¡Pero es que están equivocados! — insistió sin tener efecto alguno.
Sintió como sus mejillas se encendían, pero por motivos que eran casi nuevos para ella. El sentimiento de logro que el éxito en su otra misión le había causado, se mantuvo firme en su pecho y le dio el valor para hacer lo que creía correcto.
Se alejó de la zona empezando a seguir el camino que podía ver, apenas como un endeble rastro de energía que iba hacia el noroeste, a los barrios residenciales. A medida que se acercaba, su motivación descendía al notar que nadie había tomado el mismo camino.
Respiró profundamente y realizó los sellos para crear un clon que envió de regreso al punto en donde todos los ninjas estaban reunidos con la esperanza de encontrar a alguien que le prestara atención.
Dejó de correr y decidió ir sobre la calle, de modo que se viera más natural que una kunoichi saltando tejados.
Todo estaba silencioso, las luces encendidas en algunas ventanas y la sutiles presencias, daban testimonio de que estaban habitadas, pero más allá de eso, bien podía pensar que se trataba de un lugar fantasmas.
El pensamiento le dio escalofríos.
De pronto sus sentidos se pusieron en alerta máxima.
Si pudiera describirse la sensación de una araña que descansaba en el centro de su telaraña cuando sus hilos se tensaban a la llegada de un intruso, definitivamente sería esa. No se escondió, solo se quedó quieta poniendo atención en los hilos que había estado siguiendo. Su comparación había sido acertada, y tal como una telaraña el movimiento era claro, dentro de los parámetros que la débil señal permitía. Siguió el trayecto con mucho cuidado y cuando su cabeza quedó de frente a lo que estaba causando el movimiento, el estremecimiento que había sentido por algo tan absurdo como un pueblo fantasma, se convirtió en algo real y estremecedor.
De pie, frente a ella, estaba una criatura que no podía calificar de otra forma más que eso: criatura.
Debía de estar cerca del 1.95 m pero con solo unos sesenta kilogramos de peso. La piel se adhería a los huesos dejando ver perfectamente las costillas y clavículas. Pero eso no era del todo inquietante, no podía ver extremidades normales, la piernas se flexionaban en sentido opuesto al normal y terminaban en un muñón, haciendo increíble el hecho de que pudiera sostenerse de pie. Los brazos eran largos, casi llegaban a las rodillas y tenían la misma terminación obscena, sin dedos. No obstante, lo más perturbador estaba en la cabera redonda y afeitada, sin ojos, nariz u orejas pero una enorme boca desprovista de labios que dejaban ver dos hileras de dientes afilados.
Parecía que sonreía, y aunque no tenía ojos, que la miraba.
Hinata tuvo miedo de desactivar su técnica ocular, como si hacerlo fuera un acto de bajar la guardia y quedarse vulnerable, pero tampoco se le ocurría nada útil que hacer en semejantes circunstancias.
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Luego de lo que le parecieron los minutos más largos de toda su vida, con el incendio de la explosión controlado, Ibiki había decidido unirse a Inoichi, pero antes de que pudiera dar el primer salto, vio una figura conocida acercándose a él.
Cuando estaba a un par de metros, supo enseguida que se trataba de un clon.
Los clones eran útiles para despistar en fracciones de segundo, pero salvo los hechos por los honorables maestros Hokage, algunos ninjas de alto nivel y Naruto Uzumaki, por un embarazoso incidente acontecido hacía varios años, eran muy fáciles de detectar: no respiraban, no parpadeaban, no presentaban pulso ni presentaban temperatura corporal.
— ¡Por favor! ¡Tiene que venir conmigo! — le dijo el clon de la chiquilla que estaba ayudándolo con su caso viejo.
Decidió hacerlo, tenía la certeza absoluta de que no se trataba un incidente menor como una mancha de tinta en un expediente o algo similar.
Corrió a su lado pensando cómo es que había salido de su departamento en primer lugar, o porqué, pero sobre todo tenía curiosidad por saber de qué se trataba.
Justamente cruzaban por un puente cuando el clon de desvaneció haciendo un ruido parecido a un descorche de una botella. La situación le hizo fruncir el ceño: los clones básicos se desvanecían cuando eran golpeados con fuerza suficiente, cuando su creador así lo decidía o porque se había desmayado, perdiendo control sobre cualquier técnica que estuviese ejecutando, incluidos los clones.
Apresuró el paso, porque era obvio que había sucedido lo tercero.
Comentarios y aclaraciones:
Ya tenía esta actualización muy atrasada. De verdad agradezco la paciencia infinita de quienes leen este fic, espero no haberlos defraudado.
Creo que los fans de Hinata no pueden quejarse, comparada con las otras víctimas de Ibiki, a la chica le está yendo bien… por ahora.
Por cierto ¡Feliz 2017! Y ¡Gracias por leer!
