Apotropaico

Sexta parte

Ibiki respiró profundamente, preguntándose qué tan mala idea había sido pedir el refuerzo de los únicos ninjas disponibles que le iban a obedecer sin cuestionar ni unirse a la confusión que imperaba en el otro lado de la villa.

De pie. Frente al puente que cruzaba el río que dividía los dos barrios de la zona. Mantuvo el temple, consiente de la gravedad de la situación, a la vez que era capaz de comprender que no lo conseguiría solo.

—¿Qué sucede? —preguntó Neji tratando de recuperar el ritmo normal de su respiración —. Ino no ha regresado, Sakura se quedó con ella.

Ibiki frunció el ceño, temiendo lo peor que, dadas las circunstancias, sería que el sujeto que buscaba, tuviese ya a las dos chicas. Conforme la teoría que conocía respecto a las técnicas Yamamaka, era posible retenerlos cuando estaban fuera de su cuerpo, solo con trampas de chakra. Le hizo un gesto al joven ninja para que lo siguiera, y este fue detrás sin volver a preguntar.

—Hinata dijo algo de una trampa o algo así ¿puedes verla?

Neji activó su byakugan, quedando sorprendido por la delicada red que apenas se distinguía. Era de comprender que sus familiares no fueran consientes más que de lo que evidentemente, el creador quería que vieran. Frunció el ceño. La complejidad en la estructura, era algo que jamás había visto, pero resultaba brillante por donde se le viera. Se atrevía a asegurar incluso que…

—¡Capitán! —gritó.

Ibiki apenas giró la vista por sobre su hombro. No creyó vivir para ver al genio Hyūga alterado por algo que no involucrara directamente el asunto de las ramas familiares, pero un evento de ese tipo, ni en esa ni en ninguna otra circunstancia, era para contemplarse.

Saltó hacia atrás, no estaba seguro de cuál era la amenaza, pero cerca de Neji tenía más oportunidades de sobrellevarlo. El muchacho tomó posición, derrapando un poco por detener su carrera abruptamente, extendió los brazos, abriendo las palmas y concentrando su chakra.

El capitán aún estaba en el aire cuando Neji lanzó el primer golpe contra el piso, pese a verse desde fuera tan suave y cuidadoso, creo un impacto tal, que la tierra se levantó dejando un perfecto boquete circular alrededor del chūnin.

Ibiki tocó tierra, intentando descifrar qué era lo que estaba sucediendo.

—Ya sé —dijo Neji apenas gesticulando, como si apretara los dientes, temiendo que alguien los escuchara — cómo es que realiza sus ataques el asesino.

Ibiki no podía creer lo que escuchaba, la división de Inteligencia no había sido capaz de comprender el patrón o el método con el que llevaba a cabo sus ataques, mientras que ese muchacho con solo ponerse frente al problema lo había descifrado, sin embargo, atendiendo a su sentido más práctico, no se dedicó a cuestionar demás, también tomó posición de combate, quedando espalda con espalda.

Respiró profundamente, cerrando los ojos, tenía que concentrar toda su atención en percibir el chakra circundante, quizás no podía verlo, pero podría sentirlo si se esforzaba lo suficiente.

—La red se extiende por toda la aldea —explicó —. No necesita aproximarse a los objetivos, puede elegir a cualquiera desde un punto seguro, acabar con él y para cuando llega el equipo de vigilancia, únicamente encuentran el cadáver, porque nunca estuvo ahí.

—Eso requeriría una cantidad impresionante de chakra.

—También habilidad.

—Hinata estaba siguiendo el patrón, así que, si hacemos lo mismo, daremos con ella.

—¿Daremos con ella? —preguntó Neji.

—Creo que el asesino la tiene.

Neji profirió algo como un gruñido bajo.

—Desconozco cómo es que se dio cuenta de lo que sucedía, o por qué pensó que ir sola era una buena idea, pero no creo que la quiera matar, lo habría hecho hace tres días, cuando la atacó por primera vez.

Durante la cena en la casa Hyūga, hacía tres días, Neji había escuchado algo al respecto, en voz de su tío, que había mandado llamar a su prima Hisui para una misión de espionaje, según comprendió, reemplazando a Hinata, que se encontraba en el hospital.

Le había extrañado que Hinata fuera llamada a una tarea de ese tipo, no porque fuese espionaje en sí, sino porque creía recordar que estaba suspendida por tratar de entrar en una cámara sellada del hospital. Un par de ninjas ANBU los habían atrapado, a ella y su equipo, y fueron mandados a la oficina de la Hokage de donde llegó a la casa con el aviso de su suspensión en mano.

Sin desactivar su dōjutsu examinó a conciencia la zona hasta que encontró la dirección desde donde provenía el flujo principal, tan ínfimamente que no pudo sino sorprenderse de que Hinata la pudiese encontrar entre los demás hilos considerablemente más notorios.

"Realmente ha mejorado", pensó. Pero enseguida serenó sus pensamientos. No podía permitirse perder la concentración ante un oponente tan meticuloso.

Ibiki empezó a correr detrás de él.

Neji Hyūga realmente era un novato con el que Ibiki tenía excesivo problema por su nombramiento chūnin. Apasionado y volátil, un genio con claros problemas en sus interacciones interpersonales. No pudo hacer nada en contra del ascenso, pero haría lo posible para que la Hokage dejara pasar más tiempo para siquiera considerarlo a la promoción a jōnin, menos aún para solicitarlo en las fuerzas especiales ANBU. Había muchas habilidades que debía pulir, pues el trabajo no iba de ser el más fuerte, sino el mejor en áreas específicas de trabajo mental, algo que no siempre era bien comprendido, y de ahí la errada idea de llamar al escuadrón como la élite, en el margen de poder bruto.

Había genin con mejor perfil que sí podría tener en cuenta. No obstante, dadas las circunstancias, no podía haber pedido mejor compañero.

—¿Alguna vez te has enfrentado a un Yamanaka? —le preguntó.

—Nunca.

—No es algo agradable, lo importante en todo caso, es que mantengas la cabeza y la columna lejos del alcance de cualquier influencia de chakra, por mínima que sea. Puedes bloquear con las extremidades si las recubres, pero si te alcanza el sistema nervioso central, se acabó el juego.

Neji frunció el ceño. Tomó aire profundamente.

—Llegado el momento —continuó Ibiki —, tendrás que hacerte cargo del asesino. Yo iré, en primer lugar, por Hinata, y en segundo, interceptaré la red desde su origen. Una vez que termines, tendrás que asegurar a Ino.

—¿También la tiene? ¿Por eso no ha regresado a su cuerpo?

—Es una posibilidad. Concéntrate en inmovilizar al objetivo, esa es la prioridad.

—Entendido.

—No te contengas, usa fuerza letal.

—¿Letal?

El capitán dejó escapar un suspiro.

"Tiene muy poco tiempo promovido", pensó, "aunque estaba determinado a hacer todo el daño posible a Hinata durante los exámenes a chūnin, probablemente no hubiera sido capaz de matarla, no a propósito, y hasta ahora, claramente no ha recibido una orden directa de asesinato".

—Pese a la gravedad del asunto, que requeriría una investigación profunda, no podemos permitirnos dejarlo vivo. Resolveremos los detalles técnicos del informe más tarde.

—Entiendo.

Una tradicional casa blanca apareció ante ellos, pequeña en relación a los palacios señoriales, pero no menos majestuosa en el cuidado de sus detalles.

Era de esperarse, acababan de entrar en el barrio de las familias acomodadas con mayor tradición en la aldea, y menos sorpresivo fue ver el símbolo de la familia Hisaishi que enmarcaba la puerta. Ibiki inspeccionó la zona, no podía ver nada que anunciase que ese era el origen de todos los problemas por los que atravesaba la aldea, así que no tenía más remedio que confiar en el chico.

Neji volvió a derrapar, signo inequívoco de que había encontrado un objetivo, y levantó la defensa.

"No importa cuántas veces lo vea, no deja de ser impresionante"

Ibiki tomó distancia, saltando hasta el techo de la casa, dejándolo empezar el combate. El chūnin se movía rápido. Aunque parecía estar solo, pronto fue consiente, al sentir el claro choque de energías, que no se trataba únicamente de romper una red, como antes.

Entró a la casa por la ventana. La habitación estaba vacía, así que la usó para concentrarse y determinar la ubicación de quien estuviera ahí, aunque le estaba resultando difícil, lo único que podía percibir era la oleada abrumadora del combate que se estaba llevando a cabo afuera. Gruñó al darse cuenta de que, al carecer de la habilidad de un sensor, tendría que buscar a Hinata de un modo más tradicional, por lo que empezó a correr.

La casa estaba tan impecable en su arreglo que resultaba sospechoso. En la planta baja encontró lo que la kunoichi le había dicho antes, un altar rodeado de varias repisas que albergaban una basta colección de diversos amuletos meticulosamente ordenados, limpios, pero agrupados sin criterio consistente, o al menos no perceptible.

Ya había revisado cada habitación, y solo quedaba la opción de que existiera un sótano secreto, y tenía que llegar a él.

Caminó hacia el altar, examinando los detalles, buscando el mecanismo de apertura.

Si la puerta estaba en algún lado, tenía que ser ahí, podía sentirlo.

Un crujido llamó su atención, giró la vista hacia la derecha, el muro se estaba fisurando por la presión que estaba ejerciendo Neji en su enfrentamiento, así que era cuestión de tiempo antes de colapsarlo. Seguramente el jardín frontal ya no existía.

Frunció el ceño.

Cuando hizo los preparativos para la misión de Hinata, había revisado los expedientes de Hisaishi Ryuichi y toda su familia, incluso descubrió que, en la tercera generación ascendente, estaban emparentados en cuarto grado con la familia de Madam Shijimi, esposa del daimyō del País del Fuego, y no hubo absolutamente ningún usuario que formara parte del cuerpo militar, ni siquiera de los que hacen un par de años en la Academia para retirarse luego de aceptar que no poseían ningún talento.

Aun así, estaba frente a un sello perfecto. Si tuviera el tiempo suficiente, podría romperlo, pero tiempo era lo que menos tenía. Se mordió el pulgar hasta hacerlo sangrar, tenía que darse prisa, aunque no pudo evitar sonreír ante la ironía de todo aquello*, bajó la mano e hizo la invocación de sus Caballos celestiales.

Dos tablillas de madera con la imagen de un caballo en una de las caras aparecieron y presionando más la herida de su dedo escribió en el lado opuesto de una, guardando la otra en la bolsa de su chaqueta. Luego hizo sellos y exhaló una bocanada de fuego haciendo que la tablilla ardiera. La pequeña humareda hizo una espiral antinatural, retorciéndose levemente antes de dispersarse.

Los muros volvieron a crujir, pero no se trataba de Neji, sino del altar frente a él. Apartó las puertas, roto el sello que las mantenía cerradas, solo le restaba bajar, y así lo hizo.

La iluminación era trémula, lo suficiente como para guiarse sin problemas, pero no definir los detalles. Empuñó un kunai, apresurando el paso, no quería tentar la suerte de Neji arriba.

El sótano era exactamente lo que esperaba, aunque hubiera preferido equivocar la suposición.

En sí, no se trataba de un sótano, no estaba seguro de poder siquiera calificarlo como habitación. Era más parecido a una cueva escarbada directamente en la tierra, sin cualquier acabado que le diera una forma más civilizada. Aunque teniendo en consideración la red que se tejía en el techo, de la que colgaban los huesos aún sanguinolentos de las chicas muertas de los últimos días, era tal vez lo más adecuado.

También esperaba encontrarse con Hinata. Y sabía que estaría viva.

Se acercó a ella, estaba totalmente inconsciente, le habían vuelto a aplicar la prensa de chakra para interrumpir su flujo sanguíneo. Torció la boca, no tenía para nada las habilidades de Tsunade, pero no había tiempo para correr en busca de un médico, así que se puso a trabajar, antes de que la niña tuviese un daño irreversible.

"¿No la asesinó por su familia?", se preguntó.

No podía hacer demasiado, aflojó lo más que pudo como para que aguantara el tiempo suficiente.

Miró a su alrededor. El hedor de la sangre en un espacio cerrado sin ventilación resultaba nauseabundo, incluso para él.

—No lo entiendo —dijo en voz alta —. El ninjutsu no requiere de rituales.

Notó que los huesos se disponían en una figura a la que no encontraba un significado especial, era como una estrella de cinco puntas.

No podía negar que había herramientas que facilitaban una u otra técnica, pergaminos en su mayoría, había escuchado alguna vez sobre armas de forjado especial que conducían el chakra, sellos, incluso la sangre era vital, pero no en tal cosa como un ritual. Luego de la invasión de Orochimaru, en sus investigaciones, aprendió más sobre el empleo de cadáveres, como una unidad, una marioneta.

Con todo eso, no comprendía el sentido de tomar un hueso en específico de una persona aleatoria que, al ser sustraída y solo almacenada, perdía cualquier valor por perder la conexión de chakra.

Sin embargo, ahí estaban.

Se preguntó si rompiendo su orden sucedería algo, así que extendió la mano tirando del hueso pútrido hasta que lo desprendió.

"Ni siquiera están sujetos con hilos de chakra", prensó

Nada sucedió.

"Es solo una colección."

Apretó los puños con fuerza, hizo una posición de manos. Necesitaba desesperadamente encontrar el origen de la red.

Se detuvo antes de hacer nada. No había caso, no podía hacerlo por mucho que se esforzara. Giró la vista hacia Hinata, se mordió los labios dejando escapar un suspiro.

Nunca se había considerado un hombre de orgullo ciego. Como todo ninja, quizás solo tenía lo suficiente como para no permitir que otro colega le mirara abajo, o dudara de su trabajo. Aun así, no podía evitar el sentir la reticencia de encomendar una tarea de cierta complejidad a un novato.

Intentó recordar cuándo le dejaron de considerar novato a él, pero estando en guerra, resultaba difícil saber si cuando a uno le ascendían de rango y asignaban misiones de mayor nivel, era porque de verdad había demostrado ser lo suficientemente bueno y maduro, o todo se debía a la emergencia de las circunstancias y la falta de personal.

Lo pensó detenidamente.

La aldea estaba bien en esos momentos, el asesino solo tenía a todos corriendo en círculos, y con Neji arriba enfrentándolo, difícilmente se daría a la tarea de atacar a alguien más, así que urgencia no había, dejando al margen que los tres estaban en peligro considerable, solo se trataba de un asunto importante.

Sin embargo, no detenerlo en ese momento, era permitirle escapar, volver a tejer su red y continuar con lo que fuera que creía estar haciendo.

Tenía que estar perdiendo la cordura, cayendo en la desesperación. Sacó de la bolsa de su chaqueta el segundo Caballo celestial que le quedaba, reabrió su herida y escribió. Una vez que acabó, se puso de rodillas frente a Hinata, dejando la tablilla en el suelo.

Los Caballos celestiales eran una herramienta asombrosa, podían romper sellos e interrumpir técnicas de nivel más avanzado que las que pudiera manejar el invocador, siempre que se cumplieran dos condiciones. La primera, era comprender cómo se realizaba esa técnica y la forma en que se podía anular, la segunda era sacrificar la mitad de su chakra.

A lo que le había explicado Tsunade, había una prensa de chakra cortando el flujo sanguíneo del seno carotídeo. Eso era todo. El problema recaía en que no tenía la habilidad médica suficiente como para liberarla sin lastimarla.

Trazó las instrucciones en la tablilla usando su sangre, y la incineró, como hizo con la primera.

Entonces, Ibiki Morino cayó pesadamente sobre su costado izquierdo, completamente inconsciente.


Comentarios y aclaraciones:

*Probablemente debí explicarlo como parte de la narración, pero en realidad era innecesario. Así que lo dejo como nota al final.

A Ibiki, oficialmente, le asignaron un tipo muy particular de invocaciones, supongo que la mayoría recordará al gato-dama de hierro, Maneki-Neko (alias gato de la suerte que tiene una patita en alto) y la jaula de tortura, que está coronada por otra figura en particular, Fukusuke.

Estas dos figuras son amuletos de la suerte, el gato ahuyenta a los malos espíritus (y el gato de la invocación se puede llevar cosas o seres enemigos una vez que los captura) y Fukusuke es para el éxito en los negocios (Ibiki "negocia" con su prisionero, aplica dolor sobre él y a cambo el también recibe el daño, un intercambio equivalente).

Siguiendo esa pauta es que le he asignado la invocación de los Ema, o tablillas de deseos, que también son amuletos (y renombrados acá como Caballos celestiales).

Diseñé otras 3 invocaciones con el mismo patrón, pero aún no es tiempo de presentarlas (y quizás no las meta aquí si las circunstancias no lo requieren, pero tengo más fics con Ibiki)

La ironía de la que habla Ibiki, es que, al estar entre la colección de amuletos del asesino, él usa sus amuletos para deshacer sus planes.

En fin.

Agradezco a todos por su paciencia. Escribo con mucho amor para todos ustedes, aunque permanezcan en el anonimato.

Sin embargo, Luna negra, en serio me mató tu comentario en Naughty Boy, te lo juro, luego de reírme dos días seguidos, me entró el remordimiento de conciencia, así que me senté, abrí el documento y me decidí a hacer las cosas como Dios manda.

(Ya abre una cuenta, se siente raro que todo mundo lea lo que te quiero decir)

En teoría solo le faltan dos arcos a este fic, algunos capítulos intermedios, y haré algo que normalmente no hago:

¿Tienen algún tema en mente?

No voy a complacer shippeos, advertidos están (a menos que coincida con el shippeo oficial de Las Crónicas Perdidas de Konoha), pero hasta ahora tenemos: homicidios, violación, secuestro de menores, problemas con veteranos de guerra y xenofobia.

Nos faltarían cosas del tipo tráfico de personas, desaparición forzada, y así.

Fuera de los shippeos, sí puedo considerar combinaciones de personajes, siendo el inamovible Ibiki, por supuesto.

¡Esta historia tiene cierta complejidad, así que debo planear el siguiente arco lo antes posible para no entrar en hiatus! (otra vez)

¡Gracias por leer!